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miércoles, 28 de marzo de 2018

Cinco lecciones de liderazgo del Aikido


Cinco lecciones de liderazgo del Aikido

https://medium.com/espanol/five-get-out-of-your-own-way-leadership-skills-from-aikido-8af613b07482

 

El Aikido, como arte marcial, es un estudio de la energía, tanto la tuya como la de tu oponente, y en un contexto más amplio se puede aplicar a la vida y al liderazgo. Puede que ya estés poniendo en práctica algunas de las habilidades que se mencionan en este artículo, pero una práctica físico-mental como el Aikido puede ayudarle a afinar estas habilidades aún más.

Piensa que lo que te aporta el tatami en el dojo es un estudio microscópico y a la vez intenso sobre la fusión de cuerpo, mente y espíritu. Estos tres elementos deben estar en sintonía para el ‘ser’. Por eso al Aikido se le llama a veces ‘meditación en movimiento’. Todo esto puedes aplicarlo a tu estilo de liderazgo.

1. Armonizar, fusionarse con el problema vs atacar un problema. Salir de tu propio camino

El Aikido es diferente a otras artes marciales de combate. En lugar de enfrentarse o atajar un problema de frente, que puede que no funcione, elige el camino de la menor resistencia y no-conflicto, fusionándose, uniendo tu energía con la de tu oponente para crear un movimiento perfecto. De forma similar, cuando te enfrentas a un problema en el trabajo, no debes abordarlo atacándolo desde fuera, sino que debes trabajar desde dentro para encontrar una solución que obtenga el mejor resultado posible. Soluciona los defectos viendo a través de ellos.

2. Sincera y pura intención

En la práctica del Aikido, la intención debe ser pura. Los movimientos son sutiles, rápidos, y tanto el estudiante como su acompañante deben atacar con sinceridad para que la respuesta sea auténtica. Si no se ejecuta la técnica de forma apropiada con el cuidado de ambos, puedes resultar herido. Al igual que con la ejecución de un plan de negocio o gestionando un equipo, sé valiente: debes ser transparente en tus objetivos y ejecución. Debes liderar con la mente clara. Sin intentarlo a medias tintas.

3. Uso óptimo de energía y recursos

Haz la ‘respiración acompasada’. El Aikido hace hincapié en el uso óptimo de la energía. Movimientos circulares y un leve giro en la cadera marcan la diferencia en la práctica, haciéndote descubrir el poder que se encuentra dentro de ti. Hay un movimiento en Aikido llamado kokyu nage, o ‘respiración acompasada’. Haciendo uso de la energía de tu centro eres capaz de derribar a tu pareja sin mucho esfuerzo. Realiza un seguimiento de dónde y cómo se van a implementar tus recursos. Para el lanzamiento con éxito de un producto que satisfaga a tus clientes, debes estar enfocado, no disperso. Mantener el foco, el centro, te ayudará a ti y a tus empleados a permanecer fiel a tu visión.

4. Músculos flexibles. Empatía y escucha

El Aikido es ideal para desarrollar la empatía. No hay competición, sino repetición de movimientos con diferentes compañeros. Cada uno aporta su propia experiencia y perspectiva. Te fusionas con su energía, y él con la tuya. Como buen compañero necesitas ajustarte a los diferentes niveles de ‘comunicación’. Tu equipo de trabajo tendrá distintas expectativas y perfiles. Deberás ser un comunicador flexible y, sobre todo, saber escuchar.

5. Auto-maestría. Ajustar y repetir

El estudio del aikido dura toda una vida. A pesar de la repetición de movimiento, nunca es estático, como una corriente de agua–siempre aprender algo nuevo cada día. O-Sensei Morihei Ueshiba, fundador del Aikido (también conocido como O-Sensei / ‘Gran Maestro / Profesor’) comentó que sólo entendió de verdad la esencia del aikido en la última etapa de su vida. Como tocar un instrumento musical, se mejora con la práctica. Ajustando y repitiendo. Así serás un buen líder.

El Aikido, gestionar un equipo o montar un negocio comparten ciertas similitudes, es como crear una obra de arte.

Crea tu obra maestra.

 

jueves, 28 de septiembre de 2017

Actitud después del examen


Actitud después del examen

(Extraído de: “AIKIDO, Etiquette et Transmission; Manuel a l’Usage des Professeurs”, Tamura Nobuyoshi. Les Éditions du Soleil Levant 1991, pg 94-96.)

Tomado de http://aikido.javierdemaria.es/?page_id=173

 

 


 

Reflexión de Tamura Sensei sobre la actitud del candidato a dan después de aprobar el examen.

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Toda persona se alegra de pasar satisfactoriamente un examen de dan. Lo que no es una razón para salir del Dojo sin saludar o abrazarse felicitándose sobre el tatami; actitud que no podemos alentar. Pasar un grado o ganar una competición, son dos actos de naturaleza bien distinta.

La primera de las cosas que hay que hacer es dar las gracias a los miembros del jurado, después al propio profesor y a los senpais, siendo a partir de este momento, cuando podemos compartir nuestra alegría con los amigos. También en Francia al comienzo de mi estancia allí, los practicantes que acababan de pasar su examen, ofrecían a sus profesores una pequeña fiesta en un bar y no dudaba en descorchar una botella de champán. Incluso cuando yo era uchi-deshi, las personas de educación tradicional ofrecían al maestro, a sus senpai y a los amigos practicantes, una comida de agradecimiento.

Claro está, que para los jóvenes puede existir una dificultad material, pero ¿no habría ningún medio de hacer por lo menos la intención y de ofrecer, por ejemplo, un aperitivo para señalar la ocasión? Y si todavía esto fuera mucho, lo menos que uno puede hacer es dar las gracias. Es seguro, que el haber podido pasar de grado se debe al trabajo, a los esfuerzos y a la disposición personal, pero no hay que olvidar por ello, la ayuda recibida del profesor, de los senpai y los estímulos de los camaradas de trabajo.

Es preciso pues educar a los alumnos en este sentido. Es bueno escuchar las observaciones sobre nuestra propia actitud en el momento del examen y el pedir la opinión del propio profesor y de los compañeros más antiguos para hacer de ello una base de trabajo.

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martes, 25 de julio de 2017

Cuatro mentiras y una gran verdad sobre los grados


Cuatro mentiras y una gran verdad sobre los grados

Tomado de: Blog de Artes Marciales Kidokan

Juan Antonio García Ruiz, Exclusivo MasTKD





 

 

El tema de los grados es un asunto bastante controvertido en el mundo no solo del Taekwondo sino de las artes marciales en general. Cada artista marcial hace una valoración personal de la importancia que pueda tener un grado, pero existen ciertas corrientes de pensamiento, en ocasiones erróneas. Queremos poner de manifiesto cuatro cuestiones que a veces se dan por ciertas, y mostrar, tras un breve análisis, que tal vez y a nuestro juicio, no lo son. Completaremos esta reflexión con lo que consideramos una de las pocas afirmaciones ciertas que pueden hacerse en relación a los grados.

1. El Cinturón Negro acredita la maestría

Rotundamente falso. El neófito puede tender a pensar que un Cinturón Negro de cualquier arte marcial es un conocedor profundo del sistema, que ha alcanzado las más altas cotas marciales. En definitiva, un maestro. Pero todos sabemos que no es así. Empleando el símil de la carpintería, el Cinturón Negro no tiene nada que ver con ser un maestro carpintero, sino más bien con el aprendiz que sabe cortar con el serrucho, que puede clavar una puntilla, y que dispone de las habilidades necesarias para empezar a aprender el oficio, pero que aún no sabe fabricar un mueble. Un Cinturón Negro no es un artista marcial completo, es un primer paso de un proyecto de artista marcial que echa a andar.

2. A mayor grado, mayor nivel técnico

Pues, en los grados más altos, desde luego que no. El grado no representa solamente el nivel técnico. Al principio, en cinturones bajos, es posible. En estos casos la técnica puede ser el ámbito más importante del examen, y el color del cinturón reflejará en buena medida la capacidad técnica, aunque hay otras cosas. Pero según avanzamos, y especialmente a partir de grados como 4º o 5º Dan, el nivel técnico puede presuponerse, puesto que no se habría llegado hasta ahí sin él. En general, además de la técnica se tienen en cuenta otros factores, como la dedicación al arte en cuestión, los conocimientos adquiridos durante los años de práctica, la trayectoria como artista marcial y como profesor (si la hubiera), etc. Además hay que señalar que, normalmente, a mayor grado más edad y por tanto menos facultades físicas, que repercuten en la técnica. Es muy probable que un 3er Dan de 25 años exhiba una técnica más precisa que un 8º Dan de 80 años. ¿O no? Por tanto recuerda: cuando veas a algún maestro con un alto grado ejecutando técnicas y alguien te diga “no tiene nivel para ser 6º Dan, un 3er. Dan es mejor”, deberías preguntarte de qué estás hablando realmente.

3. Los grados “oficiales” son los que tienen valor real

Se habla de que los grados federativos son oficiales. Y es cierto. Tienen validez en oposiciones, promoción dentro de las administraciones públicas, etc. Están avalados por las federaciones deportivas correspondientes o los entes deportivos gubernamentales de cada país. Y ésta es la clave: federaciones deportivas y los entes deportivos gubernamentales. Las artes marciales, para muchos, no son un deporte. Y existe cierta incongruencia en que un ente deportivo otorgue grados marciales. Además, el ámbito territorial de estos diplomas “oficiales” es únicamente nacional. Por ejemplo, si un karateka español con un 4ºDan por la Federación Española de Karate va a Japón, podrá pedir a la Federación Japonesa una convalidación de su grado allí, pero tal vez no se lo reconozcan. O le reconozcan solamente el 1er Dan. Hay convenios con algunos países, pero no es nada universal, ni mucho menos.

Por otro lado, la falta de regularización permite que una asociación otorgue sus propios grados, con validez solamente en el seno de esta organización, pero que también serán “oficiales” si la asociación está debidamente registrada. Probablemente no servirán para obtener puntos en unas oposiciones, pero tienen todo el valor que el practicante quiera darles. Para un artista marcial, puede tener mucho más valor un grado reconocido por un maestro de prestigio internacional que por un tribunal federativo.

Y todo ello sin nombrar aquellas artes marciales que no se encuentran incluidas como disciplina asociada a ninguna federación, lo que imposibilita la obtención de un diploma oficial. ¿Quién otorga los grados “oficiales” de Krav Maga? ¿Los cinturones y danes de Aikido no tienen validez?.

Ojo, hablamos de grados, no de titulaciones de enseñanza. Éstas ya han sido reguladas por el estado y solamente pueden ser otorgadas por la administración pública.

4. Un alto grado es un buen maestro

O no. Un buen maestro suele ser un alto grado, pero no lo es necesariamente. Del mismo modo, un alto grado puede ser un buen maestro, pero también puede no serlo.

Ser un buen maestro seguramente requiere del nivel técnico, de conocimiento y experiencia marcial que puede asociarse a un grado alto, pero también de cualidades que nada tiene que ver directamente con las artes marciales: vocación de enseñar, habilidades de comunicación y capacidad para dirigir un proceso de aprendizaje. No todo el mundo sabe transmitir sus conocimientos, su experiencia, sus sensaciones, ni inculcar los valores por los que se rige su vida. Los que sí saben hacerlo… esos son los buenos maestros.

En definitiva, podemos decir sin temor a equivocarnos que los grados tienen el valor que les queramos dar, pero el que manda de verdad es el tatami. La manera de comportarse, la comprensión de la práctica, la ejecución de la técnica y lo que uno transmite en el tatami; es imposible sustituir todo esto por un diploma, un carnet o un cinturón de colores.

Teniendo en cuenta todos estos factores… ¿a quién le importa el grado?.

domingo, 28 de febrero de 2016

Mondo

MONDO
Extracto del maestro TAISEN DESHIMARU





En el Zen, un Mondo es un intercambio entre un discípulo y su maestro ( Mon: pregunta, et Do: repuesta). Algunos mondos son celebres e ilustran la transmisión del zen « de mi alma a tu alma ». La repuesta del maestro, que va más allá de la pregunta, toma a veces una forma enigmática y desconcertante en un primer momento.

P. —A propósito de los exámenes de acceso para adquirir los grados, los Dan, un maestro nos dijo un día que tres cosas eran importantes: shin, wasa, thai...el espíritu, la técnica, el cuerpo. ¿Cuál es la más importante?.  
R. —En las artes marciales como en el juego de Go, conocer bien la técnica es muy práctico. Sucede a veces que en un ser joven el cuerpo sirve de elemento fundamental, mientras que en un hombre de más edad, técnica y espíritu predominan. De hecho, lo más importante es shin, el espíritu. Después viene la técnica y el cuerpo. En los demás deportes, sobre todo en Occidente, la fuerza del cuerpo debe ser la más desarrollada. No es este el caso en las artes marciales; en judo, el cuerpo debe ser formado, pero es secundario en relación a la técnica y al espíritu-intuición necesario para aplicarlo bien. Si técnica fuerte y cuerpo fuerte luchan juntos, es la técnica la que vencerá. Si un espíritu fuerte combate una técnica fuerte, es el espíritu el que vencerá ya que sabrá encontrar el punto débil. Se conoce la historia del samurai que, después de una riña, combatía con un obrero. Aquel le hizo un hábil estrangulamiento mortal y el obrero se ahogaba cuando, en la punta de sus dedos, palpo los testículos de su adversario, los cuales agarro y apretó con todas sus fuerzas. Al cabo de algunos instantes, el samurai estuvo obligado a soltar presa, vencido...
El entrenamiento no debe estar concentrado únicamente sobre el desarrollo del cuerpo. Evidentemente, en los torneos modernos, no se lucha a vida o a muerte, sino para ganar puntos: por lo que la fuerza del cuerpo y la técnica es suficiente. En los tiempos antiguos, era completamente de otra manera puesto que la vida se encontraba en juego: entonces la intuición lo decidía todo, como último recurso.
Hoy día, se debería volver a encontrar esto; en cada combate, hacer como si la vida dependiera de él, incluso con los sables de madera. Entonces, las artes marciales encontrarían su verdadero lugar; la práctica de la vía. Si no, no se trata más que de un juego...
Fuerza de cuerpo, técnica y fuerza de espíritu están, de hecho, más o menos en igualdad, pero es siempre shin, el espíritu, el que decide el resultado del combate.
Ya os he contado la historia del samurai que vino a ver al legendario Maestro Miyamoto Musachi, y le pidió que le enseñara la verdadera vía del sable. Este último aceptó. Convertido en su discípulo, el samurai pasaba su tiempo, bajo la orden del maestro, acarreando y cortando leña, yendo a buscar agua a una fuente alejada. Y esto, todos los días, durante un mes, dos meses, un año, tres años. Hoy día, cualquier discípulo hubiera huido al cabo de algunos días, incluso de algunas horas. El samurai continuaba y de hecho, entrenaba su cuerpo. Sin embargo, al cabo de tres años ya no pudo aguantar más y le dijo a su maestro: “¿Pero qué entrenamiento me hace usted seguir aquí? Desde mi llegada no he tocado un sable. ¡Paso mi tiempo cortando leña y transportando agua! ¿Cuándo me iniciara usted?”. “Bueno, bueno”, respondió el maestro. “Voy a enseñarte la técnica, ya que lo deseas.” Le hizo entrar en el doyo y, cada día, desde la mañana hasta la noche, le ordeno que caminara sobre el borde extremo del tatami y que diera así, paso a paso, sin equivocarse, la vuelta a la sala.

P. —Pero esa es exactamente la manera que se debe tomar en el Kendo, un pie en la línea del otro, después deslizarse...
R. —Sí. De esta manera el maestro le enseño la concentración sobre la marcha. Concentrarse sobre un acto, hacerlo perfectamente. Ya que los detalles de la técnica, los trucos, los pasos, son de hecho secundarios con relación a la concentración. Si se está suficientemente concentrado, un gesto, uno solo, es suficiente.
Por consiguiente, el discípulo caminó a lo largo del borde del tatami durante un año. Al cabo de ese tiempo, dijo al maestro: “Yo soy un samurai, he practicado mucho la esgrima, he encontrado a otros maestros de kendo. Ninguno me ha enseñado como usted lo hace. Por favor, enséñeme la verdadera vía del sable.” Bien, dijo el maestro, sígueme. “Lo condujo lejos, a un lugar en el que se encontraba un trozo de madero que atravesaba un precipicio de una profundidad increíble, aterradora”: “He aquí dijo el Maestro, tienes que atravesar este pasaje.” El samurai discípulo no comprendía nada de aquello y, de cara al precipicio, dudaba, sin saber qué hacer. De pronto, oyeron detrás de ellos un toc.toc, el ruido de un bastón de ciego. El ciego, sin prestar atención a su presencia, paso al lado de ellos y atravesó sin dudar, tanteando con su bastón el madero que franqueaba el precipicio. “¡Ah pensó el samurai, empiezo a comprender. Si el ciego atraviesa así, yo debo hacer lo mismo.” En este instante el Maestro le dijo: “Durante un año, has caminado sobre el borde del tatami que es más estrecho que este tronco, así que debes pasar.” El samurai comprendió y...atravesó de una vez el puente. El entrenamiento estaba completo: el del cuerpo durante tres años; el de la concentración sobre una técnica (la marcha) durante un año, y el del espíritu de cara al precipicio, de cara a la muerte.

P.--¿Pero por qué el espíritu es lo más importante?
R. —Porque, a última hora, es él quien decide.
En las artes marciales japonesas, desde los tiempos antiguos, un solo gesto justo provocaba la muerte. De aquí viene la lentitud, la concentración de los movimientos antes del ataque, Un golpe, y se acabó: un muerto, algunas veces dos, si se daban los golpes justos. Todo se juega en un instante. En este instante, el espíritu decide todo, técnica y cuerpo lo siguen. En todos los deportes de hoy día existe un tiempo de espera. En las artes marciales no hay tiempo de espera: si se le espera aunque solo sea un poco, el espíritu debe estar sin cesar concentrado sobre la situación, dispuesto a atacar o reaccionar. De aquí su importancia primordial.

P. —Pero ¿cómo elegir la técnica de ataque?
R.---No es cuestión de elegir. Ello debe hacerse inconscientemente, automáticamente, naturalmente. El pensamiento no puede intervenir ya que si no, hay tiempo de espera, por consiguiente fallo. La conciencia permanente, despierta de la situación global es pues esencial para que surja el gesto justo: la conciencia selecciona un golpe, técnica y cuerpo parten hacia delante. Y se acabó.

P---Por ejemplo en kendo. Hay un golpe llamado debana wasa: se trata de atacar antes de que el adversario lo haga, de golpear antes de que él golpee. Por consiguiente, en esta técnica del debana, la intuición es en efecto muy importante.
R.---¡La intuición es siempre esencial! Si el adversario os da un golpe inesperado, debéis tener entonces la intuición de la parada, la conciencia de la huida. ¡Para salvaros del golpe! Conciencia que provocará la reacción del cuerpo y de la técnica apropiada. ¡Pero si pensáis en ese momento: “Debo utilizar tal o cual técnica”, en el instante de vuestro pensamiento, seréis tocado! La intuición desencadena el cuerpo y la técnica. Cuerpo y conciencia se unen: se piensa con el cuerpo entero, se emplea totalmente en la reacción.
Es por esto por lo que es difícil hacer categorías sobre la importancia o la jerarquía de shin, el espíritu, wasa, la técnica, y tai, el cuerpo. Deben estar unidos, No separados. Es su perfecta unión la que crea el acto justo. No su separación. La unidad total.
En las artes marciales japonesas, la Vía del sable, el kendo, ha sido considerada siempre como el arte más noble de combate, ya que es la que mejor une estos tres factores: conciencia-intuición, cuerpo y técnica.

P.---En el mundo, doce millones de personas practican el kendo, seis millones el judo, cinco millones el kárate, un millón el aikido, y doscientas mil personas el tiro con arco, el kyudo...
R.---En todas estas artes marciales, la unidad entre el espíritu, el cuerpo y la técnica es esencial.

Pensar y después golpear no es el gesto justo. Hay que atrapar suki, la ocasión, la oportunidad. Esto es muy importante. El pensamiento no puede hacerlo. Solamente la conciencia puede atrapar la oportunidad de la acción. El vació en el que hay que actuar.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Aikido es trabajo duro - Yamaguchi Seigo Sensei

Aikido es trabajo duro – Yamaguchi Seigo sensei

Autor: Andrzej Bazylko sensei
Traducción (autorizada por el autor):
Mauro Novara fukushidoin,
Cecilia Villanueva y Gabriela Pintos






Algunas veces un encuentro puede cambiar tu vida entera. Te deja una impresión que no puede ser removida hasta el final de tus tiempos. Para mí, tal extraordinario evento fue conocer a Yamaguchi Seigo sensei (1924-1996). Solo asistí a dos seminarios dictados por él, en los cuales entendí muy poco. Sin embargo, la facilidad con la que ejecutaba las técnicas y la belleza inusual de sus movimientos me estimuló un deseo irresistible en seguir su mismo camino, aunque no llegue muy lejos. Hasta el día de hoy no se cual es el propósito de esto, pero tengo en mí el anhelo por este fenómeno inusual que es el Aikido de Yamaguchi sensei. Tengo la fortuna de ser estudiante de Christian Tissier sensei – uno de los estudiantes de Yamaguchi sensei. También he conocido algunos de sus estudiantes más sobresalientes: Seishiro Endo sensei (1942-) y Masatoshi Yasuno sensei (1948-).


El Aikido de Yamaguchi sensei está presente en la enseñanza de sus estudiantes (hoy shihanes), aunque ellos difieren mucho entre sí. Yamaguchi sensei podía generar lo mejor de todos sus estudiantes. Sin embargo, no quería que lo imitasen. Cuando ellos se fueron para otros países a enseñar Aikido, no estaban en la posición de enseñar su Aikido. Como si fuera obvio, los lleno de él pero ellos no podían reproducirlo. Ellos tenían la base, los cimientos sobre los cuales podían levantar sus propios edificios. Solo podían hablan en sus propios nombres. Él quería que fueran ellos mismos. Él no podría seguir a la multitud, valoraba a las personas que tenían sus propias opiniones y eran capaces de sostenerlas. Él nunca se apoyó en la autoridad de O´Sensei. Él decía, “O´Sensei es O´Sensei, y mi nombre es Yamaguchi”. Esto no significaba que no valorase a su propio Maestro. Al contrario, pero sentía que cada uno debía ser responsable por las propias acciones, por lo que uno transmitía a los demás. Apoyarse constantemente en la autoridad del propio maestro, él lo veía como una falta de madurez. Si alguien quiere enseñar a los demás, entonces primero se debe crecer para dar a la nueva generación los conocimientos y las habilidades que se recibió. Él sabía cómo escapar del cuidado de su maestro, como mirar críticamente lo que había aprendido. La técnica (el Aikido) de Yamaguchi sensei no era transferible, le fue dado exclusivamente a él, pero pudo construir algo propio. Cada uno es diferente y practica el Aikido a su forma. Para poder hacerlo, sin embargo, se debe tener un guía. Yamaguchi sensei fue un guía. Él no quería imitadores, sino sucesores quienes sigan sus propios caminos.

La relación entre el maestro y el estudiante es algo especial, basado en una profunda confianza. Yamaguchi sensei se convirtió en alumno de O´Sensei en el año de 1950. Antes de esa fecha había intentado convertirse en un funcionario del Japón. Inclusive había pasado el examen que lo habilitaba a trabajar para el gobierno. Quería trabajar en asuntos públicos o en la esfera de relaciones internacionales. También consideraba la posibilidad de trabajar en una gran empresa de construcción. Como última instancia había decidido irse, posiblemente a Europa, la opción que más le atraía era Francia. Nyoichi Sakurazawa (George Ohsawa, 1893-1966), el creador de la Macrobiótica, que era amigo de su padre, y también un amigo cercano de O´Sensei, le aconsejo que realice algún arte tradicional japonés y le dio una carta de recomendación para Ueshiba Morihei. Conocer tal extraordinaria figura fue decisivo para el resto de la vida de Yamaguchi Seigo. Se convirtió en uchi deshi (estudiante interno) de O´Sensei y decidió enfocarse exclusivamente en Aikido. Esto era una elección bastante inusual, eran dificilísimos tiempos de postguerra. La gente no estaba interesada en el Budo (al contrario), solo en asuntos vitales. Yamaguchi sensei se convirtió en el primer instructor profesional del Aikido, no tenía otra ocupación. Luego esta situación fue cambiando ya que la gente comenzó, de a poco, a practicar artes marciales, se fueron abriendo Dojos, y el Aikido se fue volviendo popular. Sin embargo, al momento de la decisión de Yamaguchi sensei la situación era otra. Es necesario tener la visión en la vida de los que uno quiere realmente hacer. Yamaguchi sensei decidió comprometerse al camino señalado por O´Sensei. Ciertamente, la habilidad para realizar decisiones maduras no es tomar el camino fácil, separando las cuestiones importantes de las triviales lo ayudó a sobrevivir durante la guerra. Cerca del fin de la misma, integraba una cuadrilla kamikaze y fue llamado a la acción, muchos de sus amigos murieron y estaba preparado para seguir el mismo destino; y lo hubiera tenido si la guerra no hubiese terminado antes. Su misión suicida no se materializó pero no era posible que no influyera en el resto de su vida.

Yamaguchi Sensei tenía memoria fotográfica y podía fácilmente repetir cualquier movimiento que observara. O´Sensei no explicaba las técnicas, simplemente las mostraba. Todo tenía que ser descubierto por uno mismo, ciertamente es mucho más difícil, pero permanece en nosotros por siempre. El movimiento no es forzado por nadie, se vuelve nuestro propio movimiento. Yamaguchi Sensei comprendía todo muy rápidamente, solo después de dos años de práctica comenzó a enseñar. Fue por su propio camino, pero mantenía un fuerte lazo con su maestro y le tenía un profundo respeto. Se fue volviendo un maestro muy popular y tenía muchos alumnos no solamente en Japón sino también fuera de sus límites. Condujo numerosas prácticas en Europa (primero que todo en París - Francia, pero también en Mannheim - Alemania, en Oxford - Inglaterra, Suiza, Bélgica y Dinamarca), en los Estados Unidos, en Canadá y en Sudamérica (Brasil, Argentina, Uruguay). Desde 1958 a 1961 enseñó Aikido en Burma (Myanmmar). En el Aikikai Hombu Dojo en Tokyo conducía clases especiales de altos grados. Nadie podía entender sus técnicas, aun instructores con los más altos grande de Hombu Dojo no podían desentrañar como con el mínimo esfuerzo era capaz de ejecutar cualquier técnica, más allá del tipo de ataque y de la persona que lo atacaba. A los ojos de la mayoría de los estudiantes de la segunda generación de O´Sensei, era considerado un genio del Budo. Casi nunca ocurría que maestros de Hombu Dojo atendieran otras clases, algunos de ellos participaban en las clases conducidas por Yamaguchi sensei, lo cual era un signo de un respeto inusual. Incluían entre otros: Masando Sasaki (1929-), Mitsugi Saotome (1937-), Yoshimitsu Yamada (1938-) and Kazuo Chiba (1940-). Muchas personas sentían que Yamaguchi sensei, debido a su gran popularidad y técnicas inusuales, crearía su propia escuela de Aikido. Sin embargo no lo hizo, consideraba a las divisiones un sin sentido y era fiel a la memoria de O´Sensei.

Yamaguchi Sensei tenía un carisma inusual y un gran don para la enseñanza. Era un verdadero maestro de artes de combate. Hasta que uno no conoce a un hombre como él, no se puede saber lo que esto realmente significa. Esta condición se le atribuye usualmente a varias famosas figuras del mundo de las artes marciales. Muchas veces son evaluaciones justas, pero basadas en la leyenda más que en la realidad, que se mantiene desconocida. A veces también nosotros les concedemos este nombre a los maestros en vida. Tal vez porque por la distancia, en términos de técnica y experiencia, que nos divide de ellos. Ocurre, sin embargo, que etiquetamos a alguien así naturalmente, como si fuese obvio y nadie podría negarlo. Este era el caso con Yamaguchi sensei. Nadie contemplaba que graduación se le había otorgado, lo importante era que fuese Yamaguchi sensei. Algunos estaban fascinados por la inusual efectividad, aunque parecía que no había razones más allá de esto. Se veía al ejecutar las técnicas que no obedecía ninguna regla: no controlaba la distancia, tenía un centro de gravedad alto, aparentemente se movía con torpeza, inclinado. Hacia todo aquello que le pedíamos a los principiantes que eviten. Al observador externo le parecía que la técnica en realidad no era ejecutada, uke imitaba y todas las acciones consistían en un juego entre el ser atacado y responder. Muchas veces escuché tales opiniones, incluso de aikidoka sentados en medio de sus prácticas. Cualquiera que haya tenido alguna vez el honor de atacar a Yamaguchi sensei estaba convencido de esto. Independientemente de la potencia, fuerza, velocidad, movimientos, momentos y otros aspectos del hecho de atacar, el resultado era siempre el mismo. De plano sobre el tatami más rápido de lo que uno podría imaginarse, a menudo sin darse cuenta de cómo había sucedido. Yamaguchi Sensei nunca corregía un ataque, cada ataque era aceptado, al igual que el atacante. Esto estaba repleto de armonía, adhiriendo al Aikido. La respuesta del maestro no era obvia, siempre había cierta ansiedad por el resultado del ataque, que alcanzaría al atacante. Yamaguchi Sensei en el dojo se veía poderoso, afuera de él se mezclaba con la multitud. Quienes eran lo suficientemente afortunados para atacarlo, sin embargo, no tenían ansiedades. Sabían que Sensei cuidaba de todo. Solo quien haya sentido la ejecución de una técnica sin esfuerzo en respuesta de su mejor ataque, tal vez podría entender lo inusual que es el aikido como arte marcial. Solo algunos aikidoka pueden contar con esa experiencia, los alumnos de Yamaguchi sensei tuvieron esa suerte.

El maestro de las artes marciales enseña durante toda su vida. La enseñanza no solo se realiza en el tatami, su arte llena su vida entera. Tiene una individualidad rica y está conectado fuertemente con los estudiantes. Yamaguchi Sensei tenía dos vicios: el café y los cigarrillos. El primero lo pudo dejar, pero el segundo desafortunadamente no. Iba todos los días a cafés. Frecuentemente podía ir allí, cambiar el entrenamiento de la mañana y quedarse hasta la tarde. Y con él, no tan frecuentemente, sus estudiantes también aparecerían. Yamaguchi Sensei fue un hombre de conocimientos. Su padre fue director de una escuela pública y tenía muchos libros que su hijo amaba leer. Historia, literatura, filosofía, eran sus áreas de interés y podía hablar entretenidamente de estos temas. Si algún estudiante decidía entrar en la conversación, tenía que estar muy seguro de sí mismo, para no parecer un tonto. Estas conversaciones modelaron y les dieron forma a los estudiantes de Yamaguchi Sensei. Las conversaciones con el maestro, sus historias en el café, tenían para ellos tanto significado como lo que se aprendía en el tatami. Para todos aquellos que pasaron algún tiempo con él, era claro que lo que más valoraba era encontrarse con la gente, estar en compañía de otros. Frecuentemente reflexionamos sobre las cosas importantes que hemos hecho en la vida, que dejaremos atrás en este mundo. Recordamos diferentes hechos y eventos, pero frecuentemente encontramos que lo que realmente importa son las personas que tuvimos la fortuna de conocer. A Yamaguchi Sensei no le importaba mucho las cosas materiales. Sin embargo, siempre encontraba tiempo para encontrarse con otros.

Él trataba al Aikido muy seriamente. En una de las clases dirigidas a personas que eran al menos 4tos danes y después de varias prácticas extenuantes, les preguntó que era el Aikido. Se dieron varias respuestas; una filosofía de la vida, el arte del movimiento, la manera de resolver el conflicto, el arte de la pelea, o incluso el camino del autodesarrollo. Yamaguchi Sensei dijo: “Aikido es trabajo duro”. En cada respuesta había una pequeña parte de la verdad, pero Sensei quería enfatizar que la única manera de buscar la respuesta era un entrenamiento intensivo. Aikido es el lenguaje del cuerpo, no puede ser entendido teóricamente. La conversación es importante, pero el trabajo es lo más importante. Sin embargo, no depende solamente del esfuerzo. La cosa no es solamente cansarse, pero, y tal vez primero que todo, es estar siempre preparado para aceptar algo nuevo. La concentración constante es necesaria para no repetir los movimientos viejos y para aprender los nuevos. Usualmente no escuchamos lo que nos dice el maestro y no observamos lo que nos muestra. Suficiente que escuchamos alguna frase conocida y el resto lo ajustamos a lo que ya hemos aprendido antes. Descansamos en los viejos hábitos. Yamaguchi Sensei combatía contra este tipo de actitud la cual era (es) común entre los aikidoka. Él exigía atención. Constantemente repetía que uno “en la práctica debería tener el espíritu de un principiante” (shoshin). Siempre percibía la falta de concentración de los estudiantes. Todos aquellos presentes en su clase querían ser llamados como uke, ser llamados para la demostración de una técnica, o más bien a un conjunto de técnicas porque el maestro rara vez llevaría a cabo una sola técnica. En sus clases en Hombu Dojo participaban muchas personas y Yamaguchi Sensei tenía dos o tres veces el mismo uke. Frecuentemente llevaba a cabo las técnicas con Yasuno Sensei, que tenía un cuarto de su edad. Sin embargo, si alguno dejaba de prestarle atención era llamado de inmediato por Sensei para ir al frente como uke. Los uke potenciales estaban casi siempre preparados, pero Yamaguchi Sensei siempre los llamaba en el momento en el que no estaban preparados. Sus clases estaban llenas de pasión. Uno no solo tenía que estar atento en la anticipación, sino también en la práctica. Yamaguchi Sensei no diferenciaba las técnicas, no las analizaba. Era más bien un proceso, una conversación entre dos compañeros formando un todo, más que una serie divida en técnicas. Una técnica fluía suavemente en otra. La técnica previa determinaba la apertura para el inicio de la siguiente. Sensei no trataba de ser espectacular. La técnica no era para él el objetivo en sí mismo. Servía de comunicación con el compañero/a. Esto se ejercitaba en un contacto constante. Cada movimiento en un compañero/a causaba una reacción en el otro. La conversación no puede ser rota.

Yamaguchi Sensei era muy estricto con sus mejores estudiantes, les exigía al máximo y tenían que trabajar duro. Podía ser riguroso con ellos, pero pensaba en su futuro. Relacionado a eso Endo Sensei comentó que después de diez años de estar practicando Aikido, tuvo una grave contusión en el hombro derecho. Un día se encontró a Yamaguchi Sensei en un café, quien le dijo “Has practicado Aikido durante diez años, pero ahora puedes usar solamente una mano ¿Entonces, que vas a hacer?” Movilizado por esa pregunta, Endo Sensei comenzó a practicar casi exclusivamente bajo su dirección. Así comprendió que Yamaguchi Sensei practicaba completamente diferente a otros maestros, y eso era exactamente lo que más le convenía. El maestro le dijo “Incluso si no entiendes lo que yo propongo, confía en mí y haz el sacrificio los próximos diez años”. Diez años parecían una eternidad, pero Endo Sensei confió en él y su Aikido se transformó por completo.

El lugar más importante donde enseñaba Yamaguchi sensei, aparte del Hombu Dojo, era el Zoshukan Dojo en Shibuya, Tokyo. Era un dojo de Kendo por lo que no había tatami; sólo los estudiantes más cercanos practicaban allí. La falta de tatamis significaba que incluso durante la práctica del ukemi era necesario mantener una absoluta concentración. Sin embargo, las técnicas se realizaban a toda velocidad. Había solamente una desaceleración en las proyecciones. Esto permitía a los uke realizar el movimiento, parar en el último momento y completar el ukemi normalmente. Esa forma de trabajar significaba que cada momento del movimiento era esencial, la concentración no se podía perder incluso ni por un instante. El trabajo duro realizado en común, produjo profundos lazos. Incluso los más grandes maestros de Aikido ganaban poco, así que al final del año, los estudiantes más cercanos de Yamaguchi Sensei recaudaron dinero para él. Éste fue un gesto simbólico, pero con una dimensión material.

Uno de los resultados del régimen alimenticio de Yamaguchi Sensei fueron úlceras intestinales. Su médico le recomendó una operación y afirmó que sería capaz de permanecer activo por otros veinte años. Sin embargo, Yamaguchi Sensei creía en el orden natural de las cosas. El no decidía sobre esas medidas radicales. Sentía que iba a poder lidiar con ello. Supuestamente, en la víspera de su muerte, participó en una demostración de Aikido siendo atacado por tres ukes. Después de la demostración Sensei tuvo problemas con la respiración y se sintió mal. Regresó a su casa a pie y allí murió mientras dormía el 24 de enero de 1996.


Su Aikido, aunque fugaz, tuvo una gran influencia sobre muchos de los maestros destacados actuales, en este arte marcial. Fue uno de los pilares del Aikido moderno, aunque no universalmente reconocido. Sus logros son considerablemente mayores que su popularidad. No conocemos al autor, aunque a menudo nos familiarizamos con él a través de su trabajo. Después de todo, sus técnicas parecían imposibles de transmitir… ¿Por qué no murieron junto con él? Porque dejaron una huella permanente en aquellos que tuvieron la suerte de entrar en contacto con su arte.

viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Qué significa estar sentado?


Tomado de http://kihon-dojo.blogspot.com/
La gestualidad japonesa. Tada, Michitaro.
Editorial Adriana Hidalgo. Bs. As. Argentina, 2007.




¿En qué postura estás leyendo esto?, ¿cómo está tu espalda, recta?, ¿cómo es tu respiración?.

Normalmente para nosotros los occidentales, nuestra postura es algo a lo que no ponemos mucha atención y curiosamente asociamos ciertas posturas a mayor o menor pasividad: con frecuencia decimos "tendrás que esperar sentado", cuando queremos decir que algo demorará demasiado. Estar sentado usualmente significa eso: estar, indica un estado y no una acción.

En algunas disciplinas tradicionales japonesas (marciales o no), sentarse representa una acción en sí misma; sin embargo, en Aikido estar sentado (seiza) no es tan central como lo es (el sazen) en el budismo, lo cual me ha hecho preguntarme muchas veces qué quiere decir estar sentado en general, más aún en el tatami, espacio en cual se realiza meditación en movimiento.

Una feliz casualidad me llevó a encontrarme un libro llamado La gestualidad japonesa, escrito por un antropólogo japonés, en el que hay reflexiones sobre las más variopintas formas de gestualidad, entre ellas, el estar sentado.  Es un estudio interesante porque ofrece una explicación contemporánea de cómo puede explicarse una costumbre relativamente anticuada para los propios japoneses.

Les comparto fragmentos del capítulo en cuestión, cuyas páginas me causaron tanta sorpresa como al bibliotecario de la Facultad de Filosofía y Letras encontrar a un lector sentado en seiza a medio pasillo, orillado a leer sobre el suelo a falta de asientos en la sala de lectura.

Uriel


"Suwaru II
Estar sentado II

[...]

Se dice que el director de cine Yasujiro Ozu sufría de indigestión porque trabajaba boca abajo durante largos períodos [...], ¿por qué este hombre se recostaba con el peso sobre el estómago por tanto tiempo?, ése era el ángulo de cámara preferido del director y, por lo tanto, el problema estaba relacionado con el concepto estético de Ozu. Todos los equipos de filmación provenían, por supuesto del mundo occidental; los ángulos de cámara normales ofrecían la perspectiva de quien está de pie o sentado en una silla. Sin embargo, estos ángulos no son adecuados si deseamos que las representaciones de las escenas japonesas y del interior de las habitaciones japonesas comuniquen una sensación "estable".


[...]Todos los espacios interiores y objetos japoneses -como el nicho de imágenes tokonoma, el arreglo floral ikebana, y el conjunto de estantes escalonados del tokonoma- están construidos para ajustarse a la perspectiva de una persona que está sentada en el suelo. La mirada de una persona que está sentada es, por así decirlo, uno de los estándares de la cultura japonesa.

[...]El acto de estar sentado, el concepto moral que se asocia a la condición de estar sentado, su estética e incluso a la comodidad física que permite sentir, son todos aspectos incluidos en suatte, (que también significa estar sentado) en la vida cotidiana. Y todos los aspectos, de hecho, señalan estar "equilibrado".

[...]La postura de sentarse erguido se originó, según Kunio Yanagita, en la cortesía de hacer una reverencia al arrodillarse. Las personas se arrodillaban en presencia de los nobles. Suwarru (sentarse) se desarrolló a partir del gesto de kiza (arrodillarse). Estaba prohibido sentarse, es decir, apoyar la cadera en los pies al arrodillarse. Sin embargo, cuando la gente comenzó a recibir invitados en su propia casa con más frecuencia, el gesto de kiza comenzó a desaparecer y la gente comenzó simplemente a suwuaru. Yanagita dice sobre los cambios en estas posturas:

"...especialmente cuando una familia recibía invitados en la residencia de Edo (actualmente Tokio), el anfitrión les dedicaba la cortesía de arrodillarse frente a ellos. Ante este gesto el invitado no podía quedarse de pie y sentirse como en su casa. Entonces, ambas partes se arrodillaban, una en honor a la otra. Mientras tanto, las mujeres y los niños adquirieron la costumbre de relajar sus pies cuando se arrodillaban, por lo que llevaban sus rodillas al piso y luego apoyaban la cadera sobre sus talones. Este es el origen del movimiento actual de arrodillarse para terminar sentado. Es decir, suwaru primero significaba sueru (apoyar la cadera). En dialecto también se decía nemaru." (Minji saji, Cuestiones populares y trivialidades).

Por eso, desde el periodo histórico en que comenzó la residencia urbana del Samurai, iru (estar) se transformó en suwaru (estar sentado), y esta postura quedó establecida como una costumbre nacional.

Esto significa que estar sentado se volvió una postura social de rei (cortesía o "modales"), pero es una postura física más fácil y estable que la de arrodillarse y que sentarse con las piernas cruzadas. Como posición para el cuerpo no es totalmente cómoda ni demasiado rígida. Además, desde que los japoneses eligieron incorporar esta postura intermedia, surgieron muchas normas morales en torno a ella. Notablemente, la postura no surgió de un concepto moral previo. La postura intermedia rápidamente asumió la función de postura formal habitual, y de allí nació el aspecto moral, una consecuencia característica de nuestra forma de ser.

Cuando nos sentados erguidos, la energía del cuerpo se centra debajo del estómago. Se dice que nuestra posición permite que surja un poder único. ¿Por qué? Con frecuencia la gente expresa la idea de que, al sentarse erguidos, nuestros sentimientos ochitsuku (se estabilizan). Podemos tener paz y tranquilidad. Sin embargo, si el objetivo principal es tener paz y tranquilidad, ¿acostarse no sería la postura más estable? No, y que sólo sentirse físicamente estable no es suficiente: lo que necesitamos es una postura que produzca chikara (poder, energía). Aquí entra en juego lo moral.

[...] Me gustaría señalar que en la residencia samurái lo mejor era que todos los muebles y los utensilios diarios estuvieran guardados, no fueran visibles. En otras palabras, había mu (nada). Este mu es, en realidad, una postura de alerta. Si se produjera cualquier emergencia, los residentes podrían rescatar todo lo que necesitaran del armario o del dintel: es bueno guardar todos los objetos innecesarios y tener la casa limpia, inmaculada, porque se considera adecuado y hermoso que las personas estén alertas al cambio.

Los pies son necesarios para caminar, pero no para hablar. La postura que nos obliga a katazukete oku (guardar) los pies debajo de la cadera puede estar impregnada con la estética de alerta al cambio, y por lo tanto también con el código moral que confiere valor a esa actitud. De más está decir que sentarse con las piernas cruzadas es una postura más fácil de mantener, pero en esa posición el cuerpo se ve feo y sin gracia, como si se hubieran dejado a la vista cosas innecesarias y desordenadas.

[...] Bajo la abrumadora influencia de la cultura europea y norteamericana, algunas de las costumbres japonesas que surgieron en la antigüedad se dejaron de utilizar o se están abandonando. Una de ellas es sentarse erguido sobre el tatami. Los jóvenes ya no toleran esa postura porque se sienten demasiado tensos y rígidos. Pero aun cuando nos sentamos en una silla, nos resulta difícil encontrar el lugar adecuado para ubicar nuestros pies, es decir, la posición de nuestros pies es inestable. En Europa y América, las personas tienen la ideología del laissez faire que permite expresar una actitud, en este caso, dejando los pies al aire. Sin embargo, queda por resolver si es correcto en lo que respecta a la cultura de las posturas."

sábado, 17 de mayo de 2014

Ser cinturón negro en Aikido

Ser cinturón negro en Aikido


Tomado de Aikido Para Compartir (Facebook)



Todos, en alguna ocasión, hemos sido interpelados o simplemente nos hemos cuestionado que representa el conseguir o estar cerca de obtener el grado de Cinturón Negro. También es posible que alguien ajeno al círculo de las artes marciales pueda habernos preguntado qué grado poseemos al saber que practicamos un arte marcial y hemos recibido sus muestras de admiración cuando le indicamos que somos o vamos a conseguir en breve el grado de Cinturón Negro, o su equivalente en otra disciplina marcial.

Es importante tener presente, para abordar el tema de manera objetiva y no caer en fáciles tópicos y sugerentes romanticismos, que cuando llevamos un dilatado periodo de entrenamiento es fácil olvidarse del motivo inicial que nos generó el interés por la disciplina que practicamos, al ser víctimas de la práctica cotidiana y la rutina monótona, carente de la inspiración, que toda actividad artística debería poseer.
Con demasiada frecuencia se observa que no todos los que viajan en el mismo barco quieren remar hacia el mismo puerto.

Dentro de una clase tiene que haber una buena predisposición en unir los intereses particulares para transformarlos en algo genérico lo que propicia un ambiente de trabajo agradable, al tiempo que el instructor podrá dotar a su enseñanza de frescura y dinamismo.

Cuando somos interpelados por una persona que muestra interés por un arte marcial es posible que sus preguntas estén impregnadas por las influencias de los típicos productos cinematográficos que se suelen ofrecer sobre el tema, o como ocurrió hace poco tiempo por la funesta noticia de la muerte de un practicante de lucha sin reglas, en un combate ocurrido en unos campeonatos vinculados, malogradamente, a las artes marciales. Resulta sorprendente la facilidad con que los medios de comunicación hacen eco de las noticias que, vinculadas a las más diversas prácticas de unas mal llamadas artes marciales, que degradan al individuo a la mera condición de ser irracional en lucha por la supervivencia. Y sin embargo, nunca se difunden las artes marciales que favorecen y ayudan al desarrollo de las cualidades humanas en el practicante, para formarlo como un elemento útil para la sociedad. Docencia esta que un gran número de instructores se esfuerzan por transmitir con gran rigor en sus clases día tras día.

El gran desconocimiento del público en general, hace que la respuesta esperada por nuestro interlocutor sea la confirmación de su idea preconcebida, conforme un practicante marcial adquiere poderes capaces de efectuar proezas sobrehumanas, siempre enmarcadas en un contexto de violencia, sufrimiento y dolor más propias de un héroe de cómic que de una persona cultivando cualidades que sirvan de provecho a la sociedad. Cuando queremos darle una respuesta, muchas veces no somos capaces de explicar con palabras fácilmente comprensibles el verdadero sentido de nuestro propio arte marcial.

Centrándonos en el Aikido, cuando nos iniciamos en su práctica, esta nos reclama una entrega no solo física, sino también de predisposición mental. Cuando el futuro practicante decide inscribirse en un club donde se imparten clases de Aikido, los motivos que le impulsan pueden ser bien diferentes a los de otra persona. Desde los que quieren hacer un deporte, hasta los interesados en la defensa personal, los que buscan aprender a combatir, o por motivaciones espirituales o metafísicas, incluso por los contextos esotéricos de las prácticas, etc. Sin embargo al iniciarse en la práctica, en poco tiempo son absorbidos por la disciplina del tatami y la razón por la que empezaron comienza a difuminarse dando lugar a un estado receptivo, para poder absorber todos los nuevos conceptos que, clase tras clase y de forma inexorable, van ampliando sus conocimientos sobre las bases del Aikido; etiqueta, técnicas, ukemis, tai-sabakis, nomenclatura, teoría, etc.

La necesidad de almacenar una gran cantidad de información nos obliga a prestar toda nuestra atención en el aprendizaje de la enseñanza, aunque muchas cosas no las comprendamos, ni nuestro cuerpo las asimile de manera natural e integrándolas en el entreno cotidiano. Transcurrido el primer periodo; entre dos y tres años, entramos en una segunda fase donde se aprende a poner en práctica y normalizar todos los conceptos sobre los movimientos aprendidos y su aplicación en las técnicas.

Continuamos entrenando para mejorar nuestro nivel técnico hasta conseguir el grado de primer kyu (Cinturón Marrón en algunas escuelas). Llegados a este punto ya llevamos aproximadamente unos cinco años asistiendo regularmente a las clases y los conocimientos que hemos ido acumulando forman un volumen considerable aunque no podamos todavía asimilarlos convenientemente. A partir de este momento debemos centrarnos exclusivamente en preparar el examen de Shodan. La preparación para poder abordarlo con éxito nos fuerza a intensificar nuestro entreno fuera de las sesiones ordinarias, asistir a cursillos los fines de semana, mantener una óptima condición física y mentalizarnos para efectuar el examen sin nervios y con una actitud correcta. En nuestra mente la superación del examen y adquisición del grado de Shodan se entiende como una recompensa a los años de continua práctica en el tatami, la regularidad de la asistencia a las clases y las horas extras dedicadas, sin contar el afán inagotable de leer todas las cosas escritas de Aikido. El conseguir el grado se nos representa como la panacea que nos haga conseguir la maestría en la práctica y encontrar respuesta a todas las dudas e interrogantes acumuladas a lo largo de nuestro aprendizaje.

Y por fin llega el día tan esperado. Con los habituales síntomas de preocupación y nerviosismo abordamos el examen de Cinturón Negro intentando dar lo mejor de nosotros mismos. Cuando acabamos estamos extenuados, nos da la sensación de que el tiempo se ha parado mientras nosotros efectuábamos sin vacilar todo lo que nos era solicitado por una voz que nos unía al resto del mundo.

Atrás abandonamos las dudas, angustias e incertidumbres que nos atenazaban. Salimos del Dojo y celebramos festivamente, con los compañeros de tatami la adquisición del Grado; algo que consciente o inconscientemente ansiábamos secretamente desde hacía mucho tiempo. Significa la culminación y recompensa a todos nuestros sacrificios y esfuerzos, como un corredor de maratón cuando cruza la meta, y nuestro gozo es inmenso después de colgar nuestro título debidamente enmarcado.

Cuando volvemos a nuestro club, enfundados en nuestro nuevo cinturón, nos sentimos como el centro del universo, pero cuando reanudamos la práctica cotidiana… ¡Despertamos! Terrible constatación. Somos los mismos de antes. No ha acontecido ninguna transformación milagrosa. Las dudas despejadas son remplazadas inmediatamente por otras nuevas que nos ocasionan, si cabe, más incertidumbre que las ya superadas. Si nos relajamos en la práctica, la pericia técnica conseguida empieza a mermar en calidad y efectividad. Dirigimos nuestro interés hacía la técnica y descubrimos que todavía nos queda una larga andadura para aprender todo lo que compone el conocimiento técnico global del arte. Empezamos a descubrir el interés en aprender otras disciplinas complementarias que nos ayudan a mejoras la nuestra propia.
Resumiendo, cuanto más abrimos la puerta más paisaje descubrimos, sin vislumbrar un límite concreto que nos ayude a calibrar nuestro nivel de conocimientos, como punto de referencia durante este nuevo periodo de aprendizaje. Si la parte analítica (técnica, nomenclatura, conocimientos complementarios…), nos crea conflictos, la parte analógica, (ética, espiritual, mental, filosófica, etc.), no se queda atrás, haciéndonos sentir sin rumbo en medio de un inmenso océano.

Llegado este preciso instante es precisamente cuando el practicante se pronuncia y establece las bases y directrices de su futuro dentro del Aikido. Deberá resolver su conflicto interno recapitulando todas sus vivencias y experiencias acumuladas a través de los años, las buenas y las malas, las alegres y las tristes, las recordadas y las olvidadas… Absolutamente todo forma parte intrínseca de su Yo y es con ese Yo con quien tendrá que librar la batalla.

La cual será la última o la primera de muchas más de su futuro como practicante de Aikido. Si fracasa en la lucha, se alejará de forma brusca o paulatina del arte marcial y en el mejor de los casos sufrirá un estancamiento y posterior retroceso en todos los aspectos del arte, hasta caer en la desidia. Si deparamos victoriosos, el panorama que se nos presenta es magnífico y esperanzador, aunque no nos librará de múltiples escollos donde naufragar. Para este cometido solo contamos con nuestra Voluntad, y así abandonar todas las ideas que tengamos preestablecidas, preparando nuestra mente y nuestro cuerpo para emprender el verdadero aprendizaje, y libres de perjuicios, ser de nuevo modelados por los principios inalterables y universales que constituyen la espina dorsal del Aikido, según las enseñanzas transmitidas por O’Sensei.

Debemos recapitular, estudiar, aceptar, experimentar y comprender los principios del Camino y hacernos uno con la Vía señalada por O’Sensei. Nuestra voluntad y nuestro corazón deben comprometerse seriamente en intentar, por todos los medios a nuestro alcance, batallar sin descanso manteniendo la actitud del Aquí y Ahora, para comprender la esencia última del Aikido. Cuando alcanzamos el nivel Shodan, adquirimos la responsabilidad de transformarnos de simples aprendices a practicantes ejes de transición del arte marcial. Seremos el espejo donde todos volverán la vista para saber que es el Aikido.

La única forma de aguantar la presión interna y externa a la que nos veremos sometidos, es que hayamos elegido libremente poner nuestro Corazón en la Vía del Aikido. Si no desfallecemos y perseveramos incansablemente, de forma natural y progresiva, todas las dudas serán satisfactoriamente contestadas.

También deberemos permanecer en continua alerta con la totalidad de nuestros sentidos; físicos, mentales, espirituales, etc., para tener la oportunidad de coger al vuelo la respuesta tan anhelada. Nunca podremos tener la certeza de cuándo ocurrirá la transformación que nos integre plenamente en la Vía, pero si sabremos con auténtica certeza que una vez iniciados en el auténtico Camino, no existe un final. Solo cuando nuestro Ser llegue a ser uno mismo con la Vía, nos habremos transformados en el centro del Universo.

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