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viernes, 27 de marzo de 2020

Japón, maestros del mundo en origami

Japón, maestros del mundo en origami
https://www.japondesdejapon.com/blog/origami-el-arte-de-doblar-papel-en-japon



Aunque es originario de China, Japón lleva siglos siendo pionero y difusor de un arte que a primera vista parece simple pero puede ser bastante complejo. El origami japonés además de encontrar nuevos usos continuamente, es una de las mayores tradiciones del país nipón.

La palabra origami (折り紙) procede de los términos japoneses oru (折り, que significa plegar) y kami (, que significa papel). Es una actividad extendida alrededor del mundo; está considerada actualmente como arte educativo con el que las personas pueden desarrollar su expresión artística e intelectual. Continuamente surgen nuevos aportes que incrementan su valor: desde la incorporación de las matemáticas y la digitalización del diseño hasta su uso terapeútico para la artritis o la depresión.

Historia del origami

Desde la introducción origami japonés, y a lo largo de los años, la palabra origami no siempre ha significado lo mismo: en los primeros siglos de su existencia la palabra kami () era homónimo de la palabra que se usaba para los espíritus de los dioses.

La connotación religiosa que tenía era debida a que tras su llegada al país se empezó a usar en las ceremonias de la nobleza, que era la clase social que podía permitirse comprar papel. En esa época, la población japonesa era profundamente creyente en el sintoísmo, una religión que venera a los Kamis o espíritus de la naturaleza.

En los acontecimientos importantes utilizaban las figuras de papel como decoración; en las bodas, por ejemplo, usaban dos mariposas de papel (representando al novio y a la novia) para decorar los vasos de sake o en las ceremonias de té se utilizaban para entregar diplomas, doblándolos de una forma que no se podía repetir una vez abiertos.

En la era Meiji el papel dejó de ser un bien de lujo. Cuando las técnicas de fabricación del papel se extendieron en Japón, se convirtió en una actividad extendida a lo largo de todo el país y sus formas y usos se multiplicaron. Gracias al intercambio comercial que hubo en la era Meiji entre Europa y el país nipón, el origami japonés también tuvo un considerable crecimiento en Occidente. Las reglas básicas para llevarlo a cabo eran no usar nunca tijeras, pintura ni pegamento; la idea es utilizar exclusivamente manos y papel y a través de ellos realizar todas las figuras posibles.

Las dos personas que han tenido una mayor relevancia en la difusión del origami japonés han sido Miguel de Unamuno, por ser el primer occidental que quiso convertir este arte de pasatiempo a elemento educativo y Akira Yoshizawa, por modernizar las técnicas a realizar con el papel desarrollando nuevos modelos que hicieran hincapié en la creatividad. Ambos publicaron libros que explicaban cómo convertirse en expertos en el arte del origami japonés; Yoshizawa llegó a crear 50.000 figuras nuevas y se inventó una nueva técnica llamada “plegado en húmedo”.

Tipos de origami japonés

•          Origami tradicional: figuras de papel que pueden estar en 2 o 3 dimensiones.
•          Origami de acción: figuras de papel que realizan algún tipo de movimiento, como por ejemplo un pájaro que aletea o una rana que salta.
•          Origami modular: consiste en un conjunto de piezas idénticas juntas que forman un modelo completo, como pueden ser un cubo o una esfera, creado exclusivamente con papel plegado.
•          Origami de plegado en húmedo: consiste en doblar el papel mientras está humedecido para conseguir finas curvas. Es muy útil para la creación de ciertas figuras que simulan animales, por ejemplo.
•          Origami de teselados: consiste en crear un patrón de figuras sin dejar hueco entre ellas ni superponerlas.

Variaciones de origami japonés

El kirigami (切り ) y el makigami (巻紙) son dos variaciones del origami. En común tienen la utilización del papel; se diferencian sin embargo en los elementos que se utilizan para conseguir las figuras.

En el caso del kirigami, es un arte que consiste en cortar el papel dibujando con las tijeras. No hay trazos ni dibujos previos, se va dibujando en el mismo momento en el que se corta.
El makigami sin embargo es el arte de trabajar el papel para rasgar, unir, doblar y arrugar, únicamente con las manos. Sólo se utilizan las manos y las tijeras.
Los beneficios y metas de estas dos actividades -creatividad, la coordinación y la concentración- concuerdan con las del origami japonés, pero la técnica es lo que las distingue.

La leyenda de las grullas

Los turistas que visitan Japón se quedan habitualmente sorprendidos con la existencia de tiras decorativos hechas con pájaros coloridos de papel en algunos templos y monumentos japoneses. Es lo que se denomina senbazuru (千羽鶴).

Estas tiras tan llamativas se popularizaron tras la segunda guerra mundial. Cuenta la leyenda que había una niña llamada Sadako Sasaki que padecía leucemia como consecuencia de la bomba que cayó en Hiroshima, ciudad en la que residía. A Sadako le contó una amiga que si deseas algo con mucha fuerza y construyes 1000 grullas de papel, los dioses te lo concederán.

Sadako murió antes de haber construido las 1000 grullas que solicitaran curarla, pero la historia se hizo popular y desde entonces, cada 6 de agosto (día de la paz), miles de grullas de papel inundan la ciudad de Hiroshima. La figura de la grulla no fue elegida al azar: en Japón representa el símbolo de la paz y significa además salud.

La historia se fue propagando a lo largo del país y miles de grullas han sido construidas para pedir por otras causas, como por ejemplo el tsunami que invistió a Japón en 2011. De esta manera, la grulla se ha convertido en uno de los emblemas del origami japonés.

sábado, 21 de marzo de 2020

El Kabuto o casco de los samuráis, una expresión del alma japonesa

El Kabuto o casco de los samuráis, una expresión del alma japonesa

Tomado de:
http://rarasartes.com/el-kabuto-o-casco-de-los-samurais-una-expresion-del-alma-japonesa/




Los guerreros, en todas las épocas, han considerado la cabeza desprotegida como la parte más vulnerable del cuerpo. El casco tradicional japonés llamado KABUTO era además la parte que reflejaba el carácter y la personalidad del portador. A lo largo del tiempo, este casco propio de los samurais fue mucho más allá de su primaria función protectora para convertirse en un vehículo de expresión del suntuoso sentido de la artesanía y la cultura japonesa.

Los Kabuto eran diseñados y construidos para responder a las demandas de cada momento y de esta forma, proporcionan no solo evidencias históricas del estado de la tecnología guerrera japonesa, sino también de la organización social, del conocimiento de la metalurgia, el trabajo del cuero, la orfebrería, el arte plumario u otros muchos materiales propios de la artesanía así como de una evolución del gusto estético.

Cada Kabuto se hacía específicamente para su portador y se acabaron convirtiendo no sólo en una compleja expresión de la personalidad, e incluso del temperamento, de sus comitentes sino en un precioso legado y un reputado patrimonio familiar en una sociedad sintoísta en la que era tan fundamental el culto a los kami (dioses) como el de los antepasados. Incluso hoy en día, durante el festival nacional de la Semana Dorada a principios de Mayo, los Kabuto se muestran en pequeños cuartos y alcobas de las casas japonesas como una plegaria para que los niños de la casa sean bendecidos con valor, coraje y buena salud. Es decir, que en el Japón actual, el Kabuto sigue representando un talismán familiar, hecho que explica no sólo la abundancia de piezas conservadas sino, en muchos casos, su excelente estado de conservación.

Un aspecto misterioso de estos cascos japoneses es que se han encontrado en excavaciones algunos que datan del siglo V d.C., es decir, mucho tiempo antes del ascenso de la clase samurái lo que ha llevado a concluir su posible origen continental, de China o de Corea.

En casi todos los kabuto descubiertos hasta ahora, se puede encontrar una pequeña abertura situada en la parte superior del casco conocido como el tehen o hachimanza; Hachimanza literalmente se puede traducir como un asiento de Hachiman, el Dios de la Guerra. El propósito de esta abertura, que a veces es sólo un agujero en la parte superior del casco, se piensa que era para el paso de el largo mechón del cabello carácterístico de los guerreros. Los historiadores afirman que la práctica de mantener esa forma de pelo fue abandonada en gran parte en el período posterior a Muromachi, sin embargo la abertura en la tapa del kabuto se mantuvo para propósitos más simples tales como ventilación.

Es muy difícil explicar todas las partes de las que consta una armadura japonesa sin embargo, el simbolismo del casco de samurai superó con mucho su aplicación militar y se filtró en la sabiduría japonesa e incluso en los dichos cotidianos. Un dicho japonés ‘Katte Kabuto no o o shimeyo, traducido como’ apretar su kabuto después de ganar ‘ quiere decir algo parecido a como diríamos en occidente, no dormirse en los laureles. Otra frase que usa el simbolismo de Kabuto es ‘kabuto o nugu‘ que significa literalmente ‘quitar el kabuto’ que se usa para representar la rendición o a veces la derrota.

Los kabuto usualmente se adornaban con crestas denominadas tatemono o datemono; los cuatro tipos de crestas son: maedate (cresta frontal), wakidate (crestas laterales), kashiradate (crestas superiores), y ushirodate (crestas traseras). Estas podían ser emblemas de familias o clanes, u objetos planos que representaban animales, entidades míticas, oraciones u otros símbolos. De hecho los cuernos eran muy comunes, inclusive los cuernos estilizados de ciervo.

Algunos que incluyen desde astros como el sol naciente o la luna creciente, a elementos vegetales como ramas de helechos, flores de crisantemo o palos de bambú, animales acuáticos como la carpa, el pulpo, o insólitas formas de las más diversas conchas, o animales simbólicos típicos de la cultura japonesa como el dragón, el león o el fénix, hasta fantasmas, deidades budistas , oraciones, el fuego estilizado e incluso insectos como escarabajos, ciempiés, mantis religiosas y sobre todo libélulas y mariposas. En cuanto a su simbología los japoneses ven las mariposas como almas de los vivos y los muertos y eran considerados símbolos de alegría y longevidad. La libélulas, muy abundantes, cosa que me fascinó al principio, es porque son emblemáticas del éxito marcial, ya que varios nombres del insecto son homófonos con palabras que significan “victoria”. La carpa (koi) era un símbolo de perseverancia y la buena fortuna general. Los dragones pueden representar fortaleza, buena fortuna, coraje y sabiduría.

El fénix (hou-ou en japonés) en la mitología japonesa comparte características similares con el resto del mundo. Son vistos como símbolos de transformación, triunfo sobre obstáculos, lealtad, renacimiento y renovación. Igual que la flor del crisantemo, el fénix es un símbolo del emperador.


domingo, 30 de junio de 2019

El Ikebana: Un arte Zen




El Ikebana: Un arte Zen
Tomado de: El zen en el arte de la ceremonia de las flores, Gusty L. Herrigel. Ed. Pensamiento





¿QUÉ ES EL IKEBANA?

Por este nombre se conoce en Japón el Arte del Arreglo Floral. Su significado etimológico proviene de Ikeru (conservar vivo) y Hana o Bana (flores y ramas).

Para los japoneses el término flor es más bien un concepto, una idea, pues abarca todo cuanto tenga afinidad con las plantas y con la esencia misma del Ikebana. Cualquier rama, hoja, flor, raíz, caña, musgo, etc., entra dentro de esa idea de conservar vivas las flores o ramas del Arreglo Floral.

“Conservar vivas” no se refiere solamente a mantener frescas las flores o ramas del Ikebana, sino más bien a impregnarlas de nuestros sentimientos, emociones, estados de conciencia, a fin de dar vida a esa obra de Arte que no sólo surge de nuestras manos, sino que también lo hace de nuestro corazón y pensamiento.

El Ikebana es una de las Artes Zen, por lo que también es un Do, un sendero o un camino de autorrealización. La palabra japonesa Do es equiparable a la china Tao, cuyo significado literal es Vía, Sendero o Camino. En el Ikebana el Do es “la manera”, “el espíritu” utilizado en la ejecución de este Arte, y ese espíritu es la expresión del pensamiento Zen.

En el Japón es difícil encontrar alguna actividad que no haya sido influida por el Budismo Zen. Entre ellas podemos citar el teatro , el Kyudo o Arte del Tiro con Arco y el Cha no Yu o la Ceremonia del Té entre otras.

El Ikebana suele ser interpretado en Occidente como una simple técnica de arreglo de flores; sin embargo es mucho más, pues no sólo nos aporta destreza o exquisito refinamiento en la composición floral, sino que su profundo estudio permite comprender el Camino de las Flores que también es el Camino de Nosotros Mismos.

¿Es nuestro objetivo convertirnos en expertos con la lectura de este artículo? Obviamente necesitaríamos muchos años de entrenamiento en este Arte, bajo la mirada experta de un Maestro de Ikebana, para conseguirlo. Lo que sí podemos es crear expectativas sobre el sentido y esencia del Ikebana, así como aprender a respetar y comprender un poco más la naturaleza que nos rodea.

El nombre original del Ikebana era Ka-Do, “El camino de las Flores”. Este camino filosóficamente involucra el viaje metafísico y espiritual que es la vida para llegar a descubrir quiénes somos, por lo que el estudio del Ka-Do lo es para toda la vida.

EL RECINTO O LUGAR DONDE SE DEBE REALIZAR EL IKEBANA

El recinto donde se desarrolla el aprendizaje siempre ha sido considerado como algo especial. Allí reina el silencio, o todo lo más un poco de música Zen que calma y armoniza los sentidos.

Las ramas y útiles para trabajar deben ser tratados con sumo cuidado y delicadeza, ya que realizar un arreglo de Ikebana es entrar en una ceremonia, y ésta comienza desde que se penetra en el recinto. Es muy importante no tener prisa, frenar la ansiedad de querer ver ya la obra concluida. El discípulo de Ikebana se sienta delante de las flores y comienza a trabajar realizando gestos y actos precisos; poco a poco se sumerge en lo más hondo de sí mismo con la única y firme intención de unirse con el propio corazón de la flores, que no es otro que el Corazón Universal, como dicen los Maestros japoneses. La flor o rama no es sólo un elemento decorativo, es un ser vivo que debe recibir de nosotros el mayor cuidado. El Maestro, que sabe si esta interrelación se produce o no, acepta o rechaza el arreglo floral una vez que el discípulo lo considera terminado.

Una de las condiciones fundamentales del Ikebana es el silencio, la concentración; eso nos hace aprender a disponer las flores con calma interna. Además de todo esto el discípulo también debe aprender a ser humilde y aceptar cuantas veces el Maestro rechace su trabajo, pues sólo a través de la humildad verdadera se toma conciencia de los errores, y el corazón del estudiante, libre de engaños, puede comprender las enseñanzas y encaminarse poco a poco hacia la perfección.

El Ikebana nos enseña, a través de las flores, cómo debemos afrontar la vida en su totalidad, pues un verdadero Camino Espiritual siempre abarca todas las facetas del hombre.

He aquí las palabras de un Maestro de Ikebana:

• El hombre y las plantas son mortales y cambiantes, el significado y la esencia del arreglo floral son eternos.
• Debe buscarse la forma exterior desde lo interior.
• Carece de importancia el material que se emplee. El mero pensamiento recto conduce a la perfección, ofreced vuestro sacrificio teniendo esto presente.
• La belleza unida a la virtud es poderosa.
• La belleza sola no conduce a nada, sólo se perfecciona en conjunción con el sentimiento verdadero.
• El adecuado manejo de las flores refina la personalidad.
• Dirigid vuestra casa con quietud interior, autocontrol y justicia.
• No seáis negligentes ni en vuestro hogar ni en vuestra profesión.
• Cultivad la amistad con sinceridad y sentimientos puros.

ORÍGENES DEL IKEBANA

Los orígenes del Ikebana se remontan a la antigüedad del Japón. Desde siempre los japoneses han tenido un profundo sentido del paisaje, un gran respeto por el poder de la naturaleza expresado en las montañas, las cascadas, los árboles y el mar cuajado de islas naturales, en las que la belleza de los árboles y las flores han conmovido hondamente el espíritu nipón. Estos sentimientos están por sí mismos expresados en su religión autóctona, el Shinto, una forma de adoración a la Naturaleza.

Los árboles que permanecen verdes a lo largo del duro invierno siempre se han mostrado a los japoneses como imbuidos de algún poder misterioso. Por este motivo se llevaban ramas de árboles de hoja perenne a los altares Shinto como ofrendas a los Kami o Espíritus de la Naturaleza. Los sacerdotes que atendían estos altares prolongaban la vida de sus ofrendas arreglándolas en jarrones con agua pura.

Cuando el Budismo penetró en el Japón a través de China y Corea en el siglo VI no supuso la extinción de la religión Shinto, sino que más bien coexistieron de manera natural. Con el Budismo llegó la costumbre de las ofrendas florales en recipientes frente a la imagen del Buda. Los primeros artistas florales fueron sacerdotes. Todavía hoy se pueden ver composiciones de flores y ramas en los altares shintoistas y en los templos budistas.

EL PRINCIPIO DE TRES

El Principio de Tres constituye la base del Arreglo Floral, y sólo después de años de entrenamiento el estudiante de Ikebana puede trabajar en sus arreglos con un mayor número de ramas.

Formas básicas del arreglo en Principio de Tres: He aquí los tres principios:

TEN (Cielo)
JIN (Hombre)
TCHI (Tierra)

El Principio de Tres se basa en la construcción de las tres ramas maestras, cuyo equilibrio y armonía dan forma a lo que se quiere expresar a través del Ikebana. El discípulo se arregla a sí mismo y al mismo tiempo a otro ser, pues el corazón de la flor, el corazón del hombre y el corazón universal son una sola y misma cosa.

En el ciclo de tres el hombre se halla en mitad de camino entre el cielo y la tierra. Recibe su alimento espiritual del cielo metafísico mientras su cuerpo es sustentado por raíces terrestres. El discípulo de Ikebana que participa de los principios cielo y tierra debe trabajar hasta lograr la armonía de estos principios dentro de sí mismo.

El Ikebana surge como una respuesta a la belleza e infinita variedad de formas de las plantas naturales. Es un reconocimiento a la fuerza y a la delicadeza de las ramas vivientes que utiliza.

Puede ser una distracción o un pasatiempo para unos, pero para muchos, el Ikebana se transforma en un estudio absorbente que lleva a un conocimiento más y más profundo de la vida, así como les aporta elementos para conducirse mejor en el perfeccionamiento de su propios Ser.


martes, 7 de abril de 2015

El máximo Dominio: Realizar el Espíritu del Aikido

El Máximo Dominio: Realizar el Espíritu del Aikido

Por Kisshomaru Ueshiba,
En: El Espíritu del Aikido




Antes de la Segunda Guerra Mundial vino a Japón un científico alemán relacionado con la investigación militar. Cuando volvió a Alemania se llevó varios sables japoneses y se los confió, para su análisis científico, a un instituto especializado en la investigación y desarrollo de altas tecnologías del acero. El científico era un admirador de la espada japonesa, la tenía en su más alta estima y conocía su superioridad comparada con las espadas europeas.

La austera simplicidad de la espada japonesa disimula sus muchas y buenas cualidades: la extraordinaria atención prestada a los detalles en la hoja y en la empuñadura, la impresión limpia y penetrante del corte, la suave sensación en las manos cuando el impacto del contacto se disipa naturalmente, el escaso daño que sufre su templado filo y la flexibilidad del conjunto, debida a la existencia de un núcleo de acero más blando.

Él tenía conciencia de estas cualidades, pero había algo que le inquietaba: el aire de misticismo que envolvía el método tradicional de forjar la hoja de acero, pues el forjador, vestido todo de blanco para simbolizar la purificación, realiza su trabajo ante un altar Shinto. Esto le parecía extraordinariamente primitivo, y además tenía una pobre opinión de la admiración sagrada que los japoneses profesan al sable. Quería penetrar el misterio y descifrar sus secretos, y aunque lo solicitó muy en serio nunca le fue permitido contemplar al forjador en acción.

Así pues, decidió mandar hacer un análisis científico de los materiales y del método de producción. Teniendo en la mano los datos científicos obtenidos en el laboratorio, creyó que podría reconstruir la espada usando la más reciente tecnología disponible en esa época. Como buen alemán confiaba absolutamente en la eficacia de la ciencia, y debía estar convencido de que se podía manufacturar una réplica exacta de la espada japonesa, e incluso puede que hubiera imaginado que podría desenmascarar las técnicas esotéricas y pasadas de moda del forjador.

El resultado fue un absoluto fracaso. Reunir datos científicos no suponía ningún problema, por supuesto, pero cuando efectivamente intentó hacer una espada, el resultado fue una vulgar espada más. La utilización de sus conocimientos prácticos científicos, incluso repitiendo el experimento y modificando el método de producción, finalizó con una decepción. Por último, se vio forzado a abandonar su intentona y a reconocer la superioridad del método japonés de fabricar espadas, «pasado de moda y esotérico».

Este episodio sugiere que, aunque la artesanía tradicional japonesa puede ser sometida a modernos análisis científicos, siempre mantiene algún elemento o ingrediente que escapa al examen convencional. Mucho de lo logrado en la tecnología tradicional se debe a una cualidad intuitiva conocida como actividad del kan, que sólo se puede adquirir a través de la acumulación de años de entrenamiento. Para que funcione el kan-intuición uno debe experimentar la tensión creativa que emana de la concentración sincera en el trabajo que se está realizando. Esto abre el camino para que un poder más alto, kami en japonés, entre en el proceso. Gran parte del éxito depende de dejarse llenar de este conocimiento divino o kami. A la hora de hacer una espada, tanto para seleccionar los materiales como para combinarlos de la forma precisa transmitida en su familia, el artesano japonés confía en kan. No exageramos si decimos que todo el proceso, desde la alimentación del fuego y la forja hasta el enfriamiento, depende de la escurridiza actividad de kan.

El sable japonés está compuesto por la hoja y la empuñadura, y, a su vez, la hoja se compone de filo, punta, parte posterior y shinogi (un acanalamiento longitudinal situado entre el filo y la parte posterior). Cada una de estas partes tiene una función ligeramente diferente en la lucha con sable, y, por consiguiente, cada una de ellas está hecha con materiales y métodos diferentes. Estas sutiles diferencias están todas determinadas por el kan-intuición que nace de la intensa concentración y de la devoción casi religiosa por el oficio. Por este motivo, el forjador tiene un altar donde se custodian los kami en su lugar de trabajo, lleva prendas de vestir ceremoniales de color blanco y celebra ritos de purificación como parte integrante del proceso de fabricación de la espada. En este ambiente solemne deja que su mente se calme; entonces está preparado para comenzar su tarea.

Para el forjador su trabajo es un arte sagrado; si no lo fuera los kami se irritarían y perturbarían su kan-intuición. La espada japonesa entera, y no sólo sus partes, nacen de la intuición y del poder divino, que están más allá del análisis científico y son, por tanto, algo «misterioso». El hecho de que el científico alemán, atraído por su belleza mística, intentara un análisis científico de la espada japonesa, era en sí mismo una contradicción, y lo natural era que su experimento fracasara.

De modo similar se explica la dificultad al tratar de expresar, cuando somos preguntados por un principiante o por un extraño, la esencia última del aikido. Las palabras no resisten una explicación verbal simple. La esencia última es una experiencia individual e intuitiva de gente que, por buena suerte, puede llegar a realizarla tras años de entrenamiento y búsqueda. La sabiduría contenida en el logro artístico tradicional japonés está integrada por un conjunto de factores complejos, y es de tal naturaleza que, siempre y cuando uno se esfuerce en la vía del entrenamiento y en el objetivo de alcanzarla, tarde o temprano, la realización llegará. Esta confianza, junto con el nen-perspicacia, revelará el corazón del aikido y posibilitará la comprensión de la esencia última.

Dicha esencia, por ser sumamente individualista, aunque universalmente alcanzable, será consumada de formas diferentes, según las personas y sus niveles de logro. Por eso no se puede hacer una afirmación general sin crear algún malentendido. De todas formas está claro que la esencia última fue la más alta realización alcanzada por el Fundador a lo largo de sus años de entrenamiento y de búsqueda sin descanso, por lo cual citaremos algunas frases suyas que revelan su manera de entenderla. Estas frases deben ser cuidadosamente digeridas, pues, dependiendo de la fase de entrenamiento en que se esté, corren el riesgo de no ser bien interpretadas.

Yo emprendí el entrenamiento de mi cuerpo a través del budo, y cuando realicé su esencia última obtuve una verdad aún mayor. Cuando llegué al fondo de la realidad universal vi claramente que los seres humanos deben unificar la mente, el cuerpo y el ki que los conecta a ambos, y que la persona debe armonizar su actividad con la actividad de todas las cosas en el universo. A través de la sutil actividad del ki se armonizan la mente y el cuerpo y la relación entre el individuo y el universo.
Si no se utiliza debidamente la actividad sutil del ki, la mente y el cuerpo de la persona enfermarán, el mundo se volverá caótico y el universo entero se sumirá en el desorden. El aikido es la vía de la verdad. Entrenarse en aikido es entrenarse en la verdad. A través de la dedicación, del entrenamiento y de la perspicacia nacerá la actuación divina.
Sólo si se practican los tres tipos siguientes de entrenamiento, la inamovible verdad de diamantina dureza podrá convertirse en parte de nuestra mente y de nuestro cuerpo.
1. Entrenarse para armonizar nuestra mente con la actividad de todas las cosas en el universo.
2. Entrenarse para armonizar nuestro cuerpo con la actividad de todas las cosas en el universo.
3. Entrenarse para hacer que el ki que conecta la mente y el cuerpo se armonice con todas las cosas en el universo.
El verdadero alumno de aikido es aquel que practica y lleva a cabo estos tres puntos simultáneamente, no de una manera simplemente teórica, sino de forma efectiva, en el dojo, y en todo momento en la vida diaria.

El Maestro Ueshiba enseñó repetidamente:

Cualquier técnica de un arte marcial debe estar de acuerdo con la verdad del universo. Si no lo está, el arte marcial estará aislado e irá en contra de la concepción de arte marcial como creador de amor, o take-musu (literalmente, marcial-creativo). El aikido es take-musu por excelencia. Marcial (take) aquí quiere decir el rugido heroico, la resonancia del cuerpo, el poder de aum que resuena en el universo.
La resonancia del cuerpo se deriva de la unidad de la mente y el cuerpo, que armoniza con la resonancia del universo. La respuesta e intercambio mutuos producen el ki de ai-ki. La esencia del aikido es el eco mutuo de la resonancia del cuerpo y la resonancia del universo. De esto nacen calor, luz y poder unidos en un espíritu plenamente realizado. La vitalidad del eco del cuerpo y la resonancia del universo nutren el funcionamiento sutil del ki y engendran a take-musu aiki, el arte marcial que es amor y el amor que no es otra cosa que arte marcial.


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