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domingo, 5 de febrero de 2023

Yoshimitsu Yamada Shihan

Yoshimitsu Yamada Shihan


Biografía cortesía: Peter Burnos y Marta Sobolska

Tomado de la página web de Aikido Sansuikai 

(http://aikidosanshttp://aikidosansuikai.com/shihan/uikai.com/shihan/) 




Nota del Editor: A propósito de la trascendencia espiritual de Yamada Sensei el pasado 15 de enero de 2023, compartimos esta hermosa biografía que permite apreciar la historia, compromiso e inmenso legado de nuestro amado Sensei. 

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Yoshimitsu Yamada nació el 17 de febrero de 1938 en Tokio. Su padre, Ichiro, fue profesor académico y su madre, Michio, se ocupaba de la casa. La familia del padre era pariente de la familia Abe y cuando siendo niño, Ichiro perdió a sus padres, los Abe lo adoptaron.

La difícil situación de Japón durante la Segunda Guerra Mundial obligó a ambas familias a emigrar a Corea en los años cuarenta y se instalaron en Chinju, una pequeña ciudad a unas 200 millas de Seúl. La cabeza de la familia, Kazo, alquilaba tierras y tenía su propio negocio, e Ichiro Yamada se dedicó a los negocios de minería. Se quedaron en Corea hasta el fin de la guerra.

Tadashi Abe, primo de Ichiro Yamada, practicaba aikido desde 1942. Esta coincidencia indudablemente afectó la vida de Yoshimitsu. Con solamente unos pocos años, Yoshimitsu había tenido contacto con O’Sensei antes de que se fueran a Corea, en una presentación de artes marciales en la casa de la familia Abe. Este encuentro le dejó una impresión inolvidable. Él recuerda, como si fuera hoy, que el agradable, tranquilo hombre mayor, que es como parecía O’Sensei a primera vista, se convirtiera en alguien totalmente diferente sobre el tatami, un inasible y misterioso maestro de artes marciales.

Probablemente está reunión influenció la decisión de Yoshimitsu de dieciocho años, quien en 1955 decidió unirse a Hombu dojo como uchi-deshi. Esto pudo ser gracias a la recomendación de Tadashi Abe, ya que el joven aspirante no había entrenado nunca en artes marciales. Su primer día como uchi-deshi fue también su primer día sobre el tatami. Enseguida se hizo amigo de sus sempais Nabuyoshi Tamura y Sadateru Arikawa.

En esos tiempos Hombu Dojo era un lugar completamente distinto a hoy en día. La casa de la familia Ueshiba era parte del dojo, y Morihei, si bien irregularmente pero con mucha frecuencia, aparecía en el tatami. O’Sensei representó una autoridad sin igual para todos los uchi-deshis. Con su comportamiento representaba todas las cualidades por las que un joven japonés se esforzaba en esos tiempos.

Los entrenamientos eran exigentes y la vida en el dojo de una naturaleza casi ascética. Esto era debido a la difícil situación económica del país después de la Segunda Guerra Mundial. Hombu Dojo no se destacaba particularmente del nivel de vida general de Japón. El edificio no tenía calefacción así que la temperatura en invierno descendía bajo cero grados, en verano el calor en general golpeaba. Los deshi no tenían un área de habitaciones ni demasiadas cosas personales, su vida estaba sujeta al ritmo de la vida del dojo y eran raros los momentos de privacidad. Cada uchi-deshi tenía que hacer ciertas tareas y participar en las clases privadas. Yoshimitsu Yamada aún hoy recuerda el horario. El primer entrenamiento, dirigido por Kishomaru Ueshiba, empezaba a las 6:30, luego había otro a las 8:00 por Koichi Tohei o Kisaburo Osawa, quien una vez por semana era reemplazado por Kenji Tomiki. Hiroshi Tada o Seigo Yamaguchi daban la clase de las 15:00 y las clases de las 16:00 y 18:30 estaban dictadas por diferentes profesores. Koichi Tohei era un ídolo para muchos practicantes, que se impresionaban con su carácter y con sus habilidades técnicas. Muchos uchi-deshi lamentaban que cada vez se involucrara más con el manejo de la escuela en Hawai y que raramente fuera a Tokyo. Con el tiempo, el grupo de estudiantes creciendo con Yasuo Kabayashi, Kazuo Chiba, Mitsunari Kanai y Seichi Sugano quienes junto con Yoshimitsu Yamada, formaron un grupo de amigos muy unido.

A pesar de lo involucrados que estaban en el entrenamiento y la vida del dojo, cada uno secretamente soñaba con dejar Japón, que después de la ocupación estadounidense, se abrió al mundo. Yoshimitsu Yamada, como delegado de Hombu Dojo, enseñó aikido en bases militares americanas. Perfeccionó sus conocimientos de inglés y conoció la cultura y tradiciones que lo fascinaron. Quería ir a Estados Unidos.

A principios de los años sesenta se presentó una oportunidad. El pretexto fue la iniciativa de un grupo americano de entusiastas interesados en Aikido. Eddie Hagihara de Nueva York a quien Yoshimitsu conoció personalmente en Japón, se contactó con Hombu Dojo. En 1964 le pidieron a la Sede Central de Hombu que hicieran una exhibición de aikido en la Feria Internacional de Nueva York. Al principio el dojo fue representado por Koichi Tohei, pero debido a una lesión hubo que cambiar los planes y se lo envió a Yoshimitsu Yamada. Aprovechando la oportunidad se encontró con sus amigos americanos y aceptó ocuparse de la Escuela de Aikido de Nueva York. Sin embargo, su destino podría haber sido totalmente distinto ya que por ese tiempo Tadashi Abe ya había estado en Francia y Yoshimitsu aspiraba a sucederlo. Pero su amigo y sempai, Mabuyoshi Tamura, quien aún es la persona principal del Aikido Europeo, le ganó y Yoshimitsu Yamada fue delegado a la Costa Este de Estados Unidos. Eligió Nueva York como sede central.

Los comienzos son siempre difíciles, pero lo que el joven profesor de Aikido tuvo que enfrentar en Nueva York requería de un enorme compromiso personal, paciencia y esfuerzo. El grupo de Nueva York no estaba bien organizado, nadie tenía experiencia en el manejo de una escuela de Aikido y Yoshimitsu tuvo que hacer todo desde cero, desde los asuntos de organización a la enseñanza de las técnicas. La falta de medios económicos no facilitó la situación y junto con el primer uchi-deshi de Nueva York, Ángel Tineo-Álvarez, vivían y dormían en el vestuario ya que alquilar un departamento era solo un sueño. Todo el dinero iba al mantenimiento de la escuela y las perspectivas no eran prometedoras.

El aikido no era muy conocido en la Costa Este de EEUU y la posibilidad de promocionar este arte marcial usando los métodos tradicionales eran muy limitadas debido a motivos económicos, anunciar en los medios era muy costoso. El único medio de presentarse era en exhibiciones públicas. Afortunadamente, gracias a la amabilidad de otras escuelas de artes marciales, abundaban las posibilidades de presentaciones públicas, por ejemplo durante los campeonatos de karate. De ahí que muchos alumnos provienen de dojos de otras artes marciales y querían probarse en nuevos terrenos. Estos primeros años fueron un desafío importante para Yoshimitsu, si bien estaba fuertemente apoyado por sus alumnos, quienes estabn involucrados en asuntos del dojo, algunos de ellos son Mike Abrams, Harvey Konigsberg, Harry McCormack. En los años 60 había un promedio de aproximadamente 50 personas entrenando en el dojo.

El instructor principal de NY Aikikai no tuvo mucha suerte. La visa de intercambio cultural que tenía no le garantizaba una estadía larga en EEUU y eso amenazaba con ser deportado a Japón. Aparecieron nuevos problemas con el nacimiento de sus hijos. A los dos nacidos en EEUU se les otorgó la ciudadanía y podían quedarse. Yoshimitsu y su esposa y la hija mayor, nacidos en Japón no podían quedarse. Para intentar proteger a su familia de la despiadada ley de inmigración tomaron una difícil decisión: su esposa volvería a su país con los hijos. Esta separación de su familia cercana en esa época, es algo que Yamada Sensei lamenta hasta el día de hoy.

Lentamente el aikido se fue haciendo atractivo para la gente no solo de Nueva York sino de toda la Costa Este. Esto fue principalmente debido al increíble compromiso de Yamada Sensei. Viajaba tanto, a Boston, sur de Nueva Jersey, Pensilvania y Canadá, que sus alumnos empezaron a quejarse de que no estaba nunca en Nueva York. Sin embargo, como él era la única persona con la experiencia correcta, tenía que ocuparse de todo. Los acciones de Yoshimitsu Yamada fueron deliberadas, trabajar en los cimientos resultó con el tiempo en muchos grandes profesores que hasta el día de hoy tienen sus propias escuelas.

Estar tan involucrado en esta misión por la que fue enviado a EEUU empezó a producir efecto. Cuando la situación del dojo de Nueva York se hizo estable, el aikido más popular y los dojos en sí estaban operando efectivamente, llegó el momento de establecer una organización con el fin de formalizar y especificar la cooperación desde un punto de vista administrativo. Así, en 1968 se creó la United States Aikido Federation (Federación Estadounidense de Aikido). Esto fue debido a la cooperación entre los maestros delegados por Hombu Dojo en Estados Unidos y es la mayor organización de Norte América.

Los problemas de visa terminaron en 1972. Yamada Sensei empezó a usar intensivamente la libertad adquirida para promover el aikido fuera de los Estados Unidos. Uno de sus primeros viajes fue por una invitación de Tamura Sensei a Francia en 1973.

Los ochenta fue un período relativamente estable. Dos décadas después de la instalación del dojo en EEUU, en 1984 se hizo un gran curso de verano con el Doshu Kisshomaru Ueshiba. Esta prueba de valoración fue un incentivo para trabajar aún más. Sensei viajaba más y más y en 1992 lo invitó a Seichi Sugano Sensei a cooperar con él. Sus amigos de los tiempos de Hombu Dojo se unieron a New York Aikikai dándole a la escuela una importancia única. El dojo de Nueva York es la única escuela del mundo en la que dos alumnos directos de O’Sensei enseñan conjuntamente.

Yamada Sensei recuerda que recién después de 20 años empezó a ver los resultados de su trabajo. Los primeros 10 años se dedicó a la escuela de Nueva York y los siguientes 10 al desarrollo del aikido en la Costa Este. Dice que gracias a las dificultades y problemas que tuvo en el camino, se hizo más maduro. Teniendo cincuenta años llegó a empezar a aceptar el hecho de que la gente lo llamara “Sensei”. Antes de ello se preguntaba “¿he ganado el derecho a que la gente me llame así?”.

Yoshimitsu Yamada pasó en Hombu Dojo alrededor de siete años. Desde aquel tiempo el conjunto de técnicas que se enseñan ha cambiado mucho y el aikido en sí es ligeramente distinto del arte marcial que los primeros uchi-deshi de Morihei Ueshiba aprendieron. A pesar de esta evolución, Yamada Sensei intenta transmitir las cosas que aprendió en ese tiempo. De enseñanza ortodoxa, enseña las técnicas básicas, que intenta no modificar. Cree que es necesaria una base sólida para un desarrollo apropiado. Es un entusiasta de la práctica intensa como medio de desarrollo tanto físico como espiritual. No se opone a la práctica dura, conforme al espíritu del budo, pero no justifica que haya brutalidad o estupidez en el tatami. Aún viaja intensivamente visitando casi todos los continentes. Es el presidente de la Federación Americana de Aikido y de Aikido Sansuikai International, asociación que nuclea a todos los países latinoamericanos y países de otros continentes. Es autor de numerosos libros y DVDs de aikido.

Cuando se le pregunta de qué cosas se siente más orgulloso, Sensei Yamada dice que de su propio dojo, del hecho de haber contribuido al desarrollo del aikido en el mundo y de haber ayudado a tanta gente a convertirse en excelentes profesores de aikido.

¿Algún sueño? Comprarse un terreno cerca de Nueva York y fundar un dojo como fuera Iwama en sus mejores épocas. Tener muchos uchi-deshi, seguir con los entrenamientos, formar un pequeño…







miércoles, 19 de junio de 2013

Reflexiones sobre 9/11


Reflexiones sobre 9/11

 
Por Yoshimitsu Yamada,
8° Dan Shihan
http://www.aikidosphere.com/yys911.cfm

  

Foto, cortesía Howard Yanes
Nota del Editor Aikidosphere: Este artículo ha sido reimpreso con el gentil permiso de Budo International Publishing Company y el director gerente Alfredo Tucci. Yamada Sensei es un contribuyente regular a esa revista.

 
Quisiera tomar esta oportunidad para agradecer a todos los lectores de la revista Cinturón Negro por haberme enviado una carta bonita expresando simpatía por nosotros durante los eventos del 11 de Septiembre en la ciudad de Nueva York. De hecho, yo estaba en París en ese momento, esperando por mi vuelo de regreso a Nueva York. Simplemente no podía creer esta tragedia. Afortunadamente mi dojo y todos mis alumnos salieron ilesos. Sin embargo, algunos miembros del departamento de bomberos cerca de mi escuela sacrificaron sus vidas tratando de rescatar a civiles intentando escapar del infierno de las torres.
 
Algunos de nuestros alumnos, quienes hicieron sus carreras profesionales dentro o alrededor de las Torres Gemelas, tuvieron que correr por sus vidas, y muchos fueron testigos de las atrocidades que ningún ser humano debería ver jamás. Algunos de los policías, como también electricistas y trabajadores de construcción que entrenan en el dojo, han trabajado sin descanso en Ground Zero, limpiando los restos mientras sacan las víctimas una por una.
 
Durante el día de la tragedia, aunque habíamos cancelado clases, la gente seguía viniendo a visitar, como un punto donde pararse mientras regresaban a sus hogares, ya que todo tipo de transporte se había detenido por completo. Los alumnos se reunieron en el dojo para conectarse con otras personas, y sentir la sensación de comunidad que nuestro dojo suministra. Recibimos cientos y cientos de correos electrónicos y llamadas telefónicas expresando preocupación desde todas partes del mundo, por los cuales estamos tan increíblemente agradecidos.
 
A pesar de este incidente inconcebible, todos mis alumnos y compañeros neoyorquinos seguíamos parados firmemente, especialmente en un seminario en particular de Aikido después del incidente, en donde muchas personas vinieron y practicaron más duro que lo usual, como si estuviesen tratando de sobreponerse a su tristeza, y con simpatía por las víctimas.
 
Aún con mi pequeña cantidad de información, parece que hubo algún tipo de conflicto religioso involucrado en el incidente del World Trade Center, y la siguiente declaración que haré no es para atacar a religiones individuales, pero simplemente quisiera comentar sobre ciertas religiones y el Aikido.
 
En el pasado e inclusive ahora, me preguntan, “¿qué debo hacer si un individuo quiere comenzar Aikido, pero bajo una condición, que no pueden hacer reverencia ante la imagen del Fundador, y tampoco pueden practicar con una mujer?” Esto a veces también pasa en mi dojo.
 
Mi respuesta es, “si usted no puede hacer reverencia y no puede practicar con el sexo opuesto, entonces quizás es mejor que no deba entrenar aquí.” Lo digo de una manera buena y soy cortés. En un dojo de Judo, ellos hacen saludos de reverencia antes y después de clase al Maestro Kano. En un dojo de Karate, hacen reverencia al Maestro Funakoshi. En Aikido, hacemos reverencia al Maestro Ueshiba. Y hasta donde entiendo, no estamos haciéndoles reverencia como si fuesen “Dios”. Simplemente, estamos haciéndoles reverencia para agradecerles por haber creado el arte que nos trajeron, y por respeto a sus logros.

 

También hacemos reverencia a nuestros compañeros para agradecerles por ser nuestro instrumento para pulir nuestra técnica. En cuanto al Aikido, nuestro Maestro Ueshiba dejó su arte para toda la humanidad, sin importar la religión o sexo, a fin de poder asociarnos o convivir juntos en paz y armonía. Para mí, pensar que el Dios en el que usted cree es el “único Dios” es algo egotista y egoísta. Quién sabe, en el lugar donde todos los dioses habitan, ellos probablemente están hablando juntos, echando broma juntos y hasta tomando vino juntos. ¿Quién sabe? Entonces, ¿por qué tenemos que pelear sobre cuál es el “verdadero Dios”?.
 
En lo que a mí me respecta, el Aikido es uno de los Budo que no tiene nada que ver con religión. Por supuesto, nuestro Maestro fue una persona muy religiosa, pero él nunca nos forzó ni nos educó a seguir su religión. Yo personalmente nunca lo ví como un dios, sino simplemente lo respeté porque era un gran ser humano.
 

Tal como en otros dojos, tenemos una clase para niños y estoy tan complacido de ver tanta gente joven disfrutando la práctica del Aikido. Es un trabajo muy difícil conducir la clase para niños, especialmente en Aikido. Se necesita paciencia, cuidado e imaginación para estar calificado para ser un instructor para la clase de niños. Por esa razón, yo respeto tanto a estos maestros. Por otro lado, ¿podría imaginar si algunos de estos instructores que les enseña Aikido también enseñaran con alguna influencia religiosa? Eso podría ser potencialmente peligroso.
 
Podemos enseñar a los niños Reigi, como lo llamamos en japonés, o en inglés sería buen comportamiento y etiqueta, sin relacionarlo con la educación religiosa. Podemos enseñar orden, disciplina y respeto por otras personas sin imponer ideologías religiosas. En lo que a mí respecta, esa es la belleza del Budo y la esencia del Aikido.

lunes, 28 de enero de 2013

Encuentro con Yamada Sensei


Encuentro con Yamada Sensei

Por Yesid Sierra, http://www.aikidomx.com
 

Antes de avanzar debo decir que soy uno de los muchos alumnos de Yamada Sensei que han visitado su dojo en New York como Uchi Deshi, por ciertos periodos de tiempo y de los que asiste regularmente a sus seminarios. Tengo un dojo reconocido por él y en algunas ocasiones tuve la suerte de disfrutar de las legendarias fiestas que ofrecía a sus Uchi Deshi. Si a esto le sumamos que la relación entre alumno y maestro es de ida y vuelta, y que cada quien se hace su propia idea del otro, debo admitir que este texto es más mi impresión personal, mi opinión y mi sentir; que un texto objetivo sobre una relación sensei – alumno. Con las palabras previas en mente, en adelante diré lo que me gusta de ser alumno de Yamada Sensei y por consiguiente algo de lo que he aprendido de esta relación.
Puntualidad y responsabilidad

No se me olvida nunca uno de los días que teníamos clase a las 6:45 am en el Dojo de New York. Llevábamos entrenando unas cuantas jornadas junto con un grupo con el que habíamos decidido visitar este Dojo. Un día de ellos se nos anunció que esa noche haríamos una reunión con Yamada Sensei. Hubo vino, sushi, música latina y muchas risas. Recuerdo haber contado deshis de todos los continentes en esa ocasión. Europa, América, Oceanía, Asía y Europa estaban representados. Aunque después de la reunión, Yamada Sensei había salido del New York Aikikai como a eso de las 3 am; poco antes de las 6 am sentí sus pasos en el lugar. Yo dormía en uno de los sofás cercanos a la entrada del dojo y por ello, su llegada fue evidente para mí. Caminaba como si no hubiera sucedido nada la noche anterior, un hombre que casi me doblaba la edad presto a dar la clase de las 6:45am. Yo luchaba con el cansancio, el sueño y la resaca.

En todos los años que he seguido a Yamada Sensei, no lo he visto llegar tarde una sola vez a sus clases, ya sean sesiones de seminarios o en su Dojo de New York. Siempre está respirando o relajándose unos minutos antes de iniciar. Puntualmente entra al tatami, camina al frente del Kamiza, golpea suavemente su cintura con su mano derecha (los que lo han visto sabrán a qué gesto me refiero), y puntualmente hace saludo a la foto de O´Sensei.  Desde mi perspectiva es una de los aprendizajes que me ha dejado sin decirme una sola palabra. Con el ejemplo me ha enseñado la importancia de ir al tatami a la hora comprometida. No importa lo que suceda antes o después.

Flexibilidad

En mis viajes por los Dojos, seminarios y escuelas de Aikido he visto en muchas ocasiones el síndrome de la copia. Alumnos que parecieran buscar hacer el movimiento de manera exactamente igual a su maestro. Maestros que exigen a sus estudiantes poner el pie así y los brazos asá de tal manera que hasta los gestos faciales terminan siendo similares. Cuando veo esto me pregunto ¿acaso el Aikido no es un arte? y como tal está sujeto a las interpretaciones individuales. Simplemente no lo entiendo pues yo no puedo imitar a un señor de 120 kilos o a una mujer de 50. Si a esto le sumamos las diferentes edades, nuestra crianza y la cultura a la que pertenecemos, la imitación es algo casi imposible y si se logra; desde mi punto de vista; no es completamente la apropiación personal de un conocimiento.

En este sentido, Yamada Sensei no tiene alumnos copia, o realmente muy pocos son copia de él[1]. He estudiado con algunos de sus más viejos estudiantes dentro de los que se encuentran Harvey Konisberg, Peter Bernath, Donovan Waite, sólo por mencionar unos cuantos de los más conocidos pues en el mundo se cuentan por miles sus discípulos avanzados y en su Dojo sin duda son más de 20 los instructores activos. Yamada Sensei habla poco de esto, pero desde años atrás sus seminarios son ejemplo de expresión de diferentes visiones. Al inicio de su llegada a EEUU trabajaron muy de cerca algunos de los últimos alumnos internos de O´Sensei: Chiba Sensei, Kanai Sensei, Sugano Sensei y Tamura Sensei. Todos con movimientos particulares y concepciones diferentes. Se juntaban para dar seminarios y en esta mezcla los más beneficiados eran los estudiantes que podían ver, interpretar, comprender y analizar diferentes miradas.

Los estudiantes de Yamada Sensei se cuentan por miles al igual que sus expresiones del Aikido. Sensei Yamada siempre ha promovido que sus estudiantes comprendan diferentes visiones y que se apropien de ellas. De hecho él tiene una expresión que és “robar el conocimiento” e invita a sus estudiantes a robar el conocimiento de los otros. Además en varias ocasiones he sido testigo de que la palabra “estilo” en el Aikido no le gusta.

Observando a la gran cantidad de estudiantes de Yamada Sensei, te encuentras ante una gran diversidad, que aunque parecen reflejos externos, es evidente que manejan y conocen a detalle los principios del Aikido. Equilibrio, centro, fluidez, elegancia, armonía… Yamada sensei ha sabido permitir que sus estudiantes descubran, comprendan y expresen los principios del Aikido de maneras completamente diversas. Muchos de sus estudiantes ya cuentan con un nombre propio en el mundo del Aikido y con una interpretación del arte que ha dejado huella en muchas personas.

De nuevo y sin decir una palabra al respecto, Yamada Sensei me ha enseñado que el Aikido es diverso, flexible pero que es importante conservar ciertos fundamentos que hacen que la técnica sea sólida.

Empatía y universalidad
Con los años Yamada Sensei cada vez es más demandado en diversas ciudades del mundo para enseñar. La pregunta obvia es ¿cómo le hace para que tantos estudiantes en el mundo lo quieran ver? Las variables son diversas, carisma, profesionalismo, universalidad de su enseñanza, y seguro las respuestas a la pregunta son muchas más. Yo me centraré en dos características que veo en él.

Ves a Yamada Sensei dictar un seminario y a sus más de 70 años sigue siendo estricto y cuidadoso pero aunque en sus clases haya miles de personas tengo la seguridad de que muchas y  muchos sentimos o queremos pensar que la clase la está realizando para nosotros. Camina por todo el tatami, corrige a algunas personas, observa y trata de igual manera a todos. Sonríe y tanto a su llegada como a su salida está presto a saludar informalmente. Permite que se tomen muchas, muchas fotos y siempre busca que haya una referencia cercana de él. En ese sentido es un gran ejemplo para quien quiere aprender un poco de relaciones públicas.

En cuanto a su Aikido es evidente que es un gran didacta. Los movimientos que enseña pueden ser ejecutados por miles de personas, sus explicaciones son accesibles y en ocasiones divertidas. Lo anterior lo hace siempre preservando y enfatizando los principios del arte. Sin duda su manera de enseñar Aikido es Universal. Tanto asiáticos como europeos de oriente y occidente, americanos y personas de Oceanía siguen su enseñanza. El Aikido de Yamada Sensei no tiene secretos ni gestos innecesarios y aunque es un ser humano de cierta edad, es un Aikido físicamente exigente. Sus alumnos se cuentan de todos los colores, sabores, tamaños y edades. Yamada Sensei es un Aikidoca con un increíble don de gentes y su Aikido es Universal.

Mantener el espíritu y construir un negocio
En algún momento muchos de los practicantes terminamos enseñando. Generalmente comienza esto cuando tu Sensei te pide que lo cubras en una clase. Poco a poco te vas dando cuenta que es parte del proceso. Estar frente a un grupo es una de las muchas aristas del aprendizaje. Luego, si tienes suerte, te piden que enseñes en otro lugar que ya no es la escuela en donde aprendiste y si el viaje continúa terminas manejando un Dojo.

Yamada Sensei en esto también tiene mucho que enseñar. Su New York Aikikai, es quizá la escuela de Aikido más antigua y exitosa de occidente y a esto se suma que es el cuartel general de la Federación de Aikido de Estados Unidos, también una de las organizaciones más fuertes de Aikido en el mundo. Tanto su dojo como su federación son ejemplo.

Lo digo pues ha sabido adaptarse a las generaciones, ha sabido leer la cultura del momento y ha sabido hacer los ajustes necesarios para que el crecimiento de su escuela no permita que se dejen de conservar los principios de un Dojo tradicional. En su Dojo siempre podrás encontrar Uchi Deshis comprometidos con el arte y estudiantes que llegan silenciosamente a las clases minutos antes de iniciar. Al final de cada sesión se limpia el tatami y las clases son reflejo de la calidad de enseñanza y de la diversidad cultural del mundo en el que nos tocó vivir.

Al llegar al New York Aikikai sientes esas ganas de quedarte, de saber que aprenderás mucho Aikido, que la tarea será exigente pero que lo puedes lograr pues hay estudiantes de todos los colores, sabores y tamaños. Sientes que puedes hacer amigos y que a la hora de hacer Aikido estás haciendo un trabajo serio. El New York Aikikai es ejemplo de un negocio próspero al servicio de la comunidad, pero en el que la apertura no ha permitido que se pierda el arte. En esto también debemos aprender de Yamada Sensei, en su capacidad de construir un Dojo saludable financieramente y en el que se preserva el arte.

Las anteriores son sólo algunas de las lecciones que quisiera explorar más profundamente de mi encuentro con Yamada Sensei. Su puntualidad y responsabilidad; su flexibilidad; su empatía y universalidad y su capacidad de construir una escuela como el New York Aikikai. Parecen pocas, pero para mi son grandes e invaluables lecciones de un SENSEI.



[1] Creo que Noriko Oba, asistente de Yamada Sensei en New York Aikikai, es una persona que ha estudiado juiciosamente el Aikido de su Shihan y en ella pueden reflejarse muy bien los movimientos de él.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Acerca de ser un buen instructor

Acerca de ser un buen instructor

Por Yoshimitsu Yamada


Cortesía Howard Yanes, Zenshindojo, Caracas, VZLA

Editor´s Note: This article by Yamada Sensei has been reprinted with the permission of Budo Internacional, a major martial arts magazine publisher in Europe, for which Sensei is a regular contributor. "On being a Good Instructor" Traducción Carlos Torres.

"Sobre este tema, me gustaría discutir qué se requiere para ser un buen instructor, así como la mentalidad necesaria para ser efectivo como profesor. Es innecesario decir, que mi punto de vista está puramente basado en mi experiencia como instructor de Aikido. He visto también algunos de mis propios alumnos llegar a ser profesores y es a través de ellos y de mis propios años como Sensei que realizo algunas observaciones.

Uno de los hechos más importantes es que hay aspectos más importantes que simplemente la habilidad técnica para llegar a ser exitoso en el arte de enseñar. Me he dado cuenta que no necesariamente es siempre el más talentoso aikidoka quien puede impartir lo que él o ella conoce sobre el arte. Por ejemplo, un excelente jugador de béisbol no es necesariamente un coach efectivo. Esta idea nos demuestra que usualmente se requiere algo más que habilidad física.

Un maestro necesita ser respetado y querido por sus estudiantes.

Hablando de respeto, frecuentemente escucho profesores quejándose de que sus estudiantes no les ofrecen el debido respeto. En mi opinión, el respeto no es algo que te pertenece, no se puede forzar a nadie a tenerlo. Debe ser ganado, mayormente a través de la experiencia, confianza en sí mismo y respeto por los demás. Para ser un buen instructor, tus estudiantes deben sentir tus años de experiencia comprometida y tu confianza en lo que estás haciendo.

Desafortunadamente, en mi caso, siempre lamenté haberme convertido en profesor de Aikido siendo tan joven, inmaduro y relativamente inexperto en los caminos del mundo. Los jefes del Aikido no tuvieron otra opción, ya que el Aikido era un nuevo arte y no había tantos practicantes dedicados a difundir el Aikido en ese momento. Yo era sincero, pero sin las necesarias habilidades para ser tan efectivo como podía haber sido. Mientras uno es joven, sus técnicas pueden ser fuertes en razón de sus proezas físicas. Sin embargo, uno podría carecer de otros factores, que lo ayudan a convertirse en un líder.

Por ejemplo, la experiencia social, cómo tratar con la gente o cómo actuar como un ser humano con cualidades que uno aprende a través del tiempo.

Una cosa que siempre tengo en mi mente cuando enseño es, que entre los estudiantes, hay muy diferentes tipos de gente de diferentes campos, y que ya están establecidos y maduros en sus propias profesiones. Ellos no son distintos a mí mismo. Es bastante interesante, que yo realmente comencé a sentirme a gusto como profesor cuando me aproximé a mis cincuenta años. Como dije anteriormente, además del tiempo y la experiencia, es también crucial tener confianza, para llegar a ser un buen instructor.

Muy frecuentemente, he conocido instructores que no permiten a sus estudiantes ninguna libertad y los frenan de ir a otros seminarios dados por otros instructores. Ellos podrían llegar tan lejos como para decir que quedarse con ellos es suficiente y que los estudiantes no necesitan exponerse a otras influencias. Para mí, eso demuestra falta de confianza por parte del instructor. Dejar a tus estudiantes ver otros mundos, los mantiene libres para utilizar su propio juicio.

Esa clase de seguridad en sí mismo es una importante manera de llegar a ser un líder. Recuerdo claramente una vez, cuando en un largo seminario de diferentes Shihan de Aikido, había un grupo de un dojo en particular, que en lugar de entrenar con el resto de los participantes, que es la esencia de la "experiencia del seminario", solamente entrenaban entre ellos mismos. Su profesor, que no era uno de los Shihan, quien también asistió al seminario, les prohibió dispersarse, para no comprometer su Aikido. Adicionalmente, en lugar de tratar de hacer lo que estaba siendo demostrado, continuaron entrenando como siempre lo hacían. Qué triste es eso, tanto para los estudiantes, quienes podrían beneficiarse de sentir diferentes estilos, como para el profesor que no tenía suficiente confianza en que sus estudiantes pudieran desarrollar su propio estilo a través de otras influencias y todavía ser devotos a él. Finalmente, ellos no adquirieron la completa ventaja de las posibilidades de crecimiento.

Es innecesario decir, que los buenos instructores necesitan no sentirse como si necesitaran probarse a sí mismos para sus estudiantes. Ni tener que demostrar cuán fuertes son. Presumiblemente, los estudiantes ya lo saben. No es bueno para los profesores ver que las habilidades físicas de sus estudiantes son del mismo nivel que las suyas. En otras palabras, para evitar la comparación de sí mismos con sus estudiantes, los profesores necesitan darse cuenta de que diez personas diferentes tienen diez aptitudes y condiciones físicas diferentes. Un mentor valioso demuestra cariño, generosidad y paciencia mientras trata con cada estudiante apropiada e individualmente.

Un último consejo es no hacer de sus estudiantes, sus "hombres sí". Si te rodeas de gente que te van a poner en un pedestal, te estás programando para la ilusión de que eres superior a las otras personas. Uno debe entender, que fuera del tatami, eres el mismo ser humano que ellos son. No obstante, una vez que estés en el tatami, puedes demostrarle "quien es el jefe". Cuando lidero una clase, siento que soy el director de una orquesta, cada uno de mis estudiantes está tocando un instrumento diferente, donde mi responsabilidad es crear una buena armonía entre ellos.

Algunas veces, siento que soy un chef de un gran restaurant que a través de mis recetas diarias llevo variedad y sabor a mis estudiantes, y así ellos no se sienten cansados o aburridos, siempre busco darles inspiración.

Como Sensei de Aikido, siempre estoy buscando la manera de ser un mejor maestro. Es un proceso de evolución que me ayuda a expresar mi humanidad y a aprender a ser un mejor ser humano. Después de todo, es el éxito de tus estudiantes lo que te hace un buen profesor, en tanto que un buen profesor crea fuertes futuros practicantes. Enseñar es una relación de mutuo respeto y entendimiento. De esa forma, tus estudiantes siempre tendrán alguien a quien admirar y viceversa.

Para mí, eso es respeto ganado."

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