jueves, 12 de abril de 2018

El Aikido y las emociones


El Aikido y las emociones

Autor:  Jordi J. Serra, Ki Dojo Catalunya

 

 

Las técnicas de Aikido están diseñadas para ir generando en el aikidoka un estado de ecuanimidad, calma y valor. Esas son las cualidades y los resultados terapéuticos que surgen cuando nos desembarazamos del miedo, la rabia y el desaliento. Los elementos que a ello cooperan son, además de las técnicas en sí, determinados sistemas de respiración, visualización y determinadas configuraciones corporales.

El Aikido honra la eficacia marcial y también la dimensión estética de la vida. La salsa del Aikido es su aparente inocuidad, su ausencia de esfuerzos atléticos titánicos, su fluidez. El chimichurri no es el asado, pero el asado sin él se limita y se agosta. Se dice que el gran triunfo del diablo es que todos crean que no existe. El del Aikido es que no parezca un arte marcial al uso (pero sobre esto sería mejor hablar con los antidisturbios de Tokyo).

El trabajo de ki nos demuestra incontestablemente cómo lo mental influye directamente en lo corporal. ¡Cuanta más influencia tendrá en lo emocional, que es un terreno más próximo! Solo con la postura y la respiración, la emoción cambia y el carácter se asienta. Si a esto le añadimos la potencia enorme que confiere el estado de “relajación viva”, que es cuando aprendemos a no tener zonas vacías de mente en nuestro cuerpo, el resultado es el aumento y consolidación de una confianza básica que es lo que nos permite guiar las situaciones y resolver los conflictos pacíficamente.

Por ejemplo, cuando en Aikido se inmoviliza al agresor no se le provoca dolor, sino que se crea una situación en la que si no se mueve no siente dolor y solo, si se mueve sí lo siente. Así se abre un espacio mental terapéutico que es imposible de abrir cuando al cerebro le llega un estímulo doloroso continuo (como vemos en las estrangulaciones y luxaciones de los deportes de combate).

Todo en el Aikido está enfocado a lograr que disminuya el nivel de agresividad, a expresar la mente, a calmar las emociones y a resolver terapéuticamente los conflictos sin víctimas ni verdugos.

Salir de la dualidad

El Aikido nos coloca en una situación en que el dualismo excluyente, tan característico de nuestra sociedad,  no nos funciona. Ganar o perder; resistir o ceder; o todo o nada; conmigo o contra mí; siempre o nunca; fuerte o débil, etc. Este tipo de mentalidad es lo primero que la propia práctica lleva a abandonar. Como arte de la no resistencia, de la adaptabilidad y de la fluidez, es sobre todo un arte del realismo, un arte del peligro, un arte de la vida. Solo se puede abordar el peligro con posibilidades de éxito desde el máximo realismo, lo cual nos lleva a reconocer la inmensa complejidad de la realidad con su infinita gradación de matices y su incesante cambiar. Cuando nuestra mente se encierra en categorías excluyentes nos engaña buscando la seguridad de lo conocido.

El Aikido, pues, nos coloca frente a conflictos que al ser corporales son mucho menos susceptibles de autoengaño. O me han pegado un puñetazo en la cara o no me lo han pegado. O he proyectado a mi compañero al suelo o no lo he logrado. O mi cuerpo está centrado y equilibrado o estoy desequilibrado y trastabillando. O el brazo se dobla o no se dobla. Lo físico puede ser comprobado por una tercera persona, no depende de mí subjetividad.

Por otra parte, de esos conflictos ni queremos salir derrotados ni queremos una victoria a costa de la derrota del otro. Queremos que ambos obtengamos algo de la situación. Lo que quiero para mí lo quiero para el otro, y lo que no quiero para mí tampoco lo quiero para él.

Por consiguiente, si soy capaz de proyectar a mi atacante sin que éste reciba daño, yo obtengo mi libertad de acción, refuerzo mi convencimiento de que una salida pacífica es posible y no colaboro a que haya más violencia en el mundo. Me sano en la misma proporción que me alejo de la violencia. Lo que él obtiene es su integridad física y la sustitución de su ira por un estado mental no dañino ni para sí mismo ni para los demás y quizás vislumbre otra manera de resolver las cosas.

Así pues, cuando el aprendizaje del Aikido nos ha hecho pasar por miles de situaciones de enfrentamiento corporal y las hemos resuelto de acuerdo con la no resistencia, ni cediendo ni resistiendo sino guiando, y utilizando mente y cuerpo para cambiar la mente del agresor, protegernos de su ataque físico y nos ha funcionado, entonces es cuando nuestro cerebro realmente empieza a creer en la no dualidad y a asumirla como vía de resolución de todo tipo de conflictos, una vía terapéutica marcial.

En el Aikido, el Dojo se convierte en un laboratorio de pruebas donde observar nuestro funcionamiento corporal, emocional y mental y donde ensayar soluciones creativas, eficaces y pacíficas en un entorno protegido y seguro. La mentalidad así construida es la que nos va ayudar a solventar nuestros conflictos en todos los ámbitos de manera constructiva y eficaz.

 

miércoles, 28 de marzo de 2018

Cinco lecciones de liderazgo del Aikido


Cinco lecciones de liderazgo del Aikido

https://medium.com/espanol/five-get-out-of-your-own-way-leadership-skills-from-aikido-8af613b07482

 

El Aikido, como arte marcial, es un estudio de la energía, tanto la tuya como la de tu oponente, y en un contexto más amplio se puede aplicar a la vida y al liderazgo. Puede que ya estés poniendo en práctica algunas de las habilidades que se mencionan en este artículo, pero una práctica físico-mental como el Aikido puede ayudarle a afinar estas habilidades aún más.

Piensa que lo que te aporta el tatami en el dojo es un estudio microscópico y a la vez intenso sobre la fusión de cuerpo, mente y espíritu. Estos tres elementos deben estar en sintonía para el ‘ser’. Por eso al Aikido se le llama a veces ‘meditación en movimiento’. Todo esto puedes aplicarlo a tu estilo de liderazgo.

1. Armonizar, fusionarse con el problema vs atacar un problema. Salir de tu propio camino

El Aikido es diferente a otras artes marciales de combate. En lugar de enfrentarse o atajar un problema de frente, que puede que no funcione, elige el camino de la menor resistencia y no-conflicto, fusionándose, uniendo tu energía con la de tu oponente para crear un movimiento perfecto. De forma similar, cuando te enfrentas a un problema en el trabajo, no debes abordarlo atacándolo desde fuera, sino que debes trabajar desde dentro para encontrar una solución que obtenga el mejor resultado posible. Soluciona los defectos viendo a través de ellos.

2. Sincera y pura intención

En la práctica del Aikido, la intención debe ser pura. Los movimientos son sutiles, rápidos, y tanto el estudiante como su acompañante deben atacar con sinceridad para que la respuesta sea auténtica. Si no se ejecuta la técnica de forma apropiada con el cuidado de ambos, puedes resultar herido. Al igual que con la ejecución de un plan de negocio o gestionando un equipo, sé valiente: debes ser transparente en tus objetivos y ejecución. Debes liderar con la mente clara. Sin intentarlo a medias tintas.

3. Uso óptimo de energía y recursos

Haz la ‘respiración acompasada’. El Aikido hace hincapié en el uso óptimo de la energía. Movimientos circulares y un leve giro en la cadera marcan la diferencia en la práctica, haciéndote descubrir el poder que se encuentra dentro de ti. Hay un movimiento en Aikido llamado kokyu nage, o ‘respiración acompasada’. Haciendo uso de la energía de tu centro eres capaz de derribar a tu pareja sin mucho esfuerzo. Realiza un seguimiento de dónde y cómo se van a implementar tus recursos. Para el lanzamiento con éxito de un producto que satisfaga a tus clientes, debes estar enfocado, no disperso. Mantener el foco, el centro, te ayudará a ti y a tus empleados a permanecer fiel a tu visión.

4. Músculos flexibles. Empatía y escucha

El Aikido es ideal para desarrollar la empatía. No hay competición, sino repetición de movimientos con diferentes compañeros. Cada uno aporta su propia experiencia y perspectiva. Te fusionas con su energía, y él con la tuya. Como buen compañero necesitas ajustarte a los diferentes niveles de ‘comunicación’. Tu equipo de trabajo tendrá distintas expectativas y perfiles. Deberás ser un comunicador flexible y, sobre todo, saber escuchar.

5. Auto-maestría. Ajustar y repetir

El estudio del aikido dura toda una vida. A pesar de la repetición de movimiento, nunca es estático, como una corriente de agua–siempre aprender algo nuevo cada día. O-Sensei Morihei Ueshiba, fundador del Aikido (también conocido como O-Sensei / ‘Gran Maestro / Profesor’) comentó que sólo entendió de verdad la esencia del aikido en la última etapa de su vida. Como tocar un instrumento musical, se mejora con la práctica. Ajustando y repitiendo. Así serás un buen líder.

El Aikido, gestionar un equipo o montar un negocio comparten ciertas similitudes, es como crear una obra de arte.

Crea tu obra maestra.

 

miércoles, 14 de marzo de 2018

Entrevista a Sensei Claude Berthiaume


AIKIDO, Entrevista a Sensei Claude Berthiaume

 

***Nota:Entrevista realizada hace aproximadamente 20 años

 

Aprovechando su visita de marzo a la argentina, entrevistamos a Claude Berthiaume, 6 to. Dan de Aikido. Berthiaume, de 43 años, posee un dojo en Montreal, donde dicta clases, y brinda seminarios, no sólo en Montreal, sino también en Quebec, EEUU y Argentina.

 

Tomado de http://aikidoencordoba.blogspot.com.co/2012/09/aikido-entrevista-sensei-claude.html

 

 


 

 

Cuando Claude Berthiamue abandonó la práctica de hockey en 1971, a los 17 años, no imaginó que un pequeño aviso sobre Aikido, publicado en el periódico de su Montreal natal, le cambiaría la vida. Hoy, luego de dedicar 28 años al arte que ama, se asombra de haber llegado hasta donde hoy se encuentra. Recuerda, por ejemplo, que, cuando rendía el examen para 5to Kyu, le parecía que jamás podría rendir con éxito el de 3er kyu.

 

Tuvimos la oportunidad de conversar con él, gracias al Sensei Juan Tolone, con quien se contactó a través de Yamada Sensei.

 

KI: ¿Cómo ve al practicante argentino comparado con el canadiense?

CB: Son muy parecidos. Aunque aquí es un poco más nuevo que en los EEUU, con la influencia creciente de los shihanes, como Yamada Sensei, el Aikido en la Argentina está creciendo muy rápidamente.

KI: ¿Cómo es su kamae ante la vida?

CB: Cuando uno entrena, trata de relajarse y ser respetuoso. Lo que más me atrae es brindar Aikido a la gente y recibir de la gente enseñanzas. Este sería mi kamae.

KI: ¿Cómo es su Maai ante sus alumnos?

CB: Mis alumnos son todos individuos; no quiero que se conviertan en copias. Quiero enseñarles lo básico pero, cada uno, debe crecer en lo suyo. Cada uno trae algo al dojo; hay personas que se inclinan más por lo físico, otros por la técnica, pero todos son importantes. Esto es lo que hace que un grupo de practicantes sea fuerte y unido.

KI: Si no existir un atacante en Aikido, ¿existiría el Aikido?

CB: O’Sensei, que era una persona muy espiritual, eligió un arte marcial como el Aikido para trascender más allá del espíritu. Un atacante, supongo, es muy importante. Al menos en la parte física.

KI: ¿Quién es más importante en la práctica: el Uke o el Nage?

CB: Se necesita de los dos para poder desarrollarse y crecer. Se aprende realizando ukemi para los shijanes y, cuando se puede llegar a ser un muy buen Uke, se siente al movimiento. Si uno tiene la oportunidad de ser Uke con cinturones más avanzados, se aprende mucho.

KI: ¿Utilizó Aikido para defenderse en su vida?

CB: (se ríe) No mucho…

KI: ¿Qué hay de cierto en que el estudiante comienza a disfrutar Aikido cuando aprende a caer?

CB: Esto es individual. No todas las personas se sienten atraídas por las mismas cosas dentro del Aikido pero, una vez que empiezan, es como una droga.

KI: ¿A qué se debe el crecimiento del Aikido en estos momentos?

CB: Con que una persona practique. Esto hace que se corra la voz. Además, al no haber competencia en el Aikido (…)  y ya la gente, en la vida cotidiana, se enfrenta a demasiadas competencias, se ve al Aikido como una opción muy atractiva. En Aikido, la única competencia es con uno mismo. Tratar de mejorar en la práctica.

KI: ¿A qué se debe que, en Aikido, haya un mayor valor de la persona y, por lo tanto, un mayor respeto hacia todo practicante?

CB: Si practico con alguien y estoy por romperle el brazo, voy a parar porque no lo quiero lastimar. Yo no gano nada rompiéndole el brazo. Pero, si compito y quiero ganar, no me importará si el otro está en una mala posición. En Aikido, siempre tratamos de respetar el nivel de cada persona. Podemos hacer el mismo movimiento con alguien que recién comienza, como con alguien que practica desde hace 15 años. Cada practicante siente el límite del otro y logra su equilibrio.

KI: ¿Qué es el Ki para usted?

CB: El Ki es energía y la energía es poder, potencia. Potencia, no sólo en fuerza, en flexibilidad o en técnica. Ki es la unión de todo esto, sumándole la respiración.

KI: ¿Cómo “carga las pilas” para seguir adelante con el Aikido?

CB: Hay veces en las cuales estoy cansado. Trabajo todo el día. Pero cuando llego al dojo, allí es donde me “pongo las pilas”; allí cada uno trae su propia energía y, cuando uno entra, no hay otra elección. Hay ocasiones, donde uno entrena y está cansado antes de irse; pero, cuando sale del dojo totalmente cargado, lleno de energía, no puede ni dormir.

KI: ¿Qué significa Aikido para Claude Berthiaume?

CB: Aikido es la manera de brindarle paz a la gente. Este es el objetivo del Aikido: no tirar gente, ni inmovilizarla, sino llevar armonía entre los seres humanos y con todo lo que nos rodea. Si miramos un poco para afuera, hay mucho trabajo para realizar. Comenzando por mí…

 

martes, 27 de febrero de 2018

Musubi


Musubi

Por Mitsugi Saotome. Tomado de “Aikido”, Kairós: Barcelona.

 


 

“Aikido es el estudio de la sabiduría. Si no puedes controlarte y confiar en ti mismo – si no puedes verte a ti mismo claramente – nunca podrás tener ningún conocimiento o confianza de los otros y, ciertamente, no podrás controlarlos. El propósito del Aikido no es la creación de luchadores agresivos sino el refinamiento de la sabiduría y el autocontrol. Como estudiante de Aikido, debes estudiarlo para mejorar y pulirte a vos mismo, sin competir con los demás.

La clave en este proceso –y el corazón del Aikido– es Musubi. La traducción de esta palabra japonesa sería “unidad”, o “interacción armónica”. En la práctica, Musubi significa la habilidad de unirse, tanto física como mentalmente, con la energía de tu compañero/a. Musubi es el estudio de una buena comunicación. En cualquier interacción entre las personas existe la comunicación. Depende de los participantes que la interacción sea productiva o inútil, amigable u hostil, verdadera o inexacta. Musubi, a medida que se va refinando, puede significar la habilidad de controlar y alterar la interacción, cambiando una aproximación hostil en un encuentro saludable, o un ataque en un apretón de manos.

Musubi es a la vez un método de aprendizaje y el objetivo del estudio. Musubi, en su último refinamiento, está relacionado con la adquisición de un sentido de armonía universal y, en la técnica, la habilidad de controlar los encuentros para bien. Pero, ¿puede tal habilidad ser adquirida para forzar o infligir miedo a las personas que lo están aprendiendo? No. Musubi debe ser enseñado y estudiado de acuerdo a los principios que ejemplifica, para que la conciencia de los estudiantes de Aikido pueda ser refinada junto con sus movimientos físicos. Musubi debe ser enseñado a través de una buena interacción y una firme, pero amable, guía.

Aprender a responder ataques con Musubi es un proceso largo y difícil. Uno no puede golpear un principiante y decirle “No pelees, únete, ¡únete!” El principiante no solo no se unirá al ataque, sino que reaccionará con miedo y agresión, las reacciones instintivas frente a una amenaza. El principiante va a tratar de defenderse luchando o hiriendo al atacante. En Aikido el objetivo es domesticar y controlar esos instintos naturales, no estimularlos. Esta es la razón, especialmente con los principiantes, que a menudo se utilizan distintos ataques de agarre. El estudiante principiante no está preparado para tratar con ataques reales –como golpes y patadas– con calma mental o movimientos físicos propicios. Los agarres les permiten a los principiantes estudiar las técnicas sin miedo, manteniendo la integridad física mientras se aprenden las respuestas correctas. En vez de entablarse en lucha y competición, los estudiantes pulen tanto los movimientos físicos, como la mente. Los practicantes estudian: el control –de él o ella– mismos, su compañero/a, y la relación entre ambos. Los agarres tienen la ventaja de proveer el contacto físico entre los compañeros de práctica, de tal forma que ambos puedan sentir que hace que el movimiento funcione. Si no hay un contacto físico, los estudiantes principiantes encontrarían difícil la exploración los mecanismos de las técnicas.

La práctica de los principiantes usualmente comienza con agarres estáticos. Esto posibilita el estudio de una correcta postura, trabajo de pies y posición del cuerpo. Los estudiantes pueden progresar hacia agarres en movimiento, los cuales permiten el desarrollo del sentido del timing y la distancia, y la exploración de las relaciones espaciales entre ellos y sus compañeros/as de práctica. Posteriormente, los estudiantes pueden comenzar a ajustar los distintos grados y tipos de fuerza, velocidad y dirección. De esta forma, empiezan a crear confianza en sus habilidades para comunicarse con sus compañeros, a incrementar su sentido de intuición para con los movimientos e intenciones de los demás practicantes.

La cooperación es muy importante en el entrenamiento de Aikido. Casi toda la práctica se realiza con un compañero/a, y las relaciones entre los ellos debe ser la manifestación del Musubi. Tanto nage como uke tienen esta responsabilidad. Mientras nage debe entrenar para unirse con (más que luchar contra) los ataques; uke debe aprender a atacar de una forma que sea apropiada a la técnica que está siendo estudiada y de proveer las condiciones apropiadas para el aprendizaje. Por ejemplo, si el instructor demuestra una técnica que contiene una proyección hacia adelante, es apropiado que el uke empuje hacia adelante. En cambio si el uke empuja hacia atrás, tratando de anular la técnica de nage, esto lleva a la reducción de la técnica a la lucha y ni nage ni uke aprenderá cómo funciona la técnica o correctamente. Estudiantes avanzados se pueden beneficiar de ataques inesperados, práctica libre e intentos de contra-técnicas, pero esto se da luego de años de estudio de las técnicas básicas y del aprendizaje de las condiciones que requiera cada acción.

El estudio de Aikido es el estudio de la sabiduría, y la sabiduría, en gran parte, es la posesión de sentido común. El sentido común, desafortunadamente, es poco común. En este mundo es bastante difícil de encontrarlo o nunca se aprende. El entrenamiento en Musubi y en los principios básicos de Aikido involucra el re-aprendizaje del sentido común. Se puede encontrar evidencia de esto en los movimientos básicos de defensa del irimi y tenkan. Estos dos movimientos pueden ser entendidos como uno –irimi-tenkan– así como el yin y el yang forman, en conjunto, parte del todo.

Tanto el irimi como el tenkan son movimiento que las personas usualmente utilizan en su vida diaria sin pensarlo. Imaginemos que estas caminando en medio de una calle repleta de gente, y se ve a alguien que viene caminando justo hacia vos. Al momento del “casi” impacto uno se corre y deja pasar a la persona (irimi). Ahora imaginemos que la misma persona te empuja al momento de pasar a tu lado, uno simplemente gira y mantiene el propio equilibrio y sigue caminando (tenkan). Ambos movimientos son ejemplos simples y naturales del sentido común. Cualquier persona puede hacerlos, y su simplicidad y universalidad confirman su verdad.

Pero una persona no entrenada en Aikido que ve que alguien viene directo hacia ella con un ataque, automáticamente trata de caminar hacia atrás. Cuando es empujada en un gesto hostil, la persona o se paraliza del miedo o se agarra del agresor para no caerse. La persona pierde el sentido común y la habilidad para percibir la reacción natural.

El entrenamiento de Aikido, a través de su proceso gradual y cooperativo, enseña cómo aplicar los principios de Musubi en situaciones crecientemente dificultosas. Permite entrenar tu mente a mantener su calma y visión de tal forma que el miedo, la ira o la falta de confianza no distorsione los movimientos del cuerpo. A su vez, permite entrenar el cuerpo diligentemente; la práctica constante le provee al cuerpo la sabiduría de la experiencia. En este sentido, el cuerpo se vuelve el reflejo y la manifestación física de tu mente. El cuerpo y la mente trabajando como unidad –de nuevo, en la relación de Musubi– permite que reacciones simple, eficaz y sensiblemente bajo presión, en vez de ser dominado y controlado por las circunstancias.

Uno ve a estudiantes avanzados en Aikido atacándose y proyectándose muy fuerte, pero han llegado a este punto de su entrenamiento luego de pasar por varias etapas cuidadosas que permitieron educar su mente y su cuerpo. Por lo tanto, los ataques fuertes y vigorosos se convierten en un desafío más que en una amenaza. El propósito de los golpes, patadas y agarres en la práctica no tienen el objetivo de destruir al enemigo sino descubrir, la propia (así también la del compañero/a) fuerza, balance, intuición y estabilidad mental. En vez de enfrentarse con desconfianza, miedo y competitividad, uno afronta a los compañeros/as de práctica con concentración, sinceridad y sentimientos de disfrute.

Uno de los elementos –quizás el más importante– del Musubi es el aprendizaje de sentir y utilizar la unidad de la energía. Es por ello que el ejercicio de kokyu tanden ho, como lo decía O´Sensei, es el entrenamiento más fundamental en Musubi. El mismo no es una técnica de combate, sino el estudio de las relaciones físicas y el movimiento. Estando uke y nage enfrentados, uke tomando ambas muñecas de nage, este último utilizando todo su cuerpo como unidad coordinada, trata de desequilibrar a uke. El propósito (y allí radica su importancia fundamental en el Musubi) del suwari waza kokyu ho es descubrir el principio de la energía circular. Nage debe inspirar cuando uke agarra sus muñecas y espirar al momento de devolver la fuerza de uke, actuando como una unidad. La mente de nage debe mantenerse flexible y receptiva.

Suwari waza kokyu ho no es un ejercicio competitivo, no es un torneo de fuerza. Uke provee la suficiente resistencia para desafiar (en forma positiva) a nage, pero no tanta que haga que la técnica imposible de realizar. Nage no lucha para tirar a uke sino que utiliza este entrenamiento para estudiar el balance, respiración y unidad de la energía física y mental. A medida que el entrenamiento se va volviendo avanzado, verás que la fuerza física de tu compañero/a puede trabajar a tu favor. Dado que suwari waza kokyu ho se fundamenta en el principio de Musubi, absorbiendo y devolviendo la energía en forma circular, el efecto es tal que uke y nage armonizan sus energías. Nage termina utilizando, en forma combinada, su fuerza sumada a la de uke. Cuando más se resista y utilice su fuerza uke, mayor serán las herramientas con las que contará nage para desequilibrarlo. Esta circularidad de la energía es la esencia del Musubi.

Deberías aplicar el principio de Musubi que se aprende a través de suwari waza kokyu ho en todas las técnicas de Aikido. Es el Musubi el que te permitirá acceder al punto que la fuerza y el tamaño físico no hagan diferencia a la hora de realizar las técnicas. Si fallas en este último punto, siempre estarás a merced de la fuerza de los otros y caerás en el peligro de una lucha competitiva.

O´Sensei decía una y otra vez a sus estudiantes que los principios que rigen la naturaleza son los mismos que rigen al Aikido. Un pequeño pájaro puede volar en un ventarrón pero no luchando contra viento, debe tomar la fuerza del viento y sumársele. Uno puede manejar un pequeño bote en aguas tumultuosas, solo si se sabe cómo encarar las olas. Por lo tanto, también en Aikido, los estudiantes buscar aprender a recibir la fuerza y transformarla en su aliada, más que luchar contra ella. Esto es sabiduría y esto es la realidad del Musubi.

Al continuar el entrenamiento, tu habilidad para utilizar los principios del Musubi debería expandirse. El principiante necesita del contacto físico para poder sentir la conexión con su compañero. El estudiante avanzado aprende a mantener esa conexión con menos y menos contacto físico. Inclusive, algunas técnicas pueden realizarse sin siquiera el contacto físico. El entrenamiento diario, además de los beneficios en el plano corporal, incrementa tu habilidad para relacionarte no solo con tus compañeros/as de práctica, sino también con otros/as, dado que expande tu visión, tu intuición y tu sensibilidad. En tu vida fuera del Dojo, hay menos oportunidad de contacto físico con los otros, pero las lecciones aprendidas durante la práctica pueden ser aplicadas en beneficio de tus relaciones con los otros y con toda la humanidad en cuanto conjunto. El proceso de remoción prejuicios y pensamientos negativos y la creación de una nueva conciencia inclusiva no debería cesar nunca.

Finalmente, es importante recordar que para lograr el Musubi en la práctica, se debe establecer relaciones de confianza con los compañeros/as de práctica. Sin confianza, no se puede entrenar Aikido. El bujutsu de la antigüedad (artes marciales con el único fin de dejar fuera de combate al adversario) desarrollo luchadores muy hábiles, pero no necesariamente promovió mentes iluminadas. En la mayoría de los casos, dado que lo antiguos estudiantes de bujutsu eran empujados hacia el exitismo (de ello dependía su vida), se desarrollaba en ellos desconfianza y paranoia; la mentalidad propia de un luchador callejero. El propósito del Aikido, al contrario, es el desarrollo y refinamiento del espíritu – ganar fortaleza a través de la sabiduría, no la brutalidad. Esta es la razón por la cual el proceso del entrenamiento en Aikido es tan importante. A través de la educación progresiva el/la estudiante de Aikido va refinado su habilidad para acceder a un entrenamiento más vigoroso e intenso; así el significado y forma de la práctica va cambiando. Ataques fuertes y caídas con salto no son más instrumentos de amenaza, sino herramientas que mejoran las habilidades del aikidoka. La diferencia entre el bujutsu antiguo y el Aikido, en tanto entrenamiento vigoroso e intenso, es la diferencia existente entre un fuego descontrolado y el fuego de la forja. Uno destruye y mata; el otro siendo igual en calor e intensidad, mejora los metales crudos, les da forma y los vuelve en objetos de belleza y fortaleza flexible. Los estudiantes de Aikido siempre deben recordar que el propósito de su entrenamiento es el desafío y mejoramiento de ellos mismos, más que la intimidación a sus compañeros/as o la complacencia de sus propios egos a expensas de sus compañeros/as.

Son las cualidades de confianza, cooperación, apertura mental y generosidad en la práctica de Aikido las que permiten a los estudiantes abandonar los miedos que los limitan e inhiben, en su habilidad para interactuar con los otros. De esta forma, ganar la confianza en ellos mismos los llevará a potenciar sus conexiones armoniosas (Musubi). Sin Musubi, Aikido no es Aikido sino otra forma de combate.”

jueves, 22 de febrero de 2018

Aguas turbulentas


Aguas turbulentas

(Historia adaptada a partir de una anécdota atribuida al Maestro Zen Rinzai ||,
Japón. Ensayo sobre Budismo Zen, vol.1 D.T. Suzuki).






Un reconocido sensei regresaba de visitar varios dojo y de una larga peregrinación. Al cruzar el puente sobre un río de aguas turbulentas tres jóvenes practicantes lo reconocieron de inmediato y se acercaron a él. Uno de ellos se lanzó sin preliminares a preguntar al sensei:

-¿Qué tan profundo es el río del Budô?

Como única respuesta el sensei lo tomó de las solapas de su chaqueta y se aprestó a lanzarlo por encima de la barandilla al río turbulento que corría bajo sus pies.

Sus compañeros reaccionaron rápidamente y, tras excusarse con el maestro, solicitaron que éste desistiera de entregarle una lección instantánea a su atrevido compañero. Y todo quedó en apenas un gesto al borde del vacío. Sin más saludaron con cortesía al sensei, volvieron a pedirle disculpas por las molestias, se despidieron de él y cada uno continuó su camino.

Años más tarde, el joven y atropellado practicante llegó hasta el dojo del sensei y solicitó el permiso para ingresar y así poder practicar bajo su dirección. El sensei lo reconoció de inmediato como el protagonista del incidente en el puente sobre el río de aguas turbulentas. Y lo aceptó en ese instante.

Y así, muchos años más tarde, éste mismo se convertiría en un reconocido sensei a su vez.

De la anécdota se desprende que conviene estar preparado para recibir la respuesta antes de realizar la pregunta. El método directo de transmisión puede implicar una experiencia directa y ruda con la realidad. El joven practicante se inspiró en la imagen del río para realizar su pregunta como una metáfora acerca de la complejidad y transcendencia del Camino. El Sensei, al lanzarlo al río, lo enviaba a sondear por sí mismo la realidad. Una experiencia directa. El Dô no es broma, ni mero juego de ideas; es algo muy serio en que se juega la vida y así existe la posibilidad de la iluminación, el satori.

martes, 30 de enero de 2018

"No nos alcanza el tiempo": creencia que nos impide alcanzar el éxito


'No nos alcanza el tiempo': creencia que nos impide alcanzar el éxito

Tomado de la web. Autor:desconocido


 La paciencia y la oportunidad…Todo llega cuando tiene que llegar. Una vida no puede vivirse con prisas, no puede ajustarse a un calendario, como intenta tanta gente. Los seres humanos tenemos muchas dimensiones, pero el tiempo no es como lo vemos, sino que se compone de lecciones que se van aprendiendo”,  sostiene Brian Weiss, en su libro  ‘Los  Mensajes de los Sabios’.

No obstante contrario al mensaje del autor, la mayoría de los seres humanos pasamos nuestras vidas, conectados en el pasado y acelerados por el futuro, es decir que vivimos pegados al calendario de los recuerdos y queriendo en nuestro presente tener el control de nuestro futuro. Vivimos a las carreras. Sin detenernos un instante a disfrutar el presente. También vivimos dejándolo todo para mañana. Sin  conectarnos con el ‘aquí y el ahora’. Uno de los secretos para crear abundancia y prosperidad.

Tampoco hemos aprendido a valorar los minutos y horas que están presentes en nuestra vida. No nos hemos dado cuenta de que ‘el tiempo es oro’ porque a veces lo desperdiciamos y le damos más valor a estar pegados frente al televisor, hablar y criticar a los demás… En fin le echamos la culpa al tiempo de los problemas y dificultades. Por lo que a diario una de las creencias limitadoras que empleamos a la hora de justificarnos cuando no alcanzamos el  éxito y la prosperidad, es la falta de tiempo.

Al fin de cuentas como lo señala la Coach y Entrenadora Transformacional, Myriam Chávez,  “ todos los seres humanos tenemos 24 horas al día y algunos de nosotros experimentamos comodidad, plenitud y abundancia de tiempo, mientras que otros están siempre apresurados y sin tiempo suficiente. Esta es otra forma de escasez”.

Descubrimos con los años que el tiempo no tiene nada que ver con lo que queremos en nuestra vida, el reloj simplemente nos marca las horas y no nuestra dirección o plan de vida. El tiempo pasa indeteniblemente, implacablemente y no pregunta quién se sube para darle un buen uso.  Perdemos el tiempo por doquier y no disfrutamos nuestra vida.

Hay una vieja historia sobre un granjero que “un día de madrugada, le dijo a su esposa que iba a arar las cuarenta plazas del sur. Muy temprano empezó a aceitar el tractor y como necesitaba más aceite, fue a la bodega a traerlo. En el camino se dio cuenta que los cerdos no habían comido, así que se fue a la bodega donde encontró unos costales. Eso le recordó que había que cosechar las papas, mientras iba hacia el sembrado de papas, pasó por donde estaba la leña y se acordó que su esposa necesitaba leña en casa. Mientras estaba recogiéndola pasó un pollo enfermo. Puso la leña en el suelo y se fue tras el pollo. Cuando cayó la noche aún no había sacado el tractor al campo y así le paso el tiempo”.

Muchas personas pierden el tiempo dedicándose a aquellas cosas que son fáciles de hacer, o aquellas que nos gustas hacer. Por lo que tendemos a dilatar aquellas cosas que deberíamos hacer. Las prioridades son lo primero. Por lo que debemos aprender a no dejar que otros trabajos interrumpan nuestro horario planificado.  Aquellas cosas que son fáciles de hacer, o cosas de rutina, o cosas que nos gusta hacer, pueden hacerse cuando ya hemos terminado con las prioridades.

 En otras palabras a distribuir nuestra vida laboral, profesional, financiera, amor, recreación, salud, con nuestra vida espiritual y por su supuesto a estar en servicio de otros. ¡Recuerde que redimimos el tiempo, cuando lo aprovechamos al máximo: los minutos, las horas y los días de nuestra vida atareada!.

martes, 23 de enero de 2018

La importancia del Seiza


La importancia del Seiza

https://aikicallimich.wordpress.com/2009/10/24/la-importancia-del-seiza/

 


A muchos alumnos le he pedido que pongan más voluntad en desarrollar su habilidad y capacidad, para sentarse correctamente en la posición de Seiza. Es necesario que conozcan todas las ventajas que nos aporta la postura y su importancia en las técnicas de Suwari Waza y Hanmi Handachi Waza.

En el aspecto físico nos ayudan a desarrollar la fuerza y el dominio de las caderas, una postura correcta y recta, nos refuerza y fortalece los músculos de la espalda y piernas, la elasticidad de las articulaciones de rodilla, tobillo y dedos de los pies, desarrolla nuestra habilidad al desplazarnos y nos ayuda a exteriorizar el KI.

Pero su mayor importancia es el aporte que hace para el practicante en cuanto a la comprensión profunda del Arte y de su etiqueta. Respecto a este tema podemos encontrar el siguiente texto, del cual hacemos un extracto. El texto original se puede leer en el libro, “El Espíritu del Aikido”. Por. Kisshomaru Ueshiba.


“….estos ejercicios están basados en el seiza, el estilo tradicional de sentarse. Una vez que esta postura se convierte en un modo natural de sentarse, como se requiere al principio y al final de cada clase de aikido, conduce por sí sola al desarrollo de una adecuada etiqueta. Desde tiempos antiguos ha sido una máxima del budo: «Comienza con la etiqueta y termina con la etiqueta.» La etiqueta que se enseña en aikido -respeto mutuo, consideración por los demás, aseo- no se les impone a los alumnos mediante adoctrinamiento o amenazas, sino que es la consecuencia natural de aprender a sentarse correctamente en seiza y de dominar los fundamentos del Suwari Waza. El cuerpo recto está relacionado con la mente recta, y la clave del asunto radica en el respeto por el alumno individual, el cual deseará, desde su interior y por propia iniciativa, comportarse de acuerdo con las más altas normas de conducta. La etiqueta es un aspecto importante de la práctica para todo alumno de aikido.


La postura seiza de sentarse, una civilizada costumbre ceremonial entre los japoneses desde tiempos antiguos, es la fuente de la etiqueta natural impresa en la mente de la gente. Aunque la costumbre de sentarse en seiza puede estar decayendo en la vida diaria, estoy convencido de que sus raíces éticas y espirituales no desaparecerán fácilmente. Y cuando veo a los niños en el Dojo sentados en seiza, con sus espaldas rectas y las dos manos colocadas sobre sus rodillas dobladas, renuevo otra vez mi convicción de que debe seguir ocupando un lugar central en la práctica del aikido, porque es la fuente de la etiqueta correcta, es básica para muchas técnicas y es esencial para el buen entrenamiento.”


Espero que se tenga muy en cuenta esta enseñanza en nuestras próximas clases y que esto contribuya a nuestro desarrollo y disfrute del Aikido.

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