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lunes, 25 de enero de 2016

El Vórtice Negro - Una Entrevista con Yamada Sensei

El Vórtice Negro—Una Entrevista con Yamada Sensei

Traducida por Masako Nakatsugawa de una revista japonesa en 2004




¿Nos podría contar lo que le impulsó a empezar a hacer Aikido?

Cuando era un niño, antes de que el Aikido fuese abierto para el público, había escuchado de ello con mi tío, Tadashi Abe. Hasta tuve el privilegio de ver la demostración que dio O-Sensei en la casa de alguien. Él dio la demostración con un kimono negro; parecía que yo estaba viendo un vórtice negro haciendo remolinos alrededor. Desde entonces quise hacer Aikido, y cuando entré a la universidad, Kisshomaru Sensei (Doshu) gentilmente me dejó entrar como uchideshi. Así que en mi caso, el primer día de mi Aikido fue el primer día como uchideshi.

En mi primer día, llegué al dojo con mis pertenencias en un baúl de bambú. Kisshomaru Sensei me dijo que guardara el baúl de bambú. Encontré un closet, y lo guardé allí. ¡Ese closet resulta que era de Arikawa Sensei (Sadateru Arikawa Shihan)! Cuando él regresó esa noche, él preguntó, “¿Quién puso esto en mi closet?" Y lanzó afuera mi baúl. Yo estaba verdaderamente molesto, y casi regresé a mi casa. Pero Arikawa Sensei resultó ser un hombre gentil, y ¡desde entonces él siempre me cuidaba mucho!.

Yo tenía dieciocho años, quizás ocho años antes de llegar a los Estados Unidos en 1964. El solo hecho que me dejaran practicar me emocionaba. Nunca imaginé que iba a ser un Aikidoka profesional en el futuro. Nadie se hubiese imaginado que uno podría ganarse la vida mediante Aikido en esa época. Quizás sea un cliché, pero fueron buenos tiempos. El dojo era un verdadero dojo tradicional, con un tatami de verdad. ¿Una estructura de madera tiene carácter, no es así? La práctica era muy dura, pero yo era joven. La resistencia o aguante que había adquirido por el basketball me sirvió bien. Desde luego, el Aikido tiene kansetsu waza (técnicas para articulaciones). Yo no estaba preparado. ¡Sí que dolió!.

¿Podría contarnos sobre su recuerdo de O-Sensei?

Cuando primero conocí a O-Sensei, él ya estaba en sus años de madurez y no daba una imagen temerosa. Era un hombre viejo y gentil con humor hasta en sus clases. De vez en cuando yo tuve el privilegio de ser su uke. En ese entonces, yo estaba tan tenso y fuera de mí por la emoción, que solo me descubría tirado en el tatami. No sentía que me estaba lanzando. En vez de estar lastimado físicamente y cayendo, sentí que me había agarrado un gran tifón. La enseñanza de O-Sensei, para decir la verdad, estaba más allá de mi comprensión en ese momento. Qué lástima que no estaba en ese nivel para comprender lo que decía. Habiendo dicho esto, no puedo decir aún que he llegado a ese nivel ahora.

¿Cuál fue la impresión que le dio Kisshomaru Doshu?

Él era una persona seria y cordial. Para decir la verdad, la impresión que daba era que tenía que ser venerado y mantenido a una distancia de respeto. Permítanme indicar que solamente un hombre de un alto calibre dejaría que jóvenes como nosotros pudiéramos vivir en el dojo. En aquella época, los espacios del hogar de la familia de O-Sensei no estaban separados. La familia de O-Sensei y los Uchideshi cenaban juntos en el mismo lugar y al mismo tiempo. Aquellos eran tiempos difíciles económicamente no solamente en Aikikai, pero en todo el Japón de la posguerra. Tenernos con ellos debe haber sido una gran carga.

Kisshomaru Doshu enseñaba las clases de la mañana, y todos los uchideshi asistían. Sería una osadía de mi parte decir que las enseñanzas de Kisshomaru Doshu carecían de pretensiones, eran fieles a lo básico y ortodoxas. Estoy tratando de seguir su enseñanza aun ahora en mis clases. Yo creo que la individualidad y la personalidad en el Aikido reciente son loables, pero a veces yo veo técnicas muy alocadas. Si el uke es suficientemente bueno, él podría caer como usted quiere, pero usted no podrá escapar de nuestras miradas. Para nosotros la diferencia es claramente evidente entre la técnica que es fiel a lo básico, y otra que se burla de otros.

LA EXPERIENCIA INVALORABLE

¿Podría contarnos cómo decidió venir a Nueva York?

Yo tuve un deseo de ir a un país extranjero. Amaba la música y solía escuchar jazz de la estación de radio de las fuerzas americanas de ocupación en Japón. No era tan buen estudiante en el colegio, pero manejaba bastante bien el inglés. Así que enseñé Aikido en una base americana mientras yo estaba en Japón, y logré algunos contactos con americanos. Yo tuve una opción, a través de la conexión de mi tío, de ir a Francia, pero terminé yendo a Nueva York porque yo podía hablar inglés.

¿Cómo estaba organizado el Aikido en Nueva York en ese momento?

Aikido era bastante popular en la costa oeste, pero le faltaba un largo trecho para recorrer en la costa este, como Nueva York. Era la época en la cual la palabra, Aikido, se estaba difundiendo entre los judokas. Cuando vine a Nueva York, yo podía contar el número de personas que estaban interesadas en Aikido: gente insatisfecha con el judo, personas que encontraban el judo demasiado extenuante dado a la edad, gente que encontró concordancia con la filosofía del Aikido, y hasta personas que habían estado en Japón para aprender el Aikido.

En aquella época no había video. Los medios de comunicación no mostraban interés. La única manera de introducir Aikido era haciendo demostraciones. Hice tantas demostraciones hasta odiar las palabras, “Demostración de Aikido”. Durante ese tiempo, el karate experimentaba un alza de popularidad en los Estados Unidos, y había muchas competencias. Los instructores americanos de karate como también los instructores de karate quienes habían inmigrado a los Estados Unidos, gentilmente me ofrecieron oportunidades para demostrar Aikido en aquellas ocasiones. Hice muchas demostraciones bajo muchas condiciones—hasta en las aceras de las calles.

Evocando el pasado, fueron días maravillosos de mi juventud. Por supuesto, había momentos difíciles. Había dificultades financieras. Pero tuve experiencias que no se compran con el dinero. No dudaría en hacerlas de nuevo. Había cosas que no podía hacer en ese momento.
Quizás yo podía haber hallado una mejor dirección. Si hubiese tenido el pensamiento y la experiencia de hoy y la resistencia o vigor de mi juventud, eso sería fantástico.

Desafortunadamente la vida no funciona así y siempre es demasiado tarde cuando nos damos cuenta. Es porque estoy en esta encrucijada que puedo decir, “Yo lo haría todo de nuevo.”

¿Alguna vez ha sentido una brecha entre los Estados Unidos y el Japón mientras usted enseñaba Aikido?

Básicamente es todo igual, yo creo. Algunos hacen Aikido porque les gustan las técnicas, y algunos buscan el Aikido por su espiritualidad. Lo bueno del Aikido es que muchas personas diferentes pueden estar unidas y juntas. Yo nunca me siento fuera de lugar. Quizás sea por mi adaptabilidad. Quizás sea por mi personalidad. Yo nunca me sentí que estaba en un país extranjero porque ya conocía a los americanos en Japón. Sentí que tanto los americanos como los japoneses eran el mismo ser humano. Por supuesto que hay diferencias entre las dos culturas, pero eso no fue un obstáculo ya que lo conocía antes de venir a los Estados Unidos.

¿Cuáles dificultades tuvo usted al enseñar la cultura japonesa?

No tendría sentido decir, “Yo he venido para enseñarles la cultura japonesa, y por lo tanto ustedes deben deshacerse de la cultura americana.” Los americanos tienen sus propias columnas vertebrales tales como el espíritu pionero, que no es parte de la cultura japonesa. Yo debo hacer algún acuerdo porque la enseñanza de una cultura diferente se basa sobre la comprensión de cada ser humano. Esta es mi idea sincera de enseñar, eso es todo. Quizás esto fue lo que la gente sentía cuando aceptaron el Aikido y a mí.

Yo creo que el carácter nacional de América me vino bien, también. Los americanos son personas de la libertad porque vinieron a este país buscando el Nuevo Mundo. Si usted insistiera en su propia cultura antigua y las tradiciones de su origen, usted no podría unirse a la construcción de un nuevo país. Yo de verdad respeto los Estados Unidos de América porque la gente está unida más allá de la diferencia de religiones y razas. En nuestro dojo, los alumnos vienen de muchos países, como los judíos y los alemanes, practican juntos de forma pacífica… ¡es increíble! I En Nueva York, si usted insiste en una vieja historia, no podrá vivir. No podrá realizar nada.

SE APRENDE PARA SIEMPRE

¿Podría contarnos sobre el lema o consigna para practicar Aikido?

Depende del nivel; las personas cercanas a la perfección y las personas que necesitan consejos detallados precisan de orientaciones diferentes. A mí no me gusta enseñar bajo un estilo fijo porque hay diferentes movimientos que calzan diferentes tipos de cuerpos. Si enseño detalles y el alumno no lo disfruta, no va a durar en clase. No hay sentido en forzar algo que el alumno no disfruta. Es muy importante dar a los alumnos una atmósfera y un espíritu que sean agradables.

Usted debe hacer correcciones si hace falta hacerlas. Pero algunos alumnos se confunden o no pueden mejorar si constantemente están siendo corregidos. Luego de sostener las manos de una persona ciega, y de dirigirla muchas veces a un lugar determinado, la persona podrá ir allá por sí solo porque su cuerpo aprende la dirección. El Aikido funciona en la misma manera. Deje que el cuerpo aprenda a moverse aún con los ojos cerrados. Si usted detiene un proceso a la mitad para explicar los detalles, usted podría estar frenando el progreso.

¿Quiere decir, dejar que sus cuerpos aprendan el movimiento?

Cuando yo era joven, yo enfatizaba en tomar ukemi. Usted puede aprender la temporalidad de la técnica y el movimiento al hacer o tomar ukemi. Así que cuando yo era joven, sentí y aprendí la técnica al ser lanzado o proyectado por los superiores. Y en mi forma de enseñar, yo dejo que el alumno enseñe cuando éste haya alcanzado un cierto nivel. A través de enseñar, usted puede ver cosas que antes no veía. Esto es un entrenamiento importante. Yo también obtuve mucho a través de enseñar. Todavía tengo tantas cosas que aprender.

Todo el mundo tiene algo que yo no tengo, algo que todos podemos aprender. Cuando yo veo la clase de los Senpai (los alumnos avanzados o superiores), o veo la práctica de otros, y encuentro algo bueno, no dudo en pasarlo a mis alumnos. A mí no me importa si alguien diga que estoy copiando de otros. De ninguna manera es de avergonzarse copiarse de algo bueno, ya que la actitud para el aprendizaje siempre es importante.

Si yo paso las cosas que he aprendido a los alumnos, se me retorna en diferentes maneras. Es un círculo. Es realmente interesante. Mientras enseño, yo a veces encuentro una manera nueva de enseñar. La confianza parece crecer en un círculo compuesto por mí y mis alumnos.

martes, 7 de abril de 2015

El máximo Dominio: Realizar el Espíritu del Aikido

El Máximo Dominio: Realizar el Espíritu del Aikido

Por Kisshomaru Ueshiba,
En: El Espíritu del Aikido




Antes de la Segunda Guerra Mundial vino a Japón un científico alemán relacionado con la investigación militar. Cuando volvió a Alemania se llevó varios sables japoneses y se los confió, para su análisis científico, a un instituto especializado en la investigación y desarrollo de altas tecnologías del acero. El científico era un admirador de la espada japonesa, la tenía en su más alta estima y conocía su superioridad comparada con las espadas europeas.

La austera simplicidad de la espada japonesa disimula sus muchas y buenas cualidades: la extraordinaria atención prestada a los detalles en la hoja y en la empuñadura, la impresión limpia y penetrante del corte, la suave sensación en las manos cuando el impacto del contacto se disipa naturalmente, el escaso daño que sufre su templado filo y la flexibilidad del conjunto, debida a la existencia de un núcleo de acero más blando.

Él tenía conciencia de estas cualidades, pero había algo que le inquietaba: el aire de misticismo que envolvía el método tradicional de forjar la hoja de acero, pues el forjador, vestido todo de blanco para simbolizar la purificación, realiza su trabajo ante un altar Shinto. Esto le parecía extraordinariamente primitivo, y además tenía una pobre opinión de la admiración sagrada que los japoneses profesan al sable. Quería penetrar el misterio y descifrar sus secretos, y aunque lo solicitó muy en serio nunca le fue permitido contemplar al forjador en acción.

Así pues, decidió mandar hacer un análisis científico de los materiales y del método de producción. Teniendo en la mano los datos científicos obtenidos en el laboratorio, creyó que podría reconstruir la espada usando la más reciente tecnología disponible en esa época. Como buen alemán confiaba absolutamente en la eficacia de la ciencia, y debía estar convencido de que se podía manufacturar una réplica exacta de la espada japonesa, e incluso puede que hubiera imaginado que podría desenmascarar las técnicas esotéricas y pasadas de moda del forjador.

El resultado fue un absoluto fracaso. Reunir datos científicos no suponía ningún problema, por supuesto, pero cuando efectivamente intentó hacer una espada, el resultado fue una vulgar espada más. La utilización de sus conocimientos prácticos científicos, incluso repitiendo el experimento y modificando el método de producción, finalizó con una decepción. Por último, se vio forzado a abandonar su intentona y a reconocer la superioridad del método japonés de fabricar espadas, «pasado de moda y esotérico».

Este episodio sugiere que, aunque la artesanía tradicional japonesa puede ser sometida a modernos análisis científicos, siempre mantiene algún elemento o ingrediente que escapa al examen convencional. Mucho de lo logrado en la tecnología tradicional se debe a una cualidad intuitiva conocida como actividad del kan, que sólo se puede adquirir a través de la acumulación de años de entrenamiento. Para que funcione el kan-intuición uno debe experimentar la tensión creativa que emana de la concentración sincera en el trabajo que se está realizando. Esto abre el camino para que un poder más alto, kami en japonés, entre en el proceso. Gran parte del éxito depende de dejarse llenar de este conocimiento divino o kami. A la hora de hacer una espada, tanto para seleccionar los materiales como para combinarlos de la forma precisa transmitida en su familia, el artesano japonés confía en kan. No exageramos si decimos que todo el proceso, desde la alimentación del fuego y la forja hasta el enfriamiento, depende de la escurridiza actividad de kan.

El sable japonés está compuesto por la hoja y la empuñadura, y, a su vez, la hoja se compone de filo, punta, parte posterior y shinogi (un acanalamiento longitudinal situado entre el filo y la parte posterior). Cada una de estas partes tiene una función ligeramente diferente en la lucha con sable, y, por consiguiente, cada una de ellas está hecha con materiales y métodos diferentes. Estas sutiles diferencias están todas determinadas por el kan-intuición que nace de la intensa concentración y de la devoción casi religiosa por el oficio. Por este motivo, el forjador tiene un altar donde se custodian los kami en su lugar de trabajo, lleva prendas de vestir ceremoniales de color blanco y celebra ritos de purificación como parte integrante del proceso de fabricación de la espada. En este ambiente solemne deja que su mente se calme; entonces está preparado para comenzar su tarea.

Para el forjador su trabajo es un arte sagrado; si no lo fuera los kami se irritarían y perturbarían su kan-intuición. La espada japonesa entera, y no sólo sus partes, nacen de la intuición y del poder divino, que están más allá del análisis científico y son, por tanto, algo «misterioso». El hecho de que el científico alemán, atraído por su belleza mística, intentara un análisis científico de la espada japonesa, era en sí mismo una contradicción, y lo natural era que su experimento fracasara.

De modo similar se explica la dificultad al tratar de expresar, cuando somos preguntados por un principiante o por un extraño, la esencia última del aikido. Las palabras no resisten una explicación verbal simple. La esencia última es una experiencia individual e intuitiva de gente que, por buena suerte, puede llegar a realizarla tras años de entrenamiento y búsqueda. La sabiduría contenida en el logro artístico tradicional japonés está integrada por un conjunto de factores complejos, y es de tal naturaleza que, siempre y cuando uno se esfuerce en la vía del entrenamiento y en el objetivo de alcanzarla, tarde o temprano, la realización llegará. Esta confianza, junto con el nen-perspicacia, revelará el corazón del aikido y posibilitará la comprensión de la esencia última.

Dicha esencia, por ser sumamente individualista, aunque universalmente alcanzable, será consumada de formas diferentes, según las personas y sus niveles de logro. Por eso no se puede hacer una afirmación general sin crear algún malentendido. De todas formas está claro que la esencia última fue la más alta realización alcanzada por el Fundador a lo largo de sus años de entrenamiento y de búsqueda sin descanso, por lo cual citaremos algunas frases suyas que revelan su manera de entenderla. Estas frases deben ser cuidadosamente digeridas, pues, dependiendo de la fase de entrenamiento en que se esté, corren el riesgo de no ser bien interpretadas.

Yo emprendí el entrenamiento de mi cuerpo a través del budo, y cuando realicé su esencia última obtuve una verdad aún mayor. Cuando llegué al fondo de la realidad universal vi claramente que los seres humanos deben unificar la mente, el cuerpo y el ki que los conecta a ambos, y que la persona debe armonizar su actividad con la actividad de todas las cosas en el universo. A través de la sutil actividad del ki se armonizan la mente y el cuerpo y la relación entre el individuo y el universo.
Si no se utiliza debidamente la actividad sutil del ki, la mente y el cuerpo de la persona enfermarán, el mundo se volverá caótico y el universo entero se sumirá en el desorden. El aikido es la vía de la verdad. Entrenarse en aikido es entrenarse en la verdad. A través de la dedicación, del entrenamiento y de la perspicacia nacerá la actuación divina.
Sólo si se practican los tres tipos siguientes de entrenamiento, la inamovible verdad de diamantina dureza podrá convertirse en parte de nuestra mente y de nuestro cuerpo.
1. Entrenarse para armonizar nuestra mente con la actividad de todas las cosas en el universo.
2. Entrenarse para armonizar nuestro cuerpo con la actividad de todas las cosas en el universo.
3. Entrenarse para hacer que el ki que conecta la mente y el cuerpo se armonice con todas las cosas en el universo.
El verdadero alumno de aikido es aquel que practica y lleva a cabo estos tres puntos simultáneamente, no de una manera simplemente teórica, sino de forma efectiva, en el dojo, y en todo momento en la vida diaria.

El Maestro Ueshiba enseñó repetidamente:

Cualquier técnica de un arte marcial debe estar de acuerdo con la verdad del universo. Si no lo está, el arte marcial estará aislado e irá en contra de la concepción de arte marcial como creador de amor, o take-musu (literalmente, marcial-creativo). El aikido es take-musu por excelencia. Marcial (take) aquí quiere decir el rugido heroico, la resonancia del cuerpo, el poder de aum que resuena en el universo.
La resonancia del cuerpo se deriva de la unidad de la mente y el cuerpo, que armoniza con la resonancia del universo. La respuesta e intercambio mutuos producen el ki de ai-ki. La esencia del aikido es el eco mutuo de la resonancia del cuerpo y la resonancia del universo. De esto nacen calor, luz y poder unidos en un espíritu plenamente realizado. La vitalidad del eco del cuerpo y la resonancia del universo nutren el funcionamiento sutil del ki y engendran a take-musu aiki, el arte marcial que es amor y el amor que no es otra cosa que arte marcial.


domingo, 9 de febrero de 2014

Internacionalización del Aikido

INTERNACIONALIZACIÓN DEL AIKIDO

Por Kisshomaru Ueshiba
31 de diciembre de 1999

El III Congreso de la Federación Internacional de Aikido se celebró en París en 1980, y en él delegados de todo el mundo discutieron y aprobaron unánimemente la internacionalización del Aikido centralizada en el Honbu Dojo, en Tokio. El ambiente durante esos cuatro días estaba verdaderamente cargado de entusiasmo por tan ambiciosa empresa.

Especialmente gratificante fue la confirmación por parte de los delegados de que el Aikido contiene lo mejor de la cultura espiritual de Japón. No sólo reconocieron su base filosófica hondamente enraizada en la tradición japonesa, De hecho, la mayoría expresó que su interés por el Aikido estaba directamente relacionado con el hecho de que representaba lo mejor de la cultura japonesa.

Menciono esto porque durante algún tiempo me ha preocupado la forma en que las Artes Marciales japonesas se han desarrollado en el extranjero. Cuando se las trasplanta a otros países, algunas Artes Marciales parecen perder sus características tradicionales y se convierten en un asunto solo de habilidad física, de manera que la final el centro del Arte se desplaza a los países que generan mejores competidores físicamente fuertes y técnicamente habilidosos. No puedo estar de acuerdo con que esto sea una consecuencia inevitable de la internacionalización. En lo que se refiere al Aikido, su esencia está integrada por la singularidad de la filosofía japonesa, hasta tal punto que estoy convencido de que quien no esté de acuerdo con esto no puede ser considerado un practicante de Aikido. El significado de la internacionalización no es, pues, que la tradición original se internacionaliza, sino que los practicantes de Aikido se todos los países se transforman y se unen a esa tradición.

Durante todo el congreso estuve expresando mi preocupación a delegados de diversos países, y creo que la mayoría aceptó y apoyó mi punto de vista, lo que probablemente se debe al hecho de que el Aikido es principalmente un camino espiritual que condena cualquier forma de competición o concurso, en los que se deciden los vencedores y los vencidos y cuyo único aliciente es ganar.

El sistema competitivo es la raíz de los problemas que surgen con la internacionalización de las Artes Marciales japonesas, pues aunque las competiciones han jugado un papel definitivo en la difusión de las Artes Marciales a lo largo del mundo, también suprimen la cualidad esencial del Budo, cuya principal preocupación es el cultivo del espíritu. Cuando la fuerza lo decide todo, las vías marciales japonesas pierden su verdadera esencia, y entonces es natural que la destreza física se apodere del centro de la escena. Cuando tal cosa sucede, Japón pierde sus derechos derivados del desarrollo de un Arte Marcial único, no relacionado con la violencia ni con la brutalidad, sino con la paz y el amor.

Reitero esta observación porque no quiero ver al Aikido cometiendo las equivocaciones de las otras Artes Marciales que se han extendido por el mundo. Yo, por supuesto, estoy muy agradecido por los desinteresados esfuerzos y los sacrificios realizados por los instructores de Aikido, que han propagado las semillas del Arte por los distintos países del mundo. La expansión del Aikido comenzó en los años cincuenta en Francia, Hawai, Nueva York y otras partes de los EEUU, y continuó en los años setenta en Inglaterra, Italia, Brasil, Argentina, Australia y países del Sudeste Asiático. Acogí con satisfacción este desarrollo, pero no pude responder inmediatamente a las numerosas invitaciones para visitar los centros extranjeros de Aikido, debido principalmente a la preocupación anteriormente mencionada.

Tras sopesar el asunto cuidadosamente, concluí que podíamos proceder a ellos, si antes aclarábamos dos cuestiones fundamentales respecto al Aikido: que la esencia del Aikido es la única filosofía japonesa que confirma la búsqueda espiritual como primer principio del Budo; y que la única forma verdadera de Aikido es la tradición instituida por el Maestro Ueshiba. Mientras se acepten y se confirmen estos dos principios podremos evitar los errores observados en la expansión de otras Artes Marciales. Y mientras mantengamos el característico rechazo del Aikido por los concursos competitivos, conservaremos la integridad del verdadero Budo.

El III Congreso de la Federación Internacional de Aikido, en 1980, fue un acontecimiento verdaderamente significativo que señaló el amanecer de una nueva era para el Aikido mundial. Para mí, como Doshu, dicho acontecimiento fue enormemente alentador por el apoyo que recibí en lo que se refería a mis preocupaciones e ideas respecto al futuro internacional del Aikido.

Hojeando los periódicos tras mi regreso a Japón me encontré con el siguiente artículo en el Nihon Keizai Shimbun (30 de septiembre de 1980), que decía entre otras cosas:

"Es verdaderamente asombroso el creciente interés por las Artes Marciales japonesas. Al principio sólo había Judo, pero actualmente hay dojos de Karate y de Aikido por todas partes, con toda clase de personas disfrutando de las sesiones de práctica, desde la gente común a los intelectuales.

¿Por qué es tan popular el Budo japonés? En el caso del Aikido no se trata de un deporte de combate para ver quién gana, y cualquier persona -de mediana edad, viejos, mujeres y niños- puede participar en él plenamente, lo que le hace atractivo para aquellos que quieren hacer algún ejercicio por motivos de salud. Más importante, sin embargo, es la invitación que hace a observar la etiqueta y el comportamiento correctos y a nutrirse de la mística oriental que haya en Waza, las cuales impregnan totalmente la mente y el cuerpo de uno.

El secreto del éxito económico japonés, ya sea en la industria electrónica o en la del automóvil, estriba en situar el objetivo en el dominio de la técnica básica, y una vez que ésta ha sido digerida por completo, salir con algo nuevo. Este esfuerzo se soporta con el espíritu de armonía y cooperación, que es Ai-Ki. Esperamos que esta esencia sea transmitida a los occidentales en la reunión de la Federación Internacional de Aikido, no sin antes recordar a los japoneses que después del orgullo viene la caída".

Pensé que el periodista era muy perspicaz en sus comentarios sobre el interés occidental por el Aikido. Desde hace tiempo yo mismo he percibido que la principal atracción ha estado en énfasis por la "etiqueta y el comportamiento correctos", y me ha dado la impresión que la mayoría de los practicantes de Aikido comprenden perfectamente lo que quiere decir esto, del mismo modo que lo que se conoce como "mística oriental". No todos, por supuesto, han alcanzado ese nivel, pues existen diferentes ambientes culturales, y puede que además la apreciación general de los aspectos relativos a la esencia del Aikido sea mayor entre alumnos japoneses atentos. Sin embargo, puedo decir con seguridad que entre los occidentales los hay que demuestran más intensidad en su búsqueda de la espiritualidad del Budo que la media japonesa comprometida en el Aikido.

En los practicantes franceses hay muchos que han estado profundamente inmersos en el entrenamiento Zen, y miran al Aikido como una forma dinámica de Zen. En Inglaterra, estudiantes y graduados de Oxford, Cambridge y otras universidades muestran gran simpatía por los ideales del Aikido manifestados en su visión del mundo y en la integración de la mente y el cuerpo. Muchos alumnos que he conocido en EEUU buscan en el entrenamiento de Aikido una clave para su propia identidad, y en Alemania algunos ven en él la esencia del espíritu japonés y creen que el Aikido puede contribuir a que la civilización occidental salga del atolladero en que se encuentra. Recientemente ha habido una súbita oleada de interés por el Aikido en el Sudeste de Asia. Parece ser que una de las razones es la creencia de que el fuerte espíritu engendrado por el Budo puede haber contribuido a la prosperidad económica japonesa, fenómeno que se contempla con tanto asombro como envidia.

Pero éstas son meras abstracciones de mis impresiones personales respecto a los motivos por los que la gente de diferentes países se interesan por el Aikido, y no son, pues, el resultado de ningún estudio objetivo. En verdad, aún tengo pendiente captar con precisión dichos motivos. Sin embargo, después de haber hablado con extranjeros, lo mismo en el Honbu Dojo como durante mis muchos viajes al exterior, mis impresiones pueden contener algo de verdad.

Me parece que muchos de los que han atravesado las puertas del Aikido no lo han hecho directamente, sino siguiendo un camino sinuoso. Quiero decir que muchos están impresionados por la espiritualidad japonesa y se dirigen al Aikido porque parece que es lo que mejor simboliza esto. Y una vez que comienza el entrenamiento conocen la unidad del "yo" con el propio cuerpo, con la Naturaleza, y con el Universo, y se convierten en alumnos para toda la vida.

Este tipo de acercamiento al Aikido origina una apreciación muy intelectual de su esencia, debida quizá al hecho de que entre los occidentales el Aikido tiende a atraer a gente educada y reflexiva, y, puesto que son inteligentes, captan el Aikido tanto en su particularidad (la más alta expresión de espiritualidad japonesa) como en su universalidad (la belleza y racionalidad de los movimientos del Aikido).

Mientras todos los practicantes, japoneses y extranjeros por igual, traten de entrenar rigurosamente y procuren cultivar el espíritu, el futuro del Aikido estará asegurado. Haciendo estas dos cosas contribuiremos en nuestra propia medida a hacer de este mundo un lugar mejor para nosotros y para nuestros hijos. Porque después de todo ese es el objetivo del verdadero Budo.





martes, 19 de febrero de 2013

Discurso proferido por Kisshomaru Ueshiba: Universidad Politécnica de Valencia (España)


Discurso proferido por Kisshomaru Ueshiba : Universidad Politécnica de Valencia (España)(*)

(*) Discurso proferido por Kisshomaru Ueshiba durante la ceremonia acontecida el 6 de noviembre de 1992, en la Universidad Politécnica de Valencia (España), donde se le concedió el título de Doctor Honoris Causa. Publicado por D. Lucio Álvarez Ladera. Cortesía de Jesús Chenoll. Tomado de: http://www.afamadrid.com/default.asp?V_DOC_ID=1265

 



Es para mí un gran honor el ser investido Doctor "Honoris Causa" por la Universidad Politécnica de Valencia que cuenta con una gran reputación. Es también para mí un honor el poder estar presente en la ceremonia para el nombramiento. Este nombramiento representa un honor no sólo para mí sino también para el Aikido que se ha ido extendiendo por todo el mundo. Espero que su fundador Ueshiba Morihei comparta con nosotros en el Cielo nuestra alegría y gratitud.

Permítanme aprovechar esta especial ocasión para hablar brevemente sobre el Aikido. Se sabe que el Aikido se está ganando el interés de la gente a escala mundial. Esto no es solamente porque el Aikido es un Arte Marcial tradicional japonés, sino también porque la filosofía esencial de la así denominada "Mente Aikido" está jugando un papel importante en la sociedad moderna, y esta Mente Aikido engloba un gran potencial para el futuro. Por esta razón me gustaría explicar más ampliamente esta filosofía esencial del Aikido.

¿Cuál es la filosofía esencial del Aikido?

Voy a explicar los siguientes cuatro puntos:

1). La filosofía que se relaciona con el centro de un "Circulo" La característica más singular del Aikido es su movimiento circular que es el movimiento de la misma naturaleza. Posteriormente lo demostraré.

El movimiento circular en el Aikido es la realización del movimiento circular del Universo, y es lo mismo que el movimiento de la Tierra en el sistema solar.

Lo más importante del movimiento circular es el centro fijo. En el Aikido, nuestro cuerpo humano se considera como un pequeño universo, y el cuerpo se convierte en uno con la naturaleza y realiza un movimiento circular. De esta forma podemos demostrar el mayor nivel de expresión de las técnicas del Aikido.

Además, ya que el centro del cuerpo humano es uno con el centro del universo, el centro humano tiene que convertirse en el centro inmóvil que penetra en el centro de la Tierra y del Sol.

Por medio de la práctica del Aikido, se puede experimentar esta perfección final de unificación del cuerpo/mente y se puede alcanzar la etapa culminante de nuestra vida.

2). El estado de la nada y la unidad, sí podemos perfeccionar el movimiento circular por medio de la práctica del Aikido, podemos alcanzar el estado de "quietud" como el centro de una "cima" que aparece a nuestros ojos muy quieta cuando su giro alcanza su máxima velocidad y se llega a la quietud a partir del fuerte movimiento. Esto es similar al estado de unificación del espíritu, mente y cuerpo en el cuerpo humano, y este estado es equivalente al estado denominado "vacio" o "nada" en la Filosofía Oriental. Perseverando en la práctica del Aikido se puede alcanzar la cualidad humana en su más alto grado.

3). ¿ Qué significa el establecimiento del centro de las técnicas Aikido? No es tarea fácil el demostrar en nuestro movimiento el logro del centro humano, que tiene su raíz en el centro del Universo. En el movimiento técnico del Aikido, tenemos que empezar por bajar el centro de gravedad de nuestro cuerpo y hacer movimientos espirales y continuos concentrándonos en "el espíritu y la mente" de forma continua. La cuestión es el fijar el cambio del centro, y por ello, nuestra práctica diaria es absolutamente necesaria.

En el Aikido, se requiere hacer práctica espiritual y física lo cual se basa en algún arte marcial japonés tradicional en el que la vida y la muerte están siempre cara a cara.

Ese tipo de superación de la mente humana adquirida por medio de la práctica es absolutamente necesaria en nuestra sociedad moderna en la que la ciencia parece ser considerada como todopoderosa.

4). Del centro al círculo, del circulo a la unidad armoniosa, y de la armonía al amor. Si continuamos, en el Aikido, nuestra práctica de la unificación de cuerpo y alma en movimiento circula con la filosofía de "la nada" y "el vacio" en nuestra mente, y seguimos buscando la mejora de nosotros mismos, descubriremos que la filosofía del Aikido entra en conflicto con la de los deportes en los cuales toda la práctica se centra en el resultado de ganar o perder.

Si ponemos la victoria como nuestra principal prioridad, nos encontraremos ligados a la competición, y tendremos que poner nuestra meta en algo que está lejos del mundo de la armonía, demostrando así la realidad de la naturaleza.

En el mundo de los deportes, buscamos nuestra mejora humana en relación con nuestro competidor. Por el contrario, en el mundo del Aikido, continuamos nuestra práctica con nuestro compañero, y el compañero y yo nos convertiremos en uno en armonía, y mediante ese aprendizaje armonioso, intentamos ser mejores seres humanos. En esta unificación de los dos compañeros hay un movimiento circular con el centro en la armonía natural y, en sentido amplio, conducir a la unidad de todo el mundo y al gran amor que envuelve todas las cosas del universo. En otras palabras, experimentamos la realización del amor más amplio. Aunque la guerra fría ha terminado, todavía existen algunos conflictos y desacuerdos en algunas partes del mundo. Debido a la complejidad del mundo, el Aikido se vislumbra como una actividad única, como una expresión de gran amor.

Hasta ahora he explicado la filosofía del Aikido. Mediante su práctica buscamos la unidad entre la filosofía del Aikido y nuestro cuerpo. Esto nos permite reconstruir la herencia cultural tradicional japonesa, y también experimentar físicamente la esencia de la Filosofía Oriental que es considerada por los occidentales como muy vaga y oscura.

Finalmente, me gustaría decir unas cuantas palabras sobre el fundador del Aikido, Ueshiba Morihei.

El fundador Morihei, nació en 1883 y murió en 1969. Su lugar de nacimiento fue Kumano en la Prefectura de Wakayama, al suroeste de Japón.

Desde la antigüedad, Kumano ha sido un lugar que no es visitado por demasiada gente, e incluso hoy, es una zona famosa por haber mantenido la gran naturaleza incólume.

Morihei nació como un niño de la naturaleza, y creció en un ambiente en el que se había desarrollado la religión indígena japonesa desde el nacimiento del Japón a partir del piadoso temor por bosques, arboledas y el mar. En su infancia, estuvo influenciado por las creencias de la Secta Shingon del Budismo. En Japón, el Budismo Mahayana enseña la salvación por la fe pero el Budismo enseña la auto-salvación.

Morihei quería practicar en la realidad la misma comprensión de la naturaleza y las enseñanzas del Budismo Shingon, y se fue a Hokkaido en 1911 para cultivar la soledad. Sin embargo, no pudo encontrar la tranquilidad espiritual allí y en 1919 empezó su aprendizaje más profundo en una secta del Sintoismo.

En 1922 experimentó la unidad con el universo y consiguió la Mente de la Gran Comprensión, es decir, la filosofía del Aikido. A partir de entonces, mientras desarrollaba y afianzaba la filosofía que había adquirido, continúo su vida como alumno del Aikido que era diferente de las tradicionales Artes Marciales japonesas. Continúo su labor hasta el día en que falleció en 1969.

Hoy, las especialidades de la gente se han diversificado. Esta tendencia nos ha traído un fuerte deseo de captar la imagen de un ser humano total y libre. Por tanto, se puede decir que es muy lógico que el Aikido haya ganado fama mundial como la filosofía que es el principio fundamental de nuestra "vida" basada en la naturaleza.

Yo he heredado la enseñanza del Aikido fundada por Morihei. He dado conferencias y he hecho demostraciones en más de 150 Universidades y Facultades en Tokio, Waseda o Jochi en Japón, y también en la Universidad de Oxford y en otras muchas universidades y facultades del continente. Además he visitado organismos estatales, empresas, organizaciones y grupos gubernamentales rurales, etc., para promocionar el Aikido con gran entusiasmo.

He explicado brevemente el Arte del Aikido como un ejemplo de mi sincero aprecio por esta ceremonia. Daré una explicación más detallada durante mi demostración.

martes, 18 de diciembre de 2012

Entrenamiento de Aikido y la Introspección


Entrenamiento de Aikido y la Introspección

Por Akira Tohei, 8º Dan, Shihan

 Sensei David Halprin, Bogotá D.C. 2006
 

No deberá existir persona alguna quien no quiera buscar su felicidad, al nacer como ser humano. Pero la felicidad no es algo que llega naturalmente, y yo creo que se obtiene a través del esfuerzo humano.

Un sentido de consecución espiritual, logros materiales, la realización de tus propios deseos, y también la sensación de suficiencia cuando se superan las dificultades y las penas, todo esto existe dentro del rango de lo que llamamos felicidad.

¿Qué es la felicidad humana? Es el sentimiento o sensación resultante, el regocijo del corazón luego de un esfuerzo y la devoción que parte de uno mismo. En contraste, si una persona no le dedica demasiado esfuerzo, lo que se obtiene no es la felicidad. Surge un sentimiento de que uno ha sido traicionado o engañado, y de ninguna manera esto se le puede llamar felicidad, es como un dinero obtenido de mala manera y que se gasta rápidamente.

En estos tiempos de actualidad, la tendencia es preferir lo “instantáneo” y las cosas “fáciles” en general. Antiguamente sin embargo, cuando un guerrero iba en camino hacia el campo de guerra, rezaba a la luna nueva, “Que caigan sobre mí las siete maldades y los ocho sufrimientos".

Sobreponerse a estas dificultadas significaba superarse a sí mismo, y luego hacía un juramento para derrotar al enemigo. Este "kokoro" es el propio sentimiento que se requiere de alguien que entrena. Si el "kokoro" de uno no está dedicado lo suficientemente, se torna en un caso de “el hombre que acude a Dios solamente en los momentos de angustia,” y la situación se reduce a aquella de “un hombre ahogándose y sosteniéndose de una pajita".

Hay personas que pueden soñar en hacer una fortuna en un solo golpe sin mucho esfuerzo, y quizás la tendencia de hoy en día indica sentimientos aún más fuertes hacia esto. Sin embargo, tomado desde el punto de vista de entrenamiento o más aún desde el Aikido, un logro a través de un “curso veloz” es imposible.

La introspección está influenciada por los tiempos, por el momento, y por los medios que son reflejados en el propio ser con sentimientos de humildad. Las acciones propias de uno están ligadas a los pensamientos, y aunque sí es posible hacer una reflexión luego de actuar, un examen interno y a consciencia está alineado con gran desarrollo y crecimiento, y es un requisito importante para lograr cualquier cosa. Una persona que haga poca introspección se tornará autocomplaciente, y éste es un factor en su carácter personal que se convertirá en algo más y más insignificante.

Hemos escuchado la frase, “Chicos, sean ambiciosos.” Sin embargo, si la persona sólo toma en consideración la ambición de forma continua, nada podrá lograrse, y perderá interés en el mundo y se sentirá desalentada. Sólo cuando la persona junta el entusiasmo con el esfuerzo verdadero, y sólo si se auto-examina cuidadosamente por dentro, es cuando podrá acercarse a sus aspiraciones más apreciadas.

Hay una diferencia entre la auto-reflexión y ser totalmente pasivo. Tener "kokoro" para la introspección conduce a un desarrollo correcto; este es el mismo principio para cuando uno da un paso atrás o jalar hacia atrás antes de hacer un brinco hacia delante. Un estado de extensión continua hace difícil que uno pueda brincar más allá de donde uno está, pero jalar o inclinarse para atrás reduce la dificultad de poder brincar hacia delante.

Un dojo es un lugar para la disciplina. Se espera que la persona tenga seriedad durante su entrenamiento, ya que si ocurre aunque sea una pequeña negligencia, esto dará lugar a que ocurran posibles accidentes. De regreso a casa desde el dojo, o mientras conversa con los amigos, o una vez que llegue a casa, tómese su tiempo para reflexionar sobre su actitud de "kokoro" o de su comportamiento o conducta, ya este día singular es para labrar camino hacia el desarrollo de mañana.

Si una persona tiene pocas fallas y pocos puntos débiles, sería de ayuda si esa persona no dejara que nada le detenga para que empiece de nuevo e inmediatamente. Hay una creencia de que no existe ningún ser perfecto en el mundo; si todas las cosas se tornaran perfectas entonces ya no estarían en el reino de los seres humanos, y ya no habrá necesidad de entrenar como lo hacemos.

No criticar las fallas del otro ni sus defectos, no jactarse de méritos propios, poder hablar honestamente, y poder sentir la humildad – todo esto da luz al verdadero "kokoro" para la introspección.

Es arrogante pensar que solamente los pensamientos propios de uno son perfectos, y sería mejor no asociarse mucho a aquellos que piensen así.

En las sesiones de Aikido cuando uno piensa que ha aprendido algo por sí sólo, y cambia de pareja varias veces mientras practica, llegará a entender nuevos sentimientos y sensaciones. Esto se aplica tanto para aquellos que han entrenado por muchos años como aquellos que aún son alumnos nuevos.

Es un hecho que si uno entrena, paso a paso se acercará a una existencia completa o a la perfección. Esto no significa que la perfección pueda ser perfeccionada, sólo que esto debe ser la meta de la persona. El sentido de “ser” del ser humano está influenciado por pensamientos y actitudes humanos de "kokoro".

En la antigüedad, la acción precedía la palabra, significando que la persona no se daba publicidad ni siquiera con sentimientos modestos, sino que realizaba sus deberes de forma silenciosa, y esto era considerado como un atributo noble.

Más aún, ésta es la línea principal de entrenamiento. Hoy en día las palabras preceden las acciones, o sea el hablar y la promoción preceden la acción. Lo más inútil es cuando todo es hablar y no hay nada de acción, o ponerle énfasis en hablar y hacer propaganda pero llevar a cabo muy pocas cosas. El Fundador de Aikido entrenó y enseñó en el Hombu dojo hasta justo antes de fallecer, que es considerado sencillamente natural para un Fundador, y de hecho para cualquier persona que recorre el camino de Aiki. En la instrucción de Aikido o la práctica, por supuesto que las explicaciones son valiosas, pero si el único énfasis se coloca en esto, entonces habrá peligro de ver solamente un aspecto limitado de Aikido.

Mente y cuerpo – palabras y acción – uno siempre debe esforzarse a coordinar estos elementos, y yo creo que especialmente los instructores de Aikido deben procurar a poner buenos ejemplos.

Todas las personas poseen "ki" y "kokoro". Como seres humanos, sin embargo, siempre extender estas dos cosas de forma correcta y utilizarlas correctamente son requerimientos para nosotros. En la búsqueda y aspiración a estas dos cosas, nos disciplinamos en el Aikido. Dado a que el Aikido sigue la ideología de la no-disensión, aquellos que estudian el Aikido deben estar conscientes que un "kokoro" en contención y el conflicto en sí son una vergüenza.

En Aikido, en vez de fuerte o débil, el problema se trata de correcto o incorrecto. Desde un "kokoro" correcto y el pensamiento correcto, los movimientos para técnicas correctas vienen naturalmente. Según la doctrina que la mente controla el cuerpo, se razona que el entrenamiento es el camino que conduce a la perfección humana.

Si uno tiene "kokoro" para la introspección, entonces surge una naturaleza cooperativa. Sin ego, sin sentimientos egoístas, y con la armonía resultante, sí es posible progresar hacia la meta de perfección humana.

El egoísmo abarca muchas cosas—la reprimenda parcial de ser fuertemente terco en sus opiniones; sentir que solamente sus propios pensamientos son los correctos y creer que los otros son completamente malvados; poner la culpa de los fracasos propios a otros; la tendencia de castigar a otros en forma de denunciarlos; tenerle aversión a los caminos indirectos e ir directamente a la meta de uno y por lo tanto omitir pasos en el medio que son válidos; la tendencia de no estar satisfecho hasta que los asuntos no estén completamente resueltos; una desconfianza hacia los seres humanos; una debilidad por las palabras del tipo místico y poner el sentimiento antes de la razón. Quizás las personas con fuertes tendencias de esta naturaleza podrían tener una ventaja sobre otras, pero al final los defectos propios de uno mismo—la afirmación del ego propio y la inhabilidad tendenciosa de acomodar a otros—resulta en una herida fatal y todo recae en sus propias acciones. Esta es una regla solemne que siempre debe ser seguida.

Esto no significa que uno debe tener menos sueños a alcanzar, pero parece que es más sabio bajar el nivel de altísimas demandas sicológicas que solo buscan alcanzar la cima de la montaña. A la larga, esto es lo que une la introspección y la felicidad personal aplica tanto a los individuos como a las naciones.

Se podría decir que las búsquedas comerciales son ingeniosas e inteligentes, dependiendo de los métodos usados, pero tal como son diferentes cada ambiente personal, cada estilo de vida, y cada forma de pensar, también son diferentes las razones, capacidades, y aplicaciones prácticas y métodos para alcanzar el “ki”. Pero por el bien de lo que estamos entrenando, por el bien de lo que Nidai Doshu Kisshomaru Ueshiba accedió a través de rutas legítimas después de la muerte del Fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, y no vaya a ser que perdamos todo el valor de preservar el verdadero Aikido, ¿no deberíamos perseverar en la búsqueda del Aikido correcto? .

Me acuerdo de las palabras dichas por el Fundador cuando ya tenía bastantes años de vida. Él decía, “aun cuando he llegado a esta edad, todavía no soy perfecto; debo hacer más y más investigación en cosas que las personas jóvenes no conocen.” Yo creo que esto es la máxima dorada, de aquel quien habiendo escogido el camino del entrenamiento, ha pasado por mucha introspección con verdadera humildad.

El camino de entrenamiento y la disciplina es estricto y también largo. Podemos sujetarnos a altas esperanzas si no dejamos de sentirnos satisfechos con pequeñas ambiciones y si no nos detenemos a mitad del camino. Pero un recurso aún mejor es la auto-examinación repetida, que nos permite vivir la vida sin arrepentimientos, consistentes con un estilo de vida correcto y con nuestros roles como aprendiz. Nuestras vidas no se pueden revivir de nuevo. No debemos apurarnos sin ningún propósito ni siquiera por un instante, y debemos ser inquebrantables en el propósito para así no desperdiciar momentos preciosos. En nuestras mentes debe estar muy impreso que despertar “kokoro” para la introspección y redimir nuestra humanidad es algo invalorable para nosotros en el entrenamiento.

jueves, 8 de marzo de 2012

Ampliando el Círculo del Aikido

Ampliando el círculo del Aikido

Tomado del libro “El Espiritu del Aikido”,
Autor Kisshomaru Ueshiba


Junto a la importancia del entrenamiento para niños y jóvenes, otra característica del aikido que le diferencia de otras artes marciales es su gran número de practicantes femeninas.
En años recientes, incluso en el Japón, el número de mujeres en todos los deportes, excepto en el boxeo y en el sumo, ha ido en aumento. En las artes marciales las mujeres están presentes en el judo, el kendo, el karate, el kempo, etc, pero parece que es el aikido el que ha atraído, proporcionalmente, el mayor número de mujeres. Pero este fenómeno no ha sido un estricto asunto de números, sino que también ha sido cualitativo, por el hecho de que el entrenamiento de las mujeres añade profundidad y amplitud al aikido.
Existe entre ellas una considerable variedad de motivos y razones para practicar aikido, y hay mujeres de todas las edades y profesiones que se dedican a esta vía, que permanecen en ella durante muchos años y que aspiran a los más altos ideales espirituales del budo. En cierto sentido parece que el aikido estuviera especialmente abierto a las mujeres, de forma que pueden cruzar fácilmente sus puertas y participar de modo natural en su proceso de desarrollo.
¿Es ésta la razón por la que el aikido es a veces tan extraña y erróneamente interpretado? Son muchas las preguntas simplistas y las declaraciones al respecto. La gente pregunta «¿El aikido es un arte marcial para mujeres?» Dicen: «Parece que favorece a las mujeres.» O incluso: «Es afeminado.» Algunos comentarios son sexistas, como, por ejemplo: «¿La práctica mixta no distrae?» O «¿tantas mujeres no entorpecen la práctica real?» Otras preguntas parecen surgir naturalmente: «Las mujeres no están interesadas en el budo. ¿No piensan sólo en el aikido como una forma de defensa personal, o sólo como un ejercicio para la salud y la belleza?» «¿No son tratadas las mujeres con timidez; acaso no se les dispensa un trato especial?».
Una vez más preguntas y críticas surgen de la ignorancia sobre el aikido. Una persona que hubiera entrenado incluso mínimamente en aikido o que supiera algo de su filosofía, o que sobre todo hubiera realizado la rigurosa disciplina para alcanzar su más alta meta, nunca haría tales comentarios.
Expresado sencillamente, el aikido es un budo abierto a toda la gente que aspira a unificar el ki del universo con su ki personal. Para todos los miembros de la raza humana es el camino por el que se alcanza la armonía con todos los seres. Las puertas del aikido están abiertas a la gente de todas las edades, clases, sexos, nacionalidades y razas, y la no discriminación y no exclusividad son características básicas del arte. Como en el caso de los jóvenes y de los practicantes mayores, que más adelante se abordará, las mujeres no son objeto de ningún tipo de discriminación. Aún más, acusar al aikido de favorecerlas o de garles un trato preferente por ser comparativamente muy numerosas es hacerse reo de sexismo latente.
Mientras que el aikido no da prioridad ni a mujeres ni a hombres, es verdad que el budo tradicional, desarrollado en un época de feudalismo, sí era visto como un dominio exclusivamente masculino. La crítica de que el aikido es afeminado o que favorece a las mujeres no es más que un residuo de esta anticuada actitud. Y ya que éste es un problema serio que corresponde al presente y al futuro de las artes marciales, deberíamos examinar más cuidadosamente tales actitudes.
Las antiguas artes de lucha se originaron en una época en que sólo los hombres se enfrentaban a vida o muerte en el campo de batalla, y la opinión de que el budo era un dominio particular masculino pudo alguna vez estar justificada. Pero en nuestro mundo moderno, cuando las artes marciales deberían ser el entrenamiento de la mente tanto como del cuerpo, esta visión resulta completamente anacrónica. La idea de que las artes marciales deberían reducirse sólo a los hombres descansaba en la aceptación de la violencia, pero dicha aceptación ya no es válida. El budo moderno, considerado como vía de entrenamiento de la unidad mente-cuerpo, está basado en la asunción del amor y la armonía, y de ellos es el aikido el que principalmente intenta cultivar la verdadera humanidad en un mundo pacífico.
El aikido para mujeres es claramente un budo, y no existe diferencia en el entrenamiento de mujeres y hombres. Las mujeres que realmente se someten a la práctica del aikido llegan a saber esto, con lo cual no queremos negar el hecho de que algunas mujeres sí entren en aikido pensando que es útil como defensa personal o un ejercicio ideal para la salud y la belleza. Ellas han sido engañadas por artículos de periódicos y revistas que describen la popularidad del aikido entre las mujeres, y en los cuales se reflejan los prejuicios que acabamos de discutir.
Pero una vez que comienzan a entrenar se dan cuenta de que el aikido supone una práctica reiterada que requiere la unidad de la mente y el cuerpo y el cultivo del poder del ki, y que el hecho de que pueda ser beneficioso para la salud y la belleza o que sirva como defensa personal es simplemente una consecuencia no relacionada con el espíritu del aikido. Buscar tales resultados rápidamente y con un fin en sí-mismos socavaría la verdadera apreciación de lo que el aikido tiene que ofrecer.
Algunas mujeres (así como hombres) pueden resistirse a la práctica repetitiva de posturas básicas, pero éstas son preliminares, imprescindibles para aprender las técnicas. Aprender la distancia adecuada (ma-ai) de enfrentar a un adversario puede resultar inesperadamente difícil, lo mismo que la realización de movimientos de los pies deslizándose de forma suave, al estilo de la danza Noh. A otras se les puede plantear inicialmente un problema en el desarrollo del poder de la respiración, o ki, que se origina en el centro y se extiende a lo largo de los brazos y de las manos. Puede que haya que practicar una y otra vez hasta llegar a dominar el ukemi o caída, que se efectúa manteniendo siempre el centro y el equilibrio. Pero las dificultades con las que se encuentran los principiantes, que implican confusión, sudores y ocasionales magulladuras, no parecen desanimarles. Según ellas, estas dificultades son un reto más que un desaliento, y refuerzan en realidad la motivación para llegar a dominar el aikido.
Los hombres suelen hacer comentarios similares, y parece que son las mujeres quienes tienen más resistencia, paciencia y voluntad de continuar en la brecha, lo que probablemente esté relacionado con inconscientes poderes creativos que ellas poseen. Las mujeres que penetran por las puertas del aikido raramente abandonan la práctica al poco tiempo de empezar. Al menos ocho de cada diez continúan, y cuanto más tiempo y más profundamente practican, más se embelesan con el aikido. La razón de todo esto no está del todo clara, pero podemos extraer una idea general a partir de los comentarios hechos en entrevistas en los periódicos y las revistas y en ensayos que de vez en cuando aparecen en el boletín de noticias interno publicado por el Hombu Dojo.
«Cuando comencé el aikido no podía dar ni siquiera una voltereta, así que cuando rodé por primera vez hacia adelante sentí que el día había sido provechoso.»
«En medio año mi cuerpo se volvió tan ligero como una pelota cuando me lanzaban. Creo que el aikido me hizo más fuerte como persona, y, a pesar de que no tengo especiales ideas acerca del budo, creo que estoy aprendiendo a apreciarlo.»
«Por la práctica constante de seiza, mi postura ha mejorado realmente. Mis profesores de la ceremonia del té y del arreglo floral lo mencionan a menudo, y mi profesor de danza japonesa dice que los movimientos de mis pies y mi postura se han perfeccionado.»
«Cuando practicaba judo siempre tuve complejo de inferioridad a causa de los hombres, que eran más fuertes, y algunas de las técnicas desuelo no me gustaban. Pero con el aikido, como el fin no es la exhibición de simple fuerza, y ninguna de sus técnicas son ofensivas, disfruto de verdad.»
«Verdaderamente me gusta ser uke, porque cuando me proyectan desaparece todo mi orgullo y vanidad. El aikido ha sido llamado el «Zen dinámico». Cuando consigo abiertamente convertirme en mí misma a través de la práctica, pienso que en efecto puede ser algo como el Zen.»
«Una de las razones por las que continúo en el dojo  es por su ambiente armonioso. Procuro practicar con distintos tipos de personas, y no hay rivalidad, puesto que nadie gana ni pierde. Esto ha influido en mi propia actitud hacia los demás. Intento trabajar con otros y escucho más cuidadosamente lo que tienen que decir.»
«Cuando empecé a dominar el principio del movimiento esférico, mi habilidad para manejar mis quehaceres diarios mejoró. Ya no pierdo tiempo, y mi mundo- se ha vuelto más rico y más lleno. El aikido es una parte necesaria de mi vida. Ahora no podría vivir sin él.»
Comentarios como éstos proceden de profesoras de colegio, oficinistas, amas de casa, estudiantes, médicos, secretarias y otras, de edades y profesiones diferentes. A pesar de las diferencias, percibo un fondo común.
Todas han captado, más o menos, la esencia del aikido intuitiva y experimentalmente, y sus comentarios, a diferencia de los que hacen los hombres, están estrechamente relacionados con la vida diaria. Esto significa que, aunque no hay discriminación entre hombres y mujeres en el contenido y en la práctica del aikido, aparece una distinción natural en sus respuestas a él, lo cual es bueno para el aikido porque destruye los estereotipos que tiene la gente sobre las artes marciales.
En aikido se respeta la individualidad de cada persona, y se desarrolla y se nutre la fuerza individual de cada uno. Mientras que el entrenamiento y la filosofía del aikido tienen aplicación universal, cada respuesta, masculina o femenina, depende del individuo. El aikido no es masculino ni femenino, y no debería existir ninguna actitud previa respecto a cómo deberían actuar o practicar el arte los hombres o las mujeres.

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