martes, 30 de septiembre de 2014

Actitud e intención en la práctica: Proyección del ki como guardia frente al adversario

ACTITUD E INTENCIÓN EN LA PRÁCTICA:

PROYECCIÓN DEL KI COMO GUARDIA FRENTE AL ADVERSARIO
Por Fernando Valero Cardona, 
Tomado de la web



Cuando vemos el trabajo de los grandes Maestros nos llega la sensación de que el Aikido es absorción, no enfrentamiento, plasticidad, dejar pasar. Y efectivamente es así.

El propósito del entrenamiento es tensar lo flojo, fortalecer el cuerpo y pulir el espíritu”(O’Sensei).

Si bien este es el fin que los que practicamos y enseñamos Aikido tenemos, debemos ser conscientes de que existe un camino previo de práctica esforzada. Un largo tiempo de estudio que nos proporciona, a través de las sensaciones del cuerpo, la capacitación física y mental necesarias para transformar una intención de ataque en una situación de natural armonía.

Muchos de nuestros alumnos de medio y bajo grado trabajan imitando la naturalidad de los grandes Maestros. Pero su intención, sus movimientos y, en definitiva, su técnica están vacíos. No hay distancias. No existe la proyección del ki. Las guardias son complacientes y en muchas ocasiones la eficacia de la técnica seria nula frente a un ataque real.

Nada más lejos de mi intención que dirigir la práctica hacia el embrutecimiento o la competitividad entre practicantes, sino el fortalecer el trabajo de base. La capacitación de cuerpo y mente para asumir el ataque de un adversario. Enfrentarse a sus consecuencias y ser capaces, por ello, de transformarlo en un movimiento Único en el que se funden ataque y técnica.

Para poder iluminar el Sendero es necesario estar preparado para recibir el noventa y nueve por ciento del ataque enemigo y enfrentar el rostro de la muerte”. (O’Sensei).

Una de las principales bases a las que hay que prestar gran atención es a la proyección continuada del ki…. “KOKYU RYOKU”, que debe estar presente en el total proceso de ejecución de una técnica. También en su inicio.

La ejercitación del ki y su fluir continuo en la ejecución de las técnicas es una constante de trabajo en todos los grandes Maestros.

O’Sensei decía a este respecto:

“Un trabajo de tres días no es más que un trabajo de tres días, un trabajo de un año no es más que un trabajo de un año, un trabajo de diez años almacena la fuerza de diez años.”

Esta ejercitación del ki, a través del “ KOKYU-UNDO” nos proporciona, conjuntamente con “SHISEI” (posición, actitud, postura) , el KAMAE principal en Aikido. Un kamae que contiene a la vez las fuerzas del ki y la capacidad de percibir todos los detalles y que nos permite , en relación a AITE, tomar la posición más ventajosa.

“Una buena postura refleja la actitud correcta de la mente”.(O’Sensei)

Igualmente, en el ataque, la intención del atacante debe ser motivo de estudio. Vemos practicantes que reflejan en su trabajo como Ukes una actitud complaciente, como si pensaran “me toca caer”, y atacan a su adversario como proporcionándoles un maniquí al que proyectar hasta que cambie el turno de ataque. Su actitud no busca ni estudia el ataque. No revisa si la distancia es propicia, la guardia correcta o si su golpe sería efectivo si lo continuara hasta su máxima expresión. Sólo cae, o se tira que es peor.

En el estudio del ataque no es necesario dañar al compañero en el transcurso del ejercicio. El atacante siempre debe ser consciente del grado de su compañero y del momento de la práctica y no impedir su estudio. Pero si no existe un ataque real, la técnica tampoco es posible.

“Cuando se adelanta un oponente, enfréntalo y salúdalo; si intenta retroceder, déjalo seguir su camino”. (O’Sensei)

Así, desde la primera acción del contrario y saliendo en diagonal de la línea de ataque imaginaria para dejar el espacio al atacante, proyectamos nuestro ki contra la intención del atacante, sobre su centro.

Desde el mismo instante en que el atacante manifiesta su intención, la proyección de nuestro ki, fluyendo por nuestros brazos y dedos, debe constituirse como nuestra primera y única guardia. Consistente, poderosa, pujante y siempre dirigida al centro de equilibrio de nuestro adversario.

Frente a un ataque inesperado, el fluir del ki se convierte en escudo defensivo y arma de contraataque al mismo tiempo.

Tu espíritu es el verdadero escudo”
“Continuamente los oponentes nos confrontan pero en realidad no hay allí oponente alguno. Entra profundamente en el ataque y neutralízalo atrayendo la fuerza que va en dirección errada hacia tu propia esfera”(O’Sensei)

No importa la opción de ataque del adversario. Nuestro ki, dirigido desde nuestro centro hacia su centro en el tiempo y distancia adecuado, impide la entrada del ataque y un contacto inicial que determinará la continuación armónica de la técnica.

En nuestras técnicas entramos completamente, nos mezclamos en totalidad y controlamos con firmeza un ataque. La fuerza se encuentra cuando el ki es estable y está concentrado; la confusión y la malicia surgen cuando el ki se estanca” (O’Sensei)

Una vez iniciado el ataque y proyectado nuestro ki sobre el adversario, se produce un punto de contacto con el atacante. Punto que no debe provocar bloqueos , ya que esto evitaría el fluir natural del ki, y es este fluir natural el que permite encontrar las direcciones de trabajo en unión con el atacante.

Ya sea continuando en omote sobre la misma dirección en sutji ashi o ajumi ashi, cambiando la dirección con los tenkans, o variando las guardias adelante o atrás, nuestro ki debe seguir fluyendo desde nuestro centro sobre el centro del adversario, haciéndolos uno sólo.

Nuestro centro proporciona el ki que, principalmente, fluye a través de nuestros brazos, los cuales no van dando bandazos a un lado y otro empujando y saliendo de nuestro eje. Es el desplazamiento de nuestro centro el que determina la nueva posición de unos brazos que no dejan de proyectar el ki, dando acomodo a los mismos para realizar la técnica más adecuada.

La clave de la técnica es mantener manos, pies, y caderas derechos y centrados. Si estás centrado, puedes moverte con libertad. El centro de tu cuerpo es el vientre; si tu mente también está allí, tienes la victoria asegurada en toda acción” (O’Sensei)

Una vez adquirida una buena base en la guardia que proporción una correcta proyección del ki, podremos evolucionar en trabajos más sutiles, en movimientos más ligeros y anticipativos, siguiendo el proceso natural de aprendizaje: ko tai (estado sólido), ju tai (estado fluido), eki tai (estado líquido) y ki tai (estado gaseoso).

KO TAI: Primer nivel de trabajo, sólido y preciso. La fuerza física se emplea sinceramente. Las técnicas se ejecutan con precisión.

JU TAI: Frente a un ataque pujante, movimientos relajados y sin contracciones inútiles.

EKI TAI: El sentido de la anticipación permite fluir con el ataque.

KI TAI: Sólo ofrecemos la posibilidad del ataque  y envolvemos a uke  con la acción del ki sin necesidad del contacto.

En tu adiestramiento, no te apresures, ya que dominar lo básico y llegar al primer peldaño lleva un mínimo de diez años. Nunca te imagines ser maestro de la perfección que todo lo conoce; debes continuar tu entrenamiento diario junto a tus amigos y discípulos y proseguir juntos en el Arte de la Paz.” (O’Sensei)



martes, 16 de septiembre de 2014

El Hara, fuerza existencial...

El Hara, fuerza existencial...

Extraído de "Hara, Centro Vital del Hombre"
Autor K. G. Dürckheim.




Desde el principio hasta el final de la vida, al hombre le preocupa su permanencia en este mundo.

Quiere mantenerse y preservarse, lo que se traduce por un constante afán de seguridad y de estabilidad. Ha de poder, tanto afirmarse e imponerse, como defenderse. Si ha perdido el contacto con el SER supranatural encarnado en un Ser esencial, o si no lo ha reencontrado aún, necesita contar únicamente con el mundo en el que vive, y con las facultades de las que el Yo dispone, para tener la vida en sus manos.

Pero el hombre que dispone de Hara, no se fía únicamente del mundo, ni lo apoya todo en las fuerzas del Yo. Vive una doble experiencia: ha comprendido, primero que las fuerzas centradas en el Yo y dirigidas por éste, al igual que la conciencia que él tiene de sí mismo, toman su verdadero origen en otra parte, y no en el Yo y, luego, que el hombre que se repliega en el terreno del Yo es, en el fondo, débil e inestable. Está bloqueado el surgimiento de una fuerza mas profunda. Quien dispone de Hara se sirve, sin duda alguna, de todas las fuerzas naturales del Yo, pero ha aprendido a no apoyarse únicamente en ellas, y a preservar su nexo con la otra "dimensión", aquella de donde le vienen las fuerzas que no dependen de las circunstancias, aquéllas que dan libre curso a las fuerzas naturales, incluso sobrepasándolas.

El hombre que dispone de Hara, "está ahí" bien derecho. No es fácil hacer que se tambalee ni que cambie de opinión (...) Aquel que domina la practica del Hara es también menos fatigable. Puesto que siempre logra recuperar el nexo con su centro, le es posible en todo momento abrirse a la segura fuente de las fuerzas que le renuevan (...)

El maestro de tiro con arco Kenran Umeji tenía por costumbre invitar a sus alumnos a tocar los músculos de sus brazos cuando tensaba el arco, cosa que no lograba nadie sino él. Sus alumnos podían entonces comprobar que sus músculos estaban perfectamente distendidos.
Si cualquiera de ellos expresaba su sorpresa a este respecto, el maestro se echaba a reír diciendo: "El principiante es el único que trata de tensar el arco con su fuerza muscular; yo lo hago simplemente con Ki ". Ki, o sea, con la fuerza universal, de la que participamos en nuestro Ser esencial. Con el Hara hay que aprender a sentirla, y a dejarla venir, al contrario de como se hace con la fuerza movida por la voluntad, la fuerza del "hacer".
El hombre que está en el Hara sabe también esperar. Cualquiera que sea la situación en la que se encuentre, da muestras de paciencia y siempre tiene tiempo. Puede observar con calma, sin sentirse obligado a intervenir si algo le desagrada. Cuanto más haya avanzado en la práctica del Hara, habiendo aprendido a conocer esta fuerza que le confiere calma y paciencia, toma antes conciencia de aquellos momentos en que deja el centro "justo", cayendo bajo el influjo del Yo egocéntrico. Y, con naturalidad, y sin quererlo, recupera el centro.

El hombre que dispone de Hara, está en calma. También el Hara ejerce una virtud curativa con respecto al nerviosismo, bajo cualquier forma que se presente. Desaparece la agitación, y los ligeros movimientos involuntarios. Se podría decir que en el cuerpo se produce un reconciliación, una paz interior que no es sinónimo de falta de vida, sino expresión de una fuerza concentrada en el centro vital, fuente de seguridad, y una armonía a la vez viva, "vibrante" y apacible, de ese todo que es el hombre.

Quienes no disponen del Hara, pierden fácilmente la forma. Enseguida montan en cólera, son de salud frágil, y ante la adversidad, pierden pronto su porte. Por el contrario, en aquel que está en el Hara, los motivos de irritación no le prenden, o bien dan paso a una enérgica reacción que es testimonio de la fuerza que le confiere el Hara.


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