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lunes, 1 de agosto de 2022

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo


Escrito por A.Llanes (31/07/2022)



Sumario 


La sociedad actual reclama la presencia de valores de convivencia que se cultivan a través de la práctica del Aikido. La falta de comprensión respecto a la dinámica de Dōjō aleja a los interesados de este camino marcial. Es necesario crear un puente que facilite un mejor conocimiento respecto de lo que un interesado en Aikido puede esperar cuando se inscribe en un Dōjō. 
La expectativa y disposición mental del interesado en la mayoría de los casos, se encuentra totalmente desconectada de los valores sociales y culturales japoneses. Esta situación se supera aceptando la diferencia cultural; reconociendo algunos rasgos de la sociedad actual y aclarando que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar una manera de comportarse; donde el estudio de la técnica acompaña y enriquece esta travesía. 
¿Cómo podríamos mejorar la comprensión de este asunto y transmitir esas “formas” y “maneras” del Aikido a la generación Z y Alfa en su mayoría digitales y ajenos al mundo analógico?. 


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A propósito de la celebración de los 13 años del Dōjō; sentí el deseo de escribir un par de reflexiones. No pretendo molestar a nadie, ni adoctrinar y menos profetizar. Reconozco estos primeros 12 años como el cierre de un ciclo de aprendizaje; y por ser este el primer año de la nueva siembra (post pandemia), me atreveré a lanzar algunas reflexiones a propósito de los retos de compartir un arte marcial japonés tradicional no competitivo, en un mundo convulsionado, alejado de muchos de los valores sociales y culturales japoneses. 

Antes de plasmar estas líneas, quiero expresar un sincero agradecimiento a mis Maestros. Gracias por tanta inspiración y sabiduría. A mis senpais, a mis dôhais; a quienes me han tomado como sensei, y participan del día a día del Dōjō. Gracias a quienes ya no están con nosotros pero nos recuerdan con cariño y envían su linda energía. Gracias a quienes generosamente nos regalaron un “si se puede” al inicio de esta aventura, y a quienes se toman el tiempo de compartirnos sus experiencias y alegrías, especialmente cuando los tiempos se tornan complicados. Gracias también a quienes nos han regalado dificultades en este camino. Todo lo que ha ocurrido nos ha enriquecido enormemente. Gracias de todo corazón.


El primer “desencanto

La proliferación de series de anime y publicaciones de manga; el auge de la cocina asiática (con sus mezcla de sabores y aromas); la fascinación por la cultura del K-Pop; la publicidad de los juegos olímpicos y paraolímpicos; ha suscitado un especial interés por las distintas manifestaciones culturales asiáticas, y dentro de este entorno, algunos se fijan en las artes marciales. 

Sin embargo, ese júbilo que se predica desde la comodidad de una pantalla o un sillón decae, cuando se quiere tomar el sendero de alguna manifestación cultural japonesa. Cualquier camino o arte japonés que se quiera aprender necesitará de mucha disciplina y paciencia del interesado. Y esas dos palabras (paciencia y disciplina), en un mundo como el actual donde todo se quiere (y se promete) en un formato “rápido” y con un “mínimo” esfuerzo, es un contrasentido. 

Pero precisamente en ese “contrasentido”, es que en tiempos como el actual; las artes culturales japonesas, resultan realmente interesantes. Tomar un arte tradicional como lo es el Aikido; es permitirse explorar esa faceta desconocida para algunos; y allí con certeza, encontraran un proceso de reconocimiento y aprendizaje personal. 

Pero no hay que llevarse a engaños. Todos creemos saber qué significa “la disciplina” y “la paciencia”; pero muy poco comprendemos de lo que implica “vivir con disciplina y con paciencia”. Y, si a ese ejercicio se le agrega el vocablo “auto” para volcar esa disciplina y paciencia hacia nosotros mismos; y nos sinceramos un poco más y decimos que todo se trata de “autodisciplina” y “paciencia con nosotros mismos”; el espejismo se rompe y viene la frustración. 

No es el otro; eres tú mismo y tus circunstancias. La tarea es tuya; no depende del sensei, del Dōjō, del senpai, ni de ningún “otro” (ni del apoyo de tu jefe, tu pareja, tus amigos, familiares, etc). Tener un buen instructor que enseñe lo que corresponde (las bases del arte) es indispensable para poder cultivarse en Aikido y en cualquier otro arte; pero no puede perder de vista que nadie se ilumina por sentarse al lado del Dalai Lama. En esta época de los influencer y de las redes sociales, un video o una foto posando al lado un líder carismático además de emoción y fama, genera dinero; no obstante, si se trata de obtener la maestría, hay que vivir y copiar al maestro, para poder entenderlo y poder ver con claridad el arte. Para apropiar sus enseñanzas, hay que vivir con disciplina y paciencia; y entender que el entrenamiento comprende varios aspectos, incluyendo “los que no nos gustan”. 

Cada quien escoge el tipo de artista que quiere ser y escoge al maestro que quiere tener. “Haz todo lo que puedas y lo demás déjaselo al destino” dice un proverbio japonés. ¿Qué tanto estás dispuesto a hacer?. Sé honesto contigo mismo. Aikido es trabajo duro. El único secreto es entrenar. 

Y ahí va otra cubeta de agua fría 

Pero pensemos de manera positiva; digamos que nuestro interesado se levantó del sillón, se despegó de la pantalla y del dispositivo móvil (por un instante) y se trajo al Dōjō. Lo primero que verá será un espacio abierto, con colchonetas (tatami) bien apiladas y con apariencia de limpieza; y ahí se revela un gran secreto marcial: conservar el espacio de esa manera, limpio y organizado, hace parte del entrenamiento. 

Dicho de otra manera, se espera que Usted contribuya con la armonía y el orden del lugar. Espere, ¿Qué significa eso? ¿Qué es esa forma de tratar al cliente?. 

Y ahí aparece otra gran verdad. Usted no es un cliente; y por ende, no espere que lo atiendan y suplan todos sus caprichos, y menos, espere tener siempre la razón. Aikido tiene sus formas y maneras de aprendizaje así estemos bastante lejos de Japón. Si decimos que practicamos bajo un linaje tradicional (Aikikai), toda esta manera “nipona” de hacer las cosas, debe mantenerse. Al Dōjō se viene a conectar con nosotros mismos y con los demás; a despertar la atención; la intuición y la sensibilidad; y todo ello se obtiene atendiendo a los “pequeños detalles”. 

Como humanos de esta época somos muy visuales y con una gran capacidad de inventiva. Así que para evitar este fuerte impacto que muchas veces lleva al descontento, lanzo una propuesta. Imagine por un instante que cuando va al Dōjō, se dirige a la “casa estudio” de cualquier “reality show” y que se vale crear un “personaje” o un “avatar”.  Esa identidad “virtual” que lo acompañará al Dōjō; será la que se someterá a esas labores que muy seguramente Usted, no hace en su casa o en su oficina o en su trabajo. 

Ese “personaje” o “avatar”, como en los juegos de rol; deberá estar abierto a la posibilidad de trabajar para adquirir varias cualidades (o súper poderes); aprender a ser cálido; respetuoso; humilde y prudente. Todos estos “gestos” se obtienen a partir de una forma de hacer las cosas (y esa es la experiencia de Dōjō). 

Entrenar con personas de distintos niveles de experiencia, desarrolla un espíritu colaborativo. Intercambiar los roles de uke y nage, nos ayuda a desarrollar la compasión (aprender a ponernos en el lugar del otro). La camaradería entre senpai (compañero de antes) y  kōhai (compañero de después), nos enseña sobre nuestra responsabilidad en comunidad, y permite interiorizar que así como alguien te apoya, tú eres el apoyo de alguien más. Limpiar, es un acto de gratitud y de bondad.  La lista es larga; pero no quiero arruinar la emoción que genera esta travesía de Aikido; donde la mejor brújula para el recorrido será cuidar (y cultivar) siempre el alma de principiante, la mente de principiante (Shoshin). Mantener esa apertura, entusiasmo y falta de ideas preconcebidas, es la actitud que permite recorrer este camino con consciencia y plenitud. 

Este “ejercicio” de realidad virtual extendida o aumentada; es ecológico y de mínimo costo tecnológico. El consumo de energía eléctrica es prácticamente nulo; al igual que la demanda de tecnología (con un gi/uniforme y unos implementos de madera será suficiente). La buena noticia de este “juego de rol”; es que si le queda gustando lo puede replicar en cualquier entorno (en la familia, en el trabajo, etc). Está comprobado que no tiene efectos adversos. Ningún animal ha resultado herido al llevar su “avatar” de Dōjō a la sociedad. 

Y de eso se trata. De cultivar “formas” y “maneras” de Aikido en el Dōjō, y replicarlas en la sociedad. La filosofía del Aikido se interioriza con un entrenamiento sincero y con la genuina disposición de querer ser cada día mejores individuos y mejores ciudadanos. Parafraseando a Gabriel O Pensador, rapero y compositor Brasilero,  “Seja você mesmo, mas não sea sempre o mismo” (sea usted mismo, pero no sea siempre el mismo). Qué su presencia y ejemplo inspire y lidere una mejor sociedad. 

Suena bonito ¿cierto?. Empecemos. Aquí está la esponja y esta cubeta de agua. Comencemos a limpiar afuera; hasta que podamos limpiar los espejos de nuestra alma. Trabajemos en esa labor de limpiar hasta que ese hábito nos guste y una vez interiorizado, podamos pasar de lo visible (lo material) a lo etéreo (lo intangible).

Transmitir el “Wa”, en un mundo de “rebeldes” y antihéroes

Suena paradójico, pero pareciera que en estos tiempos, el caos es la zona de confort de los latinoamericanos (y del mundo) . Y como es nuestra zona de confort; queremos llevarla a todos los espacios y entornos sociales. 

Las series más exitosas del momento retratan antihéroes y rebeldes (muchos sin causa) que quieren triturar, extinguir la sociedad, al “sistema opresor”, a las “instituciones de control”, etc, etc; sin dejar claro después de tanto destrozo quién va a limpiar tanto reguero, ni cómo se va a componer ese estropicio. O están aquellas series, que instan para que cada uno sea el héroe de su propia historia. La (presunta) historia más sublime, especial e importante de todos los tiempos (porque “tú eres único, maravilloso y con súper poderes”). Y de esta manera, se ven en las calles “héroes” ataviados de su celular sirviendo de puente (sin filtro) entre “su realidad parcializada” y las redes sociales (debidamente segmentadas); denunciando, exigiendo y reclamando un cambio; como si fuera posible que los héroes del Universo Marvel o DC pudieran venir a remediarlo todo. Pareciera que como sociedad hemos hecho del miedo, del odio y del caos (que se nutre de los dos anteriores) la zona de confort de nuestra vida (o hasta ahora, el único universo posible). 

Pues bien. Ese mundo de “individualidades”, de inconformes, antihéroes y rebeldes sin causa; es un aspecto a despojar cuando se ingresa al Dōjō. De la misma manera que uno se quita los zapatos para ingresar a ese espacio; así mismo. Todo ese ruido mental (y ese torbellino emocional de rabia, miedo, odio, etc) se debe quedar afuera. Cuando termine su práctica, es libre de recogerlo o simplemente, comenzar a abandonarlo (poco a poco).

Las artes marciales tradicionales japonesas se estructuran a partir de un valor (principio) transversal que es el “Wa”; que se puede traducir como armonía, cohesión, paz, estilo japonés o incluso, Japón. “Wa” es un valor fundamental de la sociedad japonesa; que se traduce en una invitación a comportarse de manera similar al resto; de trabajar por la uniformidad y la conformidad. Valorar el “Wa” es valorar la paz y la armonía; es un llamado a seguir las órdenes (incluso de manera acrítica). 

A la par con este concepto, se encuentran otros tres aspectos que sustentan el código social japonés: el “tate sakai”, la verticalidad en las relaciones japonesas;  el culto a la forma (“rei”) y la dualidad “honne/tatemae” (donde “honne” lo podríamos definir como intenciones verdaderas, lo que realmente piensas; mientras que “tatemae” hace referencia a las obligaciones sociales). Dentro de estos valores (principios) surgen conceptos como el “omotenashi”, la hospitalidad japonesa; la idea de cuidar a los invitados de todo corazón; el ideal de poner el “yo” al servicio del invitado y anticiparse a la necesidad del otro. 

Entonces, volvamos. Inscribirse en un Dōjō tradicional de Aikido o de cualquier arte tradicional japonés; implica asumir el compromiso de que abrirá su mente y su corazón; a una manera diferente de hacer las cosas. De experimentar la oportunidad de sentirse parte de algo y de sumar, para el beneficio de los demás y el propio. Su proceso (vivencia) es personal pero su desarrollo será colectivo.  

De ahí que la invitación a asumir la actitud de un juego de rol o de un reality show y crear su “avatar” o “personaje”, me gusta. Todos aprendemos jugando, imitando, hasta que finalmente comprendemos y logramos hacerlo por nuestra propia cuenta. Usted se acerca al Dōjō para experimentar esta dinámica; y por ello, no espere que el Aikido se adapte a sus “expectativas”, ilusiones o fantasías personales. El Aikido es lo que es. Con sus reglas, formas y maneras.  

Aquí no se vende Aikido

Hasta el momento, solo se ha enfatizado en la actitud del interesado (del practicante) de Aikido. No se ha dicho nada de la técnica. La razón es simple. Porque sin una actitud mental y personal adecuada; su desarrollo en Aikido estará limitado simplemente a la habilidad de doblar brazos y lanzar gente por el aire; lo que dependiendo de su entorno podría serle útil (no lo discuto); pero su condición de artista marcial estará incompleta. Le faltaría la esencia. Algo así, como una libélula o una mariposa de plástico. Sin importar qué tan bellas se vean, les falta la fragilidad y la sensibilidad de la vida. Esa imperfección, perfecta, que genera “magia”.

La maestría de la técnica en Aikido es un estado al que acceden pocos. No obstante, la búsqueda de esa maestría es la llave que activa todo este camino que tiene por finalidad potencializar las habilidades humanas. 

Así que por favor, no se llame a engaños. Si su técnica es deficiente, difícilmente Usted podrá ser un referente de maestría en Aikido. Incluso, si su técnica es vistosa y atrae multitudes; pero su corazón, actitud y estilo de vida no le permiten manifestar con sus actos los altos estándares morales y éticos de este arte marcial; su camino no ha terminado. Es más, me paso de irreverente y me atrevo a pensar que ni siquiera ha comenzado.  Si usted es un excelente orador y pregona sobre las maravillas del Aikido y de sus múltiples aplicaciones en la vida; pero no entrena Aikido y no tiene un historia de Dōjō; Usted es un poeta o un “excelente” orador, pero no es un Aikidoka (y si bien agradezco la publicidad; también le agradecería la sinceridad en este punto; porque Usted vende espejos con un reflejo idealizado de algo que desconoce). 

Cuando se ha aceptado el compromiso de difundir Aikido; considero que hay que ser extremadamente cuidadoso con no arruinar el linaje (y más si al Dōjō se le ha puesto el apellido “Aikikai”). Para ello, sea honesto con Usted mismo y con quienes se acerquen al Dōjō. 

La práctica y el acceso al contenido de un arte marcial, puede hacerse por una línea Ryu-ha o por una línea de Shin-budo. La escuela Ryu-ha es la escuela tradicional; de la antigua usanza donde existe una relación cercana maestro – discípulo. El concepto Ryu dentro de sus varias acepciones, acepta la idea del fluir de un río; algo que se ha decantado, para que independientemente del canal por el que se tome, llegue lo más preservado posible. Las escuelas Shin-budo son distantes de lo tradicional; hay un espíritu marcial (se quiere cultivar el Budō), pero es distante de la escuela tradicional y quien enseña, no está necesariamente cualificado para transmitir ese arte; lo que se entrega es su interpretación y adaptación. En este punto, no se trata de decir “qué es lo mejor” o “si algo es lo verdadero o lo falso”; lo importante aquí es la responsabilidad con la que ese artista hace esa adaptación. Como mencioné anteriormente, cada uno escoge a su maestro (“para gustos, los colores”).

En lo que respecta al Aikido y  a las formas de transmitirlo, y siendo muy consciente de mis limitaciones personales y del camino que aún me falta por recorrer; estoy de acuerdo con quienes señalan que al ser el  Aikido un arte marcial tradicional japonés; generar esas “adaptaciones” o “interpretaciones”; configura una pérdida innecesaria del Arte. Cuido sinceramente de mi relación con mi maestro y de las formas y maneras como esas enseñanzas me han sido entregadas. Frente a mi rol de instructor tengo claro que el punto más importante a transmitir es el potencial de desenvolvimiento humano; y las bases de la técnica, tal cual me han sido compartidas. He asumido este camino marcial con sincero interés y respeto por su forma tradicional; y por ese motivo, en este Dōjō tenemos el genuino interés de formarnos en esos valores y dentro de la dinámica marcial tradicional. 

Entonces, vuelvo al intento de reflexión de esta parte final. Aikido no se vende; y este hecho confunde a varios de los interesados en experimentar y conocer el mundo Asiático. Comprendo que somos una sociedad esencialmente de consumo (donde se venden bienes y servicios) y donde prácticamente todo tiene un precio; pero, así como el practicante de Aikido en un Dōjō tradicional, tienen una connotación diferente a la de cliente; Aikido no es un servicio que se vende al mejor postor. 

Tenga claro que una vez el sensei lo acepta en el Dōjō se compromete a guiarlo y apoyarlo en su camino marcial; pero las formas y maneras de practicar Aikido no se transan. Cada peldaño de desarrollo y cada Dan, son el resultado de su esfuerzo y de su disciplina; del apoyo de sus compañeros y del compromiso de su sensei como su guía. Las técnicas, tiempos y condiciones para cada momento están claras desde el principio; y no hay atajos. Bajo esta lógica, no espere que Aikido, el Dōjō o el sensei se adapten a Usted (a su ilusión, a su expectativa y a su deseo). 

Ahora que conoce que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar “una manera de actuar” diferente a la habitual; el paso honesto y prudente sería revisar qué lo mueve genuinamente a practicar Aikido (preguntarse ¿qué estoy buscando en este espacio? ¿resueno con esta propuesta de camino?). Cualquier justificación o motivación que tenga en ese momento será respetable y válida siempre y cuando sea sincera.

Al cabo de un tiempo, lo que lo traerá al Dōjō no será esa motivación inicial; será su disciplina. Dicen por ahí que “una chispa no es el propósito”. Se trata de aprender a estar listo para vivir. En este camino el resultado no es exigible; lo que se exige es el esfuerzo. 

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En el campo colombiano se dice que, “no se deja de cosechar porque una siembra salió mal”. Cada año es una nueva siembra con sus dificultades y desafíos; con sus frutos y experiencias. Espero que estas reflexiones ayuden a remover y abonar el terreno para este nuevo ciclo. Se siguen plantando semillas y cuidando retoños. Sigamos plantando nuestra huerta y cuidando de nosotros mismos y de los demás. 


viernes, 28 de agosto de 2015

Musubi

Musubi

Tomado de Mitsugi Saotome. “Aikido”, Kairós: Barcelona.




“Aikido es el estudio de la sabiduría. Si no puedes controlarte y confiar en ti mismo – si no puedes verte a ti mismo claramente – nunca podrás tener ningún conocimiento o confianza de los otros y, ciertamente, no podrás controlarlos. El propósito del Aikido no es la creación de luchadores agresivos sino el refinamiento de la sabiduría y el autocontrol. Como estudiante de Aikido, debes estudiarlo para mejorar y pulirte a vos mismo, sin competir con los demás.

La clave en este proceso –y el corazón del Aikido– es Musubi. La traducción de esta palabra japonesa sería “unidad”, o “interacción armónica”. En la práctica, Musubi significa la habilidad de unirse, tanto física como mentalmente, con la energía de tu compañero/a. Musubi es el estudio de una buena comunicación. En cualquier interacción entre las personas existe la comunicación. Depende de los participantes que la interacción sea productiva o inútil, amigable u hostil, verdadera o inexacta. Musubi, a medida que se va refinando, puede significar la habilidad de controlar y alterar la interacción, cambiando una aproximación hostil en un encuentro saludable, o un ataque en un apretón de manos.

Musubi es a la vez un método de aprendizaje y el objetivo del estudio. Musubi, en su último refinamiento, está relacionado con la adquisición de un sentido de armonía universal y, en la técnica, la habilidad de controlar los encuentros para bien. Pero, ¿puede tal habilidad ser adquirida para forzar o infligir miedo a las personas que lo están aprendiendo? No. Musubi debe ser enseñado y estudiado de acuerdo a los principios que ejemplifica, para que la conciencia de los estudiantes de Aikido pueda ser refinada junto con sus movimientos físicos. Musubi debe ser enseñado a través de una buena interacción y una firme, pero amable, guía.

Aprender a responder ataques con Musubi es un proceso largo y difícil. Uno no puede golpear un principiante y decirle “No pelees, únete, ¡únete!” El principiante no solo no se unirá al ataque, sino que reaccionará con miedo y agresión, las reacciones instintivas frente a una amenaza. El principiante va a tratar de defenderse luchando o hiriendo al atacante. En Aikido el objetivo es domesticar y controlar esos instintos naturales, no estimularlos. Esta es la razón, especialmente con los principiantes, que a menudo se utilizan distintos ataques de agarre. El estudiante principiante no está preparado para tratar con ataques reales –como golpes y patadas– con calma mental o movimientos físicos propicios. Los agarres les permiten a los principiantes estudiar las técnicas sin miedo, manteniendo la integridad física mientras se aprenden las respuestas correctas. 
En vez de entablarse en lucha y competición, los estudiantes pulen tanto los movimientos físicos, como la mente. Los practicantes estudian: el control –de él o ella– mismos, su compañero/a, y la relación entre ambos. Los agarres tienen la ventaja de proveer el contacto físico entre los compañeros de práctica, de tal forma que ambos puedan sentir que hace que el movimiento funcione. Si no hay un contacto físico, los estudiantes principiantes encontrarían difícil la exploración los mecanismos de las técnicas.

La práctica de los principiantes usualmente comienza con agarres estáticos. Esto posibilita el estudio de una correcta postura, trabajo de pies y posición del cuerpo. Los estudiantes pueden progresar hacia agarres en movimiento, los cuales permiten el desarrollo del sentido del timing y la distancia, y la exploración de las relaciones espaciales entre ellos y sus compañeros/as de práctica. Posteriormente, los estudiantes pueden comenzar a ajustar los distintos grados y tipos de fuerza, velocidad y dirección. De esta forma, empiezan a crear confianza en sus habilidades para comunicarse con sus compañeros, a incrementar su sentido de intuición para con los movimientos e intenciones de los demás practicantes.

La cooperación es muy importante en el entrenamiento de Aikido. Casi toda la práctica se realiza con un compañero/a, y las relaciones entre los ellos debe ser la manifestación del Musubi. Tanto nage como uke tienen esta responsabilidad. Mientras nage debe entrenar para unirse con (más que luchar contra) los ataques; uke debe aprender a atacar de una forma que sea apropiada a la técnica que está siendo estudiada y de proveer las condiciones apropiadas para el aprendizaje. Por ejemplo, si el instructor demuestra una técnica que contiene una proyección hacia adelante, es apropiado que el uke empuje hacia adelante. En cambio si el uke empuja hacia atrás, tratando de anular la técnica de nage, esto lleva a la reducción de la técnica a la lucha y ni nage ni uke aprenderá cómo funciona la técnica o correctamente. Estudiantes avanzados se pueden beneficiar de ataques inesperados, práctica libre e intentos de contra-técnicas, pero esto se da luego de años de estudio de las técnicas básicas y del aprendizaje de las condiciones que requiera cada acción.

El estudio de Aikido es el estudio de la sabiduría, y la sabiduría, en gran parte, es la posesión de sentido común. El sentido común, desafortunadamente, es poco común. En este mundo es bastante difícil de encontrarlo o nunca se aprende. El entrenamiento en Musubi y en los principios básicos de Aikido involucra el re-aprendizaje del sentido común. Se puede encontrar evidencia de esto en los movimientos básicos de defensa del irimi y tenkan. Estos dos movimientos pueden ser entendidos como uno –irimi-tenkan– así como el yin y el yang forman, en conjunto, parte del todo.

Tanto el irimi como el tenkan son movimiento que las personas usualmente utilizan en su vida diaria sin pensarlo. Imaginemos que estas caminando en medio de una calle repleta de gente, y se ve a alguien que viene caminando justo hacia vos. Al momento del “casi” impacto uno se corre y deja pasar a la persona (irimi). Ahora imaginemos que la misma persona te empuja al momento de pasar a tu lado, uno simplemente gira y mantiene el propio equilibrio y sigue caminando (tenkan). Ambos movimientos son ejemplos simples y naturales del sentido común. Cualquier persona puede hacerlos, y su simplicidad y universalidad confirman su verdad.

Pero una persona no entrenada en Aikido que ve que alguien viene directo hacia ella con un ataque, automáticamente trata de caminar hacia atrás. Cuando es empujada en un gesto hostil, la persona o se paraliza del miedo o se agarra del agresor para no caerse. La persona pierde el sentido común y la habilidad para percibir la reacción natural.

El entrenamiento de Aikido, a través de su proceso gradual y cooperativo, enseña cómo aplicar los principios de Musubi en situaciones crecientemente dificultosas. Permite entrenar tu mente a mantener su calma y visión de tal forma que el miedo, la ira o la falta de confianza no distorsione los movimientos del cuerpo. A su vez, permite entrenar el cuerpo diligentemente; la práctica constante le provee al cuerpo la sabiduría de la experiencia. En este sentido, el cuerpo se vuelve el reflejo y la manifestación física de tu mente. El cuerpo y la mente trabajando como unidad –de nuevo, en la relación de Musubi– permite que reacciones simple, eficaz y sensiblemente bajo presión, en vez de ser dominado y controlado por las circunstancias.

Uno ve a estudiantes avanzados en Aikido atacándose y proyectándose muy fuerte, pero han llegado a este punto de su entrenamiento luego de pasar por varias etapas cuidadosas que permitieron educar su mente y su cuerpo. Por lo tanto, los ataques fuertes y vigorosos se convierten en un desafío más que en una amenaza. El propósito de los golpes, patadas y agarres en la práctica no tienen el objetivo de destruir al enemigo sino descubrir, la propia (así también la del compañero/a) fuerza, balance, intuición y estabilidad mental. En vez de enfrentarse con desconfianza, miedo y competitividad, uno afronta a los compañeros/as de práctica con concentración, sinceridad y sentimientos de disfrute.

Uno de los elementos –quizás el más importante– del Musubi es el aprendizaje de sentir y utilizar la unidad de la energía. Es por ello que el ejercicio de kokyu tanden ho, como lo decía O´Sensei, es el entrenamiento más fundamental en Musubi. El mismo no es una técnica de combate, sino el estudio de las relaciones físicas y el movimiento. Estando uke y nage enfrentados, uke tomando ambas muñecas de nage, este último utilizando todo su cuerpo como unidad coordinada, trata de desequilibrar a uke. El propósito (y allí radica su importancia fundamental en el Musubi) del suwari waza kokyu ho es descubrir el principio de la energía circular. Nage debe inspirar cuando uke agarra sus muñecas y espirar al momento de devolver la fuerza de uke, actuando como una unidad. La mente de nage debe mantenerse flexible y receptiva.

Suwari waza kokyu ho no es un ejercicio competitivo, no es un torneo de fuerza. Uke provee la suficiente resistencia para desafiar (en forma positiva) a nage, pero no tanta que haga que la técnica imposible de realizar. Nage no lucha para tirar a uke sino que utiliza este entrenamiento para estudiar el balance, respiración y unidad de la energía física y mental. A medida que el entrenamiento se va volviendo avanzado, verás que la fuerza física de tu compañero/a puede trabajar a tu favor. Dado que suwari waza kokyu ho se fundamenta en el principio de Musubi, absorbiendo y devolviendo la energía en forma circular, el efecto es tal que uke y nage armonizan sus energías. Nage termina utilizando, en forma combinada, su fuerza sumada a la de uke. Cuando más se resista y utilice su fuerza uke, mayor serán las herramientas con las que contará nage para desequilibrarlo. Esta circularidad de la energía es la esencia del Musubi.

Deberías aplicar el principio de Musubi que se aprende a través de suwari waza kokyu ho en todas las técnicas de Aikido. Es el Musubi el que te permitirá acceder al punto que la fuerza y el tamaño físico no hagan diferencia a la hora de realizar las técnicas. Si fallas en este último punto, siempre estarás a merced de la fuerza de los otros y caerás en el peligro de una lucha competitiva.

O´Sensei decía una y otra vez a sus estudiantes que los principios que rigen la naturaleza son los mismos que rigen al Aikido. Un pequeño pájaro puede volar en un ventarrón pero no luchando contra viento, debe tomar la fuerza del viento y sumársele. Uno puede manejar un pequeño bote en aguas tumultuosas, solo si se sabe cómo encarar las olas. Por lo tanto, también en Aikido, los estudiantes buscar aprender a recibir la fuerza y transformarla en su aliada, más que luchar contra ella. Esto es sabiduría y esto es la realidad del Musubi.

Al continuar el entrenamiento, tu habilidad para utilizar los principios del Musubi debería expandirse. El principiante necesita del contacto físico para poder sentir la conexión con su compañero. El estudiante avanzado aprende a mantener esa conexión con menos y menos contacto físico. Inclusive, algunas técnicas pueden realizarse sin siquiera el contacto físico. El entrenamiento diario, además de los beneficios en el plano corporal, incrementa tu habilidad para relacionarte no solo con tus compañeros/as de práctica, sino también con otros/as, dado que expande tu visión, tu intuición y tu sensibilidad. En tu vida fuera del Dojo, hay menos oportunidad de contacto físico con los otros, pero las lecciones aprendidas durante la práctica pueden ser aplicadas en beneficio de tus relaciones con los otros y con toda la humanidad en cuanto conjunto. El proceso de remoción prejuicios y pensamientos negativos y la creación de una nueva conciencia inclusiva no debería cesar nunca.

Finalmente, es importante recordar que para lograr el Musubi en la práctica, se deben establecer relaciones de confianza con los compañeros/as de práctica. Sin confianza, no se puede entrenar Aikido. El bujutsu de la antigüedad (artes marciales con el único fin de dejar fuera de combate al adversario) desarrollo luchadores muy hábiles, pero no necesariamente promovió mentes iluminadas. En la mayoría de los casos, dado que lo antiguos estudiantes de bujutsu eran empujados hacia el exitismo (de ello dependía su vida), se desarrollaba en ellos desconfianza y paranoia; la mentalidad propia de un luchador callejero. El propósito del Aikido, al contrario, es el desarrollo y refinamiento del espíritu – ganar fortaleza a través de la sabiduría, no la brutalidad. Esta es la razón por la cual el proceso del entrenamiento en Aikido es tan importante. A través de la educación progresiva el/la estudiante de Aikido va refinado su habilidad para acceder a un entrenamiento más vigoroso e intenso; así el significado y forma de la práctica va cambiando. Ataques fuertes y caídas no son más instrumentos de amenaza, sino herramientas que mejoran las habilidades del aikidoka. La diferencia entre el bujutsu antiguo y el Aikido, en tanto entrenamiento vigoroso e intenso, es la diferencia existente entre un fuego descontrolado y el fuego de la forja. Uno destruye y mata; el otro siendo igual en calor e intensidad, mejora los metales crudos, les da forma y los vuelve en objetos de belleza y fortaleza flexible. Los estudiantes de Aikido siempre deben recordar que el propósito de su entrenamiento es el desafío y mejoramiento de ellos mismos, más que la intimidación a sus compañeros/as o la complacencia de sus propios egos a expensas de sus compañeros/as.


Son las cualidades de confianza, cooperación, apertura mental y generosidad en la práctica de Aikido las que permiten a los estudiantes abandonar los miedos que los limitan e inhiben, en su habilidad para interactuar con los otros. De esta forma, ganar la confianza en ellos mismos los llevará a potenciar sus conexiones armoniosas (Musubi). Sin Musubi, Aikido no es Aikido sino otra forma de combate.”

jueves, 18 de diciembre de 2014

Aikido es trabajo duro - Yamaguchi Seigo Sensei

Aikido es trabajo duro – Yamaguchi Seigo sensei

Autor: Andrzej Bazylko sensei
Traducción (autorizada por el autor):
Mauro Novara fukushidoin,
Cecilia Villanueva y Gabriela Pintos






Algunas veces un encuentro puede cambiar tu vida entera. Te deja una impresión que no puede ser removida hasta el final de tus tiempos. Para mí, tal extraordinario evento fue conocer a Yamaguchi Seigo sensei (1924-1996). Solo asistí a dos seminarios dictados por él, en los cuales entendí muy poco. Sin embargo, la facilidad con la que ejecutaba las técnicas y la belleza inusual de sus movimientos me estimuló un deseo irresistible en seguir su mismo camino, aunque no llegue muy lejos. Hasta el día de hoy no se cual es el propósito de esto, pero tengo en mí el anhelo por este fenómeno inusual que es el Aikido de Yamaguchi sensei. Tengo la fortuna de ser estudiante de Christian Tissier sensei – uno de los estudiantes de Yamaguchi sensei. También he conocido algunos de sus estudiantes más sobresalientes: Seishiro Endo sensei (1942-) y Masatoshi Yasuno sensei (1948-).


El Aikido de Yamaguchi sensei está presente en la enseñanza de sus estudiantes (hoy shihanes), aunque ellos difieren mucho entre sí. Yamaguchi sensei podía generar lo mejor de todos sus estudiantes. Sin embargo, no quería que lo imitasen. Cuando ellos se fueron para otros países a enseñar Aikido, no estaban en la posición de enseñar su Aikido. Como si fuera obvio, los lleno de él pero ellos no podían reproducirlo. Ellos tenían la base, los cimientos sobre los cuales podían levantar sus propios edificios. Solo podían hablan en sus propios nombres. Él quería que fueran ellos mismos. Él no podría seguir a la multitud, valoraba a las personas que tenían sus propias opiniones y eran capaces de sostenerlas. Él nunca se apoyó en la autoridad de O´Sensei. Él decía, “O´Sensei es O´Sensei, y mi nombre es Yamaguchi”. Esto no significaba que no valorase a su propio Maestro. Al contrario, pero sentía que cada uno debía ser responsable por las propias acciones, por lo que uno transmitía a los demás. Apoyarse constantemente en la autoridad del propio maestro, él lo veía como una falta de madurez. Si alguien quiere enseñar a los demás, entonces primero se debe crecer para dar a la nueva generación los conocimientos y las habilidades que se recibió. Él sabía cómo escapar del cuidado de su maestro, como mirar críticamente lo que había aprendido. La técnica (el Aikido) de Yamaguchi sensei no era transferible, le fue dado exclusivamente a él, pero pudo construir algo propio. Cada uno es diferente y practica el Aikido a su forma. Para poder hacerlo, sin embargo, se debe tener un guía. Yamaguchi sensei fue un guía. Él no quería imitadores, sino sucesores quienes sigan sus propios caminos.

La relación entre el maestro y el estudiante es algo especial, basado en una profunda confianza. Yamaguchi sensei se convirtió en alumno de O´Sensei en el año de 1950. Antes de esa fecha había intentado convertirse en un funcionario del Japón. Inclusive había pasado el examen que lo habilitaba a trabajar para el gobierno. Quería trabajar en asuntos públicos o en la esfera de relaciones internacionales. También consideraba la posibilidad de trabajar en una gran empresa de construcción. Como última instancia había decidido irse, posiblemente a Europa, la opción que más le atraía era Francia. Nyoichi Sakurazawa (George Ohsawa, 1893-1966), el creador de la Macrobiótica, que era amigo de su padre, y también un amigo cercano de O´Sensei, le aconsejo que realice algún arte tradicional japonés y le dio una carta de recomendación para Ueshiba Morihei. Conocer tal extraordinaria figura fue decisivo para el resto de la vida de Yamaguchi Seigo. Se convirtió en uchi deshi (estudiante interno) de O´Sensei y decidió enfocarse exclusivamente en Aikido. Esto era una elección bastante inusual, eran dificilísimos tiempos de postguerra. La gente no estaba interesada en el Budo (al contrario), solo en asuntos vitales. Yamaguchi sensei se convirtió en el primer instructor profesional del Aikido, no tenía otra ocupación. Luego esta situación fue cambiando ya que la gente comenzó, de a poco, a practicar artes marciales, se fueron abriendo Dojos, y el Aikido se fue volviendo popular. Sin embargo, al momento de la decisión de Yamaguchi sensei la situación era otra. Es necesario tener la visión en la vida de los que uno quiere realmente hacer. Yamaguchi sensei decidió comprometerse al camino señalado por O´Sensei. Ciertamente, la habilidad para realizar decisiones maduras no es tomar el camino fácil, separando las cuestiones importantes de las triviales lo ayudó a sobrevivir durante la guerra. Cerca del fin de la misma, integraba una cuadrilla kamikaze y fue llamado a la acción, muchos de sus amigos murieron y estaba preparado para seguir el mismo destino; y lo hubiera tenido si la guerra no hubiese terminado antes. Su misión suicida no se materializó pero no era posible que no influyera en el resto de su vida.

Yamaguchi Sensei tenía memoria fotográfica y podía fácilmente repetir cualquier movimiento que observara. O´Sensei no explicaba las técnicas, simplemente las mostraba. Todo tenía que ser descubierto por uno mismo, ciertamente es mucho más difícil, pero permanece en nosotros por siempre. El movimiento no es forzado por nadie, se vuelve nuestro propio movimiento. Yamaguchi Sensei comprendía todo muy rápidamente, solo después de dos años de práctica comenzó a enseñar. Fue por su propio camino, pero mantenía un fuerte lazo con su maestro y le tenía un profundo respeto. Se fue volviendo un maestro muy popular y tenía muchos alumnos no solamente en Japón sino también fuera de sus límites. Condujo numerosas prácticas en Europa (primero que todo en París - Francia, pero también en Mannheim - Alemania, en Oxford - Inglaterra, Suiza, Bélgica y Dinamarca), en los Estados Unidos, en Canadá y en Sudamérica (Brasil, Argentina, Uruguay). Desde 1958 a 1961 enseñó Aikido en Burma (Myanmmar). En el Aikikai Hombu Dojo en Tokyo conducía clases especiales de altos grados. Nadie podía entender sus técnicas, aun instructores con los más altos grande de Hombu Dojo no podían desentrañar como con el mínimo esfuerzo era capaz de ejecutar cualquier técnica, más allá del tipo de ataque y de la persona que lo atacaba. A los ojos de la mayoría de los estudiantes de la segunda generación de O´Sensei, era considerado un genio del Budo. Casi nunca ocurría que maestros de Hombu Dojo atendieran otras clases, algunos de ellos participaban en las clases conducidas por Yamaguchi sensei, lo cual era un signo de un respeto inusual. Incluían entre otros: Masando Sasaki (1929-), Mitsugi Saotome (1937-), Yoshimitsu Yamada (1938-) and Kazuo Chiba (1940-). Muchas personas sentían que Yamaguchi sensei, debido a su gran popularidad y técnicas inusuales, crearía su propia escuela de Aikido. Sin embargo no lo hizo, consideraba a las divisiones un sin sentido y era fiel a la memoria de O´Sensei.

Yamaguchi Sensei tenía un carisma inusual y un gran don para la enseñanza. Era un verdadero maestro de artes de combate. Hasta que uno no conoce a un hombre como él, no se puede saber lo que esto realmente significa. Esta condición se le atribuye usualmente a varias famosas figuras del mundo de las artes marciales. Muchas veces son evaluaciones justas, pero basadas en la leyenda más que en la realidad, que se mantiene desconocida. A veces también nosotros les concedemos este nombre a los maestros en vida. Tal vez porque por la distancia, en términos de técnica y experiencia, que nos divide de ellos. Ocurre, sin embargo, que etiquetamos a alguien así naturalmente, como si fuese obvio y nadie podría negarlo. Este era el caso con Yamaguchi sensei. Nadie contemplaba que graduación se le había otorgado, lo importante era que fuese Yamaguchi sensei. Algunos estaban fascinados por la inusual efectividad, aunque parecía que no había razones más allá de esto. Se veía al ejecutar las técnicas que no obedecía ninguna regla: no controlaba la distancia, tenía un centro de gravedad alto, aparentemente se movía con torpeza, inclinado. Hacia todo aquello que le pedíamos a los principiantes que eviten. Al observador externo le parecía que la técnica en realidad no era ejecutada, uke imitaba y todas las acciones consistían en un juego entre el ser atacado y responder. Muchas veces escuché tales opiniones, incluso de aikidoka sentados en medio de sus prácticas. Cualquiera que haya tenido alguna vez el honor de atacar a Yamaguchi sensei estaba convencido de esto. Independientemente de la potencia, fuerza, velocidad, movimientos, momentos y otros aspectos del hecho de atacar, el resultado era siempre el mismo. De plano sobre el tatami más rápido de lo que uno podría imaginarse, a menudo sin darse cuenta de cómo había sucedido. Yamaguchi Sensei nunca corregía un ataque, cada ataque era aceptado, al igual que el atacante. Esto estaba repleto de armonía, adhiriendo al Aikido. La respuesta del maestro no era obvia, siempre había cierta ansiedad por el resultado del ataque, que alcanzaría al atacante. Yamaguchi Sensei en el dojo se veía poderoso, afuera de él se mezclaba con la multitud. Quienes eran lo suficientemente afortunados para atacarlo, sin embargo, no tenían ansiedades. Sabían que Sensei cuidaba de todo. Solo quien haya sentido la ejecución de una técnica sin esfuerzo en respuesta de su mejor ataque, tal vez podría entender lo inusual que es el aikido como arte marcial. Solo algunos aikidoka pueden contar con esa experiencia, los alumnos de Yamaguchi sensei tuvieron esa suerte.

El maestro de las artes marciales enseña durante toda su vida. La enseñanza no solo se realiza en el tatami, su arte llena su vida entera. Tiene una individualidad rica y está conectado fuertemente con los estudiantes. Yamaguchi Sensei tenía dos vicios: el café y los cigarrillos. El primero lo pudo dejar, pero el segundo desafortunadamente no. Iba todos los días a cafés. Frecuentemente podía ir allí, cambiar el entrenamiento de la mañana y quedarse hasta la tarde. Y con él, no tan frecuentemente, sus estudiantes también aparecerían. Yamaguchi Sensei fue un hombre de conocimientos. Su padre fue director de una escuela pública y tenía muchos libros que su hijo amaba leer. Historia, literatura, filosofía, eran sus áreas de interés y podía hablar entretenidamente de estos temas. Si algún estudiante decidía entrar en la conversación, tenía que estar muy seguro de sí mismo, para no parecer un tonto. Estas conversaciones modelaron y les dieron forma a los estudiantes de Yamaguchi Sensei. Las conversaciones con el maestro, sus historias en el café, tenían para ellos tanto significado como lo que se aprendía en el tatami. Para todos aquellos que pasaron algún tiempo con él, era claro que lo que más valoraba era encontrarse con la gente, estar en compañía de otros. Frecuentemente reflexionamos sobre las cosas importantes que hemos hecho en la vida, que dejaremos atrás en este mundo. Recordamos diferentes hechos y eventos, pero frecuentemente encontramos que lo que realmente importa son las personas que tuvimos la fortuna de conocer. A Yamaguchi Sensei no le importaba mucho las cosas materiales. Sin embargo, siempre encontraba tiempo para encontrarse con otros.

Él trataba al Aikido muy seriamente. En una de las clases dirigidas a personas que eran al menos 4tos danes y después de varias prácticas extenuantes, les preguntó que era el Aikido. Se dieron varias respuestas; una filosofía de la vida, el arte del movimiento, la manera de resolver el conflicto, el arte de la pelea, o incluso el camino del autodesarrollo. Yamaguchi Sensei dijo: “Aikido es trabajo duro”. En cada respuesta había una pequeña parte de la verdad, pero Sensei quería enfatizar que la única manera de buscar la respuesta era un entrenamiento intensivo. Aikido es el lenguaje del cuerpo, no puede ser entendido teóricamente. La conversación es importante, pero el trabajo es lo más importante. Sin embargo, no depende solamente del esfuerzo. La cosa no es solamente cansarse, pero, y tal vez primero que todo, es estar siempre preparado para aceptar algo nuevo. La concentración constante es necesaria para no repetir los movimientos viejos y para aprender los nuevos. Usualmente no escuchamos lo que nos dice el maestro y no observamos lo que nos muestra. Suficiente que escuchamos alguna frase conocida y el resto lo ajustamos a lo que ya hemos aprendido antes. Descansamos en los viejos hábitos. Yamaguchi Sensei combatía contra este tipo de actitud la cual era (es) común entre los aikidoka. Él exigía atención. Constantemente repetía que uno “en la práctica debería tener el espíritu de un principiante” (shoshin). Siempre percibía la falta de concentración de los estudiantes. Todos aquellos presentes en su clase querían ser llamados como uke, ser llamados para la demostración de una técnica, o más bien a un conjunto de técnicas porque el maestro rara vez llevaría a cabo una sola técnica. En sus clases en Hombu Dojo participaban muchas personas y Yamaguchi Sensei tenía dos o tres veces el mismo uke. Frecuentemente llevaba a cabo las técnicas con Yasuno Sensei, que tenía un cuarto de su edad. Sin embargo, si alguno dejaba de prestarle atención era llamado de inmediato por Sensei para ir al frente como uke. Los uke potenciales estaban casi siempre preparados, pero Yamaguchi Sensei siempre los llamaba en el momento en el que no estaban preparados. Sus clases estaban llenas de pasión. Uno no solo tenía que estar atento en la anticipación, sino también en la práctica. Yamaguchi Sensei no diferenciaba las técnicas, no las analizaba. Era más bien un proceso, una conversación entre dos compañeros formando un todo, más que una serie divida en técnicas. Una técnica fluía suavemente en otra. La técnica previa determinaba la apertura para el inicio de la siguiente. Sensei no trataba de ser espectacular. La técnica no era para él el objetivo en sí mismo. Servía de comunicación con el compañero/a. Esto se ejercitaba en un contacto constante. Cada movimiento en un compañero/a causaba una reacción en el otro. La conversación no puede ser rota.

Yamaguchi Sensei era muy estricto con sus mejores estudiantes, les exigía al máximo y tenían que trabajar duro. Podía ser riguroso con ellos, pero pensaba en su futuro. Relacionado a eso Endo Sensei comentó que después de diez años de estar practicando Aikido, tuvo una grave contusión en el hombro derecho. Un día se encontró a Yamaguchi Sensei en un café, quien le dijo “Has practicado Aikido durante diez años, pero ahora puedes usar solamente una mano ¿Entonces, que vas a hacer?” Movilizado por esa pregunta, Endo Sensei comenzó a practicar casi exclusivamente bajo su dirección. Así comprendió que Yamaguchi Sensei practicaba completamente diferente a otros maestros, y eso era exactamente lo que más le convenía. El maestro le dijo “Incluso si no entiendes lo que yo propongo, confía en mí y haz el sacrificio los próximos diez años”. Diez años parecían una eternidad, pero Endo Sensei confió en él y su Aikido se transformó por completo.

El lugar más importante donde enseñaba Yamaguchi sensei, aparte del Hombu Dojo, era el Zoshukan Dojo en Shibuya, Tokyo. Era un dojo de Kendo por lo que no había tatami; sólo los estudiantes más cercanos practicaban allí. La falta de tatamis significaba que incluso durante la práctica del ukemi era necesario mantener una absoluta concentración. Sin embargo, las técnicas se realizaban a toda velocidad. Había solamente una desaceleración en las proyecciones. Esto permitía a los uke realizar el movimiento, parar en el último momento y completar el ukemi normalmente. Esa forma de trabajar significaba que cada momento del movimiento era esencial, la concentración no se podía perder incluso ni por un instante. El trabajo duro realizado en común, produjo profundos lazos. Incluso los más grandes maestros de Aikido ganaban poco, así que al final del año, los estudiantes más cercanos de Yamaguchi Sensei recaudaron dinero para él. Éste fue un gesto simbólico, pero con una dimensión material.

Uno de los resultados del régimen alimenticio de Yamaguchi Sensei fueron úlceras intestinales. Su médico le recomendó una operación y afirmó que sería capaz de permanecer activo por otros veinte años. Sin embargo, Yamaguchi Sensei creía en el orden natural de las cosas. El no decidía sobre esas medidas radicales. Sentía que iba a poder lidiar con ello. Supuestamente, en la víspera de su muerte, participó en una demostración de Aikido siendo atacado por tres ukes. Después de la demostración Sensei tuvo problemas con la respiración y se sintió mal. Regresó a su casa a pie y allí murió mientras dormía el 24 de enero de 1996.


Su Aikido, aunque fugaz, tuvo una gran influencia sobre muchos de los maestros destacados actuales, en este arte marcial. Fue uno de los pilares del Aikido moderno, aunque no universalmente reconocido. Sus logros son considerablemente mayores que su popularidad. No conocemos al autor, aunque a menudo nos familiarizamos con él a través de su trabajo. Después de todo, sus técnicas parecían imposibles de transmitir… ¿Por qué no murieron junto con él? Porque dejaron una huella permanente en aquellos que tuvieron la suerte de entrar en contacto con su arte.

domingo, 26 de octubre de 2014

Entrevista a Iker Arraue


Entrevista a Iker Arrue

Por Uriel Hernández
Tomado de http://kihon-dojo.blogspot.com

 

  
1. En tu trabajo como artista llevas elementos del aikido a la danza, ¿cómo surgió este vínculo? ¿Por qué el Aikido y no otro arte marcial?

Conocí el Aikido de forma más o menos accidental. Mientras hacíamos una producción en Aarhus, Dinamarca. Me acerqué con una compañera a un pequeño Dojo que quedaba cerca de la casa donde nos estábamos quedando. El ambiente de trabajo estaba siendo un tanto pesado, y queríamos hacer algo que nos sacara por completo de aquel estado negativo que el director del teatro estaba empeñado en generar... Fue un período en el que andaba entrando y saliendo del país, y cada vez que tenía oportunidad volvía al Dojo a practicar. El estilo que allá se practica es el de Nishio Sensei, que es especialmente amplio en sus desplazamientos y no enfatiza tanto en las inmovilizaciones como otros estilos, sino que se basa más en los ATEMI y, en consecuencia, en el trabajo de UKE. Puedo estar completamente equivocado con esto, pero esa fue mi sensación. Me llamó la atención desde el primer instante porque era, entre lo que había visto hasta el momento, lo más parecido a una coreografía de danza.

Era consciente que por mi profesión podía reproducir las formas de lo que el instructor mostraba con más facilidad que otros practicantes, pero todo quedaba en eso, en la forma. Sabía que estaba muy lejos de entender la esencia del trabajo, y más aún de reproducirlo.

Cada vez que regresaba al Dojo después de un tiempo habiendo estado ausente, sentía que la práctica me gustaba más y más; los instructores llegaron a ser buenos amigos, vinieron a algunas representaciones y compartimos puntos de vista, hasta que surgió la idea de montar una pieza basada en el Aikido con su ayuda. Ese fue el origen de lo que acabaría siendo la pieza ukeNage, y el inicio de un proceso de búsqueda personal para mí.

Lo primero que me llamó la atención de la práctica fueron obviamente la estética y forma de lo que veía, pero a medida que escuchaba a los instructores hablar sobre su filosofía (el respeto hacia el nivel del otro, hacia los tiempos del otro, hacia las necesidades del otro, etc) encontraba más y más similitudes con la danza, y eso fue lo que acabó por convencerme. En la práctica se mezclan diferentes niveles, cosa que no ocurre en la mayor parte de las disciplinas; esto supone "trabajar" para el otro, hacer todo lo posible para que la práctica del otro sea mejor, más fluida y así, entendiendo que el otro trabajará de la misma forma, el resultado se dispara, crece y dejando de ser dos individuos para ser uno solo. Es la metáfora del 1+1=3, donde ambos elementos se combinan para crear algo más grande que ellos mismos; cuando un grupo de bailarines ejecuta movimientos idénticos, la energía y precisión del grupo supera con creces la de cada uno de los intérpretes. Pero, me pregunto si no es precisamente ahí donde radica la paradoja (o según se mire, la clave) del Aikido (y cualquier trabajo de dúo), la idea de "fluir" con el otro no siempre se cumple. Es entonces cuando uno se para a pensar “¿hasta qué punto está en mi mano? ¿Me equivocaría al afirmar que el trabajo de UKE es casi más importante?” Puede que no, no lo sé, pero esa es mi percepción actual y en consecuencia la manera como abordamos el trabajo de dúo en el estilo que estamos desarrollando en danza; si el trabajo de quien es guiado/manipulado no es lo suficientemente fino, el resultado es muscularmente pesado (además de que estéticamente pierde gran parte de su atractivo, algo que no podemos obviar en las artes escénicas) y, en consecuencia, perjudicial para el cuerpo.

Cuando en danza se trabaja en dúo es muy común que la gente no escuche/respete suficiente, que no trabaje para el otro, que no recuerde que él mismo en una ocasión fue también aprendiz, que iba más lento que su compañero; es entonces cuando quien se suponía tendría que sentirse incentivado ¡se frustra! La danza y el Aikido pueden entenderse como algo meramente corporal, pero nada más lejos de la realidad.


2. Como bailarín y como aikidoka, ¿cómo es tu relación con tu cuerpo, es parecida en ambas disciplinas?

Cada día más. Desde el 2009, en colaboración con diferentes artistas y dentro de la iniciativa “Ai Do Project” hemos desarrollado proyectos en los que el lenguaje coreográfico parte de la unión entre ambas disciplinas: Dos formas de situarse ante el otro, dos formas de interpretar el mundo; danza contemporánea y Aikido.  A partir de ahí y en función de cada producción, el lenguaje coreográfico se define de forma más específica en función de la temática que se abordada, pero siempre desde ese mismo punto de partida.

En consecuencia, a medida que va pasando el tiempo y vamos definiendo los códigos de ese lenguaje de manera más precisa, los límites ente danza y Aikido se van desvaneciendo; o eso creo. Pero esto no es nada nuevo. En general, en el arte contemporáneo, para bien y para mal, los límites entre las disciplinas van desapareciendo poco a poco; creo que es una consecuencia natural dentro del desarrollo/ciclos de su evolución.


3. ¿Consideras que la danza o el baile pueden ayudar a los practicantes de Aikido a mejorar su práctica o que el Aikido puede contribuir a mejorar como bailarín?

Sin duda. Cualquier disciplina corporal aporta un conocimiento y entendimiento extra que siempre será aplicable en la otra, después es sólo cuestión de estilo y de entender qué cosas de una son aplicables en la otra, y cuáles no.

Los caminos para llegar a entender un mismo concepto son infinitos, hay gente que entiende conceptos o sensaciones con mayor facilidad mediante una u otra disciplina y, una vez se asimilan, pueden aplicarse en la primera. Pero la realidad es que cada disciplina requiere muchos años de repetición hasta que uno es capaz de decir "coño, ahora empiezo a bailar" o "ahora empiezo a practicar de forma consciente". Esa sensación de "¡ah!, esto era a lo que se refería tal maestro cuando me decía esto o aquello" es lo más hermoso. ¿No están de acuerdo? La búsqueda, no el resultado.

La sociedad de hoy en día busca la inmediatez, no es paciente, ha perdido valores tan importantes como el esfuerzo y la constancia. ¡Incluso en las escuelas se fuerza a los maestros a buscar cada día caminos diferentes para que los alumnos no se aburran! Van a perdonarme pero ¿acaso alguien les contó que una práctica corporal era sencilla? El trabajo muscular de movimientos específicos repetidos una y otra vez modifica esa misma estructura muscular haciendo posible encontrar sensaciones que antes no era posible sentir; y eso sólo se consigue con la repetición, con la constancia. Más allá del pensamiento o la filosofía detrás de cada disciplina, hay una transformación a nivel muscular que nadie podrá jamás pasar por alto, una musculatura larga jamás tendrá la potencia y explosión de una musculatura corta, y al revés, una musculatura corta nunca tendrá la elasticidad de una larga. Cada disciplina requiere cosas muy específicas y ahí radican las posibilidades y limitaciones de cada cuerpo contra las que, hasta cierto límite, no se puede luchar. Pero lo que puede llegar a dar de sí un cuerpo a priori desfavorable para una práctica, eso nadie lo sabe, y el poder de la constancia es, la mayor parte de las veces, superior a las aptitudes naturales.

Es muy complicado pasar de una disciplina a otra, sólo los cuerpos privilegiados pueden saltar de una a otra sin apenas esfuerzo; se necesitan muchos años para reeducar al cuerpo, para ser capaz de que éste asimile de forma real nuevos lenguajes.

A la hora de jugar a definir un nuevo lenguaje coreográfico, es evidente que ambas disciplinas son complementarias, no hay duda que para el trabajo de dúo en danza la práctica del Aikido ofrece a los bailarines nuevos caminos para entender conceptos comunes: equilibrio y desequilibrio, relación de ambos centros a través de los cuerpos en contacto, fluidez, mínimo trabajo muscular. Para saber si realmente lo contrario también es cierto, habría que preguntar a quien haya pasado por ese proceso, ¡o tentar a algunos aikidokas con alguna propuesta descabellada!


4. ¿Cómo han percibido tus colegas artistas el Aikido (visual y/o experiencialmente)?

Ni idea (es broma). Creo que en danza se traduce más como estilo, ya que intentamos transformar conceptos propios del Aikido a algo más bailado; nos alejamos de los fundamentos puros e intentamos llevarlos a nuestro terreno, los transformamos a nuestra conveniencia. El lenguaje de las manos que se deriva de los agarres o proyecciones aplicado a algo más formal o estético se entiende como estilo personal desde el punto de vista de la danza. El volumen y la distancia, tanto delante como detrás, toman también relevancia a la hora de buscar moviendo: todo se reduce a generar situaciones de desequilibrio extremas para, de la forma más orgánica posible, volver a una situación de equilibrio; o más bien diríamos a pasar por una situación de equilibrio, ya que el objetivo es crear una situación casi constante de desequilibrio que dé lugar al desplazamiento, con un trabajo muscular mínimo. A través de ese trabajo muscular lo más económicos posible, pretendemos generar posiciones extremas orgánicas, que no generen ningún tipo de estrés muscular ni articular. Así, escrito, puede sonar hasta demasiado teórico, pero a la hora de la verdad es muy intuitivo, lógico y gustoso. Si tuviera que resumir en una metáfora el trabajo, utilizaría algo que leí en una ocasión y que aún sacado de contexto nos sirve: "el desequilibrio es movimiento, es crecimiento, es vida. El equilibrio es la muerte".


5. ¿Por qué crees que el Aikido sea un “arte” marcial?

"Arte marcial" como por definición se entendería como "arte militar" y, en consecuencia, técnica de lucha; para ser sincero no la entiendo, y menos cuando se aplican definiciones como "someter o defenderse mediante la fuerza". Hoy en día, si no me equivoco, no es ese el planteamiento., es más bien una forma de desarrollo personal y disciplina mental, o así es como yo lo veo al menos. Pero puestos a reflexionar, cualquier disciplina (artística o no) que requiriera como años de práctica para empezar a entender sus fundamentos, es para mí un arte marcial, militar y, en consecuencia, para la lucha; como decía antes, eso ya no lo creo. Yo no la considero un arte de lucha, ya que precisamente el Aikido evita la confrontación, pretende hacer entender a quién ataca que ese no es el camino, que tienes el conocimiento para hacer daño a tu oponente pero lo invitas a renunciar y marcharse, a que reflexione y entienda.

¿O es "marcial" de marcha y, en consecuencia, elegancia? Porque elegante, ¡lo es un rato! La verticalidad, la sencillez de su práctica para quienes han asimilado sus principios, la limpieza en su ejecución, la tranquilidad a pesar de la tensión de la situación de un ataque; hacen que desde un punto de vista estético, la práctica sea extremadamente elegante. Tal y como lo entiendo, la forma en la que se practica hoy en día, marcando un ATEMI en lugar de efectuar el golpe que ya daría por terminado el enfrentamiento, la convierte además de en una práctica fluida, en un arte. Eso sí, ¡muy elegante!


6. ¿En qué se parece el trabajo a dúo en el Aikido y en la danza?

Además de las ya mencionadas hay algo que me llama especialmente la atención, y es la distancia entre ambos cuerpos; lo que en Aikido es distancia para evitar un golpe, en danza es arquitectura. Me refiero a que al trabajar con dos cuerpos, además de contar con éstos, existe también el espacio que se genera entre ellos. Cuando en lugar de pensar en el cuerpo del otro uno piensa en ese espacio que está generando en relación al otro, la amplitud y volumen total son muchísimo mayores; es algo maravilloso de observar, de hecho cuando uno se fija como observador en ese espacio ENTRE, la percepción cambia también; es un bonito ejercicio que merece la pena hacer de vez en cuando.

Si a esto le añadimos que en danza no existe peligro de aproximarse al otro cuentas con una gran ventaja; al poder variar la cercanía/lejanía entre los cuerpos, al poder variar las dimensiones de ese espacio ENTRE, las posibilidades se multiplican y, en lugar de buscar la forma de un cuerpo, uno puede jugar a esculpir o diseñar el vacío entre éstos. Al fin y al cabo, no es más que hacer arquitectura: diseñar un espacio vacío entre cuerpos sólidos.


Bueno, puede que en lugar de una respuesta a "en qué se parecen" haya sido más bien una respuesta a "en qué se diferencian" pero, al fin y al cabo, es lo mismo, ¿no? Porque ¿qué es lo que nos define, la similitud o la diferencia con respecto al resto?. 


Para ver AI DO PROJECT sigue este link: 
http://www.youtube.com/watch?v=N5Z__ooyPXY

sábado, 12 de abril de 2014

Conceptos éticos y filosóficos en el Aikido

Conceptos éticos y filosóficos en el Aikido
Por Jaume Segura



Clase en el  NYA con Yamada Sensei

Herir a tu oponente es herirte a ti mismo. Aikido es controlar la agresión sin producir daños”. Morihei Ueshiba

Las dos frases del encabezamiento condensan lo que a rasgos generales se entiende como la máxima expresión de la práctica del Aikido.

Lo más difícil de estudiar en el Aikido no son las técnicas en sí, bien al contrario, lo agotador es controlar la violencia que surge de nuestro interior cuando no sentimos amenazados, lo cual no es más que el reflejo de nuestras inseguridades.
Bien es cierto que aunque la técnica de Aikido puedan usarse como defensa personal ante una posible agresión (el Aikido es un arte marcial completo y eficaz), Morihei Ueshiba no las creó como un método de lucha más. Su intención fue desarrollar un Arte capaz de integrar a la persona en todos sus aspectos, física, mental y energética. Es más saludable saber que si llega el caso no nos pondremos a la altura de quien nos ataca. Nos defenderemos con proporcionalidad (como marca la Ley), con firmeza pero con serenidad, procurando respetarnos a nosotros mismos impidiendo que nuestra rabia o nuestro miedo lleguen a avergonzarnos. En Aikido no se utiliza la palabra ENEMIGO, decimos oponente, compañero, o simplemente UKE (el que es dirigido, el que ataca), pues si mientras entrenamos, nuestra mente ve un contrincante en la persona que realiza el ataque, el sentido competitivo impedirá una respuesta respetuosa con él. Así, en el Aikido no hay competiciones que enfrenten un aikidoka contra otro. Si por descuido, rabia o descontrol infligimos un daño a UKE, debemos ser conscientes de la responsabilidad que adquirimos al aprender técnicas marciales, muchas de ellas potencialmente peligrosas para nuestros compañeros. La persona que entrena Aikido asume que desea cultivar sus capacidades para mejorar su calidad de vida, no para maltratar a quien se le ponga por delante. Es de personas inteligentes saber apreciar lo que piensan o sienten los demás, un aikidoka nunca menospreciará a su oponente, pues él le da la oportunidad de experimentar su propio crecimiento personal. Se podría decir que UKE es como un espejo para nosotros. El estado físico y psíquico en que dejamos a nuestro compañero al acabar la técnica nos indicará en qué estado estábamos nosotros. Dependiendo del grado de control que tengamos en nuestro cuerpo y nuestras acciones, dependerán los resultados. La palabra Aikido, en japonés está compuesta por tres ideogramas que representan tres conceptos: El primero de ellos: AI, significa Unión o Armonía y habla de la relación que debe haber entre los diferentes elementos que componen un todo. El segundo ideograma: KIse puede traducir como Energía y hace referencia a las fuerzas o energías que nos mueven, cuerpo, mente y espíritu. Por último, el tercero: DO es Camino o Vía, y habla del compromiso personal que se elige libremente al seguir una dirección concreta.
Esta definición, explica que el Aikido es una disciplina que intenta armonizar las energías que componen el individuo. Tal explicación no diferiría de otras artes marciales tradicionales, si no se diera la máxima importancia al hecho de preservar la integridad física y moral del adversario.

Entre aikidokas experimentados siempre surge la duda si la filosofía del Aikido es la que crea las técnicas, o es al revés; las técnicas llevan a la filosofía. Las dos razones son ciertas: al principio, cuando accedemos al Aikido ignorando su espíritu, las técnicas nos hacen comprender que hay formas más armoniosas de defenderse que simplemente golpeando con saña al agresor. Con el tiempo, sin embargo descubrimos que la persona no necesita, ni desea realmente hacer daño a los demás para protegerse, así que es una opción personal comportarse de forma violenta. Comprendemos que las técnicas de Aikido contienen el espíritu de la Paz, puesto que nos educa el instinto primario de la agresividad. Al conseguir llegar aquí, el aikidoka se esfuerza porque las técnicas contengan el grado máximo de armonía.

Otro aspecto relevante en la práctica de este Arte es el hecho de experimentar los dos papeles, atacante y defensor con un mismo ánimo, desde una perspectiva no solo de aprendizaje técnico, sino también como una experiencia que forma nuestro carácter. El papel de TORI (el que dirige, el defensor), no es más importante que el de UKE (el que es dirigido, el que ataca), bien al contrario se cree que si no desarrollamos primero las habilidades como UKE no podremos llegar a ser unos buenos TORI. Esto es así debido a la particular forma de las técnicas de Aikido, que buscan convencer antes que dominar, lo cual nos obliga a entender que le ocurre a UKE cuando le realizamos una técnica.

El Aikido posee una diferencia básica respecto a otras artes marciales, y ésta es su deseo de no violentar al agresor. Dicho así, en un primer momento podría parecer que las técnicas de Aikido son blandas, o incluso más teóricas que prácticas. Nada más alejado de la realidad. Una de las dificultades que entraña su práctica es aprender a utilizar las técnicas sin llegar a hacer daño, y sin que pierdan su efectividad.

Para conseguir esto, es necesaria la máxima concentración y un esfuerzo consciente en mantener nuestra atención en el AQUÍ y AHORA, pues no se debe olvidar que se está entrenando un arte marcial que mal aplicado puede ocasionar lesiones muy importantes. La persona que recibe las técnicas (UKE), juega un papel muy importante, ya que quien aplica esas técnicas (TORI), deberá evaluar muy bien el grado de adaptabilidad de su compañero. Un UKE rígido física y mentalmente se pone en peligro así mismo, lo mismo ocurre si dicho UKE se relaja hasta tal punto que se abandone a la suerte, por lo que TORI debe tener en cuenta en todo momento el estado psíquico y físico de su compañero. Lo ideal en todo momento es mantener una voluntad de atacar con decisión y recibir la respuesta con espontaneidad. La adaptabilidad por parte de UKE al recibir sobre sí la técnica defensiva debe ser comparable a la de TORI al recibir el ataque, puesto que las técnicas de Aikido parten de la capacidad de absorber una agresión, redirigiendo la energía y la inercia para finalmente devolverla, de forma controlada y acrecentada a quien te ataca.

La observación y respeto del cuerpo del oponente, permite realizar luxaciones que en muchas ocasiones acaban en proyecciones. Esto es así porque el Aikido nunca va en contra de lo que el cuerpo necesita. Si UKE al atacar y descargar su golpe, donde esperaba encontrar resistencia encuentra inercia no podrá evitar desequilibrase. Para evitar hacerse daño al caer intentará recuperar el equilibrio, si en ese instante le ayudamos a recuperarse sumando su propio impulso al nuestro, su empuje inicial se multiplica de tal forma que pierde todo control sobre su desplazamiento. Llegados a este punto se entiende que el trabajo de quien ataca (UKE), sea tan importante. Por dos motivos: 1) deberá atacar con decisión para que TORI pueda aprender a defenderse realmente; 2) el aprendizaje de caídas o la adaptabilidad ante determinadas presas permitirá a TORI trabajar con confianza y precisión.

Las luxaciones en Aikido se aplican por la necesidad de reconducir los desequilibrios de los desplazamientos de UKE en la dirección que nos interesa, y la posibilidad de llegar a inmovilizar al atacante. Las proyecciones son la forma lógica y natural de dar salida a una inercia y una energía que solo UKE, a través de una caída controlada, puede disipar. Con estas premisas la persona que defiende (TORI), no necesita una constitución física fuerte, ni tener una altura importante; basta con cierto grado de reflejos y un nivel normal de agilidad que le permita moverse con soltura. Esto explica porque tantas personas en todo el mundo, sin distinción de edad, sexo o fuerza física practican Aikido.

Dentro de lo que sería el repertorio básico de las técnicas de Aikido, se debe destacar en primer lugar los desplazamientos circulares que caracterizan a este Arte Marcial.

Los desplazamientos siempre procuran ser envolventes, evitando la confrontación directa con el adversario, al mismo tiempo que la propia inercia del movimiento concede al defensor la capacidad de incrementar la potencia de las técnicas que realiza. Esta característica permite que personas con poco peso o no muy fuertes puedan llegar a controlar a alguien que le supera en altura y fuerza. Cada paso realizado en Aikido equivale a la búsqueda constante del desequilibrio del compañero procurando mantener la propia estabilidad. El sentido circular de estos desplazamientos también se aplica en la forma de llegar a ocupar el centro físico del atacante, lo que faculta, llegado el caso, realizar desplazamientos enérgicos en espacios muy reducidos.

Este concepto de circularidad también se aplica en el control de las luxaciones, pues es el único método que respeta la forma natural del cuerpo del atacante. Todas las articulaciones del cuerpo humano se rigen por espirales concéntricas. Como ejemplo solo debemos extender un brazo y a continuación observar cómo se cierra el puño y flexionar el brazo hasta plegarlo por completo.

Dentro de la amplia gama de luxaciones que dispone el Aikido, son muy pocas las que bloquean las articulaciones en sentido contrario al desarrollo natural de las extremidades. El Aikido busca la economía y sencillez en todas sus técnicas, pero bajo la premisa de mantener la integridad del compañero.

Las proyecciones son el tercer elemento técnico que caracteriza y diferencia al Aikido de otras Artes.

En grados avanzados es la forma técnica más común para resolver el ataque del compañero, pues requiere conocer diferentes posibilidades que ofrecen desplazamientos y luxaciones combinados entre sí. Sin embargo en el Aikido, a diferencia del Judo o el Jiu-Jitsu, las proyecciones son realizadas con la idea de “dar salida” a toda la inercia creada del movimiento conjunto entre TORI y UKE. Esta voluntad de no bloquear los desplazamientos del atacante, ni de romper la fluidez del movimiento corporal, hace que desde fuera, el Aikido sea visto como un Arte Marcial muy estético, que a veces recuerda una danza. Para hacer posible una proyección el defensor debe ocupar el centro de equilibrio del atacante y hacerlo suyo para después devolvérselo en las condiciones que deseemos.

Llegados a este punto se hace obvio la necesidad por parte del atacante de practicar profusamente la técnica de las caídas. Un UKE (atacante) que no sepa caer no debe practicar más allá de sus posibilidades. Estas caídas (UKEMI), se practican desde el primer día y poco a poco van evolucionando hasta alcanzar el grado necesario para entrenar sin peligro.

Una vez el aikidoka ha logrado cierto dominio de su cuerpo y su mente, se entra en el conocimiento del trabajo con las armas tradicionales de Aikido. Estas están hechas en madera y simulan la daga, el sable y el bastón japoneses.

El entrenamiento en su manejo, tanto en el ataque como en la defensa, facilita la comprensión del trabajo a mano vacía, pues la mayoría de técnicas están muy relacionadas con el Kenjutsu (técnica del manejo del sable). Proporcionan sentido de realidad y obligan a la concentración del practicante, al tiempo que permiten desarrollar el control de las diferentes distancias de trabajo.

Al tener que atacar o defender con alguna de estas armas, el aikidoka descubre la lógica y el origen de los desplazamientos circulares que caracterizan el Aikido. Algunos incorporan a su práctica la Katana de la práctica del Iaido (desenvainar) como expresión de la máxima anticipación, concentración y precisión.

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