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lunes, 15 de agosto de 2022

Lo que aprendes de tu Sensei

Lo que aprendes de tu Sensei






Aprende el corazón con el que practica su arte, cada vez que decide compartirlo contigo.

Aprende su compasión, cuando te permite fallar para poder crecer.

Aprende su coraje, cuando se levanta una vez ha caído, cuando veas que sigue intentando, andando el camino que nunca termina.

Aprende a desaprender, cuando tu visión del arte cambie, cuando te atasques, cuando tu Sensei evolucione, cuando lo hagas tú.

Aprende que el error es tu maestro, tu Sensei no te enseña desde su perfección, sino desde su humanidad, desde su lucha, con sus caídas y sus raspones de rodilla.

Aprende a lidiar contigo, tu Sensei puede mostrarte la entrada, pero eres tú quien recorre el camino.

Y llegado el momento, aprende a dar el ejemplo, para que otros aprendan de ti, lo que aprendes de tu Sensei.


Carlos M. López
Aprendiz de Aikido desde 2014

lunes, 1 de agosto de 2022

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo

La difusión del Aikido : la dificultad de poner una pieza cuadrada en un hueco redondo


Escrito por A.Llanes (31/07/2022)



Sumario 


La sociedad actual reclama la presencia de valores de convivencia que se cultivan a través de la práctica del Aikido. La falta de comprensión respecto a la dinámica de Dōjō aleja a los interesados de este camino marcial. Es necesario crear un puente que facilite un mejor conocimiento respecto de lo que un interesado en Aikido puede esperar cuando se inscribe en un Dōjō. 
La expectativa y disposición mental del interesado en la mayoría de los casos, se encuentra totalmente desconectada de los valores sociales y culturales japoneses. Esta situación se supera aceptando la diferencia cultural; reconociendo algunos rasgos de la sociedad actual y aclarando que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar una manera de comportarse; donde el estudio de la técnica acompaña y enriquece esta travesía. 
¿Cómo podríamos mejorar la comprensión de este asunto y transmitir esas “formas” y “maneras” del Aikido a la generación Z y Alfa en su mayoría digitales y ajenos al mundo analógico?. 


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A propósito de la celebración de los 13 años del Dōjō; sentí el deseo de escribir un par de reflexiones. No pretendo molestar a nadie, ni adoctrinar y menos profetizar. Reconozco estos primeros 12 años como el cierre de un ciclo de aprendizaje; y por ser este el primer año de la nueva siembra (post pandemia), me atreveré a lanzar algunas reflexiones a propósito de los retos de compartir un arte marcial japonés tradicional no competitivo, en un mundo convulsionado, alejado de muchos de los valores sociales y culturales japoneses. 

Antes de plasmar estas líneas, quiero expresar un sincero agradecimiento a mis Maestros. Gracias por tanta inspiración y sabiduría. A mis senpais, a mis dôhais; a quienes me han tomado como sensei, y participan del día a día del Dōjō. Gracias a quienes ya no están con nosotros pero nos recuerdan con cariño y envían su linda energía. Gracias a quienes generosamente nos regalaron un “si se puede” al inicio de esta aventura, y a quienes se toman el tiempo de compartirnos sus experiencias y alegrías, especialmente cuando los tiempos se tornan complicados. Gracias también a quienes nos han regalado dificultades en este camino. Todo lo que ha ocurrido nos ha enriquecido enormemente. Gracias de todo corazón.


El primer “desencanto

La proliferación de series de anime y publicaciones de manga; el auge de la cocina asiática (con sus mezcla de sabores y aromas); la fascinación por la cultura del K-Pop; la publicidad de los juegos olímpicos y paraolímpicos; ha suscitado un especial interés por las distintas manifestaciones culturales asiáticas, y dentro de este entorno, algunos se fijan en las artes marciales. 

Sin embargo, ese júbilo que se predica desde la comodidad de una pantalla o un sillón decae, cuando se quiere tomar el sendero de alguna manifestación cultural japonesa. Cualquier camino o arte japonés que se quiera aprender necesitará de mucha disciplina y paciencia del interesado. Y esas dos palabras (paciencia y disciplina), en un mundo como el actual donde todo se quiere (y se promete) en un formato “rápido” y con un “mínimo” esfuerzo, es un contrasentido. 

Pero precisamente en ese “contrasentido”, es que en tiempos como el actual; las artes culturales japonesas, resultan realmente interesantes. Tomar un arte tradicional como lo es el Aikido; es permitirse explorar esa faceta desconocida para algunos; y allí con certeza, encontraran un proceso de reconocimiento y aprendizaje personal. 

Pero no hay que llevarse a engaños. Todos creemos saber qué significa “la disciplina” y “la paciencia”; pero muy poco comprendemos de lo que implica “vivir con disciplina y con paciencia”. Y, si a ese ejercicio se le agrega el vocablo “auto” para volcar esa disciplina y paciencia hacia nosotros mismos; y nos sinceramos un poco más y decimos que todo se trata de “autodisciplina” y “paciencia con nosotros mismos”; el espejismo se rompe y viene la frustración. 

No es el otro; eres tú mismo y tus circunstancias. La tarea es tuya; no depende del sensei, del Dōjō, del senpai, ni de ningún “otro” (ni del apoyo de tu jefe, tu pareja, tus amigos, familiares, etc). Tener un buen instructor que enseñe lo que corresponde (las bases del arte) es indispensable para poder cultivarse en Aikido y en cualquier otro arte; pero no puede perder de vista que nadie se ilumina por sentarse al lado del Dalai Lama. En esta época de los influencer y de las redes sociales, un video o una foto posando al lado un líder carismático además de emoción y fama, genera dinero; no obstante, si se trata de obtener la maestría, hay que vivir y copiar al maestro, para poder entenderlo y poder ver con claridad el arte. Para apropiar sus enseñanzas, hay que vivir con disciplina y paciencia; y entender que el entrenamiento comprende varios aspectos, incluyendo “los que no nos gustan”. 

Cada quien escoge el tipo de artista que quiere ser y escoge al maestro que quiere tener. “Haz todo lo que puedas y lo demás déjaselo al destino” dice un proverbio japonés. ¿Qué tanto estás dispuesto a hacer?. Sé honesto contigo mismo. Aikido es trabajo duro. El único secreto es entrenar. 

Y ahí va otra cubeta de agua fría 

Pero pensemos de manera positiva; digamos que nuestro interesado se levantó del sillón, se despegó de la pantalla y del dispositivo móvil (por un instante) y se trajo al Dōjō. Lo primero que verá será un espacio abierto, con colchonetas (tatami) bien apiladas y con apariencia de limpieza; y ahí se revela un gran secreto marcial: conservar el espacio de esa manera, limpio y organizado, hace parte del entrenamiento. 

Dicho de otra manera, se espera que Usted contribuya con la armonía y el orden del lugar. Espere, ¿Qué significa eso? ¿Qué es esa forma de tratar al cliente?. 

Y ahí aparece otra gran verdad. Usted no es un cliente; y por ende, no espere que lo atiendan y suplan todos sus caprichos, y menos, espere tener siempre la razón. Aikido tiene sus formas y maneras de aprendizaje así estemos bastante lejos de Japón. Si decimos que practicamos bajo un linaje tradicional (Aikikai), toda esta manera “nipona” de hacer las cosas, debe mantenerse. Al Dōjō se viene a conectar con nosotros mismos y con los demás; a despertar la atención; la intuición y la sensibilidad; y todo ello se obtiene atendiendo a los “pequeños detalles”. 

Como humanos de esta época somos muy visuales y con una gran capacidad de inventiva. Así que para evitar este fuerte impacto que muchas veces lleva al descontento, lanzo una propuesta. Imagine por un instante que cuando va al Dōjō, se dirige a la “casa estudio” de cualquier “reality show” y que se vale crear un “personaje” o un “avatar”.  Esa identidad “virtual” que lo acompañará al Dōjō; será la que se someterá a esas labores que muy seguramente Usted, no hace en su casa o en su oficina o en su trabajo. 

Ese “personaje” o “avatar”, como en los juegos de rol; deberá estar abierto a la posibilidad de trabajar para adquirir varias cualidades (o súper poderes); aprender a ser cálido; respetuoso; humilde y prudente. Todos estos “gestos” se obtienen a partir de una forma de hacer las cosas (y esa es la experiencia de Dōjō). 

Entrenar con personas de distintos niveles de experiencia, desarrolla un espíritu colaborativo. Intercambiar los roles de uke y nage, nos ayuda a desarrollar la compasión (aprender a ponernos en el lugar del otro). La camaradería entre senpai (compañero de antes) y  kōhai (compañero de después), nos enseña sobre nuestra responsabilidad en comunidad, y permite interiorizar que así como alguien te apoya, tú eres el apoyo de alguien más. Limpiar, es un acto de gratitud y de bondad.  La lista es larga; pero no quiero arruinar la emoción que genera esta travesía de Aikido; donde la mejor brújula para el recorrido será cuidar (y cultivar) siempre el alma de principiante, la mente de principiante (Shoshin). Mantener esa apertura, entusiasmo y falta de ideas preconcebidas, es la actitud que permite recorrer este camino con consciencia y plenitud. 

Este “ejercicio” de realidad virtual extendida o aumentada; es ecológico y de mínimo costo tecnológico. El consumo de energía eléctrica es prácticamente nulo; al igual que la demanda de tecnología (con un gi/uniforme y unos implementos de madera será suficiente). La buena noticia de este “juego de rol”; es que si le queda gustando lo puede replicar en cualquier entorno (en la familia, en el trabajo, etc). Está comprobado que no tiene efectos adversos. Ningún animal ha resultado herido al llevar su “avatar” de Dōjō a la sociedad. 

Y de eso se trata. De cultivar “formas” y “maneras” de Aikido en el Dōjō, y replicarlas en la sociedad. La filosofía del Aikido se interioriza con un entrenamiento sincero y con la genuina disposición de querer ser cada día mejores individuos y mejores ciudadanos. Parafraseando a Gabriel O Pensador, rapero y compositor Brasilero,  “Seja você mesmo, mas não sea sempre o mismo” (sea usted mismo, pero no sea siempre el mismo). Qué su presencia y ejemplo inspire y lidere una mejor sociedad. 

Suena bonito ¿cierto?. Empecemos. Aquí está la esponja y esta cubeta de agua. Comencemos a limpiar afuera; hasta que podamos limpiar los espejos de nuestra alma. Trabajemos en esa labor de limpiar hasta que ese hábito nos guste y una vez interiorizado, podamos pasar de lo visible (lo material) a lo etéreo (lo intangible).

Transmitir el “Wa”, en un mundo de “rebeldes” y antihéroes

Suena paradójico, pero pareciera que en estos tiempos, el caos es la zona de confort de los latinoamericanos (y del mundo) . Y como es nuestra zona de confort; queremos llevarla a todos los espacios y entornos sociales. 

Las series más exitosas del momento retratan antihéroes y rebeldes (muchos sin causa) que quieren triturar, extinguir la sociedad, al “sistema opresor”, a las “instituciones de control”, etc, etc; sin dejar claro después de tanto destrozo quién va a limpiar tanto reguero, ni cómo se va a componer ese estropicio. O están aquellas series, que instan para que cada uno sea el héroe de su propia historia. La (presunta) historia más sublime, especial e importante de todos los tiempos (porque “tú eres único, maravilloso y con súper poderes”). Y de esta manera, se ven en las calles “héroes” ataviados de su celular sirviendo de puente (sin filtro) entre “su realidad parcializada” y las redes sociales (debidamente segmentadas); denunciando, exigiendo y reclamando un cambio; como si fuera posible que los héroes del Universo Marvel o DC pudieran venir a remediarlo todo. Pareciera que como sociedad hemos hecho del miedo, del odio y del caos (que se nutre de los dos anteriores) la zona de confort de nuestra vida (o hasta ahora, el único universo posible). 

Pues bien. Ese mundo de “individualidades”, de inconformes, antihéroes y rebeldes sin causa; es un aspecto a despojar cuando se ingresa al Dōjō. De la misma manera que uno se quita los zapatos para ingresar a ese espacio; así mismo. Todo ese ruido mental (y ese torbellino emocional de rabia, miedo, odio, etc) se debe quedar afuera. Cuando termine su práctica, es libre de recogerlo o simplemente, comenzar a abandonarlo (poco a poco).

Las artes marciales tradicionales japonesas se estructuran a partir de un valor (principio) transversal que es el “Wa”; que se puede traducir como armonía, cohesión, paz, estilo japonés o incluso, Japón. “Wa” es un valor fundamental de la sociedad japonesa; que se traduce en una invitación a comportarse de manera similar al resto; de trabajar por la uniformidad y la conformidad. Valorar el “Wa” es valorar la paz y la armonía; es un llamado a seguir las órdenes (incluso de manera acrítica). 

A la par con este concepto, se encuentran otros tres aspectos que sustentan el código social japonés: el “tate sakai”, la verticalidad en las relaciones japonesas;  el culto a la forma (“rei”) y la dualidad “honne/tatemae” (donde “honne” lo podríamos definir como intenciones verdaderas, lo que realmente piensas; mientras que “tatemae” hace referencia a las obligaciones sociales). Dentro de estos valores (principios) surgen conceptos como el “omotenashi”, la hospitalidad japonesa; la idea de cuidar a los invitados de todo corazón; el ideal de poner el “yo” al servicio del invitado y anticiparse a la necesidad del otro. 

Entonces, volvamos. Inscribirse en un Dōjō tradicional de Aikido o de cualquier arte tradicional japonés; implica asumir el compromiso de que abrirá su mente y su corazón; a una manera diferente de hacer las cosas. De experimentar la oportunidad de sentirse parte de algo y de sumar, para el beneficio de los demás y el propio. Su proceso (vivencia) es personal pero su desarrollo será colectivo.  

De ahí que la invitación a asumir la actitud de un juego de rol o de un reality show y crear su “avatar” o “personaje”, me gusta. Todos aprendemos jugando, imitando, hasta que finalmente comprendemos y logramos hacerlo por nuestra propia cuenta. Usted se acerca al Dōjō para experimentar esta dinámica; y por ello, no espere que el Aikido se adapte a sus “expectativas”, ilusiones o fantasías personales. El Aikido es lo que es. Con sus reglas, formas y maneras.  

Aquí no se vende Aikido

Hasta el momento, solo se ha enfatizado en la actitud del interesado (del practicante) de Aikido. No se ha dicho nada de la técnica. La razón es simple. Porque sin una actitud mental y personal adecuada; su desarrollo en Aikido estará limitado simplemente a la habilidad de doblar brazos y lanzar gente por el aire; lo que dependiendo de su entorno podría serle útil (no lo discuto); pero su condición de artista marcial estará incompleta. Le faltaría la esencia. Algo así, como una libélula o una mariposa de plástico. Sin importar qué tan bellas se vean, les falta la fragilidad y la sensibilidad de la vida. Esa imperfección, perfecta, que genera “magia”.

La maestría de la técnica en Aikido es un estado al que acceden pocos. No obstante, la búsqueda de esa maestría es la llave que activa todo este camino que tiene por finalidad potencializar las habilidades humanas. 

Así que por favor, no se llame a engaños. Si su técnica es deficiente, difícilmente Usted podrá ser un referente de maestría en Aikido. Incluso, si su técnica es vistosa y atrae multitudes; pero su corazón, actitud y estilo de vida no le permiten manifestar con sus actos los altos estándares morales y éticos de este arte marcial; su camino no ha terminado. Es más, me paso de irreverente y me atrevo a pensar que ni siquiera ha comenzado.  Si usted es un excelente orador y pregona sobre las maravillas del Aikido y de sus múltiples aplicaciones en la vida; pero no entrena Aikido y no tiene un historia de Dōjō; Usted es un poeta o un “excelente” orador, pero no es un Aikidoka (y si bien agradezco la publicidad; también le agradecería la sinceridad en este punto; porque Usted vende espejos con un reflejo idealizado de algo que desconoce). 

Cuando se ha aceptado el compromiso de difundir Aikido; considero que hay que ser extremadamente cuidadoso con no arruinar el linaje (y más si al Dōjō se le ha puesto el apellido “Aikikai”). Para ello, sea honesto con Usted mismo y con quienes se acerquen al Dōjō. 

La práctica y el acceso al contenido de un arte marcial, puede hacerse por una línea Ryu-ha o por una línea de Shin-budo. La escuela Ryu-ha es la escuela tradicional; de la antigua usanza donde existe una relación cercana maestro – discípulo. El concepto Ryu dentro de sus varias acepciones, acepta la idea del fluir de un río; algo que se ha decantado, para que independientemente del canal por el que se tome, llegue lo más preservado posible. Las escuelas Shin-budo son distantes de lo tradicional; hay un espíritu marcial (se quiere cultivar el Budō), pero es distante de la escuela tradicional y quien enseña, no está necesariamente cualificado para transmitir ese arte; lo que se entrega es su interpretación y adaptación. En este punto, no se trata de decir “qué es lo mejor” o “si algo es lo verdadero o lo falso”; lo importante aquí es la responsabilidad con la que ese artista hace esa adaptación. Como mencioné anteriormente, cada uno escoge a su maestro (“para gustos, los colores”).

En lo que respecta al Aikido y  a las formas de transmitirlo, y siendo muy consciente de mis limitaciones personales y del camino que aún me falta por recorrer; estoy de acuerdo con quienes señalan que al ser el  Aikido un arte marcial tradicional japonés; generar esas “adaptaciones” o “interpretaciones”; configura una pérdida innecesaria del Arte. Cuido sinceramente de mi relación con mi maestro y de las formas y maneras como esas enseñanzas me han sido entregadas. Frente a mi rol de instructor tengo claro que el punto más importante a transmitir es el potencial de desenvolvimiento humano; y las bases de la técnica, tal cual me han sido compartidas. He asumido este camino marcial con sincero interés y respeto por su forma tradicional; y por ese motivo, en este Dōjō tenemos el genuino interés de formarnos en esos valores y dentro de la dinámica marcial tradicional. 

Entonces, vuelvo al intento de reflexión de esta parte final. Aikido no se vende; y este hecho confunde a varios de los interesados en experimentar y conocer el mundo Asiático. Comprendo que somos una sociedad esencialmente de consumo (donde se venden bienes y servicios) y donde prácticamente todo tiene un precio; pero, así como el practicante de Aikido en un Dōjō tradicional, tienen una connotación diferente a la de cliente; Aikido no es un servicio que se vende al mejor postor. 

Tenga claro que una vez el sensei lo acepta en el Dōjō se compromete a guiarlo y apoyarlo en su camino marcial; pero las formas y maneras de practicar Aikido no se transan. Cada peldaño de desarrollo y cada Dan, son el resultado de su esfuerzo y de su disciplina; del apoyo de sus compañeros y del compromiso de su sensei como su guía. Las técnicas, tiempos y condiciones para cada momento están claras desde el principio; y no hay atajos. Bajo esta lógica, no espere que Aikido, el Dōjō o el sensei se adapten a Usted (a su ilusión, a su expectativa y a su deseo). 

Ahora que conoce que la experiencia de Dōjō es una invitación para entrenar “una manera de actuar” diferente a la habitual; el paso honesto y prudente sería revisar qué lo mueve genuinamente a practicar Aikido (preguntarse ¿qué estoy buscando en este espacio? ¿resueno con esta propuesta de camino?). Cualquier justificación o motivación que tenga en ese momento será respetable y válida siempre y cuando sea sincera.

Al cabo de un tiempo, lo que lo traerá al Dōjō no será esa motivación inicial; será su disciplina. Dicen por ahí que “una chispa no es el propósito”. Se trata de aprender a estar listo para vivir. En este camino el resultado no es exigible; lo que se exige es el esfuerzo. 

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En el campo colombiano se dice que, “no se deja de cosechar porque una siembra salió mal”. Cada año es una nueva siembra con sus dificultades y desafíos; con sus frutos y experiencias. Espero que estas reflexiones ayuden a remover y abonar el terreno para este nuevo ciclo. Se siguen plantando semillas y cuidando retoños. Sigamos plantando nuestra huerta y cuidando de nosotros mismos y de los demás. 


sábado, 16 de octubre de 2021

¿Cuáles son los beneficios de practicar artes marciales?

¿Cuáles son los beneficios de practicar artes marciales?

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/11/141124_deportes_artes_marciales_inicio_comenzar_jmp


Unos prefieren el karate, otros el aikido, también están los seguidores de kung-fu y taichi y los que sueñan con los Juegos Olímpicos prefieren el judo o el taekwondo.

Los tipos de artes marciales se han expandido con el paso de los años y abarcan un número de deportes y disciplinas que promueven la salud física y mental, el autocontrol, la disciplina y la protección personal.

Si bien es frecuente que las artes marciales se relacionen con la cultura oriental, y que las técnicas tradicionales de pelea se originen en Asia, es posible encontrar algunas de sus raíces en Europa e incluso en América.

Su espíritu tradicional ha evolucionado y es común ver hoy en día especialidades de combate y deportivas que se fusionan como las artes marciales mixtas (AMM) o el kickboxing.

Variedad

Al tratarse de muchas disciplinas, las artes marciales ofrecen muchos tipos de beneficios, pero en general se puede lograr una reducción del peso, tonificación muscular y un aumento en la resistencia cardiovascular a través de sesiones intensas de ejercicios.

En judo, por ejemplo, se pueden quemar más de 300 calorías en un enfrentamiento, además de mejorar el estado físico y de aumentar los niveles de balance, coordinación y flexibilidad.

Otro elemento es que pueden hacer versiones modificadas de un estilo para adaptarlos a las personas que no les gustan los deportes de contacto.

En este caso se pueden aprovechar los movimientos para fortalecer los músculos del cuerpo, además de estimular la concentración.

Uno de los objetivos de las artes marciales es enseñar métodos de defensa personal, movimientos que también permiten disminuir el riesgo de lesiones en otros deportes al ofrecer el conocimiento de cómo caer o evadir contacto de una manera segura.

Las artes marciales también enfatizan en la autoconfianza, respecto y disciplina, especialmente en las que provienen del este asiático como karate, taekwondo, aikido o kendo, donde es crucial la imagen del sensei y la jerarquización entre las personas que los practican.

La Asociación Británica de Artes Marciales resalta que "al dominar un arte marcial las personas usan tanto el cuerpo como la mente, lo que no se puede decir de todos los tipos de ejercicio".

El organismo recomienda a las persona asistir a diferentes clases de artes marciales ya que hay muchos tipos, como kung-fu o capoeira, que pueden ser más beneficiosos para la coordinación, para el poder de control mental o para la tonificación muscular.


lunes, 15 de marzo de 2021

Resiliencia y Aikido

Resiliencia y Aikido 

Por José Santos Nalda Albiac, 5º Dan 
Tomado de: https://www.elbudoka.es/revista/budoka18.pdf. 
Revista Bimestral de Artes MarcialesNº18 año III. 
 Noviembre – diciembre de 2013. 


Nage:D. Halprin. Uke: A.LLanes. Fotos cortesía Marcos López. Bogotá, 2006.

“Quién nunca se cae, no sabe levantarse”

Enseñanza Zen


El samurái del siglo XV tenía en gran honor poder demostrar su aguante imperturbable ante el cansancio, el hambre, el frío, el dolor, el peligro, los caprichos de su señor, las amenazas, el engaño, la enfermedad, las órdenes de costoso y arriesgado cumplimiento, los ataques sorpresa, etc., manteniendo el coraje intacto frente a toda dificultad, incluso ante la muerte segura e inminente. Su vida estaba al servicio de los intereses de su Daimyo, y su mayor honor residía en cumplir las tareas que le asignaban por difíciles y peligrosas que fuesen. 

Esta actitud de entereza y coraje, frente a todo, junto a otras cualidades es lo que ha hecho de la casta samurái el arquetipo ideal del guerrero de todos los tiempos. 

 En el siglo XXI, y en nuestra sociedad postmoderna, el budoka como figura equiparable al samurái, vive y se desenvuelve en un entorno difícil, en el que sólo ha cambiado la forma de los ataques y peligros físicos, en problemas, conflictos y contrariedades de índole principalmente material, económica o psicológica, pero que suponen un desgaste continuo de la persona que desconoce los recursos de autoprotección latentes en todo ser humano.

La resiliencia 

Este concepto fue introducido en el ámbito psicológico hacia los años 70 por el paido-psiquiatra Michael Rutter, que se inspiró en la idea de la resistencia de los materiales definida por la Física como resiliencia, a la que añadió el concepto de flexibilidad social adaptativa. 

Otros autores la definen así: 
“La capacidad humana de enfrentar, superar, aprender y aún verse transformado ante las adversidades inevitables de la vida” Dra. Hedit Henderson Grotberg, una especialista en Resiliencia de la Georgetown University, Washington, DC. 

“La capacidad del ser humano para reponerse de un trauma, y sin quedar marcado de por vida, ser feliz” Boris Cyrulnik (neurólogo, psiquiatra y etólogo francés) 

“La capacidad de proteger la propia integridad bajo presión, y más allá de esta resistencia, capacidad para forjar un comportamiento vital positivo, pese a las circunstancias difíciles”. Stefan Vanistendael Secretario general adjunto, BICE Ginebra. Experto mundial en resiliencia. 

Como es sabido, en el transcurso de la vida todos nos enfrentamos a eventos favorables y adversos, esperados o inesperados, que están fuera del alcance de nuestra voluntad, pero que nos afectarán de modo favorable o negativo, según la actitud que adoptemos. 

 La resiliencia en el ámbito humano y social, es la capacidad que tiene una persona para soportar y superar sin desánimo, circunstancias difíciles, adversas o dolorosas. 

 El hecho de estar afectado por contrariedades en vez de hundirnos en la resignación y el pesimismo, ha de ser vivido como un proceso de crecimiento y transformación mediante la forma de pensar, las actitudes y la conducta a seguir frente a tales situaciones. Tener resiliencia significa que, aún en medio del dolor o del sufrimiento ante los acontecimientos adversos, se mantiene un estado de ánimo pleno de coraje, de optimismo y de confianza en sí mismo, para superar, soportar o aceptar las contrariedades por grandes que sean, sin dejarse vencer por ellas. 

Un famoso terapeuta contemporáneo, Daniel Goleman en su libro “La inteligencia emocional”, nos enseña que: “la capacidad de perseverar ante el fracaso, o inteligencia emocional es la opción que tenemos de motivarnos a nosotros mismos, y perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera en nuestras facultades racionales, y la capacidad de empatizar y confiar en los demás”. 

Es un hecho constatable que los procesos y formas de trabajo en la actualidad son complejos y cambiantes, exigiendo de las personas la máxima competencia y rendimiento constante, sin que a veces tal imposición vaya acompañada de los apoyos que necesita el individuo, como la comprensión y el reconocimiento o gratificación de sus superiores, elementos que justificarían y harían soportable el esfuerzo requerido. 

 La Psicología considera “resiliente” a toda persona que enfrenta y soporta la adversidad desde una actitud de lucha, resistencia y adaptación, sin rendirse en ningún momento. Esta es la actitud que debiera aprender a conservar el budoka en el tatami y en su vida cotidiana. 

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi afirma que: “Una persona puede hacerse a sí misma, feliz o miserable, independientemente de lo que esté realmente sucediendo “fuera”, tan solo cambiando los contenidos de su conciencia...”. 

La misma convicción manifestaba, en 1945, el psicoterapeuta Viktor Frankl a partir de sus experiencias como prisionero en un campo de exterminio nazi: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” Viktor Frankl (1905-1997). Psiquiatra y psicoterapeuta austriaco, autor de la teoría psicológica conocida como logoterapia. 

La resiliencia no consiste sólo en resistir, sino sobre todo en mejorar. 

La resiliencia determina el comportamiento del budoka en situaciones y tiempos difíciles, favorece la conservación del equilibrio psicosomático, y permite atravesar los sucesos adversos con el menor daño anímico, obteniendo incluso algún beneficio, ventaja o aprendizaje, de ese mismo contratiempo. 

 ¿Quién no ha tenido uno o más reveses en su vida...? ¿Y cómo hemos salido de ellos, o qué secuelas nos han dejado...? ¿Quién nos ha enseñado a superarlos, o a soportarlos, con el menor sufrimiento posible...? Los entrenamientos de Aikido, o de cualquier otro arte marcial, nos han de enseñar a transferir a la vida cotidiana todos los principios y estrategias propios del Budo. 

Cuándo de repente nos vemos involucrados en un problema, ¿qué hacer...? 

1.- Admitir que tenemos un problema. No sirve de nada querer ignorarlo. 

2.- Buscar el origen o la causa del mismo. 

3.- Buscar la solución. ¿Qué puedo hacer...? ¿Cuándo...? ¿Cómo...?. 

4.- ¿Qué haré si las cosas no salen como espero...? Ante todo, no actuar impulsivamente. 

5.- Perseverar a pesar de los obstáculos. 

6.- No frustrarse ante el fracaso repetido y seguir adelante aprendiendo de cada contrariedad. 

7.- Buscar la ayuda de otros vínculos de apoyo. Según afirman los especialistas, es posible el aprendizaje práctico de la resiliencia justamente cuando llega la adversidad, a condición de observar las pautas señaladas a continuación. 

EL CAMINO HACIA LA RESILIENCIA 

La hoja de ruta para desarrollar la resiliencia contempla, entre otras cosas, la puesta en práctica de los siguientes requisitos: 

 – Cultivar y mantener buenas relaciones con todos. 

 – Percibir y anticipar las tendencias de los procesos en los que estamos involucrados. 

– Captar, comprender y aceptar la realidad tal cual es. 

– Aceptar lo irremediable y adaptarse a la nueva situación. 

– No considerar el obstáculo como insuperable. 

– Humor para reírse de sí mismo, no caer en la autocompasión, y preguntarse ¿Qué aprenderé de todo esto…? 

– Confiar en los propios recursos y conocimientos. 

– Controlar las reacciones viscerales. 

– Relativizar la adversidad que ha llevado al fracaso, porque la vida sigue. 

– Considerar la situación desfavorable como una oportunidad para hacer algo nuevo o diferente, que ayude a superarla. 

– Apoyarse en los valores éticos de las personas, escapando a la tentación del “todo vale” para lograr el objetivo. 

– Coraje o espíritu de lucha que no se desanima ni acobarda ante nada, porque el temple se pone a prueba en las circunstancias más difíciles. 

Es una realidad innegable que las circunstancias adversas nos afectan y minan el ánimo, pero a veces hace más daño la forma de tomarlo en consideración, que el mismo acontecimiento contrario a nuestros objetivos. 

La resiliencia protege al aikidoka frente al caos y le ayuda a descubrir nuevas pautas de conducta positiva como el mejor medio para salir del “atolladero”, minimizar el grado de afectación anímica, fortalecer la confianza en sí mismo y apoyarse en una actitud de optimismo, tomando el obstáculo y la crisis como una oportunidad para ejercitar el aguante, el coraje y el aprendizaje de nuevas estrategias. 

Este aprendizaje no ha de ser únicamente teórico, como la lectura de un libro o escuchar una conferencia, ni se consigue de la noche a la mañana, no existen fórmulas mágicas, sino poniendo en práctica las pautas señaladas, en cada ocasión de dificultad, frustración, desagrado, conflicto, etc. 

La educación de los hijos de los samuráis concedía especial importancia al desarrollo de su capacidad de resistencia, sometiéndolos a todo tipo de privaciones y dificultades, como pasar hambre, frío, miedo, sed dolor, soledad, peligro etc., con el único fin de forjar un carácter indomable, capaz de soportar cualquier penalidad en el cumplimiento de su deber. 

Evidentemente hoy consideramos estos métodos como actos de crueldad innecesaria, pero es innegable que en aquella época cumplían los resultados esperados. Por otra parte todos sabemos que en la actualidad y en los mejores ejércitos del mundo existen unidades especiales en las que sus componentes son formados con idénticos métodos o incluso más exigentes. 

¿Será porque la mejor escuela de resiliencia se encuentra en la vivencia personal de las dificultades…?. 

La cultura japonesa enfatiza la importancia de levantarse tras una caída, esta enseñanza se expresa con el aforismo “nana korobi ya oki” que se traduce literalmente “caer siete veces, levantarse ocho veces”. Cada vez que se levanta se renace con mayor ímpetu, y con un mejor conocimiento de la dificultad a superar.

lunes, 24 de febrero de 2020

Introducción

Introducción

Tomado de El espiritu del Aikido
K. Ueshiba 


A través de los siglos las religiones han abrazado el amor y la compasión, y las filosofía han enseñado el respeto por la vida. Pero hoy en día nos enfrentamos con una creciente violencia que parece tener su propio impulso más allá de cualquier control humano. El mundo está lleno de discordias entre enemigos, bien y mal, opresor y oprimido. La violencia es utilizada para aplastar, destruir y eliminar al adversario, y cuando eso se ha logrado se busca otro oponente. ¿Cuándo se detendrá el ciclo de violencia? ¿Cómo se pueden superar las discordias que separan a la gente? ¿Dónde reside el poder de cicatrizar las heridas del dolor y del sufrimiento?.

Resulta interesante encontrar en la historia japonesa una tradición de artes de combate (bugei), ideada originalmente para infringir daño y dar muerte en el campo de batalla, y que se haya transformado en la Vía de las artes marciales (budo), dedicada al perfeccionamiento del ser humano mediante la integración de la mente, el cuerpo y el espíritu. Comenzando en los inicios del siglo XVII, la Vía del sable transformó el sable que mata en el sable que protege la vida. Esta Vía de las artes marciales es compatible con la Vía de la ceremonia del té, con la Vía de la poesía, con la Vía de la caligrafía, con la Vía de Buda y con multitud de otras Vías que, en su forma pura, han procurado sustento espiritual al pueblo japonés.

El entrenamiento y la disciplina comunes a todas las Vías, marciales o culturales, se compone de tres niveles de maestría: físico, psíquico y espiritual. En el plano físico lo esencial del entrenamiento consiste en el dominio de la forma (kata). El maestro proporciona una forma modelo y el alumno observa cuidadosamente y la repite numerosas veces, hasta que la interioriza completamente. No se habla ni se dan explicaciones, y el peso del aprendizaje recae sobre el alumno. En el máximo grado de dominio de la forma, el alumno es liberado de la fidelidad a la forma.

Esta liberación ocurre a causa de los cambios psicológicos internos que tienen lugar desde el mismísimo comienzo. La tediosa, repetitiva y monótona rutina del aprendizaje pone a prueba el compromiso y la fuerza de voluntad del alumno, pero también corrige la obstinación, controla la voluntariedad y elimina los malos hábitos corporales y mentales. En el proceso comienzan a emerger su verdadera fuerza y su verdadero carácter y potencial. La maestría espiritual es inseparable de la maestría psíquica, pero sólo comienza tras un intensivo y largo período de entrenamiento.

La clave de la maestría espiritual reside en el hecho de que el yo abandone su ego. En las artes marciales y culturales, la libre expresión del yo se encuentra bloqueada por el propio ego. En la Vía del sable, el dominio de la postura y la forma, por parte del alumno, debe ser tan absoluta que no exista apertura (suki) por la que pueda entrar el adversario. Si hay apertura es el propio ego quien la crea. Uno se vuelve vulnerable cuando deja de pensar en ganar, en perder, en cobrar ventaja, en impresionar o en ignorar al adversario. Cuando se para la mente, aunque sólo sea por un instante, el cuerpo se paraliza y se pierde el movimiento fluido y libre.

El monje Zen Takuan (1573-1645), confidente de Yagyu Munenori (1571-1646), maestro de armas de la Casa de Tokugawa, escribió en un corto tratado El verdadero y prodigioso sable de Tai-A:

El arte del sable consiste en no preocuparse nunca de la victoria o de la derrota, de la fuerza o de la debilidad, de mover un paso hacia delante o de moverlo hacia atrás, de que el enemigo no me vea o de que yo no le vea a él. Comprender esto, que es fundamental frente a la separación del cielo y la tierra, y a donde ni siquiera yin y yang pueden llegar, supone alcanzar provecho instantáneo en el arte.
Tai-A es un sable mítico que da vida a todas las cosas, tanto a uno mismo como al otro, al protagonista y al antagonista, al amigo y al enemigo.
El mismo Yagyú Munenori destaca la superación del ego a través de la autodisciplina en el arte del dominio del sable. En un tratado conocido como La Transmisión Familiar en el Arte de Luchar, escribe que el objetivo del entrenamiento en las artes marciales es superar seis tipos de males: el deseo de vencer, el deseo de confiar en la destreza técnica, el deseo de alardear, el deseo de abrumar psicológicamente al adversario, el deseo de permanecer pasivo a fin de esperar una apertura y el deseo de liberarse de estos males.
Por último, la maestría física, la psíquica y la espiritual son una misma cosa. El yo sin ego es abierto, flexible, dúctil, fluido y dinámico en cuerpo, mente y espíritu. Al no tener ego, el yo se identifica con todas las cosas y con toda la gente, viéndolos no desde una perspectiva centrada en sí mismo, sino desde los propios centros de los demás. En un círculo de contorno ilimitado cada punto se convierte en el centro del universo. La capacidad de ver toda la existencia desde una perspectiva no centrada en uno mismo es primordial en la identidad Shinto con la naturaleza y constituye también lo que el Budismo llama sabiduría, que en su más alta expresión no es otra cosa que compasión.

Esta forma de pensar es la esencia de todas las Vías marciales y culturales en la tradición japonesa. El aikido es una formulación moderna de esta esencia, perfeccionada por el genio del Maestro Morihei Ueshiba (1883-1968). Explicando el objeto de su arte en una conferencia que dio en una ocasión ante un público no especializado declaró:

El Budo no es un medio para derribar al adversario mediante la fuerza o el uso de armas letales. Tampoco se propone conducir al mundo a la destrucción mediante las armas u otros medios ilegítimos. El verdadero Budo requiere ordenar la energía interna del universo, protegiendo la paz del mundo y moldeando y preservando en su forma justa todo lo que existe en la naturaleza. Entrenarse en el Budo equivale a fortalecer, dentro del propio cuerpo y de la propia alma, el amor a los kami, las deidades que engendran, protegen y nutren todo lo que hay en la naturaleza.
El Maestro Ueshiba recalcaba constantemente que un arte marcial debe ser una fuerza generadora de amor que a su vez nos conduzca a una vida rica y creativa. Esta fue la conclusión de la búsqueda de toda su vida como hombre dedicado a las artes marciales. En una de sus últimas charlas proclamó: «El aikido es el verdadero budo, la obra del amor en el universo. Es el protector de todas las cosas vivas, el instrumento que da vida a todo, a cada cosa según su condición individual. Es la fuente creadora no sólo del verdadero arte marcial, sino de todas las cosas, nutriendo su crecimiento y su desarrollo.»

Al ser una forma de arte marcial tradicional, el aikido lleva a cabo este amor universal a través de un riguroso entrenamiento corporal. Sin embargo, la dura disciplina no puede separarse del desarrollo mental y del auténtico crecimiento espiritual. Aunque puede que muchos no lleguen a alcanzar este objetivo, no obstante, el elemento crucial es el proceso de entrenamiento, que no tiene principio ni fin, y mientras se esté en ese camino, la realización última del aikido como Vía de la vida -más allá de cualquier arte marcial-, puede manifestarse en el momento más inesperado.

Tenemos la suerte de que el hijo y heredero del Maestro Ueshiba, Kisshómaru Ueshiba, cabeza (Doshu) actual del aikido, haya accedido a esta traducción de su obra original en japonés. Su interés estriba en que la esencia pura del aikido, no adulterada por los egos competitivos, tanto personales como nacionales, se mantenga firmemente en el centro del entrenamiento y de la práctica. Después de todo, dojo, «el lugar del esclarecimiento», es una palabra derivada del bodhimanda sánscrito, el lugar donde el yo con ego se transforma en el yo sin ego.

TAITETSU UNNO

martes, 5 de noviembre de 2019

El Aikido y el ideal samurai


EL AIKIDO Y EL IDEAL SAMURAI

 

Por Cuauhtémoc Sotelo Rosas. Aikikai Cuernavaca.
México. Shodan de Aikido.
Tomado de: http://samuraibushi.simplesite.com/418688863

 


Desde el tipo de vestimenta o uniforme (keikogi y hakama) que se usa para entrenar Aikido, tácitamente se da a entender la identificación del arte marcial con la cosmogonía samurái: las solapas de la chaqueta se cruzan montando la izquierda sobre la derecha. Tradicionalmente sólo se hacía a la inversa en las mujeres y en los difuntos. Este motivo es absolutamente pragmático: tradicionalmente los samuráis llevaban la espada (katana) en el lado izquierdo, por lo que si la solapa derecha de la chaqueta estuviera sobre la izquierda, existiría la posibilidad de que la empuñadura de la katana se enganchara con la solapa del traje al desenvainar, lo cual podría significar la muerte ante un adversario rápido. Por otro lado, cubrir la solapa derecha permitía esconder en la chaqueta un cuchillo (tanto), pudiendo desenvainarse rápidamente al introducir la mano derecha bajo ésta.

En lo que respecta a la hakama, debe decirse que en la época feudal japonesa sólo podían vestirla los nobles de la corte y los samuráis de alto rango.

Conviene recordar que el aikido es un arte marcial con profundas raíces y fundamentos históricos, filosóficos, éticos y, si se quiere espirituales, pero con todo y eso no es un yoga, ni un tai-chi, ni una contemplación, ya que de otra forma se llamaría así, tendría cualquiera de esos nombres. El Aikido es un arte marcial completo y autónomo, que también es deudor, heredero y continuador de distintas disciplinas marciales provenientes tanto de la antigüedad como de la historia moderna de Japón, todas ellas relacionadas inextricablemente con la casta de los samuráis. De ahí que el uniforme o vestimenta que se usa para practicarlo, se relacione práctica e históricamente con esos guerreros legendarios. De otro modo, para efectos también prácticos -si el Aikido no se relacionara ni se quisiera que se relacionase con los antiguos samuráis-, podría usarse cualquier otro tipo de vestimenta como vemos en distintas disciplinas de contacto deportivas o diferentes artes marciales de competición.

Por eso –dice Nobuyoshi TAMURA en su libro “Aikido. Etiqueta y transmisión”-, en el Aikido para la práctica (keiko) se lleva un keikogi (pantalón y chaqueta) sin ninguna prenda interior (las mujeres, no obstante, llevan una camiseta). Después de haberse atado el cinturón de ejercicio (keiko-obi) se pone el hakama de ejercicio (keikohakama).”

“Este conjunto es la adaptación práctica de la vestimenta que antaño llevaban de forma cotidiana los samuráis. Presenta las siguientes ventajas: comodidad, no entorpece los movimientos; solidez, y buena absorción del sudor.”

El aspecto más notable es que, si el conjunto se lleva correctamente, la actitud se ve mejorada, consolidando en consecuencia lo mental.”

“Si nos incorporamos a los boy-scouts llevaremos uniforme, si nos incorporamos al ejército antes de todo nos pondremos el uniforme, lo que provoca de forma natural una sensación de pertenencia. Lo mismo ocurre en el aikido; el hecho de vestir el conjunto indumentario tradicional de los samuráis permite al aikidoka dirigirse a la práctica con el cuerpo y el espíritu unificados desde el principio del ejercicio.”

 NOBUYOSHI, Tamura. “Aikido. Etiqueta y transmisión”, pág. 122.

La actitud, lo mental, el cuerpo y el espíritu “unificados” desde el principio, son los signos de pertenencia –en lo que a la vestimenta se refiere- a la idea samurái en el Aikido. La vestimenta del aikidoka emula, con intención llena de respeto, el esprit de corps samurái en el Aikido.

Y qué decir del conjunto de técnicas del que se compone la enseñanza del Aikido, tanto cuando se enseñan las técnicas a mano vacía, como cuando se practica con las herramientas y armas que se conocen, sirviendo solo de ejemplo histórico aquellas que le permitían al samurái no ser desarmado ni inmovilizado en un ataque sorpresivo o verdaderamente cercano en los caminos, cuyo ataque tuviera como fin evitar que desenvainara. Las técnicas de Aikido, creadas y modificadas por O Sensei para no ser letales, guardan en su forma la simiente del combate samurái.

El protocolo y la etiqueta que los practicantes de Aikido guardamos en nuestros entrenamientos, en la manera en que ahí nos relacionamos con nuestros compañeros y con nuestro sensei, o en la manera en que reverenciamos y practicamos la etiqueta y usamos el bokken, el tanto y la katana. Todo, nos evoca la disciplina y los rituales de los samuráis.

Quizás el ideal samurái sea una cosa aspiracional en el Aikido, una búsqueda axiológica, digno de emularse en su profundo trasfondo ético, como hombres y mujeres de su tiempo: de honor, de coraje, de rectitud, de benevolencia y de lealtad.

Así, el bushido fue redactado, entre otros, por Tsuramoto Tashiro, que recogió las reglas escritas del monje samurái Yamamoto Tsunetomo, samurái famoso por la recopilación de la tradición guerrera japonesa en el hagakure. En el bushido encontramos elementos procedentes del zen y del sintoísmo. La formación del samurái era el resultado de varios componentes religiosos, filosóficos y sociales. Será el budismo zen el que vuelva el espíritu samurái fuerte como su espada. El samurái debía demostrar impasibilidad y autocontrol en cualesquiera circunstancias, y para esto se entrenaba durante años. Gracias al zen samurái llegaba a adquirir un dominio absoluto de sí mismo en casi cualquier situación. El samurái tenía que poseer sentido del deber, resolución, generosidad, firmeza de ánimo, magnanimidad y humanidad.

El bushido posee influencias de cinco corrientes distintas: el confucionismo chino que hace culto a los antepasados y tiene como grandes virtudes la lealtad y la justicia, esta corriente busca la superioridad moral y la búsqueda del conocimiento. El taoísmo de Lao Tsé y su Tao Te Ching donde el objetivo primordial es alcanzar la inmortalidad buscando la armonía de las energías yin y yang que conforman el Tao. El budismo que trasciende la muerte y brinda al guerrero un estado de armonía absoluta. El zen que aporta características guerreras y valor al samurái. El sintoísmo que brinda valores éticos y lealtad con el soberano de forma tradicional. En esta corriente el samurái encuentra su pureza que entre otras cosas no le permite pensar en la traición.

Si bien el Bushido es un código muy estricto en cuanto a valores y reglas a seguir, aportaba a los guerreros una gran disciplina que convirtió a los samuráis en ejemplos no solamente en el campo de batalla sino en la sociedad japonesa.

“Ya fuera en tiempo de guerra o de paz –dice Carol GASKIN-, un samurái intentaba encontrar la paz dentro de sí mismo a través de la meditación. Con frecuencia, buscaba la tranquilidad de su jardín o de su casa de té privada situada en el mismo. Los jardines de los samuráis eran obras de arte diseñadas con flores y árboles, contrastes de luces y sombras, estanques de agua, o simplemente arena y rocas, todo ello en un esfuerzo por representar verdades acerca de la naturaleza de la vida.”

GASKIN Carol y Vince HAWKINS, “Breve historia de los samuráis”, Ed. Nowtilus, Madrid, 2005, págs. 46-47.

 

A pesar de que el Bushido era un código seguido por guerreros que eran entrenados para matar también les daba una faceta humana que tenía como pilares la nobleza, la humanidad y un amplio sentido de la justicia. El samurái no mataba en vano ni tampoco hacía alardes de sus habilidades como guerrero. La honradez y humildad frente a los demás causaban admiración y no temor.

Los ciudadanos comunes sabían que los samuráis eran capaces de matar, pero en general no se permitían abusar de su poder, precisamente por estar sujetos a las estrictas reglas emanadas del Bushido, que prescribía conductas ejemplares para hombres –y mujeres de la misma casta y linaje-.

El Bushido posee siete reglas o virtudes que lo definen: Justicia -Rectitud (Gi) donde se busca ser justo y honrado, en la justicia no hay términos medios, las cosas son correctas o incorrectas. Coraje (Yuu) es tener valor, ser arriesgado, no tener miedo y actuar con inteligencia, respeto, fuerza y precaución. Benevolencia (Jin) es sentir compasión, ayudar a los demás en cualquier oportunidad, utilizar las habilidades adquiridas para ser útil a otras personas. Respeto (Rei) ser cortés aún con los enemigos, ser digno del respeto y no imponerse por la fuerza, jamás ser crueles o despiadados y recordar que el respeto es un valor que nos diferencia de las bestias. Honestidad (Makoto) ser sincero ante todo, tener valor en la palabra y en los hechos, hablar y hacer debe ser lo mismo, cumplir siempre las promesas aun cuando la vida está en juego. Honor (Meiyo) esta virtud es siempre juzgada por uno mismo, el conocimiento profundo del propio ser es el más claro reflejo de la realidad, el samurái sabía que nunca podía engañarse y evadir la realidad. Lealtad (Chuu) responsabilidad total por aquellos bajo su cuidado, el samurái es fiel ante todo e incapaz de traicionar, daba la vida por sus protegidos sin pensarlo dos veces.

El Bushido es un código muy noble, con ideales muy humanos que le brindan al guerrero la posibilidad de darse cuenta de que a pesar de haber sido entrenado para matar, se debe respetar y honrar la vida humana y la vida de todos los seres vivos, guardando el sentido de su responsabilidad social para con los demás, aún con sus enemigos. Aun cuando el samurái siempre estaba preparado para la muerte y la aceptaba con resignación estoica, tampoco mataba por placer, ya que estaba seguro de sus habilidades guerreras y no sentía necesidad de demostrarlas. Su mente estaba en paz, normalmente quieta, y su espíritu se enriquecía con los valores del Bushido.

Esta filosofía ha trascendido con el paso de los años y acompaña a muchas artes marciales japonesas tradicionales como por ejemplo el Kendo y el Aikido. Pero es indudable que los mayores seguidores del Bushido fueron los samuráis que no solamente respetaron el Bushido sino que vivieron a través del mismo.

Bushi no ichi-gon o "la palabra de un samurái" trasciende a un mero pacto de confianza y completa fe. Cuando un samurái daba su palabra era su propia vida lo que ponía como garantía, razón por la cual ningún pacto, tarea o misión de un samurái fue jamás recogida por escrito. El samurái también necesitaba un completo auto-control y estoicismo para ser totalmente honroso. No debían mostrar en público signos de dolor o alegría. Soporta todo interiormente, ya que tiene prohibido gemir ni llorar. Siempre mostraba un comportamiento calmado y una compostura mental que hacían que ninguna pasión de ningún tipo debería interponerse.

“Jorge Luis Borges glosa la historia de los cuarenta y siete samuráis relatada por Algernon Freeman-Mitford en sus viajes al Japón decimonónico. Lo que rescata Borges después de haber expuesto la esencia del relato de lo que el propio narrador argentino llama “la historia de los cuarenta y siete hombres leales”, es una conclusión de orden ético. Borges dice que la historia de los samuráis que vengaron la muerte de su amo contra la humillación en manos de Kotsuké no Suké, “no tiene final, porque los otros hombres, que no somos leales tal vez, pero que nunca perderemos del todo la esperanza de serlo, seguiremos honrándolos con palabras”. Este no es un detalle menor cuando pensamos en una cultura como la japonesa, en especial porque lo que remarca Borges no es sólo el tema de rendir culto a la memoria de un amo al que se le debe lealtad, es también el doble compromiso con uno mismo –el samurái debe ante todo cumplir con su propia ley- así como con el compromiso con lo que se debe hacer en términos sociales, vale decir, una conducta frente a los demás.”

FREEMAN-MITFORD Algernon, “El mundo del samurái”, ladosur ediciones, Buenos Aires, 2006, pág. 12.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Hacer Aikido: los beneficios del arte marcial más saludable


Hacer Aikido: los beneficios del arte marcial más saludable

Tomado de: https://deportesaludable.com/deportes/artes-marciales/hacer-aikido-los-beneficios-del-arte-marcial-mas-saludable/



Las artes marciales siempre han estado asociadas a técnicas de defensa personal. Sin embargo, la mayoría de ellas presentan numerosos beneficios para la salud tanto física como mental. No en vano, cada vez son más los especialistas médicos y psicológicos que recomiendan la práctica de alguna de estas disciplinas. Hoy, precisamente, queremos que conozcas qué supone para cualquier persona el hacer aikido.

EN QUÉ CONSISTE EL AIKIDO

El aikido es conocido por muchos como el arte marcial de la paz. Según los expertos, se trata de la disciplina más saludable que podemos practicar. Fue creado por el Maestro Morihei Ueshiba en la primera mitad del siglo XX como un arte marcial defensivo en el que se unieran por igual los componentes físicos y mentales. Sin ir más lejos, en muchos países asiáticos hacer aikido forma parte de los programas de salud oficiales, ya que es apto para todas las edades y fomenta especialmente la defensa y la paz.

La mejor definición del aikido está en su propia palabra: Ai = armonía, Ki = energía, Do = camino. Un arte marcial que en realidad busca la perfección como ser humano desde el punto de vista físico, mental y espiritual. El Maestro Ueshiba aseguraba que el verdadero sentido de las artes marciales no estaba en la lucha, sino en la necesidad de llegar a ser uno mismo. Por esta razón, pueden hacer aikido todo tipo de personas, independientemente de su sexo, condición física, etc.

Además, se trata de un arte marcial cuyo objetivo es reducir al atacante sin hacerle daño. Una actividad física de autodefensa que se asocia con el sintoísmo, el budismo o la filosofía zen. Los movimientos que se efectúan al hacer aikido no son violentos, sino que más bien buscan la armonía. Por algo es reconocida como una de las artes marciales más místicas, no existiendo ninguna competición en el mundo que se fundamente en ella.

PRINCIPALES BENEFICIOS DE HACER AIKIDO

Pero, ¿cuáles son los beneficios que supone para nuestra salud hacer aikido? Los más interesantes que se pueden enumerar son los siguientes:

Mejorar la flexibilidad del cuerpo y tonifica los músculos
Fortalecer el equilibrio y la coordinación
Favorecer la circulación sanguínea
Estimular las articulaciones
Prevenir la artritis, la artrosis y otros problemas articulares
Mejorar la postura y fortalecer la columna
Prevenir el estrés
Relajar las articulares para prevenir contracturas
Aprender a controlar la respiración como efecto saludable
Desarrollar los reflejos y aumenta la elasticidad
Mantener un cuerpo joven

Estos son a grandes rasgos los principales beneficios que supone hacer aikido. Un arte marcial no violento y en el que no se necesita de fuerza física para su práctica. A la vista de los beneficios, se puede asegurar que se trata de una disciplina que aúna cuerpo y mente. Al hacer aikido se consigue favorecer la capacidad de concentración, un estado ideal para nuestra vida diaria. No en vano, uno de los principios del aikido es que el trabajo del cuerpo viene también desde la mente.

La práctica del aikido se desarrolla en pareja. Ambos adversarios se enfrentan pero sin golpearse. Los movimientos de cada uno de ellos son lineales y circulares, imperando sobre todo lo sutil frente a lo agresivo o violento. En realidad, muchos han asociado el hecho de hacer aikido con la danza. Dos disciplinas en las que se desarrolla fundamentalmente la inteligencia para obtener resultados a nivel corporal. Hasta el punto de que antes de empezar cada clase, y después del calentamiento, se suele realizar un ejercicio para preparar la mente.

En definitiva, los movimientos del aikido están encaminados a neutralizar al oponente sin hacerle daño. Un arte marcial defensivo y no violento, místico en muchos de sus aspectos y en donde se trabaja tanto el cuerpo como la mente. Sus beneficios para el organismo son muchos y muy variados. De ahí que esté considerada como una de las disciplinas más saludables.




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