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sábado, 21 de marzo de 2020

El Kabuto o casco de los samuráis, una expresión del alma japonesa

El Kabuto o casco de los samuráis, una expresión del alma japonesa

Tomado de:
http://rarasartes.com/el-kabuto-o-casco-de-los-samurais-una-expresion-del-alma-japonesa/




Los guerreros, en todas las épocas, han considerado la cabeza desprotegida como la parte más vulnerable del cuerpo. El casco tradicional japonés llamado KABUTO era además la parte que reflejaba el carácter y la personalidad del portador. A lo largo del tiempo, este casco propio de los samurais fue mucho más allá de su primaria función protectora para convertirse en un vehículo de expresión del suntuoso sentido de la artesanía y la cultura japonesa.

Los Kabuto eran diseñados y construidos para responder a las demandas de cada momento y de esta forma, proporcionan no solo evidencias históricas del estado de la tecnología guerrera japonesa, sino también de la organización social, del conocimiento de la metalurgia, el trabajo del cuero, la orfebrería, el arte plumario u otros muchos materiales propios de la artesanía así como de una evolución del gusto estético.

Cada Kabuto se hacía específicamente para su portador y se acabaron convirtiendo no sólo en una compleja expresión de la personalidad, e incluso del temperamento, de sus comitentes sino en un precioso legado y un reputado patrimonio familiar en una sociedad sintoísta en la que era tan fundamental el culto a los kami (dioses) como el de los antepasados. Incluso hoy en día, durante el festival nacional de la Semana Dorada a principios de Mayo, los Kabuto se muestran en pequeños cuartos y alcobas de las casas japonesas como una plegaria para que los niños de la casa sean bendecidos con valor, coraje y buena salud. Es decir, que en el Japón actual, el Kabuto sigue representando un talismán familiar, hecho que explica no sólo la abundancia de piezas conservadas sino, en muchos casos, su excelente estado de conservación.

Un aspecto misterioso de estos cascos japoneses es que se han encontrado en excavaciones algunos que datan del siglo V d.C., es decir, mucho tiempo antes del ascenso de la clase samurái lo que ha llevado a concluir su posible origen continental, de China o de Corea.

En casi todos los kabuto descubiertos hasta ahora, se puede encontrar una pequeña abertura situada en la parte superior del casco conocido como el tehen o hachimanza; Hachimanza literalmente se puede traducir como un asiento de Hachiman, el Dios de la Guerra. El propósito de esta abertura, que a veces es sólo un agujero en la parte superior del casco, se piensa que era para el paso de el largo mechón del cabello carácterístico de los guerreros. Los historiadores afirman que la práctica de mantener esa forma de pelo fue abandonada en gran parte en el período posterior a Muromachi, sin embargo la abertura en la tapa del kabuto se mantuvo para propósitos más simples tales como ventilación.

Es muy difícil explicar todas las partes de las que consta una armadura japonesa sin embargo, el simbolismo del casco de samurai superó con mucho su aplicación militar y se filtró en la sabiduría japonesa e incluso en los dichos cotidianos. Un dicho japonés ‘Katte Kabuto no o o shimeyo, traducido como’ apretar su kabuto después de ganar ‘ quiere decir algo parecido a como diríamos en occidente, no dormirse en los laureles. Otra frase que usa el simbolismo de Kabuto es ‘kabuto o nugu‘ que significa literalmente ‘quitar el kabuto’ que se usa para representar la rendición o a veces la derrota.

Los kabuto usualmente se adornaban con crestas denominadas tatemono o datemono; los cuatro tipos de crestas son: maedate (cresta frontal), wakidate (crestas laterales), kashiradate (crestas superiores), y ushirodate (crestas traseras). Estas podían ser emblemas de familias o clanes, u objetos planos que representaban animales, entidades míticas, oraciones u otros símbolos. De hecho los cuernos eran muy comunes, inclusive los cuernos estilizados de ciervo.

Algunos que incluyen desde astros como el sol naciente o la luna creciente, a elementos vegetales como ramas de helechos, flores de crisantemo o palos de bambú, animales acuáticos como la carpa, el pulpo, o insólitas formas de las más diversas conchas, o animales simbólicos típicos de la cultura japonesa como el dragón, el león o el fénix, hasta fantasmas, deidades budistas , oraciones, el fuego estilizado e incluso insectos como escarabajos, ciempiés, mantis religiosas y sobre todo libélulas y mariposas. En cuanto a su simbología los japoneses ven las mariposas como almas de los vivos y los muertos y eran considerados símbolos de alegría y longevidad. La libélulas, muy abundantes, cosa que me fascinó al principio, es porque son emblemáticas del éxito marcial, ya que varios nombres del insecto son homófonos con palabras que significan “victoria”. La carpa (koi) era un símbolo de perseverancia y la buena fortuna general. Los dragones pueden representar fortaleza, buena fortuna, coraje y sabiduría.

El fénix (hou-ou en japonés) en la mitología japonesa comparte características similares con el resto del mundo. Son vistos como símbolos de transformación, triunfo sobre obstáculos, lealtad, renacimiento y renovación. Igual que la flor del crisantemo, el fénix es un símbolo del emperador.


domingo, 28 de febrero de 2016

Mondo

MONDO
Extracto del maestro TAISEN DESHIMARU





En el Zen, un Mondo es un intercambio entre un discípulo y su maestro ( Mon: pregunta, et Do: repuesta). Algunos mondos son celebres e ilustran la transmisión del zen « de mi alma a tu alma ». La repuesta del maestro, que va más allá de la pregunta, toma a veces una forma enigmática y desconcertante en un primer momento.

P. —A propósito de los exámenes de acceso para adquirir los grados, los Dan, un maestro nos dijo un día que tres cosas eran importantes: shin, wasa, thai...el espíritu, la técnica, el cuerpo. ¿Cuál es la más importante?.  
R. —En las artes marciales como en el juego de Go, conocer bien la técnica es muy práctico. Sucede a veces que en un ser joven el cuerpo sirve de elemento fundamental, mientras que en un hombre de más edad, técnica y espíritu predominan. De hecho, lo más importante es shin, el espíritu. Después viene la técnica y el cuerpo. En los demás deportes, sobre todo en Occidente, la fuerza del cuerpo debe ser la más desarrollada. No es este el caso en las artes marciales; en judo, el cuerpo debe ser formado, pero es secundario en relación a la técnica y al espíritu-intuición necesario para aplicarlo bien. Si técnica fuerte y cuerpo fuerte luchan juntos, es la técnica la que vencerá. Si un espíritu fuerte combate una técnica fuerte, es el espíritu el que vencerá ya que sabrá encontrar el punto débil. Se conoce la historia del samurai que, después de una riña, combatía con un obrero. Aquel le hizo un hábil estrangulamiento mortal y el obrero se ahogaba cuando, en la punta de sus dedos, palpo los testículos de su adversario, los cuales agarro y apretó con todas sus fuerzas. Al cabo de algunos instantes, el samurai estuvo obligado a soltar presa, vencido...
El entrenamiento no debe estar concentrado únicamente sobre el desarrollo del cuerpo. Evidentemente, en los torneos modernos, no se lucha a vida o a muerte, sino para ganar puntos: por lo que la fuerza del cuerpo y la técnica es suficiente. En los tiempos antiguos, era completamente de otra manera puesto que la vida se encontraba en juego: entonces la intuición lo decidía todo, como último recurso.
Hoy día, se debería volver a encontrar esto; en cada combate, hacer como si la vida dependiera de él, incluso con los sables de madera. Entonces, las artes marciales encontrarían su verdadero lugar; la práctica de la vía. Si no, no se trata más que de un juego...
Fuerza de cuerpo, técnica y fuerza de espíritu están, de hecho, más o menos en igualdad, pero es siempre shin, el espíritu, el que decide el resultado del combate.
Ya os he contado la historia del samurai que vino a ver al legendario Maestro Miyamoto Musachi, y le pidió que le enseñara la verdadera vía del sable. Este último aceptó. Convertido en su discípulo, el samurai pasaba su tiempo, bajo la orden del maestro, acarreando y cortando leña, yendo a buscar agua a una fuente alejada. Y esto, todos los días, durante un mes, dos meses, un año, tres años. Hoy día, cualquier discípulo hubiera huido al cabo de algunos días, incluso de algunas horas. El samurai continuaba y de hecho, entrenaba su cuerpo. Sin embargo, al cabo de tres años ya no pudo aguantar más y le dijo a su maestro: “¿Pero qué entrenamiento me hace usted seguir aquí? Desde mi llegada no he tocado un sable. ¡Paso mi tiempo cortando leña y transportando agua! ¿Cuándo me iniciara usted?”. “Bueno, bueno”, respondió el maestro. “Voy a enseñarte la técnica, ya que lo deseas.” Le hizo entrar en el doyo y, cada día, desde la mañana hasta la noche, le ordeno que caminara sobre el borde extremo del tatami y que diera así, paso a paso, sin equivocarse, la vuelta a la sala.

P. —Pero esa es exactamente la manera que se debe tomar en el Kendo, un pie en la línea del otro, después deslizarse...
R. —Sí. De esta manera el maestro le enseño la concentración sobre la marcha. Concentrarse sobre un acto, hacerlo perfectamente. Ya que los detalles de la técnica, los trucos, los pasos, son de hecho secundarios con relación a la concentración. Si se está suficientemente concentrado, un gesto, uno solo, es suficiente.
Por consiguiente, el discípulo caminó a lo largo del borde del tatami durante un año. Al cabo de ese tiempo, dijo al maestro: “Yo soy un samurai, he practicado mucho la esgrima, he encontrado a otros maestros de kendo. Ninguno me ha enseñado como usted lo hace. Por favor, enséñeme la verdadera vía del sable.” Bien, dijo el maestro, sígueme. “Lo condujo lejos, a un lugar en el que se encontraba un trozo de madero que atravesaba un precipicio de una profundidad increíble, aterradora”: “He aquí dijo el Maestro, tienes que atravesar este pasaje.” El samurai discípulo no comprendía nada de aquello y, de cara al precipicio, dudaba, sin saber qué hacer. De pronto, oyeron detrás de ellos un toc.toc, el ruido de un bastón de ciego. El ciego, sin prestar atención a su presencia, paso al lado de ellos y atravesó sin dudar, tanteando con su bastón el madero que franqueaba el precipicio. “¡Ah pensó el samurai, empiezo a comprender. Si el ciego atraviesa así, yo debo hacer lo mismo.” En este instante el Maestro le dijo: “Durante un año, has caminado sobre el borde del tatami que es más estrecho que este tronco, así que debes pasar.” El samurai comprendió y...atravesó de una vez el puente. El entrenamiento estaba completo: el del cuerpo durante tres años; el de la concentración sobre una técnica (la marcha) durante un año, y el del espíritu de cara al precipicio, de cara a la muerte.

P.--¿Pero por qué el espíritu es lo más importante?
R. —Porque, a última hora, es él quien decide.
En las artes marciales japonesas, desde los tiempos antiguos, un solo gesto justo provocaba la muerte. De aquí viene la lentitud, la concentración de los movimientos antes del ataque, Un golpe, y se acabó: un muerto, algunas veces dos, si se daban los golpes justos. Todo se juega en un instante. En este instante, el espíritu decide todo, técnica y cuerpo lo siguen. En todos los deportes de hoy día existe un tiempo de espera. En las artes marciales no hay tiempo de espera: si se le espera aunque solo sea un poco, el espíritu debe estar sin cesar concentrado sobre la situación, dispuesto a atacar o reaccionar. De aquí su importancia primordial.

P. —Pero ¿cómo elegir la técnica de ataque?
R.---No es cuestión de elegir. Ello debe hacerse inconscientemente, automáticamente, naturalmente. El pensamiento no puede intervenir ya que si no, hay tiempo de espera, por consiguiente fallo. La conciencia permanente, despierta de la situación global es pues esencial para que surja el gesto justo: la conciencia selecciona un golpe, técnica y cuerpo parten hacia delante. Y se acabó.

P---Por ejemplo en kendo. Hay un golpe llamado debana wasa: se trata de atacar antes de que el adversario lo haga, de golpear antes de que él golpee. Por consiguiente, en esta técnica del debana, la intuición es en efecto muy importante.
R.---¡La intuición es siempre esencial! Si el adversario os da un golpe inesperado, debéis tener entonces la intuición de la parada, la conciencia de la huida. ¡Para salvaros del golpe! Conciencia que provocará la reacción del cuerpo y de la técnica apropiada. ¡Pero si pensáis en ese momento: “Debo utilizar tal o cual técnica”, en el instante de vuestro pensamiento, seréis tocado! La intuición desencadena el cuerpo y la técnica. Cuerpo y conciencia se unen: se piensa con el cuerpo entero, se emplea totalmente en la reacción.
Es por esto por lo que es difícil hacer categorías sobre la importancia o la jerarquía de shin, el espíritu, wasa, la técnica, y tai, el cuerpo. Deben estar unidos, No separados. Es su perfecta unión la que crea el acto justo. No su separación. La unidad total.
En las artes marciales japonesas, la Vía del sable, el kendo, ha sido considerada siempre como el arte más noble de combate, ya que es la que mejor une estos tres factores: conciencia-intuición, cuerpo y técnica.

P.---En el mundo, doce millones de personas practican el kendo, seis millones el judo, cinco millones el kárate, un millón el aikido, y doscientas mil personas el tiro con arco, el kyudo...
R.---En todas estas artes marciales, la unidad entre el espíritu, el cuerpo y la técnica es esencial.

Pensar y después golpear no es el gesto justo. Hay que atrapar suki, la ocasión, la oportunidad. Esto es muy importante. El pensamiento no puede hacerlo. Solamente la conciencia puede atrapar la oportunidad de la acción. El vació en el que hay que actuar.

lunes, 25 de mayo de 2015

Sugano Sensei - Notas de la Embajada de Camerún 2009-

Sugano Sensei - Notas de la Embajada de Camerún 2009 -
Entrevista cortesía de Brian Ericksen – Heaven and Earth Aikido, EEUU
Traducción espontánea respetando las características con que se expresaba Sugano Sensei en inglés.





Sugano Sensei está en DC para dejar su pasaporte en la Embajada de Camerún. Lo fui a buscar al tren, lo llevé a la embajada y luego almorzamos juntos. Más adelante, Sensei regresó después de dar clases en Camerún. El seminario fue en un estadio de fútbol. Había una enorme multitud mirando como si fuera un partido. Se rió contándome que cada vez que mostraba una técnica, el público pegaba un salto y gritaba y aplaudía o exclamaba cuando tiraban al uke y aplaudían cuando éste se levantaba. Sensei estaba muy perplejo por todo el asunto.

Febrero 2009
Brian Ericksen (BE): Mientras usted está acá, me preguntaba si le podía preguntar acerca de su comprensión del Aikido.
Sugano Sensei (SS): OK. Pero mi comprensión está cambiando. Mi comprensión, mañana, será diferente.

BE: ¿Cómo es eso?
SS: Mi comprensión ahora, no es la misma que era antes. El estudio ininterrumpido de lo que es el Aikido de O’Sensei. ¿Estamos intentando seguir lo que es su enseñanza? Interpretando en forma diferente y no a su manera, los individuos quieren ver lo que Aikido significa para ellos en lugar de cuál era la idea de O’Sensei.
Incluso en Japón. No están promoviendo sus ideas. Aikido es un negocio. Tienen Aikido solo en el nombre. Antes era simple. Profesor enseñaba a alumno. Ahora hay muchos estudiantes involucrados. Es una Asociación. Una organización deportiva.

BE: ¿Cómo volvemos al Aikido de O’Sensei?
SS: Cada persona, en forma individual, puede. Si Aikikai no hace Aikido, la persona debe retirarse. Una vez que comenzaron en Aikido, entonces problemas. Como Aikikai se hizo una organización deportiva, debe cumplir las reglas de una organización deportiva y no O’Sensei. La política no tiene nada que ver con el Aikido.

BE: ¿Sensei, podría hablar de lo que usted ve que son los beneficios del Aikido?
SS: Cualquier actividad deportiva trae beneficio con la condición física. Aikido tiene esto como una parte, pero es más complejo que otros deportes. Cualquier deporte requiere concentración. Aikido puede ser que menos porque no es competición. (Hay) atención pero nada en qué concentrarse. Los deportes requieren más atención que muchos de los que practican Aikido. El deporte se trata de competencia. En Aikido, una persona practicando debe ser humilde no vaya a ser que desarrolle un ego demasiado fuerte. En deportes el resultado es tangible. Si tengo ego, se basa en el resultado. Aikido no requiere de las mismas cosas. Los resultados no son tangibles. Es tan fácil desarrollar ego en Aikido.

BE: Según yo comprendo es por esto que cuando practicamos debemos poner un enfoque marcial en nuestra práctica. Por eso usamos armas. Aikido no es un arte marcial pero para poder enfocarnos debe haber un aspecto marcial en el entrenamiento.
SS: Poner el Aikido como un arte marcial, está mal. Ese es su problema. O’Sensei estudió como un arte marcial pero evolucionó hacia el Aikido. Nunca pienso en un arte marcial. La técnica debería ser funcional. Si practicas técnica sólo cómo técnica, entonces se ve mejor. Ves claramente. Cuando empiezas como un arte marcial entonces nunca sales (quedas solo en el marco del concepto) (Cuando la mayoría de la gente habla como de un arte marcial japonés). Mientras te quedes bajo el título “arte marcial” nunca vas a entender. Sólo necesitas entrenar. Entonces comprendes. Una vez que le des a Aikido el título de AM entonces hay límites. Aikido no debería ser eso.
O’Sensei despegó el Aikido de la forma tradicional de Arte Marcial. Un concepto nuevo. Una forma de entrenar basada en la filosofía.
1. Sé considerado con los demás.
2. No competir.
3. Tratar de desarrollar una buena coordinación física.
4. Trata de definir quién eres.

(15 de marzo, 2009. Viaje a NY para clase de cinturones negros. Revisé y corregí las notas de Washington con Sugano Sensei).
Sugano Sensei comentó sobre lo que mencionó más arriba de que Aikido no es un arte marcial. “Aikido podría clasificarse como un arte marcial japones. Desarrollado en un sociedad samurai. Las técnicas en la base son lucha. Aikido no es un arte marcial pero tiene muchos niveles. El comienzo es la auto defensa, después viene el otro nivel y el próximo según como cada uno lo desarrolle y comienza a tener una comprensión mayor.

BE: Desde el tiempo en que entrenaba y vivía en el dojo me he ido moviendo gradualmente a mis raíces cristianas. Veo esto como una parte de quién soy. Me ayuda a hacer una base desde la cual me defino y encuentro significados más profundos en la vida. Veo que Aikido tiene ciertas cosas que encuentro en mi comprensión cristiana. Aikido es una fuerza de amor y comprensión. Veo al cristianismo igual. Tenkan es similar a ofrecer la otra mejilla. Estoy buscando una forma de poder juntar mis interpretaciones. ¿Ve usted alguna compatibilidad?
SS: O’Sensei lo relacionaba a sus dioses. Al universo. Es errado relacionarlo con la cristiandad. O’Sensei describió la energía universal como amor. Muy distinto que la cristiandad. Para O’Sensei dios es una creación que iguala al amor. Cada acción universal = amor. Shinto describe cada acción como basada en el amor. No se relaciona con ninguna persona. El amor es a los dioses. Es de esperar que otras personas sientan lo mismo. Si no, no armonía. Sin embargo, la comprensión de O’Sensei no tiene nada que ver con las relaciones entre humanos.

BE: Pero si no se trata de relaciones entre personas, entonces ¿para qué usar el Aikido para pegarle a la gente? ¿Por qué deberíamos ser considerados con otros?
SS: Porque (el Aikido es) para hacer una unidad con Dios. Debemos desapegarnos de lo marcial para hacer la unidad. El problema es el modo. La gente siempre piensa cosas diferentes. Siempre interpretándonos a nosotros mismos.

BE: No comprendo, ¿¿no puedo dejarme a mí mismo?? No puedo alejarme de mi cuerpo o de mi mente o de mi ego. Ellos son yo. ¿Cómo no voy a interpretarme a mí mismo?
SS: Si te enfocas en el entrenamiento vas a comprender. No entrenamiento marcial, sólo entrenamiento. Debes ser humilde y no llenarte con falso ego con respecto al entrenamiento marcial.

BE: ¿Ese falso ego es por lo que está mal pegarles a los estudiantes?
SS. ¡¡No hagas eso!! (Enojado). Aikido enseña a obtener una buena posición. La técnica debe ser funcional pero no marcial. No se abusa de la gente. Si estás en una buena posición debes cuidar. (Pausa prolongada). El estudio continuo involucra capa sobre capa de estudio, cada capa es tan diferente. Esta es la mejor forma de estudiar. Estudiar técnica, funcionalidad. Estudiar espiritualidad.

BE: Usted ha hablado de espiritualidad. ¿Cómo debería ser el acercamiento espiritual para el estudio del Aikido?
SS: Sólo meditación básica. Una meditación introspectiva. La meditación construye auto comprensión. El rezo. En la meditación tratar de comprenderse uno mismo. En el rezo, tratar de comunicarse con Dios. Eso es mayormente rezo. La meditación tiene el problema del ego. La meditación da comprensión pero incrementa el ego. El rezar es deshacerse del ego. El rezo da humildad. Una vez alcanzado cierto nivel, si bien no se puede ir más allá del rezo, se trata de alejarse, desapegarse. No es la mejor solución. Se debe practicar, meditar, rezar. Esto en conjunto aumenta la comprensión, da humildad y aumenta capa sobre capa.

Seminario de cinturones negros:
“Hay dos formas de empezar tski con jo-gyakte y junte. Gyakye con la mano de arriba mirando para abajo y la mano de abajo con los dedos hacia adelante. En junte la mano hacia abajo y la mano de abajo con la palma hacia arriba. Pueden hacer el ejercicio. Gyakte, tski hacia delante, girar el jo, traerlo hacia uno y elevarlo para cubrir la cabeza, paso hacia delante y golpe de yonkyo. Junte, tski hacia delante, cubrirse la cabeza y golpear/atacar/pegar yonkyo. Deben comprender por qué hacemos cada parte, para hacerlo correctamente. No solamente arrojando el jo hacia fuera y girando los brazos. Cada movimiento tiene una razón. Cuando hacen tski están quebrando el pecho y golpeando al corazón.

Cuando levantan las manos están protegiendo la cabeza del ataque. Protección frontal. Cuando hacen un ataque yokomen, cada parte está hecha por el cuerpo y las manos lo siguen. Mientras se mueven hacia delante y golpean, el jo se mueve alrededor, cubriendo el movimiento. Están saliendo de la línea para golpear el costado de la cabeza. Romper el lado de la sien. Las armas son sobre enfocarse. Cada parte del movimiento tiene un propósito claro, ligado al movimiento. Movimiento del cuerpo, no de las manos. Hay un movimiento más profundo que deben comprender. Hay un movimiento antes del movimiento que comienza en el interior. Este es el movimiento universal. Si pueden entender esto, entonces todas las técnicas son simples. El afuera comienza con el adentro. El interior se liga al movimiento de todo. La parte física cuando entrenan, y hay una energía interior que no puede ser vista. Esto debe comprenderse.
Cuando discutimos el irimi nage. “Cuando están defendiendo dan un paso afuera de la línea del atemi. Cuando están atacando se quedan en la línea y atacan directamente adentro. Cuando hacemos técnica es para proyectar o dejar salir para rodar. Si es real, deben romper la cabeza. (Hace irimi nage y cuando tiran siguen al nage al piso. Arrodillándose sobre el nage, toman la parte de arriba de la cabeza y la de debajo de la cara y levantan). ¡Deben romper cabeza! (Se ríe y baja la cabeza del nage al tatami)
Hace irimi nage en tres formas. “De Gyaku. Entrar de lleno y luego cortar para abajo. Segundo, parar con la segunda mano y girar en tenkan. Luego tirar. Tercero, atemi con el revés de la mano, entrar y cortar hacia abajo. El ataque se hace en la línea. El atemi es en la línea.”



jueves, 23 de abril de 2015

Leyenda: Himiko, la Samurái que conquistó Corea

Leyenda: HIMIKO, LA SAMURÁI QUE CONQUISTÓ COREA

Fuentes: “Los mitos de Japón. Entre la historia y la leyenda”,
Carlos Rubio,“Religiones de Japón” – Yusa Michiko





La palabra “samurái” generalmente se utiliza para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón Feudal. Tal era la fuerza de este sector de la población, que desde el siglo X hasta el siglo XII detentaron el poder. Sin embargo, “samurái” quiere decir literalmente “el que sirve” y durante siglos, eso fue lo que hicieron. Eran guerreros diestros en el arte de la lucha, y muchos de ellos contaban con hijas o hermanas que también eran entrenadas en este arte. Su función era la de proteger el hogar, el honor y la familia en tiempos de guerra, y para ello utilizaban principalmente la naginata, un arma de asta que contiene una hoja curva en uno de sus extremos. Algunas de estas mujeres pasaron a los anales de la historia por sus hazañas y su fortaleza. Estas figuras eran conocidas como “Onna Bugeisha” (mujer samurái). Su número es escaso, pero tales eran sus proezas que muchas de ellas se convirtieron en leyenda.

Probablemente, de este reducido grupo la más famosa sea la Emperatriz Okinaga, conocida póstumamente como la Emperatriz Consorte Jingū e identificada comúnmente con la reina Himiko o Pimiko de las crónicas chinas. Fue la mujer del Emperador Chūai y tras su muerte en 209, ocupó el puesto de regente y líder hasta que su hijo accedió al trono en 269. Numerosas son las leyendas en torno a esta mujer. Las crónicas chinas la describen como una reina chamánica, ocupada en la brujería y que hechizaba a las gentes. Así mismo, estos textos relatan las relaciones tributarias que el reino de Cao Wei mantuvo con el reino de Himiko. Según la leyenda recogida en el Kojiki y el Nihonshoki., los dioses hablaron con la Emperatriz Okinaga para que liderara un ejército con el fin de invadir el reino del Oeste (identificado como el Reino de Silla en el suroeste de Corea). Siguiendo las indicaciones del oráculo, se dirigió a la bahía de Kashihi, en Kiushu, se desató el cabello y se bañó en el agua del mar. Inmediatamente, su pelo se dividió en dos partes iguales. Después, se lo recogió en dos moños, adoptando el aspecto de un guerrero. Tras este hecho, se dirigió a sus ministros dando órdenes para reunir un gran ejército que ella misma capitanearía adoptando el aspecto de un hombre.
Una vez reunido el ejército, la soberana se preparó para la batalla. Al estar embarazada y a punto de dar a luz, la soberana tomó unas piedras y las puso en la cintura de su vestido, con el fin de retrasar el parto. Sin duda, el truco de las piedras funcionó considerando que la campaña duró tres años, y la emperatriz no daría a luz hasta después de la misma. En el primer mes de invierno, la flota zarpó desde la isla de Tsushima, próxima a la de Kiushu, hacia el reino de Silla. Atemorizado ante la llegada de tal potencia naval y armamentística, el rey de Silla decidió preparar una bandera blanca y mostrarse ante los conquistadores con las manos atadas a la espalda como gesto de sumisión.

Los historiadores rechazan esta leyenda alegando que se trata de una invención para justificar el período interregno durante su regencia. Sin embargo, las fuentes japonesas sí que describen a una soberana íntimamente ligada a la diosa Amaterasu, que desempeñaba todas las funciones sacerdotales y con grandes dotes para la guerra. Aunque el nombre de Himiko o Pimiko no aparece en las fuentes niponas, la correspondencia en cronología y descripción de la misma en las fuentes chinas, parece establecer un claro paralelismo entre ambas figuras. Además, su traducción literal, “hija del sol”, la relacionan claramente con Amaterasu, de cuyo templo sería suma sacerdotisa, elevándola a la categoría de deidad.


La verdadera identidad de Himiko sigue siendo un misterio. En 2009, científicos japoneses descubrieron lo que parecía ser su tumba cerca de Nara. Sin embargo sus resultados no fueron concluyentes. De momento, nos toca fantasear con una de las grandes mujeres samurái. La mujer que conquistó Corea.

viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Qué significa estar sentado?


Tomado de http://kihon-dojo.blogspot.com/
La gestualidad japonesa. Tada, Michitaro.
Editorial Adriana Hidalgo. Bs. As. Argentina, 2007.




¿En qué postura estás leyendo esto?, ¿cómo está tu espalda, recta?, ¿cómo es tu respiración?.

Normalmente para nosotros los occidentales, nuestra postura es algo a lo que no ponemos mucha atención y curiosamente asociamos ciertas posturas a mayor o menor pasividad: con frecuencia decimos "tendrás que esperar sentado", cuando queremos decir que algo demorará demasiado. Estar sentado usualmente significa eso: estar, indica un estado y no una acción.

En algunas disciplinas tradicionales japonesas (marciales o no), sentarse representa una acción en sí misma; sin embargo, en Aikido estar sentado (seiza) no es tan central como lo es (el sazen) en el budismo, lo cual me ha hecho preguntarme muchas veces qué quiere decir estar sentado en general, más aún en el tatami, espacio en cual se realiza meditación en movimiento.

Una feliz casualidad me llevó a encontrarme un libro llamado La gestualidad japonesa, escrito por un antropólogo japonés, en el que hay reflexiones sobre las más variopintas formas de gestualidad, entre ellas, el estar sentado.  Es un estudio interesante porque ofrece una explicación contemporánea de cómo puede explicarse una costumbre relativamente anticuada para los propios japoneses.

Les comparto fragmentos del capítulo en cuestión, cuyas páginas me causaron tanta sorpresa como al bibliotecario de la Facultad de Filosofía y Letras encontrar a un lector sentado en seiza a medio pasillo, orillado a leer sobre el suelo a falta de asientos en la sala de lectura.

Uriel


"Suwaru II
Estar sentado II

[...]

Se dice que el director de cine Yasujiro Ozu sufría de indigestión porque trabajaba boca abajo durante largos períodos [...], ¿por qué este hombre se recostaba con el peso sobre el estómago por tanto tiempo?, ése era el ángulo de cámara preferido del director y, por lo tanto, el problema estaba relacionado con el concepto estético de Ozu. Todos los equipos de filmación provenían, por supuesto del mundo occidental; los ángulos de cámara normales ofrecían la perspectiva de quien está de pie o sentado en una silla. Sin embargo, estos ángulos no son adecuados si deseamos que las representaciones de las escenas japonesas y del interior de las habitaciones japonesas comuniquen una sensación "estable".


[...]Todos los espacios interiores y objetos japoneses -como el nicho de imágenes tokonoma, el arreglo floral ikebana, y el conjunto de estantes escalonados del tokonoma- están construidos para ajustarse a la perspectiva de una persona que está sentada en el suelo. La mirada de una persona que está sentada es, por así decirlo, uno de los estándares de la cultura japonesa.

[...]El acto de estar sentado, el concepto moral que se asocia a la condición de estar sentado, su estética e incluso a la comodidad física que permite sentir, son todos aspectos incluidos en suatte, (que también significa estar sentado) en la vida cotidiana. Y todos los aspectos, de hecho, señalan estar "equilibrado".

[...]La postura de sentarse erguido se originó, según Kunio Yanagita, en la cortesía de hacer una reverencia al arrodillarse. Las personas se arrodillaban en presencia de los nobles. Suwarru (sentarse) se desarrolló a partir del gesto de kiza (arrodillarse). Estaba prohibido sentarse, es decir, apoyar la cadera en los pies al arrodillarse. Sin embargo, cuando la gente comenzó a recibir invitados en su propia casa con más frecuencia, el gesto de kiza comenzó a desaparecer y la gente comenzó simplemente a suwuaru. Yanagita dice sobre los cambios en estas posturas:

"...especialmente cuando una familia recibía invitados en la residencia de Edo (actualmente Tokio), el anfitrión les dedicaba la cortesía de arrodillarse frente a ellos. Ante este gesto el invitado no podía quedarse de pie y sentirse como en su casa. Entonces, ambas partes se arrodillaban, una en honor a la otra. Mientras tanto, las mujeres y los niños adquirieron la costumbre de relajar sus pies cuando se arrodillaban, por lo que llevaban sus rodillas al piso y luego apoyaban la cadera sobre sus talones. Este es el origen del movimiento actual de arrodillarse para terminar sentado. Es decir, suwaru primero significaba sueru (apoyar la cadera). En dialecto también se decía nemaru." (Minji saji, Cuestiones populares y trivialidades).

Por eso, desde el periodo histórico en que comenzó la residencia urbana del Samurai, iru (estar) se transformó en suwaru (estar sentado), y esta postura quedó establecida como una costumbre nacional.

Esto significa que estar sentado se volvió una postura social de rei (cortesía o "modales"), pero es una postura física más fácil y estable que la de arrodillarse y que sentarse con las piernas cruzadas. Como posición para el cuerpo no es totalmente cómoda ni demasiado rígida. Además, desde que los japoneses eligieron incorporar esta postura intermedia, surgieron muchas normas morales en torno a ella. Notablemente, la postura no surgió de un concepto moral previo. La postura intermedia rápidamente asumió la función de postura formal habitual, y de allí nació el aspecto moral, una consecuencia característica de nuestra forma de ser.

Cuando nos sentados erguidos, la energía del cuerpo se centra debajo del estómago. Se dice que nuestra posición permite que surja un poder único. ¿Por qué? Con frecuencia la gente expresa la idea de que, al sentarse erguidos, nuestros sentimientos ochitsuku (se estabilizan). Podemos tener paz y tranquilidad. Sin embargo, si el objetivo principal es tener paz y tranquilidad, ¿acostarse no sería la postura más estable? No, y que sólo sentirse físicamente estable no es suficiente: lo que necesitamos es una postura que produzca chikara (poder, energía). Aquí entra en juego lo moral.

[...] Me gustaría señalar que en la residencia samurái lo mejor era que todos los muebles y los utensilios diarios estuvieran guardados, no fueran visibles. En otras palabras, había mu (nada). Este mu es, en realidad, una postura de alerta. Si se produjera cualquier emergencia, los residentes podrían rescatar todo lo que necesitaran del armario o del dintel: es bueno guardar todos los objetos innecesarios y tener la casa limpia, inmaculada, porque se considera adecuado y hermoso que las personas estén alertas al cambio.

Los pies son necesarios para caminar, pero no para hablar. La postura que nos obliga a katazukete oku (guardar) los pies debajo de la cadera puede estar impregnada con la estética de alerta al cambio, y por lo tanto también con el código moral que confiere valor a esa actitud. De más está decir que sentarse con las piernas cruzadas es una postura más fácil de mantener, pero en esa posición el cuerpo se ve feo y sin gracia, como si se hubieran dejado a la vista cosas innecesarias y desordenadas.

[...] Bajo la abrumadora influencia de la cultura europea y norteamericana, algunas de las costumbres japonesas que surgieron en la antigüedad se dejaron de utilizar o se están abandonando. Una de ellas es sentarse erguido sobre el tatami. Los jóvenes ya no toleran esa postura porque se sienten demasiado tensos y rígidos. Pero aun cuando nos sentamos en una silla, nos resulta difícil encontrar el lugar adecuado para ubicar nuestros pies, es decir, la posición de nuestros pies es inestable. En Europa y América, las personas tienen la ideología del laissez faire que permite expresar una actitud, en este caso, dejando los pies al aire. Sin embargo, queda por resolver si es correcto en lo que respecta a la cultura de las posturas."

domingo, 12 de enero de 2014

Sakura y Bushi: un mismo concepto de la vida y la muerte

Sakura y Bushi: un mismo concepto de la vida y la muerte


Por: María Del Rosario Abramo,
Tomado de www.alternativanikkei.com.ar



La visión japonesa de la vida y de la muerte conecta al sakura en su momento de esplendor y la filosofía del bushido que inspiraba a los samurais.

Año tras año, entre fines de marzo y principios de abril, cuando la primavera se arraiga en el archipiélago japonés, multitudes se reúnen desde hace siglos para presenciar un impactante espectáculo natural: el breve estallido de los cerezos en flor. Tan popular es este evento que existen ránkings con los mejores lugares para verlos y hasta el servicio meteorológico se encarga de difundir pronósticos semanales anunciando cuándo florecerán los cerezos en las distintas regiones.

En Japón, donde los ciclos de la naturaleza han sido desde siempre un tema omnipresente sea en el arte como en la filosofía, la flor del cerezo es uno de sus símbolos más poderosos.

El budismo japonés lo emplea para representar la naturaleza transitoria e impermanente del mundo físico. Su súbito florecimiento y caída remiten, de hecho, al carácter cíclico de la vida, donde todo lo que nace inevitablemente ha de morir. La estética del “mono no aware”, o de empatía hacia las cosas, nace pues también de la contemplación de los pétalos del cerezo flotando como la nieve en su caída hacia el suelo. Enaltece este espectáculo por sobre el de los capullos en flor y lleva a sensibilizarnos acerca de la conmovedora y melancólica belleza en la pérdida de la belleza, en la tragedia, en la aseveración del carácter frágil, “flotante” y efímero de las cosas a nuestro alrededor y de nuestras propias vidas, que debemos valorar día a día cada día.

花は桜木人は武士 Proverbio que dice: “Como la sakura entre las flores, como el samurai entre los hombres”, significa ser lo mejor, lo más excelso en algo.

El samurai es como la flor de cerezo

La flor del cerezo es, asimismo, el emblema de los samurai. Un guerrero samurai despertaba cada mañana sabiendo que iba a morir. Vivía por ello cada día como el último, de modo honorable, atendiendo todos sus compromisos sin dejar nada pendiente, con la serenidad de saber que si moría no tendría nada de qué arrepentirse o lamentarse. Obraba así para poder entregarse por entero, sin miedos ni dudas a su deber, dispuesto a caer al primer soplo de viento, y en eso radicaba su dramática belleza: su vida era breve pero plena. Caía en el campo de batalla en su máximo esplendor al igual que el cerezo que florece al salir el sol y cae al mediodía.

Cuando a veces se asocia los samurai al estoicismo, es interesante ahondar en el por qué. El estoicismo fue una doctrina que hizo mella en Roma, un pueblo guerrero y pragmático que daba mayor importancia a la moral práctica que a la especulación filosófica. En un mundo natural cuyas leyes no controlamos y donde mucho de lo que sucede no depende de nosotros, el hombre sólo puede aspirar a tener dominio de sí mismo.

Es en el carácter y no en la cuna donde radica la dignidad del hombre. Sólo templando el espíritu a través de la práctica de la Virtud y la autodisciplina es que cualquier hombre, haya nacido rey o esclavo, puede llegar al estado de equilibrio y serenidad que los romanos denominaban “ataraxia”. En este estado, y de modo muy similar al budismo, uno alcanzaba la verdadera libertad: la autonomía. La propia felicidad ya no dependía así de los embates del destino sino de la propia fortaleza para actuar con alegría, prudencia y voluntad ante cualquier circunstancia, promoviendo la acción como un fin en sí mismo independientemente de los resultados.

No cometamos el error de ver entonces el estoicismo o el bushido como doctrinas de sacrificio; el sacrificio implica una pérdida y el que nada necesita nada puede perder. El espíritu del hombre no obedece ni depende de otra cosa que no sea de sí mismo, goza plácidamente de los bienes de la vida mientras están, sin apegarse a ellos, dado que sabe que son pasajeros, al igual que los cerezos.

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Nota adicional:

Existen varias leyendas japonesas entorno a los cerezos, una de ellas dice que a un monje se le apareció el dios de la montaña en el monte Yoshino (al sur de Osaka), y éste dibujó su rostro tallándolo en la corteza de un cerezo. Desde entonces en la montaña Yoshino es un lugar lleno de templos y santuarios en los que se venera a los cerezos como dioses. Actualmente la montaña de Yoshino tiene unos 30.000 cerezos, y todos los japoneses sueñan con viajar allí en primavera al menos una vez en su vida.

Otra leyenda explica las dos variedades típicas de la flor del Sakura, la blanca y la que tiene una tonalidad rosa. Según la leyenda las primeras flores de los cerezos sólo eran de color blanco. Pero durante la Época Mejí era muy normal que muchos samuráis fueran llamados a la guerra, y permanecieran mucho tiempo alejados de sus casas. Entonces, no era de extrañar que las mujeres casadas con samuráis se quedaran solas, por lo que se estableció una ley en la que se le prohibía a la mujer casada con un samurai -en batalla- que se viera con otro hombre que no fuera de su familia. La ley establecía que cualquier mujer sería libre de casarse o juntarse con amigos si ésta probaba que su esposo había muerto en combate.

Curiosamente no se han encontrado registros de mujeres ejecutadas por esta ley, y sin embargo, si hay registros de tantas muertas como samuráis muertos en distintas zonas. Ninguna de estas mujeres fue asesinada. Ellas mismas se quitaron la vida para honrar el nombre de su esposo muerto en batalla. Y esto lo hacían frente a un árbol del cerezo, símbolo del bushido (código del samurai). La sangre derramada junto al cerezo, la absorbía el árbol, y las flores blancas, quedaban convertidas en flores rosadas. Por ello, siempre que un samurái salía de su casa se sembraba un árbol de cerezo en su honor... O por si era necesario…

Durante la Segunda Guerra Mundial, el cerezo también fue un símbolo utilizado para alimentar el nacionalismo del pueblo japonés. Los pilotos kamikaces pintaban las ramas de cerezos en sus aviones antes de emprender una misión suicida. Y se entendía que cuando se pintaban los pétalos de la flor del cerezo cayendo se representaba el sacrificio que cometían los jóvenes en las misiones suicidas, con las que se honraba al emperador. Incluso se popularizó la creencia de que las almas de los pilotos suicidas se reencarnaban en las flores del cerezo.


miércoles, 21 de agosto de 2013

El Dokkōdō (独行道) «El camino de la marcha solitaria»


El Dokkōdō (独行道) «El camino de la marcha solitaria».

http://librosjapon.blogspot.com/2008/08/dokkd-el-camino-de-la-marcha-solitaria.html

 Shodō. Samurai
 
Dokkōdō, El camino de la marcha solitaria, fue escrito por el gran samurai Miyamoto Musashi siete días antes de fallecer. Este libro constituye la guía del samurai para mantenerse firme y no desviarse del camino de la guerra. Es un texto indispensable para comprender la filosofía que Musashi profesaba sobre la vida y su peculiar forma de Budo.

 Actualmente el manuscrito original del Dokkōdō se encuentra depositado en el Museo Artístico de la Prefectura de Kumamoto, al que fue donado tras haber pasado por diferentes manos y tras cumplirse la última voluntad de su ulterior propietario: Takeshi Suzuki. Dicho original formó parte del patrimonio de la familia Toyota desde los tiempos en que Toyota Masatake y sus futuros descendientes ostentaron el título de «Consejeros de Guerra» del castillo de Yatsushiro.

Tanto los veintiún preceptos que constituyen el Dokkōdō como el Gorin no sho están fechados siete días antes del fallecimiento de Musashi, y ambos están dirigidos a un mismo destinatario, su discípulo Terao Magonojō.

Los estudiosos han comparado la escritura del Dokkōdō con la de las cartas existentes de Musashi, de cuya autoría no se tiene duda alguna: la primera, la que se conserva en el Museo conmemorativo Eiji Yoshikawa; y la segunda, la depositada en el Museo Municipal de Yatsushiro. El resultado es que los trazos, la presión del pincel, la inclinación de los caracteres y, en definitiva, el tipo de escritura corresponden a la misma persona. Por consiguiente, no cabe duda alguna de que el Dokkōdō que se conserva en Kumamoto fue escrito de puño y letra por el gran guerrero Miyamoto Musashi.

«El camino que se debe seguir solo» ‘Dokko-Do’ (“la Vía que ha de seguirse solo” o “la Vía de la Autodisciplina” o “la marcha solitaria”). Es una obra breve consistente en diecinueve a veintiún preceptos (los preceptos 4 y 20 se omiten de la versión original).

En dicho documento se expresa una forma de vida estricta, honesta y asceta. A continuación y separados por puntos, se ponen las distintas maneras en las que se puede interpretar:

Acepta todo exactamente de la manera que es. Jamás actúes contrariamente a la moral tradicional. No contravenir la Vía inmutable a través de los tiempos.

No busques el placer por tu propio bien. Evita buscar los placeres del cuerpo. Nunca intentes aprovechar ningún momento de facilidad.

Bajo ninguna circunstancia, dependas de un sentimiento parcial. No tengas parcialidad por nadie ni nada. Ser imparcial en todo. No te dejes arrastrar por la avidez en toda la vida.

Piensa ligeramente en ti y profundamente en el mundo. Piensa poco en ti mismo, pero mucho en la colectividad. No te preocupes por asuntos egoístas.

Mantente separado del deseo a lo largo de toda tu vida. Estés libre de codicia a través de la vida. No estés celoso jamás de los demás, ni en bien ni en mal.

No te arrepientas de lo que has hecho. Nunca lamentes lo que has hecho. No tengas rencor o animosidad hacia ti o hacia los demás.

Nunca seas celoso. De ningún modo envidies a otros por su buena suerte, o te quejes de la tuya si es mala.

Nunca te entristezcas por una separación. Nunca te aflijas por la separación de alguien o de algo, en ningún momento. No estés triste por ningún tipo de separaciones.

El resentimiento y las quejas no son adecuadas ni hacia ti mismo ni hacia otros. Nunca te reproches nada o a otros, nunca te quejes sobre ti o sobre los demás.

Nunca permitas que te guíe la lujuria o el amor. Nunca sueñes en sucumbir bajo el enamoramiento (o apasionamiento) por una mujer. No ser jamás cobarde por culpa del cuerpo.

No tengas preferencias en ninguna cosa. Gustos y aversiones, no tengas ninguno. No buscar jamás el bienestar personal.

Se indiferente respecto a  donde vives. Sea como fuere el lugar donde vives, jamás tendrás ninguna objeción en su contra.

No persigas el probar buena comida. Nunca desees comida refinada para ti. No busques los platos más refinados para contentar el cuerpo.

No te aferres a posesiones que ya no necesites. Nunca tengas objetos antiguos ni curiosos bajo tu posesión. No rodearse de ninguna cosa preciada en toda la vida.

No actúes siguiendo costumbres o creencias. Jamás realices purificaciones o abstinencias supersticiosas para protegerte contra las malas influencias.

No colecciones armas o practiques con ellas más allá de lo útil. No tengas gusto por implementos de ninguna clase, exceptuando espadas y otras armas. No seas tentado por ningún objeto a pesar de las armas.

No temas a la muerte. Jamás te arrepientas de tu vida encausada hacia la rectitud.

Conságrate enteramente a la Vía sin temor, hasta la muerte. Aunque el cuerpo sea viejo, no tengas deseos de la muerte.

No busques poseer bienes o feudos en tu vejez. En absoluto desees tener ninguna posesión que te otorgue comodidad en tu vejez.

Respeta a Buda y a los dioses sin contar con su ayuda. Venera a Dioses y Buddhas, pero nunca pienses depender de ellos.

Puedes abandonar tu cuerpo pero debes perseverar en el honor. Más pronto prefiere dar tu vida que deshonrar tu buen nombre. La espada no se desenvaina a la ligera.

Nunca te apartes del Camino. No abandones nunca la Vía de la táctica. Nunca, ni por un momento, ni en cuerpo ni alma, me apartaré de la Vía del Sable.

Escrito a los 12 días del quinto mes, en el segundo año de Shoho (12 de Mayo de 1645), por "Shimmen Miyamoto Musashi no Kami Fujiwara no Genshin".

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