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sábado, 25 de junio de 2016

Entrevista a Sensei Tomita (por Rev. Cinturón Negro)

Entrevista a Sensei Tomita ( por Revista Cinturón Negro )
Tomado de la revista Cinturón Negro, 2010



Inexorablemente, nuevas voces pueblan el panorama del Aikido a nivel mundial. El recambio generacional es un hecho; pese a las buenas palabras de unos y otros, diferentes corrientes surcan las aguas revueltas del intempestivo estuario del arte de Ueshiba en los albores del siglo XXI. En esta labor de traeros a los más destacados personajes del Aikido internacional hoy os presentamos al Maestro Tomita Seiji.
Tomita tiene no sólo un gran interés como maestro, sino también como persona; pude percibir en él una gran sensibilidad hacia lo abstracto, un sexto sentido enfocado siempre en lo intangible, un espacio interior vivo en el que la descripción de sus percepciones personales del mundo se superpone continuamente a la comprensión de la realidad. Indudablemente está interesado en las formas pero para él, éstas únicamente tienen valor en función de una experiencia y de unos contenidos que sólo responden a sus propias pautas en la manera de afrontar el hecho de la vida y la evolución propias.
Espero que esta presentación no resulte demasiado abstracta pero, creedme! Tomita me contagia con su forma de ser. Es difícil describir a una persona que vive enfocada en lo intangible. Al tratar de visualizarla te encuentras ante esa bruma en la que habita. De Morihei Ueshiba se decía lo mismo. El mismo Tomita nos habla de ello, si bien él lo achaca al cambio generacional y educativo.
Tomita es un guerrero, en el sentido de aquel que busca batirse consigo mismo. Viene a Europa para instalarse en Bruselas y crea la sede europea del Aikikai de Osaka, organización de la que formó parte en Japón. Y lo hace para ponerse en situación de encontrarse a sí mismo. Aparentemente contradictorio y evasivo en persona, se abre sorprendentemente claro y sincero al responder a nuestras preguntas.
Gran interés especialmente para aquellos interesados en el Aikido como una vía de auto encuentro y desarrollo personal. Es sin duda un hombre peculiar, de esos que no se prodigan en los medios, pero también es ese tipo de individuos que ha vivido mucho y con mucha intensidad. ¡Estos!, ¡estos son los hombres de los que se puede aprender a aprender! Por eso hoy os lo traemos a éstas que son vuestras páginas.
Tomita Seiji Shihan, nació cerca de Kyoto en 1938. A la edad de 6 años comenzó a practicar Sumo, Kendo, Judo, Karate y, más tarde, se inició en el laido y en el Aikido. Su profesor fue el maestro Tanaka Bansen. O Sensei Morihei Ueshiba, originario de la zona, visitaba frecuentemente su Dojo en Osaka para impartir sus enseñanzas. Tomita Shihan recibió el grado de Shodan en 1957, y continuó la práctica intensiva con el maestro Tanaka Bansen.
En 1969 crea la Fundación del Aikikai de Osaka y más tarde el Aikikai de Taiwán. En 1988 se instala en Bélgica y abre en Bruselas la BAN SEN JUKU, la escuela de las corrientes infinitas, como sede central en Europa del Aikikai de Osaka. Está sumamente interesado en el principio único fundamental, común a todas las Artes Marciales. Cuando enseña Aikido, Tomita Shihan hace un amplio uso de armas y también combina la práctica diaria del Aikido con el Iai (el arte de desenvainarla espada).
Cinturón Negro: ¿Por qué practica diferentes Artes Marciales como el IAIDO?
Tomita Seiji Shihan: Para mí es completamente imposible explicar Aikido sin el sable real. Todos los movimientos del Aikido surgieron básicamente bajo el sable. El lai es, por consiguiente, la entrada. Sin el sable como arma fundamental, las Artes Marciales tradicionales japonesas no existen. El lai es representativo, es el Arte Marcial tradicional básico. No me refiero al laido moderno, principalmente con formas superfluas y moviéndose a lo largo de líneas rectas, en el que la idea tradicional del Taisabaki está casi perdida y olvidada. Algunos dicen que no es más que una actuación con sable.
Pero como concepto básico, el lai todavía nos transmite la forma de manejar el sable como una técnica tradicional e incluye todos los elementos del Arte Marcial con sable, como la cortesía e incluso la fuente de la respiración. Un sable real puede herirnos, es necesario concentrarse, tener cuidado. Antes de desenvainar, debemos de tener en cuenta las circunstancias que nos rodean. Hoy, el uso del Ken en Aikido casi ha llegado a ser egoísta. Para el entrenamiento básico tememos que guardar la esencia, mantener la línea de corte para poder hacer un marcado Taisabaki hacia la línea de ataque y, en el mismo sentido, también la idea del Atemi.
C.N.: ¿Cómo aprendió laido?
T.S.S.: Mientras estaba practicando Aikido en Japón, tuve la suerte de que el Gran Maestro Oomori Masao, de la Muso Jikiden Hasegawa Eishin Ryu y Hooki Ryu Ogura Sinpu, fundador de la Shin Shin Ryu, KENBU y SHIGIN (danza con sable y recitación de poesía china) asistiera a nuestras clases de Aikido. Al acabar, me daba clases particulares.
C.N.: ¿Qué sentido tiene hoy la práctica del Budo?
T.S.S.: Podemos escoger cómo ver la vida, cómo dirigirla, pero inevitablemente surgirán complicaciones, dentro de nosotros y con los demás. La vida diaria es como un campo de batalla. Nuestro mayor desafío es mantener nuestra mente libre y vivir apaciblemente a lo largo de nuestra existencia.
La valiosa experiencia guerrera del SAMURAI con la espada, fue reducida a su esencia por el sencillo carácter japonés y así se creó el espíritu del BUDO, que nos enseña a vivir.
Actualmente, la vida es bastante pacífica, apenas necesitamos las Artes Marciales para la defensa propia. Pero los logros del Budo nos ofrecen la oportunidad de entrenar nuestra mente para actuar con cuidado, para desarrollar la perspicacia, la concentración y salud, y para mantener nuestra mente en calma mientras estamos ocupados.
El BUDO nos da el valor necesario para enfrentarnos con dificultades, nos enseña a resolver problemas fríamente y sin miedo.
C.N.: ¿Qué importancia tienen las técnicas?
T.S.S.: Debemos sobrevivir todos y no solamente los especialistas en Artes Marciales. Cada uno de nosotros es, en esencia, un artista marcial, tenemos técnicas naturales de supervivencia. Somos guerreros desde la misma concepción: hay muchos competidores entre los espermatozoides. Todos debemos ser profesionales de la vida, no aficionados.
Cómo vivir es un sincero problema del BUDO. Vivir y morir es una sola cosa, una única oportunidad. Queremos asimilar la mayor cantidad posible de técnicas. Pero cuando tenemos que utilizarlas, sólo necesitamos una. Debemos, por así decirlo, "cortarnos la cabeza y simplemente actuar". En este sentido, la técnica se puede fundir con nuestras acciones. Éste es un aspecto del BUDO, cómo manejar nuestro Kl en sí mismo, como vida.
C.N.: Entonces ¿debemos olvidarnos de las técnicas?
T.S.S.: Así es. Siguiendo la mentalidad del BUDO, si empezamos a pensar en qué técnica usar, perdemos la oportunidad. Es necesario actuar: sólo lo suficiente, inmediatamente, espontáneamente, simultáneamente.
C.N.: ¿Es el principio único común a todas las Artes Marciales?
T.S.S.: Al final, no hay Arte Marcial. ¿Cómo vivir mejor? Si se comprende el Aikido no hay necesidad de darle el nombre de "Aikido". Después de haber pescado el pez hay que olvidarse de la red, pero hasta ese momento es necesario tejer una red sólida y fuerte. Existen muchos estilos de Artes Marciales. Pero el principio es uno: MUSHIN, cómo vivir con todas tus fuerzas, de acuerdo con las condiciones actuales. Sólo la apariencia es diferente.
C.N.: ¿Cuál es el papel del equilibrio?
T.S.S.: Cuando se llevaban armaduras era muy difícil hacer un corte o golpear con éxito. Entonces lo más importante era cómo mantenerse en una situación favorable. Por otro lado, si se controla el equilibrio del adversario y se lleva a su peor situación, no se necesita ninguna técnica específica. Es la idea de YAWARA, la suave flexibilidad del bambú o un muelle. Sea cual sea la técnica, y en cualquier circunstancia, la práctica debe hacernos aprender la forma de mantener bien el equilibrio en todo el momento. Para lograrlo, es necesario moverse desde el HARÁ como el centro del propio equilibrio y desarrollar el verdadero significado de HARÁ: el sentimiento de no tener brazos, ni piernas, el saber que nunca se pierde el equilibrio incluso al rodar. No debemos movernos por medio de las manos y de las piernas, sino por medio del punto de equilibrio, y todo nuestro cuerpo seguirá las órdenes del comandante. Hay que moverse, pero sin moverse, sin perder el equilibrio. Entonces podremos absorber el Kl de nuestro adversario dentro de nuestro equilibrio, dejándolo así impotente. Si logramos hacerlo de esta forma, podremos actuar todo el tiempo libremente, sólo como nosotros mismos. Entonces no necesitaremos ninguna otra técnica.
Estar en equilibrio significa cooperar con los principios del universo, significa estar en equilibrio con la gravedad de la tierra y a través de ello con el universo entero. En ese sentido, estando en equilibrio perfecto, somos parte del universo, somos el propio universo, como dijo el fundador del Aikido.
C.N.: ¿Qué nos puede decir sobre el Ki?
T.S.S.: La forma de hacer surgir y mejorar el poder natural del Kl es la especialidad del AIKI como BUDO. Debemos confiar en el poder vital que todos tenemos como energía potencial, Kl o poder de la mente. Entonces podremos manejarnos totalmente, no sólo con la fuerza muscular.
Todos podemos usarlo, todos tenemos igual Kl, grandes y pequeños, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. La corriente de Kl, como un arroyo de agua, es mucho más importante que las formas o técnicas. Es la señal de estar vivo, es nuestra propia vida. Nuestra vida existe con la corriente, desde el HARÁ con la respiración abdominal como una corriente de aire, que estalla por medio de las técnicas como Kl a presión. De esa manera podemos envolver a nuestro adversario en un torbellino de Kl. Los movimientos que surgen espontáneamente de ese torrente son las técnicas reales. Entonces podemos actuar de una manera libre, exactamente como el propio Kl espontáneo. Ése es el significado de TAKE MUSU AIKI, o el nacimiento fresco de técnicas según las circunstancias. El propósito principal del AIKIDO es alcanzar este punto.
C.N.: ¿Cómo conoció a OSensei?
T.S.S.: Gracias a mi maestro Tanaka Bansen, a través de cursos. Ueshiba visitaba con frecuencia el Dojo de Osaka.
C.N.: ¿Tuvo oportunidad de beneficiarse de las enseñanzas esotéricas de OSensei?
T.S.S.: La manera que OSensei describía sus técnicas era casi una explicación sintoísta. Era muy complicado, más allá del entendimiento, incluso sin la barrera del idioma. Él utilizaba conceptos SHINTO que los jóvenes no podían comprender.
Después de la guerra, la educación cambió mucho. Además, era muy desconcertante para nosotros, su movimiento era cada vez diferente, no mostraba dos veces la misma forma y realmente detestaba sólo transmitir formas. Con la idea de entender a OSensei, intenté pasar por la misma experiencia que él tuvo, hice purificación MISOGI y aprendí de tres diferentes maestros que casi dieron una nueva traducción a sus explicaciones. Tanaka Bansen estaba muy cerca de sus conceptos religiosos y de su vivido interés en el Kotodama. Otro gran traductor fue Koichi Tohei (Ki no Kenkyukai), quién explicaba el Aiki desde un punto de vista del Kl, y también Morihiro Saito (Iwama), que insistía obstinadamente en la dura práctica básica y armas en las que OSensei siempre hacía hincapié.
C.N.: ¿Por qué abandonó Japón?
T.S.S.: Yo vine a Occidente para comprender la cultura oriental desde la distancia, desde el exterior, viviendo en Bruselas, la capital de la UE. Dicen que hay que irse al extranjero para tener noticias de casa. Quedándome en Japón, elegiría la comodidad de la evidencia y allí no pensaría mucho en ello.
C.N.: ¿Qué sentido tiene una escuela en los tiempos de las grandes organizaciones de Aikido?
T.S.S.: El número de alumnos a los que puede llegar la enseñanza es limitado. OSensei enseñaba a pequeños grupos en privado, una tradición del Budo. En un hipermercado se pueden encontrar muchos artículos, pero si se quieren encontrar realmente productos de calidad hay que ir a una tienda especializada. Cada uno es libre de elegir. Debes de encontrar un maestro con el que congenies, si no lamentarás el tiempo que has perdido. Todavía hay algunos maestros adecuados.
C.N.: ¿Qué diferencia existe entre profesor y alumno?
T.S.S.: La actitud es importante para ambos, como el filo del sable. Un buen sable necesita una buena piedra de afilar. El maestro debe tener buenos alumnos y estos un buen maestro. Enseñar es aprender.
C.N.: ¿Cómo ve Vd. la evolución del Aikido en estos momentos?
T.S.S.: Existen muchos puntos de vista, algunos más psicológicos y otros solamente físicos. En el peor caso, se llega a convertir en una danza irreal, solamente idealista. El Aikido se desarrolla por diferentes caminos. Pero, como en la historia de los ciegos y el elefante, lo que necesitamos es atrapar la esencia, una visión global, en directa intuición. La corriente principal del Aikido se basa en el segundo Doshu, KISHOMARU SENSEI, que lo tradujo para las nuevas generaciones y popularizó el Aikido. Pero parece que el sabor de la época de OSensei se está perdiendo cada vez más. ¿La política?, el Aikido es más "armonizar", sin embargo otros piensan en "controlar". Las asociaciones deben favorecer las condiciones para un buen entrenamiento, no para la política.

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Los seis ciegos y el elefante ( cuento popular)

Nuestra verdad es solo la porción de realidad que percibimos.-



En la Antigüedad, vivían seis hombres ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era el más sabio. Exponían sus saberes y luego decidían entre todos quién era el más convincente.

Un día, discutiendo acerca de la forma exacta de un elefante, no conseguían ponerse de acuerdo. Como ninguno de ellos había tocado nunca uno, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y así salir de dudas.

Puestos en fila, con las manos en los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva. Pronto se dieron cuenta que estaban al lado de un gran elefante. Llenos de alegría, los seis sabios ciegos se felicitaron por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema.

El más decidido, se abalanzó sobre el elefante con gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas hicieron tropezar y caer de bruces contra el costado del animal. “El elefante  –exclamó– es como una pared de barro secada al sol”.

El segundo avanzó con más precaución. Con las manos extendidas fue a dar con los colmillos. “¡Sin duda la forma de este animal es como la de una lanza!”.

Entonces avanzó el tercer ciego justo cuando el elefante se giró hacía él. El ciego agarró la trompa y la resiguió de arriba a abajo, notando su forma y movimiento. “Escuchad, este elefante es como una larga serpiente”.

Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos. El sabio agarró la cola y la resiguió con las manos. No tuvo dudas, “Es igual a una vieja cuerda” exclamo.

El quinto de los sabios se encontró con la oreja y dijo: “Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano”.

El sexto sabio que era el más viejo, se encaminó hacia el animal con lentitud, encorvado, apoyándose en un bastón. De tan doblado que estaba por la edad, pasó por debajo de la barriga del elefante y tropezó con una de sus gruesas patas. “¡Escuchad! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera”.


Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa. Sentados de nuevo bajo la palmera que les ofrecía sombra retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante. Todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera y creían que los demás estaban equivocados.


sábado, 12 de abril de 2014

Conceptos éticos y filosóficos en el Aikido

Conceptos éticos y filosóficos en el Aikido
Por Jaume Segura



Clase en el  NYA con Yamada Sensei

Herir a tu oponente es herirte a ti mismo. Aikido es controlar la agresión sin producir daños”. Morihei Ueshiba

Las dos frases del encabezamiento condensan lo que a rasgos generales se entiende como la máxima expresión de la práctica del Aikido.

Lo más difícil de estudiar en el Aikido no son las técnicas en sí, bien al contrario, lo agotador es controlar la violencia que surge de nuestro interior cuando no sentimos amenazados, lo cual no es más que el reflejo de nuestras inseguridades.
Bien es cierto que aunque la técnica de Aikido puedan usarse como defensa personal ante una posible agresión (el Aikido es un arte marcial completo y eficaz), Morihei Ueshiba no las creó como un método de lucha más. Su intención fue desarrollar un Arte capaz de integrar a la persona en todos sus aspectos, física, mental y energética. Es más saludable saber que si llega el caso no nos pondremos a la altura de quien nos ataca. Nos defenderemos con proporcionalidad (como marca la Ley), con firmeza pero con serenidad, procurando respetarnos a nosotros mismos impidiendo que nuestra rabia o nuestro miedo lleguen a avergonzarnos. En Aikido no se utiliza la palabra ENEMIGO, decimos oponente, compañero, o simplemente UKE (el que es dirigido, el que ataca), pues si mientras entrenamos, nuestra mente ve un contrincante en la persona que realiza el ataque, el sentido competitivo impedirá una respuesta respetuosa con él. Así, en el Aikido no hay competiciones que enfrenten un aikidoka contra otro. Si por descuido, rabia o descontrol infligimos un daño a UKE, debemos ser conscientes de la responsabilidad que adquirimos al aprender técnicas marciales, muchas de ellas potencialmente peligrosas para nuestros compañeros. La persona que entrena Aikido asume que desea cultivar sus capacidades para mejorar su calidad de vida, no para maltratar a quien se le ponga por delante. Es de personas inteligentes saber apreciar lo que piensan o sienten los demás, un aikidoka nunca menospreciará a su oponente, pues él le da la oportunidad de experimentar su propio crecimiento personal. Se podría decir que UKE es como un espejo para nosotros. El estado físico y psíquico en que dejamos a nuestro compañero al acabar la técnica nos indicará en qué estado estábamos nosotros. Dependiendo del grado de control que tengamos en nuestro cuerpo y nuestras acciones, dependerán los resultados. La palabra Aikido, en japonés está compuesta por tres ideogramas que representan tres conceptos: El primero de ellos: AI, significa Unión o Armonía y habla de la relación que debe haber entre los diferentes elementos que componen un todo. El segundo ideograma: KIse puede traducir como Energía y hace referencia a las fuerzas o energías que nos mueven, cuerpo, mente y espíritu. Por último, el tercero: DO es Camino o Vía, y habla del compromiso personal que se elige libremente al seguir una dirección concreta.
Esta definición, explica que el Aikido es una disciplina que intenta armonizar las energías que componen el individuo. Tal explicación no diferiría de otras artes marciales tradicionales, si no se diera la máxima importancia al hecho de preservar la integridad física y moral del adversario.

Entre aikidokas experimentados siempre surge la duda si la filosofía del Aikido es la que crea las técnicas, o es al revés; las técnicas llevan a la filosofía. Las dos razones son ciertas: al principio, cuando accedemos al Aikido ignorando su espíritu, las técnicas nos hacen comprender que hay formas más armoniosas de defenderse que simplemente golpeando con saña al agresor. Con el tiempo, sin embargo descubrimos que la persona no necesita, ni desea realmente hacer daño a los demás para protegerse, así que es una opción personal comportarse de forma violenta. Comprendemos que las técnicas de Aikido contienen el espíritu de la Paz, puesto que nos educa el instinto primario de la agresividad. Al conseguir llegar aquí, el aikidoka se esfuerza porque las técnicas contengan el grado máximo de armonía.

Otro aspecto relevante en la práctica de este Arte es el hecho de experimentar los dos papeles, atacante y defensor con un mismo ánimo, desde una perspectiva no solo de aprendizaje técnico, sino también como una experiencia que forma nuestro carácter. El papel de TORI (el que dirige, el defensor), no es más importante que el de UKE (el que es dirigido, el que ataca), bien al contrario se cree que si no desarrollamos primero las habilidades como UKE no podremos llegar a ser unos buenos TORI. Esto es así debido a la particular forma de las técnicas de Aikido, que buscan convencer antes que dominar, lo cual nos obliga a entender que le ocurre a UKE cuando le realizamos una técnica.

El Aikido posee una diferencia básica respecto a otras artes marciales, y ésta es su deseo de no violentar al agresor. Dicho así, en un primer momento podría parecer que las técnicas de Aikido son blandas, o incluso más teóricas que prácticas. Nada más alejado de la realidad. Una de las dificultades que entraña su práctica es aprender a utilizar las técnicas sin llegar a hacer daño, y sin que pierdan su efectividad.

Para conseguir esto, es necesaria la máxima concentración y un esfuerzo consciente en mantener nuestra atención en el AQUÍ y AHORA, pues no se debe olvidar que se está entrenando un arte marcial que mal aplicado puede ocasionar lesiones muy importantes. La persona que recibe las técnicas (UKE), juega un papel muy importante, ya que quien aplica esas técnicas (TORI), deberá evaluar muy bien el grado de adaptabilidad de su compañero. Un UKE rígido física y mentalmente se pone en peligro así mismo, lo mismo ocurre si dicho UKE se relaja hasta tal punto que se abandone a la suerte, por lo que TORI debe tener en cuenta en todo momento el estado psíquico y físico de su compañero. Lo ideal en todo momento es mantener una voluntad de atacar con decisión y recibir la respuesta con espontaneidad. La adaptabilidad por parte de UKE al recibir sobre sí la técnica defensiva debe ser comparable a la de TORI al recibir el ataque, puesto que las técnicas de Aikido parten de la capacidad de absorber una agresión, redirigiendo la energía y la inercia para finalmente devolverla, de forma controlada y acrecentada a quien te ataca.

La observación y respeto del cuerpo del oponente, permite realizar luxaciones que en muchas ocasiones acaban en proyecciones. Esto es así porque el Aikido nunca va en contra de lo que el cuerpo necesita. Si UKE al atacar y descargar su golpe, donde esperaba encontrar resistencia encuentra inercia no podrá evitar desequilibrase. Para evitar hacerse daño al caer intentará recuperar el equilibrio, si en ese instante le ayudamos a recuperarse sumando su propio impulso al nuestro, su empuje inicial se multiplica de tal forma que pierde todo control sobre su desplazamiento. Llegados a este punto se entiende que el trabajo de quien ataca (UKE), sea tan importante. Por dos motivos: 1) deberá atacar con decisión para que TORI pueda aprender a defenderse realmente; 2) el aprendizaje de caídas o la adaptabilidad ante determinadas presas permitirá a TORI trabajar con confianza y precisión.

Las luxaciones en Aikido se aplican por la necesidad de reconducir los desequilibrios de los desplazamientos de UKE en la dirección que nos interesa, y la posibilidad de llegar a inmovilizar al atacante. Las proyecciones son la forma lógica y natural de dar salida a una inercia y una energía que solo UKE, a través de una caída controlada, puede disipar. Con estas premisas la persona que defiende (TORI), no necesita una constitución física fuerte, ni tener una altura importante; basta con cierto grado de reflejos y un nivel normal de agilidad que le permita moverse con soltura. Esto explica porque tantas personas en todo el mundo, sin distinción de edad, sexo o fuerza física practican Aikido.

Dentro de lo que sería el repertorio básico de las técnicas de Aikido, se debe destacar en primer lugar los desplazamientos circulares que caracterizan a este Arte Marcial.

Los desplazamientos siempre procuran ser envolventes, evitando la confrontación directa con el adversario, al mismo tiempo que la propia inercia del movimiento concede al defensor la capacidad de incrementar la potencia de las técnicas que realiza. Esta característica permite que personas con poco peso o no muy fuertes puedan llegar a controlar a alguien que le supera en altura y fuerza. Cada paso realizado en Aikido equivale a la búsqueda constante del desequilibrio del compañero procurando mantener la propia estabilidad. El sentido circular de estos desplazamientos también se aplica en la forma de llegar a ocupar el centro físico del atacante, lo que faculta, llegado el caso, realizar desplazamientos enérgicos en espacios muy reducidos.

Este concepto de circularidad también se aplica en el control de las luxaciones, pues es el único método que respeta la forma natural del cuerpo del atacante. Todas las articulaciones del cuerpo humano se rigen por espirales concéntricas. Como ejemplo solo debemos extender un brazo y a continuación observar cómo se cierra el puño y flexionar el brazo hasta plegarlo por completo.

Dentro de la amplia gama de luxaciones que dispone el Aikido, son muy pocas las que bloquean las articulaciones en sentido contrario al desarrollo natural de las extremidades. El Aikido busca la economía y sencillez en todas sus técnicas, pero bajo la premisa de mantener la integridad del compañero.

Las proyecciones son el tercer elemento técnico que caracteriza y diferencia al Aikido de otras Artes.

En grados avanzados es la forma técnica más común para resolver el ataque del compañero, pues requiere conocer diferentes posibilidades que ofrecen desplazamientos y luxaciones combinados entre sí. Sin embargo en el Aikido, a diferencia del Judo o el Jiu-Jitsu, las proyecciones son realizadas con la idea de “dar salida” a toda la inercia creada del movimiento conjunto entre TORI y UKE. Esta voluntad de no bloquear los desplazamientos del atacante, ni de romper la fluidez del movimiento corporal, hace que desde fuera, el Aikido sea visto como un Arte Marcial muy estético, que a veces recuerda una danza. Para hacer posible una proyección el defensor debe ocupar el centro de equilibrio del atacante y hacerlo suyo para después devolvérselo en las condiciones que deseemos.

Llegados a este punto se hace obvio la necesidad por parte del atacante de practicar profusamente la técnica de las caídas. Un UKE (atacante) que no sepa caer no debe practicar más allá de sus posibilidades. Estas caídas (UKEMI), se practican desde el primer día y poco a poco van evolucionando hasta alcanzar el grado necesario para entrenar sin peligro.

Una vez el aikidoka ha logrado cierto dominio de su cuerpo y su mente, se entra en el conocimiento del trabajo con las armas tradicionales de Aikido. Estas están hechas en madera y simulan la daga, el sable y el bastón japoneses.

El entrenamiento en su manejo, tanto en el ataque como en la defensa, facilita la comprensión del trabajo a mano vacía, pues la mayoría de técnicas están muy relacionadas con el Kenjutsu (técnica del manejo del sable). Proporcionan sentido de realidad y obligan a la concentración del practicante, al tiempo que permiten desarrollar el control de las diferentes distancias de trabajo.

Al tener que atacar o defender con alguna de estas armas, el aikidoka descubre la lógica y el origen de los desplazamientos circulares que caracterizan el Aikido. Algunos incorporan a su práctica la Katana de la práctica del Iaido (desenvainar) como expresión de la máxima anticipación, concentración y precisión.

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