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jueves, 10 de febrero de 2022

Reflexión: Actitud de práctica - T K Chiba Sensei

Reflexión: Actitud de práctica - T K Chiba Sensei

(*Traducción espontánea del editor)



“Cuando falta la actitud de principiante (Shoshin) y la atención a la conducta correcta en el dojo, ensuciamos las aguas puras del aikido con nuestros motivos y agendas distorsionadas. Fíjese en los pequeños detalles de su práctica y permítase fallar. Su ego no querrá que falle, insistirá en verse bien y no quiere parecer fracasado; esto es una trampa, haga lo opuesto de lo que le dice y disfrute de su trabajo en el dojo sin conceptos de éxito o fracaso. La humildad es esencial y todos nosotros debemos rompernos antes de rehacernos, el proceso puede ser fácil o difícil. Reflexione sobre ello”.

T. Chiba Sensei


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(*Texto original)

"Without Shoshin and attention to correct conduct in the dojo, we muddy the pure water of Aikido with our distorted motives and agendas, Watch the smallest details in your practice and allow yourself to fail. Ego will not want you to fail, it insists on looking good and does not want to appear a failure, this is a trap - do the opposite of what it tells you and enjoy all of your efforts in the dojo without concepts of success and failure. Humility is essential and we all must be broken down in order to be rebuilt, this process can be made easy or hard. Reflect." 

T. Chiba Sensei


lunes, 8 de junio de 2015

Cara a Cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Cara a cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Por Raymond Kwok¹(Entrevista traducida al castellano por Cristian Casares, para Pequeños Universos)






En Agosto de 1998, Raymond Kwok participó de un seminario dictado por Chiba Kazuo shihan (8vo. dan Aikikai), en Mejannes, al sur de Francia. Kwok tuvo la posibilidad de hablar con el gran maestro sobre Aikido y otros temas complementarios.
Presentamos a continuación algunos extractos de la entrevista. La misma apareció publicada, por primera vez, en un número de la revista Kuala Lumpur YMCA Aikido Club, en 1999.

Raymond Kwok: Shihan, usted entró al Hombu dojo como uchi-deshi en febrero de 1958. ¿Qué influenció su decisión de practicar Aikido?
T. K. Chiba: Bueno, esa es una larga historia. Antes de empezar con el Aikido había practicado un poco de Judo y de Karate, pero las dos disciplinas me habían dejado insatisfecho, y por eso empecé a buscar algo más. Fue cuando tenía dieciocho años, antes de haber terminado la escuela secundaria. Un día, me cruce con un libro de Aikido en una tienda; ese fue el primer libro de Aikido publicado.

RK: ¿Era “Budo”?
TKC: No, era “Aikido”. En la primera página había una pequeña imagen de O Sensei. Cuando vi esa imagen me di cuenta instantáneamente de que él sería mi maestro y que eso era lo que estaba buscando. No lo conocía todavía y tampoco tenía idea acerca de cómo era el Aikido. Nunca había visto a O Sensei antes. Nunca había escuchado sobre la disciplina. De esa manera me decidí a ir a verlo. En realidad, no me interesaba demasiado cómo era el Aikido; fui capturado por la imagen de O Sensei, y eso fue todo.

RK: Entonces, sensei, cuando llegó a Hombu Dojo, ¿quiénes eran sus compañeros?
TKC: Primero, Tamura sensei y Yamada sensei; luego, Kanai sensei, Sugano sensei y Kurita sensei, de Nuevo México. Más tarde, Saotome sensei y Tohei Akira sensei. Creo que esos fueron todos.

RK: Sensei, ¿cómo era la vida de un uchi-deshi por aquellos días?
TKC: Consistía nada más que en practicar, desde la mañana hasta la noche, sólo eso.

RK: ¿Tres, cuatro horas? ¿Cinco, seis horas?
TKC: Más que eso… Practicábamos todo el día, cinco veces a la semana, y en nuestro tiempo libre nos encargábamos de las clases privadas.

RK: Usted, sensei, era muy joven en ese momento, aunque debió resultar verdaderamente agotador aquel ritmo, ¿no es así?
TKC: Era muy agotador, sí; me dejaba exhausto. Japón se estaba recuperando de la guerra, la economía caminaba lentamente y la gente vivía tiempos difíciles. Por eso mismo, teníamos comida simple, arroz y sopa.

RK: De modo que fue el espíritu o “Kokoro” lo que los mantuvo en el camino, ¿verdad?
TKC: Sí, algo así. Yo no tenía gran interés en convertirme en maestro. Creo que a la mayoría le sucedía lo mismo. Todos amaban el arte y la práctica. Nadie pensaba en transformarse en profesor.

RK: Leí, hace no mucho tiempo en “Aiki Journal”, una entrevista a Sugano sensei en la que él comenta que la vida de uchi-deshi de hoy es mucho más sencilla que la de aquella época. Él decía: “en aquella época tenías que hacer todas las clases; ahora los uchi-deshi dicen “esta clase no la hago” o “estoy muy cansado” o “no tengo ganas de hacer esta clase.” ¿Qué opina de esto, sensei?
TKC: Honestamente, no sé cómo es la vida de los uchi-deshi en la actualidad, así que no puedo comparar, pero además de nuestro propio entrenamiento (entrenamiento físico) teníamos que encargarnos de la administración del dojo, de la oficina, de las necesidades del maestro (ayudando o cuidando personalmente a Osensei), de hacer las compras, de lavar la ropa, de todo. Todas las tareas domésticas estaban en manos de los uchi-deshi. No es justo comparar la vida de los alumnos de ahora con la nuestra; la situación es totalmente distinta. En aquella época, los uchi-deshi vivían con el maestro; ahora, por el contrario, viven separados de él. Por eso creo que llamarlos “uchi-deshi”, hoy en día, no es del todo correcto. “Uchi-deshi” significa “estudiante que vive en la casa”, o más bien, “que vive adentro”.

RK: Cuando usted estuvo en Hombu dojo, además de O Sensei, ¿quiénes eran los restantes maestros que daban clases?
TKC: Nuestro maestro inmediato era Ueshiba Kisshomaru Doshu; luego, Koichi Tohei sensei (Jefe de instructores) y varios sensei más, como Tada sensei, Arikawa sensei y otros mayores graduados.

RK: ¿Y Osawa (padre) sensei?
TKC: Sí, él también estaba.

RK: Usted es conocido por el poder de su técnica. ¿Esto es debido a alguna influencia en particular?
TKC: ¿Te refieres a mí (risas)? No, no se debe a ninguna en particular, pues fui influenciado por todos esos maestros que mencione anteriormente.

RK: Sensei, sus enseñanzas involucran mucho uso de Jo y Ken, especialmente entre sus alumnos más graduados.
TKC: Sí, así es.

RK: Creo que ahora, en Hombu dojo, no se practica mucho con armas. ¿Quién lo influenció en el método de enseñar Jo y Ken?
TKC: Bueno, en primer lugar, O Sensei. Él usaba el Jo y el Ken, especialmente, cuando uno lo acompañaba de viaje. Un uchi-deshi lo acompañaba a todos lados. Y yo era uno de esos alumnos; también Tamura sensei lo hizo. Había que estudiar Jo y Ken porque tenías que tomar ukemi con armas. No se presentaba otra opción. Saito sensei también lo hacía; él vivió con el maestro muchos años en Iwama.

RK: Entendí, a partir del relato de algunas personas, que O Sensei nunca enseñó un método sistemático de armas. ¿Fue muy difícil para usted incorporar sus enseñanzas?
TKC: Sí, fue muy difícil.

RK: ¿Sus métodos de enseñanza fueron influenciados por el estilo Iwama?
TKC: No realmente. Mi experiencia personal está basada en lo que aprendí con O Sensei. Creo que lo que proponía el Fundador en ese entonces es muy diferente al método de Saito Sensei. O Sensei no era muy joven cuando yo me convertí en su discípulo. Ya tenía 70 años, y su estado era diferente al que había conocido de él Saito sensei durante su propia formación. Por supuesto, yo practiqué constantemente mis armas, así que mi idea y mi experiencia maduraron.

RK: Sensei, se considera que usted fue el primero que empezó con el sistema de “Fukushidoin”. ¿Puede comentarnos algo acerca de esto?
TKC: Bueno, el sistema está básicamente fundamentado en la regulación internacional propia de Hombu dojo. Hay dos categorías de instructores, y los Shidoin pueden tomar exámenes hasta 1er. kyu, dejando a los shihan el trabajo de evaluar a los cinturones negros.

RK: Tengo entendido que, en la época sobre la que estamos hablando, O Sensei explicaba durante las clases cosas que resultaban muy difíciles de entender. ¿Le sucedió esto durante su entrenamiento como uchi-deshi?
TKC: Sí, me tocó vivir eso.

RK: ¿Recuerda alguna anécdota con Osensei que quiera contarnos?
TKC: Para empezar, recuerdo lo bello que era O Sensei, todo su cuerpo, su postura, la manera en que caminaba, la manera en que miraba, todo en perfecto balance. En una ocasión fui con él de viaje. Teníamos que tomar un taxi para ir a la estación de tren y yo debía comprar los boletos, pero él no esperaba. Así como llegamos, salió del taxi y entró a la estación, sin tener pasaje; la forma en la que caminaba era tan hermosa… Para él no representaba un problema entrar a la estación sin boleto: nadie le iba a decir nada. Cuando por fin los conseguí, lo que tomaba algo de tiempo, tuve que llevar mi bolso, el de él, las armas, todo. De alguna manera logré ayudarlo para que bajara la escalera del tren. Tenías que poner tu hombro derecho para que pudiera apoyarse y bajar suavemente. Nunca esperaba. Cuando viajaba, siempre nos quedábamos en habitaciones conjuntas. Él dormía en la habitación principal y yo en el cuarto contiguo. Sólo había una puerta corrediza entre nosotros. O Sensei ya estaba mayor como para levantarse e ir solo al baño. Solía meterse en tu habitación y, si estabas dormido, sabías que era el fin, porque en un sentido marcial ya estarías muerto; él podría haberte matado, así que tenías que estar despierto a toda hora.

RK: ¿Todo el tiempo?
TKC: Sí, sin dormir, por 3 años. Porque cuando se despertaba tenías que abrirle la puerta corrediza, llevarlo al baño, ayudarlo, lavarle las manos y dejarlo en la cama. Luego volvías a dormir, para despertarte al otro día a entrenar, viajar en tren, y así por dos semanas consecutivas. Quedabas exhausto.

RK: ¿Qué pasaba si él se despertaba y quien estaba a cargo no se daba cuenta?
TKC: Nunca lo aceptaba. Lo sabíamos. Somos estudiantes de un arte marcial, no podemos permitirnos dormir cuando alguien entra en nuestro cuarto.

RK: ¿Entonces, sensei, tenía que estar todo el tiempo en zanshin?
TKC: Sí, él nunca bromeaba. No hay comunicación oral entre alumno y maestro en el sistema japonés. Yo no le hablaba, y él tampoco me dirigía la palabra. El viaje más largo duraba de dos a cinco semanas, sin hablar. Dos semanas en completo silencio, excepto por “quiero té”. Aquella era una relación maestro-alumno muy estricta; por entonces, Japón era así. Hasta solíamos decir “no pises su sombra” o “no duermas con tu pie apuntando a tu maestro”; todo era así de estricto.

RK: Sensei, esta pregunta quizás sea un poco personal, pero me gustaría conocer su opinión al respecto. Escuché muchos comentarios sobre cómo el poder de su técnica, en el pasado, provocó que algunos estudiantes terminaran lastimados. Al parecer, la gente le tenía miedo. ¿Qué le parece esto?
TKC: No lo sé. Pongámoslo de esta manera: cuando yo era alumno de Hombu dojo no había tanta gente; en las clases más grandes había veinte personas. La mayoría de los practicantes de esa época, además, eran individuos muy bien entrenados. Hasta había artistas marciales establecidos que acudían, por la fama que tenía O Sensei, para aprender Aikido bajo su tutela. Eran realmente guerreros apasionados, en busca de su propio camino. A menudo practicábamos cómo lastimar a otros y no nos importaba eso.
O Sensei se enojaba mucho si algún shihan, en una demostración, hacía grandes movimientos redondeados; no aceptaba ese tipo de movimientos. Era muy difícil hacer una demostración si O Sensei estaba presente. Por eso mismo, tratábamos de llevarlo a un cuarto separado y darle dulces. Le encantaban los dulces, los dulces tradicionales japoneses y las chicas jóvenes. Dos o tres muchachas bien arregladas hacían que se olvidara de la demostración. De aquella manera no nos detenía en medio de la muestra; eso era muy embarazoso.

RK: Escuché que en los últimos años de O Sensei, cuando uno era proyectado no se sentía nada, como si no hubiera esfuerzo de su parte.
TKC: Si, así era. Cuando uno alcanza la perfección, es así. No mucha gente puede hacerlo. Yo tomé ukemi con él durante muchos años, pero nunca sentí verdadero dolor.

RK: ¿Nunca?
TKC: No, en ninguna técnica. Ya fuese nikkyo, shiho nage o kotegaeshi. Nada de dolor.

RK: ¿Él era especial?
TKC: Así es, era especial.

RK: Quiero hacerle una última pregunta, sensei. ¿Cuál es el secreto de su poder?
TKC: La pasión por el arte (risas). Pasé muchas noches desvelado pensando en una técnica. He llegado a levantarme de la cama, despertar a mi mujer y pedirle que me haga de uke.


jueves, 27 de noviembre de 2014

[Heavy Hand, Light Heart]: Morihiko Murashige Sensei, 7th Dan, Shihan

[Heavy Hand, Light Heart]: Morihiko Murashige Sensei, 7th Dan, Shihan, Feb 26, 1945 –  octubre 11, 2013  
Jueves 26 de Diciembre de 2013
Por: Benjamin Pincus**
Traducción: Uriel Hernández



Algunas personas afirman haber sido tocadas por las alas de los ángeles; yo creo poder afirmar que fui lanzado, inmovilizado y asfixiado por un juguetón y entusiasmado diablito. Vi a Murashige Sensei por primera vez cuando visité el San Diego Aikikai, varios años antes de unirme al programa kenshusei de Chiba Sensei.
Tal vez debería empezar con la leyenda porque las historias que construimos determinan mucho de cómo comprendemos la identidad y el alma de una persona. El padre de Murashige Sensei, Aritoshi Murashige, fue alumno directo de Jigoro Kano, fundador del Judo. Eventualmente dejó el Judo para estudiar Aikido con O' Sensei. Famoso por su habilidad y su intensidad como artista marcial, inspiraba miedo; describiendo su visita a Hombu Dojo afirmó Chiba Sensei, "me daba mucho miedo"; no era poca cosa, viniendo de alguien que también llegó a inspirar algo de incomodidad. El padre de Murashige Sensei tenía una tremenda presencia; según las historias, incluso los bebés consentidos dejaban de llorar cuando él entraba a la habitación, como si instintivamente detectaran al depredador.
Muchas historias son bastante oscuras también. Aritoshi Murashige fue ejecutor del ejército japonés durante la guerra, en China. Como podrán imaginarse, sus hijos estuvieron sujetos a intensos métodos de instrucción marcial. Murashige Sensei, decía poco sobre su padre, pero cuando le preguntaban sobre cómo aprendió Aikido, decía con su típico modo chusco: "Iba a la escuela y siempre me pegaban. Voy con mi papá, aprendo más Aikido y regreso a la escuela y me pegan otra vez. Entonces aprendo más Aikido y ya nadie quiere pelearse conmigo."
También he escuchado muchas historias sobre Murashige Sensei. Cuando llegó a Estados Unidos apostaba en los bares, retaba a la gente a pelear. Inevitablemente apostaban a favor del musculoso parroquiano del bar en vez del pequeño y callado japonés. O también está la historia de su asalto en Central Park, cuando Manhattan era una zona de conflicto y los turistas japoneses eran blancos fáciles dada su tendencia a llevar consigo grandes cantidades de efectivo. Sensei apenas sabía inglés, pero levantó su reloj y dijo "you want this?" ["¿quieres esto?"]. Cuando el ladrón voltea a ver el reloj, Murashige Sensei usa uraken uchi, la misma mano del reloj, para golpearlo en la cara y se marcha despreocupado.

Menciono estas historias porque Murashige Sensei aparentaba la ferocidad de su padre y su pasado marcial, junto con su espíritu juguetón e idiosincrático. El lector se lo imaginará con un carácter difícil, pero Sensei era divertido, juguetón y travieso. En un dojo famoso por su marcial intensidad, su práctica seria y rigurosa, Sensei era el bufón del grupo. Corríamos como pollos descabezados mientras Sensei hablaba como un niño en vacaciones. Lo recuerdo poniéndole una gota de crema al whisky de Chiba Sensei cuándo él había abandonado brevemente su lugar en la mesa un viernes durante la cena. Luego, como un niño pequeño, soltaba risitas con una sonrisa maravillosa de complicidad en la cara.
Murashige Sensei describía ser proyectado por O' Sensei como algo mágico y místico: "Un momento estaba de pie y al siguiente en el suelo". Decía no tener absolutamente una idea de qué había pasado y de cómo el mundo se había movido. De manera similar, el ki de Murashige Sensei era inexplicable; un pequeño y delgado hombre, parecía que su poder no venía de ningún lado. Si capturabas su técnica en la quietud de una fotografía, podía parecer desbalanceado y sin gracia. Pero su apariencia despreocupada y su constitución pequeña escondían tremenda fuerza interior, sincronización y sutileza. Sus hombros estaban relajados y libres de tensión y sus manos suaves y extendidas como si fuera a cargar a un bebé. O a golpearte el abdomen. También lanzaba con increíble poder y calma: Su iriminage había estudiado la soltura y virtuosismo del bateo beisbolístico del gran Sadaharu Oh* contra una bola fácil (Sensei me hacía tomar ukemi en iriminage bloqueando su proyección con el brazo para reducir la posibilidad de lesión). Poder suave, lo llamaba. Nunca antes sentí algo así.

¿Creo en la magia? Si definimos la magia como una sensación de asombro ante lo inexplicable, entonces creo que Murashige Sensei tenía magia (si aún estuviera con nosotros, me corregiría; lo llamaría "el Poder", en su lugar y luego me lanzaría varias veces bastante lejos. Una vez me dijo, "mi padre también tenía "el Poder"). Su capacidad técnica y su habilidad para relajarse, le permitían acceder a cantidades de poder sorprendentes, sobre todo considerando su constitución delgada. Muy pocos senpai, incluso alumnos del Fundador, parecían tener acceso a ese tipo de poder misterioso. Supongo que él siempre llevó una vida con encanto en otros sentidos también.
Sensei tenía una afección cardiaca causada por contraer la enfermedad de Kawasaki cuando niño. Esta enfermedad, sin tratamiento, suele ser mortal para sus víctimas jóvenes. Aparentemente él vivió más tiempo que ningún otro en EEUU con esa enfermedad. Frecuentemente me pregunto si su perenne buen humor tenía algo que ver con la conciencia de su propia mortalidad. ¿Por qué enfocarse en lo conocido cuando puedes practicar Aikido, reír, amar a tu familia, beber cerveza, comer sushi y preparar buena comida? ¿Qué más hay en la vida?
Lamento el fallecimiento de un gran maestro. Tengo tantos recuerdos. Sensei, cerveza en mano, demostrando un "no inch punch" [golpe sin distancia], con Matt Desmond en la fiesta del dojo. Matt es un hombre grande, actualmente en las Fuerzas Especiales. Él estaba de pie, manteniendo una estable postura de hanmi y Sensei estaba en su silla; empujó a Matt a varios pies de distancia sin derramar su trago.
En uno de sus momentos de mayor seriedad, Sensei me explicó su secreto: "Mano pesada. Por fin descubrí el Poder", como si fuera algo obvio y simple (una vez dio la explicación esotérica de que, "el poder de Chiba Sensei viene de aquí" -señalando su pulgar- y "mi poder, viene de acá" -meneando su dedo meñique. Incluso una vez Chiba Sensei, alumno directo del Fundador, nos dijo una vez, "aprendan de él, él hace cosas que yo no puedo hacer".
Lo recuerdo amigable y divertido, también me acuerdo, ¡claro!, su mortífero y relajado iriminage, con tan poco esfuerzo muscular y tanta energía. Recuerdo sus rápidos atemi (golpes) y sus clases de sutemi waza: hacía locas técnicas de sacrificio de la nada y luego una sonrisa traviesa cuando volvía a levantarme. Era difícil no sonreír a pesar de la intensidad. Mano pesada, corazón ligero y mucho ki. Buena suerte en su viaje final, Sensei. Muchas gracias por su enseñanza y su maravilloso espíritu.

Breve biografía:
Nacido en Yamaguchi-ken en 1945, Murashige comenzó a estudiar Aikido cuando era adolescente con su padre, Aritoshi Murashige. Se mudó a Tokyo para entrenar en Hombu Dojo con Morihei Ueshiba, entre otros, con Seigo Yamaguchi, Yoshimitsu Yamada, Kazuo Chiba, Mitsunari Kanai y Terry Dobson. Citaba a Yamaguchi como su mayor fuente de inspiración. Dio clases en New York Aikikai, con Yamada Sesnei durante tres años empezando en 1965, antes de regresar a Japón. Volvió a San Diego, donde trabajó como chef de sushi. En 1981 también enseñó en San Diego Aikikai, con Chiba Sensei, alumno directo del Fundador, se fue de este dojo para enseñar en Jiai Aikikai de San Diego donde dio clases de Aikido hasta tres días antes de su muerte el 11 de octubre de 2013.
*Sadaharu Oh rompió el record de jonrones: 868 durante su carrera beisbolística en la ligas mayores japonesas. Famoso por su bateo en postura de flamingo, mantenía su pierna derecha encogida arriba justo antes del lanzamiento. Oh practicó Aikido para mejorar sus habilidades de bateo y atribuyó su tremendo éxito a dicha práctica. Esta postura de pata de flamingo era efectiva a causa de que exigía mucha confianza en su equilibrio a pesar de la falta de balance que producía. De modo similar, Murashige Sensei a veces pararentaba desbalance a causa de su extremadamente relajado método interno de Aikido, pero su cuerpo estaba tan integrado que le permitía proyectar a gran distancia con un mínimo de esfuerzo. Yo he sido lanzado frecuentemente por personas con mayor masa corporal que la mía, pero es una experiencia muy diferente cuando me proyecta alguien de una estatura más corta, como Murashige Sensei.
**Benjamin Pincus es el instructor en jefe y director ejecutivo de Aikido of Champlain en Champlain Valley, ubicado en Burlington, Vermont. Aikido of Champlain es una asociación no lucrativa dedicada a crear una comunidad sustentable y un mundo apacible a través del estudio del arte marcial japonés tradicional que es el Aikido.




domingo, 12 de octubre de 2014

Chiba Sensei: Descubriendo el Cuerpo

Chiba Sensei: Descubriendo el Cuerpo

(Título original “Chiba Sensei: On discovering the body”,
Traducción: Atziri Servin



Quien piense que poner más horas en el entrenamiento necesariamente resultará en un mayor logro para su Aikido, está pensando como un niño. Fundamentalmente, esta actitud materialista no lleva a ninguna parte sino a un problema sin solución. No importa cuántas horas de entrenamiento acumulemos, no podemos evitar, día a día, estar más cerca de la tumba.

Muchos estudiantes piensan que por medio del entrenamiento pueden volver sus cuerpos sensibles y controlables, capaces de moverlos como deseen. No niego que un cuerpo sensible es una parte importante del aprendizaje. Sin embargo, es sólo una parte del mismo, una parte con relación a un principio más importante, que es el desarrollo de una actitud introspectiva en la formación, con una mirada seria hacia la autoexploración. En muchos sentidos, positiva o negativamente, nuestro cuerpo es el producto de nuestra conciencia y, a fin de descubrir lo que es, se requiere un estrecho autoexamen dentro de nuestro entrenamiento. No es útil añadir más y más información, detalles, energía, etc, externamente y sin fin a lo "demasiado" que ya está ahí.

El reconocimiento de un desequilibrio, falta de armonía o trastorno dentro de un sistema, detectado dentro del cuerpo, así como entre el cuerpo y la conciencia, es un punto de partida para el crecimiento. Se podría caracterizar el desarrollo de este reconocimiento como una conversación o diálogo que se produce entre el propio cuerpo y su conciencia. A medida que este diálogo se desarrolla, la conciencia se vuelve más clara, y uno empieza a percibir el poder natural o capacidad potencial que, hasta entonces, había estado oculta. En lugar de añadirle un elemento externo al cuerpo, cambiándolo para adaptarlo a un deseo o voluntad, uno simplemente ve lo que ya está dentro. Más importante aún, la conciencia misma -la forma en que el individuo percibe- comienza a cambiar a medida que se descubre el "verdadero" cuerpo, en comparación con el cuerpo que uno cambia de acuerdo a la voluntad.

Lo vital, el único elemento que hace al Aikido lo que es, es que el progreso en este arte avance en proporción al descubrimiento del poder natural que todo lo que, junto con un núcleo orgánico o dinámico, ya existe dentro de cada individuo. Este es el verdadero elemento que ayuda al cuerpo a funcionar en armonía en su conjunto.

Cuando uno sigue el camino del Aikido, de manera progresiva, con asombro y alegría, se encuentra con el verdadero yo, oculto, el ‘yo distanciado’ que, con su potencial inagotable, espera sin ser descubierto por muchas personas que mueren sin saber que existe.

Este pasaje de Dogen Zenji, fundador del Soto Zen, toca el tema de mi conversación de esta mañana de una manera profunda. "La práctica budista a través del cuerpo es más difícil que la práctica a través de la mente. La comprensión intelectual en el aprendizaje a través de la mente tiene que estar unida a la práctica a través de nuestro cuerpo. Esta unidad se llama SHINJUTSUNINTAI', el cuerpo real del hombre. Es percibir la mente todos los días, a través del mundo de los fenómenos. Si armonizamos la práctica de la iluminación con el cuerpo, el mundo entero se verá en su forma verdadera".

Por último, el descubrimiento del cuerpo verdadero, con su valor y belleza, no ha de estar sujeta a comparación o discriminación competitiva, más bien debe destacar por propia cuenta dentro de cada individuo. De ello se desprende como conclusión natural que el estudio del arte del Aikido es y debe ser no competitivo. Hace algunos años tuve la suerte de asistir a una conferencia en el Smith College, en Hampshire, Massachusetts; dada por un Maestro Zen de Vietnam. Durante el periodo de preguntas y respuestas, una mujer se puso de pie y le preguntó qué pensaba del sistema de meditación practicada por los cuáqueros. Él le contestó: “¿Cómo puede compararse la belleza de la flor de cerezo con la de una rosa?”.


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