sábado, 11 de abril de 2020

La Flor de Loto: su simbolismo en la cultura japonesa y la tradición del Kanrensetsu

La Flor de Loto: su simbolismo en la cultura japonesa y la tradición del Kanrensetsu (観蓮節)

Tomado de:
http://www.thegardenofzen.com/…/a-sacred-lotus-flower-in-ke




La flor de loto es una de las flores más fascinantes y bellas que existen. Para los budistas, la flor de loto tiene un profundo simbolismo: significa la pureza corporal y la elevación espiritual. Sus raíces penetran con fuerza en fango de los estanques; sus tallos crecen elevándose a través del agua y florece inmaculada y fragante. La flor de loto nace en el pantano, asociado con el apego y los deseos carnales, y emerge con toda su belleza en busca de la luz, lo que significa la pureza espiritual. La flor de loto representa el desapego de lo material y el desprendimiento del deseo; muestra que no somos el ego que nos individualiza y controla sino parte de un todo, para trascender y alcanzar la iluminación.

El simbolismo de la flor de loto procede de la figura de Buda y con sus enseñanza. Cuenta la leyenda que cuando Buda era niño y dio los primeros pasos, en todos los lugares que pisó, surgieron flores de loto. Se dice también que cuando el Buda contempló el mundo, en una visión toda la humanidad apareció como un estanque lleno de flores del loto.

Mientras que el “hanami” es la tradición japonesa de observar las flores del cerezo, el “kanrensetsu” es la observación de las flores de loto. Ambas flores tiene un significado profundo en la cultura japonesa: la flor de cerezo (sakura) simboliza la belleza de lo efímero y la flor de loto la pureza espiritual. Y, aunque, la contemplación de la flor de loto no es tan popular como la flor de cerezo, se puede admirar en muchos jardínes a finales de la primavera y en verano. Ambas flores tienen una vida muy corta de apenas unos días.

viernes, 27 de marzo de 2020

Japón, maestros del mundo en origami

Japón, maestros del mundo en origami
https://www.japondesdejapon.com/blog/origami-el-arte-de-doblar-papel-en-japon



Aunque es originario de China, Japón lleva siglos siendo pionero y difusor de un arte que a primera vista parece simple pero puede ser bastante complejo. El origami japonés además de encontrar nuevos usos continuamente, es una de las mayores tradiciones del país nipón.

La palabra origami (折り紙) procede de los términos japoneses oru (折り, que significa plegar) y kami (, que significa papel). Es una actividad extendida alrededor del mundo; está considerada actualmente como arte educativo con el que las personas pueden desarrollar su expresión artística e intelectual. Continuamente surgen nuevos aportes que incrementan su valor: desde la incorporación de las matemáticas y la digitalización del diseño hasta su uso terapeútico para la artritis o la depresión.

Historia del origami

Desde la introducción origami japonés, y a lo largo de los años, la palabra origami no siempre ha significado lo mismo: en los primeros siglos de su existencia la palabra kami () era homónimo de la palabra que se usaba para los espíritus de los dioses.

La connotación religiosa que tenía era debida a que tras su llegada al país se empezó a usar en las ceremonias de la nobleza, que era la clase social que podía permitirse comprar papel. En esa época, la población japonesa era profundamente creyente en el sintoísmo, una religión que venera a los Kamis o espíritus de la naturaleza.

En los acontecimientos importantes utilizaban las figuras de papel como decoración; en las bodas, por ejemplo, usaban dos mariposas de papel (representando al novio y a la novia) para decorar los vasos de sake o en las ceremonias de té se utilizaban para entregar diplomas, doblándolos de una forma que no se podía repetir una vez abiertos.

En la era Meiji el papel dejó de ser un bien de lujo. Cuando las técnicas de fabricación del papel se extendieron en Japón, se convirtió en una actividad extendida a lo largo de todo el país y sus formas y usos se multiplicaron. Gracias al intercambio comercial que hubo en la era Meiji entre Europa y el país nipón, el origami japonés también tuvo un considerable crecimiento en Occidente. Las reglas básicas para llevarlo a cabo eran no usar nunca tijeras, pintura ni pegamento; la idea es utilizar exclusivamente manos y papel y a través de ellos realizar todas las figuras posibles.

Las dos personas que han tenido una mayor relevancia en la difusión del origami japonés han sido Miguel de Unamuno, por ser el primer occidental que quiso convertir este arte de pasatiempo a elemento educativo y Akira Yoshizawa, por modernizar las técnicas a realizar con el papel desarrollando nuevos modelos que hicieran hincapié en la creatividad. Ambos publicaron libros que explicaban cómo convertirse en expertos en el arte del origami japonés; Yoshizawa llegó a crear 50.000 figuras nuevas y se inventó una nueva técnica llamada “plegado en húmedo”.

Tipos de origami japonés

•          Origami tradicional: figuras de papel que pueden estar en 2 o 3 dimensiones.
•          Origami de acción: figuras de papel que realizan algún tipo de movimiento, como por ejemplo un pájaro que aletea o una rana que salta.
•          Origami modular: consiste en un conjunto de piezas idénticas juntas que forman un modelo completo, como pueden ser un cubo o una esfera, creado exclusivamente con papel plegado.
•          Origami de plegado en húmedo: consiste en doblar el papel mientras está humedecido para conseguir finas curvas. Es muy útil para la creación de ciertas figuras que simulan animales, por ejemplo.
•          Origami de teselados: consiste en crear un patrón de figuras sin dejar hueco entre ellas ni superponerlas.

Variaciones de origami japonés

El kirigami (切り ) y el makigami (巻紙) son dos variaciones del origami. En común tienen la utilización del papel; se diferencian sin embargo en los elementos que se utilizan para conseguir las figuras.

En el caso del kirigami, es un arte que consiste en cortar el papel dibujando con las tijeras. No hay trazos ni dibujos previos, se va dibujando en el mismo momento en el que se corta.
El makigami sin embargo es el arte de trabajar el papel para rasgar, unir, doblar y arrugar, únicamente con las manos. Sólo se utilizan las manos y las tijeras.
Los beneficios y metas de estas dos actividades -creatividad, la coordinación y la concentración- concuerdan con las del origami japonés, pero la técnica es lo que las distingue.

La leyenda de las grullas

Los turistas que visitan Japón se quedan habitualmente sorprendidos con la existencia de tiras decorativos hechas con pájaros coloridos de papel en algunos templos y monumentos japoneses. Es lo que se denomina senbazuru (千羽鶴).

Estas tiras tan llamativas se popularizaron tras la segunda guerra mundial. Cuenta la leyenda que había una niña llamada Sadako Sasaki que padecía leucemia como consecuencia de la bomba que cayó en Hiroshima, ciudad en la que residía. A Sadako le contó una amiga que si deseas algo con mucha fuerza y construyes 1000 grullas de papel, los dioses te lo concederán.

Sadako murió antes de haber construido las 1000 grullas que solicitaran curarla, pero la historia se hizo popular y desde entonces, cada 6 de agosto (día de la paz), miles de grullas de papel inundan la ciudad de Hiroshima. La figura de la grulla no fue elegida al azar: en Japón representa el símbolo de la paz y significa además salud.

La historia se fue propagando a lo largo del país y miles de grullas han sido construidas para pedir por otras causas, como por ejemplo el tsunami que invistió a Japón en 2011. De esta manera, la grulla se ha convertido en uno de los emblemas del origami japonés.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Tomado del libro rojo de C.G. Jung

Tomado del libro rojo de C.G. Jung

Autor Carl Gustav Jung




“Capitán el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto”
“Que te inquieta chico? ¿No  tienes bastante comida? ¿No duermes bastante?”
“No es eso, capitán, no soporto no poder bajar a tierra y  no poder abrazar mi familia”.
“¿Y si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, soportarías la culpa de infectar alguien que no puede aguantar la enfermedad?”
 “No me lo perdonaría nunca, aún si para mí la han inventado esta peste”
“Puede ser. ¿Pero si no fuese así?”
“Entiendo lo que queréis decir, pero me siento privado de la libertad capitán, me han privado de algo”
“Y tú prívate aún más de algo”
“Me estáis tomando el pelo?”
“En absoluto. Si te privas de algo sin responder de manera adecuada, has perdido”
“Entonces, según usted si me quitan algo, ¿para vencer debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?”
“Así es. Lo hice en la cuarentena hace 7 años.”
“Y que es lo que os quitaste?”
“Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Eran meses que esperaba de llegar al puerto y gozar de la primavera a tierra. Hubo una epidemia. A Port April nos vetaron de bajar. Los primeros días fueron duros. Me sentía como vosotros. Luego empecé a contestar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabia que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre, y en vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás. Antes empecé a reflexionar sobre aquellos que privaciones tienen muchas y cada día de su miserable vida y luego, por entrar en la óptica justa, decidí vencer. Empecé con el alimento. Me impuse de comer la mitad de cuanto comía habitualmente, luego empecé a seleccionar los alimentos más digeribles, para que no se sobrecargase mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido el hombre en salud.
El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles. Me impuse de leer al menos una pagina cada día de un argumento que no conocía. Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco. Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza. La tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias a una cualquiera entidad por no haberme dado, el destino, privaciones serias durante toda mi vida.
El hindú me había aconsejado también de coger la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también para la gente querida que estaba lejos y así esta practica también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.
En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que habría hecho una vez bajado a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera. Todo lo que podemos obtener en seguida, nunca es interesante. La espera sirve a sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y tacos. Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado.
“Como acabó capitán?”
“Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.
“Os privaron de la primavera entonces?”
“Si,  aquel año me privaron de la primavera, y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente, me había llevado la primavera dentro ,y nadie nunca más habría podido quitármela”.

sábado, 21 de marzo de 2020

El Kabuto o casco de los samuráis, una expresión del alma japonesa

El Kabuto o casco de los samuráis, una expresión del alma japonesa

Tomado de:
http://rarasartes.com/el-kabuto-o-casco-de-los-samurais-una-expresion-del-alma-japonesa/




Los guerreros, en todas las épocas, han considerado la cabeza desprotegida como la parte más vulnerable del cuerpo. El casco tradicional japonés llamado KABUTO era además la parte que reflejaba el carácter y la personalidad del portador. A lo largo del tiempo, este casco propio de los samurais fue mucho más allá de su primaria función protectora para convertirse en un vehículo de expresión del suntuoso sentido de la artesanía y la cultura japonesa.

Los Kabuto eran diseñados y construidos para responder a las demandas de cada momento y de esta forma, proporcionan no solo evidencias históricas del estado de la tecnología guerrera japonesa, sino también de la organización social, del conocimiento de la metalurgia, el trabajo del cuero, la orfebrería, el arte plumario u otros muchos materiales propios de la artesanía así como de una evolución del gusto estético.

Cada Kabuto se hacía específicamente para su portador y se acabaron convirtiendo no sólo en una compleja expresión de la personalidad, e incluso del temperamento, de sus comitentes sino en un precioso legado y un reputado patrimonio familiar en una sociedad sintoísta en la que era tan fundamental el culto a los kami (dioses) como el de los antepasados. Incluso hoy en día, durante el festival nacional de la Semana Dorada a principios de Mayo, los Kabuto se muestran en pequeños cuartos y alcobas de las casas japonesas como una plegaria para que los niños de la casa sean bendecidos con valor, coraje y buena salud. Es decir, que en el Japón actual, el Kabuto sigue representando un talismán familiar, hecho que explica no sólo la abundancia de piezas conservadas sino, en muchos casos, su excelente estado de conservación.

Un aspecto misterioso de estos cascos japoneses es que se han encontrado en excavaciones algunos que datan del siglo V d.C., es decir, mucho tiempo antes del ascenso de la clase samurái lo que ha llevado a concluir su posible origen continental, de China o de Corea.

En casi todos los kabuto descubiertos hasta ahora, se puede encontrar una pequeña abertura situada en la parte superior del casco conocido como el tehen o hachimanza; Hachimanza literalmente se puede traducir como un asiento de Hachiman, el Dios de la Guerra. El propósito de esta abertura, que a veces es sólo un agujero en la parte superior del casco, se piensa que era para el paso de el largo mechón del cabello carácterístico de los guerreros. Los historiadores afirman que la práctica de mantener esa forma de pelo fue abandonada en gran parte en el período posterior a Muromachi, sin embargo la abertura en la tapa del kabuto se mantuvo para propósitos más simples tales como ventilación.

Es muy difícil explicar todas las partes de las que consta una armadura japonesa sin embargo, el simbolismo del casco de samurai superó con mucho su aplicación militar y se filtró en la sabiduría japonesa e incluso en los dichos cotidianos. Un dicho japonés ‘Katte Kabuto no o o shimeyo, traducido como’ apretar su kabuto después de ganar ‘ quiere decir algo parecido a como diríamos en occidente, no dormirse en los laureles. Otra frase que usa el simbolismo de Kabuto es ‘kabuto o nugu‘ que significa literalmente ‘quitar el kabuto’ que se usa para representar la rendición o a veces la derrota.

Los kabuto usualmente se adornaban con crestas denominadas tatemono o datemono; los cuatro tipos de crestas son: maedate (cresta frontal), wakidate (crestas laterales), kashiradate (crestas superiores), y ushirodate (crestas traseras). Estas podían ser emblemas de familias o clanes, u objetos planos que representaban animales, entidades míticas, oraciones u otros símbolos. De hecho los cuernos eran muy comunes, inclusive los cuernos estilizados de ciervo.

Algunos que incluyen desde astros como el sol naciente o la luna creciente, a elementos vegetales como ramas de helechos, flores de crisantemo o palos de bambú, animales acuáticos como la carpa, el pulpo, o insólitas formas de las más diversas conchas, o animales simbólicos típicos de la cultura japonesa como el dragón, el león o el fénix, hasta fantasmas, deidades budistas , oraciones, el fuego estilizado e incluso insectos como escarabajos, ciempiés, mantis religiosas y sobre todo libélulas y mariposas. En cuanto a su simbología los japoneses ven las mariposas como almas de los vivos y los muertos y eran considerados símbolos de alegría y longevidad. La libélulas, muy abundantes, cosa que me fascinó al principio, es porque son emblemáticas del éxito marcial, ya que varios nombres del insecto son homófonos con palabras que significan “victoria”. La carpa (koi) era un símbolo de perseverancia y la buena fortuna general. Los dragones pueden representar fortaleza, buena fortuna, coraje y sabiduría.

El fénix (hou-ou en japonés) en la mitología japonesa comparte características similares con el resto del mundo. Son vistos como símbolos de transformación, triunfo sobre obstáculos, lealtad, renacimiento y renovación. Igual que la flor del crisantemo, el fénix es un símbolo del emperador.


viernes, 20 de marzo de 2020

Aiki taiso

Aiki taiso
Tomado de: Ki Aikido. Unificación de la mente y el cuerpo. 
Autor: Guiseppe Ruglioni





El aiki taiso (Ai: unión, Ki: energía, Taiso: cuerpo) va más allá de un simple calentamiento a nivel físico, se trata de una serie de ejercicios orientados a estimular distintas áreas en nuestro cuerpo, tanto física como mentalmente.

No existe una forma fija de realizarlo, cada instructor posee sus rutinas particulares. En ellas se deben cubrir aspectos tales como: ejercicios de respiración, flexibilidad, tono muscular, etc. Los cuales preparan al cuerpo y la mente para iniciar la práctica, liberándolo así de cualquier tensión producto del estrés que pudiese tener.

O Sensei probaba distintas formas de realizar el aiki taiso, siendo influenciado por distintos métodos, como por ejemplo: Makko-ho (Yoga japonés), el sistema de salud Nishi de Katsuzo Nishi Sensei, o los métodos de salud enseñados por Kenzo Futaki (Misogi no Renseikai). En definitiva él tomaba lo que consideraba bueno y se lo transmitía a sus alumnos, sin embargo les daba la libertad de escoger sus propios ejercicios.

Es importante no suprimir esta parte de la práctica, ya que aparte de lo anteriormente expuesto, nos previene de posibles lesiones durante la práctica. No se debe menospreciar el tiempo que se dedique a realizar estos ejercicios, ya que proporcionan beneficios a corto, mediano y largo plazo.

La clase de aikido no está conformada únicamente por las técnicas que se practican, debemos considerar la clase como un todo, que inicia desde que entramos al tatami y saludamos al Kami-za, luego se realizan  los distintos ejercicios prácticos: aikitaiso, ukemis, desplazamientos, técnicas, etc., y finalizamos con una breve meditación. En el caso particular del aikitaiso, debemos darle la debida importancia, tomar conciencia de cada ejercicio que se realiza, qué efecto tiene sobre nuestro cuerpo y mente, coordinarlo con la respiración, etc. Si practicamos de esa forma, al tiempo veremos los cambios, es cuestión de calidad y no de cantidad.

lunes, 24 de febrero de 2020

Introducción

Introducción

Tomado de El espiritu del Aikido
K. Ueshiba 


A través de los siglos las religiones han abrazado el amor y la compasión, y las filosofía han enseñado el respeto por la vida. Pero hoy en día nos enfrentamos con una creciente violencia que parece tener su propio impulso más allá de cualquier control humano. El mundo está lleno de discordias entre enemigos, bien y mal, opresor y oprimido. La violencia es utilizada para aplastar, destruir y eliminar al adversario, y cuando eso se ha logrado se busca otro oponente. ¿Cuándo se detendrá el ciclo de violencia? ¿Cómo se pueden superar las discordias que separan a la gente? ¿Dónde reside el poder de cicatrizar las heridas del dolor y del sufrimiento?.

Resulta interesante encontrar en la historia japonesa una tradición de artes de combate (bugei), ideada originalmente para infringir daño y dar muerte en el campo de batalla, y que se haya transformado en la Vía de las artes marciales (budo), dedicada al perfeccionamiento del ser humano mediante la integración de la mente, el cuerpo y el espíritu. Comenzando en los inicios del siglo XVII, la Vía del sable transformó el sable que mata en el sable que protege la vida. Esta Vía de las artes marciales es compatible con la Vía de la ceremonia del té, con la Vía de la poesía, con la Vía de la caligrafía, con la Vía de Buda y con multitud de otras Vías que, en su forma pura, han procurado sustento espiritual al pueblo japonés.

El entrenamiento y la disciplina comunes a todas las Vías, marciales o culturales, se compone de tres niveles de maestría: físico, psíquico y espiritual. En el plano físico lo esencial del entrenamiento consiste en el dominio de la forma (kata). El maestro proporciona una forma modelo y el alumno observa cuidadosamente y la repite numerosas veces, hasta que la interioriza completamente. No se habla ni se dan explicaciones, y el peso del aprendizaje recae sobre el alumno. En el máximo grado de dominio de la forma, el alumno es liberado de la fidelidad a la forma.

Esta liberación ocurre a causa de los cambios psicológicos internos que tienen lugar desde el mismísimo comienzo. La tediosa, repetitiva y monótona rutina del aprendizaje pone a prueba el compromiso y la fuerza de voluntad del alumno, pero también corrige la obstinación, controla la voluntariedad y elimina los malos hábitos corporales y mentales. En el proceso comienzan a emerger su verdadera fuerza y su verdadero carácter y potencial. La maestría espiritual es inseparable de la maestría psíquica, pero sólo comienza tras un intensivo y largo período de entrenamiento.

La clave de la maestría espiritual reside en el hecho de que el yo abandone su ego. En las artes marciales y culturales, la libre expresión del yo se encuentra bloqueada por el propio ego. En la Vía del sable, el dominio de la postura y la forma, por parte del alumno, debe ser tan absoluta que no exista apertura (suki) por la que pueda entrar el adversario. Si hay apertura es el propio ego quien la crea. Uno se vuelve vulnerable cuando deja de pensar en ganar, en perder, en cobrar ventaja, en impresionar o en ignorar al adversario. Cuando se para la mente, aunque sólo sea por un instante, el cuerpo se paraliza y se pierde el movimiento fluido y libre.

El monje Zen Takuan (1573-1645), confidente de Yagyu Munenori (1571-1646), maestro de armas de la Casa de Tokugawa, escribió en un corto tratado El verdadero y prodigioso sable de Tai-A:

El arte del sable consiste en no preocuparse nunca de la victoria o de la derrota, de la fuerza o de la debilidad, de mover un paso hacia delante o de moverlo hacia atrás, de que el enemigo no me vea o de que yo no le vea a él. Comprender esto, que es fundamental frente a la separación del cielo y la tierra, y a donde ni siquiera yin y yang pueden llegar, supone alcanzar provecho instantáneo en el arte.
Tai-A es un sable mítico que da vida a todas las cosas, tanto a uno mismo como al otro, al protagonista y al antagonista, al amigo y al enemigo.
El mismo Yagyú Munenori destaca la superación del ego a través de la autodisciplina en el arte del dominio del sable. En un tratado conocido como La Transmisión Familiar en el Arte de Luchar, escribe que el objetivo del entrenamiento en las artes marciales es superar seis tipos de males: el deseo de vencer, el deseo de confiar en la destreza técnica, el deseo de alardear, el deseo de abrumar psicológicamente al adversario, el deseo de permanecer pasivo a fin de esperar una apertura y el deseo de liberarse de estos males.
Por último, la maestría física, la psíquica y la espiritual son una misma cosa. El yo sin ego es abierto, flexible, dúctil, fluido y dinámico en cuerpo, mente y espíritu. Al no tener ego, el yo se identifica con todas las cosas y con toda la gente, viéndolos no desde una perspectiva centrada en sí mismo, sino desde los propios centros de los demás. En un círculo de contorno ilimitado cada punto se convierte en el centro del universo. La capacidad de ver toda la existencia desde una perspectiva no centrada en uno mismo es primordial en la identidad Shinto con la naturaleza y constituye también lo que el Budismo llama sabiduría, que en su más alta expresión no es otra cosa que compasión.

Esta forma de pensar es la esencia de todas las Vías marciales y culturales en la tradición japonesa. El aikido es una formulación moderna de esta esencia, perfeccionada por el genio del Maestro Morihei Ueshiba (1883-1968). Explicando el objeto de su arte en una conferencia que dio en una ocasión ante un público no especializado declaró:

El Budo no es un medio para derribar al adversario mediante la fuerza o el uso de armas letales. Tampoco se propone conducir al mundo a la destrucción mediante las armas u otros medios ilegítimos. El verdadero Budo requiere ordenar la energía interna del universo, protegiendo la paz del mundo y moldeando y preservando en su forma justa todo lo que existe en la naturaleza. Entrenarse en el Budo equivale a fortalecer, dentro del propio cuerpo y de la propia alma, el amor a los kami, las deidades que engendran, protegen y nutren todo lo que hay en la naturaleza.
El Maestro Ueshiba recalcaba constantemente que un arte marcial debe ser una fuerza generadora de amor que a su vez nos conduzca a una vida rica y creativa. Esta fue la conclusión de la búsqueda de toda su vida como hombre dedicado a las artes marciales. En una de sus últimas charlas proclamó: «El aikido es el verdadero budo, la obra del amor en el universo. Es el protector de todas las cosas vivas, el instrumento que da vida a todo, a cada cosa según su condición individual. Es la fuente creadora no sólo del verdadero arte marcial, sino de todas las cosas, nutriendo su crecimiento y su desarrollo.»

Al ser una forma de arte marcial tradicional, el aikido lleva a cabo este amor universal a través de un riguroso entrenamiento corporal. Sin embargo, la dura disciplina no puede separarse del desarrollo mental y del auténtico crecimiento espiritual. Aunque puede que muchos no lleguen a alcanzar este objetivo, no obstante, el elemento crucial es el proceso de entrenamiento, que no tiene principio ni fin, y mientras se esté en ese camino, la realización última del aikido como Vía de la vida -más allá de cualquier arte marcial-, puede manifestarse en el momento más inesperado.

Tenemos la suerte de que el hijo y heredero del Maestro Ueshiba, Kisshómaru Ueshiba, cabeza (Doshu) actual del aikido, haya accedido a esta traducción de su obra original en japonés. Su interés estriba en que la esencia pura del aikido, no adulterada por los egos competitivos, tanto personales como nacionales, se mantenga firmemente en el centro del entrenamiento y de la práctica. Después de todo, dojo, «el lugar del esclarecimiento», es una palabra derivada del bodhimanda sánscrito, el lugar donde el yo con ego se transforma en el yo sin ego.

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