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lunes, 1 de agosto de 2022

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo


Escrito por A.Llanes (31/07/2022)



Sumario 


La sociedad actual reclama la presencia de valores de convivencia que se cultivan a través de la práctica del Aikido. La falta de comprensión respecto a la dinámica de Dōjō aleja a los interesados de este camino marcial. Es necesario crear un puente que facilite un mejor conocimiento respecto de lo que un interesado en Aikido puede esperar cuando se inscribe en un Dōjō. 
La expectativa y disposición mental del interesado en la mayoría de los casos, se encuentra totalmente desconectada de los valores sociales y culturales japoneses. Esta situación se supera aceptando la diferencia cultural; reconociendo algunos rasgos de la sociedad actual y aclarando que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar una manera de comportarse; donde el estudio de la técnica acompaña y enriquece esta travesía. 
¿Cómo podríamos mejorar la comprensión de este asunto y transmitir esas “formas” y “maneras” del Aikido a la generación Z y Alfa en su mayoría digitales y ajenos al mundo analógico?. 


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A propósito de la celebración de los 13 años del Dōjō; sentí el deseo de escribir un par de reflexiones. No pretendo molestar a nadie, ni adoctrinar y menos profetizar. Reconozco estos primeros 12 años como el cierre de un ciclo de aprendizaje; y por ser este el primer año de la nueva siembra (post pandemia), me atreveré a lanzar algunas reflexiones a propósito de los retos de compartir un arte marcial japonés tradicional no competitivo, en un mundo convulsionado, alejado de muchos de los valores sociales y culturales japoneses. 

Antes de plasmar estas líneas, quiero expresar un sincero agradecimiento a mis Maestros. Gracias por tanta inspiración y sabiduría. A mis senpais, a mis dôhais; a quienes me han tomado como sensei, y participan del día a día del Dōjō. Gracias a quienes ya no están con nosotros pero nos recuerdan con cariño y envían su linda energía. Gracias a quienes generosamente nos regalaron un “si se puede” al inicio de esta aventura, y a quienes se toman el tiempo de compartirnos sus experiencias y alegrías, especialmente cuando los tiempos se tornan complicados. Gracias también a quienes nos han regalado dificultades en este camino. Todo lo que ha ocurrido nos ha enriquecido enormemente. Gracias de todo corazón.


El primer “desencanto

La proliferación de series de anime y publicaciones de manga; el auge de la cocina asiática (con sus mezcla de sabores y aromas); la fascinación por la cultura del K-Pop; la publicidad de los juegos olímpicos y paraolímpicos; ha suscitado un especial interés por las distintas manifestaciones culturales asiáticas, y dentro de este entorno, algunos se fijan en las artes marciales. 

Sin embargo, ese júbilo que se predica desde la comodidad de una pantalla o un sillón decae, cuando se quiere tomar el sendero de alguna manifestación cultural japonesa. Cualquier camino o arte japonés que se quiera aprender necesitará de mucha disciplina y paciencia del interesado. Y esas dos palabras (paciencia y disciplina), en un mundo como el actual donde todo se quiere (y se promete) en un formato “rápido” y con un “mínimo” esfuerzo, es un contrasentido. 

Pero precisamente en ese “contrasentido”, es que en tiempos como el actual; las artes culturales japonesas, resultan realmente interesantes. Tomar un arte tradicional como lo es el Aikido; es permitirse explorar esa faceta desconocida para algunos; y allí con certeza, encontraran un proceso de reconocimiento y aprendizaje personal. 

Pero no hay que llevarse a engaños. Todos creemos saber qué significa “la disciplina” y “la paciencia”; pero muy poco comprendemos de lo que implica “vivir con disciplina y con paciencia”. Y, si a ese ejercicio se le agrega el vocablo “auto” para volcar esa disciplina y paciencia hacia nosotros mismos; y nos sinceramos un poco más y decimos que todo se trata de “autodisciplina” y “paciencia con nosotros mismos”; el espejismo se rompe y viene la frustración. 

No es el otro; eres tú mismo y tus circunstancias. La tarea es tuya; no depende del sensei, del Dōjō, del senpai, ni de ningún “otro” (ni del apoyo de tu jefe, tu pareja, tus amigos, familiares, etc). Tener un buen instructor que enseñe lo que corresponde (las bases del arte) es indispensable para poder cultivarse en Aikido y en cualquier otro arte; pero no puede perder de vista que nadie se ilumina por sentarse al lado del Dalai Lama. En esta época de los influencer y de las redes sociales, un video o una foto posando al lado un líder carismático además de emoción y fama, genera dinero; no obstante, si se trata de obtener la maestría, hay que vivir y copiar al maestro, para poder entenderlo y poder ver con claridad el arte. Para apropiar sus enseñanzas, hay que vivir con disciplina y paciencia; y entender que el entrenamiento comprende varios aspectos, incluyendo “los que no nos gustan”. 

Cada quien escoge el tipo de artista que quiere ser y escoge al maestro que quiere tener. “Haz todo lo que puedas y lo demás déjaselo al destino” dice un proverbio japonés. ¿Qué tanto estás dispuesto a hacer?. Sé honesto contigo mismo. Aikido es trabajo duro. El único secreto es entrenar. 

Y ahí va otra cubeta de agua fría 

Pero pensemos de manera positiva; digamos que nuestro interesado se levantó del sillón, se despegó de la pantalla y del dispositivo móvil (por un instante) y se trajo al Dōjō. Lo primero que verá será un espacio abierto, con colchonetas (tatami) bien apiladas y con apariencia de limpieza; y ahí se revela un gran secreto marcial: conservar el espacio de esa manera, limpio y organizado, hace parte del entrenamiento. 

Dicho de otra manera, se espera que Usted contribuya con la armonía y el orden del lugar. Espere, ¿Qué significa eso? ¿Qué es esa forma de tratar al cliente?. 

Y ahí aparece otra gran verdad. Usted no es un cliente; y por ende, no espere que lo atiendan y suplan todos sus caprichos, y menos, espere tener siempre la razón. Aikido tiene sus formas y maneras de aprendizaje así estemos bastante lejos de Japón. Si decimos que practicamos bajo un linaje tradicional (Aikikai), toda esta manera “nipona” de hacer las cosas, debe mantenerse. Al Dōjō se viene a conectar con nosotros mismos y con los demás; a despertar la atención; la intuición y la sensibilidad; y todo ello se obtiene atendiendo a los “pequeños detalles”. 

Como humanos de esta época somos muy visuales y con una gran capacidad de inventiva. Así que para evitar este fuerte impacto que muchas veces lleva al descontento, lanzo una propuesta. Imagine por un instante que cuando va al Dōjō, se dirige a la “casa estudio” de cualquier “reality show” y que se vale crear un “personaje” o un “avatar”.  Esa identidad “virtual” que lo acompañará al Dōjō; será la que se someterá a esas labores que muy seguramente Usted, no hace en su casa o en su oficina o en su trabajo. 

Ese “personaje” o “avatar”, como en los juegos de rol; deberá estar abierto a la posibilidad de trabajar para adquirir varias cualidades (o súper poderes); aprender a ser cálido; respetuoso; humilde y prudente. Todos estos “gestos” se obtienen a partir de una forma de hacer las cosas (y esa es la experiencia de Dōjō). 

Entrenar con personas de distintos niveles de experiencia, desarrolla un espíritu colaborativo. Intercambiar los roles de uke y nage, nos ayuda a desarrollar la compasión (aprender a ponernos en el lugar del otro). La camaradería entre senpai (compañero de antes) y  kōhai (compañero de después), nos enseña sobre nuestra responsabilidad en comunidad, y permite interiorizar que así como alguien te apoya, tú eres el apoyo de alguien más. Limpiar, es un acto de gratitud y de bondad.  La lista es larga; pero no quiero arruinar la emoción que genera esta travesía de Aikido; donde la mejor brújula para el recorrido será cuidar (y cultivar) siempre el alma de principiante, la mente de principiante (Shoshin). Mantener esa apertura, entusiasmo y falta de ideas preconcebidas, es la actitud que permite recorrer este camino con consciencia y plenitud. 

Este “ejercicio” de realidad virtual extendida o aumentada; es ecológico y de mínimo costo tecnológico. El consumo de energía eléctrica es prácticamente nulo; al igual que la demanda de tecnología (con un gi/uniforme y unos implementos de madera será suficiente). La buena noticia de este “juego de rol”; es que si le queda gustando lo puede replicar en cualquier entorno (en la familia, en el trabajo, etc). Está comprobado que no tiene efectos adversos. Ningún animal ha resultado herido al llevar su “avatar” de Dōjō a la sociedad. 

Y de eso se trata. De cultivar “formas” y “maneras” de Aikido en el Dōjō, y replicarlas en la sociedad. La filosofía del Aikido se interioriza con un entrenamiento sincero y con la genuina disposición de querer ser cada día mejores individuos y mejores ciudadanos. Parafraseando a Gabriel O Pensador, rapero y compositor Brasilero,  “Seja você mesmo, mas não sea sempre o mismo” (sea usted mismo, pero no sea siempre el mismo). Qué su presencia y ejemplo inspire y lidere una mejor sociedad. 

Suena bonito ¿cierto?. Empecemos. Aquí está la esponja y esta cubeta de agua. Comencemos a limpiar afuera; hasta que podamos limpiar los espejos de nuestra alma. Trabajemos en esa labor de limpiar hasta que ese hábito nos guste y una vez interiorizado, podamos pasar de lo visible (lo material) a lo etéreo (lo intangible).

Transmitir el “Wa”, en un mundo de “rebeldes” y antihéroes

Suena paradójico, pero pareciera que en estos tiempos, el caos es la zona de confort de los latinoamericanos (y del mundo) . Y como es nuestra zona de confort; queremos llevarla a todos los espacios y entornos sociales. 

Las series más exitosas del momento retratan antihéroes y rebeldes (muchos sin causa) que quieren triturar, extinguir la sociedad, al “sistema opresor”, a las “instituciones de control”, etc, etc; sin dejar claro después de tanto destrozo quién va a limpiar tanto reguero, ni cómo se va a componer ese estropicio. O están aquellas series, que instan para que cada uno sea el héroe de su propia historia. La (presunta) historia más sublime, especial e importante de todos los tiempos (porque “tú eres único, maravilloso y con súper poderes”). Y de esta manera, se ven en las calles “héroes” ataviados de su celular sirviendo de puente (sin filtro) entre “su realidad parcializada” y las redes sociales (debidamente segmentadas); denunciando, exigiendo y reclamando un cambio; como si fuera posible que los héroes del Universo Marvel o DC pudieran venir a remediarlo todo. Pareciera que como sociedad hemos hecho del miedo, del odio y del caos (que se nutre de los dos anteriores) la zona de confort de nuestra vida (o hasta ahora, el único universo posible). 

Pues bien. Ese mundo de “individualidades”, de inconformes, antihéroes y rebeldes sin causa; es un aspecto a despojar cuando se ingresa al Dōjō. De la misma manera que uno se quita los zapatos para ingresar a ese espacio; así mismo. Todo ese ruido mental (y ese torbellino emocional de rabia, miedo, odio, etc) se debe quedar afuera. Cuando termine su práctica, es libre de recogerlo o simplemente, comenzar a abandonarlo (poco a poco).

Las artes marciales tradicionales japonesas se estructuran a partir de un valor (principio) transversal que es el “Wa”; que se puede traducir como armonía, cohesión, paz, estilo japonés o incluso, Japón. “Wa” es un valor fundamental de la sociedad japonesa; que se traduce en una invitación a comportarse de manera similar al resto; de trabajar por la uniformidad y la conformidad. Valorar el “Wa” es valorar la paz y la armonía; es un llamado a seguir las órdenes (incluso de manera acrítica). 

A la par con este concepto, se encuentran otros tres aspectos que sustentan el código social japonés: el “tate sakai”, la verticalidad en las relaciones japonesas;  el culto a la forma (“rei”) y la dualidad “honne/tatemae” (donde “honne” lo podríamos definir como intenciones verdaderas, lo que realmente piensas; mientras que “tatemae” hace referencia a las obligaciones sociales). Dentro de estos valores (principios) surgen conceptos como el “omotenashi”, la hospitalidad japonesa; la idea de cuidar a los invitados de todo corazón; el ideal de poner el “yo” al servicio del invitado y anticiparse a la necesidad del otro. 

Entonces, volvamos. Inscribirse en un Dōjō tradicional de Aikido o de cualquier arte tradicional japonés; implica asumir el compromiso de que abrirá su mente y su corazón; a una manera diferente de hacer las cosas. De experimentar la oportunidad de sentirse parte de algo y de sumar, para el beneficio de los demás y el propio. Su proceso (vivencia) es personal pero su desarrollo será colectivo.  

De ahí que la invitación a asumir la actitud de un juego de rol o de un reality show y crear su “avatar” o “personaje”, me gusta. Todos aprendemos jugando, imitando, hasta que finalmente comprendemos y logramos hacerlo por nuestra propia cuenta. Usted se acerca al Dōjō para experimentar esta dinámica; y por ello, no espere que el Aikido se adapte a sus “expectativas”, ilusiones o fantasías personales. El Aikido es lo que es. Con sus reglas, formas y maneras.  

Aquí no se vende Aikido

Hasta el momento, solo se ha enfatizado en la actitud del interesado (del practicante) de Aikido. No se ha dicho nada de la técnica. La razón es simple. Porque sin una actitud mental y personal adecuada; su desarrollo en Aikido estará limitado simplemente a la habilidad de doblar brazos y lanzar gente por el aire; lo que dependiendo de su entorno podría serle útil (no lo discuto); pero su condición de artista marcial estará incompleta. Le faltaría la esencia. Algo así, como una libélula o una mariposa de plástico. Sin importar qué tan bellas se vean, les falta la fragilidad y la sensibilidad de la vida. Esa imperfección, perfecta, que genera “magia”.

La maestría de la técnica en Aikido es un estado al que acceden pocos. No obstante, la búsqueda de esa maestría es la llave que activa todo este camino que tiene por finalidad potencializar las habilidades humanas. 

Así que por favor, no se llame a engaños. Si su técnica es deficiente, difícilmente Usted podrá ser un referente de maestría en Aikido. Incluso, si su técnica es vistosa y atrae multitudes; pero su corazón, actitud y estilo de vida no le permiten manifestar con sus actos los altos estándares morales y éticos de este arte marcial; su camino no ha terminado. Es más, me paso de irreverente y me atrevo a pensar que ni siquiera ha comenzado.  Si usted es un excelente orador y pregona sobre las maravillas del Aikido y de sus múltiples aplicaciones en la vida; pero no entrena Aikido y no tiene un historia de Dōjō; Usted es un poeta o un “excelente” orador, pero no es un Aikidoka (y si bien agradezco la publicidad; también le agradecería la sinceridad en este punto; porque Usted vende espejos con un reflejo idealizado de algo que desconoce). 

Cuando se ha aceptado el compromiso de difundir Aikido; considero que hay que ser extremadamente cuidadoso con no arruinar el linaje (y más si al Dōjō se le ha puesto el apellido “Aikikai”). Para ello, sea honesto con Usted mismo y con quienes se acerquen al Dōjō. 

La práctica y el acceso al contenido de un arte marcial, puede hacerse por una línea Ryu-ha o por una línea de Shin-budo. La escuela Ryu-ha es la escuela tradicional; de la antigua usanza donde existe una relación cercana maestro – discípulo. El concepto Ryu dentro de sus varias acepciones, acepta la idea del fluir de un río; algo que se ha decantado, para que independientemente del canal por el que se tome, llegue lo más preservado posible. Las escuelas Shin-budo son distantes de lo tradicional; hay un espíritu marcial (se quiere cultivar el Budō), pero es distante de la escuela tradicional y quien enseña, no está necesariamente cualificado para transmitir ese arte; lo que se entrega es su interpretación y adaptación. En este punto, no se trata de decir “qué es lo mejor” o “si algo es lo verdadero o lo falso”; lo importante aquí es la responsabilidad con la que ese artista hace esa adaptación. Como mencioné anteriormente, cada uno escoge a su maestro (“para gustos, los colores”).

En lo que respecta al Aikido y  a las formas de transmitirlo, y siendo muy consciente de mis limitaciones personales y del camino que aún me falta por recorrer; estoy de acuerdo con quienes señalan que al ser el  Aikido un arte marcial tradicional japonés; generar esas “adaptaciones” o “interpretaciones”; configura una pérdida innecesaria del Arte. Cuido sinceramente de mi relación con mi maestro y de las formas y maneras como esas enseñanzas me han sido entregadas. Frente a mi rol de instructor tengo claro que el punto más importante a transmitir es el potencial de desenvolvimiento humano; y las bases de la técnica, tal cual me han sido compartidas. He asumido este camino marcial con sincero interés y respeto por su forma tradicional; y por ese motivo, en este Dōjō tenemos el genuino interés de formarnos en esos valores y dentro de la dinámica marcial tradicional. 

Entonces, vuelvo al intento de reflexión de esta parte final. Aikido no se vende; y este hecho confunde a varios de los interesados en experimentar y conocer el mundo Asiático. Comprendo que somos una sociedad esencialmente de consumo (donde se venden bienes y servicios) y donde prácticamente todo tiene un precio; pero, así como el practicante de Aikido en un Dōjō tradicional, tienen una connotación diferente a la de cliente; Aikido no es un servicio que se vende al mejor postor. 

Tenga claro que una vez el sensei lo acepta en el Dōjō se compromete a guiarlo y apoyarlo en su camino marcial; pero las formas y maneras de practicar Aikido no se transan. Cada peldaño de desarrollo y cada Dan, son el resultado de su esfuerzo y de su disciplina; del apoyo de sus compañeros y del compromiso de su sensei como su guía. Las técnicas, tiempos y condiciones para cada momento están claras desde el principio; y no hay atajos. Bajo esta lógica, no espere que Aikido, el Dōjō o el sensei se adapten a Usted (a su ilusión, a su expectativa y a su deseo). 

Ahora que conoce que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar “una manera de actuar” diferente a la habitual; el paso honesto y prudente sería revisar qué lo mueve genuinamente a practicar Aikido (preguntarse ¿qué estoy buscando en este espacio? ¿resueno con esta propuesta de camino?). Cualquier justificación o motivación que tenga en ese momento será respetable y válida siempre y cuando sea sincera.

Al cabo de un tiempo, lo que lo traerá al Dōjō no será esa motivación inicial; será su disciplina. Dicen por ahí que “una chispa no es el propósito”. Se trata de aprender a estar listo para vivir. En este camino el resultado no es exigible; lo que se exige es el esfuerzo. 

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En el campo colombiano se dice que, “no se deja de cosechar porque una siembra salió mal”. Cada año es una nueva siembra con sus dificultades y desafíos; con sus frutos y experiencias. Espero que estas reflexiones ayuden a remover y abonar el terreno para este nuevo ciclo. Se siguen plantando semillas y cuidando retoños. Sigamos plantando nuestra huerta y cuidando de nosotros mismos y de los demás. 


martes, 27 de febrero de 2018

Musubi


Musubi

Por Mitsugi Saotome. Tomado de “Aikido”, Kairós: Barcelona.

 


 

“Aikido es el estudio de la sabiduría. Si no puedes controlarte y confiar en ti mismo – si no puedes verte a ti mismo claramente – nunca podrás tener ningún conocimiento o confianza de los otros y, ciertamente, no podrás controlarlos. El propósito del Aikido no es la creación de luchadores agresivos sino el refinamiento de la sabiduría y el autocontrol. Como estudiante de Aikido, debes estudiarlo para mejorar y pulirte a vos mismo, sin competir con los demás.

La clave en este proceso –y el corazón del Aikido– es Musubi. La traducción de esta palabra japonesa sería “unidad”, o “interacción armónica”. En la práctica, Musubi significa la habilidad de unirse, tanto física como mentalmente, con la energía de tu compañero/a. Musubi es el estudio de una buena comunicación. En cualquier interacción entre las personas existe la comunicación. Depende de los participantes que la interacción sea productiva o inútil, amigable u hostil, verdadera o inexacta. Musubi, a medida que se va refinando, puede significar la habilidad de controlar y alterar la interacción, cambiando una aproximación hostil en un encuentro saludable, o un ataque en un apretón de manos.

Musubi es a la vez un método de aprendizaje y el objetivo del estudio. Musubi, en su último refinamiento, está relacionado con la adquisición de un sentido de armonía universal y, en la técnica, la habilidad de controlar los encuentros para bien. Pero, ¿puede tal habilidad ser adquirida para forzar o infligir miedo a las personas que lo están aprendiendo? No. Musubi debe ser enseñado y estudiado de acuerdo a los principios que ejemplifica, para que la conciencia de los estudiantes de Aikido pueda ser refinada junto con sus movimientos físicos. Musubi debe ser enseñado a través de una buena interacción y una firme, pero amable, guía.

Aprender a responder ataques con Musubi es un proceso largo y difícil. Uno no puede golpear un principiante y decirle “No pelees, únete, ¡únete!” El principiante no solo no se unirá al ataque, sino que reaccionará con miedo y agresión, las reacciones instintivas frente a una amenaza. El principiante va a tratar de defenderse luchando o hiriendo al atacante. En Aikido el objetivo es domesticar y controlar esos instintos naturales, no estimularlos. Esta es la razón, especialmente con los principiantes, que a menudo se utilizan distintos ataques de agarre. El estudiante principiante no está preparado para tratar con ataques reales –como golpes y patadas– con calma mental o movimientos físicos propicios. Los agarres les permiten a los principiantes estudiar las técnicas sin miedo, manteniendo la integridad física mientras se aprenden las respuestas correctas. En vez de entablarse en lucha y competición, los estudiantes pulen tanto los movimientos físicos, como la mente. Los practicantes estudian: el control –de él o ella– mismos, su compañero/a, y la relación entre ambos. Los agarres tienen la ventaja de proveer el contacto físico entre los compañeros de práctica, de tal forma que ambos puedan sentir que hace que el movimiento funcione. Si no hay un contacto físico, los estudiantes principiantes encontrarían difícil la exploración los mecanismos de las técnicas.

La práctica de los principiantes usualmente comienza con agarres estáticos. Esto posibilita el estudio de una correcta postura, trabajo de pies y posición del cuerpo. Los estudiantes pueden progresar hacia agarres en movimiento, los cuales permiten el desarrollo del sentido del timing y la distancia, y la exploración de las relaciones espaciales entre ellos y sus compañeros/as de práctica. Posteriormente, los estudiantes pueden comenzar a ajustar los distintos grados y tipos de fuerza, velocidad y dirección. De esta forma, empiezan a crear confianza en sus habilidades para comunicarse con sus compañeros, a incrementar su sentido de intuición para con los movimientos e intenciones de los demás practicantes.

La cooperación es muy importante en el entrenamiento de Aikido. Casi toda la práctica se realiza con un compañero/a, y las relaciones entre los ellos debe ser la manifestación del Musubi. Tanto nage como uke tienen esta responsabilidad. Mientras nage debe entrenar para unirse con (más que luchar contra) los ataques; uke debe aprender a atacar de una forma que sea apropiada a la técnica que está siendo estudiada y de proveer las condiciones apropiadas para el aprendizaje. Por ejemplo, si el instructor demuestra una técnica que contiene una proyección hacia adelante, es apropiado que el uke empuje hacia adelante. En cambio si el uke empuja hacia atrás, tratando de anular la técnica de nage, esto lleva a la reducción de la técnica a la lucha y ni nage ni uke aprenderá cómo funciona la técnica o correctamente. Estudiantes avanzados se pueden beneficiar de ataques inesperados, práctica libre e intentos de contra-técnicas, pero esto se da luego de años de estudio de las técnicas básicas y del aprendizaje de las condiciones que requiera cada acción.

El estudio de Aikido es el estudio de la sabiduría, y la sabiduría, en gran parte, es la posesión de sentido común. El sentido común, desafortunadamente, es poco común. En este mundo es bastante difícil de encontrarlo o nunca se aprende. El entrenamiento en Musubi y en los principios básicos de Aikido involucra el re-aprendizaje del sentido común. Se puede encontrar evidencia de esto en los movimientos básicos de defensa del irimi y tenkan. Estos dos movimientos pueden ser entendidos como uno –irimi-tenkan– así como el yin y el yang forman, en conjunto, parte del todo.

Tanto el irimi como el tenkan son movimiento que las personas usualmente utilizan en su vida diaria sin pensarlo. Imaginemos que estas caminando en medio de una calle repleta de gente, y se ve a alguien que viene caminando justo hacia vos. Al momento del “casi” impacto uno se corre y deja pasar a la persona (irimi). Ahora imaginemos que la misma persona te empuja al momento de pasar a tu lado, uno simplemente gira y mantiene el propio equilibrio y sigue caminando (tenkan). Ambos movimientos son ejemplos simples y naturales del sentido común. Cualquier persona puede hacerlos, y su simplicidad y universalidad confirman su verdad.

Pero una persona no entrenada en Aikido que ve que alguien viene directo hacia ella con un ataque, automáticamente trata de caminar hacia atrás. Cuando es empujada en un gesto hostil, la persona o se paraliza del miedo o se agarra del agresor para no caerse. La persona pierde el sentido común y la habilidad para percibir la reacción natural.

El entrenamiento de Aikido, a través de su proceso gradual y cooperativo, enseña cómo aplicar los principios de Musubi en situaciones crecientemente dificultosas. Permite entrenar tu mente a mantener su calma y visión de tal forma que el miedo, la ira o la falta de confianza no distorsione los movimientos del cuerpo. A su vez, permite entrenar el cuerpo diligentemente; la práctica constante le provee al cuerpo la sabiduría de la experiencia. En este sentido, el cuerpo se vuelve el reflejo y la manifestación física de tu mente. El cuerpo y la mente trabajando como unidad –de nuevo, en la relación de Musubi– permite que reacciones simple, eficaz y sensiblemente bajo presión, en vez de ser dominado y controlado por las circunstancias.

Uno ve a estudiantes avanzados en Aikido atacándose y proyectándose muy fuerte, pero han llegado a este punto de su entrenamiento luego de pasar por varias etapas cuidadosas que permitieron educar su mente y su cuerpo. Por lo tanto, los ataques fuertes y vigorosos se convierten en un desafío más que en una amenaza. El propósito de los golpes, patadas y agarres en la práctica no tienen el objetivo de destruir al enemigo sino descubrir, la propia (así también la del compañero/a) fuerza, balance, intuición y estabilidad mental. En vez de enfrentarse con desconfianza, miedo y competitividad, uno afronta a los compañeros/as de práctica con concentración, sinceridad y sentimientos de disfrute.

Uno de los elementos –quizás el más importante– del Musubi es el aprendizaje de sentir y utilizar la unidad de la energía. Es por ello que el ejercicio de kokyu tanden ho, como lo decía O´Sensei, es el entrenamiento más fundamental en Musubi. El mismo no es una técnica de combate, sino el estudio de las relaciones físicas y el movimiento. Estando uke y nage enfrentados, uke tomando ambas muñecas de nage, este último utilizando todo su cuerpo como unidad coordinada, trata de desequilibrar a uke. El propósito (y allí radica su importancia fundamental en el Musubi) del suwari waza kokyu ho es descubrir el principio de la energía circular. Nage debe inspirar cuando uke agarra sus muñecas y espirar al momento de devolver la fuerza de uke, actuando como una unidad. La mente de nage debe mantenerse flexible y receptiva.

Suwari waza kokyu ho no es un ejercicio competitivo, no es un torneo de fuerza. Uke provee la suficiente resistencia para desafiar (en forma positiva) a nage, pero no tanta que haga que la técnica imposible de realizar. Nage no lucha para tirar a uke sino que utiliza este entrenamiento para estudiar el balance, respiración y unidad de la energía física y mental. A medida que el entrenamiento se va volviendo avanzado, verás que la fuerza física de tu compañero/a puede trabajar a tu favor. Dado que suwari waza kokyu ho se fundamenta en el principio de Musubi, absorbiendo y devolviendo la energía en forma circular, el efecto es tal que uke y nage armonizan sus energías. Nage termina utilizando, en forma combinada, su fuerza sumada a la de uke. Cuando más se resista y utilice su fuerza uke, mayor serán las herramientas con las que contará nage para desequilibrarlo. Esta circularidad de la energía es la esencia del Musubi.

Deberías aplicar el principio de Musubi que se aprende a través de suwari waza kokyu ho en todas las técnicas de Aikido. Es el Musubi el que te permitirá acceder al punto que la fuerza y el tamaño físico no hagan diferencia a la hora de realizar las técnicas. Si fallas en este último punto, siempre estarás a merced de la fuerza de los otros y caerás en el peligro de una lucha competitiva.

O´Sensei decía una y otra vez a sus estudiantes que los principios que rigen la naturaleza son los mismos que rigen al Aikido. Un pequeño pájaro puede volar en un ventarrón pero no luchando contra viento, debe tomar la fuerza del viento y sumársele. Uno puede manejar un pequeño bote en aguas tumultuosas, solo si se sabe cómo encarar las olas. Por lo tanto, también en Aikido, los estudiantes buscar aprender a recibir la fuerza y transformarla en su aliada, más que luchar contra ella. Esto es sabiduría y esto es la realidad del Musubi.

Al continuar el entrenamiento, tu habilidad para utilizar los principios del Musubi debería expandirse. El principiante necesita del contacto físico para poder sentir la conexión con su compañero. El estudiante avanzado aprende a mantener esa conexión con menos y menos contacto físico. Inclusive, algunas técnicas pueden realizarse sin siquiera el contacto físico. El entrenamiento diario, además de los beneficios en el plano corporal, incrementa tu habilidad para relacionarte no solo con tus compañeros/as de práctica, sino también con otros/as, dado que expande tu visión, tu intuición y tu sensibilidad. En tu vida fuera del Dojo, hay menos oportunidad de contacto físico con los otros, pero las lecciones aprendidas durante la práctica pueden ser aplicadas en beneficio de tus relaciones con los otros y con toda la humanidad en cuanto conjunto. El proceso de remoción prejuicios y pensamientos negativos y la creación de una nueva conciencia inclusiva no debería cesar nunca.

Finalmente, es importante recordar que para lograr el Musubi en la práctica, se debe establecer relaciones de confianza con los compañeros/as de práctica. Sin confianza, no se puede entrenar Aikido. El bujutsu de la antigüedad (artes marciales con el único fin de dejar fuera de combate al adversario) desarrollo luchadores muy hábiles, pero no necesariamente promovió mentes iluminadas. En la mayoría de los casos, dado que lo antiguos estudiantes de bujutsu eran empujados hacia el exitismo (de ello dependía su vida), se desarrollaba en ellos desconfianza y paranoia; la mentalidad propia de un luchador callejero. El propósito del Aikido, al contrario, es el desarrollo y refinamiento del espíritu – ganar fortaleza a través de la sabiduría, no la brutalidad. Esta es la razón por la cual el proceso del entrenamiento en Aikido es tan importante. A través de la educación progresiva el/la estudiante de Aikido va refinado su habilidad para acceder a un entrenamiento más vigoroso e intenso; así el significado y forma de la práctica va cambiando. Ataques fuertes y caídas con salto no son más instrumentos de amenaza, sino herramientas que mejoran las habilidades del aikidoka. La diferencia entre el bujutsu antiguo y el Aikido, en tanto entrenamiento vigoroso e intenso, es la diferencia existente entre un fuego descontrolado y el fuego de la forja. Uno destruye y mata; el otro siendo igual en calor e intensidad, mejora los metales crudos, les da forma y los vuelve en objetos de belleza y fortaleza flexible. Los estudiantes de Aikido siempre deben recordar que el propósito de su entrenamiento es el desafío y mejoramiento de ellos mismos, más que la intimidación a sus compañeros/as o la complacencia de sus propios egos a expensas de sus compañeros/as.

Son las cualidades de confianza, cooperación, apertura mental y generosidad en la práctica de Aikido las que permiten a los estudiantes abandonar los miedos que los limitan e inhiben, en su habilidad para interactuar con los otros. De esta forma, ganar la confianza en ellos mismos los llevará a potenciar sus conexiones armoniosas (Musubi). Sin Musubi, Aikido no es Aikido sino otra forma de combate.”

martes, 18 de julio de 2017

Aikido: Cuerpo y Alma de Uke


Aikido: Cuerpo y Alma de Uke

por: Shoji Seki Shihan.

Tomado de:

http://aikidoencordoba.blogspot.com.co/2012/06/aikido-cuerpo-y-alma-de-uke.html

 


 

La mitad de Keiko (La práctica) en Aikido consiste en ser Uke. De acuerdo a que tan buen Uke seamos, la calidad de la práctica será muy diferente. Le preguntamos a un Shihan  del Honbu Dojo en qué debemos ser cuidadosos durante el entrenamiento con el fin de tener una práctica fructífera:

 

Shoji Seki Sensei: En la práctica del Aikido, el buen logro de una técnica es el resultado, no sólo del movimiento de Nage, sino de una labor conjunta entre Nage y Uke. ¿Por qué digo esto? porque es sumamente difícil alcanzar el movimiento en el primer intento. Tori hace la práctica, uke responde con suavidad, y así una y otra vez. De esta manera Tori avanzará poco a poco hasta logar hacer el movimiento ideal.

Por lo tanto, yo busco siempre que el principiante se acostumbre a ser lanzado. Esto normalmente no es una experiencia agradable, ser derribado y lanzado por alguien, pero es necesario aprender a  disfrutarlo para poder continuar con la práctica.

Para esto, Nage debe tener cuidado de lanzar al principiante sin espantarlo. El instructor tiene que observar el comportamiento de los estudiantes cuidadosamente, y si este llega a ser peligroso, debe corregir de forma adecuada. La responsabilidad del instructor en este punto es muy importante.

Para el principiante, es importante recordar el movimiento de las técnicas de tan pronto como sea posible. Cuando alguien le dice cómo debe caer, el principiante no puede entender por qué es necesario caer de esta o aquella forma. Cuando se empieza a  entender la relación entre la caída y la técnica, entonces es fácil de adivinar qué tipo de ukemi es el que se necesita. "Caer por caer" no ayuda en los progresos de la técnica de Ukemi.

A medida que progresan los entrenamientos, es necesario hacerse capaz de tomar ukemi de diferentes clases de tori, con potencias y velocidades distintas. Debido a que Uke no puede existir sin el movimiento de Nage, Uke debe moverse sin bloquear ni fingir el movimiento. Uke debe adaptar su movimiento a cada ocasión. Todo esto se relaciona con el método que se use en la práctica. La práctica no será buena si Uke intenta aferrarse demasiado, puesto que en Aikido practicamos técnicas predefinidas, el movimiento siguiente siempre es conocido y esto hace fácil bloquear. Esto no conduce a un buen progreso a menos que su objetivo sea hacer frente y derribar, pero para adquirir un buen movimiento de Aikido esto no funciona.

Con frecuencia veo gente bloqueando y obstruyendo el movimiento de tori, y pretender que con eso se le ayuda y se le está enseñando. Esta no es una buena manera de practicar. Para la práctica lo más conveniente es ser uke en silencio y sin pretender dar instrucciones. El estudiante va a al dojo a practicar y no a dar cátedra.

Un practicante hábil puede aprender varias técnicas en un día, pero sólo el procedimiento de efectuarla. Aunque usted conozca el procedimiento de una técnica, no conocerá el sentimiento y la sensación correcta de esta sin ser uke. Acumulando experiencia con toris experimentados y principiantes se aprende a sentir, como uke, cuando una técnica estuvo bien ejecutada y cuando no. Ser un uke firme pero respetuoso saca a relucir lo mejor de cada nage. De esta manera, si uke aprende a sentir cuando una técnica estuvo bien ejecutada, tratará de realizarla de esta manera cuando deba ser nage. La repetición y la acumulación de estos procesos debe ser la esencia de la práctica diaria.

Puntos importantes que deben ser considerados por Uke:

1.  Uke es la parte ofensiva.

Sujetar a nage o hacerle movimientos de corte son maniobras ofensivas. Nage no puede bloquear un ataque si no hay nada que bloquear y un uchi que no llega a la cabeza es una tontería.

Al momento de atacar en necesario ser firme y mantener buena postura. No hay manera de empezar a atacar con una distancia inadecuada, una mala sincronía o en una posición de desequilibrio.

Uke debe caer por la fuerza de Nage. No haga Ukemi sin sentir la fuerza de Nage.

2. Al sujetar la mano utilizar todos los dedos.

Un agarre que solo use el pulgar y el índice se romperá con facilidad. Uke debe agarrar con firmeza con toda su mano, así el movimiento de nage no romperá el agarre y uke se moverá siguiéndolo.

3. ¿Cambiar la fuerza de sujeción durante la técnica?

Cuando Nage se está moviendo durante la técnica, y Uke cambia la fuerza de sujeción, el movimiento de Nage es perturbado. Puede mantenerla fuerte o suave, pero mantenga la misma dirección con la fuerza y siga el movimiento del Nage. Si cambia la fuerza de sujeción, no sólo perturbará el movimiento de Nage, sino también su propia capacidad para reaccionar a la técnica.

4.  Recibir el movimiento con todo el cuerpo.

No se debe detener el movimiento centrando la fuerza en el hombro o el brazo. A menudo veo,  en el caso de Katate-Dori o Ryote-Dori, a la gente reducir el movimiento al codo o la muñeca. Se debe transmitir la fuerza desde el punto de contacto a todo el cuerpo. Aunque su cuerpo sea más grande que el de Nage se debe recibir la fuerza con todo el cuerpo.

5. Mantener algún contacto visual con el punto de contacto de Nage.

Cuando se es uke se debe procurar mantener el punto de contacto de las manos con nage delante de los ojos. No mirándolo directamente sino manteniéndolo dentro del campo visual. Si la cabeza no apunta al lugar correcto quiere decir que no se está en guardia y esto no es marcial. Si la mirada se fija en la dirección de la caída seguramente la adelantaremos y nos estaremos tirando sin esperar la proyección, en cambio si la mirada busca el punto de contacto con nage el centro del cuerpo la seguirá.

6. No ser un uke perezoso.

Ser uke perezoso significa, por ejemplo, hacer de Uke para Shiho-nage pensando de antemano en el Shiho-nage y moverse por sí mismo, y no por la fuerza de Nage. En ese caso, si Nage cambia la técnica uke no puede seguir. No sea un uke perezoso en ningún caso. No ser un perezoso lo ayudará a  pulir su sentimiento.

Recuerdos personales como Uke.

Cuando empecé a ser instructor, estuve siempre preparado para hacer de Uke en el caso de que un instructor de mayor rango me llamara. La impresión de ser Uke para cada instructor es muy diferente. Y todavía recuerdo esas impresiones.

Hice un montón de veces de Uke para Kisaburo Osawa Sensei (9° Dan). No puedo expresarlo con precisión, pero no existía colisión en sus movimientos, y cuando tenía que hacer de Uke me sentía purificado.

Por supuesto estas tomas de Ukemi no eran cosa fácil. No se sabe cuál es la técnica que viene y  es necesario poder responder a cualquier movimiento. Pero toda esta experiencia con instructores de alto rango se encuentra aún en mi memoria y es muy importante para mí. Es por esto que me ocupo de lanzar y lanzar a mis estudiantes tanto como sea posible.

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Traducción: JoseGregorio

 

martes, 30 de mayo de 2017

Métodos de entrenamiento


Capítulo 1 – Métodos de Entrenamiento

Por Mitsunari Kanai, 8vo dan (Q.E.P.D.)

 


 

Nota del Editor: Lo que sigue es un extracto del libro a publicarse de Kanai Sensei.  La versión en video ha sido publicada y se consigue en Aikido Online.

Uno de los problemas más básicos, crónicos y quizás inevitables en la práctica de AIKIDO, es que el entrenamiento de AIKIDO pueda reducirse a un ejercicio despreocupado basado sobre un acuerdo excesivo entre los compañeros practicantes (NAGE y UKE). Este problema surge porque los practicantes de AIKIDO suelen basar su práctica sobre filosofías y teorías sinceras pero mal-fundadas. Los ejemplos de muchas interpretaciones incorrectas del AIKIDO aplicado a la práctica incluye la de enfatizar la idea de un ambiente de “estilo de AIKIDO”, expresando una “ideología” de AIKIDO, y malinterpretando el concepto de “armonía”.

Debido a la importancia de comprender correctamente el significado de la armonía en el contexto específico del AIKIDO, daré una explicación breve. Tenga presente que cubriré solamente una mínima fracción de los significados y aspectos de la armonía de AIKIDO.

Primero, es importante saber que la armonía es un componente central del AIKIDO. Muy fundamentalmente, significa armonía con el universo entero, con la existencia toda. En términos de mente y cuerpo, armonía significa simplemente que uno debe enfatizar tanto la mente y el cuerpo de forma equilibrada, en vez de enfocarse solamente en uno o en el otro. Pero en términos físicos, la armonía tiene un significado técnico que se refiere a una manera particular de usar el cuerpo entero en cada movimiento. Aplicado a una situación confrontacional (incluyendo el entrenamiento), es este significado técnico de la armonía que se debe realizar en uno mismo y con el oponente, y así crear una situación que conduce al oponente hacia la armonía con uno mismo.

La armonía no significa llevarse bien con la gente en base al denominador común más bajo, o creando un acuerdo sin tener en cuenta las reglas sólo para evitar la confrontación y así mantener un ambiente despreocupado o exageradamente confortable. La armonía tal como se usa en el AIKIDO, no involucra ceder, disminuir o diluir cosas opuestas y sus esencias individuales. Tal forma de acercamiento diluye todo, sacrifica la esencia de las cosas, erosiona los estándares de comportamiento y actitud; y por ende disminuye a cada individuo. Al contrario, la armonía del AIKIDO une a elementos diferentes – hasta opuestos – y los intensifica de una manera en la cual impulsa todo hacia un nivel más alto.

Se suele recalcar que el AIKIDO permite hombres y mujeres, adultos, niños y niñas, gente mayor y jóvenes practicar juntos. Esto es verdad. También es verdad, pero no tan frecuentemente recalcado, que dentro del  AIKIDO también hay espacio para practicar de otras maneras, por ejemplo, de usar una práctica muy dura para desarrollar técnicas marciales. La amplitud y sentido incluyente del AIKIDO no significa que su práctica sea fácil, o que sus practicantes que se enfocan en desarrollar técnicas fuertes de combate sean menos importantes o menos legítimos, que aquellos interesados en otros aspectos del arte.

Yo sospecho que el resultado de estos errores trae como consecuencia el primer problema mayor en el entrenamiento de AIKIDO, y es que muchos practicantes de AIKIDO no han podido establecer un método de entrenamiento basado en la comprensión más fundamental de cómo usar el cuerpo para producir, aplicar y recibir el poder.

Lo que sigue es una teoría y explicación de cómo usar correctamente el cuerpo. Me parece necesario articular de forma detallada esta lógica del AIKIDO. La intención es que esta articulación de los principios físicos del AIKIDO deberá reemplazar las explicaciones abstractas propuestas típicamente por muchos practicantes de AIKIDO y otras artes marciales.

El practicante de AIKIDO debe comprender cómo la fisiología del cuerpo, la misma estructura del cuerpo, ocasiona las reglas o principios de cómo ha de funcionar el cuerpo entero de la forma más eficiente y óptima. La forma correcta de un movimiento corporal se juzga únicamente por este criterio: si el movimiento, visto desde la fisiología humana, utiliza con economía total todas las partes del cuerpo organizadas en la forma más eficiente posible. Comprender tal teoría fundamental de la utilización del cuerpo debe preceder las explicaciones de técnicas específicas de AIKIDO.

Cualquier sistema de movimiento corporal debe estar basado sobre la fisiología humana. Las artes marciales en general tienen reglas que definen aún más las implicaciones de la estructura física del ser humano bajo el contexto de situaciones de combate. El AIKIDO, cuya meta es el acercamiento más amplio hacia las artes marciales, debería tener un conjunto de principios aún más preciso.

Una técnica específica basada sobre estos principios utilizará cada parte del cuerpo de forma organizada y secuenciada, a fin de optimizar la generación del poder. Si esto se hace, la técnica será la correcta y va a “funcionar”. La falta de comprensión y aplicación de esto harán que las técnicas sean inefectivas.

Uno debe comprender que el entrenamiento de AIKIDO debe basarse únicamente sobre este principio intransigente de eficiencia máxima que surge de la fisiología humana. Armado con este conocimiento, el practicante puede determinar fácilmente si las técnicas que pudiesen verse fluidas y correctas están basadas en los principios verdaderos del entrenamiento de AIKIDO. Las técnicas incorrectas son muy comunes debido a la falta de comprensión de este principio.

La falta de entendimiento de este principio de movimiento corporal eficiente también tiene otras implicaciones, por ejemplo, que los grupos primordiales de las técnicas que son propiamente del AIKIDO (proyecciones, controles, golpes y empujes) carecen de una consistencia teórica y por ende, parecen desmedidamente distintos uno del otro.

Se debe entender que no estoy proponiendo restringir el AIKIDO en un molde rígido sino al contrario, estoy sugiriendo que es necesario romper el molde rígido ya existente, un molde creado de malos hábitos formalizados. Los resultados de estos malos hábitos se observan fácilmente en mucho de lo que hoy en día se llama “práctica de AIKIDO”.

Hay un segundo problema mayor en el entrenamiento de AIKIDO, uno que resulta de la relación entre NAGE y UKE.

Muchas veces el entrenamiento se conduce a una especie de modalidad confrontacional falsa, sin un combate verdadero o un entrenamiento serio. Debido a esto, el practicante típicamente no se da cuenta de su creciente dependencia hacia la cooperación del oponente. Este modo poco saludable y exagerado de cooperación corrompe la relación entre NAGE y UKE, asimismo, mientras esto pueda crear resultados que parecieran ser dramáticos, en realidad arruina la oportunidad para uno desarrollar sus técnicas o su capacidad de visión óptica.

Debido a que los principios fundamentales del entrenamiento de AIKIDO no se han establecido de forma clara, los NAGE suelen no aplicar técnicas buenas ni correctas que claramente proyectan o derriban al UKE; sin embargo, pareciera que UKE lo estuviesen proyectando, lanzando o derribando. En estos casos, el UKE se ha puesto de acuerdo de forma implícita para actuar como si la técnica funcionara sin importar su efectividad real (la efectividad se determina primordialmente si el cuerpo se utiliza correctamente para generar poder). Debido a esto, el asunto de que si la técnica funciona o no ha sido reducido a una total irrelevancia.

Aunque debería ser obvio que una relación corrompida entre UKE y NAGE tiene unas implicaciones profundas y negativas para un arte marcial, este tipo de entrenamiento es muy común. Todo el mundo debería entender claramente que mientras las personas se enganchen en lo que en realidad es una práctica falsa, en la cual no hacen más que jugar alegremente a ser artistas marciales, el verdadero AIKIDO nunca va a ser aprendido ni comprendido.

La totalidad de la relación entre NAGE y UKE se llama SOTAI KANKEI, y se centra sobre el principio básico de reconocer que esta relación es fundamentalmente confrontacional. Cada individuo de la pareja de entrenamiento debe abandonar los pensamientos de independencia separado del otro, y debe aceptar que el punto fundamental es como utilizar el conocimiento de AIKIDO y de cómo relacionarse con UKE a través del uso de técnicas efectivas y correctas, basadas en los principios de AIKIDO.

Es absolutamente imperativo que cada técnica utilizada sea real, es decir, que cada técnica para manipular el oponente utilice la estructura corporal de el propio cuerpo de uno (y cada una de las cinco partes principales del cuerpo) en una forma dinámica y óptimamente eficiente.

Si las personas entendieran estos puntos, y pudiesen utilizarlos como la base de su práctica de AIKIDO, se abrirían las puertas del conocimiento. Es por estas puertas que el practicante debe cruzar a fin de aprender cómo ejecutar el verdadero AIKIDO en una manera racional, tomando en cuenta todos los aspectos de los principios del cuerpo y SOTAI KANKEI. Sin esto, el practicante estará perdido, remendando y juntando pedazos de técnicas improvisadas e incorrectas.

miércoles, 27 de abril de 2016

¿Cómo debe "uke" agarrar a "tori"?


¿Cómo debe” uke” agarrar a “tori”?
Una reflexión sobre el método de entrenamiento.

 

Uno de los puntos con los que los novatos se encuentran más perdidos en el Aikido es, muchas veces, cómo agarrar a tori. No es raro encontrar diferentes respuestas a este tema. A veces, se abusa realmente de la predisposición de uke, condicionándole en sus respuestas de manera que la técnica de tori pueda funcionar. En otras, uke claramente se resiste activamente a la técnica, aprovechando que sabe cuál será realizada para contrarrestarla. Obviamente, ambas prácticas son nefastas pedagógicamente. La primera, porque da la falsa sensación de avance en el entrenamiento de tori (cuándo realmente es uke el que se deja hacer). La segunda, porque impide que tori pueda practicar. Así, pues, ¿cómo debe uke agarrar a tori? Quizás si nos detenemos un poco más en analizar el método de entrenamiento podamos encontrar algunas respuestas.

Para empezar, hay que entender que la práctica cotidiana por parejas no es una simulación de combate. En cierta manera, el entrenamiento por parejas en Aikido es un kata, una práctica prefijada destinada a aprender principios del arte. Esto es algo común a todas las koryu japonesas, y a muchos gendai budo, aunque en estos los kata suelen ser individuales. Pero también existen kata por parejas, como podemos ver en el siguiente vídeo de Judo.

Prácticas prefijadas, con armas y sin ellas, las hay en prácticamente todas las artes marciales japonesas. En ellas, es fundamental el juego de roles: tori “gana”, y uke “pierde”. Pero aún dentro  de este juego, hay que tener en cuenta que el objetivo es entrenar principios, básicamente relacionados con la distancia, el timing y la estructura y movimiento corporal. Principios que después serán aplicados en una situación de defensa personal de manera no prefijada, es decir, fluida y libre. Por esto, en la pedagogía tradicional en Japón también se insiste en diferenciar etapas, procurando no mezclar la técnica básica con las aplicaciones, y el entrenamiento “en parado” con el más fluido.

Entendiendo esto podemos comprender mejor el papel de uke al agarrar a tori en la práctica prefijada por parejas: debe servirle a tori para entender y mejorar la aplicación de principios básicos. No se trata de hacer del entrenamiento un sparring libre, pero tampoco se debe caer en la colaboración total. Tori debe entender cuándo un principio está bien o mal aplicado a través de la interacción con uke.

Es por esto que agarrar a tori adecuadamente es una tarea fundamental, buscando el punto medio entre ambos extremos. Es más, tradicionalmente en los koryu el maestro asume el papel de uke para educar a tori. Mediante su trabajo corporal, va redirigiendo a tori para enseñarle el camino a una adecuada aplicación de los principios del arte. En estos niveles, es tori quién es dirigido por uke, y no al revés, como estamos tan acostumbrados a ver en muchos dojos de Aikido. Quizás por eso sea tan importante que los estudiantes veteranos guíen a los novatos haciendo de uke para ellos.

Agarrar a tori, desde este punto de vista, asume un carácter muy diferente. Uke no es un saco de boxeo, o un muñeco que sigue los movimientos de tori, sino  un compañero o maestro que ayuda, de buena voluntad, a mejorar. También hay que decir que en muchas artes marciales en entrenamiento prefijado por parejas  es sólo una parte de un todo pedagógico.

viernes, 28 de agosto de 2015

Musubi

Musubi

Tomado de Mitsugi Saotome. “Aikido”, Kairós: Barcelona.




“Aikido es el estudio de la sabiduría. Si no puedes controlarte y confiar en ti mismo – si no puedes verte a ti mismo claramente – nunca podrás tener ningún conocimiento o confianza de los otros y, ciertamente, no podrás controlarlos. El propósito del Aikido no es la creación de luchadores agresivos sino el refinamiento de la sabiduría y el autocontrol. Como estudiante de Aikido, debes estudiarlo para mejorar y pulirte a vos mismo, sin competir con los demás.

La clave en este proceso –y el corazón del Aikido– es Musubi. La traducción de esta palabra japonesa sería “unidad”, o “interacción armónica”. En la práctica, Musubi significa la habilidad de unirse, tanto física como mentalmente, con la energía de tu compañero/a. Musubi es el estudio de una buena comunicación. En cualquier interacción entre las personas existe la comunicación. Depende de los participantes que la interacción sea productiva o inútil, amigable u hostil, verdadera o inexacta. Musubi, a medida que se va refinando, puede significar la habilidad de controlar y alterar la interacción, cambiando una aproximación hostil en un encuentro saludable, o un ataque en un apretón de manos.

Musubi es a la vez un método de aprendizaje y el objetivo del estudio. Musubi, en su último refinamiento, está relacionado con la adquisición de un sentido de armonía universal y, en la técnica, la habilidad de controlar los encuentros para bien. Pero, ¿puede tal habilidad ser adquirida para forzar o infligir miedo a las personas que lo están aprendiendo? No. Musubi debe ser enseñado y estudiado de acuerdo a los principios que ejemplifica, para que la conciencia de los estudiantes de Aikido pueda ser refinada junto con sus movimientos físicos. Musubi debe ser enseñado a través de una buena interacción y una firme, pero amable, guía.

Aprender a responder ataques con Musubi es un proceso largo y difícil. Uno no puede golpear un principiante y decirle “No pelees, únete, ¡únete!” El principiante no solo no se unirá al ataque, sino que reaccionará con miedo y agresión, las reacciones instintivas frente a una amenaza. El principiante va a tratar de defenderse luchando o hiriendo al atacante. En Aikido el objetivo es domesticar y controlar esos instintos naturales, no estimularlos. Esta es la razón, especialmente con los principiantes, que a menudo se utilizan distintos ataques de agarre. El estudiante principiante no está preparado para tratar con ataques reales –como golpes y patadas– con calma mental o movimientos físicos propicios. Los agarres les permiten a los principiantes estudiar las técnicas sin miedo, manteniendo la integridad física mientras se aprenden las respuestas correctas. 
En vez de entablarse en lucha y competición, los estudiantes pulen tanto los movimientos físicos, como la mente. Los practicantes estudian: el control –de él o ella– mismos, su compañero/a, y la relación entre ambos. Los agarres tienen la ventaja de proveer el contacto físico entre los compañeros de práctica, de tal forma que ambos puedan sentir que hace que el movimiento funcione. Si no hay un contacto físico, los estudiantes principiantes encontrarían difícil la exploración los mecanismos de las técnicas.

La práctica de los principiantes usualmente comienza con agarres estáticos. Esto posibilita el estudio de una correcta postura, trabajo de pies y posición del cuerpo. Los estudiantes pueden progresar hacia agarres en movimiento, los cuales permiten el desarrollo del sentido del timing y la distancia, y la exploración de las relaciones espaciales entre ellos y sus compañeros/as de práctica. Posteriormente, los estudiantes pueden comenzar a ajustar los distintos grados y tipos de fuerza, velocidad y dirección. De esta forma, empiezan a crear confianza en sus habilidades para comunicarse con sus compañeros, a incrementar su sentido de intuición para con los movimientos e intenciones de los demás practicantes.

La cooperación es muy importante en el entrenamiento de Aikido. Casi toda la práctica se realiza con un compañero/a, y las relaciones entre los ellos debe ser la manifestación del Musubi. Tanto nage como uke tienen esta responsabilidad. Mientras nage debe entrenar para unirse con (más que luchar contra) los ataques; uke debe aprender a atacar de una forma que sea apropiada a la técnica que está siendo estudiada y de proveer las condiciones apropiadas para el aprendizaje. Por ejemplo, si el instructor demuestra una técnica que contiene una proyección hacia adelante, es apropiado que el uke empuje hacia adelante. En cambio si el uke empuja hacia atrás, tratando de anular la técnica de nage, esto lleva a la reducción de la técnica a la lucha y ni nage ni uke aprenderá cómo funciona la técnica o correctamente. Estudiantes avanzados se pueden beneficiar de ataques inesperados, práctica libre e intentos de contra-técnicas, pero esto se da luego de años de estudio de las técnicas básicas y del aprendizaje de las condiciones que requiera cada acción.

El estudio de Aikido es el estudio de la sabiduría, y la sabiduría, en gran parte, es la posesión de sentido común. El sentido común, desafortunadamente, es poco común. En este mundo es bastante difícil de encontrarlo o nunca se aprende. El entrenamiento en Musubi y en los principios básicos de Aikido involucra el re-aprendizaje del sentido común. Se puede encontrar evidencia de esto en los movimientos básicos de defensa del irimi y tenkan. Estos dos movimientos pueden ser entendidos como uno –irimi-tenkan– así como el yin y el yang forman, en conjunto, parte del todo.

Tanto el irimi como el tenkan son movimiento que las personas usualmente utilizan en su vida diaria sin pensarlo. Imaginemos que estas caminando en medio de una calle repleta de gente, y se ve a alguien que viene caminando justo hacia vos. Al momento del “casi” impacto uno se corre y deja pasar a la persona (irimi). Ahora imaginemos que la misma persona te empuja al momento de pasar a tu lado, uno simplemente gira y mantiene el propio equilibrio y sigue caminando (tenkan). Ambos movimientos son ejemplos simples y naturales del sentido común. Cualquier persona puede hacerlos, y su simplicidad y universalidad confirman su verdad.

Pero una persona no entrenada en Aikido que ve que alguien viene directo hacia ella con un ataque, automáticamente trata de caminar hacia atrás. Cuando es empujada en un gesto hostil, la persona o se paraliza del miedo o se agarra del agresor para no caerse. La persona pierde el sentido común y la habilidad para percibir la reacción natural.

El entrenamiento de Aikido, a través de su proceso gradual y cooperativo, enseña cómo aplicar los principios de Musubi en situaciones crecientemente dificultosas. Permite entrenar tu mente a mantener su calma y visión de tal forma que el miedo, la ira o la falta de confianza no distorsione los movimientos del cuerpo. A su vez, permite entrenar el cuerpo diligentemente; la práctica constante le provee al cuerpo la sabiduría de la experiencia. En este sentido, el cuerpo se vuelve el reflejo y la manifestación física de tu mente. El cuerpo y la mente trabajando como unidad –de nuevo, en la relación de Musubi– permite que reacciones simple, eficaz y sensiblemente bajo presión, en vez de ser dominado y controlado por las circunstancias.

Uno ve a estudiantes avanzados en Aikido atacándose y proyectándose muy fuerte, pero han llegado a este punto de su entrenamiento luego de pasar por varias etapas cuidadosas que permitieron educar su mente y su cuerpo. Por lo tanto, los ataques fuertes y vigorosos se convierten en un desafío más que en una amenaza. El propósito de los golpes, patadas y agarres en la práctica no tienen el objetivo de destruir al enemigo sino descubrir, la propia (así también la del compañero/a) fuerza, balance, intuición y estabilidad mental. En vez de enfrentarse con desconfianza, miedo y competitividad, uno afronta a los compañeros/as de práctica con concentración, sinceridad y sentimientos de disfrute.

Uno de los elementos –quizás el más importante– del Musubi es el aprendizaje de sentir y utilizar la unidad de la energía. Es por ello que el ejercicio de kokyu tanden ho, como lo decía O´Sensei, es el entrenamiento más fundamental en Musubi. El mismo no es una técnica de combate, sino el estudio de las relaciones físicas y el movimiento. Estando uke y nage enfrentados, uke tomando ambas muñecas de nage, este último utilizando todo su cuerpo como unidad coordinada, trata de desequilibrar a uke. El propósito (y allí radica su importancia fundamental en el Musubi) del suwari waza kokyu ho es descubrir el principio de la energía circular. Nage debe inspirar cuando uke agarra sus muñecas y espirar al momento de devolver la fuerza de uke, actuando como una unidad. La mente de nage debe mantenerse flexible y receptiva.

Suwari waza kokyu ho no es un ejercicio competitivo, no es un torneo de fuerza. Uke provee la suficiente resistencia para desafiar (en forma positiva) a nage, pero no tanta que haga que la técnica imposible de realizar. Nage no lucha para tirar a uke sino que utiliza este entrenamiento para estudiar el balance, respiración y unidad de la energía física y mental. A medida que el entrenamiento se va volviendo avanzado, verás que la fuerza física de tu compañero/a puede trabajar a tu favor. Dado que suwari waza kokyu ho se fundamenta en el principio de Musubi, absorbiendo y devolviendo la energía en forma circular, el efecto es tal que uke y nage armonizan sus energías. Nage termina utilizando, en forma combinada, su fuerza sumada a la de uke. Cuando más se resista y utilice su fuerza uke, mayor serán las herramientas con las que contará nage para desequilibrarlo. Esta circularidad de la energía es la esencia del Musubi.

Deberías aplicar el principio de Musubi que se aprende a través de suwari waza kokyu ho en todas las técnicas de Aikido. Es el Musubi el que te permitirá acceder al punto que la fuerza y el tamaño físico no hagan diferencia a la hora de realizar las técnicas. Si fallas en este último punto, siempre estarás a merced de la fuerza de los otros y caerás en el peligro de una lucha competitiva.

O´Sensei decía una y otra vez a sus estudiantes que los principios que rigen la naturaleza son los mismos que rigen al Aikido. Un pequeño pájaro puede volar en un ventarrón pero no luchando contra viento, debe tomar la fuerza del viento y sumársele. Uno puede manejar un pequeño bote en aguas tumultuosas, solo si se sabe cómo encarar las olas. Por lo tanto, también en Aikido, los estudiantes buscar aprender a recibir la fuerza y transformarla en su aliada, más que luchar contra ella. Esto es sabiduría y esto es la realidad del Musubi.

Al continuar el entrenamiento, tu habilidad para utilizar los principios del Musubi debería expandirse. El principiante necesita del contacto físico para poder sentir la conexión con su compañero. El estudiante avanzado aprende a mantener esa conexión con menos y menos contacto físico. Inclusive, algunas técnicas pueden realizarse sin siquiera el contacto físico. El entrenamiento diario, además de los beneficios en el plano corporal, incrementa tu habilidad para relacionarte no solo con tus compañeros/as de práctica, sino también con otros/as, dado que expande tu visión, tu intuición y tu sensibilidad. En tu vida fuera del Dojo, hay menos oportunidad de contacto físico con los otros, pero las lecciones aprendidas durante la práctica pueden ser aplicadas en beneficio de tus relaciones con los otros y con toda la humanidad en cuanto conjunto. El proceso de remoción prejuicios y pensamientos negativos y la creación de una nueva conciencia inclusiva no debería cesar nunca.

Finalmente, es importante recordar que para lograr el Musubi en la práctica, se deben establecer relaciones de confianza con los compañeros/as de práctica. Sin confianza, no se puede entrenar Aikido. El bujutsu de la antigüedad (artes marciales con el único fin de dejar fuera de combate al adversario) desarrollo luchadores muy hábiles, pero no necesariamente promovió mentes iluminadas. En la mayoría de los casos, dado que lo antiguos estudiantes de bujutsu eran empujados hacia el exitismo (de ello dependía su vida), se desarrollaba en ellos desconfianza y paranoia; la mentalidad propia de un luchador callejero. El propósito del Aikido, al contrario, es el desarrollo y refinamiento del espíritu – ganar fortaleza a través de la sabiduría, no la brutalidad. Esta es la razón por la cual el proceso del entrenamiento en Aikido es tan importante. A través de la educación progresiva el/la estudiante de Aikido va refinado su habilidad para acceder a un entrenamiento más vigoroso e intenso; así el significado y forma de la práctica va cambiando. Ataques fuertes y caídas no son más instrumentos de amenaza, sino herramientas que mejoran las habilidades del aikidoka. La diferencia entre el bujutsu antiguo y el Aikido, en tanto entrenamiento vigoroso e intenso, es la diferencia existente entre un fuego descontrolado y el fuego de la forja. Uno destruye y mata; el otro siendo igual en calor e intensidad, mejora los metales crudos, les da forma y los vuelve en objetos de belleza y fortaleza flexible. Los estudiantes de Aikido siempre deben recordar que el propósito de su entrenamiento es el desafío y mejoramiento de ellos mismos, más que la intimidación a sus compañeros/as o la complacencia de sus propios egos a expensas de sus compañeros/as.


Son las cualidades de confianza, cooperación, apertura mental y generosidad en la práctica de Aikido las que permiten a los estudiantes abandonar los miedos que los limitan e inhiben, en su habilidad para interactuar con los otros. De esta forma, ganar la confianza en ellos mismos los llevará a potenciar sus conexiones armoniosas (Musubi). Sin Musubi, Aikido no es Aikido sino otra forma de combate.”

martes, 23 de junio de 2015

Suneo no keiko. Un entrenamiento en Aikido sincero

Suneo no keiko. Un entrenamiento en Aikido sincero




Muchas veces los practicantes nos preguntamos qué necesitamos para realizar un entrenamiento en Aikido sincero. Esta es una cuestión en ocasiones algo complicada, ya que todo depende de lo que queramos conseguir, de manera que no es lo mismo entrenar para mejorar nuestro waza, que para fortalecer nuestro cuerpo, o para hacer frente a ataques sinceros y no programados. En este caso queremos traer una anécdota sobre el entrenamiento del waza, es decir, de las técnicas básicas, o kihon. Esta anécdota viene de la mano de Stan Pranin, que nos cuenta en un artículo sobre el entrenamiento sincero en Aikido lo siguiente:

Lo siguiente fue una historia real que ocurrió en el Iwama Dojo hace muchos años. Yo estaba practicando con un uke de considerable fuerza. En cada ocasión éste usaba su conocimiento de la técnica que estábamos practicando para bloquear mis movimientos. Por supuesto, esto era una causa de frustración para mí. Para dejar las cosas claras, procedí a bloquear su técnica de la misma manera, pero sólo una vez para mostrar lo que estaba haciendo. Continuó haciendo lo mismo, y desde entonces me resigné a seguir hasta el final de la clase prometiéndome no entrenar con él de nuevo. Yo sabía que Saito Sensei nos miraba, y lo vi enfadarse por el rabillo de mi ojo. Por último, Sensei gritó: “¡Dame! ¡Así iu kudaranai keiko yamero!”(¡No sigáis con ese entrenamiento estúpido!). Todos nos sentamos mientras Sensei explotó con mi uke. Explicó que cualquiera puede bloquear la técnica de una persona si sabe de antemano lo que pretende hacer. Que este tipo de entrenamiento acaba totalmente con el propósito de la práctica y que uno no puede progresar mediante  esta manera. Sensei luego procedió a prohibir mi compañero  la práctica en el dojo. El hombre estaba totalmente humillado e inmediatamente dejó el dojo con la cabeza colgando hacia abajo. Sensei finalmente dejó que el hombre volviese después de un mes. A partir de ahí, se comportaba de una manera respetuosa y se convirtió en un estudiante ejemplar. Entrené con él varias veces después de eso y fue una experiencia agradable. Más tarde estableció su propio dojo y sigue en activo.


Obviamente, cuándo recibimos una técnica podemos en cualquier momento detener a tori si sabemos cómo hacerlo. Pero ese no es el propósito del entrenamiento del kihon, de la técnica básica. Un entrenamiento en Aikido sincero debe saber cuándo estamos aprendiendo la base, y cuándo estamos ya a un nivel avanzado y aplicando contra-técnicas o técnicas fluidas sobre compañeros que realizan ataques no programados. Convertir la práctica en una lucha constante entre uke y tori no sirve para la progresión adecuada del estudiante. Aunque esto no implica que uke deba dejarse hacer la técnica sin más. Existe una fina línea entre la colaboración y la resistencia en la que uke debe moverse con soltura, para ayudar a tori a mejorar en su Aikido.

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