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lunes, 29 de abril de 2019

Aikido, conciencia de tu fuerza y liderazgo


Aikido, conciencia de tu fuerza y liderazgo

Tomado de; http://neuromanagement6.com/aikido-conciencia-de-tu-fuerza-y-liderazgo/

 


Cada vez que nos hacemos más conscientes en el camino de liderar, guiar, aportar luz, inspirar y servir a los demás estamos dando un paso en nuestro propio camino de desarrollo y transformación.

En este post quiero profundizar en las conexiones y aprendizajes que se pueden hacer poniendo en práctica las enseñanzas del AIKIDO con el desarrollo del liderazgo y, compartir específicamente, mis aprendizajes aplicables en el campo del auto-liderazgo.

Llevo 20 años en el mundo del desarrollo de personas y organizaciones, unos 5 años cuando fui consciente de lo que significa el mundo VUCA  y 1 año en la práctica del AIKIDO y, me he dado cuenta de las grandes posibilidades que ofrece su filosofía y la forma de interactuar con lo que nos rodea. Un aprendizaje fundamental que quiero compartir está relacionado con la conciencia de tu fuerza. [VUCA. Las siglas responden al acrónimo de volatilidad (volatility), incertidumbre (uncertainty), complejidad (complexity) y ambigüedad (ambiguity)].

En nuestro contexto vital actual acentuado por el mundo VUCA, vivimos marcados por las prisas, la inmediatez, el “no llego a nada o no llego a todo…” y una continua exposición a las interrupciones por el exceso de información en todo tipo de formatos. Toda esta manera de vivir cortoplacista y en el “ASAP” forma el caldo de cultivo perfecto para estar cada día más alejados de tener el espacio y el tiempo para desarrollar un cerebro balanceado que nos permita conectarnos más con nosotros mismos para seguir desarrollando nuestra conciencia.

El primer aprendizaje de mi auto-liderazgo relacionado con mi práctica del AIKIDO es tener un punto de referencia real sobre cuál es la “conciencia de mi fuerza”. Cuando estoy realizando algunas de las técnicas básicas, a veces mi Sensei (Maestro) me dice: “cuidado Javier, sin romperle la mano…” y de verdad, siempre pienso: “claro, claro, por supuesto, ya lo sé…” y luego me digo: “si estoy relajado…”. Uno mismo puede creer o pensar que está haciendo bien o muy bien una técnica pero no te ves a ti mismo por lo que hay un área de información ciega para mí y visible para el resto (mi compañero directo, los demás y el Sensei) que me estaría perdiendo sino la tengo en consideración.

Si bien es muy cierto que lo importante de conocer esta información es para incorporar nuevos aprendizajes que me permitan mejorar mi técnica en el AIKIDO; para mí lo más importante de este tipo de comentarios o feedback que me hacen es que son una ventana de información para saber “cómo estoy yo por dentro” y el “tipo de impacto” no consciente que estoy transmitiendo; porque podemos estar generando una situación con consecuencias no deseadas tanto para uno mismo como para la otra parte. Insisto que creo necesario hacernos conscientes del impacto no solo de nuestra acción (comportamiento específico) y además de nuestra intención (sobre todo si es inconsciente).

Mi “impacto” hacia los demás es que “les puedo hacer daño debido a la intensidad física” con la que hago las técnicas aunque yo crea que estoy “calmado y presente” haciéndolas y que mi intención es honesta. Esto me permite una mayor capacidad de autorregulación y constatar otro aprendizaje muy importante en el desarrollo del liderazgo personal o auto-liderazgo y que desde mi punto de vista podemos llamarlo MAESTRÏA y, por ello, para crecer en la misma se necesitan muchas horas de entrenamiento y perfeccionamiento para realmente incorporar, alinear e integrar plenamente cabeza, corazón y cuerpo.

Volviendo al ejemplo, cuando pienso que tengo dominada una técnica pero mi cuerpo está impactando de otra manera a la esperada en mi compañero ya me está informando de mi “estado interno” y de que hay un desajuste entre mi impacto e intención. Aquí es donde está la oportunidad para dar tiempo al autoconocimiento y al feedback que nos dan desde fuera y aprovechar la oportunidad de aprender, mejorar y cambiar un poquito más. Ese comportamiento habitual que genera un impacto es lo que se conoce por mis hábitos o patrones (tanto de conducta como de pensamiento) y que salen de mí mismo en automático.

La neurociencia nos dice que uno de los patrones básicos de funcionamiento de nuestro cerebro es la supervivencia y, en relación con esto, todo aquello que active una potencial amenaza, seguramente, además me suponga un gasto extra de energía; por ello, mi cerebro de forma inconsciente y en automático lo va a sabotear porque actúa desde esa energía relacionada con lo que quiere evitar. Por ejemplo: en la práctica del AIKIDO y he comentado antes una situación en la cual me están dando un feedback específico sobre mi impacto y si, inconscientemente, “no quiero mostrarme vulnerable por reconocer no saber hacer con la maestría suficiente una determinada técnica que llevo más de un año practicando….”. ¿Os suena que esto ocurre todos los días en el liderazgo de personas? o que “no nos atrevemos a preguntar una duda haciendo que controlo o domino algo por buscar la aprobación externa…”; ¿Cuántas veces en reuniones de trabajo o personales hemos callado debido a este condicionamiento?.

En estos ejemplos estaríamos liderándonos desde un cerebro reactivo, donde la energía que impera es la “urgencia” por actuar y resolver lo que sea de la manera más rápida posible porque estamos dominados por la amígdala (el guardián de nuestro cerebro emocional) y la tensión derivada del miedo o de la amenaza o de ambos que representa esa situación. El grado de tensión interna en el cuerpo y de agitación muscular más un neurotransmisor llamado cortisol, aceleran aún más este estado.

Y al mismo tiempo, si mi cerebro ve la recompensa que supone el auto-conocimiento de trabajarse y ampliar nuestra conciencia sobre nosotros mismos también lo va a permitir y potenciar. En este punto estaríamos liderándonos desde un cerebro creativo, en el que ya estamos incluyendo al reactivo y aunque tengamos el detonante de la reactividad a punto de boicotearnos (ese hábito o patrón habitual antes comentado) nuestro cerebro también activa nuestro circuito de recompensa cuando estamos actuando desde el ser, desde la plena presencia y la conexión apasionada con lo que nos da sentido de vivir. Por contrario, el grado de tensión muscular es diferente y estimulante, derivados de la sensación de bienestar, de cierta euforia y recompensa que producen neurotransmisores como la dopamina o la serotonina y que nos alejan de nuestro juez interno y esto nos permiten estar en un grado de presencia plena realizando las técnicas con maestría.

Esto es lo que trabajaba mucho el fundador del AIKIDO, Morihei Ueshiba, que en japonés se llama el sumi-kiri (la claridad de mente y cuerpo). Por ello, “Morihei nunca atacaba, pues esto significaría haber perdido el control… El estado de la mente del aikidoka debe ser pacífico y en armonía, no violento…

En este sentido quiero compartir una vieja historia de un “aprendiz eficiente” que quería estudiar artes marciales, y es la siguiente:

“Un joven muchacho viajó a través de Japón hacia la Escuela de un famoso artista marcial. Cuando llegó al Dojo le fue dada una audiencia por el Sensei y  le preguntó al maestro: ¿Qué esperas de mí?.

“Espero ser su estudiante y convertirme en el mejor karateca de la isla” y el joven le replicó: ¿Cuánto tiempo debo estudiar?.

“Diez años como mínimo” el maestro contestó.

¡Diez años es mucho tiempo…¡ dijo el muchacho. ¿Qué hay si estudio el doble de duro que el resto de los otros alumnos?

“Veinte años” replicó el maestro.

¡Veinte años! ¿Qué hay si practico día y noche con todo mi esfuerzo?

“Treinta años”, fue la respuesta del maestro.

¿Cómo es que cada vez que digo que trabajaré más duro, Usted me dice que me llevará más tiempo?” el joven preguntó.

“La respuesta es clara. Cuando un ojo apunta a un objetivo, solo queda un ojo libre con el cual hallar el camino.”

 

Cuando conocí esta historia me preguntaba: ¿cuántas veces habré corrido más de lo necesario para lograr antes mis objetivos? En mi experiencia personal, esa “forma de correr” estaba muy ligada a principios, valores y directrices que me han enseñado (imposición continua, ritmo acelerado, echar horas hasta las tantas, muy poca tolerancia al error propio y ajeno, contundencia y poca compasión, hacer antes que ser, tarea antes que personas, normas antes que cercanía…) y que he visto reflejados tanto en el mundo de la empresa como en casa, en el colegio, la universidad o en el deporte y que casi siempre impactaba en otros de una forma no deseada… y, además, uno cree que lo está haciendo bien, de la manera correcta y que se espera porque es la cultura que hemos vivido.

Por todo ello, desde mi punto de vista, todos tenemos experiencias para poder auto-observarnos y empezar a destilar esos hábitos para adquirir nuevos aprendizajes; y tenemos al menos dos maneras de aplicar esta filosofía: trabajar continuamente la capacidad de auto observación desapegada de evaluaciones y juicios previos y estar abierto de forma permanente a los feedback de los demás de forma curiosa, humilde y auténtica apreciando la sutil evolución de tu maestría cada día.

 

martes, 8 de mayo de 2018

Budo


BUDO

*Conferencia atribuida al fundador del Aikido, O Sensei Morihei Ueshiba

 


A lo largo de la historia, numerosos profesores de religión y filosofía han aportado su mensaje de verdad y han hablado del poder último de la Armonía. Sin embargo... ¿Por qué han resultado victoriosos quienes han entablado una lucha encarnizada contra esta Armonía, sirviéndose de la fuerza destructiva del Budo?.

Pocos pensadores y filósofos supieron expresar esta verdad con todo su ser. Sus teorías, formuladas sólo en palabras, no podían educar sino la mente. La verdad no es lógica.

Para descubrir esta verdad y alcanzar este poder último, es necesario emprender tres formas de entrenamiento simultáneo:

Debéis entrenar vuestra mente para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Debéis entrenar vuestro cuerpo para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Debéis entrenar el Ki, la fuerza del alma que unifica el cuerpo y la mente para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Si la mente está en Armonía con el Universo las palabras tienen que estarlo también. Las palabras deben estar unidas con el Kami. Seguidamente, los movimientos del cuerpo y la mente han de armonizarse con las palabras. Este es el secreto que el Budo me ha enseñado.

Me he dado cuenta que el cuerpo y la mente deben estar unidos por el Ki antes de incorporarse al Universo. A través de esta milagrosa función del Ki, el cuerpo y la mente pueden unirse y, en virtud del entrenamiento, comprenderéis la Unidad Universal. Entonces vuestra mente será límpida y vuestro espíritu irradiará salud. Os será posible resolver todos los conflictos y convertir a esta tierra en un mundo de paz.

Pero si se utiliza incorrectamente esta función milagrosa del Ki, el cuerpo y la mente zozobrarán en el desorden y el Universo se devendrá en caos. Es esencial que mente, cuerpo y Ki estén en Armonía con los ritmos del Movimiento Universal. El Aikido es la Vía de la Verdad. Y el entrenamiento del Aikido sirve para expresar la esencia de la verdad en la vida cotidiana. Es una expresión que genera el poder del Kami. Cualquier teoría en sí misma es inútil, debe ser llevada a la práctica. Con entrenamiento, la fuerza de la verdad se expande a la mente y el cuerpo y el Aikido los unirá con el Universo gracias al Ki.

domingo, 15 de octubre de 2017

¿Hay kata en el Aikido?

¿Hay kata en el Aikido?
Por Nick Lowry




¿Hay algo parecido al kata en el Aikido? Por supuesto que lo hay, es una pregunta tonta, pero si se parte de la base de que el Aikido es la invención de Morihei Ueshiba, llegamos a la conclusión de que en un principio, sorprendentemente, no lo había.

Tampoco había nombres para el waza. Eso me dejó noqueado la primera vez que lo supe. Ueshiba no llamó kotegaeshi al kotegaeshi, simplemente le llamó Aikido. No denominó iriminage al iriminage, sólo Aikido. No había nombres en absoluto, sólo aiki indiferenciado. En el flujo del momento aparecía una determinada cosa, a lo que el hacía tal otra, y ahí aparecía, simplemente AIKIDO, expresándose a través de él en una multitud de formas. No enseñó técnicas, sólo enseñó Aikido.

Había sólo acciones y reacciones – la expresión de lo que hacía a partir de los principios generales que encarnaba. Hiciera lo que hiciera, todo lo que pasaba era Aikido. No había estructuras para organizarlo, ni instrumentos de enseñanza como kihon, kata o similares. Todo era henka, todo era sólo variaciones sobre los temas generales. Hacía que funcionase, y lo hacía bien, estaba en la cima, era el artista marcial definitivo de su tiempo y lugar. Y fue puesto a prueba como ningún otro desde entonces (shinken shobu) con acero vivo, y si las leyendas son correctas con balas también. Lo de las balas puede ser un poco excesivo, puede haber algo de espectáculo de humo y espejos en este caso, pero no obstante es bastante bien conocido que fue por todos lados, judo, kendo, sumo, lo que sea, y era inalcanzable por todos los medios, armados y desarmados.

El nombres de las técnicas y los katas vinieron después. Mucho más tarde. Tuvo que ser introducido por otra mucha gente. Dio a estudiantes y profesores algo para aferrarse conceptualmente. Creados para una más simple (y paradójicamente en cierto modo más compleja) experiencia de aprendizaje. Por supuesto, algunas de esa estructuras, probablemente se remontan al arte predecesora en el aiki, el Daito Ryu, pero tengo que asumir que hay una diferencia sustantiva aquí. Si Ueshiba estaba enseñando Daito Ryu, entonces ¿por qué tomarse la molestia en fundar su propia escuela? Sin duda hay un montón de elementos del Daito Ryu en su trabajo, pero yo diría que no estaba solo reinterpretando el curriculum del Daito ryu. La suya era una expresión nueva y única en las artes marciales que tenía objetivos y propósitos únicos. Una vez que hablamos de AIKIDO, simplemente ya no se trata del viejo mundo de Takeda en absoluto. La expresión de Ueshiba era algo nuevo, creativo e inspirador, y originalmente indiferenciada.

Eso sigue siendo una sorpresa para alguien que ha heredado un enfoque muy racionalizado, muy sistematizado, con katas orientados al AIKIDO (y que me ayudan a trabajar en el día a día). Me parece fascinante considerar el AIKI desde este ángulo completamente diferente. Y de paso hay que destacar que el enfoque racional en cierta manera margina al Fundador, aún cuando ensalza su genio. Su aiki indiferenciado se convierte de alguna manera en algo “inferior” a nuestras nuevas y sistematizadas ideas. En algunos aspectos Ueshiba es presentado bien como una figura semejante a un Dios a quien nadie puede replicar (lo que no es nada bueno para nuestra investigación del arte, ya que en estos casos la replicación es importante), o bien es descartado como algún tipo de místico espiritual anacrónico, y al mismo tiempo nos consideramos modernos y mejor educados, racionales, y por lo tanto mejor equipados para enseñar el arte del Fundador. ¿Seguro?.

¿Somos realmente maestros más eficientes que Ueshiba? Ya, claro. ¿Tuvo de verdad problemas para enseñar a gente como Tomiki, Mochizuki o Shioda? Nuestra fantasía racionalista de superioridad sólo nos permite apartarnos del camino.

Aún así, este reflejo de alejarnos de lo misterioso y místico hacia una pedagogía educativa es tal vez natural, evolutivo. No todos tenemos que estar espiritualmente dotados para de obtener beneficios del entrenamiento en Aikido, pero creo que lo que puede ocurrir en tal caso (en el esfuerzo por hacer el misterio inteligible y comprensible) es una especie de reificación, osificando los fluídos conceptos del AIKI en “entidades conocidas”, para quedar a continuación rápidamente atascados en ellos. Hay una hermosa fluidez y poder en lo indiferenciado, y tal vez con tiempo nos acerquemos a ello en el randori, si tenemos suerte. Pero incluso entonces se necesitará que nos desprendamos de nuestra comprensión y conocimiento, y más concretamente que aprendamos a operar desde de esa parte de nosotros que también permanece indiferenciada. El viejo proverbio zen dice, “estudiar la vía es estudiarse a uno mismo, estudiarse a uno mismo es olvidarse de uno mismo” No es algo que dé demasiado miedo. Es simplemente olvidarse de uno mismo durante un rato, soltarse, y dejar que el flujo del aiki no diferenciado nos atraviese, y ver qué pasa.


lunes, 11 de enero de 2016

El Aikido o el Arte de la Paz

El Aikido o el Arte de la Paz




Morihei Ueshiba (1883-1969) fue uno de los más grandes maestros de artes marciales de la historia. Fue el fundador del Aikido que puede ser traducido como el arte de la paz. Adjuntamos aquí algunas de sus enseñanzas seleccionadas: 

El Arte de la Paz comienza contigo.

Trabaja sobre ti mismo y con la tarea que te ha sido asignada en el Arte de la Paz.

Todos tenemos un espíritu que puede ser refinado, un cuerpo que puede ser entrenado de cierta manera, un sendero conveniente para seguir.

Estás aquí con el solo propósito de darte cuenta de tu divinidad interior y manifestar tu iluminación innata. Alimenta la paz en tu propia vida y luego aplica el Arte a todo lo que encuentres.

El Arte de la Paz está basado en cuatro grandes virtudes: valor, sabiduría, amor y amistad, simbolizadas por el Fuego, el Cielo, la Tierra y el Agua.

No son necesarios edificios, dinero, poder o prestigio para practicar el Arte de la Paz. El cielo está exactamente allí donde te hallas y ese es el lugar para entrenarse.

Todas las cosas, materiales y espirituales, surgen de una misma fuente y están relacionadas como si formaran una familia. El pasado, el presente y el futuro están contenidos en la fuerza de la vida.

El Universo emergió y se desarrollo desde una fuente única, y nosotros evolucionamos a través del proceso óptimo de unificación y armonización.

El Arte de la Paz es la medicina para un mundo enfermo.

En el mundo existen el mal y el desorden porque la gente ha olvidado que todas las cosas emanan de una sola fuente. Regresa a esa fuente y deja atrás todo pensamiento auto centrado, todo deseo mezquino y toda ira. Aquellos que son poseídos por la nada poseen todo.

Si no te has unido a la verdadera vacuidad, nunca comprenderás el Arte de la Paz.

Ocho fuerzas sostienen la Creación: movimiento y quietud, solidificación y fluidez, extensión y contracción, unificación y división.

La vida es crecimiento. Si detenemos el crecimiento, técnica y espiritualmente, somos tan útiles como cadáveres.

El Arte de la Paz es la celebración del enlace del cielo, la tierra y la humanidad. Es todo lo verdadero, lo bueno y lo bello.

Contempla las obras de este mundo, escucha las palabras del sabio y toma todo lo que es bueno como propio. Con esto como base, abre tu propia puerta a la verdad. No desprecies la verdad que está justo ante ti.

Observa como fluye el agua en el arroyo de un valle, suave y libremente entre las rocas.
Aprende también de los libros sagrados y de la gente sabia. Cada cosa — incluyendo ríos y montañas, plantas y árboles — debería ser tu maestro.

No dejes de aprender de la voz pura del arroyo de montaña que fluye eternamente salpicando las rocas.

La paz se origina con el fluir de las cosas, su corazón es como el movimiento del viento y de las olas. 
Si estás separado siquiera un poco de la esencia divina, estás lejos del sendero.

Tu corazón está lleno de semillas fértiles esperando brotar. Del mismo modo que una flor de loto surge del lodo para florecer en todo su esplendor, la interacción de la respiración cósmica hace florecer el espíritu para que de fruto en este mundo.

Estudia las enseñanzas del pino, del bambú y del pimpollo del ciruelo. El pino está siempre verde, firmemente enraizado y es venerable. El bambú es fuerte, resistente e inquebrantable. El pimpollo del ciruelo es vigoroso, perfumado y elegante.

Mantén siempre tu mente tan luminosa y clara como el vasto cielo, el gran océano y el pico más alto: vacía de todo pensamiento.

Mantén siempre tu cuerpo lleno de luz y calor. Llénate a ti mismo con el poder de la sabiduría y la iluminación.

El Arte de la Paz no es fácil. Es una lucha hasta el fin, la matanza de los malos deseos y de la falsedad interior. En algunas ocasiones, la voz de la paz resuena como un trueno, sacudiendo a los seres humanos y sacándolos de su letargo.

Para practicar adecuadamente el Arte de la Paz debes: calmar el espíritu y retornar a la fuente. Eliminar toda malicia, egoísmo y deseo para limpiar el cuerpo y el espíritu.

Sentir eterna gratitud por los dones recibidos del Universo, de tu familia, de la Madre Naturaleza y de tus semejantes.

La única cura para el materialismo es la limpieza de los 6 sentidos (ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo y mente). Si los sentidos están obstruidos, la percepción se enturbia. Cuanto más turbia la percepción, más se contaminan los sentidos. Esto crea desorden en el mundo y ese es el mal más grande.

Refina tu corazón, libera los 6 sentidos y déjalos funcionar sin obstrucciones, y tu cuerpo y alma enteros brillarán.

Desde tiempos antiguos, el valor y el conocimiento han sido los dos pilares del Sendero: a través de la virtud del entrenamiento, ilumina tu cuerpo y tu espíritu.

El camino del guerrero se basa en la humanidad, el amor y la sinceridad; el corazón del valor marcial es verdadera valentía, sabiduría, amor y amistad.

Acentuar los aspectos corporales de la calidad del guerrero es inútil, porque el poder del cuerpo siempre es limitado.

El verdadero guerrero siempre cuenta con tres armas: la radiante espada de la pacificación; el espejo de la valentía, la amistad y la sabiduría; y la piedra preciosa de la iluminación.

Herir a un oponente es herirte a ti mismo. El Arte de la Paz es controlar la agresión sin producir daños.

Una buena postura refleja la actitud correcta de la mente.

La clave de la técnica es mantener manos, pies y caderas derechas y centradas. Si estás centrado, puedes moverte con libertad. El centro de tu cuerpo es el vientre; si tu mente también está allí, tienes la victoria asegurada en toda acción.

Muévete como un haz de luz; vuela como el rayo, golpea como el trueno, gira en círculos alrededor de un centro firme.

Las técnicas emplean cuatro cualidades que reflejan la naturaleza de nuestro mundo. Según las circunstancias debes ser duro como el diamante, flexible como el sauce, de suave fluir como el agua, o tan vacío como el espacio.

Si tu oponente te ataca con fuego, responde con agua, hazte totalmente móvil y de libre fluir.

El agua, por su naturaleza, nunca choca con nada ni se quiebra. Por el contrario, absorbe todo ataque y queda indemne.

Cada día de la vida humana contiene ira y alegrías, dolor y placer, luz y oscuridad, crecimiento y decadencia. Cada momento está marcado con el gran propósito de la naturaleza, no trates de oponerte o negar el orden cósmico de las cosas.

La vida misma es siempre una prueba. Al adiestrarte debes ponerte a prueba y refinarte para poder afrontar los grandes desafíos de la vida.

Trasciende los límites de la vida y la muerte, y entonces serás capaz de enfrentar con calma y seguridad cualquier crisis que se te presente.

Agradece siempre, incluso las derrotas, las penurias y a las personas malas. Aprender a moverse con tales obstáculos es una parte esencial del entrenamiento en el Arte de la Paz.

El fracaso es la clave del éxito. Cada error nos enseña algo.

Tu espíritu es el verdadero escudo.

El Arte de la Paz es una forma de plegaria que genera luz y calor.

Olvida tu pequeño ser, libérate del apego a todo objeto, y emanarás luz y calor.

La luz es sabiduría; el calor es compasión.

O Sensei Morihei Ueshiba

domingo, 18 de enero de 2015

Go-No-Sen: El camino hacia la derrota

Go- No-Sen: El camino hacia la derrota


Tomado de http://www.aikidoenlinea.com/blog/go-sen-el-camino-hacia-la-derrota/
Escrito por Stanley Pranin






“O Sensei introducía confusión y sobrecarga sensorial en la mente de su atacante, dominando así completamente el encuentro”.

El término “Go no Sen” se utiliza con frecuencia en las artes marciales japonesas como parte de un marco teórico para describir una circunstancia particular: cuando el atacante inicia un encuentro marcial. Una definición de “Go no Sen” podría ser “recuperar la iniciativa después de ser atacado”. Pensando en esto por un momento, ¿qué debe ser cierto en un caso así?.

Para empezar, el atacante ha elegido el momento, las circunstancias, la dirección y la intensidad de su movimiento ofensivo. La persona en el extremo receptor es así forzada a entrar en un modo defensivo. Ya que un ataque implica un movimiento rápido y agresivo, el tiempo disponible para que el defensor responda puede ser medido en milisegundos. Por esta razón las probabilidades del defensor de salir airoso se reducen considerablemente. Esta es la razón por que no me gusta describir el Aikido como un “arte de defensa personal”.

Por supuesto, los practicantes no avanzados de artes marciales rara vez son capaces de escapar del mundo de “Go no Sen” en su práctica. Éstos aún no han desarrollado la capacidad de iniciar su respuesta de manera temprana, antes de que el ataque haya cobrado impulso. Psicológicamente se sienten abrumados por la ferocidad de un atacante determinado. Y tampoco han llegado a un nivel aún más alto de habilidad en el que puedan evaluar, controlar y neutralizar un encuentro potencialmente violento antes de su manifestación física.

¿No hay lugar para la práctica del “Go no Sen” en nuestro entrenamiento? Decididamente sí lo hay. De hecho, no puede ser de otra manera. Practicar contra un ataque preestablecido y aprender la mecánica de una técnica en particular es necesario para desarrollar las habilidades básicas. Este entrenamiento es adecuado sobre todo en los niveles iniciales e intermedios de entrenamiento. Sin embargo, es común que los practicantes avanzados e instructores nunca se aventuren más allá de esta mentalidad defensiva. Creo que hay que trascender la dimensión de “Go no Sen” en algún momento para aprovechar el más alto potencial del arte.

He visto recientemente un vídeo de un legendario shihan de Aikido y me sorprendió observar que estaba respondiendo a los ataques de uke. Esto sólo es posible porque los ataques eran débiles y estaban lentamente ejecutados. Tales actuaciones pueden parecer muy buenas, incluso sorprendentes, para el observador casual, pero un artista marcial de alto nivel sería capaz de reconocer que tal respuesta no serviría bien en un escenario violento, especialmente con la participación del elemento sorpresa.


Esto contrasta con lo que el Fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, mostraba en sus exhibiciones. O Sensei ejecutaba fintas, daba órdenes verbales, ofrecía una mano o un hombro, cambiaba el peso hacia adelante y atrás, ejecutaba atemi y kiai, etc. Introducía confusión y sobrecarga sensorial en la mente de su atacante, por lo que dominaba por completo el encuentro. ¡Por esta razón los observadores a menudo comentaban que sus exhibiciones estaban “trucadas”! Mi opinión es que él creaba las condiciones necesarias para que ningún ataque posible pudiera ser efectivo. O Sensei envolvía a su uke en una dimensión energética donde no podría surgir ninguna agresión. Uke era psicológica y físicamente neutralizado.

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