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sábado, 16 de octubre de 2021

¿Cuáles son los beneficios de practicar artes marciales?

¿Cuáles son los beneficios de practicar artes marciales?

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/11/141124_deportes_artes_marciales_inicio_comenzar_jmp


Unos prefieren el karate, otros el aikido, también están los seguidores de kung-fu y taichi y los que sueñan con los Juegos Olímpicos prefieren el judo o el taekwondo.

Los tipos de artes marciales se han expandido con el paso de los años y abarcan un número de deportes y disciplinas que promueven la salud física y mental, el autocontrol, la disciplina y la protección personal.

Si bien es frecuente que las artes marciales se relacionen con la cultura oriental, y que las técnicas tradicionales de pelea se originen en Asia, es posible encontrar algunas de sus raíces en Europa e incluso en América.

Su espíritu tradicional ha evolucionado y es común ver hoy en día especialidades de combate y deportivas que se fusionan como las artes marciales mixtas (AMM) o el kickboxing.

Variedad

Al tratarse de muchas disciplinas, las artes marciales ofrecen muchos tipos de beneficios, pero en general se puede lograr una reducción del peso, tonificación muscular y un aumento en la resistencia cardiovascular a través de sesiones intensas de ejercicios.

En judo, por ejemplo, se pueden quemar más de 300 calorías en un enfrentamiento, además de mejorar el estado físico y de aumentar los niveles de balance, coordinación y flexibilidad.

Otro elemento es que pueden hacer versiones modificadas de un estilo para adaptarlos a las personas que no les gustan los deportes de contacto.

En este caso se pueden aprovechar los movimientos para fortalecer los músculos del cuerpo, además de estimular la concentración.

Uno de los objetivos de las artes marciales es enseñar métodos de defensa personal, movimientos que también permiten disminuir el riesgo de lesiones en otros deportes al ofrecer el conocimiento de cómo caer o evadir contacto de una manera segura.

Las artes marciales también enfatizan en la autoconfianza, respecto y disciplina, especialmente en las que provienen del este asiático como karate, taekwondo, aikido o kendo, donde es crucial la imagen del sensei y la jerarquización entre las personas que los practican.

La Asociación Británica de Artes Marciales resalta que "al dominar un arte marcial las personas usan tanto el cuerpo como la mente, lo que no se puede decir de todos los tipos de ejercicio".

El organismo recomienda a las persona asistir a diferentes clases de artes marciales ya que hay muchos tipos, como kung-fu o capoeira, que pueden ser más beneficiosos para la coordinación, para el poder de control mental o para la tonificación muscular.


lunes, 25 de marzo de 2019

Sonshite Tokutore : Losing to win




Sonshite Tokutore : Losing to win

Tomado Japan’s Cultural Code Words, deBoye Lafatette de Mente,
publicado en Proverbio Alemán, año 15 No. 171, febrero 2019


Parte del legado histórico heredado por todos los japoneses es el concepto que, inclinarse con el viento es mejor que enfrentarlo, una filosofía que derivó en gran parte del sistema político autoritario en el cual vivieron hasta 1945 y de las enseñanzas del Budismo.

El concepto de permitir que una fuerza superior se salga con la suya, es un elemento esencial en muchas de las artes, destrezas y prácticas de Japón, desde su arquitectura tradicional y etiqueta personal, a una gran cantidad de sus famosas artes marciales, tales como el Aikido y el Judo. En ambas prácticas, el más experto de los antagonistas, y los que más tienen oportunidad de triunfar, son aquellos que cambian la fuerza y energía de sus oponentes en contra de ellos mismos. Aún en Kendo, que se practica con la espada, los mejores maestros de Japón en esta disciplina, fueron aquellos que dominaron la técnica de permitir que sus oponentes los atacaran, para darles un golpe fatal cuando estaban en medio de su ataque y ya no podían cambiar su táctica. Esta misma filosofía juega un papel muy significativo en la manera que los japoneses manejan sus asuntos en el presente, tanto en la política como en los negocios. En virtualmente todas las situaciones, la manera tradicional japonesa es la de exponer a los oponentes o contrapartes a que manifiesten y delaten ellos mismos, para luego replicar. Otra característica de esta filosofía y táctica es que el movimiento ganador no es obvio ni repentino. En realidad, lo anterior casi nunca ocurre, porque sería una contradicción de la técnica.

Excepto cuando se encuentran obviamente en una posición superior, los japoneses prefieren que sus oponentes crean y se sientan ganadores, mientras en efecto las ventajas y victoria será de ellos. Dentro del contexto de los negocios, esta filosofía y estrategia se conoce como Sonshite.

Tokutore, que en su traducción literal significa, “Pierda, entonces reciba beneficios”. Esta práctica japonesa sugiere algunas enseñanzas como: Si quiere ganar tiene que invertir y trabajar; en sus encuentros de negocios, deberá primero escuchar al oponente y no menospreciar sus capacidades.

domingo, 28 de febrero de 2016

Mondo

MONDO
Extracto del maestro TAISEN DESHIMARU





En el Zen, un Mondo es un intercambio entre un discípulo y su maestro ( Mon: pregunta, et Do: repuesta). Algunos mondos son celebres e ilustran la transmisión del zen « de mi alma a tu alma ». La repuesta del maestro, que va más allá de la pregunta, toma a veces una forma enigmática y desconcertante en un primer momento.

P. —A propósito de los exámenes de acceso para adquirir los grados, los Dan, un maestro nos dijo un día que tres cosas eran importantes: shin, wasa, thai...el espíritu, la técnica, el cuerpo. ¿Cuál es la más importante?.  
R. —En las artes marciales como en el juego de Go, conocer bien la técnica es muy práctico. Sucede a veces que en un ser joven el cuerpo sirve de elemento fundamental, mientras que en un hombre de más edad, técnica y espíritu predominan. De hecho, lo más importante es shin, el espíritu. Después viene la técnica y el cuerpo. En los demás deportes, sobre todo en Occidente, la fuerza del cuerpo debe ser la más desarrollada. No es este el caso en las artes marciales; en judo, el cuerpo debe ser formado, pero es secundario en relación a la técnica y al espíritu-intuición necesario para aplicarlo bien. Si técnica fuerte y cuerpo fuerte luchan juntos, es la técnica la que vencerá. Si un espíritu fuerte combate una técnica fuerte, es el espíritu el que vencerá ya que sabrá encontrar el punto débil. Se conoce la historia del samurai que, después de una riña, combatía con un obrero. Aquel le hizo un hábil estrangulamiento mortal y el obrero se ahogaba cuando, en la punta de sus dedos, palpo los testículos de su adversario, los cuales agarro y apretó con todas sus fuerzas. Al cabo de algunos instantes, el samurai estuvo obligado a soltar presa, vencido...
El entrenamiento no debe estar concentrado únicamente sobre el desarrollo del cuerpo. Evidentemente, en los torneos modernos, no se lucha a vida o a muerte, sino para ganar puntos: por lo que la fuerza del cuerpo y la técnica es suficiente. En los tiempos antiguos, era completamente de otra manera puesto que la vida se encontraba en juego: entonces la intuición lo decidía todo, como último recurso.
Hoy día, se debería volver a encontrar esto; en cada combate, hacer como si la vida dependiera de él, incluso con los sables de madera. Entonces, las artes marciales encontrarían su verdadero lugar; la práctica de la vía. Si no, no se trata más que de un juego...
Fuerza de cuerpo, técnica y fuerza de espíritu están, de hecho, más o menos en igualdad, pero es siempre shin, el espíritu, el que decide el resultado del combate.
Ya os he contado la historia del samurai que vino a ver al legendario Maestro Miyamoto Musachi, y le pidió que le enseñara la verdadera vía del sable. Este último aceptó. Convertido en su discípulo, el samurai pasaba su tiempo, bajo la orden del maestro, acarreando y cortando leña, yendo a buscar agua a una fuente alejada. Y esto, todos los días, durante un mes, dos meses, un año, tres años. Hoy día, cualquier discípulo hubiera huido al cabo de algunos días, incluso de algunas horas. El samurai continuaba y de hecho, entrenaba su cuerpo. Sin embargo, al cabo de tres años ya no pudo aguantar más y le dijo a su maestro: “¿Pero qué entrenamiento me hace usted seguir aquí? Desde mi llegada no he tocado un sable. ¡Paso mi tiempo cortando leña y transportando agua! ¿Cuándo me iniciara usted?”. “Bueno, bueno”, respondió el maestro. “Voy a enseñarte la técnica, ya que lo deseas.” Le hizo entrar en el doyo y, cada día, desde la mañana hasta la noche, le ordeno que caminara sobre el borde extremo del tatami y que diera así, paso a paso, sin equivocarse, la vuelta a la sala.

P. —Pero esa es exactamente la manera que se debe tomar en el Kendo, un pie en la línea del otro, después deslizarse...
R. —Sí. De esta manera el maestro le enseño la concentración sobre la marcha. Concentrarse sobre un acto, hacerlo perfectamente. Ya que los detalles de la técnica, los trucos, los pasos, son de hecho secundarios con relación a la concentración. Si se está suficientemente concentrado, un gesto, uno solo, es suficiente.
Por consiguiente, el discípulo caminó a lo largo del borde del tatami durante un año. Al cabo de ese tiempo, dijo al maestro: “Yo soy un samurai, he practicado mucho la esgrima, he encontrado a otros maestros de kendo. Ninguno me ha enseñado como usted lo hace. Por favor, enséñeme la verdadera vía del sable.” Bien, dijo el maestro, sígueme. “Lo condujo lejos, a un lugar en el que se encontraba un trozo de madero que atravesaba un precipicio de una profundidad increíble, aterradora”: “He aquí dijo el Maestro, tienes que atravesar este pasaje.” El samurai discípulo no comprendía nada de aquello y, de cara al precipicio, dudaba, sin saber qué hacer. De pronto, oyeron detrás de ellos un toc.toc, el ruido de un bastón de ciego. El ciego, sin prestar atención a su presencia, paso al lado de ellos y atravesó sin dudar, tanteando con su bastón el madero que franqueaba el precipicio. “¡Ah pensó el samurai, empiezo a comprender. Si el ciego atraviesa así, yo debo hacer lo mismo.” En este instante el Maestro le dijo: “Durante un año, has caminado sobre el borde del tatami que es más estrecho que este tronco, así que debes pasar.” El samurai comprendió y...atravesó de una vez el puente. El entrenamiento estaba completo: el del cuerpo durante tres años; el de la concentración sobre una técnica (la marcha) durante un año, y el del espíritu de cara al precipicio, de cara a la muerte.

P.--¿Pero por qué el espíritu es lo más importante?
R. —Porque, a última hora, es él quien decide.
En las artes marciales japonesas, desde los tiempos antiguos, un solo gesto justo provocaba la muerte. De aquí viene la lentitud, la concentración de los movimientos antes del ataque, Un golpe, y se acabó: un muerto, algunas veces dos, si se daban los golpes justos. Todo se juega en un instante. En este instante, el espíritu decide todo, técnica y cuerpo lo siguen. En todos los deportes de hoy día existe un tiempo de espera. En las artes marciales no hay tiempo de espera: si se le espera aunque solo sea un poco, el espíritu debe estar sin cesar concentrado sobre la situación, dispuesto a atacar o reaccionar. De aquí su importancia primordial.

P. —Pero ¿cómo elegir la técnica de ataque?
R.---No es cuestión de elegir. Ello debe hacerse inconscientemente, automáticamente, naturalmente. El pensamiento no puede intervenir ya que si no, hay tiempo de espera, por consiguiente fallo. La conciencia permanente, despierta de la situación global es pues esencial para que surja el gesto justo: la conciencia selecciona un golpe, técnica y cuerpo parten hacia delante. Y se acabó.

P---Por ejemplo en kendo. Hay un golpe llamado debana wasa: se trata de atacar antes de que el adversario lo haga, de golpear antes de que él golpee. Por consiguiente, en esta técnica del debana, la intuición es en efecto muy importante.
R.---¡La intuición es siempre esencial! Si el adversario os da un golpe inesperado, debéis tener entonces la intuición de la parada, la conciencia de la huida. ¡Para salvaros del golpe! Conciencia que provocará la reacción del cuerpo y de la técnica apropiada. ¡Pero si pensáis en ese momento: “Debo utilizar tal o cual técnica”, en el instante de vuestro pensamiento, seréis tocado! La intuición desencadena el cuerpo y la técnica. Cuerpo y conciencia se unen: se piensa con el cuerpo entero, se emplea totalmente en la reacción.
Es por esto por lo que es difícil hacer categorías sobre la importancia o la jerarquía de shin, el espíritu, wasa, la técnica, y tai, el cuerpo. Deben estar unidos, No separados. Es su perfecta unión la que crea el acto justo. No su separación. La unidad total.
En las artes marciales japonesas, la Vía del sable, el kendo, ha sido considerada siempre como el arte más noble de combate, ya que es la que mejor une estos tres factores: conciencia-intuición, cuerpo y técnica.

P.---En el mundo, doce millones de personas practican el kendo, seis millones el judo, cinco millones el kárate, un millón el aikido, y doscientas mil personas el tiro con arco, el kyudo...
R.---En todas estas artes marciales, la unidad entre el espíritu, el cuerpo y la técnica es esencial.

Pensar y después golpear no es el gesto justo. Hay que atrapar suki, la ocasión, la oportunidad. Esto es muy importante. El pensamiento no puede hacerlo. Solamente la conciencia puede atrapar la oportunidad de la acción. El vació en el que hay que actuar.

jueves, 10 de julio de 2014

Cómo surgen los suburis y la Kata de los 31 pasos de Jo. Entrevista con Morihiro Saito

Cómo surgen los suburis y la kata de los 31 pasos de Jo. Entrevista con Morihiro Saito
Aiki News, #74 (April 1987)
Traducido por Daniel Neves






Por la importancia en conocer de donde surgen las diferentes enseñanzas del Aikido, decidimos publicar en nuestro blog, la siguiente entrevista al Shihan Morihiro Saito, realizada por el director de la prestigiosa revista Aikido journal. De seguro nuestros lectores pasaran un buen rato conociendo anécdotas de la historia del Aikido, relatadas por Shaihan M. Saito, con su acostumbrado sentido del humor, espero les sea de utilidad
La siguiente entrevista tuvo lugar en Roma, Italia el 24 de junio de 1986.

¿Cómo enseñaba O-Sensei Jo y Ken en Iwama luego de la guerra? Tenemos entendido que usted ingresó al Iwama dojo en el verano de 1946. ¿Practicaba Jo y Ken así como taijutsu inmediatamente luego de que entró al dojo?

Sí, practicábamos ambos. Como no podíamos practicar en la noche, lo hacíamos en la práctica de la mañana. Después de levantarnos nos sentábamos frente al kamisama en seiza por 40 minutos y luego comenzaba la práctica. La práctica era sólo para uchideshi pero se hizo una excepción y me fue permitido unirme.

¿Quiénes eran los uchideshi en esos días?

El señor Abe, el señor Tohei, el señor Kasuga, el señor Ishihara quien es actualmente la cabeza de Ishihara Sangyo, y algunos otros iban y venían. Kisshomaru Sensei, Tohei Sensei y el señor Abe todos practicaban ken y jo. El señor Yamaguchi también venía a Iwama. Eso era alrededor de 1951 ó 52. El señor Tohei traía a sus estudiantes trayendo arroz desde la prefectura de Tochigi y se quedaban en el dojo para practicar. Él solía venir al dojo en bicicleta al principio. ¡Hoy toma 50 minutos en auto! Así que era difícil llegar desde Tochigi.

De todas maneras, cuando explicaba Aikido siempre decía que taijutsu (técnicas de cuerpo) y las técnicas de ken y jo eran todo lo mismo. Siempre comenzaba su explicación de Aikido usando el ken como se ve en sus películas. En los comienzos de nuestra práctica de ken, O-Sensei sólo nos decía que fuéramos a golpearlo. Eso es todo.

¿No había ningún ataque de tsuki (embestida) con el bokken?

No, en lo absoluto. Él nos decía que lo fuéramos al golpear. La práctica de ken comenzaba desde ahí. Puesto que yo había practicado kendo cuando era pequeño podía lidiar de alguna manera con la situación. Entonces me dijo que preparara un soporte para tan-renuchi (entrenamiento para golpear). Así que junté algo de madera e hice el soporte con eso. Sin embargo, 0-Sensei se enojó y lo rompió con su bokken. Me dijo, “¡Este tipo de madera no sirve!” Luego de eso tuve que pensar en algo. Corté dos pedazos grandes de madera y les puse clavos y los até juntos. Cuando hice eso Sensei me elogió. Pero, aun así duró menos de una semana. Así que golpeábamos en diferentes lugares para cuidar la madera. Luego después de una semana fui otra vez a cortar madera para hacer otro. Había muchos árboles en las colinas en ese entonces. Usamos este dispositivo para entrenar los golpes con el bokken. Esto es entrenamiento para las caderas y los brazos y también para uchikomi (potencia de golpe). Yo mismo lo llamé “tan-renuchi”.

¿ O-Sensei hacía práctica de tanrenuchi a menudo?

Sí, lo hacía. Él decía, “Golpeen otras 100 veces”. 0-Sensei vivía en el otro lado del templo. La casa estaba a 200 metros de distancia del dojo pero ya no existe. Golpeábamos el soporte en la mañana. Si no hacíamos kiai lo suficientemente fuerte, él nos reprendía. Ya que había sólo uno o dos vecinos no teníamos problema. Mientras estábamos practicando, algunos de los deshi se cansaban y dejaban de golpear y sólo gritaban. 0-Sensei podía escuchar sus gritos y sonaba como que estaban entrenado normalmente. Algunos terminaban de gritar desde sus camas. (Risas). Suena a broma pero esa totalmente cierto.

Como entrenamiento avanzado, nos enseñaba lo que ahora llamamos como “Ichi no Tachi” (primera práctica de espada en pareja). Nos enseñó sólo esto por 3 ó 4 años y nada más. Lo único que hacíamos era ir y golpear hasta que estábamos completamente exhaustos y nos poníamos a temblar. Cuando llegábamos al punto en el que no podíamos movernos él hacía una seña de que ya era suficiente y nos dejaba ir. Era lo único que hacíamos en la práctica matutina todos los días. En los últimos años, tuve clases con Sensei casi de manera privada. El señor Tohei se casó y regresó a casa y Kisshomaru Sensei también se casó y fue a Tokio. Los otros uchideshi también se fueron a casa.

¿Qué explicación daba O-Sensei para el jo y ken?

Para la práctica de jo, él movía su jo rápidamente frente a nosotros. Nosotros sólo lo imitábamos. Cuando no podíamos hacerlo él decía, “¡si miran con cuidado entenderán!”. Entonces él mostraba el movimiento otra vez pero más rápido. Era todavía más difícil de entender. Entonces decía otra vez, “¡si miran con cuidado entenderán!”, y lo hacía todavía más rápido. Terminábamos sin entender nada en absoluto (Risas). Él blandía el jo de varias formas cuando nos mostraba los movimientos. Nos daba una explicación de cómo era utilizada una técnica dependiendo del tipo de ataque. Esto era diferente de las prácticas de awase o con compañero. Él lo hacía sin compañero. Sólo imaginaba que tenía un enemigo en frente de él y rápidamente mostraba técnicas para varias situaciones como cuando se es atacado de una manera dada tanto sea por una embestida o un golpe.

¿ O-Sensei dio nombres a los movimientos de jo?

No, sin nombres. Sólo nos decía hacer esto o lo otro. Los nombres se usaron mucho más tarde. Cuando yo mismo comencé a enseñar me di cuenta de que la manera de enseñar de O-Sensei no sería apropiada así que clasifiqué y arreglé sus técnicas de jo. Arreglé todo en 20 movimientos básicos. Los llamé “suburi” los que incluían tsuki (embestida), uchikomi (golpe), hassogaeshi (movimientos de ocho) y así, para que fuera más fácil para los alumnos practicarlos.

¿Cuánto tiempo después de que usted entrara al Iwama dojo comenzaron a llegar para entrenar los estudiantes universitarios?

Empezaron a llegar mientras O-Sensei todavía estaba activo. Alumnos de la Universidad Kanagawa, Tohoku Gakuin y Universidad Ibaragi llegaban a Iwama cada año mientras O-Sensei y su esposa estaban aún bien. O-Sensei reprendía a sus alumnos en Hombu Dojo si usaban el jo o ken pero me miraba enseñar a los estudiantes estas armas frente al santuario por la mañana con una sonrisa en su rostro. No sé que distinción hacía entre nosotros pero había alguna con seguridad.

¿Usted les enseñaba a los estudiantes universitarios los kata que desarrolló?

No. Eso sucedió tiempo después. O-Sensei se hubiera enojado si practicábamos de un modo uno-dos-tres. Su manera de enseñar podía estar bien para instrucción privada pero cuando se tiene que enseñar a 30 ó 40 alumnos todos juntos el método uno-dos-tres es el único efectivo. Por esto fue que le di a cada movimiento de suburi un número. Luego se desarrolló en el kata de jo de 31 movimientos. En años posteriores fui visitado por uno de los alumnos de ese período. Creo que era un estudiante de la Universidad de Educación Miyagi. Dijo, “Sensei, ¿no era el kata de 24 movimientos? Le respondí “¡Ahora tenemos 31!” (Risas). En ese tiempo teníamos 24 movimientos. Tal vez incluimos algunos de los movimientos de jo en hayagaeshi y se llegó a los 24 movimientos. Sin embargo, no era lo suficientemente fácil para aprender y dividí los movimientos en 31. La gente empezó a llamarlo “el kata de jo de 31 movimientos ” sin que me diera cuenta de esto.

Cuando se me enseñó el suburi de espada tenía el hábito de revolear al estilo de kendo. O-Sensei dijo que eso no era bueno y me tuvo haciendo práctica de suburi parcial. Primero se debe practicar el suburi para poder ser capaz de practicar el kumitachi. Es lo mismo que aprender cómo atrapar una bola primero antes de poder jugar baseball. Las bases que deben aprenderse para el kumijo y el kumitachi son los suburi. Por esto es que creé el suburi de siete movimientos para la espada. No debería practicarse el kumitachi antes de dominar estos siete. No es posible hacerlo y hay posibilidades de que se lastime. Si pasa a la práctica de kumitachi después de aprender los suburi y awase (práctica con compañero), aprenderá buena forma y no se lastimará. Para el kumijo debería primero aprender el kata de 31 movimientos y los 20 suburi apropiadamente. Este es el orden correcto de práctica. Para el taijutsu practicamos técnicas en las que fluye el ki sólo luego de haber practicado lo básico. No puede llamar lo que hacemos arte marcial si practica sólo técnicas de ki ignorando lo básico.

Cuando O-Sensei mostraba los movimientos del ken y el jo, parece que lo hacía bastante rápido. Imagino que es lo que pasaba con el kata de jo de 31 también.

Aunque él no usaba el método de uno-dos-tres siempre nos enseñaba con paciencia y explicaba en detalle lo que debíamos hacer. El kata del señor Tohei tiene un conteo menor y por eso la gente dice que a él le enseñó de una manera y a mí de otra. Pero no estoy seguro de eso. O-Sensei también me mostró diferentes kata. Sin embargo, sólo recuerdo la mitad de ellos. El “kata de jo de 13 movimientos” es uno que creé imitando esos kata que recuerdo.

Parece que el kata de 31 movimientos realmente forma la base de su práctica de jo.

Sí, pero dado que es una forma que el Fundador nos dejó no deberíamos llamarlo el “kata de 31 movimientos “. Como alumno del Fundador, no puedo hacer cambio alguno al kumitachi o kata de 31. Otros son libres de hacer cambios pero mientras esté a cargo del dojo de O-Sensei debo hacer exactamente lo que aprendí de Sensei. Por ejemplo, el segundo kumitachi es más difícil que el tercero. Alguien sugirió que debería reemplazar el segundo con el tercero porque nadie podría saber la diferencia. Pero le dije que no haría eso porque yo sabría la diferencia.

¿O-Sensei le dio alguna explicación acerca de cómo él estudió el ken y el jo o dónde se originaron esas artes?

Una vez me mostró una copia de un manuscrito sobre kata. No recuerdo que escuela era pero había una persona que había estado investigando este arte y vino a ver a O-Sensei con una copia de ese manuscrito. Por copia quiero decir un documento copiado a mano. El Fundador le contó acerca del arte y él regresó a casa satisfecho dejando la copia que había traído al dojo. Él me mostró esta copia cuando estaba arreglando sus pertenencias en la vieja casa. Me dijo que la viera. Usted sabe que hago variaciones de los cinco kumitachi. Bien, en esa copia había términos como “riari” y “tokuari” que estaban escritos con tinta sumi. Estos riari y tokuari eran las variaciones que hago. Sensei me mostró esa copia y me explicó que este riari significa esto y este tokuari es la variación de esta forma. Pero, una vez que el Fundador realizó estos movimientos se volvieron de la “forma aiki” o estilo Ueshiba.

Hubiera sido interesante investigar más sobre este arte predecesor.


No sé qué era ni Kisshomaru Sensei parece saberlo. Usted sabe que tengo una serie de fotos tomadas por (la editorial) Kodansha en el viejo Noma dojo. Encontré estas fotos que estaban medio destruidas y se veían como basura, cuando estaba ordenando en un depósito. Su color había cambiado. Cuando le dije a O-Sensei sobre las fotos dijo que no las necesitaría y me las dio.

martes, 28 de enero de 2014

Ki Musubi, Principio de Aikido

KI MUSUBI, PRINCIPIO DE AIKIDO

Por: Yasunari Kitaura
Gernika, Abril de 1994




Aikido, creado por Morihei Ueshiba (1883-1969), es, como se conoce hoy universalmente, una de las artes marciales modernas más sobresalientes del Japón, y su fundación es algo posterior a la ceración de Judo por Jigoro Kano, mucho más ampliamente conocido difundido que Aikido. Jirogo Kano admiró realmente el arte de su colega más joven, Morihei Ueshiba, hasta llegar a decir que "esto es lo que verdaderamente encarna el espíritu de Judo como yo lo concibo".
Junto con Judo, pero en otro sentido que éste, Aikido ciertamente encarna la esencia del verdadero Budo (las artes marciales) del Japón. A diferencia de Judo, que incorporando el sistema de competición prevaleciente en los deportes occidentales se convirtió en una de las pruebas olímpicas, Aikido no adopta este sistema perseverante en aquella forma tradicional de práctica, que lo aventaja, al menos, en los dos puntos siguientes: el poder conservar la pureza formal y, sobre todo, el poder concentrarse en la esencia, el sentido interior, que es nuestro verdadero tema que ante el interés por la victoria a toda costa podría alterarse, marginarse o eliminarse.
Pero, no es únicamente en su forma de entrenamiento Lo que Aikido conserva de la tradición autóctona, ni mucho menos. A Medida que se acumulan nuestras experiencias y se enriquece nuestro conocimiento, quedamos cada vez más maravillados por lo profundo que es el enraizamiento de Aikido en la tradición de Budo y de la cultura en general de nuestro país, no sólo en su aspecto formal y técnico, sino también en el teórico-filosófico y la cosmovisión que lo sustenta. Nos damos cuenta de que lo que fundamenta cada detalle de subsistema técnico y de su modo de desenvolverse no es sino, en lo principal, lo que caracteriza la técnica tradicional de la espada japonesa. A pesar de esto, no obstante, Aikido ha superado admirablemente toda esta tradición al mismo tiempo. Y esto es cierto, más que en ningún otro aspecto, en lo que respecta a su contenido, su espíritu. Aikido no abandona, como su modalidad, la forma de combate: es un arte marcial, es una disciplina de Budo. Sin embargo, no es, en su esencia, un simple arte marcial. Conservando rigurosamente su forma, su disciplina marcial, se ha transformado desde dentro en algo nuevo, diferente. ¿Qué quiere decir esto?.
En Aikido existe un importante aspecto del que carece cualquiera de las artes marciales tradicionales que constituyeron sus fuentes, así como de las modernas, practicadas hoy en el mundo entero (Judo, kárate, Kendo, etc.): es lo que constituye su principio, aiki, armonizar o, más explícitamente, unificar ki (=energía mental y física). El mismo principio es llamado también -y más técnicamente-kimusubi, que he preferido utilizar en esta charla. En comparación con este último termino, la palabra aiki tiene un significado más amplio y filosófico. Pero, ambos términos son aproximadamente sinónimos. El pensamiento y práctica de resolver el conflicto por medio de unificar ki, y no oponiéndolo, es lo que caracteriza fundamentalmente esta disciplina y la distingue de las demás. En lugar de querer aplastar al rival con una fuerza y técnica superiores, trata de unificar el propio ki con el del otro, estableciendo un vínculo directo entre el propio centro vital, hara, y el del otro y así reducir la inicial dualidad a una unidad--- este procedimiento singular llamamos kimusubi, el establecer el nudo o unión de ki. Esto, sin embargo, tiene un contenido y proceso muy concreto, real, y, por lo tanto, no tiene nada común con una vaga metafísica soñadora con un romanticismo sentimental o, menos aún, con una hechicería. La realización de este principio, su concreto desarrollo constituye precisamente el sistema técnico rigurosamente elaborado de Aikido, que nos fascina por su eficacia, riqueza, elegancia, pureza y coherencia. Consideramos que Aikido pertenece a aquellas pocas actividades humanas que son rigurosamente gobernadas por sus propios principios de proyección universal. Su asimilación aceptable requiere, por supuesto, una práctica asidua y prolongada según el método correcto.
Kimusubi, establecer la unión de ki, significa que, previendo una fracción de segundo antes del ataque del otro, uno trata de armonizar con él en lugar de oponerse contra él. No luchar, ni contener. Por no contender, no solamente no choca con el otro, ni lo daña, sino, al contrario, dócilmente se le adapta y le sigue. Es decir, en este momento desaparece o muere el propio yo, por decirlo así. Sin embargo, en realidad el sujeto que ejecuta esta acción a primera vista completamente pasiva de obedecer a la intención del otro, no es sino el propio yo (el centro vital), firme y decidido del atacado. De modo que éste, por medio de obedecer con docilidad a la energía dirigida del atacante se convierte en el núcleo dinámico obedecer con docilidad a la energía dirigida del atacante se convierte en el núcleo dinámico del conjunto. El que domina ahora la situación con absoluto señorío es el atacado. El fenómeno llamado combate, esta especie de vida sumamente activa, gira en torno a él. Pero, su naturaleza se ha transformado; ya no encierra en su entraña aquella pugna hostil. Al contrario, todo emana con serenidad desde el centro. El caos agitado desaparece, y nace un nuevo cosmos armónico.
Esta inversión de la situación no se produce por primera vez al final del proceso, sino al comienzo del proceso, al instante mismo del contacto entre los dos. En realidad, incluso cabe decir que ella se produce "antes del combate", anterior a todo proceso combativo que se desencadena en el espacio-tiempo real. Esto es real en el caso, de un auténtico experto. Pero, muchas veces en la mano de un inexperto cae en una fantasía sin fundamento. Por tanto conviene elaborarlo paso a paso en un estudio concreto. Un tipo de ataque hoy poco habitual como apretar la muñeca del otro (antaño tuvo sin duda su mayor sentido práctico cuando los hombres llevaban armas blancas), pero que en Aikido forma parte de uno de los ejercicios básicos, ofrece un medio excelente para este motivo. Aquí no podemos entrar en detalle, pero una respuesta correcta a este ataque hace que la fuerza agresora quede completamente integrada en la estructura dinámica del agredido centrada en su hara, el centro vital suyo situado en el abdomen inferior. Mediante ejercicios sumamente simples uno puede experimentar el proceso con palpable claridad. Dentro de la estructura dinámica total o, según la expresión más usada de Aikido, dentro de la corriente global de ki, la parte apretada se convierte en el conducto del ki que fluye: el ki del atacante y el otro del atacado que sale del propio centro. Un principiante comienza por aprender, junto con la respiración regulada, a crear la firmeza en su centro al mismo tiempo que relajarse en el resto (los hombros, codos, etc.) con el fin de no obstruir sino dejar fluir libremente su ki, con naturalidad. Aquí se ve con claridad el sutil cambio producido en el carácter del combate.

Más que en cómo liberarse de una agresión, su interés se centra en cómo recuperar y procurar mantener la unidad de ki, que hay que dejar fluir y expandirse libremente. La mente, la respiración y el movimiento corporal se asimilan y se hacen uno. El centro de atención claramente se desplaza hacia otro lado que el puramente físico y material sin que se desconecte de él. La acción ya no es un mero ejercicio físico, sino psíquico o espiritual ya que requiere una mayor concentración y lucidez mental. Sin dejar de ser una actividad intensamente física, la de Aikido adquiere un carácter netamente distinto por ser vista y tratada desde dentro, como un fenómeno energético fluido, como un fenómeno de ki, que, por su naturaleza está más cerca a nuestra mente que nuestro cuerpo y que, por tanto se identifica, en cierto modo, con nuestro ánimo, pensamiento y voluntad, considerados como una fuerza real. Siendo una actividad corporal, Aikido se hace paradójicamente incorpóreo en este sentido. Una preponderancia física queda reducida a segundo término. Un principiante tiene que atravesar una etapa relativamente larga antes de adquirir este sentido de trabajar con ki y no con una fuerza muscular. En Aikido no tratamos nuestro cuerpo como una determinada masa con un determinado peso ---una de las razones de no acogerse en Aikido al sistema de pesos diferenciados adoptado en otros deportes---, sino como un flujo dinámico, como una vida misma en su estado vivo y activo en su espacio, en su ambiente, donde se encuentran también otras vidas activas. Visto así, un combate se presenta como un esfuerzo de organizar su propia vida en medio de otros flujos vitales v dinámicos. El espaciol leno de flujo vital, y el yo que es otro flujo vital, ---la relación de combate se reduce, desde el punto de vista del sujeto interesado a este esquema esencial. Por consiguiente, el dualismo, a primera vista irreductible, se reducea una actividad o vida fundamentalmente autónoma, en la que participan, cada uno a su manera, todos los demás. Lo dicho acerca de una cogida de mano, se aplica exactamente también a otros tipos de ataque como por ejemplo, un golpe de espada. El cambio que se produce entre las dos formas de ataque, a primera vista grande, se reduce al mínimo cuando son observados ambos fenómenos como un flujo de ki. Su paso no es discontinuo, sino continuo y gradual.

Como acabamos de ver, si una acción llamada combate está gobernada desde el principio hasta el fin y en cada instante de todo su proceso por el principio llamado kimusubi, unión de ki, se comprende con facilidad que ya no se trata de la superioridad física o técnica lo que realmente cuenta aquí, entendiendo por "técnica" en sentido usual, o sea, una habilidad mecánica. Para afrontar una puñalada, por ejemplo, nuestro problema real no consiste tanto en elaborar una destreza técnica para evitarla ---en este caso nunca se establece la unión de ki, como en lograr establecer el kimusubi con este flujo energético. Es una cuestión de percepción y entendimiento a la vez que de captación y comunicación en un nivel más profundo que en los planos meramente físico, psicológico e intelectual. Es una captación radical. Y el cuerpo bien entrenado responde de forma natural y espontánea a esta captación. Como hemos visto, la atención de un practicante de aikido se dirige, más que hacia fuera, hacia dentro de sí mismo. Pero, con el fin de evitar un malentendido conviene insistir que él no ignora en modo alguno de la seriedad de su situación real de estar frente a un enemigo que le ataca. Pero, lo capta desde dentro, desde su núcleo, su raíz, lo capta radicalmente. Su captación es esencial, no meramente física o superficial. Y, por otra parte, para realizar esta captación esencial y radical, él mismo tiene que partir de su propia raíz, de su profundidad. Tiene que actuar de forma esencial y radical, de tal manera que antes debe sumergirse en sí mismo hasta llegara su estrato más profundo y encontrar allí su último reducto inherente para poder desarrollar su acción contundente. Una captación radical es únicamente realizable desde este centro. En realidad, al descender hasta aquí, no sólo encuentra su propia fuente de acción, sino también la del otro. Ambas se encuentran aquí unidas. Un mínimo síntoma de cambio en la acción del contrincante se detecta, por tanto, con transparencia e inmediatez. Y esto no es sino el sentido de kimusubi.
Una de las actividades más sangrientas y, por tanto, más reales en el sentido físico y vital como un combate (no nos referimos a una competición deportiva con sus reglamentos, sino a un duelo) se interioriza profundamente de esta manera. Sin embargo, la interiorización se distingue fundamentalmente de una meditación o una oración o un pensamiento filosófico por permanecer en medio de una acción violenta llamada combate. Pertenece, pues, francamente más a la vida activa que a la contemplativa. Comprendemos, sin embargo, al mismo tiempo, que esta acción misma se ha convertido en una especie de meditación en algo que nos cuesta distinguir de ella. Y de esta manera el combate se ha superado paradójicamente a sí mismo. El Budo ha dejado de ser un acto salvaje y destructor, y se ha hecho creativo y espiritual. Morihei Ueshiba llamó a este Budo creativo "Takemusuaiki'. La vida activa se ha hecho a la vez contemplativa.
Una vez comprendida esta actitud básica que constituye el principio de Aikido, se comprende al mismo tiempo que ella ya no se restringe a una relación de contienda entre un individuo y otro o entre uno y múltiples. Trasciende a este nivel en cierto modo trivial, y alcanza una dimensión más importante y general. Pues, lo que es válido en un combate individual lo es también en una relación establecida entre un individuo y el conjunto de su mundo circundante, esto es, la Naturaleza, el Universo. Aquella misma actitud requerida en un combate define igualmente la vida de un hombre ante y en su mundo. El problema es, pues, esencialmente del hombre que se encuentra en su mundo. No la esclavitud o perdición, sino la libertad y plenitud del hombre, por un lado, y su situación armónica en su circunstancia, por otro; éstas son dos premisas que a menudo se contradicen y nos plantean problemas de difícil solución. Pero, la libertad y plenitud del hombre es únicamente posible cuando su situación en su circunstancia sea armónica; o sea, la última premisa es la premisa de la primera. Y el desarrollo saludable de la circunstancia o del ámbito humano y natural es la premisa de todo lo demás. En definitiva, el proteger y alentar la vida en su ambiente idóneo, en sentido amplio y elevado al mismo tiempo, es lo que se puede considerar la tarea del hombre más necesaria y urgente en este momento. Y esta tarea es justamente la que consideró suya también el creador de Aikido Morihei Ueshiba.
Pero, desde el punto de vista filosófico o epistemológico, Aikido nos ofrece una sugerencia sumamente interesante para resolver un problema serio y difícil: llenar el abismo y realizar una unificación entre el sujeto y el objeto o entre el yo y el mundo exterior sin acudir a recursos falsos como una "proyección subjetiva". Es un intento atrevido, a primera vista irrealizable, de encontrar una unidad íntima y radical entre el yo y el otro, reconociendo y respetando clara y rigurosamente su objetividad. ¡Y Aikido lo consigue con una ingenuidad y sencillez asombrosas!.


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