viernes, 15 de junio de 2018

Mokuso


MOKUSO


 

 



Mokuso es el acto de meditación antes o después de un entrenamiento. Se usa al empezar para concentrarse en el entrenamiento. En el trabajo que se va a realizar.

Al terminar, para relajarse de la tensión mantenida durante el entrenamiento y para volver al estado normal.

La meditación (considerada como la actividad pasiva perfecta para la salud y como antídoto recomendable para el estrés) siempre ha estado vinculada a la práctica marcial, tanto en Japón como en China, como medio intrínseco y necesario para alcanzar la maestría.   La meditación es para la práctica mental lo mismo que la parte física para el cuerpo, a pesar de que algunos practicantes la desestimen por considerarla inútil para la lucha.

La meditación en las artes marciales japonesas tiene una clara influencia del budismo zen, pero no una connotación religiosa.

Introducción

La sociedad japonesa adora los rituales y un arte marcial requiere comprensión (y práctica reiterada) para progresar y evitar convertirnos en robots, repitiendo un gesto sin tener conocimiento sobre lo que estamos haciendo.

Mokuso está estrechamente ligado al concepto de Mushin (literalmente, “la mente de la no mente”.   Es un estado en que la mente permanece abierta y receptiva sin emociones ni sentimientos), siendo necesario para la práctica de este último.

Cada practicante realiza Mokuso de una forma y con objetivos distintos. Relajación, preparación para o liberación de son algunos conceptos que se vinculan al Mokuso. Puede ser cualquiera de ellos, en función del momento en el que estemos, pero siempre en un intento de búsqueda del Mushin.

El acondicionamiento físico es más fácil, por lo que se obtienen resultados positivos primero. Pero un estado mental adecuado maximizará el rendimiento físico, eliminando pensamientos no adecuados, fundamental en situación de combate, donde no hay que pensar, sino actuar.

Significado de Mokuso

El término Mokuso ( ) está compuesto por los caracteres:

Moku: no decir nada, mantener en silencio

So: Pensamiento, idea, imaginación, consideración, concebir, imagen

Podríamos, por lo tanto, traducirlo como “el acto de silenciar nuestros pensamientos” o “pensar en la nada”.

Objetivos

Al inicio: eliminar todos aquellos pensamientos y preocupaciones que nos puedan perturbar o distraer y prepararnos para absorber las enseñanzas y centrarnos en la práctica.

Al final: relajarnos, dejar fluir los pensamientos y analizar lo estudiado, puesto que liberar la mente después del estudio mejora el aprendizaje.

¿Cómo realizamos Mokuso?

Normalmente se realizará en silencio, para evitar distracciones. En la mayoría de los Dojos está basado en una combinación de la postura corporal, la respiración y la concentración mental, siendo sus características más generales las siguientes:

Posición

Nos sentaremos adoptando la posición de seiza.

Debemos relajar los hombros, dejando caer los brazos naturalmente, con la espalda erguida y sin inclinar la cabeza.  El rostro también debe estar relajado.

En cuanto a las manos, como siempre, hay una gran variedad de opciones.   Quizá la más extendida sea la adoptada del Budismo Zen, que es colocar la mano izquierda sobre la derecha (palmas hacia arriba), tocando ligeramente la parte inferior del abdomen, con los dedos juntos, pero sin presiones, y los pulgares tocándose las puntas formando un ovalo con las palmas.

La mano izquierda representa la calma, el espíritu… La derecha representa la acción, lo material, el ego… Ambas acaban unidas por los dos pulgares.

Habitualmente se cierran los ojos, evitando los posibles estímulos y distracciones circundantes.   Si bien esto ayuda a la realización de Mokuso (sobre todo a los occidentales y a los principiantes) no es necesario cerrar los ojos para ello, basta con entornar los parpados, en lo que se conoce como los Ojos de Buda (medio cerrados pero viéndolo todo).

Respiración

La respiración es para muchos el aspecto más importante en la práctica del Mokuso.   Un control de la respiración reduce el ritmo cardíaco y el estrés, relajándonos física y mentalmente.   No es necesario mantener ningún ritmo ni tipo de respiración (no se debe forzar, solamente hacerla relajado).

Lo habitual es inhalar lentamente por la nariz (usando el diafragma) expandiendo el vientre, sin tensiones musculares, hasta que percibamos que no podemos inspirar más.   Aquí deberíamos aguantar el aire un instante, momento en el cual empieza la exhalación (por nariz o boca), suavemente, contrayendo el vientre hasta sentir que necesitamos inspirar otra vez.   Debemos empujar el aire por el espacio formado entre la lengua y el paladar.

Una situación de miedo o estrés nos provoca un desajuste respiratorio, con la consiguiente sensación de bloqueo óseo-muscular o temblores.   Una respiración adecuada (fruto de un entrenamiento diligente) evitaría estos síntomas.

Mente

La mente debe de estar libre de pensamientos que nos distraigan, pero completamente alerta y despierta, en un estado calmado, imperturbable, algo fácil de decir pero no de hacer.

Adoptar una postura facilitadora (en nuestro caso Seiza) y centrarnos en la respiración reduce la cantidad de pensamientos y ayuda a alcanzar el estado adecuado.   La inmovilidad del cuerpo ayudará a retener la mente.

Conclusiones

Parece claro que no es necesario ser un experto practicante de artes marciales para meditar ni adoptar una postura o acción concreta.   Sencillamente debemos dejar a un lado cualquier pensamiento que nos aparte de la acción que vamos a emprender, puesto que una mente calmada y controlada, como resultado de la práctica correcta y prolongada, tiene efectos beneficiosos (reducción de estrés, descenso del consumo de oxígeno, la presión sanguínea y el pulso…).

Vemos que el Mokuso es un entrenamiento mental que nos enseña a alejar los problemas y preocupaciones personales fuera del dojo.   A muchos les llegará conocer el aspecto externo para cubrir sus necesidades, pero no a un verdadero budoka.   Debe ser una práctica individual y continuada, siempre buscando un conocimiento más profundo del arte, y quizá convertirlo en una parte indispensable de nuestro día a día.

Podemos afirmar que el Mokuso nos enseña a optimizar nuestro “interruptor mental” necesario para la práctica (o situación real).

miércoles, 23 de mayo de 2018

Acerca del valor de la mensualidad



 

Texto original:https://aikicore.wordpress.com/2017/03/24/sobre-valores-de-mensalidade/

Traducción y revisión: Atziri Servin.


 

 



Nunca pienses que estás pagando por el Aikido. No se puede comprar lo que ofrecemos y enseñamos. Tus contribuciones mensuales soportan los costes de propiedad, artículos de consumo (vasos, papel, productos de limpieza, agua y facturas de electricidad, etc.) y, siempre que sea posible, un sueldo para los instructores. Las lecciones que se enseñan en el dojo fueron aprendidas por tu maestro durante una vida de entrenamiento. Esta capacitación tuvo un precio que el dinero no puede reemplazar. Este precio fue el sacrificio, sudor, sangre y lágrimas, todo para aprender algo tan valioso que podemos transmitirte.

 

Hay quienes piensan que la práctica del Aikido, o cualquier otro arte marcial, debe ser más barato o hasta gratis. Quieres un buen lugar para entrenar, aire acondicionado para el verano y aire caliente para el invierno, agua potable, aseos, un lugar lleno de equipo que  puedes utilizar; eso es lo que cubre tu cuota mensual. Por desgracia, si no hay dinero, no se construye tal espacio.

 

Ahora, para ser claros, aprender este arte no tiene precio. No puede ser comprado o vendido, debe ser ganado y aprendido. Sí, tienes que ganarlo. Aquí no se entrega una cinta negra a cambio de dinero. Para poder usarla es necesario cambiar y crecer como ser humano. No habrá caminos fáciles en una verdadera escuela de artes marciales, y los que buscan una manera fácil y sencilla, desde luego no vendrán aquí. Sí, soy yo. No soy un político y no creo en las promociones de esa manera. Creo que las promociones en un arte marcial deben ser para que te hagas más fuerte, más centrado, prudente, luches y logres tus objetivos. Esto no se puede aprender con el dinero, sólo se puede aprender cuando te comprometes a la sesión de ejercicios, cuando luchas por crecer y cambiar.

 

El camino no será fácil, pero a lo largo de este también tendrás que divertirte, conocer gente nueva, despedirte de algunos, y aprenderás acerca de lo que en realidad es el respeto, integridad y trabajo duro. Estos son los valores que nuestra sociedad necesita hoy desesperadamente. Ver su Dogi (kimono), ir al dojo, convertir tu fuerza de voluntad en algo más grande que tus mejores excusas. Si yo puedo, tú también puedes. Nunca he tenido mucho talento para el Aikido, pero siempre entrené como loco, nunca permití que mis fracasos me impidieran ir al dojo o a un seminario.

 

Continuar la formación, y reconocer el verdadero valor de lo que se está aprendiendo, y lo que realmente contribuyes mensualmente en tu dojo. Trabaja duro, se amable... y las maravillas que el Aikido puede hacer por ti serán reveladas.

 

martes, 8 de mayo de 2018

Budo


BUDO

*Conferencia atribuida al fundador del Aikido, O Sensei Morihei Ueshiba

 


A lo largo de la historia, numerosos profesores de religión y filosofía han aportado su mensaje de verdad y han hablado del poder último de la Armonía. Sin embargo... ¿Por qué han resultado victoriosos quienes han entablado una lucha encarnizada contra esta Armonía, sirviéndose de la fuerza destructiva del Budo?.

Pocos pensadores y filósofos supieron expresar esta verdad con todo su ser. Sus teorías, formuladas sólo en palabras, no podían educar sino la mente. La verdad no es lógica.

Para descubrir esta verdad y alcanzar este poder último, es necesario emprender tres formas de entrenamiento simultáneo:

Debéis entrenar vuestra mente para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Debéis entrenar vuestro cuerpo para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Debéis entrenar el Ki, la fuerza del alma que unifica el cuerpo y la mente para estar en Armonía con los movimientos del Universo.

Si la mente está en Armonía con el Universo las palabras tienen que estarlo también. Las palabras deben estar unidas con el Kami. Seguidamente, los movimientos del cuerpo y la mente han de armonizarse con las palabras. Este es el secreto que el Budo me ha enseñado.

Me he dado cuenta que el cuerpo y la mente deben estar unidos por el Ki antes de incorporarse al Universo. A través de esta milagrosa función del Ki, el cuerpo y la mente pueden unirse y, en virtud del entrenamiento, comprenderéis la Unidad Universal. Entonces vuestra mente será límpida y vuestro espíritu irradiará salud. Os será posible resolver todos los conflictos y convertir a esta tierra en un mundo de paz.

Pero si se utiliza incorrectamente esta función milagrosa del Ki, el cuerpo y la mente zozobrarán en el desorden y el Universo se devendrá en caos. Es esencial que mente, cuerpo y Ki estén en Armonía con los ritmos del Movimiento Universal. El Aikido es la Vía de la Verdad. Y el entrenamiento del Aikido sirve para expresar la esencia de la verdad en la vida cotidiana. Es una expresión que genera el poder del Kami. Cualquier teoría en sí misma es inútil, debe ser llevada a la práctica. Con entrenamiento, la fuerza de la verdad se expande a la mente y el cuerpo y el Aikido los unirá con el Universo gracias al Ki.

miércoles, 25 de abril de 2018

Aikido Verbal: la técnica japonesa que te ayudará a protegerte de ataques verbales


Aikido verbal: La técnica japonesa que te ayudará a protegerte de ataques verbales

Tomado de : http://persuasum.com/aikido-verbal-la-tecnica-japonesa-que-te-ayudara-a-protegerte-de-ataques-verbales/

 


Cuando oímos hablar de una técnica japonesa lo primero que viene a la mente es que pudiese tratarse de arte marcial, lo que asimilamos como un método de defensa personal o combate. No obstante, el maestro Morihei Ueshiba, ha desarrollado en el moderno Japón, el Aikido [del cual se toman sus principios para aplicar] el denominado “Aikido verbal”.

Se trata de un arte marcial cuya filosofía se basa en neutralizar al adversario en situaciones de conflicto sin ocasionarle algún daño e integra todos los aspectos de la persona: físico, mental y espiritual.

En la actualidad, vivimos en una sociedad más civilizada donde irse a los golpes con nuestros semejantes o con insultos a raíz de alguna discusión no es la salida más adecuada. La idea es evitar dejarse arrastrar por la tensión de la situación y desarrollar la capacidad de mantener la compostura. El Aikido verbal es una técnica orientada al desarrollo de esa capacidad de mantener un estado calmado y tener un balance emocional en medio de situaciones tensas para evitar que los involucrados resulten perjudicados.

Sus ejecutores buscan escuchar de manera atenta la opinión del contrario manteniendo una actitud positiva y disposición a resolver la situación de la mejor manera, buscando comprender el otro punto de vista, controlando nuestras propias emociones y reacciones físicas.


Técnicas del Aikido verbal

El aikido verbal nos provee de ciertas técnicas para evadir la agresión. Dichas estrategias se encuentran inspiradas en movimientos del arte marcial y han demostrado ser bastante efectivos bordear estas situaciones:

  • Ceder y consentir. Se trata de dar razón siempre y cuando no nos esté perjudicando la situación.
  • Ceder y defender postura. Insistir en nuestra opinión y aceptar que la opinión del otro puede ser válida.
  • Cumplido. Empleada cuando el otro siente complejo de superioridad y de ahí se origina su desacuerdo.
  • Replica desintoxicante. Se trata de responder con interrogantes defendiendo nuestro punto de vista.
  • Constatación objetiva. Implica aceptar el descontento del otro demostrando iniciativa de querer resolver la situación de la mejor manera.
  • Confrontación. Asumir actitud autoritaria y exigir respeto recalcando lo que nos molestó.
  • Hablar claro. Radica en evitar responder a la agresión y resaltar el trato que recibimos y qué no se le permitirá.
    Debemos aprender a ser tolerantes para no reaccionar de manera agresiva y proceder a aplicar cualquiera de las técnicas antes descritas, pues la finalidad del aikido verbal gira en torno al punto de vista del otro, es decir, tratar de ponerse en el lugar de la otra persona y entender lo que siente. Es una gestión inteligente del conflicto donde evitamos el gasto de energía en lo que no lo merece y gastas la necesaria en lo que si lo amerita.
    Es normal que existan desacuerdos con nuestros semejantes y es necesario darlos a conocer de la manera más adecuada, evitando ofender o lastimar a nuestro contrario. Por ello es importante que ante cualquier conflicto recuerdes:

  • Mantener distancia ante el agresor.
  • Tomar el tiempo necesario para dar respuesta al agresor.
  • Evitar impulsos violentos.

jueves, 12 de abril de 2018

El Aikido y las emociones


El Aikido y las emociones

Autor:  Jordi J. Serra, Ki Dojo Catalunya

 

 

Las técnicas de Aikido están diseñadas para ir generando en el aikidoka un estado de ecuanimidad, calma y valor. Esas son las cualidades y los resultados terapéuticos que surgen cuando nos desembarazamos del miedo, la rabia y el desaliento. Los elementos que a ello cooperan son, además de las técnicas en sí, determinados sistemas de respiración, visualización y determinadas configuraciones corporales.

El Aikido honra la eficacia marcial y también la dimensión estética de la vida. La salsa del Aikido es su aparente inocuidad, su ausencia de esfuerzos atléticos titánicos, su fluidez. El chimichurri no es el asado, pero el asado sin él se limita y se agosta. Se dice que el gran triunfo del diablo es que todos crean que no existe. El del Aikido es que no parezca un arte marcial al uso (pero sobre esto sería mejor hablar con los antidisturbios de Tokyo).

El trabajo de ki nos demuestra incontestablemente cómo lo mental influye directamente en lo corporal. ¡Cuanta más influencia tendrá en lo emocional, que es un terreno más próximo! Solo con la postura y la respiración, la emoción cambia y el carácter se asienta. Si a esto le añadimos la potencia enorme que confiere el estado de “relajación viva”, que es cuando aprendemos a no tener zonas vacías de mente en nuestro cuerpo, el resultado es el aumento y consolidación de una confianza básica que es lo que nos permite guiar las situaciones y resolver los conflictos pacíficamente.

Por ejemplo, cuando en Aikido se inmoviliza al agresor no se le provoca dolor, sino que se crea una situación en la que si no se mueve no siente dolor y solo, si se mueve sí lo siente. Así se abre un espacio mental terapéutico que es imposible de abrir cuando al cerebro le llega un estímulo doloroso continuo (como vemos en las estrangulaciones y luxaciones de los deportes de combate).

Todo en el Aikido está enfocado a lograr que disminuya el nivel de agresividad, a expresar la mente, a calmar las emociones y a resolver terapéuticamente los conflictos sin víctimas ni verdugos.

Salir de la dualidad

El Aikido nos coloca en una situación en que el dualismo excluyente, tan característico de nuestra sociedad,  no nos funciona. Ganar o perder; resistir o ceder; o todo o nada; conmigo o contra mí; siempre o nunca; fuerte o débil, etc. Este tipo de mentalidad es lo primero que la propia práctica lleva a abandonar. Como arte de la no resistencia, de la adaptabilidad y de la fluidez, es sobre todo un arte del realismo, un arte del peligro, un arte de la vida. Solo se puede abordar el peligro con posibilidades de éxito desde el máximo realismo, lo cual nos lleva a reconocer la inmensa complejidad de la realidad con su infinita gradación de matices y su incesante cambiar. Cuando nuestra mente se encierra en categorías excluyentes nos engaña buscando la seguridad de lo conocido.

El Aikido, pues, nos coloca frente a conflictos que al ser corporales son mucho menos susceptibles de autoengaño. O me han pegado un puñetazo en la cara o no me lo han pegado. O he proyectado a mi compañero al suelo o no lo he logrado. O mi cuerpo está centrado y equilibrado o estoy desequilibrado y trastabillando. O el brazo se dobla o no se dobla. Lo físico puede ser comprobado por una tercera persona, no depende de mí subjetividad.

Por otra parte, de esos conflictos ni queremos salir derrotados ni queremos una victoria a costa de la derrota del otro. Queremos que ambos obtengamos algo de la situación. Lo que quiero para mí lo quiero para el otro, y lo que no quiero para mí tampoco lo quiero para él.

Por consiguiente, si soy capaz de proyectar a mi atacante sin que éste reciba daño, yo obtengo mi libertad de acción, refuerzo mi convencimiento de que una salida pacífica es posible y no colaboro a que haya más violencia en el mundo. Me sano en la misma proporción que me alejo de la violencia. Lo que él obtiene es su integridad física y la sustitución de su ira por un estado mental no dañino ni para sí mismo ni para los demás y quizás vislumbre otra manera de resolver las cosas.

Así pues, cuando el aprendizaje del Aikido nos ha hecho pasar por miles de situaciones de enfrentamiento corporal y las hemos resuelto de acuerdo con la no resistencia, ni cediendo ni resistiendo sino guiando, y utilizando mente y cuerpo para cambiar la mente del agresor, protegernos de su ataque físico y nos ha funcionado, entonces es cuando nuestro cerebro realmente empieza a creer en la no dualidad y a asumirla como vía de resolución de todo tipo de conflictos, una vía terapéutica marcial.

En el Aikido, el Dojo se convierte en un laboratorio de pruebas donde observar nuestro funcionamiento corporal, emocional y mental y donde ensayar soluciones creativas, eficaces y pacíficas en un entorno protegido y seguro. La mentalidad así construida es la que nos va ayudar a solventar nuestros conflictos en todos los ámbitos de manera constructiva y eficaz.

 

miércoles, 28 de marzo de 2018

Cinco lecciones de liderazgo del Aikido


Cinco lecciones de liderazgo del Aikido

https://medium.com/espanol/five-get-out-of-your-own-way-leadership-skills-from-aikido-8af613b07482

 

El Aikido, como arte marcial, es un estudio de la energía, tanto la tuya como la de tu oponente, y en un contexto más amplio se puede aplicar a la vida y al liderazgo. Puede que ya estés poniendo en práctica algunas de las habilidades que se mencionan en este artículo, pero una práctica físico-mental como el Aikido puede ayudarle a afinar estas habilidades aún más.

Piensa que lo que te aporta el tatami en el dojo es un estudio microscópico y a la vez intenso sobre la fusión de cuerpo, mente y espíritu. Estos tres elementos deben estar en sintonía para el ‘ser’. Por eso al Aikido se le llama a veces ‘meditación en movimiento’. Todo esto puedes aplicarlo a tu estilo de liderazgo.

1. Armonizar, fusionarse con el problema vs atacar un problema. Salir de tu propio camino

El Aikido es diferente a otras artes marciales de combate. En lugar de enfrentarse o atajar un problema de frente, que puede que no funcione, elige el camino de la menor resistencia y no-conflicto, fusionándose, uniendo tu energía con la de tu oponente para crear un movimiento perfecto. De forma similar, cuando te enfrentas a un problema en el trabajo, no debes abordarlo atacándolo desde fuera, sino que debes trabajar desde dentro para encontrar una solución que obtenga el mejor resultado posible. Soluciona los defectos viendo a través de ellos.

2. Sincera y pura intención

En la práctica del Aikido, la intención debe ser pura. Los movimientos son sutiles, rápidos, y tanto el estudiante como su acompañante deben atacar con sinceridad para que la respuesta sea auténtica. Si no se ejecuta la técnica de forma apropiada con el cuidado de ambos, puedes resultar herido. Al igual que con la ejecución de un plan de negocio o gestionando un equipo, sé valiente: debes ser transparente en tus objetivos y ejecución. Debes liderar con la mente clara. Sin intentarlo a medias tintas.

3. Uso óptimo de energía y recursos

Haz la ‘respiración acompasada’. El Aikido hace hincapié en el uso óptimo de la energía. Movimientos circulares y un leve giro en la cadera marcan la diferencia en la práctica, haciéndote descubrir el poder que se encuentra dentro de ti. Hay un movimiento en Aikido llamado kokyu nage, o ‘respiración acompasada’. Haciendo uso de la energía de tu centro eres capaz de derribar a tu pareja sin mucho esfuerzo. Realiza un seguimiento de dónde y cómo se van a implementar tus recursos. Para el lanzamiento con éxito de un producto que satisfaga a tus clientes, debes estar enfocado, no disperso. Mantener el foco, el centro, te ayudará a ti y a tus empleados a permanecer fiel a tu visión.

4. Músculos flexibles. Empatía y escucha

El Aikido es ideal para desarrollar la empatía. No hay competición, sino repetición de movimientos con diferentes compañeros. Cada uno aporta su propia experiencia y perspectiva. Te fusionas con su energía, y él con la tuya. Como buen compañero necesitas ajustarte a los diferentes niveles de ‘comunicación’. Tu equipo de trabajo tendrá distintas expectativas y perfiles. Deberás ser un comunicador flexible y, sobre todo, saber escuchar.

5. Auto-maestría. Ajustar y repetir

El estudio del aikido dura toda una vida. A pesar de la repetición de movimiento, nunca es estático, como una corriente de agua–siempre aprender algo nuevo cada día. O-Sensei Morihei Ueshiba, fundador del Aikido (también conocido como O-Sensei / ‘Gran Maestro / Profesor’) comentó que sólo entendió de verdad la esencia del aikido en la última etapa de su vida. Como tocar un instrumento musical, se mejora con la práctica. Ajustando y repitiendo. Así serás un buen líder.

El Aikido, gestionar un equipo o montar un negocio comparten ciertas similitudes, es como crear una obra de arte.

Crea tu obra maestra.

 

miércoles, 14 de marzo de 2018

Entrevista a Sensei Claude Berthiaume


AIKIDO, Entrevista a Sensei Claude Berthiaume

 

***Nota:Entrevista realizada hace aproximadamente 20 años

 

Aprovechando su visita de marzo a la argentina, entrevistamos a Claude Berthiaume, 6 to. Dan de Aikido. Berthiaume, de 43 años, posee un dojo en Montreal, donde dicta clases, y brinda seminarios, no sólo en Montreal, sino también en Quebec, EEUU y Argentina.

 

Tomado de http://aikidoencordoba.blogspot.com.co/2012/09/aikido-entrevista-sensei-claude.html

 

 


 

 

Cuando Claude Berthiamue abandonó la práctica de hockey en 1971, a los 17 años, no imaginó que un pequeño aviso sobre Aikido, publicado en el periódico de su Montreal natal, le cambiaría la vida. Hoy, luego de dedicar 28 años al arte que ama, se asombra de haber llegado hasta donde hoy se encuentra. Recuerda, por ejemplo, que, cuando rendía el examen para 5to Kyu, le parecía que jamás podría rendir con éxito el de 3er kyu.

 

Tuvimos la oportunidad de conversar con él, gracias al Sensei Juan Tolone, con quien se contactó a través de Yamada Sensei.

 

KI: ¿Cómo ve al practicante argentino comparado con el canadiense?

CB: Son muy parecidos. Aunque aquí es un poco más nuevo que en los EEUU, con la influencia creciente de los shihanes, como Yamada Sensei, el Aikido en la Argentina está creciendo muy rápidamente.

KI: ¿Cómo es su kamae ante la vida?

CB: Cuando uno entrena, trata de relajarse y ser respetuoso. Lo que más me atrae es brindar Aikido a la gente y recibir de la gente enseñanzas. Este sería mi kamae.

KI: ¿Cómo es su Maai ante sus alumnos?

CB: Mis alumnos son todos individuos; no quiero que se conviertan en copias. Quiero enseñarles lo básico pero, cada uno, debe crecer en lo suyo. Cada uno trae algo al dojo; hay personas que se inclinan más por lo físico, otros por la técnica, pero todos son importantes. Esto es lo que hace que un grupo de practicantes sea fuerte y unido.

KI: Si no existir un atacante en Aikido, ¿existiría el Aikido?

CB: O’Sensei, que era una persona muy espiritual, eligió un arte marcial como el Aikido para trascender más allá del espíritu. Un atacante, supongo, es muy importante. Al menos en la parte física.

KI: ¿Quién es más importante en la práctica: el Uke o el Nage?

CB: Se necesita de los dos para poder desarrollarse y crecer. Se aprende realizando ukemi para los shijanes y, cuando se puede llegar a ser un muy buen Uke, se siente al movimiento. Si uno tiene la oportunidad de ser Uke con cinturones más avanzados, se aprende mucho.

KI: ¿Utilizó Aikido para defenderse en su vida?

CB: (se ríe) No mucho…

KI: ¿Qué hay de cierto en que el estudiante comienza a disfrutar Aikido cuando aprende a caer?

CB: Esto es individual. No todas las personas se sienten atraídas por las mismas cosas dentro del Aikido pero, una vez que empiezan, es como una droga.

KI: ¿A qué se debe el crecimiento del Aikido en estos momentos?

CB: Con que una persona practique. Esto hace que se corra la voz. Además, al no haber competencia en el Aikido (…)  y ya la gente, en la vida cotidiana, se enfrenta a demasiadas competencias, se ve al Aikido como una opción muy atractiva. En Aikido, la única competencia es con uno mismo. Tratar de mejorar en la práctica.

KI: ¿A qué se debe que, en Aikido, haya un mayor valor de la persona y, por lo tanto, un mayor respeto hacia todo practicante?

CB: Si practico con alguien y estoy por romperle el brazo, voy a parar porque no lo quiero lastimar. Yo no gano nada rompiéndole el brazo. Pero, si compito y quiero ganar, no me importará si el otro está en una mala posición. En Aikido, siempre tratamos de respetar el nivel de cada persona. Podemos hacer el mismo movimiento con alguien que recién comienza, como con alguien que practica desde hace 15 años. Cada practicante siente el límite del otro y logra su equilibrio.

KI: ¿Qué es el Ki para usted?

CB: El Ki es energía y la energía es poder, potencia. Potencia, no sólo en fuerza, en flexibilidad o en técnica. Ki es la unión de todo esto, sumándole la respiración.

KI: ¿Cómo “carga las pilas” para seguir adelante con el Aikido?

CB: Hay veces en las cuales estoy cansado. Trabajo todo el día. Pero cuando llego al dojo, allí es donde me “pongo las pilas”; allí cada uno trae su propia energía y, cuando uno entra, no hay otra elección. Hay ocasiones, donde uno entrena y está cansado antes de irse; pero, cuando sale del dojo totalmente cargado, lleno de energía, no puede ni dormir.

KI: ¿Qué significa Aikido para Claude Berthiaume?

CB: Aikido es la manera de brindarle paz a la gente. Este es el objetivo del Aikido: no tirar gente, ni inmovilizarla, sino llevar armonía entre los seres humanos y con todo lo que nos rodea. Si miramos un poco para afuera, hay mucho trabajo para realizar. Comenzando por mí…

 

martes, 27 de febrero de 2018

Musubi


Musubi

Por Mitsugi Saotome. Tomado de “Aikido”, Kairós: Barcelona.

 


 

“Aikido es el estudio de la sabiduría. Si no puedes controlarte y confiar en ti mismo – si no puedes verte a ti mismo claramente – nunca podrás tener ningún conocimiento o confianza de los otros y, ciertamente, no podrás controlarlos. El propósito del Aikido no es la creación de luchadores agresivos sino el refinamiento de la sabiduría y el autocontrol. Como estudiante de Aikido, debes estudiarlo para mejorar y pulirte a vos mismo, sin competir con los demás.

La clave en este proceso –y el corazón del Aikido– es Musubi. La traducción de esta palabra japonesa sería “unidad”, o “interacción armónica”. En la práctica, Musubi significa la habilidad de unirse, tanto física como mentalmente, con la energía de tu compañero/a. Musubi es el estudio de una buena comunicación. En cualquier interacción entre las personas existe la comunicación. Depende de los participantes que la interacción sea productiva o inútil, amigable u hostil, verdadera o inexacta. Musubi, a medida que se va refinando, puede significar la habilidad de controlar y alterar la interacción, cambiando una aproximación hostil en un encuentro saludable, o un ataque en un apretón de manos.

Musubi es a la vez un método de aprendizaje y el objetivo del estudio. Musubi, en su último refinamiento, está relacionado con la adquisición de un sentido de armonía universal y, en la técnica, la habilidad de controlar los encuentros para bien. Pero, ¿puede tal habilidad ser adquirida para forzar o infligir miedo a las personas que lo están aprendiendo? No. Musubi debe ser enseñado y estudiado de acuerdo a los principios que ejemplifica, para que la conciencia de los estudiantes de Aikido pueda ser refinada junto con sus movimientos físicos. Musubi debe ser enseñado a través de una buena interacción y una firme, pero amable, guía.

Aprender a responder ataques con Musubi es un proceso largo y difícil. Uno no puede golpear un principiante y decirle “No pelees, únete, ¡únete!” El principiante no solo no se unirá al ataque, sino que reaccionará con miedo y agresión, las reacciones instintivas frente a una amenaza. El principiante va a tratar de defenderse luchando o hiriendo al atacante. En Aikido el objetivo es domesticar y controlar esos instintos naturales, no estimularlos. Esta es la razón, especialmente con los principiantes, que a menudo se utilizan distintos ataques de agarre. El estudiante principiante no está preparado para tratar con ataques reales –como golpes y patadas– con calma mental o movimientos físicos propicios. Los agarres les permiten a los principiantes estudiar las técnicas sin miedo, manteniendo la integridad física mientras se aprenden las respuestas correctas. En vez de entablarse en lucha y competición, los estudiantes pulen tanto los movimientos físicos, como la mente. Los practicantes estudian: el control –de él o ella– mismos, su compañero/a, y la relación entre ambos. Los agarres tienen la ventaja de proveer el contacto físico entre los compañeros de práctica, de tal forma que ambos puedan sentir que hace que el movimiento funcione. Si no hay un contacto físico, los estudiantes principiantes encontrarían difícil la exploración los mecanismos de las técnicas.

La práctica de los principiantes usualmente comienza con agarres estáticos. Esto posibilita el estudio de una correcta postura, trabajo de pies y posición del cuerpo. Los estudiantes pueden progresar hacia agarres en movimiento, los cuales permiten el desarrollo del sentido del timing y la distancia, y la exploración de las relaciones espaciales entre ellos y sus compañeros/as de práctica. Posteriormente, los estudiantes pueden comenzar a ajustar los distintos grados y tipos de fuerza, velocidad y dirección. De esta forma, empiezan a crear confianza en sus habilidades para comunicarse con sus compañeros, a incrementar su sentido de intuición para con los movimientos e intenciones de los demás practicantes.

La cooperación es muy importante en el entrenamiento de Aikido. Casi toda la práctica se realiza con un compañero/a, y las relaciones entre los ellos debe ser la manifestación del Musubi. Tanto nage como uke tienen esta responsabilidad. Mientras nage debe entrenar para unirse con (más que luchar contra) los ataques; uke debe aprender a atacar de una forma que sea apropiada a la técnica que está siendo estudiada y de proveer las condiciones apropiadas para el aprendizaje. Por ejemplo, si el instructor demuestra una técnica que contiene una proyección hacia adelante, es apropiado que el uke empuje hacia adelante. En cambio si el uke empuja hacia atrás, tratando de anular la técnica de nage, esto lleva a la reducción de la técnica a la lucha y ni nage ni uke aprenderá cómo funciona la técnica o correctamente. Estudiantes avanzados se pueden beneficiar de ataques inesperados, práctica libre e intentos de contra-técnicas, pero esto se da luego de años de estudio de las técnicas básicas y del aprendizaje de las condiciones que requiera cada acción.

El estudio de Aikido es el estudio de la sabiduría, y la sabiduría, en gran parte, es la posesión de sentido común. El sentido común, desafortunadamente, es poco común. En este mundo es bastante difícil de encontrarlo o nunca se aprende. El entrenamiento en Musubi y en los principios básicos de Aikido involucra el re-aprendizaje del sentido común. Se puede encontrar evidencia de esto en los movimientos básicos de defensa del irimi y tenkan. Estos dos movimientos pueden ser entendidos como uno –irimi-tenkan– así como el yin y el yang forman, en conjunto, parte del todo.

Tanto el irimi como el tenkan son movimiento que las personas usualmente utilizan en su vida diaria sin pensarlo. Imaginemos que estas caminando en medio de una calle repleta de gente, y se ve a alguien que viene caminando justo hacia vos. Al momento del “casi” impacto uno se corre y deja pasar a la persona (irimi). Ahora imaginemos que la misma persona te empuja al momento de pasar a tu lado, uno simplemente gira y mantiene el propio equilibrio y sigue caminando (tenkan). Ambos movimientos son ejemplos simples y naturales del sentido común. Cualquier persona puede hacerlos, y su simplicidad y universalidad confirman su verdad.

Pero una persona no entrenada en Aikido que ve que alguien viene directo hacia ella con un ataque, automáticamente trata de caminar hacia atrás. Cuando es empujada en un gesto hostil, la persona o se paraliza del miedo o se agarra del agresor para no caerse. La persona pierde el sentido común y la habilidad para percibir la reacción natural.

El entrenamiento de Aikido, a través de su proceso gradual y cooperativo, enseña cómo aplicar los principios de Musubi en situaciones crecientemente dificultosas. Permite entrenar tu mente a mantener su calma y visión de tal forma que el miedo, la ira o la falta de confianza no distorsione los movimientos del cuerpo. A su vez, permite entrenar el cuerpo diligentemente; la práctica constante le provee al cuerpo la sabiduría de la experiencia. En este sentido, el cuerpo se vuelve el reflejo y la manifestación física de tu mente. El cuerpo y la mente trabajando como unidad –de nuevo, en la relación de Musubi– permite que reacciones simple, eficaz y sensiblemente bajo presión, en vez de ser dominado y controlado por las circunstancias.

Uno ve a estudiantes avanzados en Aikido atacándose y proyectándose muy fuerte, pero han llegado a este punto de su entrenamiento luego de pasar por varias etapas cuidadosas que permitieron educar su mente y su cuerpo. Por lo tanto, los ataques fuertes y vigorosos se convierten en un desafío más que en una amenaza. El propósito de los golpes, patadas y agarres en la práctica no tienen el objetivo de destruir al enemigo sino descubrir, la propia (así también la del compañero/a) fuerza, balance, intuición y estabilidad mental. En vez de enfrentarse con desconfianza, miedo y competitividad, uno afronta a los compañeros/as de práctica con concentración, sinceridad y sentimientos de disfrute.

Uno de los elementos –quizás el más importante– del Musubi es el aprendizaje de sentir y utilizar la unidad de la energía. Es por ello que el ejercicio de kokyu tanden ho, como lo decía O´Sensei, es el entrenamiento más fundamental en Musubi. El mismo no es una técnica de combate, sino el estudio de las relaciones físicas y el movimiento. Estando uke y nage enfrentados, uke tomando ambas muñecas de nage, este último utilizando todo su cuerpo como unidad coordinada, trata de desequilibrar a uke. El propósito (y allí radica su importancia fundamental en el Musubi) del suwari waza kokyu ho es descubrir el principio de la energía circular. Nage debe inspirar cuando uke agarra sus muñecas y espirar al momento de devolver la fuerza de uke, actuando como una unidad. La mente de nage debe mantenerse flexible y receptiva.

Suwari waza kokyu ho no es un ejercicio competitivo, no es un torneo de fuerza. Uke provee la suficiente resistencia para desafiar (en forma positiva) a nage, pero no tanta que haga que la técnica imposible de realizar. Nage no lucha para tirar a uke sino que utiliza este entrenamiento para estudiar el balance, respiración y unidad de la energía física y mental. A medida que el entrenamiento se va volviendo avanzado, verás que la fuerza física de tu compañero/a puede trabajar a tu favor. Dado que suwari waza kokyu ho se fundamenta en el principio de Musubi, absorbiendo y devolviendo la energía en forma circular, el efecto es tal que uke y nage armonizan sus energías. Nage termina utilizando, en forma combinada, su fuerza sumada a la de uke. Cuando más se resista y utilice su fuerza uke, mayor serán las herramientas con las que contará nage para desequilibrarlo. Esta circularidad de la energía es la esencia del Musubi.

Deberías aplicar el principio de Musubi que se aprende a través de suwari waza kokyu ho en todas las técnicas de Aikido. Es el Musubi el que te permitirá acceder al punto que la fuerza y el tamaño físico no hagan diferencia a la hora de realizar las técnicas. Si fallas en este último punto, siempre estarás a merced de la fuerza de los otros y caerás en el peligro de una lucha competitiva.

O´Sensei decía una y otra vez a sus estudiantes que los principios que rigen la naturaleza son los mismos que rigen al Aikido. Un pequeño pájaro puede volar en un ventarrón pero no luchando contra viento, debe tomar la fuerza del viento y sumársele. Uno puede manejar un pequeño bote en aguas tumultuosas, solo si se sabe cómo encarar las olas. Por lo tanto, también en Aikido, los estudiantes buscar aprender a recibir la fuerza y transformarla en su aliada, más que luchar contra ella. Esto es sabiduría y esto es la realidad del Musubi.

Al continuar el entrenamiento, tu habilidad para utilizar los principios del Musubi debería expandirse. El principiante necesita del contacto físico para poder sentir la conexión con su compañero. El estudiante avanzado aprende a mantener esa conexión con menos y menos contacto físico. Inclusive, algunas técnicas pueden realizarse sin siquiera el contacto físico. El entrenamiento diario, además de los beneficios en el plano corporal, incrementa tu habilidad para relacionarte no solo con tus compañeros/as de práctica, sino también con otros/as, dado que expande tu visión, tu intuición y tu sensibilidad. En tu vida fuera del Dojo, hay menos oportunidad de contacto físico con los otros, pero las lecciones aprendidas durante la práctica pueden ser aplicadas en beneficio de tus relaciones con los otros y con toda la humanidad en cuanto conjunto. El proceso de remoción prejuicios y pensamientos negativos y la creación de una nueva conciencia inclusiva no debería cesar nunca.

Finalmente, es importante recordar que para lograr el Musubi en la práctica, se debe establecer relaciones de confianza con los compañeros/as de práctica. Sin confianza, no se puede entrenar Aikido. El bujutsu de la antigüedad (artes marciales con el único fin de dejar fuera de combate al adversario) desarrollo luchadores muy hábiles, pero no necesariamente promovió mentes iluminadas. En la mayoría de los casos, dado que lo antiguos estudiantes de bujutsu eran empujados hacia el exitismo (de ello dependía su vida), se desarrollaba en ellos desconfianza y paranoia; la mentalidad propia de un luchador callejero. El propósito del Aikido, al contrario, es el desarrollo y refinamiento del espíritu – ganar fortaleza a través de la sabiduría, no la brutalidad. Esta es la razón por la cual el proceso del entrenamiento en Aikido es tan importante. A través de la educación progresiva el/la estudiante de Aikido va refinado su habilidad para acceder a un entrenamiento más vigoroso e intenso; así el significado y forma de la práctica va cambiando. Ataques fuertes y caídas con salto no son más instrumentos de amenaza, sino herramientas que mejoran las habilidades del aikidoka. La diferencia entre el bujutsu antiguo y el Aikido, en tanto entrenamiento vigoroso e intenso, es la diferencia existente entre un fuego descontrolado y el fuego de la forja. Uno destruye y mata; el otro siendo igual en calor e intensidad, mejora los metales crudos, les da forma y los vuelve en objetos de belleza y fortaleza flexible. Los estudiantes de Aikido siempre deben recordar que el propósito de su entrenamiento es el desafío y mejoramiento de ellos mismos, más que la intimidación a sus compañeros/as o la complacencia de sus propios egos a expensas de sus compañeros/as.

Son las cualidades de confianza, cooperación, apertura mental y generosidad en la práctica de Aikido las que permiten a los estudiantes abandonar los miedos que los limitan e inhiben, en su habilidad para interactuar con los otros. De esta forma, ganar la confianza en ellos mismos los llevará a potenciar sus conexiones armoniosas (Musubi). Sin Musubi, Aikido no es Aikido sino otra forma de combate.”

Eventos y Actividades