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lunes, 1 de agosto de 2022

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo


Escrito por A.Llanes (31/07/2022)



Sumario 


La sociedad actual reclama la presencia de valores de convivencia que se cultivan a través de la práctica del Aikido. La falta de comprensión respecto a la dinámica de Dōjō aleja a los interesados de este camino marcial. Es necesario crear un puente que facilite un mejor conocimiento respecto de lo que un interesado en Aikido puede esperar cuando se inscribe en un Dōjō. 
La expectativa y disposición mental del interesado en la mayoría de los casos, se encuentra totalmente desconectada de los valores sociales y culturales japoneses. Esta situación se supera aceptando la diferencia cultural; reconociendo algunos rasgos de la sociedad actual y aclarando que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar una manera de comportarse; donde el estudio de la técnica acompaña y enriquece esta travesía. 
¿Cómo podríamos mejorar la comprensión de este asunto y transmitir esas “formas” y “maneras” del Aikido a la generación Z y Alfa en su mayoría digitales y ajenos al mundo analógico?. 


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A propósito de la celebración de los 13 años del Dōjō; sentí el deseo de escribir un par de reflexiones. No pretendo molestar a nadie, ni adoctrinar y menos profetizar. Reconozco estos primeros 12 años como el cierre de un ciclo de aprendizaje; y por ser este el primer año de la nueva siembra (post pandemia), me atreveré a lanzar algunas reflexiones a propósito de los retos de compartir un arte marcial japonés tradicional no competitivo, en un mundo convulsionado, alejado de muchos de los valores sociales y culturales japoneses. 

Antes de plasmar estas líneas, quiero expresar un sincero agradecimiento a mis Maestros. Gracias por tanta inspiración y sabiduría. A mis senpais, a mis dôhais; a quienes me han tomado como sensei, y participan del día a día del Dōjō. Gracias a quienes ya no están con nosotros pero nos recuerdan con cariño y envían su linda energía. Gracias a quienes generosamente nos regalaron un “si se puede” al inicio de esta aventura, y a quienes se toman el tiempo de compartirnos sus experiencias y alegrías, especialmente cuando los tiempos se tornan complicados. Gracias también a quienes nos han regalado dificultades en este camino. Todo lo que ha ocurrido nos ha enriquecido enormemente. Gracias de todo corazón.


El primer “desencanto”

La proliferación de series de anime y publicaciones de manga; el auge de la cocina asiática (con sus mezcla de sabores y aromas); la fascinación por la cultura del K-Pop; la publicidad de los juegos olímpicos y paraolímpicos; ha suscitado un especial interés por las distintas manifestaciones culturales asiáticas, y dentro de este entorno, algunos se fijan en las artes marciales. 

Sin embargo, ese júbilo que se predica desde la comodidad de una pantalla o un sillón decae, cuando se quiere tomar el sendero de alguna manifestación cultural japonesa. Cualquier camino o arte japonés que se quiera aprender necesitará de mucha disciplina y paciencia del interesado. Y esas dos palabras (paciencia y disciplina), en un mundo como el actual donde todo se quiere (y se promete) en un formato “rápido” y con un “mínimo” esfuerzo, es un contrasentido. 

Pero precisamente en ese “contrasentido”, es que en tiempos como el actual; las artes culturales japonesas, resultan realmente interesantes. Tomar un arte tradicional como lo es el Aikido; es permitirse explorar esa faceta desconocida para algunos; y allí con certeza, encontraran un proceso de reconocimiento y aprendizaje personal. 

Pero no hay que llevarse a engaños. Todos creemos saber qué significa “la disciplina” y “la paciencia”; pero muy poco comprendemos de lo que implica “vivir con disciplina y con paciencia”. Y, si a ese ejercicio se le agrega el vocablo “auto” para volcar esa disciplina y paciencia hacia nosotros mismos; y nos sinceramos un poco más y decimos que todo se trata de “autodisciplina” y “paciencia con nosotros mismos”; el espejismo se rompe y viene la frustración. 

No es el otro; eres tú mismo y tus circunstancias. La tarea es tuya; no depende del sensei, del Dōjō, del senpai, ni de ningún “otro” (ni del apoyo de tu jefe, tu pareja, tus amigos, familiares, etc). Tener un buen instructor que enseñe lo que corresponde (las bases del arte) es indispensable para poder cultivarse en Aikido y en cualquier otro arte; pero no puede perder de vista que nadie se ilumina por sentarse al lado del Dalai Lama. En esta época de los influencer y de las redes sociales, un video o una foto posando al lado un líder carismático además de emoción y fama, genera dinero; no obstante, si se trata de obtener la maestría, hay que vivir y copiar al maestro, para poder entenderlo y poder ver con claridad el arte. Para apropiar sus enseñanzas, hay que vivir con disciplina y paciencia; y entender que el entrenamiento comprende varios aspectos, incluyendo “los que no nos gustan”. 

Cada quien escoge el tipo de artista que quiere ser y escoge al maestro que quiere tener. “Haz todo lo que puedas y lo demás déjaselo al destino” dice un proverbio japonés. ¿Qué tanto estás dispuesto a hacer?. Sé honesto contigo mismo. Aikido es trabajo duro. El único secreto es entrenar. 

Y ahí va otra cubeta de agua fría 

Pero pensemos de manera positiva; digamos que nuestro interesado se levantó del sillón, se despegó de la pantalla y del dispositivo móvil (por un instante) y se trajo al Dōjō. Lo primero que verá será un espacio abierto, con colchonetas (tatami) bien apiladas y con apariencia de limpieza; y ahí se revela un gran secreto marcial: conservar el espacio de esa manera, limpio y organizado, hace parte del entrenamiento. 

Dicho de otra manera, se espera que Usted contribuya con la armonía y el orden del lugar. Espere, ¿Qué significa eso? ¿Qué es esa forma de tratar al cliente?. 

Y ahí aparece otra gran verdad. Usted no es un cliente; y por ende, no espere que lo atiendan y suplan todos sus caprichos, y menos, espere tener siempre la razón. Aikido tiene sus formas y maneras de aprendizaje así estemos bastante lejos de Japón. Si decimos que practicamos bajo un linaje tradicional (Aikikai), toda esta manera “nipona” de hacer las cosas, debe mantenerse. Al Dōjō se viene a conectar con nosotros mismos y con los demás; a despertar la atención; la intuición y la sensibilidad; y todo ello se obtiene atendiendo a los “pequeños detalles”. 

Como humanos de esta época somos muy visuales y con una gran capacidad de inventiva. Así que para evitar este fuerte impacto que muchas veces lleva al descontento, lanzo una propuesta. Imagine por un instante que cuando va al Dōjō, se dirige a la “casa estudio” de cualquier “reality show” y que se vale crear un “personaje” o un “avatar”.  Esa identidad “virtual” que lo acompañará al Dōjō; será la que se someterá a esas labores que muy seguramente Usted, no hace en su casa o en su oficina o en su trabajo. 

Ese “personaje” o “avatar”, como en los juegos de rol; deberá estar abierto a la posibilidad de trabajar para adquirir varias cualidades (o súper poderes); aprender a ser cálido; respetuoso; humilde y prudente. Todos estos “gestos” se obtienen a partir de una forma de hacer las cosas (y esa es la experiencia de Dōjō). 

Entrenar con personas de distintos niveles de experiencia, desarrolla un espíritu colaborativo. Intercambiar los roles de uke y nage, nos ayuda a desarrollar la compasión (aprender a ponernos en el lugar del otro). La camaradería entre senpai (compañero de antes) y  kōhai (compañero de después), nos enseña sobre nuestra responsabilidad en comunidad, y permite interiorizar que así como alguien te apoya, tú eres el apoyo de alguien más. Limpiar, es un acto de gratitud y de bondad.  La lista es larga; pero no quiero arruinar la emoción que genera esta travesía de Aikido; donde la mejor brújula para el recorrido será cuidar (y cultivar) siempre el alma de principiante, la mente de principiante (Shoshin). Mantener esa apertura, entusiasmo y falta de ideas preconcebidas, es la actitud que permite recorrer este camino con consciencia y plenitud. 

Este “ejercicio” de realidad virtual extendida o aumentada; es ecológico y de mínimo costo tecnológico. El consumo de energía eléctrica es prácticamente nulo; al igual que la demanda de tecnología (con un gi/uniforme y unos implementos de madera será suficiente). La buena noticia de este “juego de rol”; es que si le queda gustando lo puede replicar en cualquier entorno (en la familia, en el trabajo, etc). Está comprobado que no tiene efectos adversos. Ningún animal ha resultado herido al llevar su “avatar” de Dōjō a la sociedad. 

Y de eso se trata. De cultivar “formas” y “maneras” de Aikido en el Dōjō, y replicarlas en la sociedad. La filosofía del Aikido se interioriza con un entrenamiento sincero y con la genuina disposición de querer ser cada día mejores individuos y mejores ciudadanos. Parafraseando a Gabriel O Pensador, rapero y compositor Brasilero,  “Seja você mesmo, mas não sea sempre o mismo” (sea usted mismo, pero no sea siempre el mismo). Qué su presencia y ejemplo inspire y lidere una mejor sociedad. 

Suena bonito ¿cierto?. Empecemos. Aquí está la esponja y esta cubeta de agua. Comencemos a limpiar afuera; hasta que podamos limpiar los espejos de nuestra alma. Trabajemos en esa labor de limpiar hasta que ese hábito nos guste y una vez interiorizado, podamos pasar de lo visible (lo material) a lo etéreo (lo intangible).

Transmitir el “Wa”, en un mundo de “rebeldes” y antihéroes

Suena paradójico, pero pareciera que en estos tiempos, el caos es la zona de confort de los latinoamericanos (y del mundo) . Y como es nuestra zona de confort; queremos llevarla a todos los espacios y entornos sociales. 

Las series más exitosas del momento retratan antihéroes y rebeldes (muchos sin causa) que quieren triturar, extinguir la sociedad, al “sistema opresor”, a las “instituciones de control”, etc, etc; sin dejar claro después de tanto destrozo quién va a limpiar tanto reguero, ni cómo se va a componer ese estropicio. O están aquellas series, que instan para que cada uno sea el héroe de su propia historia. La (presunta) historia más sublime, especial e importante de todos los tiempos (porque “tú eres único, maravilloso y con súper poderes”). Y de esta manera, se ven en las calles “héroes” ataviados de su celular sirviendo de puente (sin filtro) entre “su realidad parcializada” y las redes sociales (debidamente segmentadas); denunciando, exigiendo y reclamando un cambio; como si fuera posible que los héroes del Universo Marvel o DC pudieran venir a remediarlo todo. Pareciera que como sociedad hemos hecho del miedo, del odio y del caos (que se nutre de los dos anteriores) la zona de confort de nuestra vida (o hasta ahora, el único universo posible). 

Pues bien. Ese mundo de “individualidades”, de inconformes, antihéroes y rebeldes sin causa; es un aspecto a despojar cuando se ingresa al Dōjō. De la misma manera que uno se quita los zapatos para ingresar a ese espacio; así mismo. Todo ese ruido mental (y ese torbellino emocional de rabia, miedo, odio, etc) se debe quedar afuera. Cuando termine su práctica, es libre de recogerlo o simplemente, comenzar a abandonarlo (poco a poco).

Las artes marciales tradicionales japonesas se estructuran a partir de un valor (principio) transversal que es el “Wa”; que se puede traducir como armonía, cohesión, paz, estilo japonés o incluso, Japón. “Wa” es un valor fundamental de la sociedad japonesa; que se traduce en una invitación a comportarse de manera similar al resto; de trabajar por la uniformidad y la conformidad. Valorar el “Wa” es valorar la paz y la armonía; es un llamado a seguir las órdenes (incluso de manera acrítica). 

A la par con este concepto, se encuentran otros tres aspectos que sustentan el código social japonés: el “tate sakai”, la verticalidad en las relaciones japonesas;  el culto a la forma (“rei”) y la dualidad “honne/tatemae” (donde “honne” lo podríamos definir como intenciones verdaderas, lo que realmente piensas; mientras que “tatemae” hace referencia a las obligaciones sociales). Dentro de estos valores (principios) surgen conceptos como el “omotenashi”, la hospitalidad japonesa; la idea de cuidar a los invitados de todo corazón; el ideal de poner el “yo” al servicio del invitado y anticiparse a la necesidad del otro. 

Entonces, volvamos. Inscribirse en un Dōjō tradicional de Aikido o de cualquier arte tradicional japonés; implica asumir el compromiso de que abrirá su mente y su corazón; a una manera diferente de hacer las cosas. De experimentar la oportunidad de sentirse parte de algo y de sumar, para el beneficio de los demás y el propio. Su proceso (vivencia) es personal pero su desarrollo será colectivo.  

De ahí que la invitación a asumir la actitud de un juego de rol o de un reality show y crear su “avatar” o “personaje”, me gusta. Todos aprendemos jugando, imitando, hasta que finalmente comprendemos y logramos hacerlo por nuestra propia cuenta. Usted se acerca al Dōjō para experimentar esta dinámica; y por ello, no espere que el Aikido se adapte a sus “expectativas”, ilusiones o fantasías personales. El Aikido es lo que es. Con sus reglas, formas y maneras.  

Aquí no se vende Aikido

Hasta el momento, solo se ha enfatizado en la actitud del interesado (del practicante) de Aikido. No se ha dicho nada de la técnica. La razón es simple. Porque sin una actitud mental y personal adecuada; su desarrollo en Aikido estará limitado simplemente a la habilidad de doblar brazos y lanzar gente por el aire; lo que dependiendo de su entorno podría serle útil (no lo discuto); pero su condición de artista marcial estará incompleta. Le faltaría la esencia. Algo así, como una libélula o una mariposa de plástico. Sin importar qué tan bellas se vean, les falta la fragilidad y la sensibilidad de la vida. Esa imperfección, perfecta, que genera “magia”.

La maestría de la técnica en Aikido es un estado al que acceden pocos. No obstante, la búsqueda de esa maestría es la llave que activa todo este camino que tiene por finalidad potencializar las habilidades humanas. 

Así que por favor, no se llame a engaños. Si su técnica es deficiente, difícilmente Usted podrá ser un referente de maestría en Aikido. Incluso, si su técnica es vistosa y atrae multitudes; pero su corazón, actitud y estilo de vida no le permiten manifestar con sus actos los altos estándares morales y éticos de este arte marcial; su camino no ha terminado. Es más, me paso de irreverente y me atrevo a pensar que ni siquiera ha comenzado.  Si usted es un excelente orador y pregona sobre las maravillas del Aikido y de sus múltiples aplicaciones en la vida; pero no entrena Aikido y no tiene un historia de Dōjō; Usted es un poeta o un “excelente” orador, pero no es un Aikidoka (y si bien agradezco la publicidad; también le agradecería la sinceridad en este punto; porque Usted vende espejos con un reflejo idealizado de algo que desconoce). 

Cuando se ha aceptado el compromiso de difundir Aikido; considero que hay que ser extremadamente cuidadoso con no arruinar el linaje (y más si al Dōjō se le ha puesto el apellido “Aikikai”). Para ello, sea honesto con Usted mismo y con quienes se acerquen al Dōjō. 

La práctica y el acceso al contenido de un arte marcial, puede hacerse por una línea Ryu-ha o por una línea de Shin-budo. La escuela Ryu-ha es la escuela tradicional; de la antigua usanza donde existe una relación cercana maestro – discípulo. El concepto Ryu dentro de sus varias acepciones, acepta la idea del fluir de un río; algo que se ha decantado, para que independientemente del canal por el que se tome, llegue lo más preservado posible. Las escuelas Shin-budo son distantes de lo tradicional; hay un espíritu marcial (se quiere cultivar el Budō), pero es distante de la escuela tradicional y quien enseña, no está necesariamente cualificado para transmitir ese arte; lo que se entrega es su interpretación y adaptación. En este punto, no se trata de decir “qué es lo mejor” o “si algo es lo verdadero o lo falso”; lo importante aquí es la responsabilidad con la que ese artista hace esa adaptación. Como mencioné anteriormente, cada uno escoge a su maestro (“para gustos, los colores”).

En lo que respecta al Aikido y  a las formas de transmitirlo, y siendo muy consciente de mis limitaciones personales y del camino que aún me falta por recorrer; estoy de acuerdo con quienes señalan que al ser el  Aikido un arte marcial tradicional japonés; generar esas “adaptaciones” o “interpretaciones”; configura una pérdida innecesaria del Arte. Cuido sinceramente de mi relación con mi maestro y de las formas y maneras como esas enseñanzas me han sido entregadas. Frente a mi rol de instructor tengo claro que el punto más importante a transmitir es el potencial de desenvolvimiento humano; y las bases de la técnica, tal cual me han sido compartidas. He asumido este camino marcial con sincero interés y respeto por su forma tradicional; y por ese motivo, en este Dōjō tenemos el genuino interés de formarnos en esos valores y dentro de la dinámica marcial tradicional. 

Entonces, vuelvo al intento de reflexión de esta parte final. Aikido no se vende; y este hecho confunde a varios de los interesados en experimentar y conocer el mundo Asiático. Comprendo que somos una sociedad esencialmente de consumo (donde se venden bienes y servicios) y donde prácticamente todo tiene un precio; pero, así como el practicante de Aikido en un Dōjō tradicional, tienen una connotación diferente a la de cliente; Aikido no es un servicio que se vende al mejor postor. 

Tenga claro que una vez el sensei lo acepta en el Dōjō se compromete a guiarlo y apoyarlo en su camino marcial; pero las formas y maneras de practicar Aikido no se transan. Cada peldaño de desarrollo y cada Dan, son el resultado de su esfuerzo y de su disciplina; del apoyo de sus compañeros y del compromiso de su sensei como su guía. Las técnicas, tiempos y condiciones para cada momento están claras desde el principio; y no hay atajos. Bajo esta lógica, no espere que Aikido, el Dōjō o el sensei se adapten a Usted (a su ilusión, a su expectativa y a su deseo). 

Ahora que conoce que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar “una manera de actuar” diferente a la habitual; el paso honesto y prudente sería revisar qué lo mueve genuinamente a practicar Aikido (preguntarse ¿qué estoy buscando en este espacio? ¿resueno con esta propuesta de camino?). Cualquier justificación o motivación que tenga en ese momento será respetable y válida siempre y cuando sea sincera.

Al cabo de un tiempo, lo que lo traerá al Dōjō no será esa motivación inicial; será su disciplina. Dicen por ahí que “una chispa no es el propósito”. Se trata de aprender a estar listo para vivir. En este camino el resultado no es exigible; lo que se exige es el esfuerzo. 

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En el campo colombiano se dice que, “no se deja de cosechar porque una siembra salió mal”. Cada año es una nueva siembra con sus dificultades y desafíos; con sus frutos y experiencias. Espero que estas reflexiones ayuden a remover y abonar el terreno para este nuevo ciclo. Se siguen plantando semillas y cuidando retoños. Sigamos plantando nuestra huerta y cuidando de nosotros mismos y de los demás. 


jueves, 10 de febrero de 2022

Reflexión: Actitud de práctica - T K Chiba Sensei

Reflexión: Actitud de práctica - T K Chiba Sensei

(*Traducción espontánea del editor)



“Cuando falta la actitud de principiante (Shoshin) y la atención a la conducta correcta en el dojo, ensuciamos las aguas puras del aikido con nuestros motivos y agendas distorsionadas. Fíjese en los pequeños detalles de su práctica y permítase fallar. Su ego no querrá que falle, insistirá en verse bien y no quiere parecer fracasado; esto es una trampa, haga lo opuesto de lo que le dice y disfrute de su trabajo en el dojo sin conceptos de éxito o fracaso. La humildad es esencial y todos nosotros debemos rompernos antes de rehacernos, el proceso puede ser fácil o difícil. Reflexione sobre ello”.

T. Chiba Sensei


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(*Texto original)

"Without Shoshin and attention to correct conduct in the dojo, we muddy the pure water of Aikido with our distorted motives and agendas, Watch the smallest details in your practice and allow yourself to fail. Ego will not want you to fail, it insists on looking good and does not want to appear a failure, this is a trap - do the opposite of what it tells you and enjoy all of your efforts in the dojo without concepts of success and failure. Humility is essential and we all must be broken down in order to be rebuilt, this process can be made easy or hard. Reflect." 

T. Chiba Sensei


viernes, 14 de diciembre de 2018

Algunas reflexiones sobre los cinco espíritus del Budo


Algunas reflexiones sobre los cinco espíritus del Budo

Tomado de varias fuentes. En la entrada del 27 de julio de 2012 se encuentra otro artículo relativo a este tema.

 

 


 

Kanji Shin (Corazón espiritual)

Tradicionalmente son cinco los “espíritus” (Shin) deseables en un budoka, me refiero a las actitudes que combinan mente y cuerpo, y van hacia un estadio trascendental y metafísico.

La palabra Shin en japonés se puede traducir de varias formas, como corazón, como mente y como espíritu, y es más bien una combinación de las tres, para referirse a estadios trascendentales, pero a su vez verificables y perceptibles.

Shoshin, Zanshin, Mushin, Fudoshin y Shenshin

Para comprender el siguiente artículo, se ha de ver desde el punto de vista de la cultura marcial que mezcla las tradiciones filosóficas y religiosas de la cultura chino-japonesa: Budismo Zen, Taoísmo y Shintoismo.

Como todo en las Artes Marciales japonesas, requiere tiempo y dedicación, y en algunos casos… despreocupación por adquirirlo, ya que concentrado en el entrenamiento duro, estas habilidades vendrán ligadas a él.

Advierto que no se trata de ningún poder sobrenatural, más bien va ligado a la sencillez, a la humildad y al autoconocimiento. Aunque también a la actitud marcial propia de un guerrero. Y aunque no son, como digo, poderes sobrenaturales, sí aportan habilidades que diferencian del practicante ordinario y son ventajas en situaciones de riesgo.

SHOSHIN:

Corazón del eterno principiante, mente del aprendiz, primer espíritu.

En las Artes Marciales, representa un ánimo de humildad y de apertura a la enseñanza. Es captar nuevas sensaciones, disfrutar de las viejas y aprender sobre ellas desarrollando el conocimiento. Es volver diariamente a ser cinturón blanco. Es no tomar excesos de confianza con el dojo, el profesor o los compañeros, tal y como si les conocieras por primera vez. Es entrar al dojo con la pureza de un niño.

Se trata también de un estado de atención consciente que permite al veterano ver aquellas cosas que no veía al principio.

Está íntimamente ligado al espíritu del Kyokushin (linaje de Karate) de Mas Oyama. Tanto es así que pensó en bautizar su escuela con este nombre, y lo hubiera hecho, si no se hubiese dado la consecuencia de que los mismos caracteres eran portados por un grupo mafioso que operaba en aquella época, así que cambiaron el carácter Shin, proveniente de Shoshin por el de Shin, proveniente de verdad, dando lugar a Escuela de la Suprema-Última Verdad, en vez de la idea original de escuela del Supremo-Último Corazón del Eterno Principiante.

ZANSHIN:

Mente en alerta, persistencia, sensación final.

Es un estado de sensibilidad constante, en el concepto de alerta o percepción del alrededor. Permite mantenerse en conexión con el contexto espacio-tiempo y con los sujetos (atacantes o posibles riesgos)

Suele ser descrito como un estado elevado de consciencia, aunque el verdadero Zanshin aplicado a las Artes Marciales es, desmitificando cosas, el estado de alerta antes, durante y después de un ataque, que permite una respuesta real ante uno o varios atacantes.

En algunas escuelas de Karate de semi-contacto, se tiene como punto de referencia a la hora de entregar una puntuación después de una técnica. Se considera que se mantiene el Zanshin, entendido como “sensación final”, cuando tras una técnica eficiente se conserva una actitud que permite la defensa ante un nuevo ataque del contrincante o la realización efectiva de una nueva técnica de ataque.

En una explicación más profunda, se puede decir que la sensación de Zanshin es la de todo lo percibo, todo lo siento y soy una unidad con el universo.

Es la quintaesencia del control del entorno.

Zanshin es un término japonés, utilizado en las artes marciales japonesas . Se refiere a un estado de conciencia “ de alerta relajada “. La traducción literal de zanshin es “la mente que queda”.

En varias artes marciales, zanshin se refiere más estrictamente a la postura del cuerpo después de una técnica que se ejecuta. Por ejemplo:

En kyudo , zanshin significa que la postura del cuerpo después de que el rompimiento de una flecha, la postura tiene por objeto reflejar el significado más alto de zanshin, que es un aspecto mental mantenido antes, durante y después de una acción.

En Karate , zanshin es el estado de conciencia total. Significa ser consciente de lo que nos rodea y enemigos, mientras que estar preparado para reaccionar.

En el marco de kendo , zanshin es el mantenimiento del estado de ánimo, el estado de alerta mental y la preparación física para afrontar la situación (por ejemplo, un ataque contrario) que debe mantenerse cuando uno regresa al kamae después de atacar. Es uno de los elementos esenciales que definen un buen ataque.

Y sobre todo durante la práctica del Aikido, que es nuestro arte marcial, el método usual de la práctica de zanshin es centrarse en el uke recién lanzado, o el oponente, mientras que la celebración de kamae y mantener la conciencia en el caso de que haya más ataques o atacantes. Pongamos un ejemplo que me gusta, ya que es el que suelo decir que se practique y es el estilo de Aikido Iwama, para ellos zanshin se practica como el conocimiento general de lo que nos rodea, donde el uke es sólo una pequeña parte.

MUSHIN:

Mente como agua, Mente no mente, espíritu impasible.

Proviene de la frase Mushi no shin: Mente de no-mente.

A menudo se define este estadio con la frase japonesa “Mizu no Kokoro” que quiere decir "Mente como agua" o "espíritu del agua", e identifica la sensación mental con una laguna en calma que refleja lo que la rodea. Una laguna que se comporta como un espejo que refleja el entorno pero no lo juzga, lo acepta como es.

Es un estado de aceptación desprovisto de ira, de ansiedad o de miedo.

Siguiendo con la metáfora del agua de la laguna, habría que suponer que la mente es un lago, en el que las imágenes se muestran nítidas. Cuando tiramos una piedra al lago, las imágenes se oscurecen y nublan, distorsionando la realidad.

Se consigue tras la eliminación del Ego, con la aceptación del ser y la situación.

Trata, en Artes Marciales, de conseguir que la acción no esté encadenada al pensamiento, de tal forma que mejore nuestra habilidad en el combate:

No lo conseguirás pensando. No lo conseguirás si no es pensando

En nuestro sistema va ligado al concepto de la repetición sin fin. La mecanización del movimiento y de la respuesta, además de favorecer la memoria corporal, implicando las cadenas musculares de las diferentes acciones técnicas, otorga al practicante una capacidad instintiva de enfrentamiento al rival que implica: una respuesta a un ataque en el momento adecuado, templanza a la hora de enfrentar una situación de riesgo y aceptación de la situación en calma.

En otro plano, se habla de conseguir predecir el ataque del contrincante antes de su ejecución.

FUDOSHIN:

Corazón inflexible, mente inmóvil, espíritu inquebrantable.

Es principalmente un estado de serenidad, que es perceptible en el rostro y la actitud corporal.

Representa estabilidad y valentía. Implica una condición del que no es fácilmente perturbado por pensamientos internos o por acciones o fuerzas externas.

Se es capaz de recibir un ataque sin perder el equilibrio, la estabilidad y la compostura, siendo posible recomponerse y devolver el ataque sin perturbación.

En Kyokushin(linaje de karate) está unido a la práctica del kata Tensho. En palabras de Sosai Oyama:

…Aquel que ha dedicado el tiempo suficiente al estudio de Tensho, es capaz de repeler cualquier ataque… es capaz de mantenerse en calma en un edificio en llamas…

En Karate deportivo, debe estar altamente evidenciado en la actitud de los jueces, que no expresan con su cara o con su cuerpo ninguna sensación externa. Se limitan a evidenciar los resultados.

Mantener una expresión serena, puede implicar que el cuerpo arrastre a la mente y al espíritu para calmarlos igualmente.

SHENSHIN:

Corazón compasivo y purificado, liberar la mente, espíritu que trasciende.

Es el mayor estadio a nivel metafísico que encontramos en el Budo. Se trata de un nivel equivalente al del Satori -Iluminación-

Tiene que ver con la compasión, la protección y la búsqueda de la armonía a niveles universales.

Puesto que es un espíritu de compasión, ha de servir en su propósito a toda la Humanidad. Reconcilia la discordia en el mundo. Comprende que toda vida es sagrada. Es la mente de Buda (iluminado)

En la filosofía del Aikido se busca como última finalidad el ideal de la Paz en el Mundo. Se supone que si todos practicáramos un mismo arte basado en los anteriores conceptos, buscaríamos formas más civilizadas de resolver nuestros problemas, hablaríamos un idioma común y los conflictos estarían únicamente ligados a su versión “deportiva” o simplemente representativa.

Senshin es el mayor, más imponente y refinado de los estadios de unificación de cuerpo, mente y espíritu.

Los otros cuatro estadios (Shoshin, Zanshin, Mushin y Fudoshin) son alcanzables por la gran mayoría de los practicantes de Budo que se empleen a fondo en su entrenamiento. Sin embargo, Senshin, siendo el más simple de todos ellos, no depende de la habilidad física o psicológica, ni tan siquiera de la habilidad espiritual de la auto superación. Senshin depende de la voluntad del individuo, de la comprensión profunda y de una capacidad de ver el mundo con sabiduría, siendo consciente de la verdad infinita que va desde la propia naturaleza de las cosas, hasta los niveles más elevados del conocimiento, de los que no me encuentro capacitado para escribir…

Senshin es trascender.

El practicante de artes marciales –y especialmente de artes japonesas- debe esforzarse por seguir su camino a través de otro espíritu: el espíritu de la perseverancia. A través de este espíritu de lucha sin fin, subyugamos nuestro Ego y el límite último de nuestras capacidades, esforzándonos por buscar Senshin, trascendencia sin límite ante cualquier presión opuesta. Senshin conduce a la capacidad sin límite.

 

domingo, 18 de noviembre de 2018

Actitud

Actitud
Tomado de https://aikidoshogun.wordpress.com/2014/07/02/aprendizaje-de-calidad-en-aikido-actitud/




Tener una buena actitud de aprendizaje es la base de para una buena práctica y estudio del Aikido.

En la mayoría de los hogares y en la escuela, no se tiene la oportunidad de que nos enseñen a tener una actitud, por lo general, depende de nosotros mismos.

Esta actitud de aprendizaje en el aikido puede ser comparado con un ejemplo de un “recipiente”.

Cuando el agua se vierte en un recipiente que tiene una grieta en la parte inferior, no importa la cantidad de agua que se vierta, el agua continuará goteando fuera de él. La inmensa mayoría de nosotros, tienen algunas grietas en los tazones. Para evitar que el agua se filtre fuera de la taza lo primero tendriamos que hacer es sellar la grieta en la taza y luego verter agua en ella. Este es un buen ejemplo de actitud.

Otra forma de verter el agua es en un recipiente que ya está lleno (de agua vieja) y el resultado es que nos es imposible hacerlo. Con el fin de echar agua nueva y fresca, primero tenemos que vaciar el agua que tenemos (agua vieja). En el aikido nuestras experiencias pasadas y el conocimiento a veces restringen el proceso de aprender cosas nuevas. Al dejar de lado las propias opiniones y el conocimiento pasado, las cosas nuevas se pueden obtener y aprender. Esta forma de actitud es muy buena para aprender y desarrollarnos como personas y como aikidokas.

En un recipiente de pequeño tamaño, sólo se puede verter una pequeña cantidad de agua, en un uno más grande, se puede verter más. Para seguir utilizando el ejemplo del recipiente y poder aplicar la idea a nosotros mismos, tendriamos que tener la capacidad de hacer crecer nuestra “taza” o recipiente de manera que se hiciera más grande poco a poco, y esto solo es posible con fuerza de voluntad y esfuerzo.

Por eso tendriamos que estar en el estado de shoshin o mente del principiante constantemente.

Siempre en la vida, dia a dia, estamos aprendiendo.


viernes, 6 de enero de 2017

Shoshin, volver a la motivación original, a lo “auténtico”


Shoshin, volver a la motivación original, a lo “auténtico”

Por Adriana Llanes

2017/01/05



Cerrando el 2016 Yamada Sensei nos envió un emotivo mensaje de Año Nuevo invitándonos a retornar a nuestro “shoshin”, a nuestra motivación original y a disfrutar de nuestra práctica de Aikido sin preocuparnos por nada más. Con esta reflexión en mente, quiero comenzar las publicaciones de este Año.

Shoshin (正 真), es un término muy interesante que significa literalmente “la verdad correcta” y se utiliza para denotar una firma auténtica de las obras de arte o para referirse a cualquier cosa o persona que es genuina.

En el entorno de las artes marciales japonesas y del budismo zen, significa “mente de principiante”; y se refiere, a la actitud de entusiasmo, de apertura y de ausencia de ideas preconcebidas sobre un tema. 

Bajo esta connotación el “éxito” o la experticia en un área, es un” fracaso”, porque estanca el crecimiento.  Pero el “fracaso” es “éxito” porque  invita a revisar los errores, las fallas y las premisas falsas, acto  necesario para seguir evolucionando.

Como pregonaba el maestro Zen, Shunryu Suzuki  “En la mente de un principiante hay muchas posibilidades, en la mente de un experto muy pocas, por esto conserva siempre la mente de un principiante” (S.Suzuki, Shoshin, 1970); porque esa actitud es la correcta para la práctica del Zen.

Indiscutiblemente la mente de un principiante contiene altas dosis de creatividad, entusiasmo, optimismo y curiosidad, y al no existir límites, contiene una riqueza infinita.

Para un practicante de Aikido la búsqueda de esta actitud lo involucra todo (humildad, disciplina, tenacidad, alegría, búsqueda de un mejoramiento constante, etc), y por ello, más allá de un adoctrinamiento “técnico”, es esencial  que los aikidocas moldeemos nuestro carácter en este sentido, porque sólo con la actitud debida, lo ordinario se convertirá en algo extraordinario; y la magia del Aikido -que permite forjar mejores seres humanos-, aparecerá de manera natural y espontánea. 

Ahora, en esta búsqueda y reflexión personal de volver a mi motivación inicial, a lo que implica la alegría y el gozo de practicar Aikido, considero pertinente y muy justo hacer un pequeño y sentido reconocimiento al Sensei Homero Navas (Q.E.P.D), del Dojo El Paiso de Caracas, Venezuela, a propósito de su reciente trascendencia espiritual.

Mi amistad con senpai Homero (QE.P.D), comenzó con una simpática pregunta el día que nos presentaron: “¿Y tú qué? ¿Estudias? ¿Trabajas? ¿Vendes tu cuerpo? ¿Qué haces en la vida para sobrevivir, Chama?”. Supongo que mi sorpresa y expresión de espanto fue de tal magnitud que quienes estaban a mí alrededor rieron a carcajadas. Obviamente no tuve otro camino que comenzar a reír con ellos.

Así era Homero senpai (Q.E.P.D.): sencillo, extrovertido, alegre, bromista y de trato cálido. Nunca le faltó un gesto, un comentario o una palabra para hacernos reír y relajar el momento.  Era imposible no disfrutar el entrenamiento y la experiencia que se vivía (así fuera adversa), sí él estaba cerca.

Amante del entrenamiento intenso y exigente, solía decir “si no aprende, por lo menos diviértase”. Sus clases eran muy amenas, y a todos sin excepción (como él mismo decía), les “caía a coñazos”. Había que estar listos para recibir sus técnicas y tener un ukemi eficiente. Le molestaban los ukes perezosos o aquellos que iban al dojo con la pretensión de “lucir el uniforme y verse simplemente bonitos”. Recuerdo con gratitud una vez que me reprendió diciéndome, “tu cuerpo y tu mente, están aquí, pero si no pones tu alma, no sirve, vete a hacer otra cosa que nos estorbas en el tatami, fuera de aquí, fastidio, fastidiosa”. Bromeaba (bastante), pero era muy respetuoso, y solía decir entre risas, “sé que me estoy riendo, pero presten atención que lo que estoy diciendo es serio”, y ahora que evoco algunos de esos momentos, tenía mucha razón en ello.

Con Homero senpai (Q.E.P.D.) y su pandilla de “Aiki-malandros” del Dojo El Paraíso, recorrí varios dojos de Latinoamérica y cree profundos lazos de amistad y cariño que espero conservar durante toda mi vida. Siempre me aceptó como una más de su grupo. Incluso, llegó a prestarme las llaves de su Dojo, con ukes incluidos -un grupo de alumnos que como él decía en tono burlón, parecían adheridos a la puerta del establecimiento, porque era imposible ir al dojo y no verlos-, para que entrenáramos a puerta cerrada  durante el periodo de receso.

Recuerdo que el día que presenté mi examen de Sandan, fue uno de mis ukes. Se ubicó frente a mí en suwari waza, y mientras esperaba que me pidieran la primera técnica del examen, me hizo un gesto gracioso, y me dijo en tono bajo “baila”, y luego se me lanzó con un shomenuchi enérgico (y “bailé” y disfrute mi momento. Disipó mi nerviosismo y timidez). Solía decir “si ataco, es aquí y ahora, si no ya está muerto”.

Sin embargo, detrás de esa persona alegre y espontánea existía una fuerte personalidad y determinación inamovible. Una vez tomaba una decisión, era imposible persuadirlo. Cuando algo (o alguien) lo contrariaba, su disgusto era notable y devastador. Pero noté que difícilmente guardaba rencor. En el próximo entrenamiento no era raro escucharle decir a su antagonista, “vente marico, vamo’ a entrená”. Homero senpai (Q.E.P.D.), era pasión. Entrega total y sin medida en todo lo que hacía.

Haciendo este recuento son muchos los recuerdos y gratos momentos que vienen a mi mente y mi corazón. En todos ellos, lo veo sonriente con una coca-cola en su mano y un cigarrillo en la otra.” Homer” fue una persona “autentica”, que amaba entrenar y estudiar las técnicas una y otra vez. Vivía su Aikido y contagiaba su pasión.

Discretamente Homero Navas sensei (Q.E.P.D.) fue el mentor de varios instructores de Aikido, y si bien, varios de sus estudiantes ya no están en Venezuela, continúan activos apoyando y cuidando al sensei y a su nueva familia aikidoca. Siguen siendo ukes enérgicos, que aman entrenar y que transmiten su amor por el entrenamiento. Son Aikidocas comprometidos “de corazón”. Confieso que me emociona observar todo lo que han crecido (en este camino) y entrenar (bailar) una vez más con ellos.

Escribo estas líneas porque considero que este legado de buena energía, de buena vibra y de trabajo ético, merece un reconocimiento frente a toda la Comunidad Aikidoca.  “Homer” no se guardó nada para sí mismo. Lo entregó todo, con sus cualidades, sus defectos, sus dudas, sus certezas, sus desaciertos, y es de la esencia del Budō darle a cada uno el lugar que le corresponde.

GRACIAS senpai Homero (Q.E.P.D.) por tanta inspiración. Por enseñarme tantas cosas. Gracias por tu alegría, carisma contagioso, sencillez, hospitalidad y gratos momentos dentro y fuera del tatami.  Gracias por enseñarme que antes de cualquier cosa, el entrenamiento es para divertirse y para entregarse totalmente. Saluda por favor a Luis Acuña (Q.E.P.D), mi otro hermano de entrenamiento.

Respetuosamente quiero invitar a mis amigos del Dojo El Paraíso y alumnos de Bogotá Aikido, a honrar este legado. A continuar por este camino marcial con alegría y recordar cada vez que nos anudemos nuestro “obi”, que la esencia de este proceso está en el entrenamiento sincero, y que Aikido es para pasarla bien (sin más pretensiones). Como me enseñaron a decir en Venezuela,  “De pana que sí!”. Ahora, si a este propósito se suman otros corazones, estoy segura todo irá por buen camino.

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