martes, 1 de junio de 2021

SEIZA, GUNZA, TAIZA, KIZA, HANZA

SEIZA, GUNZA, TAIZA, KIZA, HANZA 

Tomado de: http://samuraibushi.simplesite.com/418905423. 
*Ajustes del Editor. 









 “Aunque sean muchas las reglas de etiqueta, con una práctica regular llegan a asimilarse de forma natural. No se sientan perturbados si se les corrige acerca de algún detalle, pues cada uno de ellos es importante para la seguridad de todos y tiene un objetivo preciso en el aprendizaje”. 
Mitsugi SAOTOME, “Aikido: O la armonía de la naturaleza”, Prólogos de Carmelo Ríos y David Jones, Ed. Kairós, Barcelona (España), 1993, pág. 281. 


Inclinaciones, reverencias o genuflexiones (Del lat. tardío genuflexĭo, -ōnis; Acción y efecto de doblar la rodilla, bajándola hacia el suelo, ordinariamente en señal de reverencia) son conductas regulares y reiteradas en un dojo, ya sea al entrar a él, cuando lo abandonamos, al kamiza, al sensei, a los sempai, a los demás compañeros antes, durante y después del entrenamiento. 

EL SALUDO EN JAPÓN 

La etiqueta y el ceremonial japoneses contienen una gran cantidad de simbolismos que inicialmente se nos escapan, pues provienen de una visión y una forma de vida diferentes, de una cultura más simbólica y con matices sutiles como relevantes en el lenguaje corporal y hasta en el lenguaje hablado. 

El saludo para los japoneses. El saludo consiste básicamente en una inclinación de la cabeza, para simbolizar humildad y respeto hacia la otra persona, así como amistad y admiración. En general, el contacto físico es una muestra de descortesía y lo consideran antihigiénico. Por eso no es tradicional que los japoneses se estrechen las manos al modo occidental sino que solo suelen hacerlo cuando hay extranjeros de por medio y están familiarizados con esta costumbre. 

Y es que el saludo no es solo un acto de cortesía sino algo más profundo. El inclinar la cabeza al saludar ante de una persona significa literalmente “entregar la cabeza” (頭を差し出す – atama wo sashidasu), pero no humillación ni sumisión. Es decir, el ofrecer la parte más débil del cuerpo humano (la cabeza) implica confianza y respeto hacia el receptor del saludo. Este gesto típico japonés de inclinarse se denomina Ojigi(/お辞儀). 

La reverencia se utiliza para dar la bienvenida, para las despedidas… y también para dar las gracias. 

El saludo, como vemos, es muy importante en Japón, tanto es así que las empresas suelen proporcionar formación a sus empleados en la forma de ejecutar correctamente los saludos. 

No obstante, los saludos son solo una de las múltiples opciones para mostrar respeto y humildad hacia otra persona. Dependiendo de a quién saludemos, emplearemos más o menos tiempo, y haremos una inclinación más o menos pronunciada. También es posible saludar por otros motivos: ante la presentación de un desconocido, por agradecimiento, para pedir disculpas, para felicitar a alguien, etc.

Los saludos se pueden dividir en función de la formalidad de los mismos, esto es, de informal a muy formal, con grados intermedios. Veamos una clasificación de algunos tipos de saludos:

• Saludo Superficial, 5 grados. Es una ligera inclinación de cabeza. La cabeza se echa hacia delante (no hacia atrás levantando el mentón como en occidente). Está indicado para amigos íntimos y es el más informal de todos (porque es el más corto y relajado). También puede ser usado por personas de mayor rango (en la sociedad o el trabajo) que el interpelado, cuya condición les permite no tener que mostrar tanta humildad. No obstante, el gesto de inclinarse, aunque sea ligeramente, muestra un reconocimiento hacia la otra persona.

• Saludo Informal, Eshaku (会釈), 15 grados. Se emplea con personas conocidas, sin una relación de intimidad, y consideradas de igual status, como un compañero de trabajo. 

Saludo de Respeto, Keirei (敬礼), 30 grados. Este saludo implica un mayor respeto y está reservado para los jefes o personas de rango superior, pudiéndose sobrepasar los 30º si se desea. No se debería usar con buenos amigos o familiares (salvo en contadas ocasiones). 

• Saludo de Mayor Respeto, Saikeirei (最敬礼), 45 grados. Se emplea cuando se ha de pedir disculpas por una falta grave. Este saludo muestra un alto grado de respeto o arrepentimiento y, por tanto, no se usa muy a menudo. 

Saludo de Rodillas, Dogeza (土下座), con la frente en el suelo. Es un saludo muy excepcional, habitual en películas de samuráis (cuando un guerrero o sirviente está en presencia del Daimyo o señor feudal). En la actualidad, podría emplearse cuando se ha cometido una falta terrible, tanto que no existe otra manera de expresar una disculpa adecuada, o durante la práctica de algún arte marcial. 

 Puede suceder que cuando al saludar a alguien, la persona mantenga el saludo más tiempo del esperado (2 ó 3 segundos), en cuyo caso se debe de volver a saludar, pudiendo provocar un nuevo saludo de la otra persona y entrar en un bucle de saludos, pero cada vez con menos inclinación. 

Para comenzar a explicar el Reishiki primero debemos saber que la influencia de las religiones de Lao Tse (taoísmo), Confucio (Confucianismo) y Bodhidharma (Budismo Zen) transformaron las artes marciales con sus aportes filosóficos y doctrinales, dándole forma a muchos de los conceptos del Budo actual. Por supuesto el Reishiki no quedó exento de la influencia de estas corrientes religiosas y filosóficas. 

KANJI REI (SALUDO). 

Existen muchas palabras usadas en el dojo que incluyen el término REI, como son Reiho, Reigi, Reigisaho, Reisansoke o Reishiki

Veamos los caracteres chinos empleados en la escritura japonesa por separado: 

• 礼 (Rei). 

Traducido comúnmente como “saludo”, posee además las siguientes connotaciones: costumbres sociales, modales, rito, comportamiento social adecuado (en el confucianismo), propiedad, cortesía. 

El mismo kanji es usado en el código del Bushido para Respeto (una de las siete virtudes). Indica que los samuráis no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no seríamos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros. El respeto con todos es un gran ejemplo de humildad y requiere más fuerza y contención que la agresión o el dominio (comportamientos nacidos de la inseguridad). 

Este carácter ya lo empleaban los chinos para Li (礼, decoro o etiqueta). Es una de las cinco constantes para la promoción de las virtudes en el confucionismo. Se refiere a cualquiera de las funciones sociales seculares de la vida cotidiana. Li se codificó y se trató como un sistema integral de normas para orientar la conveniencia o cortesía en la vida cotidiana. Confucio trató de revivir la etiqueta de dinastías anteriores.

Es importante tener en cuenta que, aunque a veces Li se traduce como "ritual" o "ritos", tiene un significado especial en el confucianismo, diferente al religioso, pues los actos de la vida cotidiana se consideran rituales. Los rituales son prácticas reglamentadas que la gente suele realizar, a sabiendas o no, en el curso normal de sus vidas. Trata de dar forma a estos rituales para que posean un contenido y conduzcan a una sociedad e individuo saludables. 

• 法 (ho): método, ley, regla, principio, sistema, estatuto, arte, modo. 
• 式 (shiki): tipo, estilo, formula, ceremonia, ritual, función. 
• 儀 (gi): ceremonia, regla. 
• 作 (sa): uso, empleo. 
• 三 (san): tres. 
• 息 (soke): respiración. 

Por tanto, podríamos definir los siguientes términos: 

Reishiki: Formas ceremoniales, etiqueta. 

Reiho: Reglas de cortesía. 

Reigi: Arte de la etiqueta, modales. 

Reigisaho: Mantenimiento de las formas. 

Reisansoke: Método de las tres respiraciones. 

En Japón el Reishiki fue desarrollado en gran medida durante el período Tokugawa (1603-1868). El gran movimiento neo-confucianista de la época fue el gran impulsor, infundiendo a la ceremonia del saludo el sentido jerárquico que lleva hoy en día. La idea de que toda autoridad proviene de un lugar superior y que todo el mundo tiene su lugar en el orden de las cosas se vio reforzada por el grado de inclinación al saludarse. 


En la corte imperial siempre destacó el Reishiki, hábito adoptado por los bushi. La corte del shogunato adoptó estas costumbres y los samuráis de todo el país comenzaron a utilizar estos protocolos. 

No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que los bushi crearan sus propios protocolos distintivos de etiqueta. En la era Tokugawa la acción de inclinarse fue más allá de un simple reconocimiento de la autoridad llegando a convertirse en la forma de actuar correctamente en todo momento. 

El Reishiki fue lo que permitió a los samuráis de Edo disfrutar de cierta libertad, sin ofender ni ser ofendidos, y también mantener un estado de alerta en todo momento. Era tanto una cuestión de seguridad como una cuestión de corrección y cortesía. Con una atención constante a cada movimiento externo, la mente del guerrero debía de estar despierta en todo momento (zanshin). El no ser descuidados reducía la posibilidad de incidentes. 

Es este aspecto de la etiqueta samurái el que se incorporó a las artes marciales. Los saludos son una forma de practicar con seguridad y vigilia. 

 "Budo comienza y termina con Reishiki". 

Lo cual no quiere decir que movamos la cabeza al inicio y final de una clase, sino que el Budo es Reishiki. La etiqueta no es "añadida” sino parte integrante del arte. 

Podemos decir que las artes marciales japonesas están basadas en el Bushido, donde el Reishiki es tan importante como las técnicas. Los actuales Budos son los descendientes modernos de los antiguos Jutsu, donde la muerte estaba muy presente. En base a esto, es evidente que necesitaban cambiar la actitud mental para la práctica. 

En algunos dojos los estudiantes se inclinan y saludan ante un altar. Esto no representa, en modo alguno, una adoración ni posee un significado religioso profundo. Supone mostrar respeto a los maestros del pasado, que dedicaron sus vidas a la formación y la transmisión de sus conocimientos, los cuales tenemos el privilegio de poder disfrutar hoy en día. 

Dice Saotome sensei

“El Aikido no es una religión sino un método de educación y perfeccionamiento del espíritu. No se espera tu adhesión a una doctrina religiosa sino que mantengas la mente abierta. El saludo no es parte de una ceremonia religiosa sino de una manifestación de respeto por el espíritu de la inteligencia universal que habita en cada uno de nosotros. 

La ceremonia del inicio y el final de la clase consiste en un saludo dirigido al shomen. Después se golpean dos veces las manos y vuelve a saludarse al shomen, el Sensei y los practicantes. Los saludos dirigidos al shomen simbolizan el respeto por el espíritu y los principios del Aikido, un signo de gratitud hacia el Fundador. Las dos palmadas representan la unidad, el musubi. La primera envía la vibración hacia al mundo espiritual. La segunda recibe el eco de dicha vibración y conecta tu espíritu con el del Fundador y la Consciencia universal. Ambas vibraciones son el resultado de tus convicciones y actitud espiritual.” 

Mitsugi SAOTOME, “Aikido: O la armonía de la naturaleza”, Prólogos de Carmelo Ríos y David Jones, Ed. Kairós, Barcelona (España), 1993, págs. 281-282. 

Saludar al sensei y dirigirse a él por el título correcto, es mostrar respeto por su experiencia, su capacidad y su esfuerzo, puesto que sin maestros no habría estudiantes. Implica un compromiso de esfuerzo y constancia en la práctica por parte del estudiante, para intentar ser lo mejor posible, tanto como persona como artista marcial. Antaño, en el templo shaolin y en algunos dojos, antes de aceptar a un nuevo discípulo primero se valoraban sus formas y humildad. Un saludo verdadero, con honor y respeto genuinos, muestra que uno está dispuesto a asumir la disciplina de las artes marciales. 

Es importante mostrar respeto a todos por el duro trabajo realizado, así como por su valía como seres humanos. Esto exige no tener ningún resentimiento hacia el compañero y permanecer siempre concentrado y calmado durante el entrenamiento. 

Saludar a un compañero significa un compromiso para con él: compromiso de respeto, de intentar no herirlo, de hacer todo lo posible para progresar y ayudarle a progresar, de respetar las consignas del profesor. Es una forma de dar la palabra, así pues, es importante saludar bien y respetar este compromiso.

Al principio de la práctica, los saludos permiten olvidar las preocupaciones exteriores y prepararse mentalmente para la misma. Al final, es una vuelta a la calma, se respira tranquilamente, se piensa en todo lo aprendido y practicado para memorizarlo mejor. Es indispensable entender el significado de los rituales, puesto que su entendimiento facilita su cumplimiento. 

Un viejo proverbio chino reza: 

Cuando tomas un vaso de agua, siempre hay que pensar en la fuente. La próxima vez que te inclines a saludar, recuerda que ésta es la clave para entender el respeto y la etiqueta de las artes marciales”. 

Suwari Waza (o Gata) es el nombre genérico japonés que reciben las técnicas que se realizan a partir de la posición de sentado, es decir, técnicas que parten de Seiza o Fudoza. 

Suwari (del verbo Suwaru) es “Sentarse”, mientras que Hanza es medio Seiza (han – za, de han – seiza).

Suwari por lo tanto es una acción, mientras que Hanza es una actitud, un kamae. 

La postura a la que nosotros llamamos Suwari no Kamae es Hanza no Kamae (“alerta con una rodilla apoyada en el suelo”), es una variante de Fudoza, que significa algo así como a medio camino de sentarse desde Shizen o a medio camino de levantarse (desde Seiza o Fudoza). 

En el aikido, la postura de saludo tradicionalmente más importante y más usada, es la de seiza. Sin embargo, si el practicante tiene una lesión o cualquier otro malestar físico que de momento le impida hacer seiza, el permiso previo e informado del sensei del dojo le permitirá adoptar la postura formal de saludo –entre las conocidas y aceptadas- que más le acomode a sus circunstancias. 

Claro, existen también otras posturas menos conocidas en su nombre, pero no por ello menos aceptadas dentro de las artes marciales, como son: 

AGURA.- Piernas al frente; rodillas contraídas, tobillos cruzados. 

KIZA.- Arrodillado, con los dedos de los pies apuntando hacia el tatami. 

ANZA.- Sentado; con las piernas cruzadas. 

GUNZA.- Sentado; pierna derecha contraída; pie izquierdo sobre el tobillo derecho. 

KOZA.- Sentado; pierna derecha contraída, poniendo pie derecho pisando el suelo. Pierna izquierda pasa por en medio de pierna derecha. 

TAIZA. Sentado; las dos piernas contraídas contra el cuerpo, abrazándolas con ambos brazos. 

KAHUZA.- Sentado en “flor de loto”, pasando ambos pies por encima de los muslos contrarios.

HANZA.- Rodilla izquierda al piso; pierna derecha doblada, apoyando el pie derecho sobre el piso.

HANKAZA.- Sentado; pierna derecha sobre muslo izquierdo, pierna izquierda por debajo de pierna derecha. 

Sobre suwaru (o “estar sentado”), TADA, Michitaro (1924-2007), filósofo japonés, nacido en Kioto, escribió: 

[...] Se dice que el director de cine Yasujiro Ozu sufría de indigestión porque trabajaba boca abajo durante largos períodos [...], ¿por qué este hombre se recostaba con el peso sobre el estómago por tanto tiempo?, ése era el ángulo de cámara preferido del director y, por lo tanto, el problema estaba relacionado con el concepto estético de Ozu. Todos los equipos de filmación provenían, por supuesto del mundo occidental; los ángulos de cámara normales ofrecían la perspectiva de quien está de pie o sentado en una silla. Sin embargo, estos ángulos no son adecuados si deseamos que las representaciones de las escenas japonesas y del interior de las habitaciones japonesas comuniquen una sensación "estable". 

[...]Todos los espacios interiores y objetos japoneses -como el nicho de imágenes tokonoma, el arreglo floral ikebana, y el conjunto de estantes escalonados del tokonoma- están construidos para ajustarse a la perspectiva de una persona que está sentada en el suelo. La mirada de una persona que está sentada es, por así decirlo, uno de los estándares de la cultura japonesa. 

[...]El acto de estar sentado, el concepto moral que se asocia a la condición de estar sentado, su estética e incluso a la comodidad física que permite sentir, son todos aspectos incluidos en suatte, (que también significa estar sentado) en la vida cotidiana. Y todos los aspectos, de hecho, señalan estar "equilibrado".

 [...]La postura de postura de sentarse erguido se originó, según Kunio Yanagita, en la cortesía de hacer una reverencia al arrodillarse. Las personas se arrodillaban en presencia de los nobles. Suwaru (sentarse) se desarrolló a partir del gesto de kiza (arrodillarse). Estaba prohibido sentarse, es decir, apoyar la cadera en los pies al arrodillarse. Sin embargo, cuando la gente comenzó a recibir invitados en su propia casa con más frecuencia, el gesto de kiza comenzó a desaparecer y la gente comenzó simplemente a suwuaru. Yanagita dice sobre los cambios en estas posturas: 

"...especialmente cuando una familia recibía invitados en la residencia de Edo (actualmente Tokio), el anfitrión les dedicaba la cortesía de arrodillarse frente a ellos. Ante este gesto el invitado no podía quedarse de pie y sentirse como en su casa. Entonces, ambas partes e arrodillaban, una en honor a la otra. Mientras tanto, las mujeres y los niños adquirieron la costumbre de relajar sus pies cuando se arrodillaban, por lo que llevaban sus rodillas al piso y luego apoyaban la cadera sobre sus talones. Este es el origen del movimiento actual de arrodillarse para terminar sentado. Es decir, suwaru primero significaba sueru (apoyar la cadera). En dialecto también se decía nemaru" (Minji Saji, cuestiones populares y trivialidades). 

Por eso, desde el periodo histórico en que comenzó la residencia urbana del samurái, iru (estar) se transformó en suwaru (estar sentado), y esta postura quedó establecida como una costumbre nacional. 

Esto significa que estar sentado se volvió una postura social de rei (cortesía o "modales"), pero es una postura física más fácil y estable que la de arrodillarse y que sentarse con las piernas cruzadas. Como posición para el cuerpo no es totalmente cómoda ni demasiado rígida. Además, desde que los japoneses eligieron incorporar esta postura intermedia, surgieron muchas normas morales en torno a ella. Notablemente, la postura no surgió de un concepto moral previo. La postura intermedia rápidamente asumió la función de postura formal habitual, y de allí nació el aspecto moral, una consecuencia característica de nuestra forma de ser. 

Cuando nos sentados erguidos, la energía del cuerpo se centra debajo del estómago. Se dice que nuestra posición permite que surja un poder único. ¿Por qué? Con frecuencia la gente expresa la idea de que, al sentarse erguidos, nuestros sentimientos ochitsuku (se estabilizan). Podemos tener paz y tranquilidad. Son embargo, si el objetivo principal es tener paz y tranquilidad, ¿acostarse no sería la postura más estable? No, y que sólo sentirse físicamente estable no es suficiente: lo que necesitamos es una postura que produzca chikara (poder, energía). Aquí entra en juego lo moral. 

[...] Me gustaría señalar que en la residencia samurái lo mejor era que todos los muebles y los utensilios diarios estuvieran guardados, no fueran visibles. En otras palabras, había mu (nada). Este mu es, en realidad, una postura de alerta. Si se produjera cualquier emergencia, los residentes podrían rescatar todo lo que necesitaran del armario o del dintel: es bueno guardar todos los objetos innecesarios y tener la casa limpia, inmaculada, porque se considera adecuado y hermoso que las personas estén alertas al cambio. 

Los pies son necesarios para caminar, pero no para hablar. La postura que nos obliga a katazukete oku (guardar) los pies debajo de la cadera puede estar impregnada con la estética de alerta al cambio, y por lo tanto también con el código moral que confiere valor a esa actitud. De más está decir que sentarse con las piernas cruzadas es una postura más fácil de mantener, pero en esa posición el cuerpo se ve feo y sin gracia, como si se hubieran dejado a la vista cosas innecesarias y desordenadas. 

[...] Bajo la abrumadora influencia de la cultura europea y norteamericana, algunas de las costumbres japonesas que surgieron en la antigüedad se dejaron de utilizar o se están abandonando. Una de ellas es sentarse erguido sobre el tatami. Los jóvenes ya no toleran esa postura porque se sienten demasiado tensos y rígidos. Pero aun cuando nos sentamos en una silla, nos resulta difícil encontrar el lugar adecuado para ubicar nuestros pies, es decir, la posición de nuestros pies es inestable. En Europa y América, las personas tienen la ideología del laissez faire que permite expresar una actitud, en este caso, dejando los pies al aire. Sin embargo, queda por resolver si es correcto en lo que respecta a la cultura de las posturas." 

TADA, Michitaro, “La gestualidad japonesa”, Editorial Adriana Hidalgo, Buenos Aires, Argentina, 2007.


En coincidencia, Mitsugi Saotome en “Los principios del Aikido”, Ed. Paidotribo, Barcelona (España), 2001, pág. 62, nos dice: 

“Todas las artes marciales tienen sus especialidades y sus rasgos distintivos. Una de las especialidades del aikido es el suwariwaza, o técnicas efectuadas estando sentado llamadas seiza, en las que nos sentamos con las rodillas dobladas debajo nuestro (…) La presencia de suwariwaza en aikido está enraizada en la tradición y la historia, y es una evidencia más del origen del aikido en las artes marciales de los samuráis. Seiza y shikko eran una parte muy importante del estilo de vida de los samuráis. En los hogares japoneses de clase alta existía la tendencia de cubrir los suelos con esteras tatami y de usar pocos muebles. La gente de la casa se sentaba sobre el suelo en postura seiza o con las piernas cruzadas. A menudo se desplazaban de un lugar a otro usando el shikko, en lugar de ponerse de pie, caminar erguidos y volver a sentarse otra vez. Puesto que una gran parte del tiempo que pasaban en el interior de la casa lo hacían sentados en seiza, los samuráis tuvieron que aprender a defenderse en esa posición. Las técnicas suwariwaza de aikido evolucionaron a partir de las necesidades de los samuráis.” 


Seiza.-  Históricamente esta fue una postura de alerta que utilizaban los guerreros samuráis para no distraer su atención ante un eventual ataque cuando comían o bebían, también se cuenta que ellos llevaban la espada del lado izquierdo, por eso hoy es la primera pierna que se baja al suelo. 

¿Qué es Zarei? Zarei (座礼, literalmente “saludar sentado”) podemos definirlo como el saludo ceremonial sentado, habitualmente en posición de rodillas. 

La posición de rodillas más comúnmente usada para este saludo ceremonial se denomina seiza.

Seiza describe la forma tradicional de sentarse en Japón. Esta postura implica arrodillarse, estirar los empeines, posar las nalgas sobre los talones y mantener la espalda recta. 

Para los artistas marciales es una parte integral y necesaria, común a otras artes japonesas, como la ceremonia del té (Chadō, 茶道), la meditación (Zazen, 坐禅), la caligrafía (Shodō, 書道) o el arreglo floral (Ikebana, 生け花). 

Seiza (正坐) significa literalmente "cómo sentarse correctamente". Proviene de la palabra china Jìng zuò (靜坐; literalmente “sentado en silencio”) y describe la forma tradicional de sentarse de rodillas. Literalmente, 坐significa la acción de sentarse y 座 el lugar de asiento. 

Gaku HOMMA sensei, en su libro “La estructura del aikido”, Ed. Paidotribo, Barcelona (España), pág. 14, nos revela la correcta etiqueta y los por qué de las inclinaciones: 

REIHO seiza rei (reverencia de rodillas) ante el santuario frontal (kamiza). 

Para inclinarse correctamente en seiza, ponga la mano izquierda con la palma hacia abajo por delante de usted sobre la colchoneta. Luego baje la derecha con el dedo índice y el pulgar tocándose ligeramente. Las manos deben formar un espacio triangular entre ellas. Doble la espalda hacia adelante hasta que la nariz ocupe el centro del espacio triangular que han creado las manos. La mirada debe dirigirse hacia la colchoneta. Este tipo de reverencia está reservada para la inclinación ante el santuario frontal, y no debe utilizarla cuando se incline ante un compañero (las cursivas, negritas y el subrayado es de quien esto transcribe). Dado que es ésta una reverencia de profundo respeto, la mirada apunta hacia abajo.” 


“SEIZA rei (reverencia de rodillas) con un compañero. 

“Inclinarse ante un compañero en seiza es igual que hacerlo ante el santuario frontal, con algunas excepciones (…) Cuando se incline ante su compañero, el ángulo de la reverencia no es tan cerrado como ante el santuario frontal (las cursivas, negritas y el subrayado es de quien esto transcribe), siendo de aproximadamente unos cuarenta y cinco grados de ángulo. Mientras agache la cabeza levemente hacia adelante, mantenga la mirada al frente, prestando atención a los movimientos de su compañero (las cursivas, negritas y el subrayado es de quien esto transcribe).” 

Lo mismo pasa si hacemos un ritsu rei (reverencia erguida) con un compañero, dirigiendo la mirada a la altura de las rodillas del compañero, prestando atención a los movimientos de él o ella. 

Es importante lo anterior porque se entiende que -excepción hecha a la reverencia que se hace al kamiza-, aquella inclinación que en el dojo se realice a un compañero, sensei o sempai sea del grado que sea, de tal forma que la cabeza llegue a tocar o rozar el suelo, no puede considerarse ni digna, ni honorable ni mucho menos correcta en términos de reishiki, toda vez que tal tipo de saludo estaría representando sumisión degradante, humillación, vergüenza extrema y/o servilismo (palabra que viene de servil; ciega y baja adhesión a la autoridad de alguien). Todas éstas últimas, conductas ajenas al decoro, al honor, al respeto y a la igualdad de los practicantes de cualquier arte marcial, máxime cuando se trata del aikido, al que también se le aplica la antigua máxima latina de: “primus inter pares” o “primero entre los iguales”, donde pese la dignidad del cargo que se ostente o la elevación del grado que se tenga, el respeto es exactamente el mismo que para el resto de los practicantes. 

De ahí que el Bushido, identificaba el respeto (cortesía) 礼 Rei, de la siguiente manera: 

Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.”

 A lo largo de la historia de Japón, las formas para sentarse consideradas adecuadas han ido cambiando en función de las circunstancias sociales, las modas y los ámbitos. 

Durante el período Muromachi, la innovación arquitectónica de cubrir los suelos con tatami, unida a las estrictas formas de las clases guerreras, convirtió a seiza en la forma protocolaria de sentarse. Sin embargo, hasta inicios del siglo XVIII no se adoptó para la vida cotidiana. Seiza está estrechamente relacionada con los suelos de tatami. Dependiendo de la formalidad de la ocasión, el entorno y la situación familiar, a veces es posible realizarla sobre un zabuton (座布団) o un zafu (座蒲). 

Como alternativa a seiza tenemos Agura (胡座, literalmente “sentarse como un extranjero”, con las piernas cruzadas), que es considerada informal y adoptada frecuentemente por los no japoneses. No obstante, es siempre inadecuada para las mujeres, quienes en situaciones informales se sientan en Yoko-zuwari (横座り, con ambas piernas a un lado) o en Wariza (割座) u Obachan-suwari (お ばあちゃん 座り, literalmente “sentarse como una abuelita”, de rodillas con las nalgas en el suelo y una pierna doblada hacia cada lado). También tenemos Tai-iku-suwari (体育座り, literalmente “sentarse para educación física”, con las nalgas en el suelo y las rodillas por delante) usada por los niños, ya que es más cómoda que otras y más respetuosa que Agura cuando se está con un profesor. 

Otra alternativa es Tate Hiza (立て膝, sentado sobre una rodilla), válida en situaciones imprevistas, pero no recomendada para actos formales. 

Fuza (趺座, con las piernas cruzadas) y Kiza (跪坐, sentarse con las rodillas dobladas). Podemos calificar seiza como una variación de Kiza

En el diccionario Kojien se define Seiza como “sentarse correctamente” sin una descripción de la posición correcta. Por tanto, es el sentido común el que determina la “corrección” de la postura. 

En Japón, a partir de la Restauración Meiji, el uso de sillas ha ido aumentando hasta integrarse completamente en la sociedad, siendo seiza (al igual que otras) una posición mucho menos usada que antes. 

A través de algunos documentos antiguos (pergaminos, escritos, cuadros, etc.) podemos observar que el estilo de vida entre el Período Heian y el Kamakura no incluía unas costumbres formales para sentarse. En esta época las casas no disponían de un suelo que los aislase del terreno, por lo que para sentarse los samuráis usaban la posición Agura directamente sobre el terreno, y, si éste estaba muy embarrado debido a las lluvias usaban la posición de cuclillas. En cambio Seiza se adoptaba para la oración y, posteriormente, para actos ceremoniales, de modo que los asistentes mostraban así su respeto. 

Originalmente los tatamis eran un artículo de lujo de las clases altas. Este estilo arquitectónico se inició durante el Período Heian, en las residencias aristocráticas, usándose tan sólo como asiento para los más altos aristócratas. En el Período Kamakura se extendió a las residencias de los samuráis y sacerdotes, pero fue en el Período Muromachi cuando alcanzó su máxima expansión. 

En el Período Kamakura, la escuela Rinzai Zen, introducida por el monje Eisai, fue rápidamente adoptada por las clases altas y tuvo un profundo impacto en la cultura japonesa. Fue en el siglo XIII cuando los samurái comenzaron a preparar y beber matcha y se erigieron los pilares de la ceremonia del té.

La posición Seiza fue adoptada durante el Período Muromachi y se desarrolló como una forma de sentarse en una superficie semiblanda de tatamis en lugar de sobre la madera. 

En la segunda mitad del siglo XV se promovió la cultura Higashiyama, en la que el budismo Zen y la estética wabi-sabi influyeron en la armonización cultural entre la Corte Imperial y la clase samurái, y el florecimiento de expresiones artísticas como la cha-no-yu o el ikebana

El desarrollo de la ceremonia del té le dio un fuerte impulso al uso de Seiza, puesto que tras el perfeccionamiento de la ceremonia por Sen Rikyu pasó a ser un requisito con el fin de incluir la doctrina Zen en la misma. Gracias a Sen Rikyu en el siglo XVI la costumbre de beber té se había extendido a todos los niveles de la sociedad japonesa. 

En el Período Edo, el budismo, mezclado con el neo-confucianismo, definió los estándares de comportamiento social y fue promovido y practicado por las clases superiores. Seiza pasó a ser considerada una posición protocolaria importante en la vida social de las ciudades. 

En la primera mitad de la Era Meiji la posición de seiza ya era muy popular a pesar de no tener asignado el nombre de seiza como tal. Era usada como posición para ceremonias, oraciones y muestras de respeto, pero no para la meditación. 

Fue durante esta Era Meiji cuando seiza se estableció como la postura sentada representativa de Japón. En ello influyó sobremanera la Escuela de Etiqueta de Ogasawara. Con esto, el gobierno Meiji consiguió una imagen uniforme de Japón en actos formales. 

En definitiva, las formas del saludo y la etiqueta correspondiente en el Japón, son parte de la cultura y de las antiguas costumbres de ese pueblo, así como la adopción del seiza y las demás formas del suwaru, que, en tratándose de la forma de vida de los antiguos samuráis se aplicaba tanto a fórmulas y rituales costumbristas (el origen del suwaru viene de la forma en que se estaba en el hogar), de mostrar cortesía y respeto (digamos que en el mundo exterior o hacia el exterior), pero también de estar alertas y dispuestos para lo imprevisto y el acaso. 

Porque precisamente el acto de mostrar respeto (rei), es considerar recíprocamente al otro como alguien también valioso, digno, honorable, reconociendo sus intereses y sus pensamientos. El saludo de respeto, tácitamente, reconoce también la dignidad individual tanto de quien lo inicia, como de quien lo replica, puesto que emergen dos personas de idéntica estatura (dignidad), sin importar los ropajes, el status social o político de cada quien. Por eso, el origen de la palabra samurái cobra sentido aquí: “el que sirve a su señor”, “servidor”, un guerrero con dignidad, el bushi humilde. Reza un dicho: “Ser humilde no es ser menos que los demás, sino saber que a pesar de las diferencias, todos somos iguales”.




lunes, 10 de mayo de 2021

El Yumi, el estilizado y poderoso arco japonés

El Yumi, el estilizado y poderoso arco japonés 


Tomado de: 
https://otakusenvenezuela.wordpress.com/2015/07/02/
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Para un país de milenarias tradiciones como Japón pocas cosas probablemente le son ajenas, y una de ellas sin duda son las armas, algunas de las cuales son tan únicas como el país mismo. Cuando hablamos de armas japonesas para muchos solo nos vendría a la cabeza una cosa: la Katana, la espada legendaria del samurái, sin embargo esta famosa espada nipona que tan famosos y legendarios ha hecho a los guerreros que la usaron en el Japón medieval, los Samuráis, no era ni de lejos la única arma utilizada por estos, de hecho al comienzo de la historia de los guerreros samurái, la katana ni siquiera era su arma principal, la verdadera arma de un soldado samurái de élite era su arco, conocido como Yumi.

Por su puesto que actualmente cuando se menciona la palabra samurái lo que primero que sale a relucir es su espada sin la cual para muchos no sería un samurái, pero no fue sino hasta que en Japón reinó cierta paz y estabilidad luego de siglos de guerras entre clanes, que la espada Katana adquirió el nivel de importancia y protagonismo que la cultura popular le ha dado en tiempos más recientes, antes sin embargo durante el medioevo en Japón y cuando los samuráis tenían el estatus de guerreros de origen y formación militar, su arma de reglamento, por llamarla de alguna forma, era el arco y aunque con el correr de los años fue opacado por la espada la verdad es que un guerrero samurái durante la edad media en el Japón feudal no era nada sino contaba con el poderoso y confiable Yumi, de cuyo manejo era un maestro.

Pero antes de hablar del Yumi, lo primero que sería importante señalar es lo que es un arco. Si se busca en un diccionario lo que se definiría de manera literal como el arma llamada “Arco” sería:

“Arma formada por una vara flexible cuyos extremos se hallan unidos por una cuerda muy tirante, y que sirve para lanzar flechas”

A lo largo de la historia el arma llamada Arco fue perfeccionada, diversificada o personalizada según las diversas técnicas desarrolladas por las civilizaciones que la adoptaron tanto como arma para la caza como arma para la guerra, de hecho su función como arma de guerra fue lo que le confirió la gran versatilidad que permitió que a lo largo de la historia fueran desarrollados al menos una decena de tipos diferentes de arcos y se desarrollaran además variaciones de un arma basada en el concepto del arco (las ballestas). Hay 2 tipos de arcos, lo llamados monolíticos o el que está formado por una única pieza de madera o de otro material (un ejemplo de un arco monolítico es el arco largo o “Longbow” inglés) y los llamados compuestos, aquellos formados por varias capas de diferentes materiales (ejemplo de arco compuesto: el arco Mongol).

En Asia el arco fue una de las armas más populares y usadas en la antigüedad, famosos entre los arcos asiáticos son los arcos hunos, mongoles, coreanos y por su puesto el arco japonés o Yumi.

El empleo del Yumi es muy anterior al de la katana y fue precisamente por su uso a caballo, donde el samurái empezó a forjar su leyenda de gran guerrero. Disparar flechas al galope es una maniobra muy complicada que se ve seriamente afectada tanto por la morfología del caballo como por el diseño de la armadura. Estos dos elementos condicionaron notablemente tanto el diseño del arco como la dinámica de tiro, haciendo que el estilo japonés, pese a no ser el más efectivo, sea el de mayor belleza plástica y el que más destreza requiere en cuanto a su uso en arquería montada.

El Yumi, fue un arma de uso exclusivo de los samuráis por siglos, pero fue hacia el año 860 d.C., que se pudo apreciar la mayoría de las características de los samuráis clásicos: jinetes a caballo diestros en el uso del arco, además del empleo de espadas de hoja curva o katana, lo que hay que resaltar de lo anterior es que el antiguo esquema de guerra japonés dotaba a los samuráis de diversas funciones según el arma en el campo de batalla, los samuráis inicialmente se destacaban como caballería, no como infantería, ellos se movían a caballo y atacaban no con sus katanas sino con sus arcos y eran absolutamente letales en este papel, solo cuando llegaba el momento de la lucha cuerpo a cuerpo que podía ser si uno o ambos samuráis perdían su montura o se bajaban de ella voluntariamente era cuando desenfundaban sus espadas.

Eran los guerreros samurái a caballo los que gozaban de la total confianza del Emperador y se encargaban de la seguridad de las ciudades, así como de sofocar las revueltas que sucediesen. Durante el siglo IX Japón sufrió un grave declive económico a consecuencia de plagas y diversas hambrunas, esto motivó que a principios del siglo X se produjeran numerosos disturbios, desórdenes y rebeliones debido a la situación que se vivía, esto obligó al gobierno a tomar la decisión de conceder amplios poderes a los gobernadores locales para reclutar tropas y actuar contra las crecientes rebeliones conforme a lo que creyeran conveniente, es durante este periodo que se documenta por primera vez la palabra “samurái” (aquellos que sirven) en un contexto meramente militar, los samuráis de hecho fueron en el comienzo los soldados de los ejércitos privados que todos y cada uno de estos señores feudales o daimyō crearon, eran sencillamente una poderosa élite militar.

Durante el siglo XII en Japón se sucedieron numerosos conflictos entre clanes y sus daimyō los cuales se solían resolver en el campo de batalla donde la caballería samurái y los Yumi tuvieron un enorme impacto, en la mayor parte de la historia de los samuráis, el arco japonés fue el arma preferida y sólo se solía recurrir a la espada al descender del caballo y entablar combate cuerpo a cuerpo. Los samuráis solían ser expertos en el “kyūba no michi” (camino del arco y el caballo).

La manufactura de un Yumi

El arco japonés clásico y tradicional está hecho esencialmente de bambú o take, de dos tiras de bambú específicamente, el método tradicional especifica que la calidad del bambú utilizado para un arco Yumi debe ser excepcional, este debe estar seco y para ello se cosechan los mejores árboles durante el invierno, para cada arco se usa un árbol de bambú “kara take”, pero este debe cumplir con unas determinadas características: primero el bambú no debe tener ninguna grieta y la distancia entre los nudos debe ser específica, usualmente esta distancia se determina gracias al uso uso de una plantilla, posteriormente el tronco de bambú elegido es cortado en listones (4 generalmente) y puesto a secar en un ahumadero por un período de 6 meses, pasado este tiempo los listones ya estarían listos para ser trabajados por el artesano.

Se usan 2 o 3 piezas diferentes de madera de bambú para formar el cuerpo del arco, se engrasan y dejan secar al sol durante dos semanas (proceso sujeto a las inclemencias del tiempo), pasan por el fuego de un horno de carbón para limpiarlas y ayudar a deshacerse los aceites, en vista de que cada pieza es diferente el artesano debe decidir el grosor de las mismas para lograr el nivel de flexibilidad que él desea que cada arco posea, fracciones de milímetros pueden influir en la flexibilidad y lleva años comprender como se comporta y se mueve la madera, una vez las piezas tienen el grosor que el artesano quiere se pegan, seguidamente las piezas pegadas que conformarán el cuerpo del arco son atadas en modo entrecruzado con una cuerda entrenzada; esta mantiene las piezas juntas y son la clave para que se logre la curvatura del arco, antes de que seque el pegamento, se introducen entre la cuerda y el arco pequeñas piezas de bambú que se utilizarán para mantener la posición del arco una vez se empiece a doblar, primero suavemente para ir luego doblando un poco más y que el cuerpo del arco adquiera una curvatura que irá aumentando paulatinamente hasta llegar a la curva perfecta según el criterio del artesano.

una vez adquirida dicha curva, se lo pone sobre un bastidor especial para ser encordado (o sea, para que se le coloque la cuerda); originalmente la cuerda o “Tsuru” del arco, parte fundamental del arma, estaba fabricada con fibra vegetal, por lo general de cáñamo, y estaba recubierta de cera natural para aumentar su resistencia y para hacerla más lisa, también a la cuerda se la cubría con una mezcla de resina de pino y aceite llamada “kusune” esto era para fortalecerla. La tensión que producía era máxima y eso hacía que en ocasiones fuese necesaria la ayuda de varios hombres para encordar el arco, hoy en día la cuerda natural ha sido sustituida por un cable de acero o de kevlar que duran el doble o más que la cuerda natural, por cierto que la cuerda solo se cambia o sustituye cuando se rompe, nunca antes pues de hacerlo esto puede afectar el nivel natural de curva del arco y su posterior rendimiento.

Un buen arco debe poseer un buen equilibrio, tiene que haber un buen equilibrio entre el brazo o pala superior y el inferior, si este no es el caso no se le consideraría un buen arco, vale decir que NO hay 2 arcos iguales y es costumbre entre los maestros artesanos darles a sus arcos un nombre que los distinga de otros arcos hechos por colegas o rivales, este nombre en el caso de artesanos reconocidos incrementa y mucho el valor de la pieza.

El arco Yumi, es un arco compuesto laminado, y de una gran longitud (2,15 a 2,45 metros) posee una acentuada asimetría debido a que la parte superior del arco es más larga que la inferior. La sección donde se empuña el arco queda, aproximadamente, en la unión del primer tercio inferior con los 2 tercios superiores. El clásico Yumi es un arco elaborado con 2 láminas de bambú exteriores, de estas láminas externas una cubre la cara posterior del arco y la otra la anterior llamada vientre. Entre ambas láminas, va una capa de láminas cuadradas de bambú de un cuarto de pulgada dispuestas en sentido perpendicular y reforzadas por madera dura en los extremos.

Los Yumi japoneses se dividen en 2 tipos: arcos largos (daikyu) y arcos cortos (hankyu), estos últimos usados en la práctica del kyūdō (el tiro con arco japonés). Los arcos utilizados en la época medieval podían variar según la distancia al objetivo, los arcos daikyu al ser los arcos más largos y pesados solían utilizarse para tiros a distancia en tanto los hankyu más cortos y livianos se usaban para tiros más cercanos, eran estos los que se usaban para la arquería montada en batalla.

Lamentablemente hoy en día quedan cada vez menos maestros artesanos de los Yumi (yumishi) en Japón, esto es debido a que ya no se consiguen en las nuevas generaciones de jóvenes el interés necesario para seguir manufacturando los arcos yumi a la usanza tradicional, las nuevas tecnologías y materiales modernos poco a poco están haciendo a un lado la técnica, los materiales naturales y los conocimientos tradicionales del antiguo arte de la fabricación de arcos. Esperemos sin embargo que la tradición no termine muriendo con los últimos yumishi que aún sobreviven en el Japón actual.

El uso del Yumi

El arco tenía que ser levantado a la altura de la cabeza del jinete para poder disparar adecuadamente. La práctica del caballo y el arco dieron lugar al “yabusame” una demostración ritual del arte de la arquería montada japonesa, y la cual es practicada hasta nuestros días. La técnica del uso del arco a caballo necesitaba de mucha práctica, ya que sólo se podía disparar por el lado izquierdo del jinete y se contaba con un ángulo de disparo de 45º. Esto se complicaba en mayor medida si el jinete portaba una armadura, vale mencionar que el samurái debía ser capaz no solo de disparar a pleno galope sino de mantener el equilibrio y la concentración a la vez de ser capaz de controlar al caballo solo con sus piernas.

Cuando el samurái hacía uso del Yumi ya en tierra la técnica para hacerlo era tan estudiada y concienzuda como la de hacerlo a caballo, si se encontraban a distancia del enemigo la formación de arqueros disparaban sus arcos acuclillados o de pie siempre en filas paralelas una detrás de otra; cuando avanzaban hacia el enemigo lo hacían de la misma manera pero alternándose, mientras una fila disparaba la otra recargaba, esto garantizaba que la lluvia de flechas fuera casi interrumpida mientras la formación de arqueros avanzaba más y más hacia sus contrincantes, solo cuando estaban a muy corta distancia o cuando se les acababan las flechas, en el combate cuerpo a cuerpo, usaban el arco a modo de lanza y cargaban contra el enemigo, el arco podía ser usado como un arma aún sin sus flechas.

Con la introducción de las armas de fuego en el siglo XVI el arco perdió su relevancia en el campo de batalla, pero esto por su puesto no significó el final de los samuráis o de su uso del Yumi, el arco japonés siguió siendo empleado a nivel competitivo lo que representó una forma de que los samuráis conservaran sus conocimientos sobre el arte de la arquería con Yumi, quizás las competencias más arduas eran aquellas en las que los arqueros además de dar en el blanco debían competir sin decaer por al menos 24 horas, esto lo que procuraba en los arqueros era el demostrar una gran disciplina y fuerza mental.

El advenimiento del budismo en Japón durante el siglo XII trajo al país sus enseñanzas acerca de la importancia de la concentración a la vez que ofreció un modo de comprender la vida y no temer a la muerte, no fue de extrañar que los samuráis se sintiesen muy atraídos a esta religión y su filosofía, sería inspirándose en las enseñanzas del budismo que la arquería con Yumi tendría una suerte de revelación más allá del campo de batalla, esta revelación sería materializada por el llamado “Kyūdō”, que literalmente significa “camino del arco”, no es más que el arte japonés de la arquería.

En su forma más pura, el kyūdō es practicado como un arte marcial y busca el desarrollo moral y espiritual del individuo. Muchos arqueros lo ven como deporte, pero la meta que los más devotos practicantes esperan alcanzar es “seisha seichu”, (tiro correcto es golpe correcto); lo deseado es la acción única de expansión (“nobiai”) que resulta en un tiro liberado naturalmente. El kyūdō  se trata de concentrarse en sí mismo, en tus movimientos y no en el deseo de alcanzar el objetivo e impactar en él, esta es la filosofía de la escuela “Dosha” arquería de templo, dicha filosofía ha dejado a un lado la utilidad por un enfoque espiritual del arte del arquería.  Cuando el espíritu y el balance del tiro son correctos, el resultado es que la flecha llega al blanco, el punto es dar en el blanco sin desearlo, pues si en caso contrario solo se piensa en acertar el resultado final siempre será el errar al objetivo, abandonarse a sí mismo completamente en el tiro es el fin espiritual. A este respecto, muchos practicantes creen que la competitividad, la examinación y cualquier oportunidad que coloque al arquero en esta situación es importante; por el contrario, hay otros que evitan las competencias y examinaciones de cualquier clase.

En el kyūdō a diferencia de otras modalidades de arquería nipona como la “Hosha” arquería a pie militar o la “Kisha”  arquería montada y ceremonial, no se oyen gritos de guerra por parte de los practicantes al ejecutar sus disparos, lo que se percibe cuando se practica o se presencia el kyūdō es un aire de absoluta serenidad; esta modalidad de la arquería japonesa a diferencia de las demás es practicada tanto por hombres como por mujeres, incluidos ancianos, al menos la mitad de los practicantes en la actualidad en Japón son mujeres, no es de extrañar por tanto que algunos de los mejores arqueros en el kyūdō sean mujeres precisamente.

En vista de que el kyūdō estándar se suele practicar en un campo de 28 metros de largo no tiene necesidad de usar arcos grandes y pesados como los daikyu, en su lugar el arco utilizado en el kyūdō es el hankyu o Yumi corto, la razón de esto es que no se trata de una demostración de fuerza sino una prueba de precisión y control.

El arco hankyu mide poco más de 1,50 mts de largo, es por tanto considerablemente pequeño si se compara con el daikyu que puede alcanzar hasta los 2,45 mts, además los yumi hankyu poseen una estructura diferente que la de los arcos largos. El hankyu es más delgado que el daikyu y su cuerda está unida a la parte del arco que está doblada, mientras que la cuerda en el arco largo está unida al lado opuesto de la curva. El agarre del arco hankyu se encuentra casi en el centro, un poco más bajo del centro, dicho agarre está cubierto por cuero.

Cabe mencionar que los más devotos arqueros de Kyūdō tratan al yumi con profundo respeto, como piezas de gran poder, se le enseña al alumno el dicho que reza que el yumi, tiene dentro de él a parte del alma de la persona que lo hizo. Un estudiante de Kyūdō nunca lo pisará mientras este sobre el suelo (es considerado irrespetuoso), y por supuesto tratarán al yumi como desearían ser tratados ellos mismos (por ejemplo manteniéndolos lejos del calor excesivo o frío, resguardados del exceso de humedad o sequedad y será sostenido erguido). También es considerado irreverente tocar el yumi de otra persona sin su permiso; el yumishi (fabricante de yumi) Kanjuro Shibata afirmaba que tocar un arco ajeno sin el permiso de su dueño era como tocar al cónyuge de otra persona.

Se dice que muchos de los practicantes del Kyūdō solo alcanzan la perfección en la disciplina a muy avanzada edad, entre los 90 e incluso los 100 años de edad (algo factible considerando la gran longevidad que muchos japoneses alcanzan en su vida), eso da una idea del nivel de perfección que la práctica debe conferir a los practicantes más devotos.

Lo que destaca del yumi además de su gran tamaño y curvatura es la técnica empleada para usarlo, el modo de tensarlo y sostenerlo para disparar, a la cuerda del yumi se la tensa con el pulgar y la posición natural de la flecha cuando el arco es tensado para disparar es a la altura de la oreja o incluso más atrás de la oreja, además la forma como se coloca la flecha en el yumi (que por cierto son bastante largas, acorde al tamaño del arco), es diferente al de otros tipos de arco, la flecha se sostiene y pasa al ser disparada sobre el pulgar, este efecto es debido a como la cuerda regresa a su posición de descanso tras el disparo, esta sale por el lado exterior del arco, dicha particularidad tiene como resultado la estabilización de la flecha, además de dispararla con más precisión, esta técnica logra que a diferencia de otros tipos de arcos, como los ingleses, las flechas del yumi no varíen su curso mientras vuelan sino que se mantengan rectas hasta alcanzar el blanco.

La flecha o “Ya” eran tradicionalmente hechas de bambú, emplumadas con 3 plumas ya fuesen de águila o de halcón. Actualmente muchas siguen siendo hechas con bambú hoy en día (aunque hay excepciones) y las plumas son en la actualidad obtenidas de especies que no están amenazadas, como pavos, cisnes o gansos. Cada “ya” tiene un género (las “ya” masculinas se llaman “haya”; las “ya” femeninas son “otoya”); las plumas de las flechas son creadas de los lados alternos del ave, dichas plumas, como ocurre en otras culturas, servían para dar estabilidad durante el vuelo y para ello le impriman un giro que podía ser tanto de derecha a izquierda como de izquierda a derecha, las “hayaya” giran conforme a las manecillas del reloj y las “otoya” del lado contrario. La “haya” es la primera en ser tirada.

El fabricante de flechas (YA-HAKI) también ofrecía una amplia variedad de “Ya”, cuyos vástagos de junco eran de longitudes variables y desde luego muy largos, dada la gran apertura que permiten los arcos Yumi. Los emplumados son bastante largos, en consonancia con el resto de la flecha.

La variedad de puntas de las flecha o “Ya” es amplísima de acuerdo con su función específica. Por ejemplo, para practicar contra un objetivo, era frecuente que se usaran puntas de madera en forma de pera, a fin de proteger las más costosas puntas metálicas. Otras interesantes puntas de flecha eran las silbadoras, supuestamente derivadas de modelos chinos, consiste en una recamara hueca agujereada convenientemente para que al volar la flecha, el aire que circulaba por ella produjese un silbido. Esto las hacía idóneas para las señales acústicas. Con ciertas modificaciones también podían usarse como flechas incendiarias.

El acero templado con una gran calidad era el principal material empleado para las puntas de flecha, las cuales podemos dividir en base a su forma de la siguiente manera:

– Yanagui Ba, o de hoja de sauce

– Togari Ya, o puntiaguda

– Karimata, o bifurcada

– Watakushi, desgarradora.

Los ejemplares de puntas conservados, dan una idea general de la gran variedad de puntas existentes, cada una de las cuales estaba pensada para una finalidad muy concreta dentro del altamente especializado mundo del Japón feudal.

El yumi el arma del samurái por excelencia, pese a ser desplazado por las ramas de fuego en el campo de batalla y opacado por la formidable katana aún es considerado una de las armas más singulares de Japón, igual o superior a otros arcos históricos el Yumi aún conserva mucho del misticismo que lo hizo ser el arma reverenciada que fue y que aún es, su vigencia no solo prevaleció a lo largo de los siglos sino que aún prevalece en la actualidad como un símbolo de poder, control, equilibrio y elegancia. El yumi, el estilizado y poderoso arco japonés.



lunes, 15 de marzo de 2021

Resiliencia y Aikido

Resiliencia y Aikido 

Por José Santos Nalda Albiac, 5º Dan 
Tomado de: https://www.elbudoka.es/revista/budoka18.pdf. 
Revista Bimestral de Artes MarcialesNº18 año III. 
 Noviembre – diciembre de 2013. 


Nage:D. Halprin. Uke: A.LLanes. Fotos cortesía Marcos López. Bogotá, 2006.

“Quién nunca se cae, no sabe levantarse”

Enseñanza Zen


El samurái del siglo XV tenía en gran honor poder demostrar su aguante imperturbable ante el cansancio, el hambre, el frío, el dolor, el peligro, los caprichos de su señor, las amenazas, el engaño, la enfermedad, las órdenes de costoso y arriesgado cumplimiento, los ataques sorpresa, etc., manteniendo el coraje intacto frente a toda dificultad, incluso ante la muerte segura e inminente. Su vida estaba al servicio de los intereses de su Daimyo, y su mayor honor residía en cumplir las tareas que le asignaban por difíciles y peligrosas que fuesen. 

Esta actitud de entereza y coraje, frente a todo, junto a otras cualidades es lo que ha hecho de la casta samurái el arquetipo ideal del guerrero de todos los tiempos. 

 En el siglo XXI, y en nuestra sociedad postmoderna, el budoka como figura equiparable al samurái, vive y se desenvuelve en un entorno difícil, en el que sólo ha cambiado la forma de los ataques y peligros físicos, en problemas, conflictos y contrariedades de índole principalmente material, económica o psicológica, pero que suponen un desgaste continuo de la persona que desconoce los recursos de autoprotección latentes en todo ser humano.

La resiliencia 

Este concepto fue introducido en el ámbito psicológico hacia los años 70 por el paido-psiquiatra Michael Rutter, que se inspiró en la idea de la resistencia de los materiales definida por la Física como resiliencia, a la que añadió el concepto de flexibilidad social adaptativa. 

Otros autores la definen así: 
“La capacidad humana de enfrentar, superar, aprender y aún verse transformado ante las adversidades inevitables de la vida” Dra. Hedit Henderson Grotberg, una especialista en Resiliencia de la Georgetown University, Washington, DC. 

“La capacidad del ser humano para reponerse de un trauma, y sin quedar marcado de por vida, ser feliz” Boris Cyrulnik (neurólogo, psiquiatra y etólogo francés) 

“La capacidad de proteger la propia integridad bajo presión, y más allá de esta resistencia, capacidad para forjar un comportamiento vital positivo, pese a las circunstancias difíciles”. Stefan Vanistendael Secretario general adjunto, BICE Ginebra. Experto mundial en resiliencia. 

Como es sabido, en el transcurso de la vida todos nos enfrentamos a eventos favorables y adversos, esperados o inesperados, que están fuera del alcance de nuestra voluntad, pero que nos afectarán de modo favorable o negativo, según la actitud que adoptemos. 

 La resiliencia en el ámbito humano y social, es la capacidad que tiene una persona para soportar y superar sin desánimo, circunstancias difíciles, adversas o dolorosas. 

 El hecho de estar afectado por contrariedades en vez de hundirnos en la resignación y el pesimismo, ha de ser vivido como un proceso de crecimiento y transformación mediante la forma de pensar, las actitudes y la conducta a seguir frente a tales situaciones. Tener resiliencia significa que, aún en medio del dolor o del sufrimiento ante los acontecimientos adversos, se mantiene un estado de ánimo pleno de coraje, de optimismo y de confianza en sí mismo, para superar, soportar o aceptar las contrariedades por grandes que sean, sin dejarse vencer por ellas. 

Un famoso terapeuta contemporáneo, Daniel Goleman en su libro “La inteligencia emocional”, nos enseña que: “la capacidad de perseverar ante el fracaso, o inteligencia emocional es la opción que tenemos de motivarnos a nosotros mismos, y perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera en nuestras facultades racionales, y la capacidad de empatizar y confiar en los demás”. 

Es un hecho constatable que los procesos y formas de trabajo en la actualidad son complejos y cambiantes, exigiendo de las personas la máxima competencia y rendimiento constante, sin que a veces tal imposición vaya acompañada de los apoyos que necesita el individuo, como la comprensión y el reconocimiento o gratificación de sus superiores, elementos que justificarían y harían soportable el esfuerzo requerido. 

 La Psicología considera “resiliente” a toda persona que enfrenta y soporta la adversidad desde una actitud de lucha, resistencia y adaptación, sin rendirse en ningún momento. Esta es la actitud que debiera aprender a conservar el budoka en el tatami y en su vida cotidiana. 

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi afirma que: “Una persona puede hacerse a sí misma, feliz o miserable, independientemente de lo que esté realmente sucediendo “fuera”, tan solo cambiando los contenidos de su conciencia...”. 

La misma convicción manifestaba, en 1945, el psicoterapeuta Viktor Frankl a partir de sus experiencias como prisionero en un campo de exterminio nazi: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” Viktor Frankl (1905-1997). Psiquiatra y psicoterapeuta austriaco, autor de la teoría psicológica conocida como logoterapia. 

La resiliencia no consiste sólo en resistir, sino sobre todo en mejorar. 

La resiliencia determina el comportamiento del budoka en situaciones y tiempos difíciles, favorece la conservación del equilibrio psicosomático, y permite atravesar los sucesos adversos con el menor daño anímico, obteniendo incluso algún beneficio, ventaja o aprendizaje, de ese mismo contratiempo. 

 ¿Quién no ha tenido uno o más reveses en su vida...? ¿Y cómo hemos salido de ellos, o qué secuelas nos han dejado...? ¿Quién nos ha enseñado a superarlos, o a soportarlos, con el menor sufrimiento posible...? Los entrenamientos de Aikido, o de cualquier otro arte marcial, nos han de enseñar a transferir a la vida cotidiana todos los principios y estrategias propios del Budo. 

Cuándo de repente nos vemos involucrados en un problema, ¿qué hacer...? 

1.- Admitir que tenemos un problema. No sirve de nada querer ignorarlo. 

2.- Buscar el origen o la causa del mismo. 

3.- Buscar la solución. ¿Qué puedo hacer...? ¿Cuándo...? ¿Cómo...?. 

4.- ¿Qué haré si las cosas no salen como espero...? Ante todo, no actuar impulsivamente. 

5.- Perseverar a pesar de los obstáculos. 

6.- No frustrarse ante el fracaso repetido y seguir adelante aprendiendo de cada contrariedad. 

7.- Buscar la ayuda de otros vínculos de apoyo. Según afirman los especialistas, es posible el aprendizaje práctico de la resiliencia justamente cuando llega la adversidad, a condición de observar las pautas señaladas a continuación. 

EL CAMINO HACIA LA RESILIENCIA 

La hoja de ruta para desarrollar la resiliencia contempla, entre otras cosas, la puesta en práctica de los siguientes requisitos: 

 – Cultivar y mantener buenas relaciones con todos. 

 – Percibir y anticipar las tendencias de los procesos en los que estamos involucrados. 

– Captar, comprender y aceptar la realidad tal cual es. 

– Aceptar lo irremediable y adaptarse a la nueva situación. 

– No considerar el obstáculo como insuperable. 

– Humor para reírse de sí mismo, no caer en la autocompasión, y preguntarse ¿Qué aprenderé de todo esto…? 

– Confiar en los propios recursos y conocimientos. 

– Controlar las reacciones viscerales. 

– Relativizar la adversidad que ha llevado al fracaso, porque la vida sigue. 

– Considerar la situación desfavorable como una oportunidad para hacer algo nuevo o diferente, que ayude a superarla. 

– Apoyarse en los valores éticos de las personas, escapando a la tentación del “todo vale” para lograr el objetivo. 

– Coraje o espíritu de lucha que no se desanima ni acobarda ante nada, porque el temple se pone a prueba en las circunstancias más difíciles. 

Es una realidad innegable que las circunstancias adversas nos afectan y minan el ánimo, pero a veces hace más daño la forma de tomarlo en consideración, que el mismo acontecimiento contrario a nuestros objetivos. 

La resiliencia protege al aikidoka frente al caos y le ayuda a descubrir nuevas pautas de conducta positiva como el mejor medio para salir del “atolladero”, minimizar el grado de afectación anímica, fortalecer la confianza en sí mismo y apoyarse en una actitud de optimismo, tomando el obstáculo y la crisis como una oportunidad para ejercitar el aguante, el coraje y el aprendizaje de nuevas estrategias. 

Este aprendizaje no ha de ser únicamente teórico, como la lectura de un libro o escuchar una conferencia, ni se consigue de la noche a la mañana, no existen fórmulas mágicas, sino poniendo en práctica las pautas señaladas, en cada ocasión de dificultad, frustración, desagrado, conflicto, etc. 

La educación de los hijos de los samuráis concedía especial importancia al desarrollo de su capacidad de resistencia, sometiéndolos a todo tipo de privaciones y dificultades, como pasar hambre, frío, miedo, sed dolor, soledad, peligro etc., con el único fin de forjar un carácter indomable, capaz de soportar cualquier penalidad en el cumplimiento de su deber. 

Evidentemente hoy consideramos estos métodos como actos de crueldad innecesaria, pero es innegable que en aquella época cumplían los resultados esperados. Por otra parte todos sabemos que en la actualidad y en los mejores ejércitos del mundo existen unidades especiales en las que sus componentes son formados con idénticos métodos o incluso más exigentes. 

¿Será porque la mejor escuela de resiliencia se encuentra en la vivencia personal de las dificultades…?. 

La cultura japonesa enfatiza la importancia de levantarse tras una caída, esta enseñanza se expresa con el aforismo “nana korobi ya oki” que se traduce literalmente “caer siete veces, levantarse ocho veces”. Cada vez que se levanta se renace con mayor ímpetu, y con un mejor conocimiento de la dificultad a superar.

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