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viernes, 27 de diciembre de 2013

Entrevista con Sugano Sensei

Entrevista con Sugano Sensei

Seiichi Sugano, 8º Dan, Shihan



Sensei, usted ha dicho que el Aikido está hecho de círculos, cuadrados y triángulos. ¿Podría usted explicar?

Estas son figuras simbólicas que se relacionan directamente con los aspectos técnicos de Aikido. Los triángulos generalmente representan la postura o posición de hanmi. Un cuadrado es perfecto porque cada esquina debe ser de 90 grados. Los cuadrados representan la precisión, debes tener exactitud para hacer un cuadrado. En cualquier técnica, la meta que buscas es tener exactitud y precisión. El círculo representa el movimiento. Estos tres elementos abarcan cada técnica de Aikido.

¿Hasta ukemi?

Sí. Ukemi es parte de Aikido.

Sensei, su estilo de Aikido crea mucha energía. ¿Eso es algo deliberado?

Sí. El sistema de Aikido está basado en interactuar con otros. Si no estás interactuando con la energía de la otra persona, no existe ningún sistema. El sistema existe para crear energía. Cuando yo enseño, estoy respondiendo a las respuestas de los alumnos.

¿Su enseñanza ha cambiado mucho?


Bueno, mi entendimiento de Aikido es tan diferente. Por otro lado, algunos podrían decir que iriminage es iriminage, pero internamente son muy diferentes. Es lo mismo con los alumnos, ellos están evolucionando constantemente. Es verdad que ikkyo es ikkyo, pero la comprensión interna es diferente. Es difícil de precisar. Cuando yo regresé a Bélgica, ellos me ven y dicen que me estoy moviendo más velozmente. Quizás consciente o inconscientemente, mi forma de usar mi cuerpo está cambiando y se está convirtiendo en algo más preciso técnicamente. Más exacto, más eficiente.

Sus clases son muy vigorosas. ¿Usted planifica que esto suceda?

El Aikido debe crear energía. Si solamente te enfocas en lo que ves en la forma física, tiendes a convertirte en algo estático. Nunca tengo algún plan para enseñar. Lo que sale es el resultado de mi experiencia, y mi conocimiento. No hay ninguna intención de guiar a alguien a cualquier dirección. Quiero que llegue espontáneamente.

¿Qué busca en su entrenamiento?

En el sentido tradicional, el entrenamiento en sí ya es un propósito. No tiene orientación hacia algún objetivo, es simplemente entrenamiento diario. Para mí, quizás, es más interno que lo meramente físico.

Estoy en búsqueda de algo, de alguna manera de comunicar mi experiencia a través del Aikido. O-Sensei tenía Omotokyo como su idioma para describir su proceso. Yo estudié Zazen intensivamente por tres años, pero en verdad lo utilicé como un método para aprender sobre la meditación. No quisiera mezclar Aikido y Zazen, no creo que sea lo apropiado. También estudié acupuntura, pero nunca fue mi intención tratar a las personas en realidad. Sin ciertos conocimientos intelectuales, no se puede describir el asunto.

¿Se considera un maestro? 

Bueno, las personas me siguen, así que supongo que soy un maestro, o un instructor.

Si no estuviese enseñando Aikido, ¿qué piensa que estaría haciendo?

Yo quería ser un periodista. Estaba interesado en involucrarme con los asuntos de la actualidad. Me gustaba la idea de moverme mucho por todas partes.

¿Echa de menos poder practicar?
En realidad no. Cuando voy a Japón siempre practico. Eso ayuda puramente al acondicionamiento físico.

¿Estaba en sus planes convertirse en un instructor de Aikido?

No, de ninguna manera. Algunos de nosotros nos encontramos en una situación única. En realidad no estábamos destinados a convertirnos en instructores de Aikido, solo que nos encontramos en esta posición o situación. No es como la gente que entrena por años y años y luego abren sus propios dojos. A nosotros fue por casualidad que estábamos en el lugar correcto en el momento correcto.

¿Le gusta su trabajo?

Todavía lo encuentro fascinante. Es por eso que continúo haciéndolo.

¿Le agradan sus alumnos?

Prefiero no utilizar el término “alumnos”. Prefiero ver a estas personas como personas, no como alumnos. Ver a una persona en el tatami como mi alumno tiene una sensación de posesión. Quiero evitar sentir ese tipo de sensación.

Usted ha dicho que considera el Aikido más como un desarrollo personal que un arte marcial.

Yo prefiero no describir el Aikido en la categoría de un arte marcial. Cuando O-Sensei creó el Aikido, rompió con todo concepto tradicional de artes marciales. Es así como se desarrolló el Aikido. Aikido no es para luchar sino para la armonía y el amor. Si observas las artes marciales desde un punto de vista occidental, son artes para luchar. En Japón, el Budo se conoce vagamente por involucrar aspectos mentales y espirituales. Pero aquí, las personas no lo ven así. O-Sensei creó el Aikido para romper y atravesar el concepto tradicional de artes marciales. Era algo sencillo, su idea, armonía con el universo. Se entrena técnicamente para ser eficiente y preciso. La precisión involucra sincronía y ritmo. Así que si entiendes que la sincronía y el ritmo crean un balance, entonces comenzarás a entender que es así como nosotros estamos perfectamente parados en la tierra. La Tierra tiene dos fuerzas perfectamente balanceadas: la rotación y la gravedad. Si entiendes ese balance o ese ritmo, entonces podrás comenzar a entender que somos parte del universo. Si sólo observas el Aikido como si fuese un arte marcial, para propósitos de ataque y defensa, nuestro entrenamiento estará limitado a estos propósitos.

Las artes marciales tradicionales siempre fueron transmitidas a través de un método estático, la forma de kata se transmitía sin cambios. O-Sensei rompió esa forma. Él se movía espontáneamente. El Aikido, la forma en que lo desarrolló O-Sensei, es más como los mejores aspectos de deportes. Los entrenadores enseñan la repetición de la técnica y de esa manera, el Aikido es como deporte. A la gente le gusta hacer una diferenciación entre deporte y arte marcial, como si el arte marcial fuese superior al deporte. Yo no lo veo así. Yo practico esgrima y lo veo como algo muy positivo, una gran manera de fomentar el desarrollo personal. En muchas maneras, los deportes están más abiertos que las artes marciales. Los logros técnicos en deportes son más exactos. Muchos deportes involucran el entrenamiento mental también, igual que en el Aikido. Los resultados son buenos. Obviamente sin embargo, el deporte tiene el aspecto de competencia y el Aikido no, y esa es la gran diferencia entre los dos.

¿Por qué ya no se habla del aspecto espiritual de Aikido?

El entrenamiento general no incluye eso. Puedes llegar a eso a través de la forma física. Entonces podrás ahondar tu búsqueda si estás interesado en hacerlo.

¿Qué consejo daría usted a las personas que estudian Aikido?


Cuando las personas llegan al Aikido, deben estar claras con la razón por la cual están viniendo a entrenar.


domingo, 28 de octubre de 2012

El corazón del Aikido: la práctica en sí misma


El corazón del Aikido: la práctica en sí misma
Tomado de http://aikidoescobar.blogspot.com




Los beneficios para la salud del ejercicio físico, como los que experimentamos durante la práctica de Aikido, han sido ampliamente demostrados. El ejercicio fortalece el corazón, los músculos, tendones, articulaciones y huesos. Recientemente, se ha llegado a la evidencia que sugiere que el ejercicio regular, es beneficioso para el cerebro (incluso puede llegar a mejorar la cognición y el estado anímico). Todo esto junto hace que sea claro que el Aikido sea bueno para el cuerpo, pero ¿qué pasa con el espíritu?.


Evitando discusiones acerca de “Kotodama” (literalmente: “espíritu de la palabra” ) y la conexión histórica entre el Aikido y Omotokyo (religión politeísta del Japón con objetivos sociopolíticos, derivada del sintoísmo), todavía hay un elemento en el corazón de Aikido de naturaleza espiritual, la cual a menudo es pasado por alto: la propia práctica.


La mayoría de los practicantes de Aikido no son soldados, así que no esperes a utilizar este arte en la guerra. Entre algunos “guerreros modernos” (muy pocos lamentablemente), ya hay cierto entendimiento de que si la necesidad de luchar con las manos surge, entonces algo ha salido terriblemente mal. La policía y fuerzas similares que deben mantener la paz, se encuentran entre los pocos que podrían utilizar Aikido como algo más que un último recurso, pero prefieren otras opciones. Como tal, está claro que la mayoría de los aikidokas sólo utilizamos nuestro arte durante la práctica.


Esta práctica es el propósito de Aikido. La ropa, las armas y las costumbres son importantes, pero si no fuera por la práctica en sí, todo lo demás carecería de sentido. Vamos al Dojo para entrenar, no a mostrar nuestras habilidades. Asistimos a las clases para aprender, practicar, mejorar y crecer, no para disfrutar de la decoración y de una buena charla. También vamos al Dojo para ayudar en su práctica a los demás, ya sea mediante la enseñanza o de ser su compañero.


La práctica de Aikido, literal y figurativamente, reúne a la gente. Desde el saludo inicial "onegai-shimasu" (en el contexto de las artes marciales: "por favor permítame practicar con usted") entramos en el corazón del Aikido. Al pedir a alguien que sea nuestro compañero de entrenamiento nos abrimos a otro ser humano. A pesar de los agarres, luchas, golpes y hasta a veces batallar utilizando la fuerza física, no se considera que esto sea un conflicto. Todo lo contrario, juntos, aprendemos a combinar mejor nuestras energías e intenciones con las de los demás. Nos enteramos de sus puntos fuertes y débiles, a la vez que exponemos los nuestros.


Cuando un compañero de entrenamiento, siente debilidad y sin embargo sigue acercándose lo suficiente como para recibir un golpe, se encuentra en su punto más vulnerable. En términos tácticos, nuestro compañero está expuesto y vulnerable, abandonándose a nuestra merced. Estar abiertos a los ataques, nos entrena para reconocer que, aunque las posibilidades de ser heridos o sufrir una lesión sean reales, otro ser humano está en la misma situación. Al reconocer su vulnerabilidad podemos usar su debilidad, para destruirlos, pero esa elección sería una forma de autodestrucción.


Crecemos juntos, con la comprensión de que en ese instante el otro es igual a mí: abierto y en peligro.


La necesidad de proteger a nuestros compañeros se hace más clara. Durante la práctica confiamos uno en el otro, poniendo nuestro cuerpo y nuestra salud en manos de un “extraño”. Este nivel de confianza rompe las barreras entre las personas de una forma tan particular, que en otro escenario es poco probable que ocurra.


Más allá de "no dañar" a nuestros compañeros, la realidad es totalmente diferente a eso. Como senpai (“guía” o en este contexto: “más antiguo, de mayor graduación”, literalmente “compañero de antes”) es nuestra responsabilidad proteger a nuestros kōhai (“guiado” o en este contexto: más moderno, “de menor graduación", literalmente “compañero de después”). En el tatami (“piso donde se practica”) la relación entre senpai y kōhai refleja la profunda reciprocidad de propósitos. kōhai aprende la técnica ayudado por senpai, y éste aprende a comunicar y demostrar, a la vez que debe esforzase en pulir su propia técnica. Ambas partes aprenden empatía y crean lazos.


Es cierto, Aikido crece a partir de la reciprocidad física y emocional de la formación gracias a la práctica diaria. Claramente entonces, la práctica es el propósito el significado y el corazón del Aikido

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