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martes, 5 de noviembre de 2019

El Aikido y el ideal samurai


EL AIKIDO Y EL IDEAL SAMURAI

 

Por Cuauhtémoc Sotelo Rosas. Aikikai Cuernavaca.
México. Shodan de Aikido.
Tomado de: http://samuraibushi.simplesite.com/418688863

 


Desde el tipo de vestimenta o uniforme (keikogi y hakama) que se usa para entrenar Aikido, tácitamente se da a entender la identificación del arte marcial con la cosmogonía samurái: las solapas de la chaqueta se cruzan montando la izquierda sobre la derecha. Tradicionalmente sólo se hacía a la inversa en las mujeres y en los difuntos. Este motivo es absolutamente pragmático: tradicionalmente los samuráis llevaban la espada (katana) en el lado izquierdo, por lo que si la solapa derecha de la chaqueta estuviera sobre la izquierda, existiría la posibilidad de que la empuñadura de la katana se enganchara con la solapa del traje al desenvainar, lo cual podría significar la muerte ante un adversario rápido. Por otro lado, cubrir la solapa derecha permitía esconder en la chaqueta un cuchillo (tanto), pudiendo desenvainarse rápidamente al introducir la mano derecha bajo ésta.

En lo que respecta a la hakama, debe decirse que en la época feudal japonesa sólo podían vestirla los nobles de la corte y los samuráis de alto rango.

Conviene recordar que el aikido es un arte marcial con profundas raíces y fundamentos históricos, filosóficos, éticos y, si se quiere espirituales, pero con todo y eso no es un yoga, ni un tai-chi, ni una contemplación, ya que de otra forma se llamaría así, tendría cualquiera de esos nombres. El Aikido es un arte marcial completo y autónomo, que también es deudor, heredero y continuador de distintas disciplinas marciales provenientes tanto de la antigüedad como de la historia moderna de Japón, todas ellas relacionadas inextricablemente con la casta de los samuráis. De ahí que el uniforme o vestimenta que se usa para practicarlo, se relacione práctica e históricamente con esos guerreros legendarios. De otro modo, para efectos también prácticos -si el Aikido no se relacionara ni se quisiera que se relacionase con los antiguos samuráis-, podría usarse cualquier otro tipo de vestimenta como vemos en distintas disciplinas de contacto deportivas o diferentes artes marciales de competición.

Por eso –dice Nobuyoshi TAMURA en su libro “Aikido. Etiqueta y transmisión”-, en el Aikido para la práctica (keiko) se lleva un keikogi (pantalón y chaqueta) sin ninguna prenda interior (las mujeres, no obstante, llevan una camiseta). Después de haberse atado el cinturón de ejercicio (keiko-obi) se pone el hakama de ejercicio (keikohakama).”

“Este conjunto es la adaptación práctica de la vestimenta que antaño llevaban de forma cotidiana los samuráis. Presenta las siguientes ventajas: comodidad, no entorpece los movimientos; solidez, y buena absorción del sudor.”

El aspecto más notable es que, si el conjunto se lleva correctamente, la actitud se ve mejorada, consolidando en consecuencia lo mental.”

“Si nos incorporamos a los boy-scouts llevaremos uniforme, si nos incorporamos al ejército antes de todo nos pondremos el uniforme, lo que provoca de forma natural una sensación de pertenencia. Lo mismo ocurre en el aikido; el hecho de vestir el conjunto indumentario tradicional de los samuráis permite al aikidoka dirigirse a la práctica con el cuerpo y el espíritu unificados desde el principio del ejercicio.”

 NOBUYOSHI, Tamura. “Aikido. Etiqueta y transmisión”, pág. 122.

La actitud, lo mental, el cuerpo y el espíritu “unificados” desde el principio, son los signos de pertenencia –en lo que a la vestimenta se refiere- a la idea samurái en el Aikido. La vestimenta del aikidoka emula, con intención llena de respeto, el esprit de corps samurái en el Aikido.

Y qué decir del conjunto de técnicas del que se compone la enseñanza del Aikido, tanto cuando se enseñan las técnicas a mano vacía, como cuando se practica con las herramientas y armas que se conocen, sirviendo solo de ejemplo histórico aquellas que le permitían al samurái no ser desarmado ni inmovilizado en un ataque sorpresivo o verdaderamente cercano en los caminos, cuyo ataque tuviera como fin evitar que desenvainara. Las técnicas de Aikido, creadas y modificadas por O Sensei para no ser letales, guardan en su forma la simiente del combate samurái.

El protocolo y la etiqueta que los practicantes de Aikido guardamos en nuestros entrenamientos, en la manera en que ahí nos relacionamos con nuestros compañeros y con nuestro sensei, o en la manera en que reverenciamos y practicamos la etiqueta y usamos el bokken, el tanto y la katana. Todo, nos evoca la disciplina y los rituales de los samuráis.

Quizás el ideal samurái sea una cosa aspiracional en el Aikido, una búsqueda axiológica, digno de emularse en su profundo trasfondo ético, como hombres y mujeres de su tiempo: de honor, de coraje, de rectitud, de benevolencia y de lealtad.

Así, el bushido fue redactado, entre otros, por Tsuramoto Tashiro, que recogió las reglas escritas del monje samurái Yamamoto Tsunetomo, samurái famoso por la recopilación de la tradición guerrera japonesa en el hagakure. En el bushido encontramos elementos procedentes del zen y del sintoísmo. La formación del samurái era el resultado de varios componentes religiosos, filosóficos y sociales. Será el budismo zen el que vuelva el espíritu samurái fuerte como su espada. El samurái debía demostrar impasibilidad y autocontrol en cualesquiera circunstancias, y para esto se entrenaba durante años. Gracias al zen samurái llegaba a adquirir un dominio absoluto de sí mismo en casi cualquier situación. El samurái tenía que poseer sentido del deber, resolución, generosidad, firmeza de ánimo, magnanimidad y humanidad.

El bushido posee influencias de cinco corrientes distintas: el confucionismo chino que hace culto a los antepasados y tiene como grandes virtudes la lealtad y la justicia, esta corriente busca la superioridad moral y la búsqueda del conocimiento. El taoísmo de Lao Tsé y su Tao Te Ching donde el objetivo primordial es alcanzar la inmortalidad buscando la armonía de las energías yin y yang que conforman el Tao. El budismo que trasciende la muerte y brinda al guerrero un estado de armonía absoluta. El zen que aporta características guerreras y valor al samurái. El sintoísmo que brinda valores éticos y lealtad con el soberano de forma tradicional. En esta corriente el samurái encuentra su pureza que entre otras cosas no le permite pensar en la traición.

Si bien el Bushido es un código muy estricto en cuanto a valores y reglas a seguir, aportaba a los guerreros una gran disciplina que convirtió a los samuráis en ejemplos no solamente en el campo de batalla sino en la sociedad japonesa.

“Ya fuera en tiempo de guerra o de paz –dice Carol GASKIN-, un samurái intentaba encontrar la paz dentro de sí mismo a través de la meditación. Con frecuencia, buscaba la tranquilidad de su jardín o de su casa de té privada situada en el mismo. Los jardines de los samuráis eran obras de arte diseñadas con flores y árboles, contrastes de luces y sombras, estanques de agua, o simplemente arena y rocas, todo ello en un esfuerzo por representar verdades acerca de la naturaleza de la vida.”

GASKIN Carol y Vince HAWKINS, “Breve historia de los samuráis”, Ed. Nowtilus, Madrid, 2005, págs. 46-47.

 

A pesar de que el Bushido era un código seguido por guerreros que eran entrenados para matar también les daba una faceta humana que tenía como pilares la nobleza, la humanidad y un amplio sentido de la justicia. El samurái no mataba en vano ni tampoco hacía alardes de sus habilidades como guerrero. La honradez y humildad frente a los demás causaban admiración y no temor.

Los ciudadanos comunes sabían que los samuráis eran capaces de matar, pero en general no se permitían abusar de su poder, precisamente por estar sujetos a las estrictas reglas emanadas del Bushido, que prescribía conductas ejemplares para hombres –y mujeres de la misma casta y linaje-.

El Bushido posee siete reglas o virtudes que lo definen: Justicia -Rectitud (Gi) donde se busca ser justo y honrado, en la justicia no hay términos medios, las cosas son correctas o incorrectas. Coraje (Yuu) es tener valor, ser arriesgado, no tener miedo y actuar con inteligencia, respeto, fuerza y precaución. Benevolencia (Jin) es sentir compasión, ayudar a los demás en cualquier oportunidad, utilizar las habilidades adquiridas para ser útil a otras personas. Respeto (Rei) ser cortés aún con los enemigos, ser digno del respeto y no imponerse por la fuerza, jamás ser crueles o despiadados y recordar que el respeto es un valor que nos diferencia de las bestias. Honestidad (Makoto) ser sincero ante todo, tener valor en la palabra y en los hechos, hablar y hacer debe ser lo mismo, cumplir siempre las promesas aun cuando la vida está en juego. Honor (Meiyo) esta virtud es siempre juzgada por uno mismo, el conocimiento profundo del propio ser es el más claro reflejo de la realidad, el samurái sabía que nunca podía engañarse y evadir la realidad. Lealtad (Chuu) responsabilidad total por aquellos bajo su cuidado, el samurái es fiel ante todo e incapaz de traicionar, daba la vida por sus protegidos sin pensarlo dos veces.

El Bushido es un código muy noble, con ideales muy humanos que le brindan al guerrero la posibilidad de darse cuenta de que a pesar de haber sido entrenado para matar, se debe respetar y honrar la vida humana y la vida de todos los seres vivos, guardando el sentido de su responsabilidad social para con los demás, aún con sus enemigos. Aun cuando el samurái siempre estaba preparado para la muerte y la aceptaba con resignación estoica, tampoco mataba por placer, ya que estaba seguro de sus habilidades guerreras y no sentía necesidad de demostrarlas. Su mente estaba en paz, normalmente quieta, y su espíritu se enriquecía con los valores del Bushido.

Esta filosofía ha trascendido con el paso de los años y acompaña a muchas artes marciales japonesas tradicionales como por ejemplo el Kendo y el Aikido. Pero es indudable que los mayores seguidores del Bushido fueron los samuráis que no solamente respetaron el Bushido sino que vivieron a través del mismo.

Bushi no ichi-gon o "la palabra de un samurái" trasciende a un mero pacto de confianza y completa fe. Cuando un samurái daba su palabra era su propia vida lo que ponía como garantía, razón por la cual ningún pacto, tarea o misión de un samurái fue jamás recogida por escrito. El samurái también necesitaba un completo auto-control y estoicismo para ser totalmente honroso. No debían mostrar en público signos de dolor o alegría. Soporta todo interiormente, ya que tiene prohibido gemir ni llorar. Siempre mostraba un comportamiento calmado y una compostura mental que hacían que ninguna pasión de ningún tipo debería interponerse.

“Jorge Luis Borges glosa la historia de los cuarenta y siete samuráis relatada por Algernon Freeman-Mitford en sus viajes al Japón decimonónico. Lo que rescata Borges después de haber expuesto la esencia del relato de lo que el propio narrador argentino llama “la historia de los cuarenta y siete hombres leales”, es una conclusión de orden ético. Borges dice que la historia de los samuráis que vengaron la muerte de su amo contra la humillación en manos de Kotsuké no Suké, “no tiene final, porque los otros hombres, que no somos leales tal vez, pero que nunca perderemos del todo la esperanza de serlo, seguiremos honrándolos con palabras”. Este no es un detalle menor cuando pensamos en una cultura como la japonesa, en especial porque lo que remarca Borges no es sólo el tema de rendir culto a la memoria de un amo al que se le debe lealtad, es también el doble compromiso con uno mismo –el samurái debe ante todo cumplir con su propia ley- así como con el compromiso con lo que se debe hacer en términos sociales, vale decir, una conducta frente a los demás.”

FREEMAN-MITFORD Algernon, “El mundo del samurái”, ladosur ediciones, Buenos Aires, 2006, pág. 12.

martes, 5 de diciembre de 2017

La lealtad al maestro o al sensei


La Lealtad al Maestro o al Sensei

Publicación tomada de FB Hagakure Aikikai Lanus

La lealtad es una virtud muy apreciada en el Bushido. Como lo es en nuestra sociedad, por lo que la relación entre profesor y alumno puede verse perturbada por la ausencia de esta virtud.



La experiencia y los conocimientos de un buen profesor, son el resultado de muchos años de trabajo, estudio y “peregrinaje”... y de todo ello, va a nacer la enseñanza que transmitirá al alumno, que se hace acreedor de ella mediante un entrenamiento serio y constante, y su “lealtad” al profesor, que no quiere decir servilismo (maestrolatría), ni anulación de la buena personalidad, pero tampoco “veleidad”, es decir, andar buscando novedades, variantes, estilos, maneras, etc., en otros profesores o maestros, pensando que en un encuentro ocasional de una clase o de un cursillo, el maestro desconocido, le va a revelar en pocos segundos su sabiduría o su secreto, lo cual es señal inequívoca de que no ha depositado toda su confianza en su profesor habitual.

El sensei no puede, ni debe prohibir que sus alumnos tengan deseos de conocer o practicar con otros maestros; al contrario, debe invitarle a que lo hagan, como también lo hace él, porque sabe que es una forma de enriquecerse y progresar, pero de ello no ha de constituir un obstáculo para que el alumno consciente, olvide la lealtad que debe a la persona que le está mostrando el camino y corrige sus errores, es decir, a su profesor.

El sensei no es un simple asalariado de sus alumnos, a los que está obligado a transmitir su sabiduría por el pago de una cuota mensual, que en nada más les compromete, ya que éstos pueden asistir o no a las clases cuando les apetezca así como abandonar la práctica o cambiarse a otro Dojo si les viene en gana, a veces por motivos bien fútiles.

Las relaciones profesor - alumno van más allá de esta prosaica transacción, y es aquí donde cobra todo su valor la lealtad a una persona.

El verdadero profesor o maestro, se sabe “eslabón de la cadena de transmisión generacional del Budo” y por respeto y fidelidad a la misma _para guardar intacta la herencia recibida_ se ve obligado a dispensar dos tipos de enseñanza:

  • Enseñanza Ordinaria: Auténtica y fiel a la tradición, pero elemental, destinada a los alumnos menos serios o inconstantes que toman el arte marcial como un simple pasatiempo o diversión y lo toman o dejan a capricho.


  • Enseñanza Especial: Que el profesor dispensa a aquellos alumnos cuyo deseo de aprender y progresar se evidencia por la seriedad y constancia de su entrenamiento y el respeto de la ética del Budo.

El profesor, a priori, no discrimina nunca a nadie, está abierto a todos, es el alumno con su comportamiento el que decide qué tipo de enseñanza desea recibir. Si el maestro no enseña todo cuanto sabe, no es porque quiera conservar ciertos “secretos” para sí con el objetivo de salvaguardar su superioridad, sino porque el nivel, la aplicación o el interés del alumno no lo permiten.

domingo, 12 de enero de 2014

Sakura y Bushi: un mismo concepto de la vida y la muerte

Sakura y Bushi: un mismo concepto de la vida y la muerte


Por: María Del Rosario Abramo,
Tomado de www.alternativanikkei.com.ar



La visión japonesa de la vida y de la muerte conecta al sakura en su momento de esplendor y la filosofía del bushido que inspiraba a los samurais.

Año tras año, entre fines de marzo y principios de abril, cuando la primavera se arraiga en el archipiélago japonés, multitudes se reúnen desde hace siglos para presenciar un impactante espectáculo natural: el breve estallido de los cerezos en flor. Tan popular es este evento que existen ránkings con los mejores lugares para verlos y hasta el servicio meteorológico se encarga de difundir pronósticos semanales anunciando cuándo florecerán los cerezos en las distintas regiones.

En Japón, donde los ciclos de la naturaleza han sido desde siempre un tema omnipresente sea en el arte como en la filosofía, la flor del cerezo es uno de sus símbolos más poderosos.

El budismo japonés lo emplea para representar la naturaleza transitoria e impermanente del mundo físico. Su súbito florecimiento y caída remiten, de hecho, al carácter cíclico de la vida, donde todo lo que nace inevitablemente ha de morir. La estética del “mono no aware”, o de empatía hacia las cosas, nace pues también de la contemplación de los pétalos del cerezo flotando como la nieve en su caída hacia el suelo. Enaltece este espectáculo por sobre el de los capullos en flor y lleva a sensibilizarnos acerca de la conmovedora y melancólica belleza en la pérdida de la belleza, en la tragedia, en la aseveración del carácter frágil, “flotante” y efímero de las cosas a nuestro alrededor y de nuestras propias vidas, que debemos valorar día a día cada día.

花は桜木人は武士 Proverbio que dice: “Como la sakura entre las flores, como el samurai entre los hombres”, significa ser lo mejor, lo más excelso en algo.

El samurai es como la flor de cerezo

La flor del cerezo es, asimismo, el emblema de los samurai. Un guerrero samurai despertaba cada mañana sabiendo que iba a morir. Vivía por ello cada día como el último, de modo honorable, atendiendo todos sus compromisos sin dejar nada pendiente, con la serenidad de saber que si moría no tendría nada de qué arrepentirse o lamentarse. Obraba así para poder entregarse por entero, sin miedos ni dudas a su deber, dispuesto a caer al primer soplo de viento, y en eso radicaba su dramática belleza: su vida era breve pero plena. Caía en el campo de batalla en su máximo esplendor al igual que el cerezo que florece al salir el sol y cae al mediodía.

Cuando a veces se asocia los samurai al estoicismo, es interesante ahondar en el por qué. El estoicismo fue una doctrina que hizo mella en Roma, un pueblo guerrero y pragmático que daba mayor importancia a la moral práctica que a la especulación filosófica. En un mundo natural cuyas leyes no controlamos y donde mucho de lo que sucede no depende de nosotros, el hombre sólo puede aspirar a tener dominio de sí mismo.

Es en el carácter y no en la cuna donde radica la dignidad del hombre. Sólo templando el espíritu a través de la práctica de la Virtud y la autodisciplina es que cualquier hombre, haya nacido rey o esclavo, puede llegar al estado de equilibrio y serenidad que los romanos denominaban “ataraxia”. En este estado, y de modo muy similar al budismo, uno alcanzaba la verdadera libertad: la autonomía. La propia felicidad ya no dependía así de los embates del destino sino de la propia fortaleza para actuar con alegría, prudencia y voluntad ante cualquier circunstancia, promoviendo la acción como un fin en sí mismo independientemente de los resultados.

No cometamos el error de ver entonces el estoicismo o el bushido como doctrinas de sacrificio; el sacrificio implica una pérdida y el que nada necesita nada puede perder. El espíritu del hombre no obedece ni depende de otra cosa que no sea de sí mismo, goza plácidamente de los bienes de la vida mientras están, sin apegarse a ellos, dado que sabe que son pasajeros, al igual que los cerezos.

……………………………….

Nota adicional:

Existen varias leyendas japonesas entorno a los cerezos, una de ellas dice que a un monje se le apareció el dios de la montaña en el monte Yoshino (al sur de Osaka), y éste dibujó su rostro tallándolo en la corteza de un cerezo. Desde entonces en la montaña Yoshino es un lugar lleno de templos y santuarios en los que se venera a los cerezos como dioses. Actualmente la montaña de Yoshino tiene unos 30.000 cerezos, y todos los japoneses sueñan con viajar allí en primavera al menos una vez en su vida.

Otra leyenda explica las dos variedades típicas de la flor del Sakura, la blanca y la que tiene una tonalidad rosa. Según la leyenda las primeras flores de los cerezos sólo eran de color blanco. Pero durante la Época Mejí era muy normal que muchos samuráis fueran llamados a la guerra, y permanecieran mucho tiempo alejados de sus casas. Entonces, no era de extrañar que las mujeres casadas con samuráis se quedaran solas, por lo que se estableció una ley en la que se le prohibía a la mujer casada con un samurai -en batalla- que se viera con otro hombre que no fuera de su familia. La ley establecía que cualquier mujer sería libre de casarse o juntarse con amigos si ésta probaba que su esposo había muerto en combate.

Curiosamente no se han encontrado registros de mujeres ejecutadas por esta ley, y sin embargo, si hay registros de tantas muertas como samuráis muertos en distintas zonas. Ninguna de estas mujeres fue asesinada. Ellas mismas se quitaron la vida para honrar el nombre de su esposo muerto en batalla. Y esto lo hacían frente a un árbol del cerezo, símbolo del bushido (código del samurai). La sangre derramada junto al cerezo, la absorbía el árbol, y las flores blancas, quedaban convertidas en flores rosadas. Por ello, siempre que un samurái salía de su casa se sembraba un árbol de cerezo en su honor... O por si era necesario…

Durante la Segunda Guerra Mundial, el cerezo también fue un símbolo utilizado para alimentar el nacionalismo del pueblo japonés. Los pilotos kamikaces pintaban las ramas de cerezos en sus aviones antes de emprender una misión suicida. Y se entendía que cuando se pintaban los pétalos de la flor del cerezo cayendo se representaba el sacrificio que cometían los jóvenes en las misiones suicidas, con las que se honraba al emperador. Incluso se popularizó la creencia de que las almas de los pilotos suicidas se reencarnaban en las flores del cerezo.


jueves, 8 de agosto de 2013

La noble lucha del guerrero


La noble lucha del guerrero


 

Por Taisen Deshimaru

Tomado del Libro: Zen y las artes marciales

 

 
El Budo es la vía del guerrero: reagrupa el conjunto de artes marciales japonesas. El Budo ha profundizado de manera directa las relaciones existentes entre la ética, la religión y la filosofía. Su relación con el deporte es muy reciente. Los textos antiguos que consagrados a el conciernen esencialmente a la cultura mental y a la reflexión sobre la naturaleza del yo: ¿Quién soy yo?.

 
En japonés, Do significa la Vía. ¿Cómo practicar esta Vía? ¿Por qué método se la puede obtener? No se trata solamente del aprendizaje de una técnica, de un wasa, y aun menos de una competición deportiva. El Budo incluye artes como el kendo, el Judo, el Aikido, y el Kyudo (tiro con arco) Ya que en el Budo no se trata solamente de competir, sino de encontrar paz y dominio de sí.
 

Por consiguiente Do es la Vía, el método, la enseñanza para comprender perfectamente la naturaleza del propio espíritu y del propio Yo. Esta es la vía del Buda, la Butsu Do, que permite descubrir realmente la propia naturaleza original, despertarse del sueño del ego adormecido (nuestro yo estrecho), y alcanzar la más alta y la más total de las personalidades. En Asia esta Vía se ha convertido en la moral más elevada y en la esencia de todas las religiones y de todas las filosofías. El Ying y el Yang del Yi-King o “la existencia es nada” de Lao Tse, encuentra aquí sus raíces.

 
¿Qué quiere decir esto? Que se puede olvidar el cuerpo y el espíritu personal alcanzar el espíritu absoluto, el no-ego. Armonizar, fusionar el Cielo y la Tierra: el espíritu interior deja pasar los pensamientos y las emociones. Es libre de su alrededor. El egoísmo es abandonado. Tal es el origen de las filosofías y de las religiones en Asia. El espíritu y el cuerpo, lo exterior y lo interior, la sustancia y los fenómenos: estos pares no son dualistas ni opuestos, sino que forman una unidad sin separación. Un cambio, sea cual sea, influencia siempre todas las acciones, todas las relaciones entre todas las existencias. La satisfacción o la insatisfacción de una persona influencian a todas las demás personas. Nuestras acciones personales y las de los demás están en relación de interdependencia.

 
“Vuestra felicidad debe ser mi felicidad, y si lloráis, o lloro con vosotros. Cuando estáis tristes, tengo que entristecerme, y cuando sois felices, debo ser feliz también.” Todo esta ligado, todo se une en el universo. No se puede separar la parte del todo: la interdependencia rige el orden cósmico.
 

En cinco mil años de historia oriental, la mayoría de los sabios y de los filósofos se han concentrado sobre este espíritu, sobre esta Vía, la han transmitido.

 
Él Shin Jin Mei1 , libro muy antiguo de origen chino, dice: “Shi Do Bu Nan...” la vía mas alta no es difícil, pero no hay que elegir. No hay que tener preferencias, ni gusto ni disgusto. El San Do Kai2 dice también: “hay separación como entre una montaña y un río si tenéis ilusiones.”

 
El Zen significa el esfuerzo del hombre practicando la meditación, el zazen. Esfuerzo para alcanzar el dominio de los pensamientos sin discriminación, la conciencia más allá de todas las categorías, englobando todas las expresiones del lenguaje; Esta dimensión se puede alcanzar por la práctica del zazen y del Bushido.

 
Los siete principios

 
La fusión del Budismo y del Shintoismo permitió la creación del Bushido, la Vía del Samurai. Se puede resumir esta Vía en siete puntos esenciales:

 
1.      Gi: la decisión justa en la ecuanimidad, la actitud justa, la verdad. Cuando debemos morir, debemos morir.

2.      Yu: la bravura teñida de heroísmo.

3.      Jin: el amor universal, la benevolencia hacia la humanidad.

4.      Rei: el comportamiento justo, que es un punto fundamental.

5.      Makoto: la sinceridad total.

6.      Melyo: el honor y la gloria.

7.      Chugi: la devoción, la lealtad.

 
Estos son los siete principios del espíritu del Bushido. Bu: artes marciales. Shi: el guerrero. Do: la Vía.

 
La vía del samurai es imperativa y absoluta. La práctica, al venir del cuerpo a través del inconsciente, es fundamental en ella. De aquí la gran importancia dada a la educación del comportamiento justo.

 
Las influencias entre el Bushido y el Budismo han sido recíprocas. Pero el budismo ha marcado al Bushido en cinco aspectos:

 
a)      El apaciguamiento de los sentimientos.

b)      La obediencia tranquila de cara a lo inevitable.

c)      El dominio de sí ante cualquier acontecimiento.

d)     La intimidad más grande con la idea de la muerte que con la de la vida.

e)      La pura pobreza.
 

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el Maestro Zen Kodo Sawaki daba conferencias a los más grandes maestros de artes marciales, a las más altas autoridades del Budo. En francés, confundimos artes marciales y artes de la guerra; pero en japonés es: la Vía. En Occidente, estas artes marciales, tan en boga, se han convertido en un deporte, en una técnica sin el espíritu de la Vía.

 
En sus conferencias, Kodo  Sawaki decía que el Zen y las artes marciales tienen el mismo sabor y que están en unidad. En el Zen, como en las artes marciales, el entrenamiento cuenta mucho. ¿Cuánto tiempo hay que entrenarse? Muchas gentes me han preguntado: “¿Durante cuantos años tengo que hacer zazen?”. Yo respondo: “Hasta la muerte.” Entonces mis interlocutores no están ya tan satisfechos. Los Europeos quieren aprender rápidamente, algunos incluso en un solo día. “He venido una vez y he comprendido”, ¡dicen ellos! Pero el doyo es diferente de la Universidad.

 
También en el Budo hay que continuar hasta la muerte.



1 Ver Textes sacres du Zen. Vol.II, ed.Seghers. Paris
2  O “La esencia y los fenómenos se ínterpenetran”, ver La Patrique du Zen por T.Deshimaru,ed.Seghers.

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