domingo, 3 de febrero de 2019

Hikari (luz)




Hikari (luz)

Tomado del libro  “El espíritu del Aikido” de K. Ueshiba




El fundador utilizaba a menudo la expresión “más veloz que la luz” cuando describía la teoría del aikidō. Con esto quería decir que ya que la base de las técnicas de aikidō está en la absorción de los movimientos del compañero dentro de los de uno, el aikidō es, en un sentido espiritual, más rápido que una bala, más rápido incluso que la propia luz. El rasgo verdaderamente único del aikidō es que uno está unido a la naturaleza y se mueve manteniendo el espíritu y la técnica unidos, formando una sola cosa, y siempre de acuerdo con el principio de rotación esférica.

Los movimientos del aikidō son extraordinariamente variados, y más que seguir formas fijas, las técnicas se derivan, unas tras otra, de un único principio básico. Por esta razón incluso, ahora, todavía están naciendo nuevas técnicas y cada día esconde una posibilidad infinita: ésta es la característica distintiva del aikidō.

Donde más claramente está expresado el corazón del aikidō quizá sea en irimi-nage (proyección entrando), y en las páginas siguientes uso esta técnica como ejemplo. En contraste con técnicas más complicadas, sus movimientos verticales al principio, y laterales al final, son de lo más evidente.

Irimi-nage es una técnica en la que nage (el que dirige) entra en el punto muerto (shikaku) de su compañero y toma el control de su destino, dirigiéndose y proyectándole según el principio de la rotación esférica. Uno atrae al compañero al interior del movimiento propio, de manera que los dos cuerpos se convierten en uno solo; entonces rompe su equilibrio y lo proyecta sin dejar de mantenerlo dentro de su propio círculo de control.

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