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domingo, 12 de junio de 2016

El Aikido y su eficacia en el combate

El Aikido y su eficacia en el combate
Tomado de
 http://www.aikido.es/articulos/


Cuando empezamos a practicar cualquier arte marcial una de las preguntas inevitables es hasta qué punto las técnicas que estamos aprendiendo son efectivas en una situación real de combate. El Aikido no es diferente.

Los aikidokas experimentados saben que esta cuestión es mucho menos relevante de lo que podría parecer. Sin embargo, en una cultura como la occidental, orientada esencialmente a resultados prácticos e inmediatos, es inevitable que nos planteemos y nos planteen constantemente este tema.

Hay varios motivos por los que se podría dudar de la efectividad del Aikido como técnica de combate. En primer lugar, es muy frecuente que oigamos el comentario de que parece que las técnicas están “coreografiadas” y que no son reales. Esta crítica encierra un punto de verdad y cualquier aikidoka es perfectamente consciente de cuáles serían las consecuencias si uke ejecuta un ataque sin ningún control (porque una técnica de aikido es tanto más efectiva en cuanto mayor ímpetu encierra el ataque) y/o no sabe recibir adecuadamente la técnica. En el mejor de los casos, acabaremos con alguna contusión o distensión leve. En el peor, con alguna lesión artícular o cervical grave. En cambio, este factor se atenúa con los años de entrenamiento ya que uke aprende a controlar las consecuencias que una técnica puede tener sobre él y precisamente eso permite a tori ejecutar la técnica con mayor eficacia.

En segundo lugar, es importante tener en cuenta que las técnicas de aikido se realizan contra ataques “idealizados” y alejados de los ataques que recibiríamos en una pelea en la calle. Eso ha motivado que algunas escuelas de Aikido hayan incluido otro tipo de ataques. Sin embargo, el tipo de ataque es menos relevante de lo que se podría pensar porque algunos de los conceptos básicos del aikido hacen referencia a nuestra colocación respecto al atacante y la línea de ataque pero también a nuestra capacidad de anticipación. Estos conceptos son constantes independientemente del tipo de ataque y por lo tanto aplicables a todo tipo de situaciones. Además, aunque al principio de nuestra instrucción los ataques son muy lentos y marcados, a medida que progresamos, los ataques deben ganar en rapidez, fuerza e intención, ayudando al aikidoka a adaptarse a un número cada vez mayor de ataques y situaciones.

Por último, muchas de las técnicas en Aikido (especialmente si nuestro nivel no es muy elevado) requieren la aplicación previa de un atemi para ser efectivas. Los atemis suelen omitirse en los entrenamientos para evitar posibles lesiones.

Teniendo en cuenta lo que hemos explicado, se podría argumentar que estos aspectos limitan considerablemente la efectividad del aikido como técnica de combate. Parcialmente puede ser así, pero también debemos pensar que O Sensei, en el momento de desarrollar el Aikido, partió de técnicas que esencialmente buscaban ser efectivas. Sin embargo, es imprescindible tener que en cuenta que O Sensei eligió deliberadamente que el Aikido se convirtiera en algo más que en un “arte marcial efectiva”. Por lo tanto, es muy posible que otras artes marciales puedan ser más efectivas en combate.

Si lanzamos un puñetazo o una patada, quizá no seamos completamente eficaces pero lograremos parcialmente nuestro objetivo. En Aikido, en cambio llevar a cabo, es prácticamente imposible realizar una técnica de forma efectiva sin tener un cierto control sobre conceptos como el ritmo, la extensión, el centro, el momento de entrada (irimi), la anticipación, la estabilidad, la unión, etc. Alcanzar una mínima comprensión de estos conceptos a la mayoría nos lleva años de entrenamiento.
Sin embargo, y precisamente porque desde el principio ya se hace mucho hincapié sobre los conceptos básicos que se encuentran en la base de prácticamente cualquier marcial, una vez poseamos un cierto nivel de control sobre los mismos, nuestro nivel de efectividad se incrementará de forma dramática. Irónicamente, cuando lleguemos a este punto muy probablemente nos encontremos con que nunca más debamos aplicar el Aikido a una situación de combate. La anticipación perfecta consiste en anticiparse al combate en sí, la unión perfecta consiste en conseguir entender tan bien a nuestro oponente que la agresión deja de ser necesaria, etc.

En cualquier caso, una de las grandes ventajas del Aikido es su maleabilidad y la facilidad para adaptarla a nuestra personalidad, intereses y objetivos. Probablemente, si nuestro interés es aplicarla en situaciones de combate, llegaremos a conseguir que nuestro Aikido sea altamente efectivo. Si nuestro interés recae más en los aspectos filosóficos y espirituales de este arte marcial el Aikido será una herramienta de desarrollo mucho más que un conjunto de técnicas de combate.

A este respecto, O Sensei expresó muy claramente cuál era su predilección al hablar sobre el concepto del Budo:


“Estás en un error si crees que el Budo significa tener oponentes y enemigos, y ser fuerte y cruel con ellos. La verdad del Budo es ser uno mismo con el universo, esto es, estar en unión con el centro del Universo”.

domingo, 18 de enero de 2015

Go-No-Sen: El camino hacia la derrota

Go- No-Sen: El camino hacia la derrota


Tomado de http://www.aikidoenlinea.com/blog/go-sen-el-camino-hacia-la-derrota/
Escrito por Stanley Pranin






“O Sensei introducía confusión y sobrecarga sensorial en la mente de su atacante, dominando así completamente el encuentro”.

El término “Go no Sen” se utiliza con frecuencia en las artes marciales japonesas como parte de un marco teórico para describir una circunstancia particular: cuando el atacante inicia un encuentro marcial. Una definición de “Go no Sen” podría ser “recuperar la iniciativa después de ser atacado”. Pensando en esto por un momento, ¿qué debe ser cierto en un caso así?.

Para empezar, el atacante ha elegido el momento, las circunstancias, la dirección y la intensidad de su movimiento ofensivo. La persona en el extremo receptor es así forzada a entrar en un modo defensivo. Ya que un ataque implica un movimiento rápido y agresivo, el tiempo disponible para que el defensor responda puede ser medido en milisegundos. Por esta razón las probabilidades del defensor de salir airoso se reducen considerablemente. Esta es la razón por que no me gusta describir el Aikido como un “arte de defensa personal”.

Por supuesto, los practicantes no avanzados de artes marciales rara vez son capaces de escapar del mundo de “Go no Sen” en su práctica. Éstos aún no han desarrollado la capacidad de iniciar su respuesta de manera temprana, antes de que el ataque haya cobrado impulso. Psicológicamente se sienten abrumados por la ferocidad de un atacante determinado. Y tampoco han llegado a un nivel aún más alto de habilidad en el que puedan evaluar, controlar y neutralizar un encuentro potencialmente violento antes de su manifestación física.

¿No hay lugar para la práctica del “Go no Sen” en nuestro entrenamiento? Decididamente sí lo hay. De hecho, no puede ser de otra manera. Practicar contra un ataque preestablecido y aprender la mecánica de una técnica en particular es necesario para desarrollar las habilidades básicas. Este entrenamiento es adecuado sobre todo en los niveles iniciales e intermedios de entrenamiento. Sin embargo, es común que los practicantes avanzados e instructores nunca se aventuren más allá de esta mentalidad defensiva. Creo que hay que trascender la dimensión de “Go no Sen” en algún momento para aprovechar el más alto potencial del arte.

He visto recientemente un vídeo de un legendario shihan de Aikido y me sorprendió observar que estaba respondiendo a los ataques de uke. Esto sólo es posible porque los ataques eran débiles y estaban lentamente ejecutados. Tales actuaciones pueden parecer muy buenas, incluso sorprendentes, para el observador casual, pero un artista marcial de alto nivel sería capaz de reconocer que tal respuesta no serviría bien en un escenario violento, especialmente con la participación del elemento sorpresa.


Esto contrasta con lo que el Fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, mostraba en sus exhibiciones. O Sensei ejecutaba fintas, daba órdenes verbales, ofrecía una mano o un hombro, cambiaba el peso hacia adelante y atrás, ejecutaba atemi y kiai, etc. Introducía confusión y sobrecarga sensorial en la mente de su atacante, por lo que dominaba por completo el encuentro. ¡Por esta razón los observadores a menudo comentaban que sus exhibiciones estaban “trucadas”! Mi opinión es que él creaba las condiciones necesarias para que ningún ataque posible pudiera ser efectivo. O Sensei envolvía a su uke en una dimensión energética donde no podría surgir ninguna agresión. Uke era psicológica y físicamente neutralizado.

jueves, 27 de noviembre de 2014

[Heavy Hand, Light Heart]: Morihiko Murashige Sensei, 7th Dan, Shihan

[Heavy Hand, Light Heart]: Morihiko Murashige Sensei, 7th Dan, Shihan, Feb 26, 1945 –  octubre 11, 2013  
Jueves 26 de Diciembre de 2013
Por: Benjamin Pincus**
Traducción: Uriel Hernández



Algunas personas afirman haber sido tocadas por las alas de los ángeles; yo creo poder afirmar que fui lanzado, inmovilizado y asfixiado por un juguetón y entusiasmado diablito. Vi a Murashige Sensei por primera vez cuando visité el San Diego Aikikai, varios años antes de unirme al programa kenshusei de Chiba Sensei.
Tal vez debería empezar con la leyenda porque las historias que construimos determinan mucho de cómo comprendemos la identidad y el alma de una persona. El padre de Murashige Sensei, Aritoshi Murashige, fue alumno directo de Jigoro Kano, fundador del Judo. Eventualmente dejó el Judo para estudiar Aikido con O' Sensei. Famoso por su habilidad y su intensidad como artista marcial, inspiraba miedo; describiendo su visita a Hombu Dojo afirmó Chiba Sensei, "me daba mucho miedo"; no era poca cosa, viniendo de alguien que también llegó a inspirar algo de incomodidad. El padre de Murashige Sensei tenía una tremenda presencia; según las historias, incluso los bebés consentidos dejaban de llorar cuando él entraba a la habitación, como si instintivamente detectaran al depredador.
Muchas historias son bastante oscuras también. Aritoshi Murashige fue ejecutor del ejército japonés durante la guerra, en China. Como podrán imaginarse, sus hijos estuvieron sujetos a intensos métodos de instrucción marcial. Murashige Sensei, decía poco sobre su padre, pero cuando le preguntaban sobre cómo aprendió Aikido, decía con su típico modo chusco: "Iba a la escuela y siempre me pegaban. Voy con mi papá, aprendo más Aikido y regreso a la escuela y me pegan otra vez. Entonces aprendo más Aikido y ya nadie quiere pelearse conmigo."
También he escuchado muchas historias sobre Murashige Sensei. Cuando llegó a Estados Unidos apostaba en los bares, retaba a la gente a pelear. Inevitablemente apostaban a favor del musculoso parroquiano del bar en vez del pequeño y callado japonés. O también está la historia de su asalto en Central Park, cuando Manhattan era una zona de conflicto y los turistas japoneses eran blancos fáciles dada su tendencia a llevar consigo grandes cantidades de efectivo. Sensei apenas sabía inglés, pero levantó su reloj y dijo "you want this?" ["¿quieres esto?"]. Cuando el ladrón voltea a ver el reloj, Murashige Sensei usa uraken uchi, la misma mano del reloj, para golpearlo en la cara y se marcha despreocupado.

Menciono estas historias porque Murashige Sensei aparentaba la ferocidad de su padre y su pasado marcial, junto con su espíritu juguetón e idiosincrático. El lector se lo imaginará con un carácter difícil, pero Sensei era divertido, juguetón y travieso. En un dojo famoso por su marcial intensidad, su práctica seria y rigurosa, Sensei era el bufón del grupo. Corríamos como pollos descabezados mientras Sensei hablaba como un niño en vacaciones. Lo recuerdo poniéndole una gota de crema al whisky de Chiba Sensei cuándo él había abandonado brevemente su lugar en la mesa un viernes durante la cena. Luego, como un niño pequeño, soltaba risitas con una sonrisa maravillosa de complicidad en la cara.
Murashige Sensei describía ser proyectado por O' Sensei como algo mágico y místico: "Un momento estaba de pie y al siguiente en el suelo". Decía no tener absolutamente una idea de qué había pasado y de cómo el mundo se había movido. De manera similar, el ki de Murashige Sensei era inexplicable; un pequeño y delgado hombre, parecía que su poder no venía de ningún lado. Si capturabas su técnica en la quietud de una fotografía, podía parecer desbalanceado y sin gracia. Pero su apariencia despreocupada y su constitución pequeña escondían tremenda fuerza interior, sincronización y sutileza. Sus hombros estaban relajados y libres de tensión y sus manos suaves y extendidas como si fuera a cargar a un bebé. O a golpearte el abdomen. También lanzaba con increíble poder y calma: Su iriminage había estudiado la soltura y virtuosismo del bateo beisbolístico del gran Sadaharu Oh* contra una bola fácil (Sensei me hacía tomar ukemi en iriminage bloqueando su proyección con el brazo para reducir la posibilidad de lesión). Poder suave, lo llamaba. Nunca antes sentí algo así.

¿Creo en la magia? Si definimos la magia como una sensación de asombro ante lo inexplicable, entonces creo que Murashige Sensei tenía magia (si aún estuviera con nosotros, me corregiría; lo llamaría "el Poder", en su lugar y luego me lanzaría varias veces bastante lejos. Una vez me dijo, "mi padre también tenía "el Poder"). Su capacidad técnica y su habilidad para relajarse, le permitían acceder a cantidades de poder sorprendentes, sobre todo considerando su constitución delgada. Muy pocos senpai, incluso alumnos del Fundador, parecían tener acceso a ese tipo de poder misterioso. Supongo que él siempre llevó una vida con encanto en otros sentidos también.
Sensei tenía una afección cardiaca causada por contraer la enfermedad de Kawasaki cuando niño. Esta enfermedad, sin tratamiento, suele ser mortal para sus víctimas jóvenes. Aparentemente él vivió más tiempo que ningún otro en EEUU con esa enfermedad. Frecuentemente me pregunto si su perenne buen humor tenía algo que ver con la conciencia de su propia mortalidad. ¿Por qué enfocarse en lo conocido cuando puedes practicar Aikido, reír, amar a tu familia, beber cerveza, comer sushi y preparar buena comida? ¿Qué más hay en la vida?
Lamento el fallecimiento de un gran maestro. Tengo tantos recuerdos. Sensei, cerveza en mano, demostrando un "no inch punch" [golpe sin distancia], con Matt Desmond en la fiesta del dojo. Matt es un hombre grande, actualmente en las Fuerzas Especiales. Él estaba de pie, manteniendo una estable postura de hanmi y Sensei estaba en su silla; empujó a Matt a varios pies de distancia sin derramar su trago.
En uno de sus momentos de mayor seriedad, Sensei me explicó su secreto: "Mano pesada. Por fin descubrí el Poder", como si fuera algo obvio y simple (una vez dio la explicación esotérica de que, "el poder de Chiba Sensei viene de aquí" -señalando su pulgar- y "mi poder, viene de acá" -meneando su dedo meñique. Incluso una vez Chiba Sensei, alumno directo del Fundador, nos dijo una vez, "aprendan de él, él hace cosas que yo no puedo hacer".
Lo recuerdo amigable y divertido, también me acuerdo, ¡claro!, su mortífero y relajado iriminage, con tan poco esfuerzo muscular y tanta energía. Recuerdo sus rápidos atemi (golpes) y sus clases de sutemi waza: hacía locas técnicas de sacrificio de la nada y luego una sonrisa traviesa cuando volvía a levantarme. Era difícil no sonreír a pesar de la intensidad. Mano pesada, corazón ligero y mucho ki. Buena suerte en su viaje final, Sensei. Muchas gracias por su enseñanza y su maravilloso espíritu.

Breve biografía:
Nacido en Yamaguchi-ken en 1945, Murashige comenzó a estudiar Aikido cuando era adolescente con su padre, Aritoshi Murashige. Se mudó a Tokyo para entrenar en Hombu Dojo con Morihei Ueshiba, entre otros, con Seigo Yamaguchi, Yoshimitsu Yamada, Kazuo Chiba, Mitsunari Kanai y Terry Dobson. Citaba a Yamaguchi como su mayor fuente de inspiración. Dio clases en New York Aikikai, con Yamada Sesnei durante tres años empezando en 1965, antes de regresar a Japón. Volvió a San Diego, donde trabajó como chef de sushi. En 1981 también enseñó en San Diego Aikikai, con Chiba Sensei, alumno directo del Fundador, se fue de este dojo para enseñar en Jiai Aikikai de San Diego donde dio clases de Aikido hasta tres días antes de su muerte el 11 de octubre de 2013.
*Sadaharu Oh rompió el record de jonrones: 868 durante su carrera beisbolística en la ligas mayores japonesas. Famoso por su bateo en postura de flamingo, mantenía su pierna derecha encogida arriba justo antes del lanzamiento. Oh practicó Aikido para mejorar sus habilidades de bateo y atribuyó su tremendo éxito a dicha práctica. Esta postura de pata de flamingo era efectiva a causa de que exigía mucha confianza en su equilibrio a pesar de la falta de balance que producía. De modo similar, Murashige Sensei a veces pararentaba desbalance a causa de su extremadamente relajado método interno de Aikido, pero su cuerpo estaba tan integrado que le permitía proyectar a gran distancia con un mínimo de esfuerzo. Yo he sido lanzado frecuentemente por personas con mayor masa corporal que la mía, pero es una experiencia muy diferente cuando me proyecta alguien de una estatura más corta, como Murashige Sensei.
**Benjamin Pincus es el instructor en jefe y director ejecutivo de Aikido of Champlain en Champlain Valley, ubicado en Burlington, Vermont. Aikido of Champlain es una asociación no lucrativa dedicada a crear una comunidad sustentable y un mundo apacible a través del estudio del arte marcial japonés tradicional que es el Aikido.




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