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lunes, 21 de octubre de 2019

Etiqueta y disciplina


Etiqueta y disciplina
Tomado del libro Aikido, etiqueta y transmisión. Nobuyoshi Tamura






En Japón, decimos que el principio y el fin del budo están el rei. Los instintos combativos y agresivos se exacerban si se dejan libres durante la práctica del combate.

Para dirigir una tropa animada por estos instintos agresivos sin que ésta tienda a la desintegración han resultado ser necesarias unas reglas. La etiqueta y la disciplina, probablemente nacidas a partir de esta necesidad, permiten el funcionamiento armonioso de esas reglas. El combate desprovisto de reglas y ética procede del mundo animal, y no procede en cambio del budo.

El bugei (las técnicas de la guerra) y bujutsu no son más que los medios de la guerra.

Rei se traduce simplemente por el saludo.

Sin embargo, rei engloba las nociones de educación, cortesía, jerarquía, respeto, gratitud. Reigi (la etiqueta) es la expresión del respeto mutuo en el interior de una sociedad. También se puede entender como el medio para conocer la propia posición frente al otro.

El carácter rei se compone de dos elementos: shimesu y yutaka.

Shimesu: el espíritu divino descendido para habitar el altar.
Yutaka: la montaña y el cuenco de ofrenda de madera que contiene el alimento: dos espigas de arroz, el recipiente desbordado de alimento, la abundancia. Estos dos elementos reunidos transmiten la idea de un altar provisto de ofrendas, alimentos, ante el que se espera el descenso de lo divino…la celebración.

Gi: el hombre y el orden. Designa lo que es el orden y constituye un modelo. Reigi, por lo tanto, en el origen, es lo que gobierna la celebración de lo sagrado. Es posible que este sentido luego se haya extendido a las relaciones humanas cuando hizo falta instaurar el ceremonial que dirigiera las relaciones jerárquicas entre los hombres.

O Sensei no cesaba de repetir: “El Aikido existe para dar su justo lugar a las plantas, los árboles, los pájaros, los mamíferos, los peces, los insectos, hasta el menor mosquito”.

Conocer su justo sitio es para todo ser conocerse a sí mismo. En realidad, conocerse uno mismo es conocer la misión asignada por el cielo. Cumplir la misión del cielo es ajustarse al orden del universo: no hay lugar para la indecisión ni para la oposición, es la verdadera paz.

Que el orden convierta este orden cósmico en modelo de la estructura de la sociedad humana y que lo convierta en el principio del más mínimo de sus actos es lo que llamamos reigizaho. Mediante el respeto de esta regla, el hombre puede elevarse. Existe una jerarquía natural en la familia: abuelo, abuela, padre, madre, hijos, nietos, hijo mayor, hijo menor. Para un funcionamiento correcto, la organización militar exige la jerarquía de los grados: general, coronel, comandante, etc.

Lo mismo ocurre en las iglesias: papa, patriarca, cardenal, obispo…Y por supuesto en el budo: maestro, discípulo, sempai, kohai, dohai -*la noción de sempai-kohai-dohai se refiere a la fecha de comienzo, al primer paso realizado en una disciplina y no al grado. Dohai se aplica a los que han comenzado la práctica al mismo tiempo-; altos grados, principiantes, mayores y jóvenes. Todas las relaciones funcionan a la vez. La etiqueta consiste en determinar, en cada caso, el equilibrio justo. Para conservar este orden, hay que observar la cortesía hacia el maestro, la actitud correcta hacia los sempai, la etiqueta justa hacia los kohai y dohai.

Creo que el cumplimiento de estas reglas es la condición para el equilibrio y la supervivencia de las sociedades de las que acabamos de hablar. Antes hemos mencionado la exacerbación de los instintos combativos y agresivos por la práctica del bujutsu (no olvidemos que estos instintos están desprovistos de cualquier connotación moral: existen, son necesarios para la supervivencia de la humanidad y nada más). No obstante, si estos instintos se escapan de todo control y la violencia invade todos los actos, se comienza a tomarla con los débiles, a despreciarlos o, se arrastra uno ante el más fuerte aunque se le odie.

Cuando los actos están regidos por la etiqueta se crea un espacio que permite vencer las emociones con soltura. La etiqueta sirve para controlar el “yo” que querría entregarse a los instintos animales para orientar la energía y utilizarla en un sentido positivo.

En la religión, gracias a la repetición constante de rituales complejos que han sido transmitidos de generación en generación, las emociones se ponen bajo control de forma natural y el sentimiento religioso se desarrolla. Esto no sólo es perceptible para el creyente, sino también para el observador. Un movimiento ejecutado según una etiqueta rigurosa fortalece la estabilidad del espíritu y pone bajo control la agresividad, estableciendo la calma. En el mundo del budo ocurre lo mismo que se produce en el dojo.  La eficacia que se desprende de forma natural de esa etiqueta es perceptible tanto para el practicante como para el observador. Al mismo tiempo, éstos se ven impregnados del ambiente transmitido por la tradición. Debemos entregarnos, pues, sin moderación a la práctica para poner bajo control las emociones menos deseables respecto al budo: el miedo, la confusión, el menosprecio a los demás, exacerbar el propio ego, y hay que progresar en lo físico y en lo espiritual. Aquellos que sobrevivieron después de haberse aventurado a las fronteras de la vida y la muerte no tenían a su disposición una buena técnica, sino que tenían sobre todo, un juicio lúcido de las situaciones, que era posible debido a la calma, la serenidad y la sangre fría que le habita. Esto es lo que permite pasar a la acción con la determinación necesaria. Esta actitud se sitúa por completo en las antípodas de las bravatas del matamoros y de su excesiva excitación emocional. Sin duda, progresar, hacerse “fuerte”, consiste en desarrollar esta calma y esta determinación interior, mucho más que adquirir una técnica.

En la medida en que somos humanos , ¿no deberíamos desear vivir en un mundo que quiere a sus hijos?. Para construir una sociedad sobre la base del respeto mutuo, ¿qué dirían ustedes sobre volver a hacer surgir esa etiqueta que algunos han querido desechar como un viejo mueble inútil que, sin embargo, es parte de la herencia común de la humanidad?.

Tomemos por ejemplo el simple hecho de colocar bien los zapatos, que nos enseña a clasificar y ordenar y nos hace sentir la satisfacción que resulta de ello y la importancia de este estado de ánimo. Realizar una acción de forma esmerada significa preparar unas condiciones favorables para la siguiente realización de la siguiente acción y, por la misma razón, significa practica el budo.

El mundo de rei no sólo persigue la obtención de una satisfacción personal, también incluye la satisfacción que sienten los demás. El desarrollo de la conciencia estética crea la necesidad de ordenar incluso los zapatos de los demás si no están en su sitio justo.
Si el espíritu de gratitud hacia un kohai se expresa por el sólo pensamiento de “Gracias por haberme permitido trabajar bien hoy”, el kohai será feliz, lo mismo que estará contento el sempai si se le agradece su enseñanza. La etiqueta, como cualquier cosa, debe salir de dentro de uno mismo, es decir, que es necesario que la idea de la etiqueta impregne cada gesto. Resulta grotesco tener que decir “respéteme porque soy su sempai”, “póngame en un pedestal porque soy su maestro”. El respeto hacia el sempai no debe ser provocado, el kohai ha de tener ganas, de forma totalmente natural, de respetar al sempai. El sempai, a su vez cuida del kohai porque éste ocupa su lugar y por ello merece que se le cuide. El otro percibe de forma natural cuándo la etiqueta está impregnada por el espíritu de la gratitud, el respeto, el reconocimiento.

De ahí que la etiqueta riga las relaciones mutuas. La jerarquía se establece de forma natural cuando se respeta la etiqueta. Es necesario que la etiqueta sea la expresión de humanidad del corazón. No basta con someterse a la forma. Si el corazón no está habitado por el respeto, la forma no será más que una cáscara sin alma. Hay que respetar la personalidad del otro. Los actos de acuerdo con las reglas de la etiqueta engendran un corazón puro y una actitud noble. Me inclino a pensar que este sentido de la compasión está simplemente ligado a la armonía y la paz.

Debemos grabar esto en el espíritu de uno mismo para transmitir la etiqueta y la disciplina.

martes, 27 de febrero de 2018

Musubi


Musubi

Por Mitsugi Saotome. Tomado de “Aikido”, Kairós: Barcelona.

 


 

“Aikido es el estudio de la sabiduría. Si no puedes controlarte y confiar en ti mismo – si no puedes verte a ti mismo claramente – nunca podrás tener ningún conocimiento o confianza de los otros y, ciertamente, no podrás controlarlos. El propósito del Aikido no es la creación de luchadores agresivos sino el refinamiento de la sabiduría y el autocontrol. Como estudiante de Aikido, debes estudiarlo para mejorar y pulirte a vos mismo, sin competir con los demás.

La clave en este proceso –y el corazón del Aikido– es Musubi. La traducción de esta palabra japonesa sería “unidad”, o “interacción armónica”. En la práctica, Musubi significa la habilidad de unirse, tanto física como mentalmente, con la energía de tu compañero/a. Musubi es el estudio de una buena comunicación. En cualquier interacción entre las personas existe la comunicación. Depende de los participantes que la interacción sea productiva o inútil, amigable u hostil, verdadera o inexacta. Musubi, a medida que se va refinando, puede significar la habilidad de controlar y alterar la interacción, cambiando una aproximación hostil en un encuentro saludable, o un ataque en un apretón de manos.

Musubi es a la vez un método de aprendizaje y el objetivo del estudio. Musubi, en su último refinamiento, está relacionado con la adquisición de un sentido de armonía universal y, en la técnica, la habilidad de controlar los encuentros para bien. Pero, ¿puede tal habilidad ser adquirida para forzar o infligir miedo a las personas que lo están aprendiendo? No. Musubi debe ser enseñado y estudiado de acuerdo a los principios que ejemplifica, para que la conciencia de los estudiantes de Aikido pueda ser refinada junto con sus movimientos físicos. Musubi debe ser enseñado a través de una buena interacción y una firme, pero amable, guía.

Aprender a responder ataques con Musubi es un proceso largo y difícil. Uno no puede golpear un principiante y decirle “No pelees, únete, ¡únete!” El principiante no solo no se unirá al ataque, sino que reaccionará con miedo y agresión, las reacciones instintivas frente a una amenaza. El principiante va a tratar de defenderse luchando o hiriendo al atacante. En Aikido el objetivo es domesticar y controlar esos instintos naturales, no estimularlos. Esta es la razón, especialmente con los principiantes, que a menudo se utilizan distintos ataques de agarre. El estudiante principiante no está preparado para tratar con ataques reales –como golpes y patadas– con calma mental o movimientos físicos propicios. Los agarres les permiten a los principiantes estudiar las técnicas sin miedo, manteniendo la integridad física mientras se aprenden las respuestas correctas. En vez de entablarse en lucha y competición, los estudiantes pulen tanto los movimientos físicos, como la mente. Los practicantes estudian: el control –de él o ella– mismos, su compañero/a, y la relación entre ambos. Los agarres tienen la ventaja de proveer el contacto físico entre los compañeros de práctica, de tal forma que ambos puedan sentir que hace que el movimiento funcione. Si no hay un contacto físico, los estudiantes principiantes encontrarían difícil la exploración los mecanismos de las técnicas.

La práctica de los principiantes usualmente comienza con agarres estáticos. Esto posibilita el estudio de una correcta postura, trabajo de pies y posición del cuerpo. Los estudiantes pueden progresar hacia agarres en movimiento, los cuales permiten el desarrollo del sentido del timing y la distancia, y la exploración de las relaciones espaciales entre ellos y sus compañeros/as de práctica. Posteriormente, los estudiantes pueden comenzar a ajustar los distintos grados y tipos de fuerza, velocidad y dirección. De esta forma, empiezan a crear confianza en sus habilidades para comunicarse con sus compañeros, a incrementar su sentido de intuición para con los movimientos e intenciones de los demás practicantes.

La cooperación es muy importante en el entrenamiento de Aikido. Casi toda la práctica se realiza con un compañero/a, y las relaciones entre los ellos debe ser la manifestación del Musubi. Tanto nage como uke tienen esta responsabilidad. Mientras nage debe entrenar para unirse con (más que luchar contra) los ataques; uke debe aprender a atacar de una forma que sea apropiada a la técnica que está siendo estudiada y de proveer las condiciones apropiadas para el aprendizaje. Por ejemplo, si el instructor demuestra una técnica que contiene una proyección hacia adelante, es apropiado que el uke empuje hacia adelante. En cambio si el uke empuja hacia atrás, tratando de anular la técnica de nage, esto lleva a la reducción de la técnica a la lucha y ni nage ni uke aprenderá cómo funciona la técnica o correctamente. Estudiantes avanzados se pueden beneficiar de ataques inesperados, práctica libre e intentos de contra-técnicas, pero esto se da luego de años de estudio de las técnicas básicas y del aprendizaje de las condiciones que requiera cada acción.

El estudio de Aikido es el estudio de la sabiduría, y la sabiduría, en gran parte, es la posesión de sentido común. El sentido común, desafortunadamente, es poco común. En este mundo es bastante difícil de encontrarlo o nunca se aprende. El entrenamiento en Musubi y en los principios básicos de Aikido involucra el re-aprendizaje del sentido común. Se puede encontrar evidencia de esto en los movimientos básicos de defensa del irimi y tenkan. Estos dos movimientos pueden ser entendidos como uno –irimi-tenkan– así como el yin y el yang forman, en conjunto, parte del todo.

Tanto el irimi como el tenkan son movimiento que las personas usualmente utilizan en su vida diaria sin pensarlo. Imaginemos que estas caminando en medio de una calle repleta de gente, y se ve a alguien que viene caminando justo hacia vos. Al momento del “casi” impacto uno se corre y deja pasar a la persona (irimi). Ahora imaginemos que la misma persona te empuja al momento de pasar a tu lado, uno simplemente gira y mantiene el propio equilibrio y sigue caminando (tenkan). Ambos movimientos son ejemplos simples y naturales del sentido común. Cualquier persona puede hacerlos, y su simplicidad y universalidad confirman su verdad.

Pero una persona no entrenada en Aikido que ve que alguien viene directo hacia ella con un ataque, automáticamente trata de caminar hacia atrás. Cuando es empujada en un gesto hostil, la persona o se paraliza del miedo o se agarra del agresor para no caerse. La persona pierde el sentido común y la habilidad para percibir la reacción natural.

El entrenamiento de Aikido, a través de su proceso gradual y cooperativo, enseña cómo aplicar los principios de Musubi en situaciones crecientemente dificultosas. Permite entrenar tu mente a mantener su calma y visión de tal forma que el miedo, la ira o la falta de confianza no distorsione los movimientos del cuerpo. A su vez, permite entrenar el cuerpo diligentemente; la práctica constante le provee al cuerpo la sabiduría de la experiencia. En este sentido, el cuerpo se vuelve el reflejo y la manifestación física de tu mente. El cuerpo y la mente trabajando como unidad –de nuevo, en la relación de Musubi– permite que reacciones simple, eficaz y sensiblemente bajo presión, en vez de ser dominado y controlado por las circunstancias.

Uno ve a estudiantes avanzados en Aikido atacándose y proyectándose muy fuerte, pero han llegado a este punto de su entrenamiento luego de pasar por varias etapas cuidadosas que permitieron educar su mente y su cuerpo. Por lo tanto, los ataques fuertes y vigorosos se convierten en un desafío más que en una amenaza. El propósito de los golpes, patadas y agarres en la práctica no tienen el objetivo de destruir al enemigo sino descubrir, la propia (así también la del compañero/a) fuerza, balance, intuición y estabilidad mental. En vez de enfrentarse con desconfianza, miedo y competitividad, uno afronta a los compañeros/as de práctica con concentración, sinceridad y sentimientos de disfrute.

Uno de los elementos –quizás el más importante– del Musubi es el aprendizaje de sentir y utilizar la unidad de la energía. Es por ello que el ejercicio de kokyu tanden ho, como lo decía O´Sensei, es el entrenamiento más fundamental en Musubi. El mismo no es una técnica de combate, sino el estudio de las relaciones físicas y el movimiento. Estando uke y nage enfrentados, uke tomando ambas muñecas de nage, este último utilizando todo su cuerpo como unidad coordinada, trata de desequilibrar a uke. El propósito (y allí radica su importancia fundamental en el Musubi) del suwari waza kokyu ho es descubrir el principio de la energía circular. Nage debe inspirar cuando uke agarra sus muñecas y espirar al momento de devolver la fuerza de uke, actuando como una unidad. La mente de nage debe mantenerse flexible y receptiva.

Suwari waza kokyu ho no es un ejercicio competitivo, no es un torneo de fuerza. Uke provee la suficiente resistencia para desafiar (en forma positiva) a nage, pero no tanta que haga que la técnica imposible de realizar. Nage no lucha para tirar a uke sino que utiliza este entrenamiento para estudiar el balance, respiración y unidad de la energía física y mental. A medida que el entrenamiento se va volviendo avanzado, verás que la fuerza física de tu compañero/a puede trabajar a tu favor. Dado que suwari waza kokyu ho se fundamenta en el principio de Musubi, absorbiendo y devolviendo la energía en forma circular, el efecto es tal que uke y nage armonizan sus energías. Nage termina utilizando, en forma combinada, su fuerza sumada a la de uke. Cuando más se resista y utilice su fuerza uke, mayor serán las herramientas con las que contará nage para desequilibrarlo. Esta circularidad de la energía es la esencia del Musubi.

Deberías aplicar el principio de Musubi que se aprende a través de suwari waza kokyu ho en todas las técnicas de Aikido. Es el Musubi el que te permitirá acceder al punto que la fuerza y el tamaño físico no hagan diferencia a la hora de realizar las técnicas. Si fallas en este último punto, siempre estarás a merced de la fuerza de los otros y caerás en el peligro de una lucha competitiva.

O´Sensei decía una y otra vez a sus estudiantes que los principios que rigen la naturaleza son los mismos que rigen al Aikido. Un pequeño pájaro puede volar en un ventarrón pero no luchando contra viento, debe tomar la fuerza del viento y sumársele. Uno puede manejar un pequeño bote en aguas tumultuosas, solo si se sabe cómo encarar las olas. Por lo tanto, también en Aikido, los estudiantes buscar aprender a recibir la fuerza y transformarla en su aliada, más que luchar contra ella. Esto es sabiduría y esto es la realidad del Musubi.

Al continuar el entrenamiento, tu habilidad para utilizar los principios del Musubi debería expandirse. El principiante necesita del contacto físico para poder sentir la conexión con su compañero. El estudiante avanzado aprende a mantener esa conexión con menos y menos contacto físico. Inclusive, algunas técnicas pueden realizarse sin siquiera el contacto físico. El entrenamiento diario, además de los beneficios en el plano corporal, incrementa tu habilidad para relacionarte no solo con tus compañeros/as de práctica, sino también con otros/as, dado que expande tu visión, tu intuición y tu sensibilidad. En tu vida fuera del Dojo, hay menos oportunidad de contacto físico con los otros, pero las lecciones aprendidas durante la práctica pueden ser aplicadas en beneficio de tus relaciones con los otros y con toda la humanidad en cuanto conjunto. El proceso de remoción prejuicios y pensamientos negativos y la creación de una nueva conciencia inclusiva no debería cesar nunca.

Finalmente, es importante recordar que para lograr el Musubi en la práctica, se debe establecer relaciones de confianza con los compañeros/as de práctica. Sin confianza, no se puede entrenar Aikido. El bujutsu de la antigüedad (artes marciales con el único fin de dejar fuera de combate al adversario) desarrollo luchadores muy hábiles, pero no necesariamente promovió mentes iluminadas. En la mayoría de los casos, dado que lo antiguos estudiantes de bujutsu eran empujados hacia el exitismo (de ello dependía su vida), se desarrollaba en ellos desconfianza y paranoia; la mentalidad propia de un luchador callejero. El propósito del Aikido, al contrario, es el desarrollo y refinamiento del espíritu – ganar fortaleza a través de la sabiduría, no la brutalidad. Esta es la razón por la cual el proceso del entrenamiento en Aikido es tan importante. A través de la educación progresiva el/la estudiante de Aikido va refinado su habilidad para acceder a un entrenamiento más vigoroso e intenso; así el significado y forma de la práctica va cambiando. Ataques fuertes y caídas con salto no son más instrumentos de amenaza, sino herramientas que mejoran las habilidades del aikidoka. La diferencia entre el bujutsu antiguo y el Aikido, en tanto entrenamiento vigoroso e intenso, es la diferencia existente entre un fuego descontrolado y el fuego de la forja. Uno destruye y mata; el otro siendo igual en calor e intensidad, mejora los metales crudos, les da forma y los vuelve en objetos de belleza y fortaleza flexible. Los estudiantes de Aikido siempre deben recordar que el propósito de su entrenamiento es el desafío y mejoramiento de ellos mismos, más que la intimidación a sus compañeros/as o la complacencia de sus propios egos a expensas de sus compañeros/as.

Son las cualidades de confianza, cooperación, apertura mental y generosidad en la práctica de Aikido las que permiten a los estudiantes abandonar los miedos que los limitan e inhiben, en su habilidad para interactuar con los otros. De esta forma, ganar la confianza en ellos mismos los llevará a potenciar sus conexiones armoniosas (Musubi). Sin Musubi, Aikido no es Aikido sino otra forma de combate.”

domingo, 27 de septiembre de 2015

AIKIDO - Etiqueta y Transmisión

AIKIDO- Etiqueta y Transmisión
Traducción por J.R. David, 1st Dan, Aikido de la Montagne. 
http://www.geocities.ws/aikiven/entrevistas/Aiki-etiq_trans.pdf



Nota del Editor [de la primera publicación en internet]: Estamos extremadamente felices de presentar por primera vez una traducción en Inglés del libro de Tamura Sensei Aikido - Etiqueta y Transmisión el cual ha estado a la disposición solo en Francia. Le estamos agradecidos a Tamura Sensei por su permiso para producir esta versión. Gracias mayores también a Stephane Benedetti, 5to Dan, Jefe Instructor de la Mutokukai Europa Dojo Mirabeau, y estudiante de Tamura Sensei, que tradujo(del Japonés), editado y publicado la versión original, el cual ha sido publicado por Les Editions du Soleil Levant en 1991. Fotos cortesía de (de arriba hacia abajo): 1- N. Tamura, 2 - Marc Letissier, 3, 4 - Akihiro Tamura.

Preámbulo
La palabra japonesa shido puede ser traducida como guiar, orientar, dirigir, mostrar, y enseñar.
SHI: dedo. El carácter está compuesto por los elementos mano, cuchara y boca. Es la mano la que toma la deliciosa comida a la boca y además los dedos.
DO: el carácter tiene la misma pronunciación que el do en Aikido, judo, etc. Pero está escrito con una mano adicional como si uno agarrara a alguien por la mano para guiarlo. Expresa la idea de "dar una dirección".
Formalmente, el judo fue llamado jujutsu o yawara; kendo, kenjutsu o gekkenjutsu; budo, bujutsu. Ese era el tiempo en que el Aikido era todavía aikijutsu.
El carácter jutsu está compuesto por ir y cereal. Representa el curso de alguien que merodea en los campos para encontrar su camino. Como en el asimilar una técnica, uno tiene que practicar una y otra vez. Es lo mismo para cualquier otra actividad humana. Además, el carácter jutsu expresa la idea de un método y un arte intimidadamente ligado a aprender.
En la época que el Aikido era todavía aikijutsu, era sólo una practicada enfocada solo en uno mismo. Era suficiente para dominarlo.
Hoy tenemos Aikido.
DO indica una dirección mostrada por la cabeza. Esta dirección es clara y uno y cada uno puede ajustarse a ella. Esto es importante para todos nosotros que practicamos o enseñamos Aikido para ajustarse a esta vía con la intención de tomar a otros por la mano y guiarlos para ser capaces de traer a la vida este ideal, al igual que el DO de la vía y el DO de enseñanza se completan y enriquecen uno al otro.
Para hacer esto, uno tiene que saber claramente donde llevar a los estudiantes, que método usar y en qué punto enfocar la atención. Por esto he permitido que mi pluma corra por las páginas que siguen.

Capítulo 1
EL MAESTRO
No es necesario mencionar que el asunto principal de enseñar Aikido es ser un buen maestro. El maestro debe trabajar técnicamente pero también debe esforzarse por progresar espiritualmente y moralmente. El maestro debe abrir el ojo del corazón correctamente y convertirse en un buen ejemplo para sus alumnos. Aquí hay algunos puntos que ponderar:

PASIÓN
Los defectos técnicos y espirituales de un alumno deben ser corregidos como si fueran un hijo propio, como si fueran uno mismo, ayúdalos a moverse hacia delante en la dirección correcta y dedica el cuerpo y el alma a esta tarea. Entiende que nada puede llevarse a cabo sin pasión.

SER UNO CON LOS ESTUDIANTES
Es importante conocer los deseos de los estudiantes, cuáles son sus necesidades y que es necesario darles. No necesita decirse que tiene que haber un amor profundo para este estado de la mente para florecer. Uno debe unir su espíritu con el del estudiante para mejorar juntos mientras se toma cuidado de practicar con dicha e intensidad.

DELICADEZA
Enseñar es aprender; pero para uno aprender tiene que enseñar sinceramente. Uno tiene que enseñar con tal delicadez que haga que cada persona sea feliz y agradecida de recibir esta enseñanza.

DAR UN IDEAL Y AUTOESTIMA
Enseñar es dar un ideal técnico y espiritual y por encima que transmita a todos el deseo de atarse a ellos.

GRATITUD
¡Regocíjate del progreso técnico, del desarrollo físico y espiritual de tus estudiantes! Regocíjate del hecho que el entrenamiento diario no haya traído muchas lesiones y golpes. Agradece que tu rol como maestro te hay permitido pensar, estudiar, y progresar técnicamente y espiritualmente. Agradece a tus alumnos por haber hecho tu progreso posible.

DESARROLLAR OPTIMISMO
Es preferible variar la enseñanza, aunque sin enseñar todo y de todo, y evitar hacer que el estudiante sienta flojera o aburrimiento pero en cambio hacer que el estudiante encuentre nuevo alimento.
Es bueno darle al principiante el deseo de practicar sin descorazonarlo por el peligro de lesiones o por dolor excesivo sino en cambio hacerlo progresivamente más interesado en la práctica.

BUENAS RELACIONES Y BÚSQUEDA MUTUA ENTRE INSTRUCTORES
Los instructores deberían reunirse para intercambiar sus experiencias y el resultado de sus investigaciones, sin prejuicios o tomar bandos. Es ridículo que la gente que enseña el camino de la armonía y la paz contiendan los unos con los otros. Los problemas de ejecución técnica o fuerza relativa no son de interés. Lo que cuenta no es la fuerza de la ejecución sino que esté conforme con el principio.
La técnica que solo un hombre fuerte puede ejecutar no tiene interés general. No se debe olvidar que para cada técnica corresponden demasiadas ejecuciones posibles y que las condiciones cambian con el ataque del oponente.

AGARRE CORRECTO Y TRANSMITIR EL PRINCIPIO DEL AIKIDO
Uno no puede decir que el buen maestro debe ser solo el físicamente más fuerte o mejor técnicamente. Es por una enseñanza basada en una comprensión correcta y clara del principio de que uno puede guiar a los estudiantes sin apartarse.

Capítulo 2
LA FINALIDAD DE ENSEÑAR
Aikido es una disciplina ascética que le muestra a la humanidad el camino de perfeccionarse así mismo usando ki-iku, toku-iku, tai-iku (formación y desarrollo de la esencia: ki, de la sabiduría o virtud: toku y del cuerpo: tai.) A través de esta educación la cual incluye y une la mente y el cuerpo, uno va detrás de la noción de raza y de términos nacionales para formar un verdadero ser humano.
DESARROLLO DEL CUERPO
Los movimientos de Aikido son flexibles, como aquellos de la naturaleza, porque están llenos de kokyu-rokyu. Ellos realzan el poder físico, mejoran la salud y la belleza del cuerpo. De la misma manera la flexibilidad, resistencia al esfuerzo, reflejos, velocidad etc. son desarrollados y agudizados.

LAS LECCIONES DEL BUJUTSU
Al ingresar en los métodos de "preservación de la vida", uno adquiere auto confianza y tranquilidad y logra una paz mental. Al mismo tiempo, la voluntad para tomar las cosas, la perseverancia y las habilidades de organización se desarrollan así mismas.

ASPECTO MENTAL
Uno debe superar los grandes enemigos del Budo: ira, miedo, duda, hesitación, desprecio, y la vanidad, y desarrollar un alma firme y un gran coraje. Uno debe ser penetrado con la necesidad de la victoria sobre uno mismo. Es a través de la repetición de la práctica diaria que uno vence al cansancio, al decaimiento y viene a conocerse un gusto por el esfuerzo, la importancia de la perseverancia y la dicha de lograr una victoria sobre las dificultades.

ETIQUETA
En medio de una sociedad que le presta gran importancia a la técnica, fuerza y poder, las reglas de la etiqueta nos permite a uno sentir que hay valores sobre arqueados y es importante respetarlos sin esfuerzos. Ellos son la condición sine qua non de la supervivencia de una sociedad.

EL PRINCIPIO DEL AIKIDO Y SU APLICACION EN LA VIDA DIARIA
El principio del Aikido aplicado a través de irimi-tenkan, ki, kokyu, la dualidad Yo-Oponente, los ataques múltiples, etc. Enseñan el sentido de unidad, armonía, amor y paz. Aikido expresa con el cuerpo las reglas del universo. Si las reglas del universo son aplicadas correctamente al cuerpo, la técnica y la salud florecerán naturalmente. Si las reglas del universo son aplicadas correctamente a la vida diaria, la educación, el trabajo y la personalidad brotarán naturalmente.
Si las reglas del universo son aplicadas a la sociedad, la armonía social y las relaciones entre uno y otros brotaran naturalmente. La humanidad, como una familia, trabajará entonces por la recuperación del mundo, del cual su armonía está actualmente en problemas.

Capítulo 3
Método de Enseñanza
En orden de alcanzar los logros comentados anteriormente, debemos desarrollar una explicación del método de enseñanza y dividirlo en dos ramas: El aspecto mental y el aspecto técnico, aunque el Aikido es un camino de unidad de cuerpo y  mente. La práctica intensiva de las técnicas favorece a la elevación espiritual. El progreso espiritual favorece al progreso técnico. Para la claridad de las explicaciones, los aspectos técnicos y espirituales se han separado. No debe inferirse una subordinación de uno del otro o un estado de separación.

Enseñando: Aspecto Técnico
La Actitud del Instructor
Es cierto que la relación directa del maestro al discípulo, la cual es la relación tradicional idéntica en esencia a la relación de los padres con sus hijos, es la mejor que hay. En el mundo moderno, una relación como esta desafortunadamente se ha vuelto imposible. Hablaremos entonces de la situación actual en los dojos existentes. No debemos olvidar que la verdadera manera de pasar la tradición es a través de una relación directa. Déjennos tratar de no romper este vínculo pero mantener este espíritu. En el caso de clases muy grandes, un instructor (o en el mejor de los casos un pequeño grupo de instructores) tiene que trabajar con un gran número de estudiantes. Y mientras uno tenga solo un momento para enseñar a esos estudiantes y el tiempo es limitado, es imposible pasar con cada persona todo el tiempo que podrían necesitar. Por eso es muy importante enfocarse en los siguientes puntos:
- Demostración
- Explicación
- Imitación
- Análisis
- Corrección
- Observación
- Higiene

Demostración
La demostración debe ser la más clara y precisa posible. Debe enfatizar las direcciones fundamentales para los estudiantes y hacerlos querer practicar la técnica.

Explicación
La explicación debe dar el significado y el método de la práctica. Deben enfatizarse los puntos que necesiten atención especial.

Imitación
Cada estudio pasa por una fase de imitación. Uno debe tratar, al principio, de hacer que los estudiantes reproduzcan la técnica tan parecida como sea posible a la manera de la cual fue demostrada por el instructor, sin cuestionarla.

Repetición
La repetición nos  permite la asimilación de las explicaciones. Progresivamente, uno puede desarrollar rapidez, poder y agudeza de los sentidos.

Análisis
Cuando una técnica es difícil, es preferible desmenuzarla en muchos movimientos simples.

Corrección
No es suficiente el corregir la apariencia de una técnica. Debemos tratar de entender y cortar la raíz de la incomprensión y del error. Dependiendo de la técnica, tenemos que ser cuidadosos con el uso de  la respiración, desplazamientos, los movimientos y el uso de las manos, el cambio de nivel de las caderas, y el uso del ki.

Observación
Es importante observar bien las técnicas de los instructores, los alumnos avanzados y los principiantes. Debemos ayudar a los estudiantes a que entiendan esto. Tenemos que darle a comparar sus técnicas con las de otros. Esto los ayudará a mejorar. Si una lesión o el cansancio nos fuerce a descansar por un rato, debemos aprovechar este tiempo también. Estos momentos de observación no son diferentes de la práctica física. Mantenemos una actitud enfocada y un sentido de empeño.

Higiene
Es importante no olvidar que el trabajo intensivo requiere tiempo de descanso de calidad. Es importante dormir lo suficiente y comer razonablemente, en cantidad como también en calidad. Los atletas tienden a abusar del alcohol. Esto debe evitarse. Es bueno comer ligeramente una hora antes de entrenar y esperar para comer otra vez al menos una media hora después. Beber cosas frías mientras el cuerpo está caliente debe evitarse. Uno debe vestir un keikogi limpio para no molestar a los compañeros de entrenamiento. Las manos y los pies deben estar limpios y las uñas deben estar cortas. Los practicantes deben evitar vestir cualquier tipo de joyas, relojes, etc. El dojo debe ser limpiado cuidadosamente y en un lugar bien ventilado preferiblemente.

El Aspecto mental y espiritual de Enseñar - Mejorando Juntos
Algunas personas entrenan asiduamente pero rehúsan practicar con principiante o con gente que ellos piensan que son "malos." Aunque mejoren técnicamente, sus técnicas permanecerán como técnicas prisioneras de técnica. No debemos olvidar que el aikido no es sola la vía de la unidad de la mente con el cuerpo pero mayormente la vía de la unidad. Si el espíritu es detenido en esta progresión, entonces todo se detiene. Un espíritu que rechace a otros, un espíritu que no sepa como aceptar a los demás, un espíritu para el que solo es suficiente si progresa solo, un espíritu que trae todo al dominio limitado del ego no puede abrirse a sí mismo a un estado de unidad con el universo.
Aite (uke) existe, así la práctica es posible. La práctica existe, así el progreso es posible. Cuando está aite, cada compañero mejora y comparte su dicha a través de emulación mutual.

Tener un corazón generoso
Ayudar a un practicante menos avanzado requiere mucha paciencia y amor. Para entender las causas que obstaculizan a este practicante menos avanzado, es necesario poner empeño en nuestra propia investigación. No debemos fiarnos de la fuerza. En el mundo del bujutsu donde seguidamente nos enfocamos la eficiencia y el poder de la técnica, más importante es la fuerza permitiéndonos ir más allá de esta etapa.
La práctica del aikido no puede ser limitada a tratar de ser más fuerte en el sentido de lesionar al compañero o rehusar a perder. En el aikido, el poder es una consecuencia de aplicar el principio del universo. Tan fuerte como pueda ser, el hombre que se aleje de este principio no puede ganar. El aikido es un método para estudiar la acción del principio del universo. Uno debe no perseguir todo que uno encuentre en el curso de este estudio.

Victoria sobre uno mismo
Uno debe vencer al espíritu de la ira, flojera, miedo, etc. ¡El peligro más grande es el orgullo excesivo! No olvides que tan pronto que la idea de que tu técnica es buena aparezca, todo el progreso se detiene. En el constante flujo del mundo, pararse un instante significa quedarse eternamente atrás.

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