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sábado, 16 de octubre de 2021

¿Cuáles son los beneficios de practicar artes marciales?

¿Cuáles son los beneficios de practicar artes marciales?

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/11/141124_deportes_artes_marciales_inicio_comenzar_jmp


Unos prefieren el karate, otros el aikido, también están los seguidores de kung-fu y taichi y los que sueñan con los Juegos Olímpicos prefieren el judo o el taekwondo.

Los tipos de artes marciales se han expandido con el paso de los años y abarcan un número de deportes y disciplinas que promueven la salud física y mental, el autocontrol, la disciplina y la protección personal.

Si bien es frecuente que las artes marciales se relacionen con la cultura oriental, y que las técnicas tradicionales de pelea se originen en Asia, es posible encontrar algunas de sus raíces en Europa e incluso en América.

Su espíritu tradicional ha evolucionado y es común ver hoy en día especialidades de combate y deportivas que se fusionan como las artes marciales mixtas (AMM) o el kickboxing.

Variedad

Al tratarse de muchas disciplinas, las artes marciales ofrecen muchos tipos de beneficios, pero en general se puede lograr una reducción del peso, tonificación muscular y un aumento en la resistencia cardiovascular a través de sesiones intensas de ejercicios.

En judo, por ejemplo, se pueden quemar más de 300 calorías en un enfrentamiento, además de mejorar el estado físico y de aumentar los niveles de balance, coordinación y flexibilidad.

Otro elemento es que pueden hacer versiones modificadas de un estilo para adaptarlos a las personas que no les gustan los deportes de contacto.

En este caso se pueden aprovechar los movimientos para fortalecer los músculos del cuerpo, además de estimular la concentración.

Uno de los objetivos de las artes marciales es enseñar métodos de defensa personal, movimientos que también permiten disminuir el riesgo de lesiones en otros deportes al ofrecer el conocimiento de cómo caer o evadir contacto de una manera segura.

Las artes marciales también enfatizan en la autoconfianza, respecto y disciplina, especialmente en las que provienen del este asiático como karate, taekwondo, aikido o kendo, donde es crucial la imagen del sensei y la jerarquización entre las personas que los practican.

La Asociación Británica de Artes Marciales resalta que "al dominar un arte marcial las personas usan tanto el cuerpo como la mente, lo que no se puede decir de todos los tipos de ejercicio".

El organismo recomienda a las persona asistir a diferentes clases de artes marciales ya que hay muchos tipos, como kung-fu o capoeira, que pueden ser más beneficiosos para la coordinación, para el poder de control mental o para la tonificación muscular.


domingo, 9 de febrero de 2014

Internacionalización del Aikido

INTERNACIONALIZACIÓN DEL AIKIDO

Por Kisshomaru Ueshiba
31 de diciembre de 1999

El III Congreso de la Federación Internacional de Aikido se celebró en París en 1980, y en él delegados de todo el mundo discutieron y aprobaron unánimemente la internacionalización del Aikido centralizada en el Honbu Dojo, en Tokio. El ambiente durante esos cuatro días estaba verdaderamente cargado de entusiasmo por tan ambiciosa empresa.

Especialmente gratificante fue la confirmación por parte de los delegados de que el Aikido contiene lo mejor de la cultura espiritual de Japón. No sólo reconocieron su base filosófica hondamente enraizada en la tradición japonesa, De hecho, la mayoría expresó que su interés por el Aikido estaba directamente relacionado con el hecho de que representaba lo mejor de la cultura japonesa.

Menciono esto porque durante algún tiempo me ha preocupado la forma en que las Artes Marciales japonesas se han desarrollado en el extranjero. Cuando se las trasplanta a otros países, algunas Artes Marciales parecen perder sus características tradicionales y se convierten en un asunto solo de habilidad física, de manera que la final el centro del Arte se desplaza a los países que generan mejores competidores físicamente fuertes y técnicamente habilidosos. No puedo estar de acuerdo con que esto sea una consecuencia inevitable de la internacionalización. En lo que se refiere al Aikido, su esencia está integrada por la singularidad de la filosofía japonesa, hasta tal punto que estoy convencido de que quien no esté de acuerdo con esto no puede ser considerado un practicante de Aikido. El significado de la internacionalización no es, pues, que la tradición original se internacionaliza, sino que los practicantes de Aikido se todos los países se transforman y se unen a esa tradición.

Durante todo el congreso estuve expresando mi preocupación a delegados de diversos países, y creo que la mayoría aceptó y apoyó mi punto de vista, lo que probablemente se debe al hecho de que el Aikido es principalmente un camino espiritual que condena cualquier forma de competición o concurso, en los que se deciden los vencedores y los vencidos y cuyo único aliciente es ganar.

El sistema competitivo es la raíz de los problemas que surgen con la internacionalización de las Artes Marciales japonesas, pues aunque las competiciones han jugado un papel definitivo en la difusión de las Artes Marciales a lo largo del mundo, también suprimen la cualidad esencial del Budo, cuya principal preocupación es el cultivo del espíritu. Cuando la fuerza lo decide todo, las vías marciales japonesas pierden su verdadera esencia, y entonces es natural que la destreza física se apodere del centro de la escena. Cuando tal cosa sucede, Japón pierde sus derechos derivados del desarrollo de un Arte Marcial único, no relacionado con la violencia ni con la brutalidad, sino con la paz y el amor.

Reitero esta observación porque no quiero ver al Aikido cometiendo las equivocaciones de las otras Artes Marciales que se han extendido por el mundo. Yo, por supuesto, estoy muy agradecido por los desinteresados esfuerzos y los sacrificios realizados por los instructores de Aikido, que han propagado las semillas del Arte por los distintos países del mundo. La expansión del Aikido comenzó en los años cincuenta en Francia, Hawai, Nueva York y otras partes de los EEUU, y continuó en los años setenta en Inglaterra, Italia, Brasil, Argentina, Australia y países del Sudeste Asiático. Acogí con satisfacción este desarrollo, pero no pude responder inmediatamente a las numerosas invitaciones para visitar los centros extranjeros de Aikido, debido principalmente a la preocupación anteriormente mencionada.

Tras sopesar el asunto cuidadosamente, concluí que podíamos proceder a ellos, si antes aclarábamos dos cuestiones fundamentales respecto al Aikido: que la esencia del Aikido es la única filosofía japonesa que confirma la búsqueda espiritual como primer principio del Budo; y que la única forma verdadera de Aikido es la tradición instituida por el Maestro Ueshiba. Mientras se acepten y se confirmen estos dos principios podremos evitar los errores observados en la expansión de otras Artes Marciales. Y mientras mantengamos el característico rechazo del Aikido por los concursos competitivos, conservaremos la integridad del verdadero Budo.

El III Congreso de la Federación Internacional de Aikido, en 1980, fue un acontecimiento verdaderamente significativo que señaló el amanecer de una nueva era para el Aikido mundial. Para mí, como Doshu, dicho acontecimiento fue enormemente alentador por el apoyo que recibí en lo que se refería a mis preocupaciones e ideas respecto al futuro internacional del Aikido.

Hojeando los periódicos tras mi regreso a Japón me encontré con el siguiente artículo en el Nihon Keizai Shimbun (30 de septiembre de 1980), que decía entre otras cosas:

"Es verdaderamente asombroso el creciente interés por las Artes Marciales japonesas. Al principio sólo había Judo, pero actualmente hay dojos de Karate y de Aikido por todas partes, con toda clase de personas disfrutando de las sesiones de práctica, desde la gente común a los intelectuales.

¿Por qué es tan popular el Budo japonés? En el caso del Aikido no se trata de un deporte de combate para ver quién gana, y cualquier persona -de mediana edad, viejos, mujeres y niños- puede participar en él plenamente, lo que le hace atractivo para aquellos que quieren hacer algún ejercicio por motivos de salud. Más importante, sin embargo, es la invitación que hace a observar la etiqueta y el comportamiento correctos y a nutrirse de la mística oriental que haya en Waza, las cuales impregnan totalmente la mente y el cuerpo de uno.

El secreto del éxito económico japonés, ya sea en la industria electrónica o en la del automóvil, estriba en situar el objetivo en el dominio de la técnica básica, y una vez que ésta ha sido digerida por completo, salir con algo nuevo. Este esfuerzo se soporta con el espíritu de armonía y cooperación, que es Ai-Ki. Esperamos que esta esencia sea transmitida a los occidentales en la reunión de la Federación Internacional de Aikido, no sin antes recordar a los japoneses que después del orgullo viene la caída".

Pensé que el periodista era muy perspicaz en sus comentarios sobre el interés occidental por el Aikido. Desde hace tiempo yo mismo he percibido que la principal atracción ha estado en énfasis por la "etiqueta y el comportamiento correctos", y me ha dado la impresión que la mayoría de los practicantes de Aikido comprenden perfectamente lo que quiere decir esto, del mismo modo que lo que se conoce como "mística oriental". No todos, por supuesto, han alcanzado ese nivel, pues existen diferentes ambientes culturales, y puede que además la apreciación general de los aspectos relativos a la esencia del Aikido sea mayor entre alumnos japoneses atentos. Sin embargo, puedo decir con seguridad que entre los occidentales los hay que demuestran más intensidad en su búsqueda de la espiritualidad del Budo que la media japonesa comprometida en el Aikido.

En los practicantes franceses hay muchos que han estado profundamente inmersos en el entrenamiento Zen, y miran al Aikido como una forma dinámica de Zen. En Inglaterra, estudiantes y graduados de Oxford, Cambridge y otras universidades muestran gran simpatía por los ideales del Aikido manifestados en su visión del mundo y en la integración de la mente y el cuerpo. Muchos alumnos que he conocido en EEUU buscan en el entrenamiento de Aikido una clave para su propia identidad, y en Alemania algunos ven en él la esencia del espíritu japonés y creen que el Aikido puede contribuir a que la civilización occidental salga del atolladero en que se encuentra. Recientemente ha habido una súbita oleada de interés por el Aikido en el Sudeste de Asia. Parece ser que una de las razones es la creencia de que el fuerte espíritu engendrado por el Budo puede haber contribuido a la prosperidad económica japonesa, fenómeno que se contempla con tanto asombro como envidia.

Pero éstas son meras abstracciones de mis impresiones personales respecto a los motivos por los que la gente de diferentes países se interesan por el Aikido, y no son, pues, el resultado de ningún estudio objetivo. En verdad, aún tengo pendiente captar con precisión dichos motivos. Sin embargo, después de haber hablado con extranjeros, lo mismo en el Honbu Dojo como durante mis muchos viajes al exterior, mis impresiones pueden contener algo de verdad.

Me parece que muchos de los que han atravesado las puertas del Aikido no lo han hecho directamente, sino siguiendo un camino sinuoso. Quiero decir que muchos están impresionados por la espiritualidad japonesa y se dirigen al Aikido porque parece que es lo que mejor simboliza esto. Y una vez que comienza el entrenamiento conocen la unidad del "yo" con el propio cuerpo, con la Naturaleza, y con el Universo, y se convierten en alumnos para toda la vida.

Este tipo de acercamiento al Aikido origina una apreciación muy intelectual de su esencia, debida quizá al hecho de que entre los occidentales el Aikido tiende a atraer a gente educada y reflexiva, y, puesto que son inteligentes, captan el Aikido tanto en su particularidad (la más alta expresión de espiritualidad japonesa) como en su universalidad (la belleza y racionalidad de los movimientos del Aikido).

Mientras todos los practicantes, japoneses y extranjeros por igual, traten de entrenar rigurosamente y procuren cultivar el espíritu, el futuro del Aikido estará asegurado. Haciendo estas dos cosas contribuiremos en nuestra propia medida a hacer de este mundo un lugar mejor para nosotros y para nuestros hijos. Porque después de todo ese es el objetivo del verdadero Budo.





martes, 28 de enero de 2014

Ki Musubi, Principio de Aikido

KI MUSUBI, PRINCIPIO DE AIKIDO

Por: Yasunari Kitaura
Gernika, Abril de 1994




Aikido, creado por Morihei Ueshiba (1883-1969), es, como se conoce hoy universalmente, una de las artes marciales modernas más sobresalientes del Japón, y su fundación es algo posterior a la ceración de Judo por Jigoro Kano, mucho más ampliamente conocido difundido que Aikido. Jirogo Kano admiró realmente el arte de su colega más joven, Morihei Ueshiba, hasta llegar a decir que "esto es lo que verdaderamente encarna el espíritu de Judo como yo lo concibo".
Junto con Judo, pero en otro sentido que éste, Aikido ciertamente encarna la esencia del verdadero Budo (las artes marciales) del Japón. A diferencia de Judo, que incorporando el sistema de competición prevaleciente en los deportes occidentales se convirtió en una de las pruebas olímpicas, Aikido no adopta este sistema perseverante en aquella forma tradicional de práctica, que lo aventaja, al menos, en los dos puntos siguientes: el poder conservar la pureza formal y, sobre todo, el poder concentrarse en la esencia, el sentido interior, que es nuestro verdadero tema que ante el interés por la victoria a toda costa podría alterarse, marginarse o eliminarse.
Pero, no es únicamente en su forma de entrenamiento Lo que Aikido conserva de la tradición autóctona, ni mucho menos. A Medida que se acumulan nuestras experiencias y se enriquece nuestro conocimiento, quedamos cada vez más maravillados por lo profundo que es el enraizamiento de Aikido en la tradición de Budo y de la cultura en general de nuestro país, no sólo en su aspecto formal y técnico, sino también en el teórico-filosófico y la cosmovisión que lo sustenta. Nos damos cuenta de que lo que fundamenta cada detalle de subsistema técnico y de su modo de desenvolverse no es sino, en lo principal, lo que caracteriza la técnica tradicional de la espada japonesa. A pesar de esto, no obstante, Aikido ha superado admirablemente toda esta tradición al mismo tiempo. Y esto es cierto, más que en ningún otro aspecto, en lo que respecta a su contenido, su espíritu. Aikido no abandona, como su modalidad, la forma de combate: es un arte marcial, es una disciplina de Budo. Sin embargo, no es, en su esencia, un simple arte marcial. Conservando rigurosamente su forma, su disciplina marcial, se ha transformado desde dentro en algo nuevo, diferente. ¿Qué quiere decir esto?.
En Aikido existe un importante aspecto del que carece cualquiera de las artes marciales tradicionales que constituyeron sus fuentes, así como de las modernas, practicadas hoy en el mundo entero (Judo, kárate, Kendo, etc.): es lo que constituye su principio, aiki, armonizar o, más explícitamente, unificar ki (=energía mental y física). El mismo principio es llamado también -y más técnicamente-kimusubi, que he preferido utilizar en esta charla. En comparación con este último termino, la palabra aiki tiene un significado más amplio y filosófico. Pero, ambos términos son aproximadamente sinónimos. El pensamiento y práctica de resolver el conflicto por medio de unificar ki, y no oponiéndolo, es lo que caracteriza fundamentalmente esta disciplina y la distingue de las demás. En lugar de querer aplastar al rival con una fuerza y técnica superiores, trata de unificar el propio ki con el del otro, estableciendo un vínculo directo entre el propio centro vital, hara, y el del otro y así reducir la inicial dualidad a una unidad--- este procedimiento singular llamamos kimusubi, el establecer el nudo o unión de ki. Esto, sin embargo, tiene un contenido y proceso muy concreto, real, y, por lo tanto, no tiene nada común con una vaga metafísica soñadora con un romanticismo sentimental o, menos aún, con una hechicería. La realización de este principio, su concreto desarrollo constituye precisamente el sistema técnico rigurosamente elaborado de Aikido, que nos fascina por su eficacia, riqueza, elegancia, pureza y coherencia. Consideramos que Aikido pertenece a aquellas pocas actividades humanas que son rigurosamente gobernadas por sus propios principios de proyección universal. Su asimilación aceptable requiere, por supuesto, una práctica asidua y prolongada según el método correcto.
Kimusubi, establecer la unión de ki, significa que, previendo una fracción de segundo antes del ataque del otro, uno trata de armonizar con él en lugar de oponerse contra él. No luchar, ni contener. Por no contender, no solamente no choca con el otro, ni lo daña, sino, al contrario, dócilmente se le adapta y le sigue. Es decir, en este momento desaparece o muere el propio yo, por decirlo así. Sin embargo, en realidad el sujeto que ejecuta esta acción a primera vista completamente pasiva de obedecer a la intención del otro, no es sino el propio yo (el centro vital), firme y decidido del atacado. De modo que éste, por medio de obedecer con docilidad a la energía dirigida del atacante se convierte en el núcleo dinámico obedecer con docilidad a la energía dirigida del atacante se convierte en el núcleo dinámico del conjunto. El que domina ahora la situación con absoluto señorío es el atacado. El fenómeno llamado combate, esta especie de vida sumamente activa, gira en torno a él. Pero, su naturaleza se ha transformado; ya no encierra en su entraña aquella pugna hostil. Al contrario, todo emana con serenidad desde el centro. El caos agitado desaparece, y nace un nuevo cosmos armónico.
Esta inversión de la situación no se produce por primera vez al final del proceso, sino al comienzo del proceso, al instante mismo del contacto entre los dos. En realidad, incluso cabe decir que ella se produce "antes del combate", anterior a todo proceso combativo que se desencadena en el espacio-tiempo real. Esto es real en el caso, de un auténtico experto. Pero, muchas veces en la mano de un inexperto cae en una fantasía sin fundamento. Por tanto conviene elaborarlo paso a paso en un estudio concreto. Un tipo de ataque hoy poco habitual como apretar la muñeca del otro (antaño tuvo sin duda su mayor sentido práctico cuando los hombres llevaban armas blancas), pero que en Aikido forma parte de uno de los ejercicios básicos, ofrece un medio excelente para este motivo. Aquí no podemos entrar en detalle, pero una respuesta correcta a este ataque hace que la fuerza agresora quede completamente integrada en la estructura dinámica del agredido centrada en su hara, el centro vital suyo situado en el abdomen inferior. Mediante ejercicios sumamente simples uno puede experimentar el proceso con palpable claridad. Dentro de la estructura dinámica total o, según la expresión más usada de Aikido, dentro de la corriente global de ki, la parte apretada se convierte en el conducto del ki que fluye: el ki del atacante y el otro del atacado que sale del propio centro. Un principiante comienza por aprender, junto con la respiración regulada, a crear la firmeza en su centro al mismo tiempo que relajarse en el resto (los hombros, codos, etc.) con el fin de no obstruir sino dejar fluir libremente su ki, con naturalidad. Aquí se ve con claridad el sutil cambio producido en el carácter del combate.

Más que en cómo liberarse de una agresión, su interés se centra en cómo recuperar y procurar mantener la unidad de ki, que hay que dejar fluir y expandirse libremente. La mente, la respiración y el movimiento corporal se asimilan y se hacen uno. El centro de atención claramente se desplaza hacia otro lado que el puramente físico y material sin que se desconecte de él. La acción ya no es un mero ejercicio físico, sino psíquico o espiritual ya que requiere una mayor concentración y lucidez mental. Sin dejar de ser una actividad intensamente física, la de Aikido adquiere un carácter netamente distinto por ser vista y tratada desde dentro, como un fenómeno energético fluido, como un fenómeno de ki, que, por su naturaleza está más cerca a nuestra mente que nuestro cuerpo y que, por tanto se identifica, en cierto modo, con nuestro ánimo, pensamiento y voluntad, considerados como una fuerza real. Siendo una actividad corporal, Aikido se hace paradójicamente incorpóreo en este sentido. Una preponderancia física queda reducida a segundo término. Un principiante tiene que atravesar una etapa relativamente larga antes de adquirir este sentido de trabajar con ki y no con una fuerza muscular. En Aikido no tratamos nuestro cuerpo como una determinada masa con un determinado peso ---una de las razones de no acogerse en Aikido al sistema de pesos diferenciados adoptado en otros deportes---, sino como un flujo dinámico, como una vida misma en su estado vivo y activo en su espacio, en su ambiente, donde se encuentran también otras vidas activas. Visto así, un combate se presenta como un esfuerzo de organizar su propia vida en medio de otros flujos vitales v dinámicos. El espaciol leno de flujo vital, y el yo que es otro flujo vital, ---la relación de combate se reduce, desde el punto de vista del sujeto interesado a este esquema esencial. Por consiguiente, el dualismo, a primera vista irreductible, se reducea una actividad o vida fundamentalmente autónoma, en la que participan, cada uno a su manera, todos los demás. Lo dicho acerca de una cogida de mano, se aplica exactamente también a otros tipos de ataque como por ejemplo, un golpe de espada. El cambio que se produce entre las dos formas de ataque, a primera vista grande, se reduce al mínimo cuando son observados ambos fenómenos como un flujo de ki. Su paso no es discontinuo, sino continuo y gradual.

Como acabamos de ver, si una acción llamada combate está gobernada desde el principio hasta el fin y en cada instante de todo su proceso por el principio llamado kimusubi, unión de ki, se comprende con facilidad que ya no se trata de la superioridad física o técnica lo que realmente cuenta aquí, entendiendo por "técnica" en sentido usual, o sea, una habilidad mecánica. Para afrontar una puñalada, por ejemplo, nuestro problema real no consiste tanto en elaborar una destreza técnica para evitarla ---en este caso nunca se establece la unión de ki, como en lograr establecer el kimusubi con este flujo energético. Es una cuestión de percepción y entendimiento a la vez que de captación y comunicación en un nivel más profundo que en los planos meramente físico, psicológico e intelectual. Es una captación radical. Y el cuerpo bien entrenado responde de forma natural y espontánea a esta captación. Como hemos visto, la atención de un practicante de aikido se dirige, más que hacia fuera, hacia dentro de sí mismo. Pero, con el fin de evitar un malentendido conviene insistir que él no ignora en modo alguno de la seriedad de su situación real de estar frente a un enemigo que le ataca. Pero, lo capta desde dentro, desde su núcleo, su raíz, lo capta radicalmente. Su captación es esencial, no meramente física o superficial. Y, por otra parte, para realizar esta captación esencial y radical, él mismo tiene que partir de su propia raíz, de su profundidad. Tiene que actuar de forma esencial y radical, de tal manera que antes debe sumergirse en sí mismo hasta llegara su estrato más profundo y encontrar allí su último reducto inherente para poder desarrollar su acción contundente. Una captación radical es únicamente realizable desde este centro. En realidad, al descender hasta aquí, no sólo encuentra su propia fuente de acción, sino también la del otro. Ambas se encuentran aquí unidas. Un mínimo síntoma de cambio en la acción del contrincante se detecta, por tanto, con transparencia e inmediatez. Y esto no es sino el sentido de kimusubi.
Una de las actividades más sangrientas y, por tanto, más reales en el sentido físico y vital como un combate (no nos referimos a una competición deportiva con sus reglamentos, sino a un duelo) se interioriza profundamente de esta manera. Sin embargo, la interiorización se distingue fundamentalmente de una meditación o una oración o un pensamiento filosófico por permanecer en medio de una acción violenta llamada combate. Pertenece, pues, francamente más a la vida activa que a la contemplativa. Comprendemos, sin embargo, al mismo tiempo, que esta acción misma se ha convertido en una especie de meditación en algo que nos cuesta distinguir de ella. Y de esta manera el combate se ha superado paradójicamente a sí mismo. El Budo ha dejado de ser un acto salvaje y destructor, y se ha hecho creativo y espiritual. Morihei Ueshiba llamó a este Budo creativo "Takemusuaiki'. La vida activa se ha hecho a la vez contemplativa.
Una vez comprendida esta actitud básica que constituye el principio de Aikido, se comprende al mismo tiempo que ella ya no se restringe a una relación de contienda entre un individuo y otro o entre uno y múltiples. Trasciende a este nivel en cierto modo trivial, y alcanza una dimensión más importante y general. Pues, lo que es válido en un combate individual lo es también en una relación establecida entre un individuo y el conjunto de su mundo circundante, esto es, la Naturaleza, el Universo. Aquella misma actitud requerida en un combate define igualmente la vida de un hombre ante y en su mundo. El problema es, pues, esencialmente del hombre que se encuentra en su mundo. No la esclavitud o perdición, sino la libertad y plenitud del hombre, por un lado, y su situación armónica en su circunstancia, por otro; éstas son dos premisas que a menudo se contradicen y nos plantean problemas de difícil solución. Pero, la libertad y plenitud del hombre es únicamente posible cuando su situación en su circunstancia sea armónica; o sea, la última premisa es la premisa de la primera. Y el desarrollo saludable de la circunstancia o del ámbito humano y natural es la premisa de todo lo demás. En definitiva, el proteger y alentar la vida en su ambiente idóneo, en sentido amplio y elevado al mismo tiempo, es lo que se puede considerar la tarea del hombre más necesaria y urgente en este momento. Y esta tarea es justamente la que consideró suya también el creador de Aikido Morihei Ueshiba.
Pero, desde el punto de vista filosófico o epistemológico, Aikido nos ofrece una sugerencia sumamente interesante para resolver un problema serio y difícil: llenar el abismo y realizar una unificación entre el sujeto y el objeto o entre el yo y el mundo exterior sin acudir a recursos falsos como una "proyección subjetiva". Es un intento atrevido, a primera vista irrealizable, de encontrar una unidad íntima y radical entre el yo y el otro, reconociendo y respetando clara y rigurosamente su objetividad. ¡Y Aikido lo consigue con una ingenuidad y sencillez asombrosas!.


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