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domingo, 5 de febrero de 2023

Yoshimitsu Yamada Shihan

Yoshimitsu Yamada Shihan


Biografía cortesía: Peter Burnos y Marta Sobolska

Tomado de la página web de Aikido Sansuikai 

(http://aikidosanshttp://aikidosansuikai.com/shihan/uikai.com/shihan/) 




Nota del Editor: A propósito de la trascendencia espiritual de Yamada Sensei el pasado 15 de enero de 2023, compartimos esta hermosa biografía que permite apreciar la historia, compromiso e inmenso legado de nuestro amado Sensei. 

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Yoshimitsu Yamada nació el 17 de febrero de 1938 en Tokio. Su padre, Ichiro, fue profesor académico y su madre, Michio, se ocupaba de la casa. La familia del padre era pariente de la familia Abe y cuando siendo niño, Ichiro perdió a sus padres, los Abe lo adoptaron.

La difícil situación de Japón durante la Segunda Guerra Mundial obligó a ambas familias a emigrar a Corea en los años cuarenta y se instalaron en Chinju, una pequeña ciudad a unas 200 millas de Seúl. La cabeza de la familia, Kazo, alquilaba tierras y tenía su propio negocio, e Ichiro Yamada se dedicó a los negocios de minería. Se quedaron en Corea hasta el fin de la guerra.

Tadashi Abe, primo de Ichiro Yamada, practicaba aikido desde 1942. Esta coincidencia indudablemente afectó la vida de Yoshimitsu. Con solamente unos pocos años, Yoshimitsu había tenido contacto con O’Sensei antes de que se fueran a Corea, en una presentación de artes marciales en la casa de la familia Abe. Este encuentro le dejó una impresión inolvidable. Él recuerda, como si fuera hoy, que el agradable, tranquilo hombre mayor, que es como parecía O’Sensei a primera vista, se convirtiera en alguien totalmente diferente sobre el tatami, un inasible y misterioso maestro de artes marciales.

Probablemente está reunión influenció la decisión de Yoshimitsu de dieciocho años, quien en 1955 decidió unirse a Hombu dojo como uchi-deshi. Esto pudo ser gracias a la recomendación de Tadashi Abe, ya que el joven aspirante no había entrenado nunca en artes marciales. Su primer día como uchi-deshi fue también su primer día sobre el tatami. Enseguida se hizo amigo de sus sempais Nabuyoshi Tamura y Sadateru Arikawa.

En esos tiempos Hombu Dojo era un lugar completamente distinto a hoy en día. La casa de la familia Ueshiba era parte del dojo, y Morihei, si bien irregularmente pero con mucha frecuencia, aparecía en el tatami. O’Sensei representó una autoridad sin igual para todos los uchi-deshis. Con su comportamiento representaba todas las cualidades por las que un joven japonés se esforzaba en esos tiempos.

Los entrenamientos eran exigentes y la vida en el dojo de una naturaleza casi ascética. Esto era debido a la difícil situación económica del país después de la Segunda Guerra Mundial. Hombu Dojo no se destacaba particularmente del nivel de vida general de Japón. El edificio no tenía calefacción así que la temperatura en invierno descendía bajo cero grados, en verano el calor en general golpeaba. Los deshi no tenían un área de habitaciones ni demasiadas cosas personales, su vida estaba sujeta al ritmo de la vida del dojo y eran raros los momentos de privacidad. Cada uchi-deshi tenía que hacer ciertas tareas y participar en las clases privadas. Yoshimitsu Yamada aún hoy recuerda el horario. El primer entrenamiento, dirigido por Kishomaru Ueshiba, empezaba a las 6:30, luego había otro a las 8:00 por Koichi Tohei o Kisaburo Osawa, quien una vez por semana era reemplazado por Kenji Tomiki. Hiroshi Tada o Seigo Yamaguchi daban la clase de las 15:00 y las clases de las 16:00 y 18:30 estaban dictadas por diferentes profesores. Koichi Tohei era un ídolo para muchos practicantes, que se impresionaban con su carácter y con sus habilidades técnicas. Muchos uchi-deshi lamentaban que cada vez se involucrara más con el manejo de la escuela en Hawai y que raramente fuera a Tokyo. Con el tiempo, el grupo de estudiantes creciendo con Yasuo Kabayashi, Kazuo Chiba, Mitsunari Kanai y Seichi Sugano quienes junto con Yoshimitsu Yamada, formaron un grupo de amigos muy unido.

A pesar de lo involucrados que estaban en el entrenamiento y la vida del dojo, cada uno secretamente soñaba con dejar Japón, que después de la ocupación estadounidense, se abrió al mundo. Yoshimitsu Yamada, como delegado de Hombu Dojo, enseñó aikido en bases militares americanas. Perfeccionó sus conocimientos de inglés y conoció la cultura y tradiciones que lo fascinaron. Quería ir a Estados Unidos.

A principios de los años sesenta se presentó una oportunidad. El pretexto fue la iniciativa de un grupo americano de entusiastas interesados en Aikido. Eddie Hagihara de Nueva York a quien Yoshimitsu conoció personalmente en Japón, se contactó con Hombu Dojo. En 1964 le pidieron a la Sede Central de Hombu que hicieran una exhibición de aikido en la Feria Internacional de Nueva York. Al principio el dojo fue representado por Koichi Tohei, pero debido a una lesión hubo que cambiar los planes y se lo envió a Yoshimitsu Yamada. Aprovechando la oportunidad se encontró con sus amigos americanos y aceptó ocuparse de la Escuela de Aikido de Nueva York. Sin embargo, su destino podría haber sido totalmente distinto ya que por ese tiempo Tadashi Abe ya había estado en Francia y Yoshimitsu aspiraba a sucederlo. Pero su amigo y sempai, Mabuyoshi Tamura, quien aún es la persona principal del Aikido Europeo, le ganó y Yoshimitsu Yamada fue delegado a la Costa Este de Estados Unidos. Eligió Nueva York como sede central.

Los comienzos son siempre difíciles, pero lo que el joven profesor de Aikido tuvo que enfrentar en Nueva York requería de un enorme compromiso personal, paciencia y esfuerzo. El grupo de Nueva York no estaba bien organizado, nadie tenía experiencia en el manejo de una escuela de Aikido y Yoshimitsu tuvo que hacer todo desde cero, desde los asuntos de organización a la enseñanza de las técnicas. La falta de medios económicos no facilitó la situación y junto con el primer uchi-deshi de Nueva York, Ángel Tineo-Álvarez, vivían y dormían en el vestuario ya que alquilar un departamento era solo un sueño. Todo el dinero iba al mantenimiento de la escuela y las perspectivas no eran prometedoras.

El aikido no era muy conocido en la Costa Este de EEUU y la posibilidad de promocionar este arte marcial usando los métodos tradicionales eran muy limitadas debido a motivos económicos, anunciar en los medios era muy costoso. El único medio de presentarse era en exhibiciones públicas. Afortunadamente, gracias a la amabilidad de otras escuelas de artes marciales, abundaban las posibilidades de presentaciones públicas, por ejemplo durante los campeonatos de karate. De ahí que muchos alumnos provienen de dojos de otras artes marciales y querían probarse en nuevos terrenos. Estos primeros años fueron un desafío importante para Yoshimitsu, si bien estaba fuertemente apoyado por sus alumnos, quienes estabn involucrados en asuntos del dojo, algunos de ellos son Mike Abrams, Harvey Konigsberg, Harry McCormack. En los años 60 había un promedio de aproximadamente 50 personas entrenando en el dojo.

El instructor principal de NY Aikikai no tuvo mucha suerte. La visa de intercambio cultural que tenía no le garantizaba una estadía larga en EEUU y eso amenazaba con ser deportado a Japón. Aparecieron nuevos problemas con el nacimiento de sus hijos. A los dos nacidos en EEUU se les otorgó la ciudadanía y podían quedarse. Yoshimitsu y su esposa y la hija mayor, nacidos en Japón no podían quedarse. Para intentar proteger a su familia de la despiadada ley de inmigración tomaron una difícil decisión: su esposa volvería a su país con los hijos. Esta separación de su familia cercana en esa época, es algo que Yamada Sensei lamenta hasta el día de hoy.

Lentamente el aikido se fue haciendo atractivo para la gente no solo de Nueva York sino de toda la Costa Este. Esto fue principalmente debido al increíble compromiso de Yamada Sensei. Viajaba tanto, a Boston, sur de Nueva Jersey, Pensilvania y Canadá, que sus alumnos empezaron a quejarse de que no estaba nunca en Nueva York. Sin embargo, como él era la única persona con la experiencia correcta, tenía que ocuparse de todo. Los acciones de Yoshimitsu Yamada fueron deliberadas, trabajar en los cimientos resultó con el tiempo en muchos grandes profesores que hasta el día de hoy tienen sus propias escuelas.

Estar tan involucrado en esta misión por la que fue enviado a EEUU empezó a producir efecto. Cuando la situación del dojo de Nueva York se hizo estable, el aikido más popular y los dojos en sí estaban operando efectivamente, llegó el momento de establecer una organización con el fin de formalizar y especificar la cooperación desde un punto de vista administrativo. Así, en 1968 se creó la United States Aikido Federation (Federación Estadounidense de Aikido). Esto fue debido a la cooperación entre los maestros delegados por Hombu Dojo en Estados Unidos y es la mayor organización de Norte América.

Los problemas de visa terminaron en 1972. Yamada Sensei empezó a usar intensivamente la libertad adquirida para promover el aikido fuera de los Estados Unidos. Uno de sus primeros viajes fue por una invitación de Tamura Sensei a Francia en 1973.

Los ochenta fue un período relativamente estable. Dos décadas después de la instalación del dojo en EEUU, en 1984 se hizo un gran curso de verano con el Doshu Kisshomaru Ueshiba. Esta prueba de valoración fue un incentivo para trabajar aún más. Sensei viajaba más y más y en 1992 lo invitó a Seichi Sugano Sensei a cooperar con él. Sus amigos de los tiempos de Hombu Dojo se unieron a New York Aikikai dándole a la escuela una importancia única. El dojo de Nueva York es la única escuela del mundo en la que dos alumnos directos de O’Sensei enseñan conjuntamente.

Yamada Sensei recuerda que recién después de 20 años empezó a ver los resultados de su trabajo. Los primeros 10 años se dedicó a la escuela de Nueva York y los siguientes 10 al desarrollo del aikido en la Costa Este. Dice que gracias a las dificultades y problemas que tuvo en el camino, se hizo más maduro. Teniendo cincuenta años llegó a empezar a aceptar el hecho de que la gente lo llamara “Sensei”. Antes de ello se preguntaba “¿he ganado el derecho a que la gente me llame así?”.

Yoshimitsu Yamada pasó en Hombu Dojo alrededor de siete años. Desde aquel tiempo el conjunto de técnicas que se enseñan ha cambiado mucho y el aikido en sí es ligeramente distinto del arte marcial que los primeros uchi-deshi de Morihei Ueshiba aprendieron. A pesar de esta evolución, Yamada Sensei intenta transmitir las cosas que aprendió en ese tiempo. De enseñanza ortodoxa, enseña las técnicas básicas, que intenta no modificar. Cree que es necesaria una base sólida para un desarrollo apropiado. Es un entusiasta de la práctica intensa como medio de desarrollo tanto físico como espiritual. No se opone a la práctica dura, conforme al espíritu del budo, pero no justifica que haya brutalidad o estupidez en el tatami. Aún viaja intensivamente visitando casi todos los continentes. Es el presidente de la Federación Americana de Aikido y de Aikido Sansuikai International, asociación que nuclea a todos los países latinoamericanos y países de otros continentes. Es autor de numerosos libros y DVDs de aikido.

Cuando se le pregunta de qué cosas se siente más orgulloso, Sensei Yamada dice que de su propio dojo, del hecho de haber contribuido al desarrollo del aikido en el mundo y de haber ayudado a tanta gente a convertirse en excelentes profesores de aikido.

¿Algún sueño? Comprarse un terreno cerca de Nueva York y fundar un dojo como fuera Iwama en sus mejores épocas. Tener muchos uchi-deshi, seguir con los entrenamientos, formar un pequeño…







viernes, 6 de enero de 2017

Shoshin, volver a la motivación original, a lo “auténtico”


Shoshin, volver a la motivación original, a lo “auténtico”

Por Adriana Llanes

2017/01/05



Cerrando el 2016 Yamada Sensei nos envió un emotivo mensaje de Año Nuevo invitándonos a retornar a nuestro “shoshin”, a nuestra motivación original y a disfrutar de nuestra práctica de Aikido sin preocuparnos por nada más. Con esta reflexión en mente, quiero comenzar las publicaciones de este Año.

Shoshin ( ), es un término muy interesante que significa literalmente “la verdad correcta” y se utiliza para denotar una firma auténtica de las obras de arte o para referirse a cualquier cosa o persona que es genuina.

En el entorno de las artes marciales japonesas y del budismo zen, significa “mente de principiante”; y se refiere, a la actitud de entusiasmo, de apertura y de ausencia de ideas preconcebidas sobre un tema. 

Bajo esta connotación el “éxito” o la experticia en un área, es un” fracaso”, porque estanca el crecimiento.  Pero el “fracaso” es “éxito” porque  invita a revisar los errores, las fallas y las premisas falsas, acto  necesario para seguir evolucionando.

Como pregonaba el maestro Zen, Shunryu Suzuki  En la mente de un principiante hay muchas posibilidades, en la mente de un experto muy pocas, por esto conserva siempre la mente de un principiante” (S.Suzuki, Shoshin, 1970); porque esa actitud es la correcta para la práctica del Zen.

Indiscutiblemente la mente de un principiante contiene altas dosis de creatividad, entusiasmo, optimismo y curiosidad, y al no existir límites, contiene una riqueza infinita.

Para un practicante de Aikido la búsqueda de esta actitud lo involucra todo (humildad, disciplina, tenacidad, alegría, búsqueda de un mejoramiento constante, etc), y por ello, más allá de un adoctrinamiento “técnico”, es esencial  que los aikidocas moldeemos nuestro carácter en este sentido, porque sólo con la actitud debida, lo ordinario se convertirá en algo extraordinario; y la magia del Aikido -que permite forjar mejores seres humanos-, aparecerá de manera natural y espontánea. 

Ahora, en esta búsqueda y reflexión personal de volver a mi motivación inicial, a lo que implica la alegría y el gozo de practicar Aikido, considero pertinente y muy justo hacer un pequeño y sentido reconocimiento al Sensei Homero Navas (Q.E.P.D), del Dojo El Paiso de Caracas, Venezuela, a propósito de su reciente trascendencia espiritual.

Mi amistad con senpai Homero (QE.P.D), comenzó con una simpática pregunta el día que nos presentaron: “¿Y tú qué? ¿Estudias? ¿Trabajas? ¿Vendes tu cuerpo? ¿Qué haces en la vida para sobrevivir, Chama?”. Supongo que mi sorpresa y expresión de espanto fue de tal magnitud que quienes estaban a mí alrededor rieron a carcajadas. Obviamente no tuve otro camino que comenzar a reír con ellos.

Así era Homero senpai (Q.E.P.D.): sencillo, extrovertido, alegre, bromista y de trato cálido. Nunca le faltó un gesto, un comentario o una palabra para hacernos reír y relajar el momento.  Era imposible no disfrutar el entrenamiento y la experiencia que se vivía (así fuera adversa), sí él estaba cerca.

Amante del entrenamiento intenso y exigente, solía decir “si no aprende, por lo menos diviértase”. Sus clases eran muy amenas, y a todos sin excepción (como él mismo decía), les “caía a coñazos”. Había que estar listos para recibir sus técnicas y tener un ukemi eficiente. Le molestaban los ukes perezosos o aquellos que iban al dojo con la pretensión de “lucir el uniforme y verse simplemente bonitos”. Recuerdo con gratitud una vez que me reprendió diciéndome, “tu cuerpo y tu mente, están aquí, pero si no pones tu alma, no sirve, vete a hacer otra cosa que nos estorbas en el tatami, fuera de aquí, fastidio, fastidiosa”. Bromeaba (bastante), pero era muy respetuoso, y solía decir entre risas, “sé que me estoy riendo, pero presten atención que lo que estoy diciendo es serio”, y ahora que evoco algunos de esos momentos, tenía mucha razón en ello.

Con Homero senpai (Q.E.P.D.) y su pandilla de “Aiki-malandros” del Dojo El Paraíso, recorrí varios dojos de Latinoamérica y cree profundos lazos de amistad y cariño que espero conservar durante toda mi vida. Siempre me aceptó como una más de su grupo. Incluso, llegó a prestarme las llaves de su Dojo, con ukes incluidos -un grupo de alumnos que como él decía en tono burlón, parecían adheridos a la puerta del establecimiento, porque era imposible ir al dojo y no verlos-, para que entrenáramos a puerta cerrada  durante el periodo de receso.

Recuerdo que el día que presenté mi examen de Sandan, fue uno de mis ukes. Se ubicó frente a mí en suwari waza, y mientras esperaba que me pidieran la primera técnica del examen, me hizo un gesto gracioso, y me dijo en tono bajo “baila”, y luego se me lanzó con un shomenuchi enérgico (y “bailé” y disfrute mi momento. Disipó mi nerviosismo y timidez). Solía decir “si ataco, es aquí y ahora, si no ya está muerto”.

Sin embargo, detrás de esa persona alegre y espontánea existía una fuerte personalidad y determinación inamovible. Una vez tomaba una decisión, era imposible persuadirlo. Cuando algo (o alguien) lo contrariaba, su disgusto era notable y devastador. Pero noté que difícilmente guardaba rencor. En el próximo entrenamiento no era raro escucharle decir a su antagonista, “vente marico, vamo’ a entrená”. Homero senpai (Q.E.P.D.), era pasión. Entrega total y sin medida en todo lo que hacía.

Haciendo este recuento son muchos los recuerdos y gratos momentos que vienen a mi mente y mi corazón. En todos ellos, lo veo sonriente con una coca-cola en su mano y un cigarrillo en la otra.” Homer” fue una persona “autentica”, que amaba entrenar y estudiar las técnicas una y otra vez. Vivía su Aikido y contagiaba su pasión.

Discretamente Homero Navas sensei (Q.E.P.D.) fue el mentor de varios instructores de Aikido, y si bien, varios de sus estudiantes ya no están en Venezuela, continúan activos apoyando y cuidando al sensei y a su nueva familia aikidoca. Siguen siendo ukes enérgicos, que aman entrenar y que transmiten su amor por el entrenamiento. Son Aikidocas comprometidos “de corazón”. Confieso que me emociona observar todo lo que han crecido (en este camino) y entrenar (bailar) una vez más con ellos.

Escribo estas líneas porque considero que este legado de buena energía, de buena vibra y de trabajo ético, merece un reconocimiento frente a toda la Comunidad Aikidoca.  “Homer” no se guardó nada para sí mismo. Lo entregó todo, con sus cualidades, sus defectos, sus dudas, sus certezas, sus desaciertos, y es de la esencia del Budō darle a cada uno el lugar que le corresponde.

GRACIAS senpai Homero (Q.E.P.D.) por tanta inspiración. Por enseñarme tantas cosas. Gracias por tu alegría, carisma contagioso, sencillez, hospitalidad y gratos momentos dentro y fuera del tatami.  Gracias por enseñarme que antes de cualquier cosa, el entrenamiento es para divertirse y para entregarse totalmente. Saluda por favor a Luis Acuña (Q.E.P.D), mi otro hermano de entrenamiento.

Respetuosamente quiero invitar a mis amigos del Dojo El Paraíso y alumnos de Bogotá Aikido, a honrar este legado. A continuar por este camino marcial con alegría y recordar cada vez que nos anudemos nuestro “obi”, que la esencia de este proceso está en el entrenamiento sincero, y que Aikido es para pasarla bien (sin más pretensiones). Como me enseñaron a decir en Venezuela,  “De pana que sí!”. Ahora, si a este propósito se suman otros corazones, estoy segura todo irá por buen camino.

lunes, 25 de enero de 2016

El Vórtice Negro - Una Entrevista con Yamada Sensei

El Vórtice Negro—Una Entrevista con Yamada Sensei

Traducida por Masako Nakatsugawa de una revista japonesa en 2004




¿Nos podría contar lo que le impulsó a empezar a hacer Aikido?

Cuando era un niño, antes de que el Aikido fuese abierto para el público, había escuchado de ello con mi tío, Tadashi Abe. Hasta tuve el privilegio de ver la demostración que dio O-Sensei en la casa de alguien. Él dio la demostración con un kimono negro; parecía que yo estaba viendo un vórtice negro haciendo remolinos alrededor. Desde entonces quise hacer Aikido, y cuando entré a la universidad, Kisshomaru Sensei (Doshu) gentilmente me dejó entrar como uchideshi. Así que en mi caso, el primer día de mi Aikido fue el primer día como uchideshi.

En mi primer día, llegué al dojo con mis pertenencias en un baúl de bambú. Kisshomaru Sensei me dijo que guardara el baúl de bambú. Encontré un closet, y lo guardé allí. ¡Ese closet resulta que era de Arikawa Sensei (Sadateru Arikawa Shihan)! Cuando él regresó esa noche, él preguntó, “¿Quién puso esto en mi closet?" Y lanzó afuera mi baúl. Yo estaba verdaderamente molesto, y casi regresé a mi casa. Pero Arikawa Sensei resultó ser un hombre gentil, y ¡desde entonces él siempre me cuidaba mucho!.

Yo tenía dieciocho años, quizás ocho años antes de llegar a los Estados Unidos en 1964. El solo hecho que me dejaran practicar me emocionaba. Nunca imaginé que iba a ser un Aikidoka profesional en el futuro. Nadie se hubiese imaginado que uno podría ganarse la vida mediante Aikido en esa época. Quizás sea un cliché, pero fueron buenos tiempos. El dojo era un verdadero dojo tradicional, con un tatami de verdad. ¿Una estructura de madera tiene carácter, no es así? La práctica era muy dura, pero yo era joven. La resistencia o aguante que había adquirido por el basketball me sirvió bien. Desde luego, el Aikido tiene kansetsu waza (técnicas para articulaciones). Yo no estaba preparado. ¡Sí que dolió!.

¿Podría contarnos sobre su recuerdo de O-Sensei?

Cuando primero conocí a O-Sensei, él ya estaba en sus años de madurez y no daba una imagen temerosa. Era un hombre viejo y gentil con humor hasta en sus clases. De vez en cuando yo tuve el privilegio de ser su uke. En ese entonces, yo estaba tan tenso y fuera de mí por la emoción, que solo me descubría tirado en el tatami. No sentía que me estaba lanzando. En vez de estar lastimado físicamente y cayendo, sentí que me había agarrado un gran tifón. La enseñanza de O-Sensei, para decir la verdad, estaba más allá de mi comprensión en ese momento. Qué lástima que no estaba en ese nivel para comprender lo que decía. Habiendo dicho esto, no puedo decir aún que he llegado a ese nivel ahora.

¿Cuál fue la impresión que le dio Kisshomaru Doshu?

Él era una persona seria y cordial. Para decir la verdad, la impresión que daba era que tenía que ser venerado y mantenido a una distancia de respeto. Permítanme indicar que solamente un hombre de un alto calibre dejaría que jóvenes como nosotros pudiéramos vivir en el dojo. En aquella época, los espacios del hogar de la familia de O-Sensei no estaban separados. La familia de O-Sensei y los Uchideshi cenaban juntos en el mismo lugar y al mismo tiempo. Aquellos eran tiempos difíciles económicamente no solamente en Aikikai, pero en todo el Japón de la posguerra. Tenernos con ellos debe haber sido una gran carga.

Kisshomaru Doshu enseñaba las clases de la mañana, y todos los uchideshi asistían. Sería una osadía de mi parte decir que las enseñanzas de Kisshomaru Doshu carecían de pretensiones, eran fieles a lo básico y ortodoxas. Estoy tratando de seguir su enseñanza aun ahora en mis clases. Yo creo que la individualidad y la personalidad en el Aikido reciente son loables, pero a veces yo veo técnicas muy alocadas. Si el uke es suficientemente bueno, él podría caer como usted quiere, pero usted no podrá escapar de nuestras miradas. Para nosotros la diferencia es claramente evidente entre la técnica que es fiel a lo básico, y otra que se burla de otros.

LA EXPERIENCIA INVALORABLE

¿Podría contarnos cómo decidió venir a Nueva York?

Yo tuve un deseo de ir a un país extranjero. Amaba la música y solía escuchar jazz de la estación de radio de las fuerzas americanas de ocupación en Japón. No era tan buen estudiante en el colegio, pero manejaba bastante bien el inglés. Así que enseñé Aikido en una base americana mientras yo estaba en Japón, y logré algunos contactos con americanos. Yo tuve una opción, a través de la conexión de mi tío, de ir a Francia, pero terminé yendo a Nueva York porque yo podía hablar inglés.

¿Cómo estaba organizado el Aikido en Nueva York en ese momento?

Aikido era bastante popular en la costa oeste, pero le faltaba un largo trecho para recorrer en la costa este, como Nueva York. Era la época en la cual la palabra, Aikido, se estaba difundiendo entre los judokas. Cuando vine a Nueva York, yo podía contar el número de personas que estaban interesadas en Aikido: gente insatisfecha con el judo, personas que encontraban el judo demasiado extenuante dado a la edad, gente que encontró concordancia con la filosofía del Aikido, y hasta personas que habían estado en Japón para aprender el Aikido.

En aquella época no había video. Los medios de comunicación no mostraban interés. La única manera de introducir Aikido era haciendo demostraciones. Hice tantas demostraciones hasta odiar las palabras, “Demostración de Aikido”. Durante ese tiempo, el karate experimentaba un alza de popularidad en los Estados Unidos, y había muchas competencias. Los instructores americanos de karate como también los instructores de karate quienes habían inmigrado a los Estados Unidos, gentilmente me ofrecieron oportunidades para demostrar Aikido en aquellas ocasiones. Hice muchas demostraciones bajo muchas condiciones—hasta en las aceras de las calles.

Evocando el pasado, fueron días maravillosos de mi juventud. Por supuesto, había momentos difíciles. Había dificultades financieras. Pero tuve experiencias que no se compran con el dinero. No dudaría en hacerlas de nuevo. Había cosas que no podía hacer en ese momento.
Quizás yo podía haber hallado una mejor dirección. Si hubiese tenido el pensamiento y la experiencia de hoy y la resistencia o vigor de mi juventud, eso sería fantástico.

Desafortunadamente la vida no funciona así y siempre es demasiado tarde cuando nos damos cuenta. Es porque estoy en esta encrucijada que puedo decir, “Yo lo haría todo de nuevo.”

¿Alguna vez ha sentido una brecha entre los Estados Unidos y el Japón mientras usted enseñaba Aikido?

Básicamente es todo igual, yo creo. Algunos hacen Aikido porque les gustan las técnicas, y algunos buscan el Aikido por su espiritualidad. Lo bueno del Aikido es que muchas personas diferentes pueden estar unidas y juntas. Yo nunca me siento fuera de lugar. Quizás sea por mi adaptabilidad. Quizás sea por mi personalidad. Yo nunca me sentí que estaba en un país extranjero porque ya conocía a los americanos en Japón. Sentí que tanto los americanos como los japoneses eran el mismo ser humano. Por supuesto que hay diferencias entre las dos culturas, pero eso no fue un obstáculo ya que lo conocía antes de venir a los Estados Unidos.

¿Cuáles dificultades tuvo usted al enseñar la cultura japonesa?

No tendría sentido decir, “Yo he venido para enseñarles la cultura japonesa, y por lo tanto ustedes deben deshacerse de la cultura americana.” Los americanos tienen sus propias columnas vertebrales tales como el espíritu pionero, que no es parte de la cultura japonesa. Yo debo hacer algún acuerdo porque la enseñanza de una cultura diferente se basa sobre la comprensión de cada ser humano. Esta es mi idea sincera de enseñar, eso es todo. Quizás esto fue lo que la gente sentía cuando aceptaron el Aikido y a mí.

Yo creo que el carácter nacional de América me vino bien, también. Los americanos son personas de la libertad porque vinieron a este país buscando el Nuevo Mundo. Si usted insistiera en su propia cultura antigua y las tradiciones de su origen, usted no podría unirse a la construcción de un nuevo país. Yo de verdad respeto los Estados Unidos de América porque la gente está unida más allá de la diferencia de religiones y razas. En nuestro dojo, los alumnos vienen de muchos países, como los judíos y los alemanes, practican juntos de forma pacífica… ¡es increíble! I En Nueva York, si usted insiste en una vieja historia, no podrá vivir. No podrá realizar nada.

SE APRENDE PARA SIEMPRE

¿Podría contarnos sobre el lema o consigna para practicar Aikido?

Depende del nivel; las personas cercanas a la perfección y las personas que necesitan consejos detallados precisan de orientaciones diferentes. A mí no me gusta enseñar bajo un estilo fijo porque hay diferentes movimientos que calzan diferentes tipos de cuerpos. Si enseño detalles y el alumno no lo disfruta, no va a durar en clase. No hay sentido en forzar algo que el alumno no disfruta. Es muy importante dar a los alumnos una atmósfera y un espíritu que sean agradables.

Usted debe hacer correcciones si hace falta hacerlas. Pero algunos alumnos se confunden o no pueden mejorar si constantemente están siendo corregidos. Luego de sostener las manos de una persona ciega, y de dirigirla muchas veces a un lugar determinado, la persona podrá ir allá por sí solo porque su cuerpo aprende la dirección. El Aikido funciona en la misma manera. Deje que el cuerpo aprenda a moverse aún con los ojos cerrados. Si usted detiene un proceso a la mitad para explicar los detalles, usted podría estar frenando el progreso.

¿Quiere decir, dejar que sus cuerpos aprendan el movimiento?

Cuando yo era joven, yo enfatizaba en tomar ukemi. Usted puede aprender la temporalidad de la técnica y el movimiento al hacer o tomar ukemi. Así que cuando yo era joven, sentí y aprendí la técnica al ser lanzado o proyectado por los superiores. Y en mi forma de enseñar, yo dejo que el alumno enseñe cuando éste haya alcanzado un cierto nivel. A través de enseñar, usted puede ver cosas que antes no veía. Esto es un entrenamiento importante. Yo también obtuve mucho a través de enseñar. Todavía tengo tantas cosas que aprender.

Todo el mundo tiene algo que yo no tengo, algo que todos podemos aprender. Cuando yo veo la clase de los Senpai (los alumnos avanzados o superiores), o veo la práctica de otros, y encuentro algo bueno, no dudo en pasarlo a mis alumnos. A mí no me importa si alguien diga que estoy copiando de otros. De ninguna manera es de avergonzarse copiarse de algo bueno, ya que la actitud para el aprendizaje siempre es importante.

Si yo paso las cosas que he aprendido a los alumnos, se me retorna en diferentes maneras. Es un círculo. Es realmente interesante. Mientras enseño, yo a veces encuentro una manera nueva de enseñar. La confianza parece crecer en un círculo compuesto por mí y mis alumnos.

jueves, 4 de abril de 2013

Musubi. El proceso de unificación de los contrarios

Musubi. El proceso de unificación de los contrarios.

Por Michelle Feilen, Febrero de 2010. Asociación Cultural Aikifeilen. http://www.aikifeilen.com. Tomado de: http://www.dojokuubukan.es/aiki_publis_michelle.html

   
 

Es para nuestro boletín un inmenso placer contar con la participación de la Sensei Michelle Feilen, sin duda y fuera de toda discusión, un referente en nuestro país, tanto como aikidoka al igual que como docente.
Se necesita en nuestra tierra que cunda su ejemplo y que cada vez haya más profesoras al frente de Dojos, enseñando, gestionándolos y dando ejemplo de un buen hacer.
Le agradecemos a la Sensei Michelle la aportación de su artículo tanto para nuestro boletín AIKI – PUBLIS, como para las 1ª Jornadas sobre el Bienestar de la Mujer a través del Aikido, que se celebraran en abril 2010 en Canarias.
 
 
Ishana Pérez Sensei me ha invitado a escribir un artículo desde el punto de vista femenino sobre mi vivencia en el Aikido.
 
Basándome exclusivamente en mí experiencia creo que debo decir que no hay diferencias entre hombres y mujeres a la hora de practicar Aikido. Somos nosotros los que establecemos la diferencia cuando hablamos sobre ella. Si pensamos en el Aikido desde la perspectiva de la práctica física no encuentro ninguna.
 
Sin embargo, el hecho de ser mujer sí puede provocar determinadas reacciones en algunas personas. Me refiero a que alguna vez he vivido la situación en la que un hombre me ha querido demostrar lo fuerte y superior que era. En un principio se podría interpretar como machismo, pero creo que se trata de algo más: la condición humana lleva a ciertas personas a proyectar a través del Aikido su falta de seguridad y su manera de demostrarlo, cuando se encuentra con alguien que él considera más débil, es a través del uso de una fuerza desproporcionada. Evidentemente, el género femenino es físicamente inferior por naturaleza y está más expuesto a estas situaciones. Por otra parte, me gustaría aclarar que esta demostración de fuerza no se da exclusivamente de hombre a mujer, sino también de persona más fuerte a más débil, pues he sido testigo de situaciones similares entre mujeres y de una mujer hacia un hombre. No se trata, por tanto, de una cuestión de género sino de una cuestión de diferencias de nivel técnico, de fuerza física y por la falta de respeto. De todas maneras pienso que la técnica es la prioridad y es lo que te da recursos para afrontar distintas situaciones.
 
En el torno de nuestro Dojo –que comparto con mi pareja Francisco Manchón- nunca he sentido un trato diferente por parte del alumno. El hecho de ser mujer y no tener la fuerza física de un hombre te obliga, en la práctica del Aikido, a ser mucho más rigurosa en la técnica y desarrollar facultades como la anticipación para afrontar distintas situaciones en igualdad de condiciones (esto formaría parte de la propia disciplina marcial). También me gustaría añadir que el 85% de los alumnos del Dojo son hombres, muchos de ellos con una gran experiencia en otras Artes Marciales, e incluso, en muchos casos, Maestros en diferentes disciplinas. El hecho de que escojan nuestro Dojo demuestra que no ven a la mujer menos capacitada para enseñar Aikido. En este sentido, nunca me he sentido cuestionada en mis enseñanzas.
 
De mi experiencia en Japón puedo contar que en el entorno del Aikikai el trato que he recibido ha sido el mismo que reciben los cientos de extranjeros que cada año pasan por ese lugar. Creo que el Aikikai en muchos casos es una cura de humildad para muchos Aikidokas que se sienten capacitados técnicamente, es decir, practicar en un ambiente de tanto nivel te devuelve la imagen de lo que realmente vale tu Aikido. Algunos vuelven de Japón sin haber experimentado la técnica del Aikikai puesto que no han tenido la paciencia para corregir su base que en muchos casos es incorrecta.
 
Otros Aikidokas, sin embargo, ven en el Aikikai la oportunidad de desarrollar su Aikido al lado de grandes Maestros. Estos estudiantes son los que verdaderamente aprovechan, a través de su perseverancia, voluntad y pasión, un Aikido que luego podrá ser transmitido en otros lugares del mundo.
El entrenamiento de alguno de estos Aikidokas hace que se desarrollen grandes lazos de unión con los Maestros. Cuando vas allí tienes que demostrar tu valor seas hombre o mujer y el trabajo y el esfuerzo o la perseverancia, y algo de suerte, te lleva al reconocimiento.
Mi relación con los Maestros japoneses siempre ha sido excelente y sólo puedo estar agradecida por lo que han aportado a mi vida. Yamada Sensei es mi mentor, mi protector. Con él he aprendido sobre la cultura japonesa, sobre la etiqueta, las bases del Aikido y cómo enseñar y estructurar la clase. Gracias a él he tenido la oportunidad de conocer gente de todas partes del mundo. He tenido la ocasión de viajar, de dar clases tanto en Europa como en Estados Unidos y América del Sur. A través de él he conocido personalmente a muchos otros Maestros y he podido disfrutar de sus enseñanzas. Le estaré eternamente agradecida.
Asimismo, a través de Miyamoto Sensei he podido compartir experiencias dentro y fuera del Aikikai Hombu Dojo. Me brindó la oportunidad de hacer una exhibición en el Budokan de Tokyo durante el Embukai de 2006 (http://www.youtube.com/watch?v=Ij6XJgPn0ck). Esta experiencia me ayudó a ser reconocida en muchos países y creo que agradó mucho a la comunidad internacional de Aikido.
Siempre me he sentido respetada y la actitud de dichos Maestros, y otros que no cito, no ha hecho más que incrementar el respeto y el reconocimiento que me transmiten mis alumnos y la comunidad del Aikido.
 
En la actualidad hay mujeres profesionales del Aikido que cuentan con una gran experiencia y un gran reconocimiento, sobre todo en Estados Unidos.
En mi opinión muchas mujeres merecen la responsabilidad de impartir clases de Aikido. He podido apreciar un gran nivel técnico en muchas de ellas en diversos lugares del mundo. Creo que la confianza en ellas mismas, la humildad y la voluntad en seguir desarrollando su Aikido es lo que hará que en un futuro inmediato muchas mujeres sean reconocidas a nivel internacional dentro del mundo de la enseñanza.
 


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