Mostrando las entradas con la etiqueta Osawa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Osawa. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2015

Cara a Cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Cara a cara con Chiba Kazuo Shihan (1940-2015)

Por Raymond Kwok¹(Entrevista traducida al castellano por Cristian Casares, para Pequeños Universos)






En Agosto de 1998, Raymond Kwok participó de un seminario dictado por Chiba Kazuo shihan (8vo. dan Aikikai), en Mejannes, al sur de Francia. Kwok tuvo la posibilidad de hablar con el gran maestro sobre Aikido y otros temas complementarios.
Presentamos a continuación algunos extractos de la entrevista. La misma apareció publicada, por primera vez, en un número de la revista Kuala Lumpur YMCA Aikido Club, en 1999.

Raymond Kwok: Shihan, usted entró al Hombu dojo como uchi-deshi en febrero de 1958. ¿Qué influenció su decisión de practicar Aikido?
T. K. Chiba: Bueno, esa es una larga historia. Antes de empezar con el Aikido había practicado un poco de Judo y de Karate, pero las dos disciplinas me habían dejado insatisfecho, y por eso empecé a buscar algo más. Fue cuando tenía dieciocho años, antes de haber terminado la escuela secundaria. Un día, me cruce con un libro de Aikido en una tienda; ese fue el primer libro de Aikido publicado.

RK: ¿Era “Budo”?
TKC: No, era “Aikido”. En la primera página había una pequeña imagen de O Sensei. Cuando vi esa imagen me di cuenta instantáneamente de que él sería mi maestro y que eso era lo que estaba buscando. No lo conocía todavía y tampoco tenía idea acerca de cómo era el Aikido. Nunca había visto a O Sensei antes. Nunca había escuchado sobre la disciplina. De esa manera me decidí a ir a verlo. En realidad, no me interesaba demasiado cómo era el Aikido; fui capturado por la imagen de O Sensei, y eso fue todo.

RK: Entonces, sensei, cuando llegó a Hombu Dojo, ¿quiénes eran sus compañeros?
TKC: Primero, Tamura sensei y Yamada sensei; luego, Kanai sensei, Sugano sensei y Kurita sensei, de Nuevo México. Más tarde, Saotome sensei y Tohei Akira sensei. Creo que esos fueron todos.

RK: Sensei, ¿cómo era la vida de un uchi-deshi por aquellos días?
TKC: Consistía nada más que en practicar, desde la mañana hasta la noche, sólo eso.

RK: ¿Tres, cuatro horas? ¿Cinco, seis horas?
TKC: Más que eso… Practicábamos todo el día, cinco veces a la semana, y en nuestro tiempo libre nos encargábamos de las clases privadas.

RK: Usted, sensei, era muy joven en ese momento, aunque debió resultar verdaderamente agotador aquel ritmo, ¿no es así?
TKC: Era muy agotador, sí; me dejaba exhausto. Japón se estaba recuperando de la guerra, la economía caminaba lentamente y la gente vivía tiempos difíciles. Por eso mismo, teníamos comida simple, arroz y sopa.

RK: De modo que fue el espíritu o “Kokoro” lo que los mantuvo en el camino, ¿verdad?
TKC: Sí, algo así. Yo no tenía gran interés en convertirme en maestro. Creo que a la mayoría le sucedía lo mismo. Todos amaban el arte y la práctica. Nadie pensaba en transformarse en profesor.

RK: Leí, hace no mucho tiempo en “Aiki Journal”, una entrevista a Sugano sensei en la que él comenta que la vida de uchi-deshi de hoy es mucho más sencilla que la de aquella época. Él decía: “en aquella época tenías que hacer todas las clases; ahora los uchi-deshi dicen “esta clase no la hago” o “estoy muy cansado” o “no tengo ganas de hacer esta clase.” ¿Qué opina de esto, sensei?
TKC: Honestamente, no sé cómo es la vida de los uchi-deshi en la actualidad, así que no puedo comparar, pero además de nuestro propio entrenamiento (entrenamiento físico) teníamos que encargarnos de la administración del dojo, de la oficina, de las necesidades del maestro (ayudando o cuidando personalmente a Osensei), de hacer las compras, de lavar la ropa, de todo. Todas las tareas domésticas estaban en manos de los uchi-deshi. No es justo comparar la vida de los alumnos de ahora con la nuestra; la situación es totalmente distinta. En aquella época, los uchi-deshi vivían con el maestro; ahora, por el contrario, viven separados de él. Por eso creo que llamarlos “uchi-deshi”, hoy en día, no es del todo correcto. “Uchi-deshi” significa “estudiante que vive en la casa”, o más bien, “que vive adentro”.

RK: Cuando usted estuvo en Hombu dojo, además de O Sensei, ¿quiénes eran los restantes maestros que daban clases?
TKC: Nuestro maestro inmediato era Ueshiba Kisshomaru Doshu; luego, Koichi Tohei sensei (Jefe de instructores) y varios sensei más, como Tada sensei, Arikawa sensei y otros mayores graduados.

RK: ¿Y Osawa (padre) sensei?
TKC: Sí, él también estaba.

RK: Usted es conocido por el poder de su técnica. ¿Esto es debido a alguna influencia en particular?
TKC: ¿Te refieres a mí (risas)? No, no se debe a ninguna en particular, pues fui influenciado por todos esos maestros que mencione anteriormente.

RK: Sensei, sus enseñanzas involucran mucho uso de Jo y Ken, especialmente entre sus alumnos más graduados.
TKC: Sí, así es.

RK: Creo que ahora, en Hombu dojo, no se practica mucho con armas. ¿Quién lo influenció en el método de enseñar Jo y Ken?
TKC: Bueno, en primer lugar, O Sensei. Él usaba el Jo y el Ken, especialmente, cuando uno lo acompañaba de viaje. Un uchi-deshi lo acompañaba a todos lados. Y yo era uno de esos alumnos; también Tamura sensei lo hizo. Había que estudiar Jo y Ken porque tenías que tomar ukemi con armas. No se presentaba otra opción. Saito sensei también lo hacía; él vivió con el maestro muchos años en Iwama.

RK: Entendí, a partir del relato de algunas personas, que O Sensei nunca enseñó un método sistemático de armas. ¿Fue muy difícil para usted incorporar sus enseñanzas?
TKC: Sí, fue muy difícil.

RK: ¿Sus métodos de enseñanza fueron influenciados por el estilo Iwama?
TKC: No realmente. Mi experiencia personal está basada en lo que aprendí con O Sensei. Creo que lo que proponía el Fundador en ese entonces es muy diferente al método de Saito Sensei. O Sensei no era muy joven cuando yo me convertí en su discípulo. Ya tenía 70 años, y su estado era diferente al que había conocido de él Saito sensei durante su propia formación. Por supuesto, yo practiqué constantemente mis armas, así que mi idea y mi experiencia maduraron.

RK: Sensei, se considera que usted fue el primero que empezó con el sistema de “Fukushidoin”. ¿Puede comentarnos algo acerca de esto?
TKC: Bueno, el sistema está básicamente fundamentado en la regulación internacional propia de Hombu dojo. Hay dos categorías de instructores, y los Shidoin pueden tomar exámenes hasta 1er. kyu, dejando a los shihan el trabajo de evaluar a los cinturones negros.

RK: Tengo entendido que, en la época sobre la que estamos hablando, O Sensei explicaba durante las clases cosas que resultaban muy difíciles de entender. ¿Le sucedió esto durante su entrenamiento como uchi-deshi?
TKC: Sí, me tocó vivir eso.

RK: ¿Recuerda alguna anécdota con Osensei que quiera contarnos?
TKC: Para empezar, recuerdo lo bello que era O Sensei, todo su cuerpo, su postura, la manera en que caminaba, la manera en que miraba, todo en perfecto balance. En una ocasión fui con él de viaje. Teníamos que tomar un taxi para ir a la estación de tren y yo debía comprar los boletos, pero él no esperaba. Así como llegamos, salió del taxi y entró a la estación, sin tener pasaje; la forma en la que caminaba era tan hermosa… Para él no representaba un problema entrar a la estación sin boleto: nadie le iba a decir nada. Cuando por fin los conseguí, lo que tomaba algo de tiempo, tuve que llevar mi bolso, el de él, las armas, todo. De alguna manera logré ayudarlo para que bajara la escalera del tren. Tenías que poner tu hombro derecho para que pudiera apoyarse y bajar suavemente. Nunca esperaba. Cuando viajaba, siempre nos quedábamos en habitaciones conjuntas. Él dormía en la habitación principal y yo en el cuarto contiguo. Sólo había una puerta corrediza entre nosotros. O Sensei ya estaba mayor como para levantarse e ir solo al baño. Solía meterse en tu habitación y, si estabas dormido, sabías que era el fin, porque en un sentido marcial ya estarías muerto; él podría haberte matado, así que tenías que estar despierto a toda hora.

RK: ¿Todo el tiempo?
TKC: Sí, sin dormir, por 3 años. Porque cuando se despertaba tenías que abrirle la puerta corrediza, llevarlo al baño, ayudarlo, lavarle las manos y dejarlo en la cama. Luego volvías a dormir, para despertarte al otro día a entrenar, viajar en tren, y así por dos semanas consecutivas. Quedabas exhausto.

RK: ¿Qué pasaba si él se despertaba y quien estaba a cargo no se daba cuenta?
TKC: Nunca lo aceptaba. Lo sabíamos. Somos estudiantes de un arte marcial, no podemos permitirnos dormir cuando alguien entra en nuestro cuarto.

RK: ¿Entonces, sensei, tenía que estar todo el tiempo en zanshin?
TKC: Sí, él nunca bromeaba. No hay comunicación oral entre alumno y maestro en el sistema japonés. Yo no le hablaba, y él tampoco me dirigía la palabra. El viaje más largo duraba de dos a cinco semanas, sin hablar. Dos semanas en completo silencio, excepto por “quiero té”. Aquella era una relación maestro-alumno muy estricta; por entonces, Japón era así. Hasta solíamos decir “no pises su sombra” o “no duermas con tu pie apuntando a tu maestro”; todo era así de estricto.

RK: Sensei, esta pregunta quizás sea un poco personal, pero me gustaría conocer su opinión al respecto. Escuché muchos comentarios sobre cómo el poder de su técnica, en el pasado, provocó que algunos estudiantes terminaran lastimados. Al parecer, la gente le tenía miedo. ¿Qué le parece esto?
TKC: No lo sé. Pongámoslo de esta manera: cuando yo era alumno de Hombu dojo no había tanta gente; en las clases más grandes había veinte personas. La mayoría de los practicantes de esa época, además, eran individuos muy bien entrenados. Hasta había artistas marciales establecidos que acudían, por la fama que tenía O Sensei, para aprender Aikido bajo su tutela. Eran realmente guerreros apasionados, en busca de su propio camino. A menudo practicábamos cómo lastimar a otros y no nos importaba eso.
O Sensei se enojaba mucho si algún shihan, en una demostración, hacía grandes movimientos redondeados; no aceptaba ese tipo de movimientos. Era muy difícil hacer una demostración si O Sensei estaba presente. Por eso mismo, tratábamos de llevarlo a un cuarto separado y darle dulces. Le encantaban los dulces, los dulces tradicionales japoneses y las chicas jóvenes. Dos o tres muchachas bien arregladas hacían que se olvidara de la demostración. De aquella manera no nos detenía en medio de la muestra; eso era muy embarazoso.

RK: Escuché que en los últimos años de O Sensei, cuando uno era proyectado no se sentía nada, como si no hubiera esfuerzo de su parte.
TKC: Si, así era. Cuando uno alcanza la perfección, es así. No mucha gente puede hacerlo. Yo tomé ukemi con él durante muchos años, pero nunca sentí verdadero dolor.

RK: ¿Nunca?
TKC: No, en ninguna técnica. Ya fuese nikkyo, shiho nage o kotegaeshi. Nada de dolor.

RK: ¿Él era especial?
TKC: Así es, era especial.

RK: Quiero hacerle una última pregunta, sensei. ¿Cuál es el secreto de su poder?
TKC: La pasión por el arte (risas). Pasé muchas noches desvelado pensando en una técnica. He llegado a levantarme de la cama, despertar a mi mujer y pedirle que me haga de uke.


lunes, 10 de marzo de 2014

Tamura, la sabiduría del Aikido

Tamura, la sabiduría del Aikido
Tomado de: http://www.aikikai.org.es/aikido/maestro/entrevis/wagner.htm





(****)Entrevista realizada  por Wagner Bull en Sao Pablo, Brasil, durante una visita de Yamada sensei y Tamura Sensei.

W.B: ¿Cómo llegó Ud. Al Aikido?
Tamura Sensei: Llegué a través del Maestro Osawa, en Japón.

W.B.: ¿Qué edad tenía Ud. Por entonces?
T.S.: Por entonces tenía 20 años.

W.B.: De su recuerdo de O-Sensei, ¿Qué es lo más destacable?
T.S.: Su mirada. Si observas sus ojos en alguna fotografía entenderás el por qué.

W.B.: Ud. Formó una familia. ¿Cuándo se casó?
T.S.: Me casé en 1964, poco tiempo antes de trasladarme a vivir a Francia.

W.B.: ¿Cómo conoció a su esposa?
T.S.: La conocí en el Hombu Dojo, en Japón, poco tiempo después de que ella comenzara a practicar el Aikido.

W.B.: ¿Era Ud. Su profesor?
T.S.: No, los profesores eran O-Sensei y KishomaruUeshiba, el actual Doshu.

W.B.: Entonces ha sido una historia de amor en el Dojo...
T.S.: Así es... (se ríe)

W.B.: ¿Cuántos hijos tiene Ud.
T.S.: Tengo tres varones.

W.B.:¿Han aprendido Aikido?
T.S.: Sí, practicaron un cierto tiempo, pero no quisieron seguir, y actualmente tampoco enseñan el Arte.

W.B.: ¿Cuáles fueron las dificultades al llegar a Francia para establecerse como extranjero, y más teniendo en el hecho de no hablar el idioma? ¿Cómo fue esa experiencia?
T.S.: Eran muchas las diferencias existentes..., el idioma y también la alimentación, que no era como en Japón.

W.B.: Cuando Ud. llegó a Francia ¿Encontró algún Dojo o una determinada infraestructura?
T.S.: Sí. El Maestro Minoru Mochizuki y el Maestro Tadashi ya habían estado en Francia algunos años antes, así como el Maestro Murashigue. En esa época, también enseñaba el Maestro Masamichi Noro. Yo debía ir a París y creía que allí encontraría un Dojo, pero no había ninguno. De manera que me instalé en Marsella y comencé a introducir el Aikido en los Dojos donde ya se enseñaba Judo.
Conocí a Sensei Nakasono, que ya residía allí, y él me facilitó un poco la vida, pues cuando se fue a vivir a París me dejó enseñar en su Dojo. Por aquel entonces no había ni tan solo 60 personas practicando.

W.B.: ¿Sesenta personas en Francia?
T.S.: No, en toda Europa... (se ríe). Bueno, quizá había unos mil o dos mil practicantes en toda Europa. Verdaderamente no lo sé.

W.B.: ¿No enseñaban en Francia los profesores Mochizuki y André Nocquet por aquella época?
T.S.: El prof. Mochizuki ya había regresado a Japón y Sensei André Nocquet pertenecía a la Federación Francesa de Judo, mientras que Sensei Nakasono y yo trabajamos con ACFA y la ACEA.

W.B.: Cuando Ud. Comenzó a enseñar Aikido ¿lo hacía como una especie de "Misogui", una forma de purificación?
T.S.: Si, pero ahora enseño una visión más profunda. Al menos, pienso que así lo hago (risas).
En esa época el Aikido estaba visto como un arte más suave, para niños, mujeres y ancianos, y no como un método de autodefensa, más orientado a lo físico pero que no exige grandes esfuerzos musculares. Había gente que, siendo serios practicantes de Judo, también se interesaron por el Aikido y lo practicaban. Otros después de haber visto demostraciones del Arte y habiéndoles parecido interesante, comenzaban a aprenderlo. Así es como yo lo veo...
Cuando llegué a Francia había personas que practicaban el Judo. En 1961, la época en que O Sensei visitó Hawai, la mayoría de los profesores de Aikido eran también profesores de Judo. Pero poco a poco esto fue cambiando y el Aikido comenzó a ser practicado con independencia del Judo.
Existía otro problema. De acuerdo con la ley francesa, solamente los profesores titulados de Judo con el Diploma de Estado, podían enseñar el Aikido o el Karate. Tuvieron que pasar muchos años para que las autoridades responsables francesas comprendiesen que el Aikido no era lo mismo que el Judo. En aquella época, para el gobierno francés, cualquier Budo se catalogaba como Judo.

W.B.: ¿Cuál fue la gran diferencia que pudo apreciar cuando llegó Ud. A Francia?
T.S.: En Japón, aún sin una regla oficial, el comportamiento usual de las personas mostraba siempre una etiqueta que restringía la espontaneidad. En Francia esto era muy distinto. La gente se sentía más relajada y libre de las convenciones sociales. Existía un cierto aire Tahitiano... (risas).

W.B.: A decir verdad, lo que más apreció Ud. fue la libertad francesa ¿No?
T.S.: Sí, por cierto.

W.B.: Ud. es el Consejero Técnico Nacional de la Federación Francesa de Aikido y Budo, la FFAB, y también es el Consejero Técnico de la International American Federation, la IAF. La FFAB no está afiliada a la IAF ¿por qué?
T.S.: Al igual que Yamada Sensei, yo soy consejero técnico de la IAF. Pero en su forma de organización, la FFAB no está ligada a la IAF. Surgieron problemas de reglamentación en uno de los congresos en el pasado, lo que nos llevó a no afiliarnos.

W.B.: ¿Cómo se llama el Dojo donde regularmente enseña Ud.?
T.S.: Yo enseño en el Dojo Shumeikan, que es administrado por una asociación, la Escuela Nacional de Aikido, la cual forma parte de la FFAB. En este Dojo, que se encuentra cerca de mi casa, doy cursos a nivel nacional a pequeños grupos de 20 o 30 personas. Por lo general, yo siempre estoy viajando por Europa y a otros lugares. Te paso mi agenda y lo comprobarás tú mismo.
Cuando imparto estos cursos a grupos pequeños, solemos dormir y comer en el local donde se llevan a cabo. Participan gentes de edad avanzada, practicantes de alto nivel, directivos y cuadros de la Federación, veteranos, etc., y además se organizan seminarios.

W.B.: Pero entonces ¿Qué esperanzas tienen los principiantes de recibir su enseñanza?
T.S.: Yo también practico con ellos, como he hecho aquí en el seminario de Brasil.

W.B.: La solución sería seguirlo a Ud. en sus viajes?
T.S.:Pues ciertamente, sí (se ríe).

W.B.: ¿Cómo le gustaría ver el Aikido en futuro?
T.S.:Me gustaría verlo practicado por todas personas, como era el deseo de O-Sensei.

W.B.: El Fundador decía que el Aikido crearía una sociedad mejor. ¿Piensa Ud. que esto aún es posible en nuestros días?
T.S.: Sí, creo que es posible, siempre que Uds. puedan imaginar que es posible...
Cuando se cree que el Aikido puede purificar y mejorar a las personas, esto se hace realidad. Pero para el devenir de este proceso es necesario empezar por el individuo y por las pequeñas cosas. Pienso que hoy, todos los que hemos participado en el seminario realizado, estamos un poco más purificados.

W.B.: Cuando vemos las películas de O-Sensei podemos observar que según pasaban los años, sus movimientos comenzaron a hacerse más lentos y circulares aparentemente más marciales y mostrando una armonía. Desde su punto de vista, ¿a qué se debe esto? ¿Podría deberse a edad avanzada del Fundador, o quizá fuera porque haya habido una transformación en su visión del Arte?
T.S.: Yo creo que ambas cosas al tiempo.

W.B.: El Aikido en sus raíces filosóficas, está repleto de conceptos sintoístas, como "Mushubi", "Missogui", "Kannagara", "Daishizen", "Kokyu", etc. ¿Cree Ud. que el distanciamiento del Sintoísmo, existente en la tendencia mundial de la enseñanza del Aikido, es positivo? En muchas escuelas no existe la costumbre de aplaudir ni tampoco se oye mencionar el shintoísmo. ¿Por qué después de la muerte de O Sensei comenzó un movimiento de separación entre el Shintoísmo y el Aikido, principalmente en los países occidentales pero también en Japón?
T.S.: Cuando practicaba con O-Sensei, yo era muy joven y no me interesaban ni su filosofía ni el Sintoísmo, Solamente quería vencer a los que eran más fuertes que yo, y pienso que les pasaba lo mismo a mis compañeros de esa época. Yo creía que el Aikido estaba repleto de misterios y que si yo aprendía esos secretos, podría enfrentarme a los más poderosos. Yo quería vencer a los practicantes de Judo, de Kendo, etc.
Había una diferencia de edad de 50 años entre el Fundador y yo, y nuestros intereses eran muy distintos. Ahora, cuando recuerdo todo lo que me decía O-Sensei, comienzo a entender el interés que tenía él por todas esas cosas. Hoy comprendo que el Fundador procuraba enseñarnos a liberarnos de lo ilusorio para poder encontrar la verdad del Aikido.
Me encantaría poder volver a escuchar lo que entonces me decía, con la experiencia que tengo hoy en día.

W.B.: A veces el Fundador enseñaba las técnicas de Aikido con armas como el Bokken. ¿Le parece a Ud. que es necesario practicar con armas para aprender el Arte? Quiero decir ¿La utilización de las armas es esencial o no?
T.S.: Depende. Para mí el Bokken y el Jo, así como las demás armas, forman parte del Aikido.
¡La cuestión no es si deben o no deben utilizarse para aprender el Aikido! El Aikido engloba todo, es una totalidad y yo utilizo bastante las armas en mi práctica del Aikido. Para explicar sus enseñanzas, y según su estado de ánimo, O-Sensei utilizaba el Jo, el Bokken, etc.
Una vez nos dijo: "Yo estoy en el camino y creo que me acompañan, pero cuando miro hacia atrás me sorprende no encontrar a nadie". Y nosotros pensábamos: "Caray, si hemos estado entrenándonos con tanto ahínco y tan devotamente todo este tiempo ¿Qué más quiere?" En aquel entonces nosotros no entendíamos, éramos muy jóvenes...
Entender lo que quería decir cuando se expresaba con ese lenguaje era tarea de los alumnos. Para mí, el Aikido es O-Sensei. Lo que él hacía es lo que trato de hacer yo también. Esto es lo que yo pienso; otras personas pueden tener otros puntos de vista.

W.B.: ¿Alguna vez intentó Ud. contrastar al Fundador, técnicamente hablando?
T.S.: Ahora resulta gracioso, pero esto es un asunto muy serio. Me acuerdo que una vez, mientras entrenaba Jo con O-Sensei, yo pensé: "¿Qué pasaría si ahora le diera con el palo en la cabeza?" En ese preciso instante, O-Sensei me miró con una expresión muy severa.
Otro Uchideshi tuvo también una experiencia semejante. Cuando O-Sensei se encontraba muy enfermo, alguien debía quitarle su hakama por detrás, para que pudiera orinar. El Uchideshi que lo ayudaba pensó una vez: "¿Y si ahora yo le atacase por detrás?". Inmediatamente, O-Sensei se dio la vuelta y le dirigió esa misma mirada severa. Pero O-Sensei jamás hizo comentario alguno y no sabemos si la experiencia fue producto de la imaginación del Uchideshi, mezclada con un sentimiento de remordimiento, o si realmente el Fundador había captado algo. Otro Uchideshi pensó preparar una emboscada para el Fundador, en un pasillo por donde pasaba todos los días. El Uchideshi se escondió tras una pared, con un Jo listo para atacar al Fundador. A la hora de siempre, oyó los pasos de O-Sensei aproximándose, pero repentinamente, los pasos se pararon y pudo oír como O-Sensei se daba la vuelta y regresaba por donde había venido. Como nadie comentó nada, no se sabe por qué motivo el Fundador no continuó su camino, como habitualmente.

W.B.: En la mayoría de los Dojos de Aikido en el mundo se práctica "Kihon Waza", constituido por técnicas de base como Katatetori Ikyo", "Nikyo", etc... ¿Era esa la manera utilizada por el Fundador para enseñar, es decir, a partir del "Kihon"?
T.S.: Es necesario que se comprenda lo que se entiende por "Kihon".
Para mí, "Kihon" es mi postura, mi forma de respirar, mi manera de reaccionar ante diversas situaciones: es en estos aspectos donde los principiantes deben concentrarse. Las técnicas de base pueden ser distintas según los profesores, pero deben ser desarrolladas sobre los conceptos básicos que he mencionado. Esta es mi forma de verlo, y era precisamente en este género de "Kihon" en el que O-Sensei insistía más fuertemente.
Hay que comprender que el hombre tiene un espíritu y un cuerpo, y es importante que ambos trabajen en armonía.

W.B.: ¿Cuándo cree Ud. que una persona puede comenzar a desarrollar sus propias técnicas?
T.S.: O-Sensei decía que esto depende de cada persona; hay quienes necesitan más tiempo, otros van más rápido; cada uno debe ir a su propio ritmo.
Existen personas, por ejemplo como yo, que después de 40 o 50 años de entrenamiento ¡aún no han entendido como funcionan los elementos básicos!... (risas)

W.B.: ¡No me diga eso porque dejo de entrenarme ahora mismo!... (risas). Después de lo visto en Brasil, ¿Qué nos aconsejaría para progresar aún más?
T.S.: Lo mejor es escuchar atentamente lo que Yamada Shihan enseña. A continuación, seguir manteniendo la actitud que tenéis, de querer aprender cada vez más y descubrir nuevas cosas.
Esa es la actitud que más me gusta.

W.B.: Ahora, una pregunta que quieren formular varias mujeres.¿Piensa Ud. que las mujeres deben practicar con igual vigor que los hombres?
T.S.: Creo que lo más importante que deben comprender las mujeres es que la fragilidad femenina no es una flaqueza. Cuando una mujer toma conciencia de ello, esto pasa a ser una gran ventaja.
Yo no soy físicamente tan fuerte, pero me sirvo de mi agilidad y de mi percepción para superar los obstáculos y a las personas más fuertes que yo. Las mujeres deben entrenarse con esta visión.

W.B.:¿Cuál es la enseñanza más importante dejada por O-Sensei?
T.S.: O-Sensei decía que lo más importante es el amor. Decía que el Aikido tiene como objetivo la armonía entre los seres humanos.

W.B.: Muchas gracias, Sensei Tamura.



domingo, 7 de julio de 2013

Propósito


PROPÓSITO

 

Tomado del libro “Aikido. Etiqueta y transmisión”.

Autor: Nobuyoshi Tamura

Fragmento escrito por S. Benedetti

 
 

Según una conversación con Osawa Kisaburo sensei, director técnico del Zaidan Hojin Aikikai, Sekai Aikikai So Hombu.
 

- Maestro ¿nos podría decir cómo ha influido la práctica del zen en su práctica del Aikido?. Por otro lado, ¿aceptaría usted escribir un prefacio para el próximo libro de Tamura?.

 
Practico el soto-zen. Fui discípulo de Sawaki Kôdó Roshi, el maestro de Deshimaru Roshi. El zen-soto no persigue el satori, la iluminación…es simplemente sentarse, decía él. Ser claro y nítido como un espejo que refleja todos los aspectos del mundo sin pretender retener nada ni guardar nada en su poder. Cuanto más puro sea el espejo menos apego habrá. Se trata del concepto de mu-sho-toku[1], central del soto-zen. Cuando el espejo no está perfectamente nítido transforma el mundo que recibe.

 
Asimismo, en nuestro espíritu, la más mínima traza de ego se apega al mundo y busca agarrarse para hacerlo suyo y fijarlo. Busco practicar el aikido sin apego, como un espejo.

 
El apego hace nacer el espíritu combativo; sin embargo, el aikido es una búsqueda de la libertad que se realiza modelando el cuerpo, como un panadero amasa pan, no es un método de destrucción. En el aikido se encuentra la libertad del espejo.


Si, por lo tanto, existe un espejo que pulir, por supuesto hemos de practicar el aikido en ese sentido, cada uno ayudando al otro en esta tarea. Por esta razón es paradójico transmitir el aikido por medio de un libro, porque un libro no es un espejo sino una manifestación del ego que querría fijar el reflejo del mundo.


¡Me está pidiendo que escriba, pero no se puede fijar nada por escrito! Intente, más bien, tomar nota de mis palabras…


El maestro Osawa, pues, nos ha dejado a nosotros la responsabilidad de jugar a los espejos sucios.


……

 
Nuestro cuerpo es como el árbol de la iluminación
Nuestro espíritu es como un espejo brillante
Sin cesar hay que limpiarlos
Para que estén libres de cualquier mota de polvo.

Shen Hsuin

 

 

Nunca ha habido árbol de la iluminación
Ni espejo brillante
Desde el principio la naturaleza es pura y clara…ninguna cosa es
¿Cómo podría ser ensuciada por el polvo?.

Huei Neng

 



[1] Mu-sho-toku: sin meta, sin motivo, sin búsqueda de provecho, o beneficio, o reconocimiento. El no-provecho, el no-deseo. Dar sin buscar recibir. Hacer sin esperar nada a cambio. Abandonar todo, sin miedo de perder. De la misma forma que un artista debe darse por entero sin ocuparse de alcanzar la gloria, la belleza, la riqueza; así se practica zazen: sin buscar nada, sin esperar nada, sin desear nada. Si abandonas todo, obtienes todo.
 

Eventos y Actividades