Mostrando las entradas con la etiqueta O Sensei. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta O Sensei. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de febrero de 2023

Yoshimitsu Yamada Shihan

Yoshimitsu Yamada Shihan


Biografía cortesía: Peter Burnos y Marta Sobolska

Tomado de la página web de Aikido Sansuikai 

(http://aikidosanshttp://aikidosansuikai.com/shihan/uikai.com/shihan/) 




Nota del Editor: A propósito de la trascendencia espiritual de Yamada Sensei el pasado 15 de enero de 2023, compartimos esta hermosa biografía que permite apreciar la historia, compromiso e inmenso legado de nuestro amado Sensei. 

----

Yoshimitsu Yamada nació el 17 de febrero de 1938 en Tokio. Su padre, Ichiro, fue profesor académico y su madre, Michio, se ocupaba de la casa. La familia del padre era pariente de la familia Abe y cuando siendo niño, Ichiro perdió a sus padres, los Abe lo adoptaron.

La difícil situación de Japón durante la Segunda Guerra Mundial obligó a ambas familias a emigrar a Corea en los años cuarenta y se instalaron en Chinju, una pequeña ciudad a unas 200 millas de Seúl. La cabeza de la familia, Kazo, alquilaba tierras y tenía su propio negocio, e Ichiro Yamada se dedicó a los negocios de minería. Se quedaron en Corea hasta el fin de la guerra.

Tadashi Abe, primo de Ichiro Yamada, practicaba aikido desde 1942. Esta coincidencia indudablemente afectó la vida de Yoshimitsu. Con solamente unos pocos años, Yoshimitsu había tenido contacto con O’Sensei antes de que se fueran a Corea, en una presentación de artes marciales en la casa de la familia Abe. Este encuentro le dejó una impresión inolvidable. Él recuerda, como si fuera hoy, que el agradable, tranquilo hombre mayor, que es como parecía O’Sensei a primera vista, se convirtiera en alguien totalmente diferente sobre el tatami, un inasible y misterioso maestro de artes marciales.

Probablemente está reunión influenció la decisión de Yoshimitsu de dieciocho años, quien en 1955 decidió unirse a Hombu dojo como uchi-deshi. Esto pudo ser gracias a la recomendación de Tadashi Abe, ya que el joven aspirante no había entrenado nunca en artes marciales. Su primer día como uchi-deshi fue también su primer día sobre el tatami. Enseguida se hizo amigo de sus sempais Nabuyoshi Tamura y Sadateru Arikawa.

En esos tiempos Hombu Dojo era un lugar completamente distinto a hoy en día. La casa de la familia Ueshiba era parte del dojo, y Morihei, si bien irregularmente pero con mucha frecuencia, aparecía en el tatami. O’Sensei representó una autoridad sin igual para todos los uchi-deshis. Con su comportamiento representaba todas las cualidades por las que un joven japonés se esforzaba en esos tiempos.

Los entrenamientos eran exigentes y la vida en el dojo de una naturaleza casi ascética. Esto era debido a la difícil situación económica del país después de la Segunda Guerra Mundial. Hombu Dojo no se destacaba particularmente del nivel de vida general de Japón. El edificio no tenía calefacción así que la temperatura en invierno descendía bajo cero grados, en verano el calor en general golpeaba. Los deshi no tenían un área de habitaciones ni demasiadas cosas personales, su vida estaba sujeta al ritmo de la vida del dojo y eran raros los momentos de privacidad. Cada uchi-deshi tenía que hacer ciertas tareas y participar en las clases privadas. Yoshimitsu Yamada aún hoy recuerda el horario. El primer entrenamiento, dirigido por Kishomaru Ueshiba, empezaba a las 6:30, luego había otro a las 8:00 por Koichi Tohei o Kisaburo Osawa, quien una vez por semana era reemplazado por Kenji Tomiki. Hiroshi Tada o Seigo Yamaguchi daban la clase de las 15:00 y las clases de las 16:00 y 18:30 estaban dictadas por diferentes profesores. Koichi Tohei era un ídolo para muchos practicantes, que se impresionaban con su carácter y con sus habilidades técnicas. Muchos uchi-deshi lamentaban que cada vez se involucrara más con el manejo de la escuela en Hawai y que raramente fuera a Tokyo. Con el tiempo, el grupo de estudiantes creciendo con Yasuo Kabayashi, Kazuo Chiba, Mitsunari Kanai y Seichi Sugano quienes junto con Yoshimitsu Yamada, formaron un grupo de amigos muy unido.

A pesar de lo involucrados que estaban en el entrenamiento y la vida del dojo, cada uno secretamente soñaba con dejar Japón, que después de la ocupación estadounidense, se abrió al mundo. Yoshimitsu Yamada, como delegado de Hombu Dojo, enseñó aikido en bases militares americanas. Perfeccionó sus conocimientos de inglés y conoció la cultura y tradiciones que lo fascinaron. Quería ir a Estados Unidos.

A principios de los años sesenta se presentó una oportunidad. El pretexto fue la iniciativa de un grupo americano de entusiastas interesados en Aikido. Eddie Hagihara de Nueva York a quien Yoshimitsu conoció personalmente en Japón, se contactó con Hombu Dojo. En 1964 le pidieron a la Sede Central de Hombu que hicieran una exhibición de aikido en la Feria Internacional de Nueva York. Al principio el dojo fue representado por Koichi Tohei, pero debido a una lesión hubo que cambiar los planes y se lo envió a Yoshimitsu Yamada. Aprovechando la oportunidad se encontró con sus amigos americanos y aceptó ocuparse de la Escuela de Aikido de Nueva York. Sin embargo, su destino podría haber sido totalmente distinto ya que por ese tiempo Tadashi Abe ya había estado en Francia y Yoshimitsu aspiraba a sucederlo. Pero su amigo y sempai, Mabuyoshi Tamura, quien aún es la persona principal del Aikido Europeo, le ganó y Yoshimitsu Yamada fue delegado a la Costa Este de Estados Unidos. Eligió Nueva York como sede central.

Los comienzos son siempre difíciles, pero lo que el joven profesor de Aikido tuvo que enfrentar en Nueva York requería de un enorme compromiso personal, paciencia y esfuerzo. El grupo de Nueva York no estaba bien organizado, nadie tenía experiencia en el manejo de una escuela de Aikido y Yoshimitsu tuvo que hacer todo desde cero, desde los asuntos de organización a la enseñanza de las técnicas. La falta de medios económicos no facilitó la situación y junto con el primer uchi-deshi de Nueva York, Ángel Tineo-Álvarez, vivían y dormían en el vestuario ya que alquilar un departamento era solo un sueño. Todo el dinero iba al mantenimiento de la escuela y las perspectivas no eran prometedoras.

El aikido no era muy conocido en la Costa Este de EEUU y la posibilidad de promocionar este arte marcial usando los métodos tradicionales eran muy limitadas debido a motivos económicos, anunciar en los medios era muy costoso. El único medio de presentarse era en exhibiciones públicas. Afortunadamente, gracias a la amabilidad de otras escuelas de artes marciales, abundaban las posibilidades de presentaciones públicas, por ejemplo durante los campeonatos de karate. De ahí que muchos alumnos provienen de dojos de otras artes marciales y querían probarse en nuevos terrenos. Estos primeros años fueron un desafío importante para Yoshimitsu, si bien estaba fuertemente apoyado por sus alumnos, quienes estabn involucrados en asuntos del dojo, algunos de ellos son Mike Abrams, Harvey Konigsberg, Harry McCormack. En los años 60 había un promedio de aproximadamente 50 personas entrenando en el dojo.

El instructor principal de NY Aikikai no tuvo mucha suerte. La visa de intercambio cultural que tenía no le garantizaba una estadía larga en EEUU y eso amenazaba con ser deportado a Japón. Aparecieron nuevos problemas con el nacimiento de sus hijos. A los dos nacidos en EEUU se les otorgó la ciudadanía y podían quedarse. Yoshimitsu y su esposa y la hija mayor, nacidos en Japón no podían quedarse. Para intentar proteger a su familia de la despiadada ley de inmigración tomaron una difícil decisión: su esposa volvería a su país con los hijos. Esta separación de su familia cercana en esa época, es algo que Yamada Sensei lamenta hasta el día de hoy.

Lentamente el aikido se fue haciendo atractivo para la gente no solo de Nueva York sino de toda la Costa Este. Esto fue principalmente debido al increíble compromiso de Yamada Sensei. Viajaba tanto, a Boston, sur de Nueva Jersey, Pensilvania y Canadá, que sus alumnos empezaron a quejarse de que no estaba nunca en Nueva York. Sin embargo, como él era la única persona con la experiencia correcta, tenía que ocuparse de todo. Los acciones de Yoshimitsu Yamada fueron deliberadas, trabajar en los cimientos resultó con el tiempo en muchos grandes profesores que hasta el día de hoy tienen sus propias escuelas.

Estar tan involucrado en esta misión por la que fue enviado a EEUU empezó a producir efecto. Cuando la situación del dojo de Nueva York se hizo estable, el aikido más popular y los dojos en sí estaban operando efectivamente, llegó el momento de establecer una organización con el fin de formalizar y especificar la cooperación desde un punto de vista administrativo. Así, en 1968 se creó la United States Aikido Federation (Federación Estadounidense de Aikido). Esto fue debido a la cooperación entre los maestros delegados por Hombu Dojo en Estados Unidos y es la mayor organización de Norte América.

Los problemas de visa terminaron en 1972. Yamada Sensei empezó a usar intensivamente la libertad adquirida para promover el aikido fuera de los Estados Unidos. Uno de sus primeros viajes fue por una invitación de Tamura Sensei a Francia en 1973.

Los ochenta fue un período relativamente estable. Dos décadas después de la instalación del dojo en EEUU, en 1984 se hizo un gran curso de verano con el Doshu Kisshomaru Ueshiba. Esta prueba de valoración fue un incentivo para trabajar aún más. Sensei viajaba más y más y en 1992 lo invitó a Seichi Sugano Sensei a cooperar con él. Sus amigos de los tiempos de Hombu Dojo se unieron a New York Aikikai dándole a la escuela una importancia única. El dojo de Nueva York es la única escuela del mundo en la que dos alumnos directos de O’Sensei enseñan conjuntamente.

Yamada Sensei recuerda que recién después de 20 años empezó a ver los resultados de su trabajo. Los primeros 10 años se dedicó a la escuela de Nueva York y los siguientes 10 al desarrollo del aikido en la Costa Este. Dice que gracias a las dificultades y problemas que tuvo en el camino, se hizo más maduro. Teniendo cincuenta años llegó a empezar a aceptar el hecho de que la gente lo llamara “Sensei”. Antes de ello se preguntaba “¿he ganado el derecho a que la gente me llame así?”.

Yoshimitsu Yamada pasó en Hombu Dojo alrededor de siete años. Desde aquel tiempo el conjunto de técnicas que se enseñan ha cambiado mucho y el aikido en sí es ligeramente distinto del arte marcial que los primeros uchi-deshi de Morihei Ueshiba aprendieron. A pesar de esta evolución, Yamada Sensei intenta transmitir las cosas que aprendió en ese tiempo. De enseñanza ortodoxa, enseña las técnicas básicas, que intenta no modificar. Cree que es necesaria una base sólida para un desarrollo apropiado. Es un entusiasta de la práctica intensa como medio de desarrollo tanto físico como espiritual. No se opone a la práctica dura, conforme al espíritu del budo, pero no justifica que haya brutalidad o estupidez en el tatami. Aún viaja intensivamente visitando casi todos los continentes. Es el presidente de la Federación Americana de Aikido y de Aikido Sansuikai International, asociación que nuclea a todos los países latinoamericanos y países de otros continentes. Es autor de numerosos libros y DVDs de aikido.

Cuando se le pregunta de qué cosas se siente más orgulloso, Sensei Yamada dice que de su propio dojo, del hecho de haber contribuido al desarrollo del aikido en el mundo y de haber ayudado a tanta gente a convertirse en excelentes profesores de aikido.

¿Algún sueño? Comprarse un terreno cerca de Nueva York y fundar un dojo como fuera Iwama en sus mejores épocas. Tener muchos uchi-deshi, seguir con los entrenamientos, formar un pequeño…







martes, 8 de mayo de 2018

Budo


BUDO

*Conferencia atribuida al fundador del Aikido, O Sensei Morihei Ueshiba

 


A lo largo de la historia, numerosos profesores de religión y filosofía han aportado su mensaje de verdad y han hablado del poder último de la Armonía. Sin embargo... ¿Por qué han resultado victoriosos quienes han entablado una lucha encarnizada contra esta Armonía, sirviéndose de la fuerza destructiva del Budo?.

Pocos pensadores y filósofos supieron expresar esta verdad con todo su ser. Sus teorías, formuladas sólo en palabras, no podían educar sino la mente. La verdad no es lógica.

Para descubrir esta verdad y alcanzar este poder último, es necesario emprender tres formas de entrenamiento simultáneo:

Debéis entrenar vuestra mente para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Debéis entrenar vuestro cuerpo para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Debéis entrenar el Ki, la fuerza del alma que unifica el cuerpo y la mente para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Si la mente está en Armonía con el Universo las palabras tienen que estarlo también. Las palabras deben estar unidas con el Kami. Seguidamente, los movimientos del cuerpo y la mente han de armonizarse con las palabras. Este es el secreto que el Budo me ha enseñado.

Me he dado cuenta que el cuerpo y la mente deben estar unidos por el Ki antes de incorporarse al Universo. A través de esta milagrosa función del Ki, el cuerpo y la mente pueden unirse y, en virtud del entrenamiento, comprenderéis la Unidad Universal. Entonces vuestra mente será límpida y vuestro espíritu irradiará salud. Os será posible resolver todos los conflictos y convertir a esta tierra en un mundo de paz.

Pero si se utiliza incorrectamente esta función milagrosa del Ki, el cuerpo y la mente zozobrarán en el desorden y el Universo se devendrá en caos. Es esencial que mente, cuerpo y Ki estén en Armonía con los ritmos del Movimiento Universal. El Aikido es la Vía de la Verdad. Y el entrenamiento del Aikido sirve para expresar la esencia de la verdad en la vida cotidiana. Es una expresión que genera el poder del Kami. Cualquier teoría en sí misma es inútil, debe ser llevada a la práctica. Con entrenamiento, la fuerza de la verdad se expande a la mente y el cuerpo y el Aikido los unirá con el Universo gracias al Ki.

lunes, 15 de mayo de 2017

Los principios del Aikido


Los principios del Aikido

 Introducción del libro "Los Principios del Aikido", escrito por Mitsugi Saotome Sensei.
 

Me preocupan los conflictos que veo surgir entre los diferentes estilos y escuelas de aikido. La gente se pelea para decidir qué escuela es la verdadera, cuál representa realmente las enseñanzas de O Sensei. Algunas de estas escuelas parecen estar interesados en apropiarse del nombre de aikido como si fuera en nombre de una marca. A mí me parece del todo innecesario. Nadie puede ser una réplica exacta de O Sensei. Tampoco, las últimas generaciones de estudiantes de aikido pueden ser copias exactas de sus maestros. Si todos los aspirantes a ser maestros de aikido intentan proclamarse como únicos conocedores de sus secretos basándose en diferencias superficiales de estilo, ¿Qué conseguiremos? ¿Miles de escuelas enfrentadas, insistiendo todas ellas por separado en ser las únicas poseedoras de la auténtica verdad del aikido? ¿Dónde están la unidad y la armonía en todo esto?.

El aikido sólo tiene un principio: la realidad universal de la vida. Por su propia naturaleza como seres humanos vivientes, todos poseemos los secretos básicos del aikido. El propósito del aikido es mejorar la vida de las personas, hacer florecer sus espíritus y fortalecerlos, y al hacer mejores a las personas mejorar el mundo. El aikido existe en este principio y con este propósito, no en el estilo del movimiento ni en los detalles técnicos a través de los que se enseña el aikido. Si el principio y el propósito están presentes, cualquier técnica puede ser aikido. Si están ausentes, también está ausente el aikido.

Se han publicado muchos libros por un gran número de instructores de aikido sobre la técnica del mismo. Algunos de ellos ofrecen de kata ken (espada) Jo (bastón corto); algunos dan detalles de cómo debe hacerse el kata de la mano vacía. Especialmente en el kata con armas, los estudiantes pueden descubrir la presencia de conjuntos muy diversos de movimientos bajo el mismo nombre en libros diferentes. Estos estudiantes pueden llegar a confundirse. ¿Qué maestro tiene la razón? ¿Cuál es el modo correcto de hacer el kata? Creo que todos los sistemas están bien, y al mismo tiempo ninguno es el correcto.

Voy a presentar muchas técnicas específicas tanto para mano vacía como para armas. Pero mi intención al incluirlas no es dar ejemplos definitivos de kata; hay muchas formas correctas de ejecutar el kata. He elegido técnicas que creo que ilustran puntos importantes sobre el aikido. A fin de cuentas, no estamos estudiando para convertirnos en expertos en Jo o combate cuerpo a cuerpo. No estamos estudiando para convertirnos en espadachines. Estamos estudiando aikido.

En mi época de uchi deshi con O Sensei, viajé con él a muchos seminarios y conferencias. En aquellas ocasiones y durante el período en que fui su estudiante, recibí mucho ukemi de él. Cuando tenía el privilegio de observar su enseñanza, casi nunca enseñó una forma concreta. Le preocupaba el estudio del budo y el sentido espiritual del aikido, no los detalles de la forma. No hacía distinción entre la técnica de mano vacía y con armas, sino que pasaba de una a otras con total libertad. Deseaba mostrar los principios que había detrás de las técnicas y del vínculo esencial que los unía a todos. La forma era meramente una herramienta para dilucidar las grandes verdades que eran lo único que verdaderamente le preocupaba. Yo he tratado de conservar ese enfoque. El lector observará que muchas de las técnicas de mano vacía van emparejadas con técnicas con armas que son comparables y que muestran el mismo principio. No deseo definir una técnica. Lo que deseo es compartir con mis lectores lo que entiendo que es el aikido.

O Sensei tuvo muchos uchi deshi que estudiaron con él. Experimentaron su entrenamiento en distintas épocas de la vida de O Sensei, en diferentes fases de su entrenamiento, en distintos lugares, y durante períodos de tiempo de distinta duración. Cada uno de los uchi deshi de O Sensei aportaron su propia personalidad y visión a su entrenamiento; cada uno tiene sus propios y distintos recuerdos sobre la enseñanza de O Sensei. Cuando estos mismos uchi deshi se convirtieron en maestros, asimilaron, preservaron y transmitieron los elementos de las enseñanzas de O Sensei que más le habían impresionado en sus recuerdos. Muchos de los estudiantes de O Sensei complementaron su entrenamiento de aikido con entrenamientos en otras artes y disciplinas, y usaron este conocimiento adicional para enriquecer sus habilidades en aikido. Sus personalidades, su interpretación, sus recuerdos de la enseñanza de O Sensei se combinaron para crear sus propios estilos individuales de la práctica del aikido y sus propios métodos de enseñanza.

Pero ningún estilo - ningún conjunto particular de formas - es, en sí y de por sí aikido. Podemos considerar al aikido como un idioma. Como tal tiene su gramática y sus normas, pero esa gramática es muy amplia y adaptable. Como las lenguas, tiene espacio para una infinita variedad de usos creativos de sus elementos y una gran elasticidad de estructura. El sueño de O Sensei al crear el aikido, tal como yo lo veo, era un sueño de la creación de la paz en el mundo, de disciplinar la agresividad humana, y de enseñar a las personas a ser mejores seres humanos. No veo en esto nada que impida la coexistencia de diferentes estilos de aikido sino que, de hecho, se estimulan entre sí en la consecución del sueño de O Sensei. Ruego para que este libro sirva a la gente para entender mejor la intención de O Sensei al crear el aikido, y que facilite una mayor unidad, en lugar de una mayor división en la comunidad del aikido. Me gustaría ver a todos los que practican el aikido, reafirmar que todos siguen el mismo camino en la búsqueda de un objetivo común.

En mi corazón siento que O Sensei no ha muerto. Los recuerdos que tengo de él están impresos en todos mis sentidos. Su voz y las palabras que pronunció todavía suenan en mi mente. Su sueño de paz y amor por toda la humanidad han enraizado en mi alma. Ofrezco este libro con el espíritu de ese amor a la familia del aikido de todo el mundo, esperando que el sueño de paz de O Sensei siga vivo y crezca en ellos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

La espiritualidad intraducible (o mal traducida) de O Sensei).O como traducir lo intraducible.

La espiritualidad intraducible (o mal traducida) de O Sensei).O como traducir lo intraducible.
Tomado de: http://www.aikidoenlinea.com



Entender los discursos espirituales de O Sensei no es fácil. Pero es que además, tenemos evidencias claras de que no han sido correctamente transmitidos. A partir de esta ahora, en Aikido en Línea dedicaremos varios artículos a este tema, que nos parece del mayor interés.

Empezaremos con una anécdota extraída del libro publicado por Koichi Tohei en 1999 ( : 確立: Ki no Kakuritsu “Nakamura Tenpu y Ueshiba Morihei: El Establecimiento del Ki), y traducida por Chris Li en su blog de Aikido Sangenkai (en inglés en original). Esta anécdota tuvo lugar en 1961, cuándo O Sensei viajó a Hawai acompañado de Tohei Koichi y un joven Tamura Nobuyoshi (entonces un veinteañero):

Esta es una historia de mucho más tarde, después de la guerra y cuando el Aikido se estaba expandiendo de manera explosiva en los Estados Unidos. En ese momento se contaban únicamente historias positivas de Ueshiba Sensei. Las historias negativas en absoluto circulaban. Eso está bien, por supuesto, pero el problema estaba en la forma de transmitir las palabras de Sensei. En cualquier caso, incluso entre los japoneses nativos el significado era bastante difícil de comunicar. En un país con una cultura totalmente diferente la dificultad aumentaba considerablemente.

Cuando Sensei fue a Estados Unidos un periodista local se acercó a realizar una entrevista. Las cosas que Ueshiba Sensei explicó eran exactamente las mismas que contaba en Japón. Decía cosas como “a través de la combinación de amor y luz …”, cosas que no se pueden entender fácilmente en japonés. Incluso cuando se le preguntaba cosas como “¿Cómo se combinan el amor y la luz?”, no había respuesta. Como no había ninguna racionalidad preestablecida o lógica desde el principio, es natural que no hubiese conclusión alguna. Ueshiba Sensei decía: “Nunca he perdido una discusión”, pero entiendo que dado que la pregunta del otro y la respuesta de Sensei nunca coincidían entre sí, por supuesto no podía perder.

Por último, el reportero me preguntó, “no puedo escribir un artículo como este, ¿podría traducirlo por mí?”. Ueshiba Sensei dijo, “Sí, eso es muy acertado” de manera bastante tranquila, pero el problema vino con el estudiante encargado de realizar la traducción.

La noche del día siguiente, cuando el periodista llegó a recoger el borrador del artículo, echó un vistazo y vio que el estudiante había estado tomando una larga siesta. Cuando le pregunté, “Hey, está la traducción terminado?”, La respuesta fue: “Yo no lo he hecho”. De hecho, nada se había hecho.

“Oye, no has hecho nada?”

“No hay manera de hacerlo. Las palabras de Sensei no se pueden entender “.

“¿No te dijo Sensei que había que hacerlo? No sirve de nada decir que no se puede entender, el periodista llegará muy pronto “.

“No importa lo que digas, lo que no se puede hacer no se puede hacer, es imposible.”

En ese momento, otra persona en la habitación me regañó. “Tohei Sensei, usted no puede hacer tales demandas imposibles. Es patético meterse con él, incluso si no es capaz de hacerlo. ¿Puede Tohei Sensei hacerlo? Si Sensei puede hacerlo, entonces ¿por qué no sigue adelante y lo hace? ”.

Entendí que estaba en lo correcto, por lo que decidí que iba a realizar la traducción. No podía traducir “a través de la combinación de amor y luz …” directamente. Sin embargo, si el amor es “Más Ki”, y si la sombra es más negativo que la luz también significa “Más”. Si esto es como yo pensaba  todo podría ser reemplazado con “Más”, y cambié todas las frases de “Amor y Luz” con “Más Ki”.

En otras palabras, era una paráfrasis extraída del original. No lo escribí exactamente en la forma en que Sensei lo explicó, pero el significado no había cambiado. De esa manera, tuve la oportunidad de completar la traducción. Sin embargo, le dije al estudiante, “Dado que se le pidió hacer la traducción, diremos que se trata de su trabajo”, y le hice copiar todo de nuevo.

En el periódico del día siguiente se publicó un artículo halagador hacia Ueshiba Sensei. Cuando el maestro Ueshiba vio el periódico al día siguiente le dijo al estudiante: “¡Ah, si usted lo dice de esta manera entonces todo el mundo lo entiende – a partir de ahora va a traducir todos mis discursos.”
El estudiante se llevó las manos a la cabeza y gimió.

Chris Li argumenta, creemos que con razón, que este alumno no era otro que Tamura, que no tenía ni idea de lo que Ueshiba decía cuándo hablaba. Sólo tres años más tarde dejaría Japón para marcharse a Francia, dónde viviría el resto de su vida. Es más, también parece claro que Tohei no veía ninguna racionalidad en los discursos de O Sensei. Si tenemos en cuenta que fue hasta 1974 el instructor principal del Hombu Dojo, y una notable influencia en muchos shihanes, ¿cómo afectó esto a la transmisión de las ideas y planteamientos espirituales y sobre el Aikido de Ueshiba? Es más, todo parece indicar que las palabras de Ueshiba fueron traducidas de manera un tanto arbitraria para hacerlas más comprensibles, “saneándolas” de lo que se consideraba simple jerigonza religiosa.


Interesante, ¿verdad? Sin duda, el planteamiento espiritual en el que se forjó el Aikido es hoy en día un gran desconocido, si tenemos en cuenta que ha sido filtrado por alumnos de O Sensei que realmente no lo entendían. Un tema muy importante para entender el Arte, y que seguiremos tratando en posteriores entradas.

domingo, 28 de agosto de 2016

La limpieza

La Limpieza
Por Tamura Nobuyoshi.
Extraído de:
Aikido Etiqueta y Transmisión




Saber desplazar lo que molesta para la limpieza y saber volver a ponerlo en su sitio es un acto sencillo que educa la atención. Decidir lo que se debe tirar y lo que hay que conservar educa el sentido de decisión.

Pasar el paño por el piso constituye un excelente ejercicio para las piernas y caderas. Incluso cuando un sitio parece limpio, basta con pasar un trapo húmedo para convencerse de lo contrario. Renovando el agua, lavando los trapos de limpieza y limpiando el suelo se experimenta la sensación de refrescar el propio espíritu.

No obstante, para meter las manos en el agua helada en las mañanas de invierno hace falta valor: vencer el espíritu del abandono es parte integrante de la práctica.

Cuando los bokuto, jo, sandalias, etc., están en su sitio, el aspecto de las cosas es agradable a la vista y son fáciles de utilizar. No sólo se trata de satisfacer la conciencia estética, sino también de una educación natural que conduce a reconocer la importancia de la preparación. El tiempo consagrado al entrenamiento es limitado. Los breves instantes que le preceden y le siguen son cortos. Por ese motivo es necesario sacarle el mejor partido posible a hacer la limpieza, lo que supone un buen ejercicio en el sentido de previsión y organización. La decisión de empezar por aquí para continuar por allá y terminar más allá es un ejercicio para el juicio y el espíritu de decisión. La limpieza no sólo pretende purificar el exterior. Esto explica que sea necesario limpiar una y otra vez y sin cesar los lugares que parecen limpios.

El enseñante, que se vale de su conocimiento, no debe contentarse con lograr que sus alumnos hagan la limpieza, es deseable que su ejemplo sea un aliciente para ponerlo en práctica. Me gustaría que meditaran ustedes sobre este pensamiento de O Sensei: "El aikido es la limpieza del cuerpo. Hay que eliminar la suciedad y las impurezas del cuerpo y el alma".

Cuando entra usted en un dojo bien limpio y lustroso, de forma inmediata el corazón se encuentra reconfortado. Estoy convencido de que la práctica diaria del cuerpo y el espíritu se manifiesta de esta manera.

Para hacerlo bien, todos deberían limpiar el dojo por su propia iniciativa antes y después del ejercicio. La limpieza permite colocar las cosas en su lugar, clasificarlas y ordenarlas.

Además, la limpieza es una buena práctica tanto mental como física.

Cuando yo era uchi-deshi, nos uníamos a los demás practicantes para limpiar juntos no sólo el dojo sino también la entrada, los pasillos, los lavabos, los vestuarios, el dormitorio de los uchi-deshi y la calle delante del dojo.

La limpieza te enseña mucho.

Tomemos como ejemplo mero hecho de utilizar la escoba: hay que sujetar el mango con ligereza y hacer llegar el ki hasta los pelos del cepillo, utilizarlo con agilidad, ligereza y fuerza. El principio es el mismo que para el sable o el bastón. Es un ejercicio que, barriendo todos los rincones, permite aprender a ver hasta los aspectos ocultos de las cosas.

lunes, 8 de junio de 2015

Cara a Cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Cara a cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Por Raymond Kwok¹(Entrevista traducida al castellano por Cristian Casares, para Pequeños Universos)






En Agosto de 1998, Raymond Kwok participó de un seminario dictado por Chiba Kazuo shihan (8vo. dan Aikikai), en Mejannes, al sur de Francia. Kwok tuvo la posibilidad de hablar con el gran maestro sobre Aikido y otros temas complementarios.
Presentamos a continuación algunos extractos de la entrevista. La misma apareció publicada, por primera vez, en un número de la revista Kuala Lumpur YMCA Aikido Club, en 1999.

Raymond Kwok: Shihan, usted entró al Hombu dojo como uchi-deshi en febrero de 1958. ¿Qué influenció su decisión de practicar Aikido?
T. K. Chiba: Bueno, esa es una larga historia. Antes de empezar con el Aikido había practicado un poco de Judo y de Karate, pero las dos disciplinas me habían dejado insatisfecho, y por eso empecé a buscar algo más. Fue cuando tenía dieciocho años, antes de haber terminado la escuela secundaria. Un día, me cruce con un libro de Aikido en una tienda; ese fue el primer libro de Aikido publicado.

RK: ¿Era “Budo”?
TKC: No, era “Aikido”. En la primera página había una pequeña imagen de O Sensei. Cuando vi esa imagen me di cuenta instantáneamente de que él sería mi maestro y que eso era lo que estaba buscando. No lo conocía todavía y tampoco tenía idea acerca de cómo era el Aikido. Nunca había visto a O Sensei antes. Nunca había escuchado sobre la disciplina. De esa manera me decidí a ir a verlo. En realidad, no me interesaba demasiado cómo era el Aikido; fui capturado por la imagen de O Sensei, y eso fue todo.

RK: Entonces, sensei, cuando llegó a Hombu Dojo, ¿quiénes eran sus compañeros?
TKC: Primero, Tamura sensei y Yamada sensei; luego, Kanai sensei, Sugano sensei y Kurita sensei, de Nuevo México. Más tarde, Saotome sensei y Tohei Akira sensei. Creo que esos fueron todos.

RK: Sensei, ¿cómo era la vida de un uchi-deshi por aquellos días?
TKC: Consistía nada más que en practicar, desde la mañana hasta la noche, sólo eso.

RK: ¿Tres, cuatro horas? ¿Cinco, seis horas?
TKC: Más que eso… Practicábamos todo el día, cinco veces a la semana, y en nuestro tiempo libre nos encargábamos de las clases privadas.

RK: Usted, sensei, era muy joven en ese momento, aunque debió resultar verdaderamente agotador aquel ritmo, ¿no es así?
TKC: Era muy agotador, sí; me dejaba exhausto. Japón se estaba recuperando de la guerra, la economía caminaba lentamente y la gente vivía tiempos difíciles. Por eso mismo, teníamos comida simple, arroz y sopa.

RK: De modo que fue el espíritu o “Kokoro” lo que los mantuvo en el camino, ¿verdad?
TKC: Sí, algo así. Yo no tenía gran interés en convertirme en maestro. Creo que a la mayoría le sucedía lo mismo. Todos amaban el arte y la práctica. Nadie pensaba en transformarse en profesor.

RK: Leí, hace no mucho tiempo en “Aiki Journal”, una entrevista a Sugano sensei en la que él comenta que la vida de uchi-deshi de hoy es mucho más sencilla que la de aquella época. Él decía: “en aquella época tenías que hacer todas las clases; ahora los uchi-deshi dicen “esta clase no la hago” o “estoy muy cansado” o “no tengo ganas de hacer esta clase.” ¿Qué opina de esto, sensei?
TKC: Honestamente, no sé cómo es la vida de los uchi-deshi en la actualidad, así que no puedo comparar, pero además de nuestro propio entrenamiento (entrenamiento físico) teníamos que encargarnos de la administración del dojo, de la oficina, de las necesidades del maestro (ayudando o cuidando personalmente a Osensei), de hacer las compras, de lavar la ropa, de todo. Todas las tareas domésticas estaban en manos de los uchi-deshi. No es justo comparar la vida de los alumnos de ahora con la nuestra; la situación es totalmente distinta. En aquella época, los uchi-deshi vivían con el maestro; ahora, por el contrario, viven separados de él. Por eso creo que llamarlos “uchi-deshi”, hoy en día, no es del todo correcto. “Uchi-deshi” significa “estudiante que vive en la casa”, o más bien, “que vive adentro”.

RK: Cuando usted estuvo en Hombu dojo, además de O Sensei, ¿quiénes eran los restantes maestros que daban clases?
TKC: Nuestro maestro inmediato era Ueshiba Kisshomaru Doshu; luego, Koichi Tohei sensei (Jefe de instructores) y varios sensei más, como Tada sensei, Arikawa sensei y otros mayores graduados.

RK: ¿Y Osawa (padre) sensei?
TKC: Sí, él también estaba.

RK: Usted es conocido por el poder de su técnica. ¿Esto es debido a alguna influencia en particular?
TKC: ¿Te refieres a mí (risas)? No, no se debe a ninguna en particular, pues fui influenciado por todos esos maestros que mencione anteriormente.

RK: Sensei, sus enseñanzas involucran mucho uso de Jo y Ken, especialmente entre sus alumnos más graduados.
TKC: Sí, así es.

RK: Creo que ahora, en Hombu dojo, no se practica mucho con armas. ¿Quién lo influenció en el método de enseñar Jo y Ken?
TKC: Bueno, en primer lugar, O Sensei. Él usaba el Jo y el Ken, especialmente, cuando uno lo acompañaba de viaje. Un uchi-deshi lo acompañaba a todos lados. Y yo era uno de esos alumnos; también Tamura sensei lo hizo. Había que estudiar Jo y Ken porque tenías que tomar ukemi con armas. No se presentaba otra opción. Saito sensei también lo hacía; él vivió con el maestro muchos años en Iwama.

RK: Entendí, a partir del relato de algunas personas, que O Sensei nunca enseñó un método sistemático de armas. ¿Fue muy difícil para usted incorporar sus enseñanzas?
TKC: Sí, fue muy difícil.

RK: ¿Sus métodos de enseñanza fueron influenciados por el estilo Iwama?
TKC: No realmente. Mi experiencia personal está basada en lo que aprendí con O Sensei. Creo que lo que proponía el Fundador en ese entonces es muy diferente al método de Saito Sensei. O Sensei no era muy joven cuando yo me convertí en su discípulo. Ya tenía 70 años, y su estado era diferente al que había conocido de él Saito sensei durante su propia formación. Por supuesto, yo practiqué constantemente mis armas, así que mi idea y mi experiencia maduraron.

RK: Sensei, se considera que usted fue el primero que empezó con el sistema de “Fukushidoin”. ¿Puede comentarnos algo acerca de esto?
TKC: Bueno, el sistema está básicamente fundamentado en la regulación internacional propia de Hombu dojo. Hay dos categorías de instructores, y los Shidoin pueden tomar exámenes hasta 1er. kyu, dejando a los shihan el trabajo de evaluar a los cinturones negros.

RK: Tengo entendido que, en la época sobre la que estamos hablando, O Sensei explicaba durante las clases cosas que resultaban muy difíciles de entender. ¿Le sucedió esto durante su entrenamiento como uchi-deshi?
TKC: Sí, me tocó vivir eso.

RK: ¿Recuerda alguna anécdota con Osensei que quiera contarnos?
TKC: Para empezar, recuerdo lo bello que era O Sensei, todo su cuerpo, su postura, la manera en que caminaba, la manera en que miraba, todo en perfecto balance. En una ocasión fui con él de viaje. Teníamos que tomar un taxi para ir a la estación de tren y yo debía comprar los boletos, pero él no esperaba. Así como llegamos, salió del taxi y entró a la estación, sin tener pasaje; la forma en la que caminaba era tan hermosa… Para él no representaba un problema entrar a la estación sin boleto: nadie le iba a decir nada. Cuando por fin los conseguí, lo que tomaba algo de tiempo, tuve que llevar mi bolso, el de él, las armas, todo. De alguna manera logré ayudarlo para que bajara la escalera del tren. Tenías que poner tu hombro derecho para que pudiera apoyarse y bajar suavemente. Nunca esperaba. Cuando viajaba, siempre nos quedábamos en habitaciones conjuntas. Él dormía en la habitación principal y yo en el cuarto contiguo. Sólo había una puerta corrediza entre nosotros. O Sensei ya estaba mayor como para levantarse e ir solo al baño. Solía meterse en tu habitación y, si estabas dormido, sabías que era el fin, porque en un sentido marcial ya estarías muerto; él podría haberte matado, así que tenías que estar despierto a toda hora.

RK: ¿Todo el tiempo?
TKC: Sí, sin dormir, por 3 años. Porque cuando se despertaba tenías que abrirle la puerta corrediza, llevarlo al baño, ayudarlo, lavarle las manos y dejarlo en la cama. Luego volvías a dormir, para despertarte al otro día a entrenar, viajar en tren, y así por dos semanas consecutivas. Quedabas exhausto.

RK: ¿Qué pasaba si él se despertaba y quien estaba a cargo no se daba cuenta?
TKC: Nunca lo aceptaba. Lo sabíamos. Somos estudiantes de un arte marcial, no podemos permitirnos dormir cuando alguien entra en nuestro cuarto.

RK: ¿Entonces, sensei, tenía que estar todo el tiempo en zanshin?
TKC: Sí, él nunca bromeaba. No hay comunicación oral entre alumno y maestro en el sistema japonés. Yo no le hablaba, y él tampoco me dirigía la palabra. El viaje más largo duraba de dos a cinco semanas, sin hablar. Dos semanas en completo silencio, excepto por “quiero té”. Aquella era una relación maestro-alumno muy estricta; por entonces, Japón era así. Hasta solíamos decir “no pises su sombra” o “no duermas con tu pie apuntando a tu maestro”; todo era así de estricto.

RK: Sensei, esta pregunta quizás sea un poco personal, pero me gustaría conocer su opinión al respecto. Escuché muchos comentarios sobre cómo el poder de su técnica, en el pasado, provocó que algunos estudiantes terminaran lastimados. Al parecer, la gente le tenía miedo. ¿Qué le parece esto?
TKC: No lo sé. Pongámoslo de esta manera: cuando yo era alumno de Hombu dojo no había tanta gente; en las clases más grandes había veinte personas. La mayoría de los practicantes de esa época, además, eran individuos muy bien entrenados. Hasta había artistas marciales establecidos que acudían, por la fama que tenía O Sensei, para aprender Aikido bajo su tutela. Eran realmente guerreros apasionados, en busca de su propio camino. A menudo practicábamos cómo lastimar a otros y no nos importaba eso.
O Sensei se enojaba mucho si algún shihan, en una demostración, hacía grandes movimientos redondeados; no aceptaba ese tipo de movimientos. Era muy difícil hacer una demostración si O Sensei estaba presente. Por eso mismo, tratábamos de llevarlo a un cuarto separado y darle dulces. Le encantaban los dulces, los dulces tradicionales japoneses y las chicas jóvenes. Dos o tres muchachas bien arregladas hacían que se olvidara de la demostración. De aquella manera no nos detenía en medio de la muestra; eso era muy embarazoso.

RK: Escuché que en los últimos años de O Sensei, cuando uno era proyectado no se sentía nada, como si no hubiera esfuerzo de su parte.
TKC: Si, así era. Cuando uno alcanza la perfección, es así. No mucha gente puede hacerlo. Yo tomé ukemi con él durante muchos años, pero nunca sentí verdadero dolor.

RK: ¿Nunca?
TKC: No, en ninguna técnica. Ya fuese nikkyo, shiho nage o kotegaeshi. Nada de dolor.

RK: ¿Él era especial?
TKC: Así es, era especial.

RK: Quiero hacerle una última pregunta, sensei. ¿Cuál es el secreto de su poder?
TKC: La pasión por el arte (risas). Pasé muchas noches desvelado pensando en una técnica. He llegado a levantarme de la cama, despertar a mi mujer y pedirle que me haga de uke.


Eventos y Actividades