Mostrando las entradas con la etiqueta Jigoro Kano. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jigoro Kano. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de febrero de 2017

La formación del carácter en las Artes Marciales


La Formación del Carácter en las Artes Marciales


Tomado de:

http://sevilla.nueva-acropolis.es/articulos-sevilla/211-artes-marciales-filosoficas/26826-la-formacion-del-caracter-en-las-artes-marciales

 
 

El fenómeno de la expansión de las Artes Marciales, es algo que hoy conocemos bien. En cualquier ciudad del mundo hoy es posible encontrar gimnasios, escuelas, academias, donde se enseñan estas disciplinas provenientes fundamentalmente de Oriente.

Si hacemos un repaso por la historia de estas escuelas, nos vamos a dar cuenta que ellas son algo más que un deporte o que un sistema de defensa personal.

Originalmente los maestros fundadores de las escuelas de Artes Marciales, propusieron a través de ellas una educación, una formación del carácter.

¿Qué significa formación del carácter?.

Formación del carácter no significa cambiar el carácter de la gente, sino mejorarlo. Como muy bien decían los filósofos de la escuela estoica, el carácter es como una estatua; cada uno tiene la suya y no la puede cambiar por la del vecino. Lo que sí puede hacer es limpiarla, pulirla, perfeccionarla hasta convertirla en una bella estatua.

En nuestro concepto actual de educación se nos enseña matemáticas, ciencias naturales, literatura, informática, etc. Así, nosotros adquirimos unos conocimientos intelectuales que nos dan un "barniz" de cultura que la mayor parte de las veces no pasa de ser superficial.

No se nos enseña a cultivar el carácter, no se nos enseña concentración, ni atención, ni estrategia, ni cómo actuar frente al miedo o frente a los problemas cotidianos.

Esto hace que psicológicamente seamos más débiles de lo que muchas veces creemos. Frecuentemente vemos que una persona con carrera universitaria está igual de desconcertada ante un problema de la vida que otra que apenas sabe leer y escribir.

Maestros fundadores de escuelas de Artes Marciales como Gichin Funakoshi, Jigoro Kano, Moriei Ueshiba, So Doshin y otros, buscaron una formación integral del hombre a través de las Artes Marciales, generando un camino de autocontrol y conocimiento.

Voy a tratar de poner algunos ejemplos de cómo se puede formar el carácter en las prácticas de Artes Marciales.

Cuando un principiante llega a una escuela de Artes Marciales, no sabe hacer casi nada de lo que le piden, pero a través de una disciplina, poco a poco va desarrollando toda una serie de movimientos y técnicas. Esto le aporta al carácter humildad (que no es menospreciarse ni sobrevalorarse) y capacidad de trabajo y nos enseña que la autodisciplina es una gran herramienta, un gran "poder".

Otro ejemplo clásico son las cosas que suceden en un combate. Por ejemplo, si uno es indeciso, pierde. Si es precipitado e irreflexivo, acaba estrellando sus narices en el puño de su adversario. En el combate hay un momento justo para hacer las cosas y uno debe estar concentrado para aprovechar la oportunidad.

¿Cuántas veces perdemos en la vida por no desarrollar la autodisciplina?. ¿Cuántas veces la indecisión nos hace perder el tren de los acontecimientos? ¿Cuántas veces perdemos la oportunidad por no estar preparados cuando ésta se presenta? .

Y así, un sinfín de cosas que hace que las artes marciales se conviertan en algo que puede darnos un gran aporte para la vida.

Originalmente el combate en las artes marciales se enseñaba para luchar en campos de batalla, pero cuando aparecen grandes periodos de paz, los maestros fundadores de escuelas generan un tipo de combate que tiene características educativas, cognoscitivas, haciendo hincapié en cosas como la cortesía, la rectitud, la impecabilidad, entrenando a los ciudadanos que iban a aprender a esas escuelas a enfrentarse a situaciones donde la persona se siente presionada y les enseñaban a desarrollar esa rara cualidad que llamamos Serenidad, que es una de las cosas más valiosas que estas artes nos pueden aportar.

Por eso estos grandes maestros, después de 30. 40 o 50 años de práctica, seguían perfeccionándose, ¿es que no sabrían defenderse ya después de todo ese tiempo?.

Quizás buscaban el cultivo de esa Serenidad y por eso seguían practicando.

Por eso el maestro Gichin Funakoshi decía: "Lo importante en el Karate-Do no es la victoria ni la derrota de sus participantes, sino la formación del carácter"

A todo este proceso, los maestros japoneses le llamaron Budo, o sea, las Artes Marciales como vía de conocimiento transcendente.

Hoy en día, éste tipo de enfoque se ha perdido. Las Artes Marciales se han polarizado en artes deportivas o de defensa personal sin ninguna característica transcendente. Esto ha provocado que ellas hayan ganado en popularidad, pero hayan perdido en profundidad.

Por eso hoy en día, muchos instructores internacionales ya se están volviendo a interesar por un proceso que implica un enfoque mucho más profundo de estas artes. Un proceso que implique que sin perder su marcialidad ni su capacidad deportiva o de salud (que son facetas inherentes a estas artes), permita un aprendizaje útil para los hombres y mujeres de nuestro tiempo; que nos enseñe a responder eficazmente cuando los problemas cotidianos, nuestros miedos y nuestra inseguridad aparece.

Entonces vuelve a cobrar importancia la formación del carácter. Entonces estas artes pueden volver a convertirse en un camino transcendente que nos lleve a ser un poco más fuertes, un poco más buenos, un poco más sabios.

jueves, 27 de noviembre de 2014

[Heavy Hand, Light Heart]: Morihiko Murashige Sensei, 7th Dan, Shihan

[Heavy Hand, Light Heart]: Morihiko Murashige Sensei, 7th Dan, Shihan, Feb 26, 1945 –  octubre 11, 2013  
Jueves 26 de Diciembre de 2013
Por: Benjamin Pincus**
Traducción: Uriel Hernández



Algunas personas afirman haber sido tocadas por las alas de los ángeles; yo creo poder afirmar que fui lanzado, inmovilizado y asfixiado por un juguetón y entusiasmado diablito. Vi a Murashige Sensei por primera vez cuando visité el San Diego Aikikai, varios años antes de unirme al programa kenshusei de Chiba Sensei.
Tal vez debería empezar con la leyenda porque las historias que construimos determinan mucho de cómo comprendemos la identidad y el alma de una persona. El padre de Murashige Sensei, Aritoshi Murashige, fue alumno directo de Jigoro Kano, fundador del Judo. Eventualmente dejó el Judo para estudiar Aikido con O' Sensei. Famoso por su habilidad y su intensidad como artista marcial, inspiraba miedo; describiendo su visita a Hombu Dojo afirmó Chiba Sensei, "me daba mucho miedo"; no era poca cosa, viniendo de alguien que también llegó a inspirar algo de incomodidad. El padre de Murashige Sensei tenía una tremenda presencia; según las historias, incluso los bebés consentidos dejaban de llorar cuando él entraba a la habitación, como si instintivamente detectaran al depredador.
Muchas historias son bastante oscuras también. Aritoshi Murashige fue ejecutor del ejército japonés durante la guerra, en China. Como podrán imaginarse, sus hijos estuvieron sujetos a intensos métodos de instrucción marcial. Murashige Sensei, decía poco sobre su padre, pero cuando le preguntaban sobre cómo aprendió Aikido, decía con su típico modo chusco: "Iba a la escuela y siempre me pegaban. Voy con mi papá, aprendo más Aikido y regreso a la escuela y me pegan otra vez. Entonces aprendo más Aikido y ya nadie quiere pelearse conmigo."
También he escuchado muchas historias sobre Murashige Sensei. Cuando llegó a Estados Unidos apostaba en los bares, retaba a la gente a pelear. Inevitablemente apostaban a favor del musculoso parroquiano del bar en vez del pequeño y callado japonés. O también está la historia de su asalto en Central Park, cuando Manhattan era una zona de conflicto y los turistas japoneses eran blancos fáciles dada su tendencia a llevar consigo grandes cantidades de efectivo. Sensei apenas sabía inglés, pero levantó su reloj y dijo "you want this?" ["¿quieres esto?"]. Cuando el ladrón voltea a ver el reloj, Murashige Sensei usa uraken uchi, la misma mano del reloj, para golpearlo en la cara y se marcha despreocupado.

Menciono estas historias porque Murashige Sensei aparentaba la ferocidad de su padre y su pasado marcial, junto con su espíritu juguetón e idiosincrático. El lector se lo imaginará con un carácter difícil, pero Sensei era divertido, juguetón y travieso. En un dojo famoso por su marcial intensidad, su práctica seria y rigurosa, Sensei era el bufón del grupo. Corríamos como pollos descabezados mientras Sensei hablaba como un niño en vacaciones. Lo recuerdo poniéndole una gota de crema al whisky de Chiba Sensei cuándo él había abandonado brevemente su lugar en la mesa un viernes durante la cena. Luego, como un niño pequeño, soltaba risitas con una sonrisa maravillosa de complicidad en la cara.
Murashige Sensei describía ser proyectado por O' Sensei como algo mágico y místico: "Un momento estaba de pie y al siguiente en el suelo". Decía no tener absolutamente una idea de qué había pasado y de cómo el mundo se había movido. De manera similar, el ki de Murashige Sensei era inexplicable; un pequeño y delgado hombre, parecía que su poder no venía de ningún lado. Si capturabas su técnica en la quietud de una fotografía, podía parecer desbalanceado y sin gracia. Pero su apariencia despreocupada y su constitución pequeña escondían tremenda fuerza interior, sincronización y sutileza. Sus hombros estaban relajados y libres de tensión y sus manos suaves y extendidas como si fuera a cargar a un bebé. O a golpearte el abdomen. También lanzaba con increíble poder y calma: Su iriminage había estudiado la soltura y virtuosismo del bateo beisbolístico del gran Sadaharu Oh* contra una bola fácil (Sensei me hacía tomar ukemi en iriminage bloqueando su proyección con el brazo para reducir la posibilidad de lesión). Poder suave, lo llamaba. Nunca antes sentí algo así.

¿Creo en la magia? Si definimos la magia como una sensación de asombro ante lo inexplicable, entonces creo que Murashige Sensei tenía magia (si aún estuviera con nosotros, me corregiría; lo llamaría "el Poder", en su lugar y luego me lanzaría varias veces bastante lejos. Una vez me dijo, "mi padre también tenía "el Poder"). Su capacidad técnica y su habilidad para relajarse, le permitían acceder a cantidades de poder sorprendentes, sobre todo considerando su constitución delgada. Muy pocos senpai, incluso alumnos del Fundador, parecían tener acceso a ese tipo de poder misterioso. Supongo que él siempre llevó una vida con encanto en otros sentidos también.
Sensei tenía una afección cardiaca causada por contraer la enfermedad de Kawasaki cuando niño. Esta enfermedad, sin tratamiento, suele ser mortal para sus víctimas jóvenes. Aparentemente él vivió más tiempo que ningún otro en EEUU con esa enfermedad. Frecuentemente me pregunto si su perenne buen humor tenía algo que ver con la conciencia de su propia mortalidad. ¿Por qué enfocarse en lo conocido cuando puedes practicar Aikido, reír, amar a tu familia, beber cerveza, comer sushi y preparar buena comida? ¿Qué más hay en la vida?
Lamento el fallecimiento de un gran maestro. Tengo tantos recuerdos. Sensei, cerveza en mano, demostrando un "no inch punch" [golpe sin distancia], con Matt Desmond en la fiesta del dojo. Matt es un hombre grande, actualmente en las Fuerzas Especiales. Él estaba de pie, manteniendo una estable postura de hanmi y Sensei estaba en su silla; empujó a Matt a varios pies de distancia sin derramar su trago.
En uno de sus momentos de mayor seriedad, Sensei me explicó su secreto: "Mano pesada. Por fin descubrí el Poder", como si fuera algo obvio y simple (una vez dio la explicación esotérica de que, "el poder de Chiba Sensei viene de aquí" -señalando su pulgar- y "mi poder, viene de acá" -meneando su dedo meñique. Incluso una vez Chiba Sensei, alumno directo del Fundador, nos dijo una vez, "aprendan de él, él hace cosas que yo no puedo hacer".
Lo recuerdo amigable y divertido, también me acuerdo, ¡claro!, su mortífero y relajado iriminage, con tan poco esfuerzo muscular y tanta energía. Recuerdo sus rápidos atemi (golpes) y sus clases de sutemi waza: hacía locas técnicas de sacrificio de la nada y luego una sonrisa traviesa cuando volvía a levantarme. Era difícil no sonreír a pesar de la intensidad. Mano pesada, corazón ligero y mucho ki. Buena suerte en su viaje final, Sensei. Muchas gracias por su enseñanza y su maravilloso espíritu.

Breve biografía:
Nacido en Yamaguchi-ken en 1945, Murashige comenzó a estudiar Aikido cuando era adolescente con su padre, Aritoshi Murashige. Se mudó a Tokyo para entrenar en Hombu Dojo con Morihei Ueshiba, entre otros, con Seigo Yamaguchi, Yoshimitsu Yamada, Kazuo Chiba, Mitsunari Kanai y Terry Dobson. Citaba a Yamaguchi como su mayor fuente de inspiración. Dio clases en New York Aikikai, con Yamada Sesnei durante tres años empezando en 1965, antes de regresar a Japón. Volvió a San Diego, donde trabajó como chef de sushi. En 1981 también enseñó en San Diego Aikikai, con Chiba Sensei, alumno directo del Fundador, se fue de este dojo para enseñar en Jiai Aikikai de San Diego donde dio clases de Aikido hasta tres días antes de su muerte el 11 de octubre de 2013.
*Sadaharu Oh rompió el record de jonrones: 868 durante su carrera beisbolística en la ligas mayores japonesas. Famoso por su bateo en postura de flamingo, mantenía su pierna derecha encogida arriba justo antes del lanzamiento. Oh practicó Aikido para mejorar sus habilidades de bateo y atribuyó su tremendo éxito a dicha práctica. Esta postura de pata de flamingo era efectiva a causa de que exigía mucha confianza en su equilibrio a pesar de la falta de balance que producía. De modo similar, Murashige Sensei a veces pararentaba desbalance a causa de su extremadamente relajado método interno de Aikido, pero su cuerpo estaba tan integrado que le permitía proyectar a gran distancia con un mínimo de esfuerzo. Yo he sido lanzado frecuentemente por personas con mayor masa corporal que la mía, pero es una experiencia muy diferente cuando me proyecta alguien de una estatura más corta, como Murashige Sensei.
**Benjamin Pincus es el instructor en jefe y director ejecutivo de Aikido of Champlain en Champlain Valley, ubicado en Burlington, Vermont. Aikido of Champlain es una asociación no lucrativa dedicada a crear una comunidad sustentable y un mundo apacible a través del estudio del arte marcial japonés tradicional que es el Aikido.




martes, 28 de enero de 2014

Ki Musubi, Principio de Aikido

KI MUSUBI, PRINCIPIO DE AIKIDO

Por: Yasunari Kitaura
Gernika, Abril de 1994




Aikido, creado por Morihei Ueshiba (1883-1969), es, como se conoce hoy universalmente, una de las artes marciales modernas más sobresalientes del Japón, y su fundación es algo posterior a la ceración de Judo por Jigoro Kano, mucho más ampliamente conocido difundido que Aikido. Jirogo Kano admiró realmente el arte de su colega más joven, Morihei Ueshiba, hasta llegar a decir que "esto es lo que verdaderamente encarna el espíritu de Judo como yo lo concibo".
Junto con Judo, pero en otro sentido que éste, Aikido ciertamente encarna la esencia del verdadero Budo (las artes marciales) del Japón. A diferencia de Judo, que incorporando el sistema de competición prevaleciente en los deportes occidentales se convirtió en una de las pruebas olímpicas, Aikido no adopta este sistema perseverante en aquella forma tradicional de práctica, que lo aventaja, al menos, en los dos puntos siguientes: el poder conservar la pureza formal y, sobre todo, el poder concentrarse en la esencia, el sentido interior, que es nuestro verdadero tema que ante el interés por la victoria a toda costa podría alterarse, marginarse o eliminarse.
Pero, no es únicamente en su forma de entrenamiento Lo que Aikido conserva de la tradición autóctona, ni mucho menos. A Medida que se acumulan nuestras experiencias y se enriquece nuestro conocimiento, quedamos cada vez más maravillados por lo profundo que es el enraizamiento de Aikido en la tradición de Budo y de la cultura en general de nuestro país, no sólo en su aspecto formal y técnico, sino también en el teórico-filosófico y la cosmovisión que lo sustenta. Nos damos cuenta de que lo que fundamenta cada detalle de subsistema técnico y de su modo de desenvolverse no es sino, en lo principal, lo que caracteriza la técnica tradicional de la espada japonesa. A pesar de esto, no obstante, Aikido ha superado admirablemente toda esta tradición al mismo tiempo. Y esto es cierto, más que en ningún otro aspecto, en lo que respecta a su contenido, su espíritu. Aikido no abandona, como su modalidad, la forma de combate: es un arte marcial, es una disciplina de Budo. Sin embargo, no es, en su esencia, un simple arte marcial. Conservando rigurosamente su forma, su disciplina marcial, se ha transformado desde dentro en algo nuevo, diferente. ¿Qué quiere decir esto?.
En Aikido existe un importante aspecto del que carece cualquiera de las artes marciales tradicionales que constituyeron sus fuentes, así como de las modernas, practicadas hoy en el mundo entero (Judo, kárate, Kendo, etc.): es lo que constituye su principio, aiki, armonizar o, más explícitamente, unificar ki (=energía mental y física). El mismo principio es llamado también -y más técnicamente-kimusubi, que he preferido utilizar en esta charla. En comparación con este último termino, la palabra aiki tiene un significado más amplio y filosófico. Pero, ambos términos son aproximadamente sinónimos. El pensamiento y práctica de resolver el conflicto por medio de unificar ki, y no oponiéndolo, es lo que caracteriza fundamentalmente esta disciplina y la distingue de las demás. En lugar de querer aplastar al rival con una fuerza y técnica superiores, trata de unificar el propio ki con el del otro, estableciendo un vínculo directo entre el propio centro vital, hara, y el del otro y así reducir la inicial dualidad a una unidad--- este procedimiento singular llamamos kimusubi, el establecer el nudo o unión de ki. Esto, sin embargo, tiene un contenido y proceso muy concreto, real, y, por lo tanto, no tiene nada común con una vaga metafísica soñadora con un romanticismo sentimental o, menos aún, con una hechicería. La realización de este principio, su concreto desarrollo constituye precisamente el sistema técnico rigurosamente elaborado de Aikido, que nos fascina por su eficacia, riqueza, elegancia, pureza y coherencia. Consideramos que Aikido pertenece a aquellas pocas actividades humanas que son rigurosamente gobernadas por sus propios principios de proyección universal. Su asimilación aceptable requiere, por supuesto, una práctica asidua y prolongada según el método correcto.
Kimusubi, establecer la unión de ki, significa que, previendo una fracción de segundo antes del ataque del otro, uno trata de armonizar con él en lugar de oponerse contra él. No luchar, ni contener. Por no contender, no solamente no choca con el otro, ni lo daña, sino, al contrario, dócilmente se le adapta y le sigue. Es decir, en este momento desaparece o muere el propio yo, por decirlo así. Sin embargo, en realidad el sujeto que ejecuta esta acción a primera vista completamente pasiva de obedecer a la intención del otro, no es sino el propio yo (el centro vital), firme y decidido del atacado. De modo que éste, por medio de obedecer con docilidad a la energía dirigida del atacante se convierte en el núcleo dinámico obedecer con docilidad a la energía dirigida del atacante se convierte en el núcleo dinámico del conjunto. El que domina ahora la situación con absoluto señorío es el atacado. El fenómeno llamado combate, esta especie de vida sumamente activa, gira en torno a él. Pero, su naturaleza se ha transformado; ya no encierra en su entraña aquella pugna hostil. Al contrario, todo emana con serenidad desde el centro. El caos agitado desaparece, y nace un nuevo cosmos armónico.
Esta inversión de la situación no se produce por primera vez al final del proceso, sino al comienzo del proceso, al instante mismo del contacto entre los dos. En realidad, incluso cabe decir que ella se produce "antes del combate", anterior a todo proceso combativo que se desencadena en el espacio-tiempo real. Esto es real en el caso, de un auténtico experto. Pero, muchas veces en la mano de un inexperto cae en una fantasía sin fundamento. Por tanto conviene elaborarlo paso a paso en un estudio concreto. Un tipo de ataque hoy poco habitual como apretar la muñeca del otro (antaño tuvo sin duda su mayor sentido práctico cuando los hombres llevaban armas blancas), pero que en Aikido forma parte de uno de los ejercicios básicos, ofrece un medio excelente para este motivo. Aquí no podemos entrar en detalle, pero una respuesta correcta a este ataque hace que la fuerza agresora quede completamente integrada en la estructura dinámica del agredido centrada en su hara, el centro vital suyo situado en el abdomen inferior. Mediante ejercicios sumamente simples uno puede experimentar el proceso con palpable claridad. Dentro de la estructura dinámica total o, según la expresión más usada de Aikido, dentro de la corriente global de ki, la parte apretada se convierte en el conducto del ki que fluye: el ki del atacante y el otro del atacado que sale del propio centro. Un principiante comienza por aprender, junto con la respiración regulada, a crear la firmeza en su centro al mismo tiempo que relajarse en el resto (los hombros, codos, etc.) con el fin de no obstruir sino dejar fluir libremente su ki, con naturalidad. Aquí se ve con claridad el sutil cambio producido en el carácter del combate.

Más que en cómo liberarse de una agresión, su interés se centra en cómo recuperar y procurar mantener la unidad de ki, que hay que dejar fluir y expandirse libremente. La mente, la respiración y el movimiento corporal se asimilan y se hacen uno. El centro de atención claramente se desplaza hacia otro lado que el puramente físico y material sin que se desconecte de él. La acción ya no es un mero ejercicio físico, sino psíquico o espiritual ya que requiere una mayor concentración y lucidez mental. Sin dejar de ser una actividad intensamente física, la de Aikido adquiere un carácter netamente distinto por ser vista y tratada desde dentro, como un fenómeno energético fluido, como un fenómeno de ki, que, por su naturaleza está más cerca a nuestra mente que nuestro cuerpo y que, por tanto se identifica, en cierto modo, con nuestro ánimo, pensamiento y voluntad, considerados como una fuerza real. Siendo una actividad corporal, Aikido se hace paradójicamente incorpóreo en este sentido. Una preponderancia física queda reducida a segundo término. Un principiante tiene que atravesar una etapa relativamente larga antes de adquirir este sentido de trabajar con ki y no con una fuerza muscular. En Aikido no tratamos nuestro cuerpo como una determinada masa con un determinado peso ---una de las razones de no acogerse en Aikido al sistema de pesos diferenciados adoptado en otros deportes---, sino como un flujo dinámico, como una vida misma en su estado vivo y activo en su espacio, en su ambiente, donde se encuentran también otras vidas activas. Visto así, un combate se presenta como un esfuerzo de organizar su propia vida en medio de otros flujos vitales v dinámicos. El espaciol leno de flujo vital, y el yo que es otro flujo vital, ---la relación de combate se reduce, desde el punto de vista del sujeto interesado a este esquema esencial. Por consiguiente, el dualismo, a primera vista irreductible, se reducea una actividad o vida fundamentalmente autónoma, en la que participan, cada uno a su manera, todos los demás. Lo dicho acerca de una cogida de mano, se aplica exactamente también a otros tipos de ataque como por ejemplo, un golpe de espada. El cambio que se produce entre las dos formas de ataque, a primera vista grande, se reduce al mínimo cuando son observados ambos fenómenos como un flujo de ki. Su paso no es discontinuo, sino continuo y gradual.

Como acabamos de ver, si una acción llamada combate está gobernada desde el principio hasta el fin y en cada instante de todo su proceso por el principio llamado kimusubi, unión de ki, se comprende con facilidad que ya no se trata de la superioridad física o técnica lo que realmente cuenta aquí, entendiendo por "técnica" en sentido usual, o sea, una habilidad mecánica. Para afrontar una puñalada, por ejemplo, nuestro problema real no consiste tanto en elaborar una destreza técnica para evitarla ---en este caso nunca se establece la unión de ki, como en lograr establecer el kimusubi con este flujo energético. Es una cuestión de percepción y entendimiento a la vez que de captación y comunicación en un nivel más profundo que en los planos meramente físico, psicológico e intelectual. Es una captación radical. Y el cuerpo bien entrenado responde de forma natural y espontánea a esta captación. Como hemos visto, la atención de un practicante de aikido se dirige, más que hacia fuera, hacia dentro de sí mismo. Pero, con el fin de evitar un malentendido conviene insistir que él no ignora en modo alguno de la seriedad de su situación real de estar frente a un enemigo que le ataca. Pero, lo capta desde dentro, desde su núcleo, su raíz, lo capta radicalmente. Su captación es esencial, no meramente física o superficial. Y, por otra parte, para realizar esta captación esencial y radical, él mismo tiene que partir de su propia raíz, de su profundidad. Tiene que actuar de forma esencial y radical, de tal manera que antes debe sumergirse en sí mismo hasta llegara su estrato más profundo y encontrar allí su último reducto inherente para poder desarrollar su acción contundente. Una captación radical es únicamente realizable desde este centro. En realidad, al descender hasta aquí, no sólo encuentra su propia fuente de acción, sino también la del otro. Ambas se encuentran aquí unidas. Un mínimo síntoma de cambio en la acción del contrincante se detecta, por tanto, con transparencia e inmediatez. Y esto no es sino el sentido de kimusubi.
Una de las actividades más sangrientas y, por tanto, más reales en el sentido físico y vital como un combate (no nos referimos a una competición deportiva con sus reglamentos, sino a un duelo) se interioriza profundamente de esta manera. Sin embargo, la interiorización se distingue fundamentalmente de una meditación o una oración o un pensamiento filosófico por permanecer en medio de una acción violenta llamada combate. Pertenece, pues, francamente más a la vida activa que a la contemplativa. Comprendemos, sin embargo, al mismo tiempo, que esta acción misma se ha convertido en una especie de meditación en algo que nos cuesta distinguir de ella. Y de esta manera el combate se ha superado paradójicamente a sí mismo. El Budo ha dejado de ser un acto salvaje y destructor, y se ha hecho creativo y espiritual. Morihei Ueshiba llamó a este Budo creativo "Takemusuaiki'. La vida activa se ha hecho a la vez contemplativa.
Una vez comprendida esta actitud básica que constituye el principio de Aikido, se comprende al mismo tiempo que ella ya no se restringe a una relación de contienda entre un individuo y otro o entre uno y múltiples. Trasciende a este nivel en cierto modo trivial, y alcanza una dimensión más importante y general. Pues, lo que es válido en un combate individual lo es también en una relación establecida entre un individuo y el conjunto de su mundo circundante, esto es, la Naturaleza, el Universo. Aquella misma actitud requerida en un combate define igualmente la vida de un hombre ante y en su mundo. El problema es, pues, esencialmente del hombre que se encuentra en su mundo. No la esclavitud o perdición, sino la libertad y plenitud del hombre, por un lado, y su situación armónica en su circunstancia, por otro; éstas son dos premisas que a menudo se contradicen y nos plantean problemas de difícil solución. Pero, la libertad y plenitud del hombre es únicamente posible cuando su situación en su circunstancia sea armónica; o sea, la última premisa es la premisa de la primera. Y el desarrollo saludable de la circunstancia o del ámbito humano y natural es la premisa de todo lo demás. En definitiva, el proteger y alentar la vida en su ambiente idóneo, en sentido amplio y elevado al mismo tiempo, es lo que se puede considerar la tarea del hombre más necesaria y urgente en este momento. Y esta tarea es justamente la que consideró suya también el creador de Aikido Morihei Ueshiba.
Pero, desde el punto de vista filosófico o epistemológico, Aikido nos ofrece una sugerencia sumamente interesante para resolver un problema serio y difícil: llenar el abismo y realizar una unificación entre el sujeto y el objeto o entre el yo y el mundo exterior sin acudir a recursos falsos como una "proyección subjetiva". Es un intento atrevido, a primera vista irrealizable, de encontrar una unidad íntima y radical entre el yo y el otro, reconociendo y respetando clara y rigurosamente su objetividad. ¡Y Aikido lo consigue con una ingenuidad y sencillez asombrosas!.


Eventos y Actividades