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viernes, 29 de junio de 2018

Los grados

Los grados

Por Nobuyoshi Tamura
Tomado del libro Aikido. Etiqueta y transmisión


Historia

El dan (段) de los grados de judo o de aikido se escribe con un carácter que significa grado, escalón.

Una escalera se sube o se baja escalón por escalón, no es posible franquearla de una sola vez como por medio de una escalera mecánica o un ascensor.

La palabra dan contiene la idea de separación e indica el método necesario para conseguir una meta. A mi entender por eso se eligió esa palabra para designar los grados. En resumen, la aparición de este sistema de grados en el mundo del budō es reciente.

Kano Jigoro, el fundador del judo, lo instauró durante la era Meiji (1868-1912). En los bujutsu anteriores, los títulos de los grados que existían eran los inka, menyo, etc. Estos sistemas siguen sobreviviendo en los bujutsu y en el budō clásico (kobudo), que aún se practican hoy en día. Este sistema comprende las siguientes clasificaciones:

-Shoden
-Chuden
-Okuden
-Menkyo kaiden
-Mokuroku, inka

(certificados o títulos otorgados por escuelas tradicionales que equivalen a menkyo kaiden). Este sistema asegura la transmisión de los secretos de este arte a los discípulos.

Shoden: transmisión inicial, lo que se transmite para comenzar.
Chuden: transmisión media que asegura que se ha recorrido la mitad del camino.
Okuden: Transmisión profunda de las enseñanzas esenciales en el sentido oculto, es decir, okugi, higi.
Menkyo kaiden: certificado y titulo de aquel a quien se le han transmitido todos los secretos sin reserva alguna.

El que ha recibido el Menkyo kaiden puede ser llamado para suceder al maestro o para fundar una rama de la escuela enseñada por su maestro.
Los sistemas inka o menkyo kaiden (certificado de transmisión) o los dan están ligados de forma indisoluble a los métodos de enseñanza.

El sistema progresivo de los certificados de transmisión que conduce de las técnicas simples a las técnicas complicadas puede parecer perfectamente lógico. Sólo hay que cambiar de punto de vista y verlo desde la perspectiva del bujutsu, que decide sobre la vida o la muerte.

A pesar de que se hable de discípulo y que dentro de la medida o en el seno de este sistema esté en juego su personalidad, será obvio que por prudencia el maestro no habrá enseñado de una sola vez ni todas las técnicas ni todo su contenido.

A lo largo de los años de enseñanza, el maestro puede observar la técnica, la actitud y los actos de su alumno. Entonces puede otorgar un diploma con pleno conocimiento de causa a quien se lo merezca (okugi, inka, menyo kaiden).

Habría que reflexionar sobre el hecho de que kuden (la transmisión oral), i’shi-soden (la transmisión a un solo hijo) así como la prohibición de aceptar o provocar desafíos entre escuelas antes de obtener el menkyo kaiden, parece indicar que la enseñanza no era transmitida en su integridad.

Ahora bien, el budō moderno es el fruto de una época de paz, lo que explica que tienda más hacia una evolución espiritual y física que hacia la perfección de las técnicas. Desde el principio del estudio se desvela la totalidad de las técnicas, nada cambia en las técnicas en sí, sólo la ejecución evoluciona a la vez que el ejecutante gana en precisión y se transforma. La progresión está estructurada de manera que el cuerpo y el espíritu evolucionan de forma conjunta. Los grados dan son los hitos de esta evolución.

Antes de la guerra y hasta el final de la segunda guerra mundial, la universidad de los budō japoneses, el Butokukai otorgaba los grados y los títulos de enseñanza. Los títulos son renshi, kyoshi y hanshi. Los grados van del 1º al 10º dan.

Merece la pena pararse a ver lo que representa el hanshi:

*Un grado mínimo de 5º dan, una vida correcta y un gran conocimiento del budō son las condiciones necesarias para optar al título kyoshi.
Al cabo de siete años y pasada la edad de los sesenta, se puede pretender alcanzar el siguiente nivel: el de hanshi.
**Entonces el conocimiento de la técnica ha alcanzado la perfección. El practicante, además, por el ejemplo que da de una conducta social irreprochable es un modelo para los demás.
***El resultado de las acciones emprendidas a favor del budō se manifiesta a todos los niveles. El título de hanshi, por lo tanto, pone de manifiesto la conjunción de los siguientes elementos: técnica, corazón, espíritu de contribución a la causa de su disciplina.

Dentro del marco del sistema de grados, kyu-dan, cada uno ha de encontrar su lugar con respecto al sistema de títulos de enseñanza. La justificación de este sistema de grados es el hecho de ayudar a evaluar el nivel de trabajo de cada uno y de comprender su finalidad.

Igual que los escalones de una escalera, los grados deben franquearse uno a uno con una voluntad inagotable de progreso. Hoy en día, en Japón se atribuyen los grados en función de los tres siguientes puntos:

-Técnica.
-Personalidad y realización.
-Lo que el practicante por contrapartida aporta a su arte.

Incluso si la técnica es excelente, un practicante cuya vida diaria sea desordenada o cuyo carácter sea inestable no accederá a los grados más elevados.

Al contrario, a un practicante que lleve mucho tiempo cuya técnica pueda dejar que desear pero que ponga de manifiesto grandes cualidades y que haya prestado grandes servicios a su disciplina se le podrá otorgar un grado elevado, ya sea a título ordinario o a título honorífico.

A pesar de que los grados honoríficos pueden ser atribuidos sin mención particular, hay que pensar que el receptor no cometerá el error de tomarlos por otra cosa de lo que son.

Hoy en día, en algunos países como Francia, los grados se atribuyen en el ámbito nacional. No obstante, es corriente que cada escuela, federación, organización o director de escuela distribuya sus propios grados.

En la actualidad, el Aikikai vuelve a la antigua tradición y no concede grados superiores al 8vo dan a practicantes en vida. Es importante recordar que los niveles indicados corresponden a requisitos mínimos de conocimientos, y que no basta con disponer de un conocimiento aproximado de ese mínimo para reivindicar el derecho a un grado.

(…)

Actitud durante los pases de grado

Es evidente que de entrada la actitud durante un pase de grado ha de ser enseñada por los profesores. La única razón de ser de los exámenes de kyu o de dan en aikido es poder medir los progresos técnicos y el nivel mental adquirido en un arte donde no existe competición.

Lo que importa, por lo tanto, es poder manifestar por completo los resultados de la práctica diaria en el sentido de la unidad del ki, el corazón (kokoro), el cuerpo y la técnica. Durante el examen las técnicas se encadenan con rapidez, precisión y potencia: la potencia del cuerpo debe expresarse sin interrupción, tanto en firmeza como en resistencia.

La calma y la intrepidez del corazón deben animar la ejecución técnica con una precisión meticulosa. Sin miedo, sin vacilación, sin altanería, cada gesto debe realizarse con la participación total del cuerpo y el espíritu. Desde esta perspectiva, es conveniente orientar la práctica diaria hacia esa intervención total, lo que nos permitirá durante los exámenes estar distendidos, relajados y mantener el gesto amplio sin dejarnos distraer por nada, sin ningún cambio con respecto al ejercicio ordinario. Hay que permanecer libre.

Corre la voz de que después de la proclamación de los exámenes, algunos se consideran perjudicados. ¡Esto es una conducta inconveniente e inconcebible que sería preferible poder pasar por alto!.

Si usted ha podido expresar los resultados de su práctica diaria de manera entera y completa, debe considerarse afortunado, incluso si ha sido suspendido en el examen.
Si ha aprobado el examen sin haber cumplido los requisitos que en última instancia juzgará usted mismo no debe sentirse orgulloso. Suspender y responsabilizar al examinador le sitúa en el nivel más bajo; ¡no espere llegar jamás a poder comprender algo relacionado con el Aikido si se empeña de esa manera!.

Pensar que el examinador es parcial simplemente demuestra que el corazón de usted es parcial. Debemos agradecer al examinador que le ha indicado los aspectos malos de su comportamiento, de su técnica, antes de estar resentido contra el examinador pensando que no entiende nada del Aikido. Y, si en un caso extremo, el examinador realmente no entiende nada…¿Cambiará eso un ápice su trabajo? Incluso si en ese momento no entiende las intenciones del examinador, llegará el momento en que comprenderá que gracias a esa derrota momentánea ha tenido que trabajar más y su técnica y su espíritu han progresado otro tanto.

Seguramente llegará agradecer a ese examinador que le habrá permitido evolucionar sin orgullo  y sin autosatisfacción. Creo que ese estado de ánimo es el que manifiesta el wa, la armonía y la paz, del que hablaba O Sensei.

La paz no sólo reside dentro de uno mismo, sólo puede puede existir a la vez “dentro” y “alrededor” de uno mismo.

El Aikido es una espada de dos filos: cuando se ha cortado al adversario en dos hay que saber que nos hemos cortado a nosotros mismos en dos.  Si dejamos vivir al adversario estamos salvados. Esto viene a significar que no debemos permitir que se genere esa dualidad adversario / yo. Tomemos como ejemplo un examinador totalmente parcial e injusto. Incluso un examinador de ese tipo, si está bajo ese encanto, no encontrará nada que censurar en un buen examen: con este estado de ánimo es con el que uno se debe presentar. Si a pesar de todo se suspende, no se deje abatir. Aproveche para mejorar sus defectos. Sea recto y digno sin estar resentido contra nadie y es posible que el examinador que lo haya suspendido sienta vergüenza. Si recibe un grado que no merece, sepa que sólo lo ha recibido para señalarle que toda posibilidad de evolución en lo sucesivo le está vetada. Por el contrario, el que se le deniegue un grado debe interpretarse como que se le está pidiendo realizar un trabajo más profundo para el que usted está capacitado.

Actitud del candidato que ha superado el examen de dan

 Todos somos felices cuando aprobamos un examen de dan. No obstante, ello no es razón para salir del dojo sin saludar o abrazarse en el tatami para felicitarse mutuamente, actitud que no se debe fomentar. Aprobar un grado o ganar una competición son dos actos de distinta naturaleza. Lo primero que hay que agradecer es al examinador, luego a su profesor y los sempais, y sólo a partir de entonces, se puede compartir la alegría con los amigos. En Francia, durante los primeros tiempos de mi estancia, los practicantes que acababan de superar el examen también ofrecían a sus profesores y amigos una pequeña fiesta en un bar y no se dudaba en descorchar una botella de champán. Incluso cuando yo era uchi-deshi, las personas de educación formal ofrecían al maestro, a sus sempai y a sus amigos aikidokas una cena de agradecimiento.

Por supuesto, para los jóvenes eso es un poco difícil de sufragar, pero ¿acaso es imposible ofrecer por lo menos el gesto de ofrecer, por ejemplo, un aperitivo para celebrar la ocasión?. Y si esto aún es pedir demasiado, en cualquier caso, por lo menos será posible de dar las gracias.

Es cierto que el hecho de haber conseguido superar un grado se debe al trabajo, los esfuerzos y aptitudes personales, pero no hay que olvidar la ayuda recibida por parte del profesor, los sempais y los ánimos dados por los compañeros de trabajo.


De ahí que se ha de educar a los alumnos en este sentido. Es aconsejable escuchar los comentarios sobre la actitud de uno mismo durante el examen y pedir la opinión del profesor y de los alumnos más antiguos para crearse una base de trabajo.

jueves, 27 de abril de 2017

Paciencia


Paciencia

Fragmentos extraídos de la traducción del Go Rin No Sho, (Libro de los cinco anillos) sobre la vida del legendario Samurai Miyamoto Musashi

 

 


 

Shinobu (忍) es un carácter proveniente del japonés (un Kanji) que significa paciencia, perseverancia, resistencia, entre otros. Pero lo interesante de este kanji es que viene escrito con dos radicales, el superior que significa espada (katana 刀) y el inferior que significa corazón (kokoro 心). La espada representa la fuerza física, la parte tangible o carnal del cuerpo humano, la resistencia, el esfuerzo; y por el otro lado el corazón simboliza la parte espiritual, el alma, lo que nos hace humanos y nos hace capaces de sentir emociones, amor, odio, dolor, tristeza, felicidad.

PACIENCIA, eso fue lo primero que vi cuando entré en un Dojo de Artes Marciales. En aquel, en el mismo que continúo practicando desde hace seis años, estaba escrito frente la puerta: SHINUBI. Y tal fue el primer mensaje que sentí al poco, con paciencia, porque en el Arte Marcial esa es la primera joya que brilla en medio del laberinto oscuro, entre los espejos opacos del “no puedo”, del “jamás lo conseguiré”. Y eso, que es una conquista de la conciencia, y que acontece en el preciso momento en que se entiende que la paciencia sólo se obtiene con paciencia, que su práctica (como ocurre con todo lo importante en esta vida) es método y fin a la vez, proporciona al principiante la posibilidad de ascender al primer escalón, casi mágico, del puro entendimiento. De la Iluminación humana, si se quiere, pues sobran ya en ese momento muchas palabras (como casi siempre) se convierte al cabo de un cierto tiempo en la primera conquista real (en la primera “ventaja” como nos diría Musashi) de la práctica del “Do”, del Camino: de cualquier camino, que existen tantos como seres humanos, aunque me refiera en este caso al que siguen los guerreros.

Tras la conquista, siempre delicada y frágil de la paciencia, se otean nuevas geografías, próximos ríos y senderos igualmente conquistables: la constancia, la tenacidad por reiniciar constantemente lo que se inició, la precisión en los movimientos, el ritmo, la armonía, la serenidad, el equilibrio, la velocidad, la fuerza, la suavidad, la quietud, el conocimiento de uno mismo aquí y ahora, a cada instante. La familiaridad con tus defectos, el reconocimiento de alguna virtud, los deseos más íntimos del alma. Es por ello, cuando se emprende con decisión, un camino real; tanto o más que cualquier carretera. Con la diferencia de que este camino sólo te conduce a un único lugar, tal vez el mismo del que partiste, pero también es posible que te lleve a lo profundo de tu corazón.

No existen enseñanzas secretas, no merece la pena que existan, porque todo es posible para el entendimiento del que practica, hasta lo oculto y lo secreto. Todo estará en tu corazón y su inteligencia podrá extraerlo con paciencia, poco a poco. No hay filosofías esotéricas, ni ritos supersticiosos: también el corazón descubriría el engaño y para el que practica consecuentemente el cerebro y el corazón han de ser la misma cosa.

Por el contario todo tiende a ser luminoso y claro, como lo es la primera luz del día, a medida que se hace camino; a medida que se avanza y retrocede superando las propias limitaciones, cuando es preciso, en el momento justo. "En ningún caso", dice Musashi, puesto que la vía del entendimiento es a través de la experiencia, hablo de interior y superficie" o lo que es lo mismo, de lo oculto y de lo que no lo es. No existe tal diferencia.

Todo lo anterior refleja una evidente concepción modernista de la vida, aunque tal vez rodeada de formas arcaicas: la lucha por la conquista de uno mismo mediante el desarrollo de ciertas técnicas abiertas para todo aquel que quiera conocerlas. El propio Musashi, según Shibata representaría una de las primeras manifestaciones del pensamiento moderno en Japón. A partir de él las Artes Marciales queda liberadas de cualquier línea concreta y única de pensamiento, autónomas de templos y confesiones religiosas, libres de trabas políticas en los albores de una época en la que los samurai viven la caída masiva de las familias feudales en todo Japón, para convertirse en Ronin o caballeros andantes sin empleo fijo, como profesionales libres casi siempre en paro, que tenían que resolver día a día su supervivencia.

El esquema exterior, las formas, se mantienen, mas todas ellas tienen que ver con el propio carácter japonés, con ese sentido especial del respeto, la lealtad y el apoyo sin reservas hacia quien los contrataba, con esa sensibilidad específica hacia las tradiciones culturales, etc.., que conforman su esencia de pueblo. Pero la amplitud de criterios filosóficos, entre los que el Budismo Zen hace sentir de modo especial su impronta y la propia actitud personal del japonés ante un mundo que cambia, provocan una variación en los fines, en el espíritu, que las hace romper con vínculos ancestrales del pensamiento. Ahora se es uno frente al mundo, aunque en el interior de un complejo andamio social; se trata pues, de encontrar el camino adecuado individualmente, para entender y vivir lo colectivo, lo social.

El maestro Hentona, artista del Karate Do y otras muchas disciplinas, mientras me brindaba el honor de ayudarme en la redacción final del texto de Musashi, me decía que " la inteligencia de Musashi se había adelantado en muchos siglos a su época", lo cual queda también de manifiesto en el enorme interés que el Libro de los Cinco Anillos despierta entre los ejecutivos de las principales empresas japonesas aún en nuestros días. No es extraño, se trata de un libro que habla de técnica (interior y exterior) y explica cómo obtenerla con el entrenamiento. Y todo ello para ser aplicado a cualquier actividad profesional o artística, sin excepciones.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El dojo y el sensei


El dojo y el sensei

http://aikido-villaconstitucion.weebly.com/el-dojo-y-el-sensei.html

 
 

Antiguamente era algo difícil que un Sensei aceptara a un alumno (Deshi ó Montei) por mero hecho de querer aprender el arte de la escuela (ryu), éste antes de entrar tenía que ganarse la aceptación del Sensei poniéndose a prueba, éstas pruebas eran tanto psicológicas físicas (limpieza, favores, trabajos duros...); éstas pruebas eran principalmente realizadas para conocer el carácter del futuro alumno, para forjarlo y ver al igual tanto sus capacidades mentales como físicas, fortaleciendo al mismo tiempo el cuerpo y la moral del alumno para estar preparado para su entrenamiento marcial.

 

Una vez que el Sensei lo aceptara (que no eran todos los casos) como alumno, tomaba el nombre de Nyumon-sha, que significa "aprendiz aceptado", éste tenía que realizar un juramento (algunos ryus lo firman con sangre) antes de entrar en el Dojo, llamado "Keppan", en el juramento se establecía la lealtad y respeto al Sensei, el no divulgar las enseñanzas a los demás (sin el permiso del Sensei), así como utilizar el arte en beneficio de la paz y la justicia.

 

Antiguamente, desde el primer momento en que el alumno pisara el Dojo, éste no debe jamás preguntar nada ni opinar nada, todo lo que diga y explique el Sensei se aplicará y realizará sin ninguna excusa y vacilación. Su comportamiento será el más correcto y su etiqueta deberá ser intachable, siendo la principal virtud que deberá cultivar. El aseo y la puntualidad son dos normas que deberá tener siempre, así como un espíritu de superación y colaboración con los demás, siendo una persona cortes que ayude en lo que pueda a las demás personas, siendo esta una señal de hombre de buen corazón (kokoro).

 

El Sensei es una persona que se merece toda la atención de sus alumnos, al igual, el Sensei mira a sus alumnos como hijos, aunque su comportamiento no fuese a veces el adecuado siempre lo hace con un sentido y motivo. Las enseñanzas a veces suelen ser duras, pues así saca lo mejor de cada alumno, haciendo de ellos hombres digno de valor y respeto.

 

El Sensei es una persona que no siempre actúa igual, a veces parece extraño y otras veces parece familiar, su principal función es la de encaminar a sus alumnos en el camino de la verdad, desvelando ante ellos pequeños secretos que no son en sí grandes misterios, sino que normalmente no los vemos debido a nuestra falta de visión de la vida.

 

Muchas veces, debido a ciertas dificultades, el alumno se ve desanimado , parece que no puede conseguir lo deseado, el Sensei, con una simple frase ó una breve narración, puede hacer levantar el ánimo al alumno, pues su sabiduría hace ver a los alumnos lo que su espíritu no podía ver, y hace despertar nuevas visiones y aspectos de la vida.

 

El Sensei siempre tiene solución a todo, pero él no puede hacer las cosas por los alumnos, él enseña, guía y aconseja, pero es el alumno el que tendrá que afrontar, sentir y afrontar los obstáculos; enseña que nada se consigue sin esfuerzo y que no hay atajos en las Artes Marciales (Buguei Ni Chika Michi Nashi), pues, puede que llegues de primero mediante el camino más corto, pero el que recorre el camino más largo consigue mas experiencias y ve más el mundo, esto dice que lo más importante no es conseguir el objetivo, sino degustar y disfrutar el camino hacia él, pues cuanto más rico sea el camino, más rico espiritualmente seremos, y cuando miremos atrás, nos sentiremos satisfechos de todo lo que hemos logrado con tanto esfuerzo, voluntad y constancia.

 

En conclusión, el Sensei es un guía espiritual y entrenador marcial que nos lleva mediante las artes marciales a una superación tanto moral, física y espiritual; siendo éste sobre todo una persona con grandes virtudes morales y éticas. Y desde luego, el Sensei es nuestra máxima autoridad en el DO, y le debemos respeto en el dojo y en todo lugar…

 

En el Dôjô, el estudiante trata de olvidar todos sus problemas y conflictos cotidianos para centrarse única y exclusivamente en su Arte y su mundo. Durante el tiempo que permanece en el Dôjô, no existe familia, ni trabajo, ni problemas, sólo su Arte Marcial. No es sorprendente que un artista marcial esté más equilibrado como ser humano, pues él sabe que la totalidad de su persona necesita tanto de su cuerpo como de su mente, de forma que lo hace trabajar al unísono. La atmósfera en un Dôjô es de energía. Los estudiantes aprenden a no exteriorizar el dolor cuando son dañados en un combate y a no mostrar debilidad. Ambas disciplinas trabajan juntas para la formación de la salud física y de la fuerza del carácter del practicante.

 

Un alumno sea Kyu o Dan, no debe olvidar nunca esto: “UN ALUMNO PUEDE SER EL ORGULLO O LA VERGÜENZA DE SU SENSEI”.

 

lunes, 8 de junio de 2015

Cara a Cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Cara a cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Por Raymond Kwok¹(Entrevista traducida al castellano por Cristian Casares, para Pequeños Universos)






En Agosto de 1998, Raymond Kwok participó de un seminario dictado por Chiba Kazuo shihan (8vo. dan Aikikai), en Mejannes, al sur de Francia. Kwok tuvo la posibilidad de hablar con el gran maestro sobre Aikido y otros temas complementarios.
Presentamos a continuación algunos extractos de la entrevista. La misma apareció publicada, por primera vez, en un número de la revista Kuala Lumpur YMCA Aikido Club, en 1999.

Raymond Kwok: Shihan, usted entró al Hombu dojo como uchi-deshi en febrero de 1958. ¿Qué influenció su decisión de practicar Aikido?
T. K. Chiba: Bueno, esa es una larga historia. Antes de empezar con el Aikido había practicado un poco de Judo y de Karate, pero las dos disciplinas me habían dejado insatisfecho, y por eso empecé a buscar algo más. Fue cuando tenía dieciocho años, antes de haber terminado la escuela secundaria. Un día, me cruce con un libro de Aikido en una tienda; ese fue el primer libro de Aikido publicado.

RK: ¿Era “Budo”?
TKC: No, era “Aikido”. En la primera página había una pequeña imagen de O Sensei. Cuando vi esa imagen me di cuenta instantáneamente de que él sería mi maestro y que eso era lo que estaba buscando. No lo conocía todavía y tampoco tenía idea acerca de cómo era el Aikido. Nunca había visto a O Sensei antes. Nunca había escuchado sobre la disciplina. De esa manera me decidí a ir a verlo. En realidad, no me interesaba demasiado cómo era el Aikido; fui capturado por la imagen de O Sensei, y eso fue todo.

RK: Entonces, sensei, cuando llegó a Hombu Dojo, ¿quiénes eran sus compañeros?
TKC: Primero, Tamura sensei y Yamada sensei; luego, Kanai sensei, Sugano sensei y Kurita sensei, de Nuevo México. Más tarde, Saotome sensei y Tohei Akira sensei. Creo que esos fueron todos.

RK: Sensei, ¿cómo era la vida de un uchi-deshi por aquellos días?
TKC: Consistía nada más que en practicar, desde la mañana hasta la noche, sólo eso.

RK: ¿Tres, cuatro horas? ¿Cinco, seis horas?
TKC: Más que eso… Practicábamos todo el día, cinco veces a la semana, y en nuestro tiempo libre nos encargábamos de las clases privadas.

RK: Usted, sensei, era muy joven en ese momento, aunque debió resultar verdaderamente agotador aquel ritmo, ¿no es así?
TKC: Era muy agotador, sí; me dejaba exhausto. Japón se estaba recuperando de la guerra, la economía caminaba lentamente y la gente vivía tiempos difíciles. Por eso mismo, teníamos comida simple, arroz y sopa.

RK: De modo que fue el espíritu o “Kokoro” lo que los mantuvo en el camino, ¿verdad?
TKC: Sí, algo así. Yo no tenía gran interés en convertirme en maestro. Creo que a la mayoría le sucedía lo mismo. Todos amaban el arte y la práctica. Nadie pensaba en transformarse en profesor.

RK: Leí, hace no mucho tiempo en “Aiki Journal”, una entrevista a Sugano sensei en la que él comenta que la vida de uchi-deshi de hoy es mucho más sencilla que la de aquella época. Él decía: “en aquella época tenías que hacer todas las clases; ahora los uchi-deshi dicen “esta clase no la hago” o “estoy muy cansado” o “no tengo ganas de hacer esta clase.” ¿Qué opina de esto, sensei?
TKC: Honestamente, no sé cómo es la vida de los uchi-deshi en la actualidad, así que no puedo comparar, pero además de nuestro propio entrenamiento (entrenamiento físico) teníamos que encargarnos de la administración del dojo, de la oficina, de las necesidades del maestro (ayudando o cuidando personalmente a Osensei), de hacer las compras, de lavar la ropa, de todo. Todas las tareas domésticas estaban en manos de los uchi-deshi. No es justo comparar la vida de los alumnos de ahora con la nuestra; la situación es totalmente distinta. En aquella época, los uchi-deshi vivían con el maestro; ahora, por el contrario, viven separados de él. Por eso creo que llamarlos “uchi-deshi”, hoy en día, no es del todo correcto. “Uchi-deshi” significa “estudiante que vive en la casa”, o más bien, “que vive adentro”.

RK: Cuando usted estuvo en Hombu dojo, además de O Sensei, ¿quiénes eran los restantes maestros que daban clases?
TKC: Nuestro maestro inmediato era Ueshiba Kisshomaru Doshu; luego, Koichi Tohei sensei (Jefe de instructores) y varios sensei más, como Tada sensei, Arikawa sensei y otros mayores graduados.

RK: ¿Y Osawa (padre) sensei?
TKC: Sí, él también estaba.

RK: Usted es conocido por el poder de su técnica. ¿Esto es debido a alguna influencia en particular?
TKC: ¿Te refieres a mí (risas)? No, no se debe a ninguna en particular, pues fui influenciado por todos esos maestros que mencione anteriormente.

RK: Sensei, sus enseñanzas involucran mucho uso de Jo y Ken, especialmente entre sus alumnos más graduados.
TKC: Sí, así es.

RK: Creo que ahora, en Hombu dojo, no se practica mucho con armas. ¿Quién lo influenció en el método de enseñar Jo y Ken?
TKC: Bueno, en primer lugar, O Sensei. Él usaba el Jo y el Ken, especialmente, cuando uno lo acompañaba de viaje. Un uchi-deshi lo acompañaba a todos lados. Y yo era uno de esos alumnos; también Tamura sensei lo hizo. Había que estudiar Jo y Ken porque tenías que tomar ukemi con armas. No se presentaba otra opción. Saito sensei también lo hacía; él vivió con el maestro muchos años en Iwama.

RK: Entendí, a partir del relato de algunas personas, que O Sensei nunca enseñó un método sistemático de armas. ¿Fue muy difícil para usted incorporar sus enseñanzas?
TKC: Sí, fue muy difícil.

RK: ¿Sus métodos de enseñanza fueron influenciados por el estilo Iwama?
TKC: No realmente. Mi experiencia personal está basada en lo que aprendí con O Sensei. Creo que lo que proponía el Fundador en ese entonces es muy diferente al método de Saito Sensei. O Sensei no era muy joven cuando yo me convertí en su discípulo. Ya tenía 70 años, y su estado era diferente al que había conocido de él Saito sensei durante su propia formación. Por supuesto, yo practiqué constantemente mis armas, así que mi idea y mi experiencia maduraron.

RK: Sensei, se considera que usted fue el primero que empezó con el sistema de “Fukushidoin”. ¿Puede comentarnos algo acerca de esto?
TKC: Bueno, el sistema está básicamente fundamentado en la regulación internacional propia de Hombu dojo. Hay dos categorías de instructores, y los Shidoin pueden tomar exámenes hasta 1er. kyu, dejando a los shihan el trabajo de evaluar a los cinturones negros.

RK: Tengo entendido que, en la época sobre la que estamos hablando, O Sensei explicaba durante las clases cosas que resultaban muy difíciles de entender. ¿Le sucedió esto durante su entrenamiento como uchi-deshi?
TKC: Sí, me tocó vivir eso.

RK: ¿Recuerda alguna anécdota con Osensei que quiera contarnos?
TKC: Para empezar, recuerdo lo bello que era O Sensei, todo su cuerpo, su postura, la manera en que caminaba, la manera en que miraba, todo en perfecto balance. En una ocasión fui con él de viaje. Teníamos que tomar un taxi para ir a la estación de tren y yo debía comprar los boletos, pero él no esperaba. Así como llegamos, salió del taxi y entró a la estación, sin tener pasaje; la forma en la que caminaba era tan hermosa… Para él no representaba un problema entrar a la estación sin boleto: nadie le iba a decir nada. Cuando por fin los conseguí, lo que tomaba algo de tiempo, tuve que llevar mi bolso, el de él, las armas, todo. De alguna manera logré ayudarlo para que bajara la escalera del tren. Tenías que poner tu hombro derecho para que pudiera apoyarse y bajar suavemente. Nunca esperaba. Cuando viajaba, siempre nos quedábamos en habitaciones conjuntas. Él dormía en la habitación principal y yo en el cuarto contiguo. Sólo había una puerta corrediza entre nosotros. O Sensei ya estaba mayor como para levantarse e ir solo al baño. Solía meterse en tu habitación y, si estabas dormido, sabías que era el fin, porque en un sentido marcial ya estarías muerto; él podría haberte matado, así que tenías que estar despierto a toda hora.

RK: ¿Todo el tiempo?
TKC: Sí, sin dormir, por 3 años. Porque cuando se despertaba tenías que abrirle la puerta corrediza, llevarlo al baño, ayudarlo, lavarle las manos y dejarlo en la cama. Luego volvías a dormir, para despertarte al otro día a entrenar, viajar en tren, y así por dos semanas consecutivas. Quedabas exhausto.

RK: ¿Qué pasaba si él se despertaba y quien estaba a cargo no se daba cuenta?
TKC: Nunca lo aceptaba. Lo sabíamos. Somos estudiantes de un arte marcial, no podemos permitirnos dormir cuando alguien entra en nuestro cuarto.

RK: ¿Entonces, sensei, tenía que estar todo el tiempo en zanshin?
TKC: Sí, él nunca bromeaba. No hay comunicación oral entre alumno y maestro en el sistema japonés. Yo no le hablaba, y él tampoco me dirigía la palabra. El viaje más largo duraba de dos a cinco semanas, sin hablar. Dos semanas en completo silencio, excepto por “quiero té”. Aquella era una relación maestro-alumno muy estricta; por entonces, Japón era así. Hasta solíamos decir “no pises su sombra” o “no duermas con tu pie apuntando a tu maestro”; todo era así de estricto.

RK: Sensei, esta pregunta quizás sea un poco personal, pero me gustaría conocer su opinión al respecto. Escuché muchos comentarios sobre cómo el poder de su técnica, en el pasado, provocó que algunos estudiantes terminaran lastimados. Al parecer, la gente le tenía miedo. ¿Qué le parece esto?
TKC: No lo sé. Pongámoslo de esta manera: cuando yo era alumno de Hombu dojo no había tanta gente; en las clases más grandes había veinte personas. La mayoría de los practicantes de esa época, además, eran individuos muy bien entrenados. Hasta había artistas marciales establecidos que acudían, por la fama que tenía O Sensei, para aprender Aikido bajo su tutela. Eran realmente guerreros apasionados, en busca de su propio camino. A menudo practicábamos cómo lastimar a otros y no nos importaba eso.
O Sensei se enojaba mucho si algún shihan, en una demostración, hacía grandes movimientos redondeados; no aceptaba ese tipo de movimientos. Era muy difícil hacer una demostración si O Sensei estaba presente. Por eso mismo, tratábamos de llevarlo a un cuarto separado y darle dulces. Le encantaban los dulces, los dulces tradicionales japoneses y las chicas jóvenes. Dos o tres muchachas bien arregladas hacían que se olvidara de la demostración. De aquella manera no nos detenía en medio de la muestra; eso era muy embarazoso.

RK: Escuché que en los últimos años de O Sensei, cuando uno era proyectado no se sentía nada, como si no hubiera esfuerzo de su parte.
TKC: Si, así era. Cuando uno alcanza la perfección, es así. No mucha gente puede hacerlo. Yo tomé ukemi con él durante muchos años, pero nunca sentí verdadero dolor.

RK: ¿Nunca?
TKC: No, en ninguna técnica. Ya fuese nikkyo, shiho nage o kotegaeshi. Nada de dolor.

RK: ¿Él era especial?
TKC: Así es, era especial.

RK: Quiero hacerle una última pregunta, sensei. ¿Cuál es el secreto de su poder?
TKC: La pasión por el arte (risas). Pasé muchas noches desvelado pensando en una técnica. He llegado a levantarme de la cama, despertar a mi mujer y pedirle que me haga de uke.


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