viernes, 12 de abril de 2019

Estudia Aikido para convertirte en un mejor líder de negocios


Estudia Aikido para convertirte en un mejor líder de negocios

Tomado de https://www.forbes.com/sites/drewhansen/2012/12/17/study-aikido-to-become-a-better-business-leader/?fbclid=IwAR285xU8Z0sCSOdH5WbtxCCfO5VqJTJRaI31RutmI5fF-sUZi_33WU_OJsY#5e381d4d357d

Por: Drew Hansen

 

 

 El arte marcial japonés, Aikido, sigue apareciendo en mi vida. Primero leí que Paulo Coelho, autor de  El Alquimista (The Alchemist), estudia aikido. Luego hablé con la directora del programa de Liderazgo Auténtico de Naropa, y ella habló de lo que un maestro de aikido presenta a sus estudiantes. Más recientemente, supe que Michael Gelb, el escritor y entrenador de desarrollo personal, es un cinturón negro.

¿Cómo se aplica al liderazgo?

En “Aikido, Harmony y The Business of Living”, Richard Moon expone los principios que forman la base de su práctica de coaching ejecutivo. En términos generales, el aikido enfatiza la combinación, con la energía de un atacante (o situación), en lugar de la resistencia. Paradójicamente, estoy aprendiendo a tener éxito al rendirme.

El primer principio del aikido es estar completamente presente. "Cuando tu atención se conecta con tu experiencia, estás presente en tu vida". Demasiadas personas, incluidos los líderes empresariales, están desconectadas de su experiencia de vida, ya sea pensando en el pasado o preocupándose por el futuro.

El segundo principio es la adaptabilidad. Alinearse con la vida a medida que se desarrolla. La conciencia hace posible desarrollar una relación armoniosa con lo que está sucediendo. Acepta la situación; no te resistas.

El tercer principio es hacer una contribución. "El aikido no es pasivo y la armonía no implica renunciar". Desde una posición de conciencia y aceptación, un líder puede influir conscientemente en una situación, en lugar de reaccionar sin pensar en ella. Creo que esta es la esencia de la responsabilidad personal.

Las artes marciales son una metáfora útil para pensar sobre el desarrollo del liderazgo. Imagine una nueva generación de líderes organizacionales que, a diferencia de los programas de MBA a tiempo completo, aprenden unos de otros y de su sensei mientras practican en el campo. Se podría modelar después del entrenamiento de atletas de élite en CrossFit y MMA. Más que un programa de Executive MBA, es un proceso continuo basado en la teoría del desarrollo humano.

lunes, 25 de marzo de 2019

Sonshite Tokutore : Losing to win




Sonshite Tokutore : Losing to win

Tomado Japan’s Cultural Code Words, deBoye Lafatette de Mente,
publicado en Proverbio Alemán, año 15 No. 171, febrero 2019


Parte del legado histórico heredado por todos los japoneses es el concepto que, inclinarse con el viento es mejor que enfrentarlo, una filosofía que derivó en gran parte del sistema político autoritario en el cual vivieron hasta 1945 y de las enseñanzas del Budismo.

El concepto de permitir que una fuerza superior se salga con la suya, es un elemento esencial en muchas de las artes, destrezas y prácticas de Japón, desde su arquitectura tradicional y etiqueta personal, a una gran cantidad de sus famosas artes marciales, tales como el Aikido y el Judo. En ambas prácticas, el más experto de los antagonistas, y los que más tienen oportunidad de triunfar, son aquellos que cambian la fuerza y energía de sus oponentes en contra de ellos mismos. Aún en Kendo, que se practica con la espada, los mejores maestros de Japón en esta disciplina, fueron aquellos que dominaron la técnica de permitir que sus oponentes los atacaran, para darles un golpe fatal cuando estaban en medio de su ataque y ya no podían cambiar su táctica. Esta misma filosofía juega un papel muy significativo en la manera que los japoneses manejan sus asuntos en el presente, tanto en la política como en los negocios. En virtualmente todas las situaciones, la manera tradicional japonesa es la de exponer a los oponentes o contrapartes a que manifiesten y delaten ellos mismos, para luego replicar. Otra característica de esta filosofía y táctica es que el movimiento ganador no es obvio ni repentino. En realidad, lo anterior casi nunca ocurre, porque sería una contradicción de la técnica.

Excepto cuando se encuentran obviamente en una posición superior, los japoneses prefieren que sus oponentes crean y se sientan ganadores, mientras en efecto las ventajas y victoria será de ellos. Dentro del contexto de los negocios, esta filosofía y estrategia se conoce como Sonshite.

Tokutore, que en su traducción literal significa, “Pierda, entonces reciba beneficios”. Esta práctica japonesa sugiere algunas enseñanzas como: Si quiere ganar tiene que invertir y trabajar; en sus encuentros de negocios, deberá primero escuchar al oponente y no menospreciar sus capacidades.

martes, 19 de marzo de 2019

Do, la vía, el camino…

Do, la vía, el camino…

Por Raymod Thomas en el libro Wabi-Sabi-Zen.
El Zen y las artes japonesas.







¿Qué es la vía?.

En Occidente se sabe, vagamente, que existen unas cuantas actividades japonesas que tienen la palabra do en su nombre; la más conocida es Judo.

¿Pero qué quiere decir exactamente Do? Aquí, se acaba el conocimiento.

Esta corta palabra Do es la traducción de la palabra china Tao, que encontramos en el título del clásico Tao Te Ching, así como en la palabra taoísmo. Significa literalmente Vía, Sendero o Camino, pero tiene un significado de camino espiritual en el mismo sentido en que lo emplea Santa Teresa de Ávila, en El camino de perfección.

Añadir el sufijo do a un arte, significa que en este arte se busca el perfeccionamiento por una búsqueda del Do, es decir por el autoperfeccionamiento. Pero, ¿cómo se practica este Do?. El Do no “se practica”, lo que se practica es el arte y la técnica referente a dicho arte. El Do es “la manera”, “el espíritu” utilizado en la ejecución de este arte, y este “espíritu”, “esta vía” es la expresión del pensamiento Zen.


Esta es la influencia primordial que ha tenido y sigue teniendo el Zen en las artes orientales. En el Japón, es difícil encontrar alguna actividad que no haya sido, en cierto modo, influida por el Zen. Pero, algunas actividades humanas han sido particular, cuando no especialmente, creadas con el propósito de ser el “el Camino del Zen”.  

jueves, 21 de febrero de 2019

La naturaleza absoluta: la reciprocidad de yin y yang


La naturaleza absoluta: la reciprocidad de yin y yang

Tomado del libro  “El espíritu del Aikido” de K. Ueshiba





El Maestro Ueshiba aconsejaba constantemente a sus alumnos, especialmente a aquellos cuyo exceso de apego a la forma limitaba sus movimientos, lo siguiente:

En aikidō no hay formas ni modelos. Los movimientos naturales son los movimientos del aikidō. Su profundidad es insonble e inagotable.

El significado de la declaración del Fundador, expresada con frecuencia en su esotérico estilo personal, puede no ser siempre claro. Para los alumnos que empiezan, empeñados en dominar las diferentes formas y técnicas, estas frases contradicen todo lo que se les enseña. Si el aikidō no tiene formas o modales ¿de qué sirve aprender las direrentes técnicas? ¿qué se entiende por movimientos naturales? ¿puedo moverme de la forma que yo quiera?.

Lo primero que hay que señalar es que la formulación del Fundador no va dirigida a los principiantes, sino a los alumnos avanzados. Es un consejo dirigido a aquellos que han alcanzado cierto nivel de dominio y que, sin embargo, están todavía tan apegados a la forma que carecen de la fluidez de los movimientos naturales que caracterizan la manifestación última del aikidō. Realmente sus palabras tienen la intención de animar a los alumnos avanzados a trabajar más duramente hasta alcanzar el objetivo del aikidō. Un proverbio clásico japonés dice “Entra en la forma y sal de la forma”.  Ya se trate de artes culturales o de budō, uno debe entrenarse en el dominio de la forma, pero una vez conseguido debe liberarse de ella. Para los que aún tienen por delante un largo camino antes
de dominar la forma, no es de extrañar que las palabras del Fundador les produzcan
confusión.

La apreciación plena de dicha declaración debe reservarse para aquellos que han
entrenado verdaderamente y practicado aikido durante muchos años, y que han llegado a
dominar sus principios y movimientos y han reflexionado considerablemente sobre la
filosofía del budo, todo lo cual requiere un conocimiento tanto teórico como práctico de los
principios básicos del aikido, incluidos la unidad del ki del universos con el ki personal, el
principio de entrar y rotar esféricamente teniendo el ki, la mente y el cuerpo unificados, y la
manifestación tangible del principio del arte del sable.

Quizás el significado más difícil de captar sea el de «movimientos naturales», porque es
una expresión muy común y mucha gente tiene alguna noción, aunque sea vaga, de lo que
quiere decir. Pero, en serio, ¿cuánta gente conocemos que de verdad viva «naturalmente»?
Cuanto más pensamos en el significado de «natural», más difícil se nos hace explicarlo.

¿Cómo debería entender el alumno de aikido el significado de «movimientos naturales»,
y su relación con los movimientos de su arte? ¿Cuál es la clave que lo revelaría y por dónde
podemos empezar? Anticipando una conclusión, yo creo que de lo que se trata es de captar
dentro de nosotros mismos, de forma exacta y directa, la actividad de la naturaleza que
invade el universo y afecta a nuestros cuerpos y a nuestras vidas.

Pensemos lo que pensemos, es fundamental conectar directamente con los cambios en
los fenómenos naturales -atmósfera, tiempo, medio ambiente-, y recibirlos abiertamente, y
al hacerlo debemos desnudar nuestros sentidos y nuestros cuerpos ante la naturaleza e
interactuar con ella sin forzarla a que responda a nuestras expectativas, ni actuando
selectivamente en contra de aspectos particulares en ella, ni utilizándola para nuestros
propósitos particulares. Debemos, pues, ver los fenómenos naturales cómo son y obtener
más capacidad de penetración de la verdadera naturaleza de la realidad.

Un ejemplo de esto lo podemos encontrar en la participación de estudiantes en las
sesiones de verano y de invierno, aceptando a cada momento el calor o el frío y disfrutando
de ellos según la estación. Cuando la gente experimenta frío o calor en sus cuerpos, aprende
a conocer sus propias reacciones ante ello y llegan a saber lo bien que pueden actuar bajo
condiciones adversas o incómodas. Esta intimidad con la naturaleza y con el propio cuerpo
es el primer paso para dominar sus procesos.

Es un hecho bien conocido que el tiempo afecta a nuestro estado psicológico. En un día
claro y soleado nuestras mentes están claras y nuestros cuerpos ligeros y estamos de un
humor jovial. En días cubiertos y lluviosos nuestros espíritus tienden a estar decaídos y
nuestros cuerpos lentos y hay una sensación sombría en el ambiente. En los días nublados
nuestras mentes y nuestros cuerpos están inestables, y, cuando el viento sopla, si es una
brisa suave hace que nos sintamos bien, pero si es un tifón nos causa agitación. Veamos la
última relación que hay entre la naturaleza y los seres humanos, incluso a este nivel de
sucesos tan comunes. Y cuando se trata de cambios estacionales más dramáticos, ya no sólo
se ven afectados la temperatura y la humedad, sino que también los ciclos vitales de las
plantas y de los animales experimentan drásticos cambios. Las plantas echan brotes, las
flores se abren, crecen las hojas, maduran las frutas, y luego, inevitablemente, todo se
marchita y muere. Tales cambios producen también efectos sutiles en la mente humana y en
el cuerpo humano, y de hecho sabemos que el ritmo de las mareas gobierna la vida marina e
influye subliminalmente en la forma de sentir y de actuar de las personas. También las
erupciones volcánicas y los terremotos desencadenan cambios decisivos en la vida de la
tierra, que a su vez, tarde o temprano, afectarán a la vida humana. Todas las cosas en la vida son un vasto tejido de interrelaciones e interdependencia.

Cuando reconocemos plenamente cómo los fenómenos naturales y sus cambios afectan a
los seres humanos, sabemos también que de alguna manera están conectados a nuestra
propia comprensión del significado de la vida. Y cuando llegamos a comprender y a
apreciar la vida humana, nos acercamos a vivir junto a la naturaleza y el universo. De esta
manera, sin perder nuestra individualidad y nuestra autoconciencia, nos hacemos uno con la
actividad de la naturaleza, y cuando esto se ha conseguido, los movimientos naturales
aparecen espontáneamente en armonía con el universo. Esta es nuestra manera de entender
lo natural, que en el aikido se manifiesta en el hecho de que es una forma de budo basada
en la realización activa del ki, y aquí está el significado de la expresión «Los movimientos
naturales son los movimientos del aikido».

La fuente más importante de los movimientos naturales es el poder de la respiración.
Cuando el poder respiratorio fluye espontáneamente, los movimientos de la persona se
hacen naturales de forma inconsciente. Por el contrario, cuando el poder respiratorio no se
emite libremente y su flujo se para, los movimientos se vuelven torpes y faltos de
naturalidad. El poder de la respiración incluye la respiración normal, pero implica algo más
que la inhalación y exhalación ordinarias, ya que abarca la actividad del ki.

Desde el punto de vista fisiológico, la respiración normal es una función del sistema
respiratorio centrado en los pulmones y en el corazón y que incluye la nariz, la boca y los
poros de la piel. El sistema respiratorio humano es la manifestación más concreta de lo que
llamamos vida y la propia vida es inseparable del funcionamiento del universo, de ahí que
esté íntimamente conectada a los cambios cíclicos de la naturaleza: la noche y el día, las
cuatro estaciones, el flujo y reflujo de las mareas, y demás fenómenos. El poder de la
respiración está profundamente conectado con el poder inherente a las fuerzas naturales y
es expresado a través del ki del universo, y sus manifestaciones más precisas y elementales
en los movimientos de la naturaleza son, como hemos señalado con anterioridad, entrar y la
rotación esférica.

Entre los muchos movimientos naturales del aikido está la técnica de muñeca conocida
como kote gaeshi. En esta técnica, la muñeca se dobla lentamente en la dirección natural, a
diferencia de las llaves de muñeca del judo y el jujutsu, en las que la muñeca se dobla en la
dirección opuesta. La flexión forzada, al no ser natural, presenta el riesgo de causar daño.
En cambio, el aikido nunca intenta movimientos que vayan en contra de lo natural y de este
modo evita lesiones innecesarias y sin sentido.

La mayoría de las técnicas de aikido tienen dos aspectos que se conocen como
movimientos omote y ura (literalmente, de frente y de espaldas, respectivamente). Aunque
existen diferencias según la técnica, el principio básico, por ejemplo al contrarrestar un
ataque frontal directo, es o bien entrar derecho al espacio ocupado por el adversario, o bien
girar y entrar al punto muerto detrás de él. Lo primero es un movimiento omote, y lo último
un movimiento ura.

Estos dos movimientos defensivos, que se encuentran en el budo clásico, están basados
en el antiguo principio del yin y del yang, principio que el aikido también utiliza en muchas
de sus técnicas. Para ilustrar el uso del yin y del yang en las artes marciales pondremos un
ejemplo extraído del jujutsu y del arte del sable, pero en primer lugar transcribiremos la
definición de estos términos según un texto de la Escuela Kitó de jujutsu:
Kitó significa levantarse y caer. Levantarse es la forma de yang. Caer es la forma de
yin. Uno vence por recurso de yang y también vence por recurso de yin.
Esto está explicado, como sigue, en el comentario conocido como Densho chúshaku:
Cuando el enemigo muestre yin, vence mediante yang. Cuando el enemigo muestre yang,
vence mediante yin. Las técnicas que se enseñan en la Escuela Kitó se limitan al uso de yin
y yang. Aunque se utilizan muchísimos otros medios de oponerse a los movimientos del
enemigo, en una contienda distraen. Limitándose a la técnica del yin y el yang la victoria
está asegurada.

Según esta explicación, la estrategia no es otra cosa que la capacidad de usar libremente
el yin y el yang, el ataque y la defensa, dependiendo del modo en que se mueva el enemigo:
contrarrestando su yin con yang y su yang con yin.

En el caso del antiguo arte del sable, el principio del yin y del yang se aplicaba a la
postura resultante del modo de asir el sable, según se encuentra en un texto conocido como
Ittó -ryú kikigaki:

En la escuela Naganuma Jikishinkage enseñan la postura de sostener el sable alto,
siendo ésta la forma de yang dentro de yang. En la Escuela Itto enseñamos la postura de
sostener el sable bajo, basada en la forma de yin. Cuando se usa yang dentro de yang, cae
en manos de yin. Cuando se usa nuestro yin de yin, se convierte en yang y funciona bien.
En la Escuela Munen adoptan el intermedio entre yin y yang, enseñando la postura de
sostener la espada de frente, apuntando a los ojos del adversario, pero girando luego las
manos ligeramente a la derecha.

Las diversas escuelas de budo interpretan el yin y el yang de manera diferente, pero
todas las interpretaciones derivan de las ideas filosóficas básicas de los pensadores chinos
clásicos. Como resumen podemos citar un párrafo del Libro de los Cambios:
En tiempos antiguos, los santos sabios compusieron el Libro de los Cambios con el
propósito de seguir el principio de la naturaleza y de la vida. Establecieron el Tao del
Cielo y lo llamaron yin y yang. Establecieron el Tao de la Tierra y lo llamaron lo blando y
lo firme. Establecieron el Tao del Hombre y lo llamaron afabilidad y rectitud. Combinando
estos tres poderes, los doblaron. Por eso en el Libro de los Cambios el signo siempre está
compuesto de seis líneas.

Dicho en pocas palabras, el universo se compone de tres poderes -Cielo, Tierra y
Hombre-, que se revelan como el Tao que opera en la vida a través de los aspectos relativos
de yin y yang, lo blando y lo firme, la afabilidad y la rectitud. Esto significa que cuando
comprendemos plenamente el funcionamiento de dichas relatividades y vivimos de acuerdo
con ellas nos unimos con el Tao. Manifestar yin y yang en nuestras acciones es ser uno con
el Tao.

El principio del yin y del yang es significativo en sí mismo, pero, finalmente, es a través
de la práctica y de la realización como nos permite este principio alcanzar la realidad última
del Tao. En aikido, yin y yang se usan concretamente en los movimientos omote y ura, pero
el asunto fundamental es que uno alcanza la vía, y en consecuencia la verdad fundamental,
a través de la práctica, y ya que esta forma una unidad con el Tao del Cielo, estos
movimientos de aikido son los movimientos naturales.



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