miércoles, 22 de septiembre de 2010

El entrenamiento de fondo como complemento de la práctica marcial

El entrenamiento de fondo como complemento de la práctica marcial
Por Alix Adriana Llanes Arenas


Dicen los conocedores que correr un maratón es una de las disciplinas más exigentes que existe. Personalmente no lo he hecho, pero confieso que la idea de correr 42 Kms y 195 metros me atrae fuertemente.

Por ahora sólo he asumido el reto de los 21 Kms y 94 metros, y reconozco que si bien lo he hecho varias veces, cada experiencia es única. Recordar cada carrera implica volver a la mente todos y cada uno de los kilómetros del recorrido. Cada kilómetro tiene su dificultad y su ingrediente emocional particular.

Entrenar para correr, desde el punto de vista físico indudablemente hace al cuerpo más resistente y el “fondo” que se adquiere es insuperable. Sin embargo, estoy convencida que para un practicante de artes marciales, los mayores beneficios se consiguen a nivel mental.

Efectivamente. Correr es una de las disciplinas más duras que existe. Pero, sin importar que tan bien preparado que se esté físicamente, llega un momento en que seguir y terminar la carrera es cuestión de decisión, disciplina y voluntad. En el periodo de entrenamiento nuestra constancia y disciplina se ponen a prueba (respetar el espacio del entrenamiento y repetir la rutina día a día no es tarea fácil). Durante las carreras largas se sufre un desgaste físico considerable y las tentaciones de abandonar aparecen en cualquier momento. Ahí es donde se prueba nuestra fuerza de voluntad.

Los corredores saben que hay un momento (a mi me ocurre pasado el Km 18, y tengo entendido que para media maratón suele ser lo común) donde te encuentras con algo que llaman "la pared" o "el muro". Llegar ahí es cuestión de entrenamiento y preparación física; pero superarlo y proseguir (y terminar) no tiene que ver con el cuerpo, sino con la mente. Una vez se supera, sabes que puedes llegar a la meta.

Cruzar la meta es toda una experiencia, sobre todo la primera vez, y a partir de ahí cambia tu forma de ver el entrenamiento en tu arte marcial, y tu actitud ante tu disciplina marcial. Si vamos un poco más a fondo, me atrevo a creer que la actitud ante la vida misma cambia. Sabes que eres capaz de conseguir lo que te propongas, y no te olvidarás de ello. No importan las adversidades. En ese instante (o en cualquier otro), podrás sentir que las fuerzas te abandonan, que no tienes motivación ni esperanza de conseguir tu cometido, que tus sentimientos de autocompasión pueden aflorar, pero si tu voluntad de seguir se mantiene firme llegarás a la meta. Es cuestión de alinear la mente, el cuerpo y la emoción en ese instante de tribulación.

Personalmente creo que correr largas distancias, con todo lo que se aprende y se gana, es algo que todo artista marcial comprometido debería hacer por lo menos una vez en su vida. Al final, el tiempo no importa, ni la posición que se consiga. Lo que crea esa emoción del “deber cumplido” es la vivencia del recorrido. Las ayudas y condiciones externas pueden crearte cierta sensación de bienestar (es innegable), pero al final de cuentas, corres con lo único que tienes: tú mismo. Tú parloteo o ruido mental te acompañará kilómetro a kilómetro y tu ansiedad será tu peor enemigo. Aprender a tenerte paciencia, identificar tus fortalezas y debilidades, callar todo ese “ruido” y a dar lo mejor de ti sin importar el resultado hace parte del reto y será tu mayor satisfacción.

No pretendo presentarme como una experta en el tema. Confieso que aún me falta mucho kilometraje y dedicación para serlo, pero creo que el secreto para correr “cómodo” radica en ir ligeros, en estar vacíos. Callar la mente, suprimir el deseo (y por ende, la pretensión y la ansiedad). Es necesario tener la paciencia y la concentración para ir un paso a la vez, y al ritmo de tú propia respiración, acorde con los latidos de tu corazón. Si alteramos nuestro ritmo o perdemos la atención, necesariamente habrá problemas. Llega un momento en que la tensión desaparece y simplemente, nuestro cuerpo se adapta y fluimos con la situación. Creo que correr es otra actividad que te obliga a estar atento y te ubica en tiempo presente. Pensar en los kilómetros que faltan o en los que se recorrieron, es la principal causa de ansiedad. Correr a mi parecer encarna los mismos retos que subir una montaña o iniciar un proceso en una disciplina marcial. Todo, al final de cuentas lleva a lo mismo, pero para descubrirlo debemos trabajar con consciencia y prestar cuidado a los detalles. Si lo hacemos mecánicamente, podremos repetirlo miles de veces sin provecho alguno.

Sé que existen muchas críticas y prevenciones respecto al atletismo y especialmente frente al entrenamiento de fondo. Varios amigos me han advertido del riesgo que existe en perder elasticidad, en hacerse lento y perder velocidad en las técnicas. Por lo que he leído y experimentado, creo que estas ideas son erróneas. Cualquier entrenamiento, si se hace de forma incorrecta, puede perjudicar. Del mismo modo, cualquier entrenamiento convenientemente realizado, tomando las precauciones necesarias, será positivo.

Frente a la velocidad, si entrenas sólo para carreras de fondo es cierto que te puedes hacer un poco más lento por el tipo de masa muscular que se desarrolla (el cuerpo es una máquina perfecta y te da lo que le pidas, sin medicamentos ni aditivos). Pero parto de la base, que el artista marcial que corre no abandonará su entrenamiento regular en el Dojo, así que el mejoramiento de una condición no necesariamente debe llevarnos a la pérdida de otra. En cuanto a la elasticidad, si nos echamos a correr o a entrenar en el Dojo sin una sesión de estiramiento regular, necesariamente se perderá. Abandonar la rutina de estiramiento nos hace blanco fácil de lesiones. Ubicarnos en este punto puede llevarnos a una charla extensa, no obstante, recogiendo mi experiencia al respecto estoy convencida que correr puede aportar a nuestro entrenamiento marcial, además del fortalecimiento físico, el trabajo mental que en el caso de Aikido involucra nociones como “mantenerse”, administrar nuestra energía, escuchar y regular nuestra respiración, estar atentos y libres de emoción durante la ejecución de la técnica, aprender a estar centrados en todo momento, la condición “imperturbable” sin importar las circunstancias ni la dificultad de la práctica, estar relajados a partir de nuestra respiración.

Correr puede ayudarnos a hacer consciencia de muchos aspectos de nuestra práctica marcial y adicionalmente, ofrecernos un reto concreto para alinearnos mental, física y emocionalmente. El entrenamiento diario en el Dojo debería ofrecernos eso, sin embargo, a veces la rutina nos adormece y requerimos de otro tipo de experiencias para volver al trabajo con un foco específico. Al final de cuentas, la práctica de Aikido o de cualquier arte marcial debería trascender y darnos las herramientas necesarias para fluir cómodos y relajados en el recorrido más importante que existe, el de la vida misma.

1 comentario:

  1. muy chévere adri :) es verdad todo lo que dices, y es que la disciplina del arte marcial realmente trasciende a todos los aspectos de la vida y lo ayuda a uno a mejorar considerablemente la disposición para la realización de cualquier actividad, estoy ansiosa por aprender aikido :). también te invito a mi blog espiritupeludo.blogspot.com un abrazo

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