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martes, 16 de septiembre de 2014

El Hara, fuerza existencial...

El Hara, fuerza existencial...

Extraído de "Hara, Centro Vital del Hombre"
Autor K. G. Dürckheim.




Desde el principio hasta el final de la vida, al hombre le preocupa su permanencia en este mundo.

Quiere mantenerse y preservarse, lo que se traduce por un constante afán de seguridad y de estabilidad. Ha de poder, tanto afirmarse e imponerse, como defenderse. Si ha perdido el contacto con el SER supranatural encarnado en un Ser esencial, o si no lo ha reencontrado aún, necesita contar únicamente con el mundo en el que vive, y con las facultades de las que el Yo dispone, para tener la vida en sus manos.

Pero el hombre que dispone de Hara, no se fía únicamente del mundo, ni lo apoya todo en las fuerzas del Yo. Vive una doble experiencia: ha comprendido, primero que las fuerzas centradas en el Yo y dirigidas por éste, al igual que la conciencia que él tiene de sí mismo, toman su verdadero origen en otra parte, y no en el Yo y, luego, que el hombre que se repliega en el terreno del Yo es, en el fondo, débil e inestable. Está bloqueado el surgimiento de una fuerza mas profunda. Quien dispone de Hara se sirve, sin duda alguna, de todas las fuerzas naturales del Yo, pero ha aprendido a no apoyarse únicamente en ellas, y a preservar su nexo con la otra "dimensión", aquella de donde le vienen las fuerzas que no dependen de las circunstancias, aquéllas que dan libre curso a las fuerzas naturales, incluso sobrepasándolas.

El hombre que dispone de Hara, "está ahí" bien derecho. No es fácil hacer que se tambalee ni que cambie de opinión (...) Aquel que domina la practica del Hara es también menos fatigable. Puesto que siempre logra recuperar el nexo con su centro, le es posible en todo momento abrirse a la segura fuente de las fuerzas que le renuevan (...)

El maestro de tiro con arco Kenran Umeji tenía por costumbre invitar a sus alumnos a tocar los músculos de sus brazos cuando tensaba el arco, cosa que no lograba nadie sino él. Sus alumnos podían entonces comprobar que sus músculos estaban perfectamente distendidos.
Si cualquiera de ellos expresaba su sorpresa a este respecto, el maestro se echaba a reír diciendo: "El principiante es el único que trata de tensar el arco con su fuerza muscular; yo lo hago simplemente con Ki ". Ki, o sea, con la fuerza universal, de la que participamos en nuestro Ser esencial. Con el Hara hay que aprender a sentirla, y a dejarla venir, al contrario de como se hace con la fuerza movida por la voluntad, la fuerza del "hacer".
El hombre que está en el Hara sabe también esperar. Cualquiera que sea la situación en la que se encuentre, da muestras de paciencia y siempre tiene tiempo. Puede observar con calma, sin sentirse obligado a intervenir si algo le desagrada. Cuanto más haya avanzado en la práctica del Hara, habiendo aprendido a conocer esta fuerza que le confiere calma y paciencia, toma antes conciencia de aquellos momentos en que deja el centro "justo", cayendo bajo el influjo del Yo egocéntrico. Y, con naturalidad, y sin quererlo, recupera el centro.

El hombre que dispone de Hara, está en calma. También el Hara ejerce una virtud curativa con respecto al nerviosismo, bajo cualquier forma que se presente. Desaparece la agitación, y los ligeros movimientos involuntarios. Se podría decir que en el cuerpo se produce un reconciliación, una paz interior que no es sinónimo de falta de vida, sino expresión de una fuerza concentrada en el centro vital, fuente de seguridad, y una armonía a la vez viva, "vibrante" y apacible, de ese todo que es el hombre.

Quienes no disponen del Hara, pierden fácilmente la forma. Enseguida montan en cólera, son de salud frágil, y ante la adversidad, pierden pronto su porte. Por el contrario, en aquel que está en el Hara, los motivos de irritación no le prenden, o bien dan paso a una enérgica reacción que es testimonio de la fuerza que le confiere el Hara.


lunes, 23 de septiembre de 2013

Sobre observación


Sobre observación


 

Por Eduardo A. Cuevas

 



Para comenzar, necesito su completa atención y concentración. Es comprensible que no es cosa fácil de realizar, especialmente si tomamos en cuenta la falta de entrenamiento en relación con esta faceta de la mente. Sin embargo, espero que esto que juntos vamos a experimentar sea de suficiente interés como para crear una atmósfera de verdadera comunicación.

La observación va más allá de la acción de mirar. Un ciego tal vez no podrá ver, pero sí observar.

Esto puede sonar contradictorio –sin embargo no lo es. Según vayamos adentrando en el real significado de las palabras, dejando atrás las connotaciones superficiales, -empezaremos a comprender.

Para observar…necesita uno estar en silencio.

El silencio que va más allá de la quietud del ambiente y del reposo, de nuestro cuerpo;…el silencio de la mente.

Y, ¿cómo lograr esto? ¿Puede la mente –esa misma que no puede callar ni un solo instante; salvaje, arrogante…destructiva, -puede esa misma mente estar quieta, tranquila…silente? ¿Puede existir tal estado de novedad; tal estado de libertad?.

¡Sí! ¡Existe!.

Y es en tal estado de dinamismo que puede uno percibir con claridad todo aquello que ocurre, -alrededor, más allá, y dentro de nuestro ser.

Fíjese que he dicho “dinamismo”. No existe pasividad en la observación, -todo lo contrario. El silencio en nosotros crea un estado de consciencia, tan intenso y profundo, que permite la percepción de aquello nunca concebido antes.

Pero -¿qué es esto tan nuevo; esta libertad de la mente de la cual se habla? ¿Nuevo a qué? ¿Libre de qué?.

Profundicemos más.

Todos estaremos de acuerdo que el pensamiento es cúmulo de experiencias pasadas, ya vividas, leídas o escuchadas. Por lo tanto, todo pensamiento es viejo…y por consecuencia, perteneciente al pasado. ¡Por favor, es importante que se entienda esto!.

Y estoy seguro que también estarán de acuerdo en que este momento –este inmediato segundo que estamos compartiendo, ¡y el que le sigue a éste!-es nuevo. Un momento nunca vivido antes.

¿Y díganme si nuestro conflicto y miseria no tienen su raíz en el hecho de que nos enfrentamos al presente, a lo nuevo, con lo viejo? A una situación totalmente nueva, nunca vivida antes –con recuerdos del pasado; con pensamiento.

¿Podrá entonces el pensamiento ser alguna vez objetivo?.

De aquí que la observación es solo del presente ¿no es así?.

Uno no puede observar el pasado, ni el futuro –uno siendo un recuerdo y el otro una especulación.

Sólo el presente puede ser observado.

¡Y cuando hablo del presente me refiero a este mismo instante que estamos viviendo! Al mismo presente que se vuelve pasado en el momento en que pensamos en el.

Así es que el silencio de la mente solo puede provenir cuando esta se encuentra libre de pensamientos; ya que solo así se puede observar el presente, en el presente, y no con el pasado.

Ahora, esto implica un alto grado de conciencia, ¿no es así?.

Y nuevamente, esta consciencia no puede venir a través del pensamiento ¿verdad?. Puesto que en el momento en que estamos pensando en estar conscientes, ¡dejamos de estarlo!.

Por lo mismo, el estar consciente es también del presente…y el pensamiento del pasado.

Una tarea realmente difícil. No estamos acostumbrados a ser libres. Estamos demasiados arraigados en el ilusión del “yo”, “mí”, “mío”.

Sí –ilusión.

Aunque mi intención no es de salirme del tema central, si deseo mostrar esta ilusión.

Si usted y yo estamos consientes de la ley del cambio constante, -de ese movimiento molecular y atómico en eterno flujo- por siempre cambiando…y lo comprendemos.

Por favor, manténganse atento!.

Si usted puede realizar que cada y toda célula de su cuerpo está en constante movimiento, -creciendo, deteriorando, muriendo; tomando su lugar una célula totalmente nueva: si puede usted percibir todo esto; -intente agarrarse de algo a lo que pueda llamar “yo”, “mi”, “mío”! Tome algo estático –que no esté en cambio- y que puede usted señalar como “yo”, “mi”, “mío”.

¿No es entonces este “yo” una ilusión?.

¿No pertenece este “yo” a la esfera del tiempo?.

¿Y no es el tiempo contraparte del pasado y del futuro? El tiempo no existe en el presente. No puede uno hablar del presente puesto que sólo estaría hablando del pasado. El presente es; el tiempo no es.

De tal modo que el infinito, -donde el tiempo no es, es en el presente.

Entonces -¿cuál es la importancia de la observación?.

Cuando esta uno consciente –total y constantemente consciente, la percepción se torna tan sensitiva a la realidad que le rodea, que nuestra acción sobre esta es una de creatividad.

¡Por favor –manténgase atento! ¡Esto es tan esencial!.

A propósito he usado la palabra “acción” versus “reacción”. Analícela usted mismo “re-acción”. No es una acción nueva; una acción libre de interactuar con el presente, -sino un acto reflejando el pasado. ¡Un acto viejo respondiendo a un momento nuevo!.

¿Y puede uno actuar armoniosamente en el presente usando el pasado? Pregunto ¿Es lógico hacer esto?.

¿No creará tal contradicción, conflicto y sufrimiento en nuestro ser? ¿Y no es tan poco conocimiento propio lo que mantiene a la humanidad entera en tal estado de miseria e infierno?.

Y sin embargo…es esto lo que hacemos.

En nuestra ignorancia multiplicamos nuestro sufrimiento. Ignoramos la ley de la causa y efecto mientras nos entretenemos con la ilusión del principio y fin.

Observar es en verdad la tarea para el ser humano interesado solamente en la realidad. Tiene que haber una comprensión de las leyes por la cual toda la naturaleza se rige; -y sobre todo lo demás, el desarrollo de nuestra voluntad sobre las fuerzas estancadoras de la pasividad y conformismo.

La observación en el salón, como en toda situación, presente la capacidad de crear –que a su vez implica novedad; lo nuevo ante lo nuevo – la objetividad máxima…donde la división entre el “yo” y el “eso” deja de existir.

Donde el observador y el observado son uno.

Y el observar –queridos amigos- es meditar. La meditación no tiene nada que ver con el pasado ni con el futuro; solo con la realidad.

La meditación es en el presente. El pasado no es realidad, ni lo es el futuro. Solo el presente es real…y lo real es en el presente.

Y solo estando en el presente podemos ser creativos…en armonía con la totalidad…y felices. ¡SEAN FELICES!.

(Estos pensamientos surgieron a partir de un proyecto sobre técnicas de observación que debía presentar ante una reunión de maestros el miércoles 21 de mayo de 1974, mientras trabajaba como maestro principal en un Centro para el Cuidado del Niño de la Ciudad de Nueva York).

 

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